Actions

Work Header

Constumbre peligrosa

Summary:

Prácticamente, Leith se folla a Harley por cagarla otra vez

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Era una noche de finales de junio, el calor Infernal del verano aún se llegaba filtrar incluso en los laboratorios subterráneos de Playtime Co, haciendo que el sudor se pegara a la piel como una segunda capa de culpa.

Leith Pierre, caminaba por los pasillos iluminados por fluorescentes parpadeantes, sus zapatos de cuero pulido resonando por el pasillo en vuelto en el silencio opresivo. Llevaba un traje azul marino impecable, con una corbata con diseño a rayas, rojo, amarillo y azul; los colores representativos de Playtime Co, ajustada al cuello, y una expresión fría: cejas fruncidas, labios apretados en una línea fina, ojos oscuros brillando con una rabia contenida que solo sus subordinados conocían demasiado bien.

El incidente había ocurrido esa tarde. Otro "desastre" en el ala de experimentación de la "iniciativa de cuerpos mas grandes" Harley Sawyer, el autoproclamado "Doctor" y origen de todo este caos sangriento y financiero, había supervisado una transferencia de conciencia en un grupo de sujetos , huérfanos del Playcare, por supuesto, esos "recursos renovables" que Sawyer tanto defendía.

Algo salió mal, como siempre parecía suceder bajo su mando. Un fallo en el protocolo de resucitación: dos científicos muertos, aplastados por un prototipo descontrolado que Sawyer había insistido en probar cuánto antes, sin las medidas de seguridad adecuadas. Tres sujetos perdidos, sus cuerpos convertidos en grotescas masas de carne y plástico, inútiles para la producción. "Bajas en el personal", como lo llamaban atenuadamente en los informes. Pero Leith sabía la verdad: eran muertes, sangre en las manos de Sawyer, y ahora, en las suyas por asociación.

Stella y Eddie lo habían acorralado en la sala de conferencias apenas una hora antes. Stella, había sido la primera en hablar, su voz cargada de indignación apenas contenida.

-Leith, esto no puede seguir así. Sawyer está fuera de control. Dos científicos, Leith. Familias que notificar, mentiras que inventar. Y los niños... Dios, los niños. ¿Cuánto más vamos a permitir antes de que todo esto se derrumbe?-

Eddie, recostado en su silla con esa sonrisa sarcástico que siempre lo hacía parecer un depredador disfrazado de payaso. Había asentido, cruzando los brazos sobre su traje arrugado.

-Ella tiene razón, Leith. Sawyer es un desastre, despido, o... algo más permanente. Boxy Boo tiene hambre, ¿sabes? No podemos arriesgar la compañía por su ego.-

Leith había asentido, fingiendo consideración, pero en su interior bullía. No era solo la presión de ellos; era la humillación. Sawyer, ese bastardo brillante y arrogante, había sido su hallazgo. Lo había reclutado en 1990, lo había defendido ante los inversores, había apostado por su visión loca de cuerpos más grandes, juguetes vivientes que reemplazarían a los trabajadores humanos y maximizarían ganancias. Y ahora, fracaso tras fracaso, incidentes que costaban vidas y dinero. -Lo manejaré-, les había dicho Leith, su voz como un cuchillo envainado. -Sawyer responderá ante mí, Personalmente.-

Ahora, aquí estaba, frente a la puerta de la oficina de Sawyer en los laboratorios inferiores. La placa decía "Dr. Harley Sawyer, "Jefe de Proyectos Especiales", pero Leith la veía como una burla. Golpeó la puerta con el puño, un golpe seco, autoritario, que resonó como un veredicto. -Sawyer, Abre. Ahora- La puerta se abrió con un chirrido, revelando el caos interior: papeles esparcidos sobre el escritorio de metal, tubos de ensayo vacíos rodando por el suelo, una pizarra cubierta de ecuaciones garabateadas con tiza roja que parecía sangre seca. Harley estaba allí, de pie junto a la ventana empañada que daba a los pasillos de contención, donde los experimentos —los "juguetes" vivientes, gemían en sus celdas. Vestía su bata blanca sobre una traje de vestir impecable, pantalones oscuros y gafas de montura fina que reflejaban la luz fría. Su cabello oscuro estaba desordenado, como si se hubiera pasado las manos por él en frustración, y sus ojos; fríos, calculadores, con un brillo de desafío, se clavaron en Leith como bisturíes.

—Ah, Leith. Justo a tiempo. Supongo que vienes por el informe del incidente.- Su voz era calmada, como si estuviera discutiendo el clima en lugar de muertes. Se recostó contra el escritorio, cruzando los brazos, una sonrisa sutil curvando sus labios. -Fue un contratiempo menor. Los protocolos fallaron porque el equipo no siguió mis instrucciones al pie de la letra. Dos científicos incompetentes, eso es todo Leith. Y los sujetos... bueno, siempre hay más en Playcare.—

Leith entró, cerrando la puerta de un portazo que hizo temblar los frascos en los estantes. El aire estaba cargado, espeso con el olor a químicos y algo más primitivo: ira, poder, esa tensión subyacente que siempre había existido entre ellos desde su primera entrevista.

—Contra tiempo menor, ¿eh? Dos muertos, Sawyer. Dos familias que tendremos que silenciar con cheques y mentiras. Y tres experimentos arruinados, que cuestan miles. Stella y Eddie quieren tu cabeza en una bandeja. Dicen que eres un riesgo, un lunático que juega con fuego y quema la casa entera.-

Harley bufó, ajustándose las gafas con un dedo. -Stella y su empatía ridícula.- Son débiles, Leith. Tú lo sabes. La iniciativa es mía, y estos 'contratiempos' son el precio del progreso. Sin riesgos, no hay innovación. Tú me trajiste aquí por eso.-

Leith se acercó, invadiendo su espacio personal, su rostro a centímetros del de Harley. Podía oler su colonia, un aroma áspero y clínico que siempre lo irritaba y excitaba a partes iguales. -Te traje aquí para que funcionara, no para que mataras a nuestro personal. ¿Cuántas veces más, Sawyer? la semana ante pasada con lo de seguridad fue uno. Ahora esto. Estás costando dinero, reputación. Los inversores preguntan. Y yo soy el que tiene que limpiar tu mierda.-

Harley no retrocedió; en cambio, se enderezó, su pecho rozando el de Leith en un desafío sutil. -Límpiala, entonces. Eres el jefe, ¿no? El gran Leith Pierre, el pez gordo de esta empresa, ¿O es que temes que sin mí, todo esto se derrumbe? Admítelo: necesitas mi intelecto más de lo que te permites admitir.- 

La rabia de Leith bulló, caliente y familiar. Extendió una mano, agarrando el cuello de la camisa de Harley, tirando de él más cerca. -Mi autoridad es lo que te mantiene vivo, Sawyer. Podría despedirte ahora mismo. O peor ser la próxima cena de Boxy. Stella quiere que te degrade. Y yo podría hacerlo. Podría acabar contigo aquí y ahora.-

Los ojos de Harley se entrecerraron, pero no había miedo; solo un brillo de desafío , de esa arrogancia que lo hacía tan insoportable y tan adictivo a la vez. -Hazlo, entonces Leith. Pero sabes que no lo harás. Porque soy indispensable, ya haz invertido lo suficiente de lo que ya te haz permitido invertir. Porque mi visión es lo que salvará esta compañía de la banca rota.-

Leith apretó más fuerte, sintiendo el pulso de Harley bajo sus dedos, rápido y constante. La proximidad era intoxicante: el calor de su cuerpo, el roce de su aliento contra su rostro. Habían bailado este tango antes; discusiones acaloradas que terminaban en silencios cargados, miradas que duraban demasiado. Pero esta vez, con la presión de los otros directivos, con las muertes frescas en su mente, algo se rompió en Leith. No era solo ira; era deseo, crudo y posesivo, el necesidad de recordar a este bastardo de quién manda.

—Indispensable, ¿eh?- murmuró Leith, su voz baja y peligrosa. Soltó el cuello de la camisa, pero en lugar de apartarse, deslizó la mano hacia abajo, agarrando la corbata de Harley, enganchó los dedos en la corbata perfectamente ajustada en su cuello, tirando de él hacia adelante. -Te mostraré lo indispensable que eres. De rodillas, Sawyer. Ahora.—

Harley parpadeó, la sorpresa cruzando su rostro por un segundo antes de que su sonrisa regresara, sarcástica. —¿Qué? ¿Vas a golpearme? ¿Amenazarme más? Patético, Leith. Pensé que eras mejor que..—

Leith no lo dejó terminar. Con un movimiento rápido, lo empujó contra el escritorio, inmovilizándolo con su cuerpo. Sus caderas presionadas contra las de Harley, sintiendo la evidencia creciente de que, a pesar de la arrogancia, Sawyer no era inmune. —No voy a golpearte. Voy a recordarte tu lugar en esta empresa.— Eres mío, Sawyer. Mi empleado. Mi herramienta. Y harás lo que te diga Sawyer.—

La tensión se acumuló como una tormenta: respiraciones entrecortadas, miradas fijas, el calor radiando entre ellos. Harley intentó empujarlo, pero Leith era más fuerte, su mano libre subiendo para agarrar el cabello de Harley, tirando de su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello. —Di que lo entiendes. Di que eres prescindible sin mí.— 

Harley siseó, pero sus caderas se movieron involuntariamente contra las de Leith, traicionándolo. —Maldito seas, Leith... No soy tu..— Leith mordió su cuello, no suavemente, dientes hundiéndose en la piel, dejando una marca roja que mañana sería un moretón visible. Harley jadeó, un sonido que era mitad dolor, mitad placer, sus manos aferrándose a los hombros de Leith. 

—Sí lo eres. Eres mío para usar. Para castigar. Por cada muerte que causas, responderás ante mí.— La reprimenda continuó mientras Leith lo giraba, empujándolo boca abajo sobre el escritorio, papeles crujiendo bajo su peso. — Sawyer ¿Crees que puedes ignorar las reglas? ¿Mis reglas? — Sus manos bajaron, desabrochando el cinturón de Harley con movimientos bruscos, tirando de los pantalones hacia abajo sin ceremonia. Harley se tensó, pero no luchó; en cambio, murmuró: — Esto no cambia nada... Sigues necesitando..—

—Cállate.— Leith lo abofeteó en el trasero, no con fuerza letal, pero suficiente para que resonara en la habitación vacía. Harley gruñó, sus dedos clavándose en el borde del escritorio. Leith se inclinó sobre él, su aliento caliente en la oreja de Harley. — Necesito resultados, no excusas. Y tú necesitas que te recuerden quién es el jefe y quien es el subordinado. —

 Desabrochó su propio cinturón, liberándose, su excitación evidente, dura contra la piel expuesta de Harley. La acumulación había sido gradual: desde la ira inicial en la puerta, pasando por los empujones, los roces, hasta este momento de dominancia cruda. Leith escupió en su mano, preparándose, y empujó lentamente al principio, sintiendo la resistencia. "Siente esto, Sawyer. Esto es lo que pasa cuando fallas. Te uso como quiero." Harley jadeó, su cuerpo temblando, pero sus caderas se arquearon ligeramente, aceptando.

— Maldito... sádico de mierda...— Leith embistió más fuerte, estableciendo un ritmo agresivo, sus manos sujetando las caderas de Harley con fuerza suficiente para dejar moretones. 

—Presumido, ¿eh? ¿Quién es el que causa muertes? ¿Quién es el que me obliga a limpiar? Eres un desastre, Sawyer. Un genio loco que solo sirve si te matengo bajo mi control.— Cada embestida puntuaba una reprimenda: — Por los científicos muertos... esto.— Empujo. —Por los sujetos perdidos...— 

— Centímetro a centímetro. Vas a sentirme hasta que no puedas pensar en nada más que en obedecer. — Harley gemía, su arrogancia rompiéndose en fragmentos de placer forzado, sus uñas arañando el escritorio. Leith alcanzó alrededor, envolviendo la erección de Harley, bombeando con rudeza. 

— Admítelo. Eres mío. Di que lo sientes.— Harley sacudió la cabeza, pero su voz salió entrecortada: "No... no lo siento... pero... joder, Leith...—

 Leith río, un sonido cruel y victorioso, acelerando el ritmo. —Entonces vas a terminar así todas las noches hasta que aprendas. Debajo de mí. Usado por mí. Te haré suplicar por esto. El acto fue agresivo, controlador: Leith dictando cada movimiento, sus manos explorando, pellizcando, recordando. Mordió el hombro de Harley, saboreando la sal de su sudor. 

—Cada marca es mía,” gruñó entre mordidas. “Cada moretón. Cada mordisco. Mañana vas a sentirlo cuando te muevas, cuando hables con White, cuando intentes dar órdenes. Vas a recordar quién te pone de rodillas.—

—Stella y Eddie quieren verte roto. Pero yo te romperé a mi manera.— Harley se corrió primero, un gruñido ahogado, derramándose sobre la mano de Leith. Eso lo empujó al borde; Leith embistió una vez más, profundo, liberándose dentro de él con un gemido posesivo. Colapsaron sobre el escritorio, respiraciones entre cortadas. Leith se apartó, se subió los pantalones, ajustándose la ropa con calma fría, dejándola igual de impecable que antes. 

— Límpiate, Sawyer. Y la próxima vez, sigue los protocolos. O esto será lo menor de tus castigos.— 

Harley, aún jadeando, se giró, sus ojos brillando con una mezcla de rabia y satisfacción. —Bastardo... — Leith salió, dejando a Harley solo en su oficina privada.

Notes:

Este es mi primer fanfic que publico en ao3, seguramente hubo muchos errores ortográficos o incongruencias en la trama , pero hice mi mayor esfuerzo para darles mas migajas a los fans de este shipp, mas a los de la comunidad hispana. Cualquier critica o comentario será abiertamente recibido.