Chapter Text

Hacía tiempo que Hermione había perdido la esperanza de ver en la oscuridad.
Por un tiempo, pensó que si simplemente dejaba que sus ojos se acostumbraran, eventualmente algún leve contorno se haría visible.
Ningún tenue rayo de luna se deslizaba entre los barrotes tan profundamente en las mazmorras. No había antorchas en el pasillo fuera de la celda. Solo oscuridad y más oscuridad, hasta que se preguntó si quizá estaría ciega.
Había explorado cada centímetro de la celda con las yemas de los dedos. La puerta, sellada mágicamente, no tenía ninguna cerradura que forzar, incluso aunque hubiera tenido algo más que paja y un orinal. Olfateó el aire con la esperanza de que indicara algo: la estación, el olor lejano de comida o pociones. El aire estaba viciado, frío, húmedo. Sin vida.
Había tenido la esperanza de que, si inspeccionaba con la suficiente atención, encontraría alguna losa suelta en la pared, algún compartimento secreto que escondiese un clavo, una cuchara, o incluso algo de cuerda. Aparentemente, la celda nunca había contenido a ningún prisionero audaz. Ninguna marca para llevar la cuenta del tiempo. Ninguna piedra suelta. Nada.
Nada más que oscuridad.
Ni siquiera podía hablar para mitigar el interminable silencio. Había sido el regalo de despedida de Umbridge después de que la arrastraran a la celda y comprobaran sus esposas una última vez.
Habían estado a punto de irse cuando Umbridge hizo una pausa y susurró, "Silencio".
Sosteniendo la barbilla de Hermione con su varita de modo que sus ojos se encontraran, le dijo, "Pronto lo entenderás".
Umbridge soltó una risita, y su aliento empalagoso y azucarado rozó el rostro de Hermione.
Hermione había sido abandonada en la oscuridad y el silencio.
¿La habían olvidado? Nadie vino nunca. Ni torturas. Ni interrogatorios. Únicamente soledad oscura y silenciosa.
Aparecían comidas. Aleatoriamente para que no pudiera llevar la cuenta del tiempo.
Recitaba recetas de pociones en su mente. Técnica de transfiguración. Repasaba runas. Rimas de sanación. Hacía gestos con los dedos, replicando técnicas de varita, moviendo la boca como si articulara el hechizo. Contaba hacia atrás desde mil restando números primos.
Empezó a hacer ejercicio. Aparentemente a nadie se le había ocurrido contenerla físicamente, y la celda era suficientemente espaciosa como para que pudiera hacer la voltereta lateral de un lado a otro. Aprendió a hacer el pino. Pasaba lo que le parecían horas haciendo flexiones y algo llamado burpees con los que su primo había estado obsesionado un verano. Descubrió que podía pasar los pies a través de los barrotes de la puerta de la celda y hacer abdominales mientras colgaba boca abajo.
Le ayudaba a desconectar la mente. Contar. Llevarse hasta los límites de la resistencia física. Cuando sus brazos y piernas se volvían gelatina, se desplomaba en un rincón y caía en un sueño profundo.
Era la única manera de dejar de ver el fin de la guerra una y otra vez ante sus ojos.
A veces se preguntaba si estaría muerta. Quizá eso era el infierno. Oscuridad y soledad y nada excepto sus peores recuerdos suspendidos ante sus ojos para siempre.
Cuando finalmente se produjo un sonido, fue ensordecedor. El chirrido en la distancia cuando una puerta abandonada hace mucho se abrió. Entonces hubo luz. Cegadora, luz cegadora.
Era como una puñalada.
Trastabilló hasta un rincón y se cubrió los ojos.
"Sigue viva", escuchó decir a Umbridge, que sonaba sorprendida. "Levantadla, veamos si aún sigue lúcida"
Unas manos toscas arrastraron a Hermione del rincón y trataron de apartarle las manos de los ojos. Incluso con los parpados cerrados con fuerza, el dolor por el súbito brillo era como si le clavaran cuchillos en las córneas. Tironeó con las manos para volver a ponérselas sobre los ojos, liberándolas del agarre de sus captores.
"Oh, por el amor de Merlín" escuchó decir a Umbridge, con voz mordaz e impaciente. "Superados por una Sangre Sucia sin varita. Peteificus Totalus."
El cuerpo de Hermione se volvió rígido. Afortunadamente sus ojos se mantuvieron cerrados.
"Debiste ser lo suficientemente lista para morir. Crucio."
La maldición desgarró el cuerpo inmovilizado de Hermione. Umbridge no era la bruja más poderosa que la había maldecido, pero lo hizo con ganas. El dolor se abrió paso por Hermione como el fuego. Sin poder moverse, sentía su interior retorcerse en nudos, tratando de escapar del dolor. Su cabeza palpitaba mientras el dolor se acumulaba más y más sin ninguna liberación.
Tras una eternidad, el dolor cesó, y sin embargo no lo hizo. La maldición había terminado, pero la agonía permanecía enroscada en su interior, como si sus nervios hubieran sido desollados.
Hermione podía sentir su cerebro tratando de escapar; de liberarse de la agonía en suspensión. Rómpete. Rómpete. Pero no podía.
"Lleváosla para que la valoren. Hacedme saber lo que dice el sanador de inmediato."
La hicieron levitar, pero el mundo siguió siendo un borrón de sonido y agonía. Tanto sonido. Parecía como si las vibraciones estuvieran rechinando a través de su piel. Debían de haberla mantenido dentro de una sala con barrera porque de repente el aire explotó en luz y sonido.
Trató de resistir concentrándose solamente en el sonido de los pasos. Diez en línea recta. A la derecha. Treinta pasos. A la izquierda. Quince pasos. Parón. Uno de los guardas que la estaba haciendo levitar llamó a una puerta.
"Adelante", dijo una voz amortiguada.
La puerta se abrió.
"Ponedla por ahí."
Hermione sintió que depositaban su cuerpo en una mesa de exploración.
Sintió que la tocaban con una varita.
"¿Hechizos recientes?"
"Inmovilización y cruciatus," respondió una voz nueva. Hermione creyó reconocerla, pero su mente se retorcía demasiado en agonía como para ubicarla.
"¿Estando inmovilizada?" El sanador sonaba molesto. "¿Cuánto tiempo?"
"Un minuto. Quizá más."
Un siseo de irritación. "Apenas tenemos suficiente tal como está. ¿Es que Umbridge está intentando acabar con ellos? Sujetadla. Si no se hará daño cuando retire los encantamientos."
Hermione sintió como le ataban las muñeca y tobillos con correas de cuero, y le metían algo entre los dientes. Sintió un toque de varita en la sien.
"¿Yuhu? Brujita, si tu mente aún no está hecha papilla... Esto va a doler—mucho. Pero," continuó alegremente, "te sentirás mejor después. ¡Finite Incantatem!"
El mundo de Hermione explotó. Era como sufrir la cruciatus de nuevo. Su cuerpo, por fin móvil, se contraía mientras ella gritaba y pataleaba. Las correas que la retenían apenas le impedían arquearse mientras se retorcía, sacudía y lloraba agónicamente. Parecía que pasaba una eternidad hasta que pudo dejar de retorcerse. Mucho después de que su voz hubiera dado de sí. Sus músculos aún se crispaban violentamente, y su pecho se contraía en sollozos.
"De acuerdo. Podéis iros ya," dijo el sanador mientras tocaba otra vez a Hermione con su varita. "Pero decidle a Umbridge que si llega otro en estas condiciones, la reportaré por sabotaje."
Hermione abrió un ojo y observó a los guardas irse. Su visión se volvió borrosa. Todo era agónicamente brillante, pero podía distinguir formas vagas y la luz dolía menos. O más bien, otras cosas dolían más que sus ojos.
El sanador se volvió hacia ella. Era un hombre grande. No lo reconoció. Entrecerró los ojos tratando de verlo con claridad.
"Ah, bien, seguimiento de movimientos." Le giró la muñeca para ver el número de prisión de su esposa. "Numero 273..."
Sacó una fina carpeta de una estantería y frunció el ceño mientras la revisaba.
"Sangre Sucia, obviamente. Estudiante de Hogwarts. Oh, muy buenas calificaciones. Hmmm. Maldición desconocida al abdomen en quinto año. No es muy buena señal. Bueno, veremos con lo que podemos trabajar."
Realizó un hechizo diagnóstico complejo sobre ella. Observó su emblema mágico flotar sobre su cabeza y varios orbes de colores colocarse a lo largo de su cuerpo.
El sanador los tocó y garabateó algunas notas. Estaba particularmente interesado en su abdomen, especialmente en un orbe teñido de morado.
"¿Que—," musitó con la mordaza aún entre sus dientes, "—que estas mirando?"
"Hmm? Oh, unas cuantas cosas; tu salud física, sobre todo. Estás en notablemente buenas condiciones. ¿Dónde te han tenido? Aunque nada de eso importa si no puedo descifrar esta vieja maldición que aún llevas."
Trabajó en silencio algunos minutos más antes de reírse entre dientes. Con un giro complicado de su varita y un encantamiento que Hermione no pudo distinguir, un chorro de llamas violetas se disparó hacia su estómago. Su interior comenzó a burbujear de repente, y sintió algo vivo retorcerse entre sus órganos. Algo arrastrándose dentro de ella.
Antes de que pudiera gritar, el sanador mandó un hechizo rojo hacia ella. El movimiento se detuvo, y parecía que algo se había disipado en su interior.
“Un hechizo mal lanzado," explicó el sanador. "Alguien quería que te comieran viva, pero afortunadamente para ti la maldición fue incompleta. Lo he arreglado y ahora está cancelada. De nada."
Hermione no dijo nada. Dudaba que nada de aquello fuera para su beneficio.
Bueno, ya estás limpia. Eres apta también. Creo que vamos a poder hacer buen uso de ti. Aunque ese cruciatus probablemente requiera algo de terapia hasta que te recuperes de ello. Lo voy a apuntar."
Con un toque de su varita, las correas de alrededor de sus muñecas y tobillos se soltaron. Hermione se sentó lentamente. Sus músculos aún sufrían contracciones involuntarias.
Abriendo la puerta, el sanador llamó, "Lo ha superado. Podéis procesarla."
Volvió a su escritorio.
Todo era extrañamente luminoso. Entrecerró los ojos. Tan luminoso que apenas podía ver más allá de la luz para distinguir las formas que la rodeaban.
Con una mano temblorosa, se retiró la mordaza de entre los dientes. Inmediatamente comenzaron a castañear. Se dio cuenta de que tenía un frío terrible. Demasiado frío. El guarda se estaba aproximando a ella, agarrando su brazo para llevársela. Se deslizó de la mesa e intentó levantarse.
Se tambaleó.
"Sseñooor..."
¿Esa era su voz? No recordaba como sonaba su voz.
Las palabras salían mal articuladas, y todos los objetos luminosos de la habitación parecían estirarse y distorsionarse ante sus ojos como si la hubieran metido en una pecera. El sanador se volvió hacia ella extrañado.
"Creee-o quee stooy entrando nnn sshh—" las palabras parecían no poder salir otra vez de sus dientes castañeantes. Lo intentó de nuevo "shhhh–shhhhh–shhhhhooooock..."
La oscuridad de repente comenzó a infiltrarse por los bordes de su campo de visión. Todas las cosas luminosas se fueron apagando hasta que lo único que pudo ver fue el rostro preocupado del sanador frente a ella. Sus ojos se pusieron en blanco y cayó.
Nadie la sostuvo.
Su cabeza golpeó una esquina de la mesa. Con fuerza.
"¡Joder!" soltó el guarda. Incluso el sonido parecía oscilante y distorsionado.
Lo último que Hermione recordaba era que pensó que podría ser Marcus Flint.
Recuperar la consciencia era como ahogarse en avena. Hermione no estaba segura de por qué era la primera comparación que le vino a la cabeza. Luchaba por arrastrarse hacia la superficie, moviéndose hacia las voces amortiguadas, tratando de distinguir su sentido.
"¡Dieciséis meses en aislamiento con privación de luz y sonido! Indudablemente debería estar completamente desquiciada, si no muerta. ¡Ni siquiera aparece en ningún registro! ¡Como si la hubiera lanzado a un pozo sin fondo! Mire esta carpeta. ¡Prisionera ciento ochenta y siete en la cama de la habitación de al lado! ¿Ve cuántas páginas hay? ¡Revisiones! ¡Análisis de sangre! ¡Sesiones de salud mental! ¡Pociones prescritas! Incluso tengo fotos suyas para ver cómo era antes de que la mutilara. Esta de aquí—¡nada! ¡Está registrada como asignada a esta prisión y después desaparecida! ¡Nadie la ha visto! ¡No hay ningún registro de que haya comido nada! ¡Durante dieciséis meses! ¡Explíqueme como ha pasado esto!"
Hubo una pausa, y entonces Hermione escuchó, "Ejem-ejem."
La voz de sonrisa tonta de Umbridge comenzó a excusarse, "Hay tantos prisioneros aquí... Apenas es sorprendente que uno o dos hayan conseguido pasar desapercibidos como ha hecho la señorita Granger."
"Señorita—Granger—,"la otra voz se volvió de repente horrorizada y vacilante. "¿Se refiere a LA Granger? ¡Sabía que era ella! Intentó matarla."
"¿Qué? ¡No! Yo nunca—Es el Señor Tenebroso quien debe decidir sus destinos. Yo soy meramente su servidora."
"¿De verdad creyó que nuestro Señor se olvidaría de una prisionera como Hermione Granger? ¿Cree que será clemente si se entera de lo que ha hecho?"
"¡No pretendí que fuera por tanto tiempo! Se suponía que iba a ser simplemente una situación temporal. Usted no la conoce. No sabe de lo que es capaz. Tenía que asegurarme de que no podía escapar o contactar con alguien. Aún se estaba volviendo a proteger el castillo. Entonces–entonces para cuando todo estaba preparado–Ella–ella se me fue de la cabeza. ¡Yo nunca desafiaría a nuestro Señor!"
"El éxito de la empresa que nuestro Señor nos ha asignado depende de usted y de mí. Si descubro aunque sea un atisbo de que ha hecho algo más para socavar su plan, le reportaré a Él inmediatamente. Tal como está la cosa, Granger está ahora completamente bajo mi jurisdicción. No se le permite acercarse a ella sin mi permiso. Si le pasa cualquier cosa más, por quien sea, asumiré que es usted responsable de ello."
"Pero–pero tiene muchos enemigos." La voz de Umbridge vaciló.
"Entonces le sugiero que supervise su prisión cuidadosamente. El Señor Tenebroso la ha nombrado específicamente en sus planes. Le arrojaré ante él hoy mismo si es necesario para que tenga éxito. He trabajado durante más tiempo y más duro que usted para llegar a donde estoy, Alcaide. No dejaré que nadie se interponga en mi camino. Vaya a procesar al resto. El Señor Tenebroso espera un informe sobre los números de elegibilidad esta noche, y ya he perdido medio día arreglando su error."
Unos pasos se atenuaron. Los de Umbridge, pensaba y esperaba Hermione. Abrió un ojo tratando de asimilar el entorno subrepticiamente.
"Estás despierta."
No suficientemente subrepticia. Abrió los ojos del todo y miró hacia arriba al contorno borroso de una sanadora que estaba de pie por encima de ella. La sanadora se acercó para estudiar a Hermione, y Hermione pudo distinguirla levemente contra la luz. Una mujer mayor, severa, con un atuendo que denotaba veteranía médica.
"Así que, eres Hermione Granger."
Hermione no estaba segura de cómo responder al comentario. La conversación que había oído no había aportado ninguna luz sobre lo que se requería de ella. Era importante para alguna terrible maquinación de Voldemort. Presuntamente no debía estar muerta ni loca, y la querían sana. Probablemente no iban a torturarla horriblemente de nuevo.
Permaneció callada, esperando que la sanadora fuera de las personas que seguían hablando cuando la gente no respondía. Quedó decepcionada.
"Debo preguntarte, ya que nadie más parece saberlo. ¿Cómo sigues viva? ¿Cómo conseguiste mantenerte cuerda?"
"Yo... n-no–se..." Hermione respondió después de esperar un momento. Su voz sonaba más grave y vacilante de lo que recordaba. Sentía que sus cuerdas vocales estaban atrofiadas. Era difícil articular las palabras; las consonantes se enredaban y paraban como si requiriese un esfuerzo sacarlas. "Hacía–aritmancia mental... Yo... recitaba pociones. Hacia lo que podía... para no–perder la cabeza."
"Asombroso," murmuró la sanadora, garabateando notas en una carpeta. “Pero ¿cómo sobreviviste? No hay registros de que nadie te alimentara, y aun así has estado perfectamente mantenida en el aspecto nutricional."
"No–no... se. La comida aparecía. Nunca había una hora fija. Pensé– que era intencionado."
"¿Qué era intencionado?"
"La irregularidad... Pensé que"–sentía la garganta exhausta mientras hablaba–"era parte de la... privación sensorial. Para evitar–que... supiera... cuanto tiempo–había pasado."
Su voz se volvía más y más tenue con cada palabra.
"Oh. Si. Eso hubiera sido creativo. ¿Y tu condición física? Nunca te sacaron de esa habitación. Y aun así tienes mejor tono muscular que la mitad de mis sanadores. ¿Cómo demonios es eso posible?"
"Cuando... no podía–soportar pensar, hacía ejercicio–hasta que no podía más."
"¿Qué tipo de ejercicios?"
"Cualquier cosa. Saltos. Flexiones. Abdominales. Cualquier cosa–que me cansara... Para no soñar."
Más garabateos.
"Qué clase de sueños tratabas de evitar?"
Hermione se quedó sin aliento. Las otras preguntas habían sido fáciles. Eso–eso estaba demasiado cerca de ser real.
"Sueños de antes."
"¿Antes?"
"Antes de venir aquí." La voz de Hermione era baja. Furiosa. Cerró los ojos; la luz le estaba dando una fuerte migraña.
"Por supuesto." Más garabateos. El sonido hacía que los músculos de Hermione reaccionaran estremeciéndose. "Estarás aquí, en la enfermería, hasta que los efectos secundarios de tus sesiones de tortura hayan mitigado completamente. También traeré a un especialista para averiguar qué le ha pasado a tu cerebro."
Hermione abrió los ojos de golpe.
"Me–," vaciló. "Me pasa algo–malo?"
La sanadora la miró pensativamente antes de agitar su varita sobre la cabeza de Hermione.
"Has estado en aislamiento con privación sensorial durante dieciséis meses. El hecho de que estés lúcida es un milagro. Los efectos de tal experiencia apenas se pueden evitar, especialmente dadas las circunstancias anteriores a tu llegada. ¿Me imagino que estudiaste algo de sanación durante la guerra?"
"Si," dijo Hermione, mirando hacia la manta de su regazo. Estaba raída y olía tan fuerte a antiséptico que el asalto olfatorio le daba náuseas.
"Entonces sabes cómo es un cerebro mágico normal y sano. Este es el tuyo."
Un simple movimiento de varita extrajo la imagen proyectada mágicamente del cerebro de Hermione a la vista.
Hermione entrecerró los ojos. Esparcidas por la proyección había pequeñas luces brillantes; algunas agrupadas, otras esporádicas. Por todo su cerebro. Nunca había visto nada parecido.
"¿Qué son?"
"Mi hipótesis es que son estados de fuga creados mágicamente."
"¿Qué?"
"En algún punto de tu aislamiento, tu magia comenzó a intentar protegerte. Ya que no podías expresar magia externamente, se internalizó. Trabajaste duro para evitar, como tú misma has dicho, perder la cabeza. Sin embargo, la mente apenas está preparada para afrontar algo así. Tu magia ha encapsulado partes de tu mente. Como resultado, de alguna manera te ha fragmentado. Normalmente una fuga es general, pero estas parecen ser casi quirúrgicamente precisas. Aunque la sanación mental no es mi especialidad."
Hermione observó horrorizada.
"¿Quieres decir que–que estoy disociada?"
"Algo así. Realmente nunca había visto nada parecido. Podría ser una nueva enfermedad mágica."
"Tengo–personalidad múltiple?" Hermione se sintió débil de repente.
"No. Simplemente has aislado partes de tu mente. Creo que tu magia pretendía protegerlas de ataques mentales, pero por extensión evitó que accedieras a ellas."
Hermione caviló internamente.
"Que–es lo que no recuerdo?"
"Bueno, no estamos del todo seguros. Vas a tener que ser la que descubra lo que has olvidado. ¿Cómo se llaman tus padres?"
Hermione hizo una pausa, tratando de calcular si la pregunta estaba basada en buscar un diagnóstico o extraer información potencial. Palideció de repente.
"No lo sé," dijo, sintiendo de repente como si no pudiera respirar. "Recuerdo tener padres. Eran–Muggles. Pero–no puedo recordar nada sobre ellos."
Luchando por ahogar el pánico que se alzaba en su interior, miró suplicante a la sanadora.
"¿Sabe algo?"
"Me temo que no. Vamos a probar otra pregunta. ¿Recuerdas la escuela a la que fuiste? ¿Quiénes eran tus mejores amigos ahí?"
"Hogwarts. Harry y Ron," dijo Hermione bajando la mirada mientras se le cerraba la garganta. Sus dedos se crispaban de manera incontrolable.
"Bien. ¿Recuerdas al director?"
"Dumbledore."
"¿Recuerdas que le sucedió?"
"Murió," dijo Hermione, cerrando los ojos con fuerza. Aunque los detalles eran confusos, estaba segura.
"Si. ¿Recuerdas las circunstancias de su muerte?"
"No. Recuerdo–que fue rehabilitado como director después de que fuera confirmado que Vold- Vold– Quien-Tu-Sabes había vuelto."
"Interesante." Mas garabateos. "¿Qué es lo que recuerdas de la guerra?"
"Era sanadora. Estaba en el hospital. Tanta gente que no podía salvar– Recuerdo perder. Algo–algo no funcionó. Harry murió. Lo–lo colgaron de la Torre de Astronomía, y lo vimos pudrirse. Luego–luego colgaron a Ron y a su familia a su lado. Y a Tonks y a Lupin. Los torturaron hasta que murieron. Entonces me pusieron en esa celda y me dejaron ahí."
Hermione estaba temblando mientras hablaba. la cama del hospital se zarandeaba y emitía un fuerte chirrido.
La sanadora parecía no darse cuenta y anotaba más cosas.
"Esto es muy insólito e interesante. Nunca había oído hablar de un estado de fuga como este. Estoy impaciente por oír lo que piensa un especialista."
"Me alegra ser tan interesante," dijo Hermione, haciendo una mueca mientras abría los ojos para lanzarle una mirada a la sanadora.
"Bueno, bueno, querida. No soy totalmente insensible. Míralo desde una perspectiva médica. Si hubiera algo en tu pasado de lo que sería lógico para tu mente protegerse a sí misma, sería la posguerra–por la cual estas claramente traumatizada. En vez de eso, ¿Que has decidido proteger inconscientemente? La identidad de tus padres, y la estrategia de guerra de la Orden. Tu magia no decidió proteger tu psique, decidió proteger a todos los demás. Es muy interesante."
Hermione supuso que lo era, pero sentía que todo era demasiado.
Tan solo ser capaz de ver de nuevo era abrumador. Ser capaz de hablar. Estar fuera de su celda. Sentía que todo era demasiado. Demasiado crudo. Demasiado brillante.
"A menos que el especialista tenga alguna objeción, permanecerás en la enfermería durante una semana para recuperarte antes de que te procesemos. Eso te dará tiempo a acostumbrarte a la luz y el sonido de nuevo y los recibir la terapia que necesitas para recuperarte de la tortura y la contusión que te hiciste en la revisión."
La sanadora comenzó a alejarse, pero de repente paró.
"Espero que decirte esto sea innecesario, pero supongo que dada tu casa y tu trayectoria debería decirlo de todas formas. Estás en una encrucijada, señorita Granger. Lo que va a pasarte a continuación es inevitable, pero tienes elección en como de desagradable vas a hacerlo para ti."
Se despidió con ese–¿consejo? ¿Amenaza? ¿Advertencia? Hermione no estaba del todo segura. La sanadora desapareció tras la cortina divisoria.
Hermione echó un vistazo a su entorno cuidadosamente. Aún estaba en Hogwarts. Le habían cambiado las ropas de la prisión por un pijama de hospital. Remangándose, advirtió que nadie había cometido el error de quitarle las esposas que tenía aseguradas alrededor de cada muñeca.
Sostuvo una muñeca frente a su rostro para inspeccionarla. Se las habían puesto inmediatamente después de aprisionarla en su celda, y nunca tuvo la oportunidad de ver realmente como eran.
A la luz parecían ser simplemente un par de brazaletes que estaban alrededor de cada una de sus muñecas. Brillaban como una moneda nueva. Estaban chapados en cobre, como había supuesto.
En la oscuridad de su celda, había pasado una indecible cantidad de tiempo tratando de determinar exactamente lo que eran. La respuesta sencilla era que suprimían su magia. Cómo lo hacían exactamente, y cómo podía sortear el problema mientras estaba ciega y muda había tomado mucho tiempo de reflexión.
Cuando finalmente se admitió a sí misma que era imposible eludirlas, comenzó a tratar de averiguar cómo funcionaban.
Admiraba y odiaba a quien fuera que las había desarrollado. Estaba segura por la forma en la que el cobre conducía su magia que cada una tenía una fibra de corazón de dragón, posiblemente incluso de su propia varita.
Las esposas parecían específicamente sintonizadas con ella.
En su celda, en los intentos de realizar magia sin varita, la magia se deslizaba por sus brazos hacia sus manos para materializarse y entonces simplemente –se disipaba en cuanto alcanzaba las esposas. Confirmado ahora a sí misma que estaban chapadas en cobre, comprendió inmediatamente cómo funcionaba.
El cobre absorbía la magia hacia sí mismo. Recordaba a Binns dando una clase de historia de la magia sobre los intentos de usar otros materiales que no fueran madera para las varitas. El cobre había sido una de las opciones más obvias debido a su conductividad natural para la magia. Desafortunadamente, era demasiado conductivo. Absorbía cualquier chispa de magia que detectaba tanto si era intencionada como si no. Los hechizos explotaban de las varitas de cobre antes de que el mago pudiera terminar de realizarlos. Apenas podían tocar las varitas sin que estallaran. La explosión de dos laboratorios de varitas y la perdida de cuatro dedos convenció a los fabricantes de varitas de probar algo que no fuera cobre.
El núcleo de las esposas, Hermione estaba segura, era hierro. El cobre junto a la fibra de corazón de dragón le arrebataba la magia y la depositaba en el núcleo de hierro donde era eficazmente neutralizada.
La ingeniosidad la hacía bullir de rabia.
Las esposas de hierro eran bastante comunes en las prisiones mágicas. Amortiguaban la magia lo suficiente como para que los prisioneros no pudieran realizar hechizos potentes. Siempre había sido imposible neutralizar por completo la magia de un mago o bruja con hierro. Siempre podían pasar un poco de magia a través de ellas o dejar que se acumulara hasta que una ola de magia accidental estallaba de ellas. El cobre lo solucionaba. Con su excelente conductividad, especialmente con la ayuda de un núcleo mágico equivalente al de la varita del prisionero, el cobre absorbía casi hasta la última brizna de magia que se generaba en el interior de Hermione.
La convertían eficazmente en una Muggle.
