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Se despertó por décima noche consecutiva. Estaba cubierto de sudor, su piel ardía, su respiración era agitada y, lo más molesto, las sábanas de su cama empapadas de su resbaladizo.
Pol se dejó caer pesadamente sobre el colchón de nuevo, gimiendo frustrado, cerrando los ojos mientras sus manos revolvian con fuerza y saña su cabello.
Otro puto sueño húmedo.
No había dejado de tenerlos desde 'ese' jodido día.
A menudo lío se ha metido por andar de oreja alegre.
¡Pero que no fue su culpa! ¡No!
También se le debería considerar una víctima de la situación. Él sólo se había alejado unos minutos de sus amigos con los que salió a beber para fumarse un cigarrillo cerca de un callejón al otro lado de la calle cuando ...
Gimió frustrado, abriendo las piernas, su resbaladizo corriendo libremente entre ellas empapando de nuevo sus sábanas. Una de sus manos se estiró para poder sacar de debajo de su almohada un consolador. Esto simplemente no iba a parar hasta que sacará las ganas de ... 'eso', aunque fuera en su imaginación.
Encendió el objeto, comenzando a vibrar en su mano; lo dejó en el segundo nivel, ni muy lento ni rápido. Lo miró por unos segundos antes de dirigirlo a su entrada, pensando, '¿Porqué ahora?' '¿Porqué él?' '¿Porqué?', ni siquiera en el cole, que fue cuando sucedieron sus primeras épocas de calor, se sintió así. ¿Será que esto era de lo que tanto hablaban esos Omegas cursis marcados? ¿Será que su alfa era ...?
Cerró los ojos de nuevo, moviendo su mano junto con el consolador a su entrada. Empezó burlándose de su borde, manchando la punta del consolador con su resbaladizo, esparciendolo a su alrededor.
Pol había cruzado la calle para poder fumarse un cigarrillo en paz, alejado del bullicio de la gente. Había vislumbrado un callejón cerca del otro bar, sin gente.
Estuvo a punto de encenderlo cuando escuchó un par de ruidos dentro, en la oscuridad. Pensó que eran probablemente ratas o algún vagabundo, pero el gemido que escuchó después lo preocupo un poco. Guardó su cigarrillo y el encendedor en su bolsillo de la chaqueta y se escabulló dentro, evitando hacer el menor ruido posible por si era una situación delicada.
No logró avanzar mucho, se detuvo de golpe cuando escuchó de nuevo el gemido, pero ahora que estaba más cerca, pudo distinguir que no era un gemido de dolor. Al menos no el tipo de dolor malo. No, era un gemido de placer.
Decidió que era mejor darse la vuelta y regresar y retomar en lo que se quedó. Si, le encantaba el porno, pero no presenciarlo a escondidas y sin consentimiento de los participantes.
Sin embargo, cuando escuchó que uno de los participantes gruñó, 'Espera, espera, espera', se detuvo por segunda vez.
Bruno.
Pol se giró y avanzó de nuevo, acercándose para quedar escondido detrás de un bote de basura; se asomó lentamente, intentando quedar escondido por la oscuridad.
Pero cuando logró distinguir quien era quién, se quedó en shock.
Bruno tenía presionado a un Omega contra la pared del callejón, sujetando sus manos en alto con una de las suyas mientras que con la otra había levantado la playera del chico para explorar la piel de su cintura. El chico tenía la cabeza girada para el lado contrario, exponiendo toda la extensión de piel suave, cremosa y lisa de su cuello a Bruno, quién tenía su boca abierta a milímetros de dicha zona. Sus colmillos estaban de fuera, listos para ser encajados.
Pol introdujo de golpe el consolador en su interior ante el recuerdo, jadeando por aire.
Bruno había arrastrado sus colmillos sobre la extensión de piel, provocando al Omega, haciéndolo gemir y restregarse contra su cuerpo, rogando por algo obvio. El alfa había sonreído con diversión y descaro, satisfecho con la reacción del chico.
–¿No eres acaso una cosita bonita?–Pol le había escuchado susurrar a Bruno. –Voy a hacer todo un lío contigo.
Pol comenzó a follarse con el consolador animado, ondeando sus caderas a juego con los movimientos de su mano, imaginándose en su mente que Bruno era quien le decía esas palabras a él.
Después de que Bruno se había pegado por completo al cuerpo del chico, besando y chupando su cuello, y el chico había enredado sus piernas en la cadera de Bruno, Pol pensó que era su momento de irse. Se giró lo más rápido y silencioso que pudo y caminó a la salida a la calle, huyendo del lugar con prisa y pánico.
No había visto a Bruno desde entonces, al menos no físicamente, en su mente era otro asunto.
Bruno siempre había actuado como un Alfa serio, un poco idiota, pero calmado y educado. Y verlo así, tan libertino, cínico y engreído, encendió algo en el interior de Pol que nadie más había logrado hasta ahora. Bueno, para ser honestos, solo aumento esa llama porque Pol sabía que cuando estaba cerca del Alfa algo siempre se retorcía en su interior.
En su mente fantasiosa, Bruno era quien estaría sobre él, adorando y maltratando su cuerpo, y el consolador no sería empujado por su propia mano, si no por la mano fuerte y segura del Alfa. Se burlaría de él, le haría rogar por cualquier mínimo toque sabiendo que Pol nunca rogaba por nada y odiaba hacerlo.
Arrastraría sus colmillos con burla y diversión desde la piel bronceada de su cuello hasta sus muslos, dejando marcas en forma de líneas ligeramente rojas al pasar por la extensión de piel más clara de su pecho, de su estómago y sus caderas. Oh, tal vez en sus caderas mordería un poco, dejando marcas de diminutos círculos que durarían un par de días. Chuparía y lamería la sensible zona de su ingle, haciendo que sus caderas se levantarán para buscar más contacto, pidiendo por ello silenciosamente. Entonces Bruno se reiría engreído y victorioso de tener a Pol hecho un desastre.
Elevó sus caderas apenas un centímetro de la cama, buscando ese ángulo que le hacía ver fuegos artificiales y lo dejaba sin aliento. Su mano libre apretujando las sábanas, sin saber que más hacer.
El Bruno de su imaginación pasaría de estar burlándose y provocando su polla a estar entre sus piernas, soltando peligrosamente su aliento caliente entre su perineo y su entrada mientras abriría más sus piernas, dejándolo completamente expuesto. Pol intentó abrir más sus piernas en su posición, acelerando las estocadas con el vibrador.
Luego, Bruno dejaría pequeños besos en el nacimiento de sus nalgas, sobre su división, soplando aire de vez en cuando cerca del anillo de músculos sensible que se apretaría en el consolador, buscando algo más. Las paredes internas de Pol se contrajeron con el pensamiento de la polla gruesa de Bruno tensa entre sus piernas, rogando por atención, por estar envuelta en su interior caliente.
Bruno, sin previo aviso, pasaría sus colmillos por el interior de sus muslos, intercalando entre fantasmas de mordidas y succiones. Pequeños moretones púrpuras y rojos florecerian en su piel segundos después.
–¿Que pasa, chulito?–Bruno preguntaría, sin detener sus acciones. –¿Ya te has quedado sin aliento tan rápido? Apenas hemos comenzado
–Joder, Bruno–Pol jadeó, rogándole al Bruno imaginario, moviendo sus caderas en el aire mientras los movimientos de su mano se hacían duros y fuertes. –Por favor
–¿Los quieres?–Los colmillos de Bruno pellizcarian la piel del interior de uno de sus muslos, como si tantearan el terreno.
–Si, Si, Si–Si por Pol fuera, dejaría que Bruno encajara sus colmillos en todo su cuerpo, exigiendo que el alfa no dejara ninguna zona libre de sus marcas.
–Vale, ya te has portado bien–La lengua de Bruno lamería el parche de piel, preparando la zona. Las estocadas de Pol aceleraron, golpeando su punto sensible. –Te lo has ganado, bonito.
Pol llegó a su clímax en el momento en que el Bruno imaginario encajaría sus colmillos en su muslo, succionando y sacando sangre en el proceso mientras su mano golpearía el consolador en su entrada, pasando a acariciar su perineo con el pulgar. Aunque la realidad fuera que el mismo se había auto follado fuerte con el consolador.
Se desplomó en su cama, aún con el objeto en su interior, respirando agitadamente.
La última imagen en su mente sería la de un Bruno con pequeñas gotas de sangre resbalando por su boca, sonriendo, mostrando sus colmillos ahora de un color carmín.
Cuando su respiración se nivelo y logró calmarse, abrió un poco las piernas para poder sacar el consolador. Lo tiró a un lado de la cama, ya mañana lo limpiaría, y se giró en su cama, moviendose al extremo izquierdo, el que no estaba húmedo y manchado con su resbaladizo.
No se molestó en taparse, el aire fresco de la noche se sentía como un consuelo en su piel caliente.
Pol simplemente no vería a Bruno igual.
×
Una semana después (todavía con esos sueños) Pol vió a Bruno en una cafetería al pasar por una tienda. Tuvo la intención de saludarlo de pasada con su mano y seguir con su camino, pero todo se fue volando cuando Bruno le regaló una sonrisa, mostrando sus colmillos en todo su esplendor, acompañados de un movimiento de su mano correspondiendo al suyo. Pol casi termina estampado en el escaparate de la cafetería.
"Al final, todos los caminos llevan a Bruno Bergeron"
