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Proyecto Adam

Summary:

Pomni ha perdido toda esperanza de que Jax regrese y lidia con el doloroso proceso de duelo tras su abstracción. Sin embargo, una serie de eventos caóticos e inesperados conducen al grupo a una sospecha impensable: la abstracción podría no ser el final definitivo.

Alguien está por nacer y reescribir las reglas del juego.

Código y humanidad: Bienvenidos al nuevo circo digital.

Chapter 1: Duelo

Chapter Text

Pomni no podía dormir otra vez. Sabía que la naturaleza de su programación estaba lejos de las necesidades y hábitos biológicos de cualquier ser humano, pero aún así, esta noche parecía ser una de esas ocasiones en que era más consciente de que ya no era la versión de carne y hueso que alguna vez existió. Los días que vivió como Abigail Brooks terminaron en el mismo instante en que se dispuso a ponerse un casco raro que yacía olvidado en medio de un edificio abandonado.

 

Pomni miró a un punto imaginario en el techo de su habitación. ¿Quién diría que su conciencia se desdoblaría y pasaría a tener una existencia completamente diferente a la original? Una existencia digital inmersiva, más real de lo que debería, que la obligó a vivir experiencias que jamás imaginó.

 

Hundió las manos en la almohada, entrelazando sus brazos fuertemente alrededor de la tela como si fuese un ancla. Era consciente de que nunca jamás volvería a ser Abigail, pero había aprendido a aceptarlo; como quien acepta que no sería la versión que es hoy sin todo el dolor, las dificultades y el duelo por los que pasó.

 

Duelo. Esa era una palabra difícil en noches como esta.

 

Se levantó y la sábana se extendió con ella. Caine había cambiado mucho en todo este tiempo. Desde su compromiso de hacer del circo un lugar más amigable, había permitido a todos gozar de mayor libre albedrío. La convivencia, que antes había sido difícil y hasta irrisoria, se volvió pacífica y estimulante. Todos eran más felices. Podían elegir actividades basadas en aficiones de sus vidas pasadas, construir escenarios que los acercaran a los sueños y objetivos que habían tenido antes de llegar aquí, e incluso vestir la ropa que les resultara más cómoda, lejos de los arquetipos que alguna vez Caine les había impuesto.

 

Pomni admiró la elección de su piyama de esta noche: una camiseta suave que le llegaba a las rodillas. Las clases de proyección con Kinger fueron fantásticas. Cada vez le era más fácil manifestar objetos a su gusto, aunque definitivamente había elementos que se salían de su control. Recordó con un matiz de incomodidad las palabras amables de Kinger, cuando el avistamiento de su elección fue difícil de ignorar por más que ella se esforzó en ocultarlo.

 

—No te preocupes más, Pomni. Recuerda que las emociones también son parte del proceso creativo.

 

Miró nuevamente su piyama en la oscuridad y observó ese color morado inconfundible. Acarició los pliegues mientras respiraba profundamente. Esta noche sería otra de esas noches. Observó la puerta y se dirigió hacia el exterior.

 

El pasillo estaba infinitamente silencioso. Sabía que todos descansaban a esta hora. Ni siquiera se escuchaba el ajetreo amoroso de Zubble y Gangle, quienes ya compartían habitación y un vínculo más que amistoso que trajo alegría a todos. Era una relación que le recordaba que, pese a todo, la humanidad seguía subsistiendo en ellos, incluso ante el hecho de que no volverían a ser los de antes. Estaba sinceramente feliz por sus amigas; ellas habían logrado mantenerse fuertes y juntas en medio de todas las dificultades y crisis existenciales que les había traído esta vida digital, sobre todo ante el peligro de la abstracción.

 

El pensamiento alteró su pecho. A su pesar, levantó la mirada hacia la puerta frontal para mirar por milésima vez el rostro que motivaba su desvelo.

 

Había copiado su mal hábito de reprimir el dolor, aunque por una razón diferente a la de él. No quería hacerse la fuerte, pero no deseaba preocupar a los demás. Sabía que la solución era inalcanzable y la tristeza, inconsolable. Tendría que aprender a vivir con ello. Era difícil, sobre todo en madrugadas así, pero también se conocía a sí misma. Sabía que era normal flaquear en el proceso y que no todos los días tendría la fortaleza para conciliar con la idea de que él existía en otro plano. Quería pensar que se encontraba en un lugar de mayor paz, aun si estaba lejos de ella. Eso la motivaba a seguir adelante.

 

Vio el rostro de la puerta frontal otra vez. El delineado de un aspa escarlata interrumpiendo su visión. Se encaminó hacia la salida del pasillo en cuanto sintió los ojos arder.

 

Esa noche no se detuvo a mirar dentro de la gran carpa que habían armado en el centro del salón para él, como tantas otras madrugadas. En ese momento no se sintió con las fuerzas de verlo en su nueva forma, bajo el brillo incandescente de sus ojos multicolores. Sabía que, como siempre desde su abstracción, él se mantendría ajeno a su presencia y se quedaría inmóvil en la oscuridad de su guarida. No hubo más conciencia por parte de él desde su última despedida.

 

Pomni, al principio, se había arriesgado a múltiples intentos de conexión que llevaron a Caine y a los demás a la extrema preocupación. Las disrupciones de su forma digital evidenciaban que se había aventurado a más de un acercamiento físico prolongado. Fueron días de muchas conversaciones empáticas por parte de Kinger, abrazos grupales de Zubble y Gangle, y también mucho llanto en el regazo de Ragatha. Caine chasqueaba los dedos y la volvía a la normalidad en silencio, con expresión de culpabilidad.

 

Ni Pomni ni los demás quisieron poner más palabras sobre los días en que Caine extralimitó su poder y control en el circo. Sabía que Caine se sentía aún muy responsable por el incidente de la abstracción. Su extrema sobrecompensación se debía a la última pérdida que tuvieron luego de su crisis de ego como IA. Ellos también habían hecho un compromiso silencioso por el bien de su pacto de convivencia: dejarían el pasado atrás y Caine haría de sus días en el circo algo memorable. Incluso se dejó el asunto de Bubble en el olvido. Caine también se vio afectado por su separación. Nadie cuestionó más.

 

Pomni subió las escaleras en dirección a la cafetería. El módulo estaba solitario y las cartillas de menú reposaban sobre el mesón. Hace tiempo que este espacio se había convertido en su refugio, un lugar de descanso para apaciguar el insomnio mientras observaba todas las dimensiones del gran salón desde arriba. Sobre todo, la carpa de Jax, donde yacía en su forma abstracta.

 

Jax.

 

Sentada ya sobre el taburete, no tardó en conjurar su pedido habitual nocturno. Una gran taza de chocolate con crema humeaba frente a ella. Sonrió levemente. No era propio de ella ser tan nostálgica, pero esta noche se perdonaría eso. Tenía tantas cosas en mente por las cuales hacerlo.

 

«Como siempre, tan sensible, Pom Pom...»

 

Pomni suspiró más fuerte. Sí, estaba cansada, pero eso no impidió que la voz de Jax se manifestara con tanta fuerza en su mente, como un diálogo diáfano que mellaba profundamente en su estado de ánimo.

 

«¿Por qué esa cara triste? ¿Estás aburrida ya de las cursilerías de Caine? Sí, ya antes sabíamos que lo suyo no era planear aventuras, no me quiero imaginar lo que es proyectar los fanarts esquizofrénicos de Gangle...»

 

Pomni río. Sí, ese definitivamente sería Jax. Irreverente y sarcástico. No se tomaría nada en serio, ni siquiera en un contexto más calmado como el presente.

 

«¿Nada qué decirme? Me siento ignorado. No es tu rol ser tan cruel, Pom Pom...»

 

Pomni desvió la mirada.

 

—No es propio de ti que le tomes importancia, Jax.

 

«Oh, pero no estamos hablando de mí. Estamos hablando de ti y de lo mucho que extrañas mis bromas...»

 

Pomni cruzó los brazos, cerrando los ojos.

 

—En realidad, estoy segura de que tus bromas pesadas son lo que menos echo de menos.

 

«Por supuesto que sí. Mis bromas eran clave en todas nuestras dinámicas ¡La esencia de la diversión! No me digas que no extrañas la emoción de mis chistes en tu vida en el circo, Pom Pom...»

 

—Jódete, Jax —dijo Pomni con falso fastidio, procediendo a bajarse del asiento para dirigirse hacia el balcón.

 

Observó la amplitud del área y recordó lo mucho que había crecido el mundo de Caine desde su redención. Sí, el circo era tan grande como lo habían deseado todos, pero, pese a ello, Pomni lo sentía más vacío. Ese fue un pensamiento egoísta que se guardó muy en el fondo.

 

«¡Vamos, Pom Pom! Si te hace sentir mejor, admito que esa habitación de unicornios que le pediste a Caine hace juego con tu estrafalario trajecito de bufón...»

 

—Si estuvieras aquí, sabrías que ya no usamos los trajes arquetípicos del circo hace tiempo... —Pomni apretó las manos en un puño y las miró con cansancio.

 

«¡Oh, es cierto! Por eso hoy salvas el día con esa linda piyama de payasita con un color tan sensual. No es por presumir, Pom Pom, pero ya estás aprendiendo a apreciar el buen gusto...»

 

Pomni levantó la mirada. Las luces del techo multicolor se volvieron difusas; ya no pudo lidiar con la humedad en sus pestañas. Liberó una carcajada en medio de su conmoción.

 

—Ojalá pudieras estar aquí con nosotros... —respiró hondo—. Conmigo... juntos en esta etapa. Te extraño mucho, Jax.

 

«También te extraño, Pom Pom.»

 

—Por favor —dijo resignada, apoyando las manos en el barandal—. Tú nunca dirías eso.

 

Pomni no sabía cuántos minutos pasaron. Fue un tiempo que se sintió gélido y que casi le enfrió el corazón, hasta que la voz de Jax resonó clara y tibia, calando bajo su piel.

 

«No quería irme.»

 

Pomni se desbordó. Se abrazó a sí misma, topándose con una verdad honesta. Sabía que tenía el apoyo y el amor de sus amigos. Sabía que su vida era mucho más llevadera en el circo tras pasar por momentos muy difíciles, incluida aquella crisis de identidad muy fuerte por saber que se quedaría en el mundo digital. Pero nada la desconsolaba más que el hecho de saber que nunca más tendría la oportunidad de conocer más a Jax y de quererlo más profundamente como ya lo hacía. Lo había perdido demasiado pronto, apenas con tiempo para despedirse.

 

No poder hablar con él nunca más, ni verlo como lo había conocido, era un tipo de dolor que aún le quemaba el pecho. Verlo ahora, ajeno a ella, era demasiado difícil, más que cualquier cosa horrible por la que pasaron juntos. Sabía que no era justo para nadie. Sabía que no había mayor remedio que continuar, pero era consciente también de que siempre dolería. Solo bastaba ver a Kinger. Pomni sabía que detrás de tanta sabiduría había también un duelo profundo e inimaginable que solo despertaba en la oscuridad. Kinger tenía su método para no perder la cabeza, y ella tendría que aprender su propia técnica también.

 

Los sueños y los diálogos mentales servían. Eran mejor opción que la de encontrarla adolorida por las mañanas, abrazando la forma abstracta de Jax para horror de los demás. No se haría daño a sí misma de forma tan irresponsable otra vez.

 

«Pom Pom...»

 

Pomni volvió sobre sus pasos y cruzó, poco después, la gran carpa improvisada en medio del salón. No había movimiento; la calma gobernaba el espacio. Pomni se acercó a la entrada para ver el interior. Sus ojos se enfocaron en la penumbra, buscando con paciencia. La gran figura abstracta de Jax yacía dormida sobre un enorme núcleo de almohadas, ajena a cualquier tormento interior en el corazón de Pomni.

 

Ella, pese a todo, sonriendo y, pasando la mano sobre su cabello, habló con voz suave.

 

—Buenas noches, Jax.

 

Con pasos lentos, la pequeña figura de Pomni se alejó hacia su habitación, sin darse cuenta de que una presencia la observaba irse desde el otro extremo del salón.

 

Fue cuando notó que estaba por fin solo, que el oscuro espectador se acercó a la carpa y habló con voz filosa, dirigiéndose al interior.

 

—Cuando se trata de ustedes, nunca falta el drama interpersonal. ¡Absolutamente aburrido! —se quejó—. Pero vamos a arreglar esto y a ponerlo más divertido...