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Hasta el filo de la noche

Summary:

Tras la batalla en el Abismo de Helm, Elin Priddy se enfrenta al final de una guerra cuyo final cree conocer, pero el miedo sigue presente: su presencia en la historia podría haberla alterado sin remedio y ella no puede hacer nada más que seguir luchando por evitar que todo se desmorone a su alrededor. Se acerca el final de todo y, ahora que sabe que ha encontrado a su familia, Elin no permitirá que les suceda nada... y mucho menos después del beso que ha compartido con el elfo.

¿Podrá una chica del futuro conseguir un final feliz en la Tierra Media? Y ¿por qué narices la ha besado Legolas?

Nuestra décima caminante se enfrenta al capítulo final de la historia, intentando encontrar su lugar en el Retorno del Rey. Continuación directa de Sendas por andar.

Chapter 1: Prólogo: Vacío

Chapter Text


Prólogo:

Vacío


En su vacío no había luz, ni vida, ni escapatoria posible. Todo era Él, la oscuridad que comandaba, la muerte que exigía. El mundo de las sombras se regía según su orden y voluntad y nada se le oponía. Podía hacer y deshacer a su antojo, meterse en las mentes de los seres inferiores y retorcerlas, emponzoñarlas, envenenarlas hasta que fueran suyas. No había escapatoria. No había alternativa. 

La moldearía a ella igual que había moldeado la Tierra Media a placer.

Colgaba de la oscuridad por las muñecas, con la ropa hecha jirones. Solía ser el resultado de horas de tortura. El hobbit se le había escapado antes, pero solo había necesitado un pequeño contacto con ella a través del palantir para clavar de nuevo las garras en su alma, más fuerte que nunca.

La sangre se acumulaba a sus pies en un charco que crecía cada vez más.

Sí, era todo metafórico. Todo sucedía en el mundo de los espíritus, ese limbo entre la vida y la muerte al que solo unos pocos tenían acceso; pero eso no lo hacía menos real. El daño a su mente y a su alma eran verdaderos, ella los sentía en sus propias carnes y las secuelas tardarían más en sanar, si no perecía allí mismo.

Muchos otros lo habían hecho.

Se acercó a ella y sus pasos reverberaron en el eco del vacío. Había probado el asqueroso disfraz del elfo y el manido traje de humano. Ahora, le mostraba el verdadero rostro del terror. La armadura lanzaba sombras imposibles sobre ella, alto y poderoso. Las uñas ensangrentadas del guantelete le arañaron el rostro para despertarla.

—¿Estás más dispuesta a hablar?

La insignificante joven dejó escapar un suspiro antes de alzar la cabeza.

—No te cansas, ¿eh? —contestó con el hastío asomando en la voz rota. La insolencia le costaría cara—. Puedes hacerme lo que te dé la gana, no te servirá de nada.

La muchacha le escupió a la cara y Él se lo tomó como una invitación abierta a dar rienda suelta al dolor.