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Fuego sobre sangre

Summary:

La manada de Alfas ha llegado a Beacon Hills y muchas cosas están a punto de cambiar.

Notes:

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Escrito originalmente para el AI Sin Fronteras, como regalo para Glitterology.

Chapter 1: Uno

Chapter Text

El hospital está casi desierto a esa hora de la noche, sólo un puñado de doctores y enfermeras dispersos por todo el edificio. El olor a enfermedad y antisépticos inunda el aire, ya pesado por la cercanía del verano. Se escuchan llantos apagados por doquier, además de súplicas susurradas en los rincones perdidos del lugar.

Los hospitales nunca fueron de sus lugares favoritos. Demasiados olores, demasiadas emociones, demasiadas cosas en un espacio muy cerrado. Enfermedad, sangre, llanto, desesperación. Vida y muerte, alegría y tristeza, todo en el mismo lugar. Esa es la esencia de los hospitales.

Se desliza como una sombra por los corredores, procurando que nadie lo vea. Sigue esos destellos que son casi imperceptibles a su olfato, pero que continúan ahí de todas formas, demasiado suyos como para perderlos.

El cuarto está en la sección de cuidados intensivos y Derek siente como se le remueve algo en el estómago.

Adentro, dos monitores cardíacos suenan casi sincronizados. El cuarto está en penumbra, apenas iluminado por la luz del estacionamiento que se cuela entre las rendijas de la persiana.

Boyd y Erica duermen tranquilos, casi completamente vendados y con sueros sedando sus cuerpos. Sus respiraciones son suaves y sus latidos lentos, demasiado tranquilos para su gusto, para el gusto de cualquiera. Sabe que están sanando, que tomará tiempo pero que lo harán y, sin embargo, no puede dejar de sentirse culpable.

Esto es su culpa.

Tendría que haberlos entrenado mejor, nunca tendría que haberlos dejado huir. Tendría que haberles contado todo lo que sabía, sobre la manada de Alfas y lo peligrosos que eran, que son. Tendría que haberles dicho que podían confiar en él, ser más su guía y menos la persona que sólo les daba órdenes y nunca les explicaba. Tendría que haber hecho miles de cosas que no hizo y ahora por eso dos adolescentes inocentes están al borde de la muerte.

Nuevamente casi acaba con la vida de los miembros su manada.

Boyd y Erica decidieron huir porque él no era… no es lo suficientemente bueno, porque ellos sabían que él no sabe lo que hace. Prefirieron huir sin saber con lo que se iban a encontrar que quedarse a su lado, porque sabían que a su lado terminarían encontrando la muerte de todas formas. Nunca les dio un motivo para creer que podían construir un futuro mejor con él. Al darles la mordida les prometió algo que pronto descubrieron que jamás llegarían a tener.

Les prometió seguridad, les prometió estabilidad. Les prometió una familia.

Acaricia la mejilla de Erica y le da un pequeño apretón en la mano de Boyd. No puede dejar que esto vuelva ocurrir, simplemente no puede. Esto es su responsabilidad, de la misma forma que fue su responsabilidad la muerte de toda su familia. Es hora de crecer y asumir sus compromisos. Laura ya no está para cuidarlo y guiarlo, él es el Alfa ahora y él es el que tiene que cuidar y guiar a partir de aquí.

Es hora de dejar de huir y enfrentar su destino.

Es hora de convertirse en el Alfa que su manada se merece.

— ¿D-derek?

Boyd lo observa con la mirada nublada a causa de los sedantes. Derek vuelve a tomar su mano y se sienta en la silla junto a su cama. Que los sedantes funcionen es una muestra clara de lo débiles que están.

— Está bien, están a salvo.

— Erica… ella está herida… ¿dónde está…?

— Ella está aquí, no te preocupes. Se pondrá bien, te lo prometo. Los dos se pondrán bien.

El muchacho no responde, pero aprieta suavemente su mano, buscando con la mirada algo en el cuarto. Derek posa su mano libre sobre la frente del chico, notando que, incluso para un hombre lobo, está demasiado caliente. Boyd debe estar delirando de fiebre, asustado por una amenaza que se cierne sobre todos.

— Son muy fuertes… son cinco pero es como si… como si… todos ellos eran…

Boyd comienza a balbucear incoherencias y Derek traga en seco, intentando que no le afecte. Esto es su culpa y tiene que hacerse cargo de todos sus errores.

— Lo sé. No te preocupes, vamos a echarlos de aquí. Ustedes sólo tienen que recuperarse, yo me encargaré de todo lo demás.

Boyd niega con la cabeza, haciendo una mueca de dolor por el esfuerzo.

— Son muy fuertes. No puedes… tú solo no puedes, Derek… no puedes…

El chico vuelve a quedarse inconciente en ese momento, aún con la mano de Derek apretando la suya.

Lo único que se escucha en el cuarto son los monitores cardíacos y el acompasado goteo de los sueros. La respiración de Boyd se normaliza poco a poco y Erica no da señales de despertar pronto.

Se recuperarán, eso lo sabe. Las heridas de los Alfas tardan más en sanar, pero lo hacen de todas formas. Incluso la de estos Alfas, que son los más fuertes entre su especie. Boyd y Erica volverán a estar bien, pero el remordimiento de saber que están en este estado por su culpa, porque fue incapaz de protegerlos y enseñarles es demasiado fuerte.

Tras darle una última mirada a sus dos Betas, sale del cuarto y del hospital sin que nadie lo vea, decidido a comenzar a cambiar la forma de enfrentar su destino.

***

La tarde es cálida sin ser sofocante y el sol brilla en lo alto, sin ninguna nube que lo tape. El césped del campo de lacrosse es de un verde brillante y, aunque está algo crecido, es perfecto para entrenar un rato.

Scott y él juegan aproximadamente veinticinco minutos antes de que llegue Isaac, más pálido de lo habitual, diciendo que una jodida manada de Alfas acaba de llegar al pueblo. Y no sólo eso, sino que además han dejado tanto a Boyd como a Erica al borde de la muerte y ahora ambos están internados en cuidados intensivos.

Al parecer de ahora en adelante Beacon Hills estará constantemente azotado por peligros sobrenaturales.

Se suben los tres al jeep y se dirigen al hospital del pueblo, todo el camino sumidos en un molesto silencio. Isaac se ve sumamente preocupado y Stiles recuerda que Erica y Boyd eran sus amigos antes de que decidieran huir. Por unos segundos se pregunta qué haría él si algo así le pasara a Scott.

La sola idea hace que un frío intenso le suba por la espalda y prende la radio para dejar de pensar en estupideces.

Al llegar al hospital van en búsqueda de la madre de Scott, para que ella los pueda ayudar a encontrar a sus compañeros.

— Vernon Boyd y Erica Reyes. Entraron ayer por la noche en un estado alarmante. Tenían heridas de animales en todo el cuerpo y apenas pudimos parar la hemorragia… — mientras Melissa lee el informe, Stiles ve como Isaac tiembla ligeramente. Scott le da un apretón en el hombro y el muchacho parecer tranquilizarse levemente —. Es un milagro que estén vivos… Aguarden —dice la mujer, bajando la voz —, ¿ellos son…?

Scott asiente y Melissa se muerde el labio, preocupada.

— Los atacó una manada de Alfas. Los Alfas son los hombres lobos más fuertes que hay y las heridas que ellos causan tardan más en sanar — explica Scott, un dato que Stiles desconocía.

— ¿Puede llevarnos con ellos, señora McCall? — pregunta Isaac, para luego agregar: — por favor.

Melissa asiente y los guía por el pasillo que lleva a la sección de cuidados intensivos.

Cuando entran en el cuarto de Boyd y Erica, Stiles se siente mareado. Ambos están pálidos y llenos de los mismos cables y sondas que mantenían a su madre con vida las últimas semanas antes de morir. Las rodillas le tiemblan ligeramente y tiene que luchar contra el ataque de pánico que le nace desde lo más profundo de sus miedos. Esta escena se ha repetido muchas veces en sus pesadillas los últimos años, aunque en vez de Boyd y Erica los que estaban en las camas era su padre, su madre, Scott, Lydia…

No tiene una relación con ninguno de los dos muchachos, pero ambos son sus compañeros de colegio y los últimos meses, aunque sea contra su voluntad, han compartido un montón de cosas juntos. Cielos, hace pocas semanas Erica le confesó que hubo un tiempo en el que estuvo enamorada de él, es imposible que no se le remueva algo dentro al verla así.

Isaac se acerca a Erica y le acomoda un cabello. La chica parece despertarse en ese momento y mira a Isaac algo perdida.

— Hey — lo saluda, una sonrisa cansada adornándole el rostro.

— Hey — responde Isaac, para luego darle un beso en la frente —. Nos han dado un buen susto. Creí que Derek iba a matar a alguien cuando se enteró de lo que había pasado.

Erica pone una expresión culpable.

— ¿Está enojado?

— ¿Derek? Sí, pero no con ustedes. Creo que quiere enfrentarse a los Alfa solo.

— ¡No! — exclama en Erica, el horror pintado en la cara —. Son muy fuertes, Isaac, Derek nunca podría vencerlos. Creí… creí que moriríamos — agrega con un hilo de voz, ahogando las últimas palabras con un sollozo.

Isaac traga en seco y le da la mano, apretándola con fuerza. Stiles no puede evitar que algo se le rompa por dentro al ver esa escena. Scott tiene que abrazar a Melissa, ya que la mujer comienza a sollozar, tapándose el rostro con una mano.

Stiles se mentaliza para tener que salvar al pueblo y a sus seres queridos una vez más.

***

— Es realmente una tragedia lo que le pasó a los dos cachorritos, ¿verdad? — pregunta Peter con aire afectado. El único motivo por el que Derek no lo ha matado aún es… bueno, realmente no sabe por qué no lo ha matado aún.

— Cállate.

Peter hace un gesto de pena, negando con la cabeza.

— No te enojes conmigo si los Alfas atacaron a los dos fugitivos. Así es la vida de los Omegas…

Eso es todo lo que Derek puede soportar. Toma a Peter por las solapas de su chaqueta y lo lanza a través del cuarto. El hombre impacta contra el piso con un sonoro golpe, que de seguro debe haber dolido, pero lo único que hace es soltar una carcajada por lo bajo.

— ¡Ellos no son Omegas! ¡Ellos son mi manada!

— Que temperamento, sobrino. Cualquiera diría que no puedes controlar a tu manada…

Derek aprieta con fuerza los puños, intentando controlar los impulsos asesinos que claman por la sangre de Peter. No vale la pena, se repite.

En este momento su tío no es más que un patético Omega, demasiado débil para poder defenderse, intentando engatusar a la gente y distraerla el tiempo suficiente para atacarla con algunas de sus tretas. Sabe que el hombre sólo intenta jugar con su cabeza para conseguir que él haga lo que quiera.

A veces le cuesta creer que este sea su tío.

Extraña a su tío Peter, al antiguo tío Peter. A ese Peter que le enseñó a andar en bicicleta cuando tenía cinco años y el que les daba de probar champagne a él y sus hermanos en las fiestas sin que sus padres se enterasen. El Peter que lo ayudaba con su tarea de química, que lo llevaba al cine todos los viernes, el que se quedaba con los caramelos de menta porque sabía que a él no le gustaban.

Aún recuerda cuando nació su hermanito Adam. Él tenía seis años y estaba seguro de que sus padres se olvidarían de él, de que Laura dejaría de quererlo, de que su manada lo olvidaría y se convertiría en un Omega. Fue Peter el que lo llevó a tomar un helado esa tarde, asegurándole de que toda la familia lo amaba y que nadie iba a dejarlo. Peter le dijo que Adam también lo querría y que ahora era un hermano mayor y debía cuidar de su hermanito.

A veces Derek mira a este Peter y cree ver rastros de ese otro Peter en él. Un gesto con la mano, un comentario al aire, el primer atisbo de una risa… pero cuando vuelve a mirar, su tío Peter se ha ido y en su lugar está este Peter.

El Peter que mató a Laura, a la misma Laura a la que un día enseñó a nadar. A la Laura a la cual llamaba su princesa, su sobrina favorita aunque fuera la única.

A Laura, su hermana.

Siente como su respiración se agita y tiene que hacer un gran esfuerzo para no llorar. No puede mostrar debilidad ante Peter, no puede darle la chance de que lo engañe, no nuevamente.

Además, él no tiene ningún derecho a llorar. Esto es su culpa. Si su tío Peter está demente es su culpa.

— ¿Ocurre algo, Derek?

Peter lo mira con preocupación y por unos segundos, por unos efímeros instantes, Derek le cree. Le cree que esté preocupado por él, que le interesa ayudarlo, que le importa. Pero luego observa mejor y se da cuenta de que todo es una facha, pensada para engañarlo y manipularlo.

Gruñe, dándose la vuelta y encarando para la salida de lo que son las ruinas de su casa.

— Si creas algún problema yo mismo te mato. Quédate aquí — ordena.

Por encima del hombro ve como Peter pone los ojos en blanco y desaparece por algún rincón de la mansión.

Se interna en el bosque, intentando olvidar todos los problemas que conlleva Peter y concentrándose en lo más importante: la manada de Alfas.

Boyd tiene razón, él no puede enfrentarse a ellos solo. Ni siquiera con Isaac y Peter de su lado podría darles pelea. La manada de Alfas es increíblemente fuerte y si Boyd y Erica siguen con vida es porque ellos sólo querían jugar un rato, no tenían la verdadera intención de matarlos.

Ellos son una manada de cinco y cada uno de ellos por separada es más fuerte que Isaac, Peter y él juntos. Va a necesitar de mucha más gente si realmente quiere vencerlos, si realmente quiere que se vayan de Beacon Hills.

Decidido a dejar el poco orgullo que le queda de lado, Derek se encamina hacia la casa de los McCall.

***

A pedido de Melissa, una vez que llegan a la casa le cuentan todo lo que ha estado ocurriendo en el pueblo los últimos meses.

La mujer escucha con una mezcla de horror y angustia todas las cosas por las que ha tenido que pasar su hijo desde el comienzo de clases. Escucha sobre los hombres lobos, Alfas, Betas y Omegas. Escucha sobre los cazadores y cómo la que incendió la Mansión Hale era una de ellos.

Melissa se estremece al enterarse que ese “doctor” con el que salió hace un par de meses en realidad es el mismo hombre lobo que transformó a su hijo y al cual tuvieron que matar. Y que, por cierto, de alguna forma desconocida ha vuelto a la vida y ahora no saben exactamente en qué bando está.

La noticia de que Gerard estaba completamente demente no es nueva para la señora McCall, aunque Stiles recién descubre que había amenazado a Scott con matarla un par de veces. De paso, Stiles también se entera de todo lo ocurrido en el almacén antes de que él y Lydia llegaran, incluyendo la forma en la que Scott y Deaton trazaron un mega plan digno de una película de espías.

— ¡Viejo, eso es genial! ¡Eres genial! ¿Cómo fue que pudo ocurrírsete eso?

Scott lo mira con una expresión extraña en el rostro, como si no supiera si sentirse halagado u ofendido por lo que acaba de decir. Isaac ahoga una risa e incluso Melissa se relaja un poco.

— Supongo que hasta yo tengo mis buenos momentos — ofrece su amigo, encogiéndose de hombros.

Stiles niega varias veces con la cabeza.

— No digas eso. Sí, últimamente todo el tema de aullarle a la luna y All…— se interrumpe a mitad de la palabra, conciente de que no es lo mejor mencionar a Allison en el momento —, otras cosas te han tenido distraído, pero tu eres increíble.

— Claro que lo es — dice orgullosa Melissa, dándole un abrazo a su hijo.

Isaac no dice nada, pero le da una sonrisa a Scott, demostrando que está de acuerdo con la opinión popular. Ahora que no quiere matar a Lydia y que de hecho los ayudó con Gerard, la verdad es que Isaac le cae mucho mejor. Sobre todo teniendo en cuenta todo lo que ha tenido que pasar con su padre y su hermano.

— Se supone que digan eso — dice Scott —, son mi mamá y mis amigos.

Isaac ensancha su sonrisa al escuchar la palabra “amigos”, mas en seguida se pone rígido, mirando en dirección a la puerta.

— ¿Qué ocurre, Lassie? — bromea Stiles, aunque se prepara para lo peor.

— Derek está aquí.

Y, al instante, suena el timbre. Wow, ¿Derek Hale siendo una persona civilizada? Se nota que la situación es grave. Casi bromea con eso, pero por la expresión en el rostro de Scott se da cuenta de que no es momento para intentar aliviar el ambiente con un chiste.

El timbre vuelve a sonar y Melissa se levanta del sillón para ir a abrir la puerta, pero Scott la detiene.

— Voy yo — dice, también levantándose.

— Yo voy contigo — agrega rápidamente Stiles.

De ninguna manera va a dejar que Scott se enfrente solo a Derek, por más que éste pueda arrancarle la cabeza con una sola mano.

— De ninguna forma los voy a dejar ir solos — les avisa Melissa, frunciendo el ceño —. A partir de ahora estoy en esto con ustedes. Scott, eres mi hijo, cualquiera de tus problemas es mío. Te amo y sé que estuve asustada al principio, pero jamás te dejaría solo.

En un primer momento parece Scott va a protestar, pero en vez de eso sonríe y le da un abrazo rápido.

Isaac carraspea.

— Yo de todas formas tengo que ir. Derek es mi Alfa.

Claro, cierto. Por más que Scott haya decidido separarse de Derek (¿y alguna vez realmente estuvo en su equipo?), Isaac sigue siendo parte de su manada. De hecho, Isaac posiblemente sea, en estos momentos, el único miembro de la manada de Derek.

El timbre suena una tercera vez y los cuatro deciden dejar de hacer esperar a Derek e ir de una vez a su encuentro.

Al abrir la puerta se encuentran con el Alfa. Derek luce tenso, como si estuviera a punto de enfrentarse a algo terrible. Tiene las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta y lleva un gesto de preocupación en el rostro. Isaac lo saluda con un cabeceo que él responde y pronto el Beta va a su lado.

— Derek — saluda Scott.

— Scott… necesito tu ayuda.

***

Se siente extraño en la sala de los McCall.

La casa huele a productos de limpieza, a comida casera y un poco a las azucenas que decoran el jardín trasero. Se escucha el ruido de la lavadora andando, además de la televisión puesta al mínimo volumen. Le recuerda de una dolorosa forma a su propia casa antes de que Kate llegara y arrasara con su vida.

— No voy a unirme a tu manada — comienza Scott, antes de que él pueda decir algo.

Derek hace un gran esfuerzo por no poner los ojos en blanco, bufar, gruñir o cualquier cosa que denote su mal humor. No está aquí para pelear, no está aquí para seguir discutiendo como un niño. Está aquí para hacerse responsable de sus actos y para conseguir una alianza con Scott.

— No voy a pedirte que te unas a mi manada.

— ¿No? — pregunta Isaac, viéndose algo desilusionado. Derek le lanza una mirada de advertencia y el muchacho se calla.

— No.

Ve como Scott y Stiles intercambias miradas de desconcierto, como si no entendieran qué es lo que Derek hace aquí entonces. Cielos, ni que el jodido Scott fuera su prioridad número uno en la vida. Sí, en el fondo el muchacho le cae bien y no puede dejar de pensar que también es su responsabilidad, pero tampoco va a rogarle toda la vida.

El chico ya le dejó muy en claro que él nunca sería su Alfa…

— Imagino que Isaac ya les contó sobre la manada de Alfas — comienza y, al ver que todos asienten, continúa —. Son cinco y son extremadamente fuertes. Uno de ellos solos podría derrotar sin problemas a una manada bien entrenada. No sé mucho de ellos, sólo que vagan por el país atacando a Omegas y manadas indefensas, sin ningún motivo aparente.

Realmente le gustaría poder contribuir con más información pero, como se está haciendo costumbre últimamente, no sabe mucho de esto. Él nunca estuvo destinado a ser un Alfa, ese era el camino de Laura. Él sólo era un Beta más en la familia, criado para seguir órdenes sin cuestionar demasiado.

La misma Laura sabía poco de todo el mundo sobrenatural tras la muerte de sus padres. Sus padres nunca imaginaron la catástrofe que se cernía sobre su familia y generalmente el entrenamiento como Alfa comienza cuando el primogénito cumple 18 años. Laura apenas había recibido un par de lecciones antes de que su familia ardiera.

— Isaac y yo solos no podemos vencerlos, ni siquiera si contamos a Peter en nuestro equipo, lo cual dudo. Tú solo tampoco puedes vencerlo…

— Scott no está solo — se apresura a decir Stiles, mirándolo desafiante —. Yo estoy con él, siempre lo he estado.

Eso es verdad y Derek puede apreciar la ayuda que ha sido el chico, pero no es suficiente.

Lo sé. Pero ustedes dos solos tampoco pueden vencerlos. No les estoy pidiendo que se unan a mi manada — y lo dice en plural, porque Stiles también sería útil si se uniera a ellos —, sólo les estoy pidiendo que trabajen con nosotros hasta que podamos derrotar a los Alfas o, al menos, lograr que se vayan de la ciudad.

Los dos muchachos vuelven a mirarse. Stiles se lame los labios, un tic que Derek ha notado que tiene cuando se pone nervioso. Scott le hace un gesto al chico, como diciéndole que lo que él decida está bien. Derek envidia un poco la confianza y la lealtad que tienen el uno con el otro.

Stiles asiente.

— De acuerdo — responde Scott, luego de tomar una bocanada de aire —. Trabajaremos contigo. Pero sólo tengo una condición…

Y están nuevamente las condiciones, los pedidos a cambio. ¿Por qué no puede confiar en él al menos una vez?

— Adelante.

Tienes que decirnos todo lo que sabes. Cualquier cosa que te enteres, nosotros queremos saberla. No más secretos, Derek, no más misterios. A partir de ahora queremos la verdad.

Derek asiente. Ya ha decidido cambiar y esto pedido no le sorprende tanto.

— De acuerdo, pero pido lo mismo a cambio. Sé que no me crees pero puedes confiar en mi. Yo no soy el que quiere matar a la gente de este lugar. De hecho, lo único que he hecho desde que volví fue intentar salvar a la gente de este lugar.

Scott y Stiles vuelven a mirarse y el último hace un gesto con las cejas, como diciendo que Derek tiene un punto. Por supuesto que tiene un punto, es la verdad. Sí, quizás no ha usado las mejores técnicas ni ha tenido los mejores resultados, pero todo lo que ha hecho desde que volvió fue para proteger al jodido Beacon Hills.

Scott suspira.

— De acuerdo.

Se miran en silencio un rato, como no estando muy seguros de qué decir. Entonces, la madre de Scott se aclara la garganta.

— Yo también estoy en esto.

— Mamá…

— No, Scott. Ya te lo dije: a partir de ahora estoy contigo en lo que hagas. No me importa lo difícil o lo peligroso que sea, yo estoy en esto con ustedes.

Por unos segundos, la señora McCall le recuerda a su propia madre. Ella era humana, pero jamás se quedaba afuera de un asunto relacionado con la parte sobrenatural de la familia. Ella defendía a la manada como la loba más fiera.

Supone que es lo que la señora McCall está haciendo ahora: proteger a su pequeña manada.

Scott suspira, pero asiente.

— Si Derek no tiene problemas… — dice, mirándolo con un dejo de esperanza.

— No, no tengo ningún problema — está por terminar la frase ahí, pero prometió cambiar y dejar de ocultar las cosas, así que suspira y continúa hablando —. Los humanos hacen a las manadas más fuertes. Ya te lo dije: en mi manada había miembros humanos también. Mi madre era humana.

Tanto Isaac como Scott y Stiles parecen sorprendidos por esto. Sin embargo, no hacen ninguna pregunta y Derek no se ve en la obligación de continuar hablando.

— Bien — dice la señora McCall, cambiando el tema —. Entonces, ¿qué debemos hacer? Aún soy nueva en esto.

— Entrenar. Por el momento, es lo único que podemos hacer. Fortalecernos e intentar detener cualquier ataque que hagan los Alfas a personas inocentes.

— ¿Cómo podemos ayudar Melissa y yo? — pregunta Stiles —. Es decir, por mucho que queramos, no podemos hacerle frente un hombre lobo en una batalla cuerpo a cuerpo.

Derek siente.

— ¿Alguno de los dos sabe disparar un arma?

— Yo sí — dice para su sorpresa (o no) Stiles.

Melissa lo mira con una ceja alzada, como si ella no creyera lo que el chico dice. Él sólo se encoje en el sillón, como si acabara de decir algo que no debía.

— No le digas que te dije, pero Papá sí me dio lecciones para aprender a disparar — admite Stiles, humedeciéndose los labios.

La mujer bufa, negando con la cabeza y viéndose sumamente enfadada de pronto.

— No sé para que me pide consejos ese hombre si luego no los escucha — se queja. Derek la sigue mirando, esperando una respuesta así que la mujer vuelve a centrarse —. Cierto, lo siento. Pues, una vez jugué Red Dead Revolver en la PlayStation con Scott.

Derek se masajea el puente de la nariz. Están jodidos.

***

Habiendo finalizado la charla, Derek se levanta para irse y, recién entonces, Stiles recuerda algo.

— ¡Espera! — dice. Todos en la sala se le quedan mirando, así que se aclara la garganta y continúa —. ¿Qué va a pasar con Jackson?

Scott lo mira sorprendido, como si no pudiera creer que olvidó eso.

— Es verdad, ¿qué va a ocurrir con Jackson? Es decir, ahora es un hombre lobo, ¿verdad? Se supone que ya no es peligroso, ¿cierto?

El Alfa suspira y vuelve a sentarse en el sillón.

— Antes que nada, debo convencerlo de que se una a la manada — comienza y, al ver que Scott está por interrumpirlo, se apresura a seguir —. Es demasiado inestable para estar por su cuenta. No sólo eso, es demasiado débil para estar por su cuenta. Es un blanco fácil para los Alfas y no duraría mucho contra ninguno de ellos. Necesita una manada para sobrevivir. Quizás tú no seas una amenaza para el pueblo y puedas llegar a defenderte de los Alfas, pero Jackson es peligroso para los demás y para él mismo.

Scott lo mira y él le devuelve la mirada. Derek tiene un punto. Siendo sinceros no quiere que nada realmente malo le ocurra al imbécil de Jackson. No sólo porque es una persona y últimamente ya ha muerto demasiada gente como para agregar un nombre más a la lista, sino porque Lydia lo ama y no soportaría volver a verla llorar.

Pero, más allá de eso, un hombre lobo recién transformado, sobre todo uno que fue una kanima, es un peligro para el pueblo. En la siguiente luna llena podría volverse loco y salir a atacar gente si no pueden controlarlo. Ya suficientes peligros tienen con la manada de Alfas, no necesitan agregarle otro más.

Le hace un gesto a su amigo y éste, tras suspirar, asiente.

— De acuerdo. Jackson se une a tu manada — dice Scott, un poco a regañadientes.

Derek asiente y, antes de que vuelva a levantarse, Stiles retoma la palabra.

— Lo cual nos lleva a Lydia.

Scott lo mira sin entender. Cierto, aún no le ha contado todo lo que estuvo hablando con ella.

— ¿Lydia?

Derek asiente.

— Tienes razón. Hay que hablar de Lydia.

— Esperen, ¿Lydia? — pregunta Melissa —. ¿Lydia Martin? ¿La chica a la que Stiles le escribió un soneto en quinto grado?

Suelta un quejido ahogado. Jamás debería haberle pedido a Melissa que le corrija las faltas de ortografía de esa atrocidad. Cielos, nunca va a dejarle olvidar la etapa poeta de su vida.

— Sí, esa Lydia. ¿Recuerdas que llegamos juntos al depósito? — al ver que Scott asiente, continúa —. Bueno, ella había venido a casa antes a decirme que necesitaba encontrar a Jackson para devolverle esa llave, la que lo hizo reaccionar. En el medio pasaron un par de cosas pero lo importante es que, cuando estábamos yendo al depósito, me contó cómo… me contó cómo fue que se enteró sobre todo el tema de los hombres lobos.

Se humedece los labios, dándole una mirada nerviosa a todos los presentes. Scott lo mira confundido, pero no es extraño porque Isaac y Melissa tienen la misma expresión. Mira a Derek, para ver qué es exactamente lo que sabe él. El hombre asiente y continúa hablando.

— El motivo por el que Peter está vivo es Lydia.

Stiles ya lo sabía, la misma Lydia se lo dijo, pero es fuerte volver a escucharlo. Confirmarlo. Había tenido la esperanza de que fueran sólo suposiciones de la muchacha, un error, pero ahora… ahora sabe que es verdad.

Lydia ayudó a que Peter resucitara, no hay dudas de eso.

Scott boquea un par de veces y lo mira sin comprender nada. Incluso Isaac parece extrañado. Melissa tiene una mirada parecida a la de su hijo, así que Stiles decide continuar.

— Por lo que me contó Lydia, ella es inmune a la mordida. No sabe cómo ni por qué, pero lo es. Por eso, cuando Peter la mordió hace unos meses, ni murió ni se convirtió en mujer lobo. Pero una parte de Peter, al parecer, quedó dentro de ella. Los últimos meses estuvo alucinando con él, soñando con él. Peter la fue guiando para poder resucitar. ¿La fiesta de Lydia y como todos comenzaron a alucinar? Plan de Peter para distraernos.

Derek asiente y continúa.

— Peter necesitaba hacer un ritual en luna llena para poder resucitar. Para eso necesitaba a la persona que lo había matado, es decir a mí. Se aprovechó de que esa noche estaba con la guardia baja cuidando que Isaac, Erica y Boyd no escaparan y mandó a Lydia a que me sedara con acónito. Fue ella la que trajo a Peter de vuelta a la vida.

Tomando una bocanada de aire y llenándose de valor, Stiles le hace frente a Derek. Jamás va a dejar que le ponga un dedo encima a Lydia. Jamás.

— No vas a vengarte de ella sólo porque el psicópata de tu tío…

— No quiero vengarme de ella, imbécil — le dice Derek, mirándolo algo enfadado—. Yo sé que ella estaba siendo manipulada y sé que no tiene la culpa de que un psicópata haya jodido con su cabeza.

Bien, siendo justos, el tipo está siendo bastante tranquilo y razonable y realmente parece que está dispuesto a cambiar su actitud, quizás está siendo un poco injusto con él. No debería haber asumido lo peor, lo sabe, pero es que no puede evitarlo. Si Lydia está en el medio deja un poco de lado todos los razonamientos.

Lydia es el amor de su vida y moriría si algo le pasara.

— ¿Entonces?

— Quiero que Lydia se una a mi manada.

¿Qué? Es decir, ¿qué? ¿Lydia? ¿Unirse a la manada de Derek? ¿Qué?

— ¿Qué? — pregunta Isaac y Stiles tiene que agradecerle luego porque no quería que Derek termine de enojarse con él —. Lydia es humana — agrega, como si a su Alfa no le hubiese llegado el memo.

Derek bufa y se masajea una de las sienes, como si estuviera cansado de estar rodeado de inútiles. Bien, este es un poco más el Derek que conocen y menos la persona seria y madura que estaba hace un rato. Extrañamente, se siente más tranquilo con este Derek. El otro es demasiado… no Derek.

— Gracias por el dato, Isaac, no me había dado cuenta. ¿No me escuchaste hace cinco minutos cuando dije que los humanos hacen a las manadas más fuertes? Ella es inteligente, es valiente, es leal. Es lo que esta manada necesita.

Es verdad. Todo eso es verdad pero Stiles no puede dejar que Lydia se una a la manada de Derek. No mientras Peter siga con vida.

— Si crees por un solo segundo que vamos a dejar que Lydia se una a tu manada con Peter ahí…

— Peter no es parte de mi manada — se apresura a decir Derek.

— Pero estaba con…

— Fuimos aliados momentáneos para derrotar a la kanima, pero no confío en él.

Lo cual tiene sentido dado que están hablando del tipo que mató a su hermana, luego comenzó a matar gente que, si bien no eran completamente inocentes, tampoco merecían morir, luego murió y resucitó manipulando a una chica de dieciséis años. Sí, por más que fuera su tío, Stiles tampoco confiaría en él.

La alegra saber que Derek está comenzando a utilizar el sentido común, muy acertado de su parte.

— Si Lydia acepta unirse a mi manada – y, créeme, tengo la sensación de que va a aceptar – voy a asegurarme que Peter no se acerque a ella — les dice el hombre.

Por la forma en la que lo dice el Alfa, Stiles tiene la sensación de que Lydia realmente estaría más segura siendo parte de la manada de Derek que fuera de ella.

— Bien — concluye finalmente, recibiendo una mirada sorprendida de Scott —, si prometes que no vas a lastimarla entonces está bien.

— Ugh, si Stiles dice que está bien… — dice Scott, encogiéndose de hombros.

— Yo no entiendo mucho de esto, así que lo que ellos dos digas — agrega Melissa, imitando el gesto de su hijo.

Se quedan unos segundos en silencio y, tras comprobar que nadie tiene nada más que decir, Derek se levanta, haciéndole un gesto con la cabeza a Isaac indicándole que lo siga. Tanto Stiles como Scott y Melissa se levantan también, para acompañar a los otros dos a la puerta.

— ¿Cuándo comenzaremos a entrenar? — pregunta Scott, una vez en la entrada.

— Mañana luego del colegio vengan al depósito — le dice Derek, para luego girarse a Melissa —. Usted también puede venir. Puedo enseñarle a disparar un arma, va a necesitarlo si quiere ayudarnos contra los Alfas.

Melissa asiente y, tras un cabeceo de Derek, Isaac y él se van. Scott cierra la puerta y los tres vuelven a la sala, repentinamente cansados.

— Entonces… ¿esto es lo que ha sido su vida los últimos meses? — pregunta Melissa, preocupada.

— La mía ha sido esto y escuchar a Scott hablando de Allison. Prefiero la parte de enfrentarme a bestias sobrenaturales.

Al menos se alegra de poder hacer reír a la señora McCall.

***

— ¿Quieres que vaya contigo? — le pregunta Isaac, cuando está a punto de subirse al auto.

Quizás no sea la mejor idea. Jackson podría sentirse acorralado, en peligro, si ve que no está solo al momento de ir a hablar con él. Pero sabe que Isaac necesita esto, sentir que ayuda en algo, que contribuye de alguna forma. Isaac necesita saber que confía en él, que es parte de la manada.

Así que asiente, indicándole que suba al auto con un cabeceo.

Tardan alrededor de diez minutos en llegar a la casa de Jackson, sumidos en un silencio tranquilo. De los tres Betas, Isaac es con el que mejor se entiende. Y, desde la última luna llena, sabe que su relación ha mejorado bastante. El hecho de que el muchacho haya aprendido a controlar su lobo es una mejoría considerable.

Y, si bien el último empujón para quedarse se lo dio Scott, sabe que Isaac siente lealtad hacia él. El hecho de que haya vuelto para ayudarlo a contener a Erica y Boyd es prueba de ello.

Escucha como el corazón del muchacho se acelera un poco al aparcar frente a su antigua casa y ve como mira el edificio de reojo. Lo primero que hizo el muchacho al firmar la emancipación fue vender el lugar que más que un hogar había sido el nido de sus pesadillas.

Le pone una mano en el hombro y el chico parece tranquilizarse casi al instante. Bueno, al menos Isaac es completamente manada.

— Vamos — dice.

Avanzan hacia la entrada de la casa, pero no llega a tocar a la puerta porque esta se abre, mostrando a Jackson esperándolos allí. Lydia está tras él, ambos con expresiones completamente serias.

— Te estábamos esperando — dice la chica, tomando la mano de Jackson con fuerza.

Derek se esperaba algo como esto, así que siente y entra en el lugar. Isaac y Jackson intercambian miradas de rencor al cruzarse, pero Lydia le da un apretón a Jackson y el muchacho parece tranquilizarse.

Se sientan en la sala, los cuatro sumidos en un tenso silencio. Al menos a Scott y Stiles los conoce mejor, estos dos chicos son casi unos desconocidos.

— ¿Qué va a pasar conmigo? — pregunta Jackson, sin rodeos.

— Ya no vas a convertirte en la kanima, si es lo que les preocupa — dice y, al ver que los dos chicos se relajan un poco, continúa —. Sin embargo, aún estás lleno de rabia y eso en las noches de luna llena puede ser peligroso. Los lobos que no tienen manada son conocidos como Omegas y son más débiles que los que pertenecen a una manada. Son blancos fáciles para los cazadores y para… otros peligros.

Jackson se refriega los ojos, viéndose bastante cansado.

— Tú quieres que me una a tu manada, ¿verdad?

Él asiente y ve como el muchacho mira a Lydia. Ella suelta un suspiro y, tras darle otro apretón de mano a Jackson, asiente.

— De acuerdo — acepta, pero luego agrega —: pero no voy a dejar a Lydia.

Derek enarca una ceja, no muy seguro de dónde viene eso.

— ¿Por qué crees que voy a pedirte eso? Ella parece a mantener el control. Eso es bueno.

— Pero según McCall tú siempre le dijiste que…

— Eso es diferente. Allison es una Argent, su familia nos ha cazado durante siglos — dice Isaac y Derek tiene que tragarse el su tía masacró a toda mi familia.

Sin embargo, los dos muchachos se ven algo dubitativos.

— Pero — dice Lydia, luchando por parecer tranquila —, todo lo que ocurrió con… con Peter…

Oh, era eso, tendría que haberlo supuesto. Suspira, listo para el segundo reclutamiento del día.

— Sé que no fue tu culpa. Peter es una persona manipuladora, Lydia. Él se aprovecha de los momentos de debilidad de las personas y los usa en su contra. No voy a pedirles que se separen. En realidad, Lydia, quería pedirte que te unas tú también a la manada.

La muchacha frunce el ceño, como si no entendiera de qué le está hablando.

— Pero soy inmune, no puedo transformarme en mujer lobo.

A Derek esta conversación ya le está aburriendo. Odia repetir las cosas. De hecho, odia tener que hablar demasiado y hoy cubrió su cuota. Pero se prometió cambiar, mejorar, y sabe que Jackson y Lydia no tienen la culpa de que él ya haya tenido que explicarle esto a Scott y compañía.

Para su grata sorpresa, es Isaac el que toma la palabra.

— Los humanos hacen a las manadas más fuertes. La madre de Derek, de hecho, era humana.

— Dos de mis tíos también lo eran — agrega —. Tú eres inteligente, valiente, leal. Pareces centrar a Jackson, además. Eres lo que esta manada necesita.

La muchacha parece dudarlo y a Jackson, aparentemente, no le agrada la idea.

— Pero ese tipo, Peter, ¿no es parte de tu manada? No voy a dejar que se le acerque a Lydia.

— Él no es parte de nuestra manada — responde rápidamente Isaac, obviamente comprendiendo que Derek se está cansando de toda esta conversación.

Realmente agradece que el muchacho se esté acoplando a él. Por unos segundos tiene ganas de presionar un poco la situación para que Lydia acepte de una vez, pero sabe que la muchacha ha pasado por una situación traumática y no quiere terminar empeorándolo. Él sabe lo que es que alguien te manipule.

— No confío en Peter — dice —. Ya te lo dije, es una persona manipuladora y no está completamente en sus cabales. Te prometo que si te unes a la manada estarás protegida contra él, no dejaremos que se te acerque.

Jackson y Lydia se miran durante unos segundos, algo dudosos.

— No lo sé… — dice por lo bajo el chico, aunque Derek puede escucharlo perfectamente.

— Creo que… creo que es lo mejor — le contesta Lydia, también por lo bajo. Finalmente, se vuelve hacia él, decidida —. De acuerdo. Quiero unirme a la manada. ¿Qué debemos hacer?

Siendo honestos, Derek pensaba que esto iba a costar más, pero tampoco quiere desconfiar de la situación. La mayoría de sus problemas con Scott vienen de la falta de confianza entre ellos, no quiere que su relación con Lydia y Jackson comience de la misma forma. No sólo necesita que estén de su lado, necesita que sean su manada.

— Bien. Antes que nada, habrá que entrenar. Mañana nos reuniremos con…