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Zoro suspiró al ver el pedazo de papel brillante rosa que destacaba en el centro de su minimalista escritorio. Un desastre de purpurina, calcomanías, letras demasiado curveadas y un sutil aroma a flores frescas lo llamara, como todos los días antes de iniciar sus clases, una extraña rutina a la que se estaba acostumbrando.
Su enamorada secreta como solían decir entre bromas y risas sus idiotas amigos. Zoro tomó la carta entre sus dedos tratando de examinar su contenido, aunque podría leerlo internamente, no variaba tanto y para su sorpresa solo eran frases de aliento para sus competencias o entrenamientos, nada que fuera demasiado comprometedor y dulce a diferencia del contrastante empaque.
¡Ten un excelente día! Que ese ceño fruncido no eclipse la hermosa sonrisa que tienes.
Algo cursi esta vez, pero nada a lo que no estuviera acostumbrando, quién fuera esta chica, se tomaba el tiempo de hacer las cosas de manera organizada y bastante anticipada; unos meses atrás queriendo saber la identidad secreta de su enamorada hizo lo imposible levantándose temprano y llegando a la escuela antes de dar iniciada las clases, por su puesto la misión fue un fracaso y terminó durmiendo sobre el pupitre con la tarjeta brillante asentada a su lado, después de eso, no intentó hacer más ya que ni siquiera sus amigos estaban seguros de quién sería la persona en cuestión.
Tratando de no dormirse en clases siguió con su rutinario día, hasta que las horas pasaron y terminó en su clase de kendo.
Sin embargo, la tarjeta no era un caso aislado, había otra situación que le hizo considerar cuan comprometida estaba esta chica con él. Todos los días después de su entrenamiento y siendo la última persona en dejar el dojo se encontraba una caja de bento, llena de delicias que estaba seguro no podría probar en otro lugar.
Que su comida favorita fueran los onigiris eran de conocimiento público y el que esta persona se tomara el tiempo de hacerlos la mayoría de los días era algo que calentaba su corazón, aunque no lo admitiera.
Con una sonrisa abrió el pequeño empaque envuelto en una tela de corazones y examinó su contenido encontrado 4 bolas de arroz que lo miraban de una manera molesta, que para su consternación encontró adorable. Llevándolas a su boca para darles un mordisco, casi gimió de felicidad al encontrar el delicioso sabor de siempre.
Dejó el empaque donde lo había encontrado, a sabiendas que este sería recogido por la persona anónima y se encaminó a casa con una sonrisa en sus labios.
…
El día siguiente fue una sorpresa ver a Kozuki Hiyori frente a su escritorio, al darse cuenta de su presencia dio un pequeño salto y tembló visiblemente. Zoro notó inmediatamente que en sus manos llevaba una tarjeta rosada llena de purpurina y una pequeña bolsa de tela, sintiéndose ligeramente decepcionado sin saber por qué, asumió que su admiradora secreta había salido a la luz, todo ese encantador misterio había quedado al descubierto.
En una de las escaleras vacías del edificio Hiyori le entregó los dos presentes luchando por que un sonrojo no atacara su rostro de manera furiosa.
─Por favor acepta mis sentimientos Zoro. Te he amado desde hace mucho tiempo.
Después de saber los esfuerzos que la mujer frente a él hacía y los sentimientos que lentamente se habían gestado en su corazón aceptó con un pequeño movimiento en su cabeza. La niña sonrió ampliamente mientras evitaba chillar, extendió sus regalos mientras eran retirados de sus manos y no pudo evitar agradecerle mientras se acercaba a depositar un beso suave en su mejilla.
…
Cuando Zoro llegó al dojo, abrió la pequeña caja de bento notando inmediatamente una distribución diferente de los ingredientes, incluso las tiernas caritas en cada uno de ellos había desaparecido, el sabor de los onigiri era todo lo contrario a lo que esperaba.
Él se había equivocado.
La persona dueña de sus afectos no era Hiyori.
La había jodido.
:D
