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Capítulo 1: Voz
Hablando con la luna - Bruno Mars
¿Qué era el amor?
Aquella sencilla pregunta siempre rondaba la mente de Josuke agarrándolo de improviso aun en los momentos menos pensados. De niño no le hubo costado mucho responder aquella duda, bastaba con ver el amor de sus padres para decir que era algo que sentían los adultos cuando encuentran a sus compañeros dedicados. Para Josuke Joestar el amor era el principio y el final de un cuento de hadas que se le narró innumerables veces antes de ir a la cama o en las noches en las que solo el abrazo de su madre podía ser capaz de tranquilizarlo.
Pero, ¿Qué era cierto y qué era fantasía? Con forme los años transcurrieron y el niño crecía comprendió que todo era mucho más complejo, confuso e incluso hasta extraño. No tenía ni la más remota idea de cómo tenía que enfrentarse ante aquella situación y no es como si viviese buscando desesperadamente el amor, hubo un tiempo en que de niño bromeaba con sus amigos sobre no dejar que ninguna niña o niño los separase y seguirían siempre juntos como los tres mosqueteros, pero los niños crecen y con ellos los cambios propios de la adolescencia se manifiestan y el primero en alejarse fue Koichi al encontrar a su destino por pura casualidad mientras se encontraban en la biblioteca.
Yukako era una alfa muy dominante y desde el primer día se aseguró que tanto Josuke como Okuyasu mantuviesen su lugar y reconocieran a Koichi como su omega utilizando ya sea su gruñido o una cantidad asfixiante de feromonas que tenían como finalidad enviar una señal de amenaza a otros alfas.
Vaya loca aterradora y pobre de Koichi que tuvo que emparejarse con alguien tan territorial como Yukako Yamagishi. Y es así que Josuke descubrió otra cara del amor.
La posesividad.
Era bien sabido que todo alfa que hace de un omega su pareja tiene el derecho y la obligación de protegerlo y alejar a los otros alfas infringiéndole ya sea la marca en el cuello, que era muy doloroso, por cierto, o estar junto a su pareja en todo momento y bañándolo con una cantidad abrumadora de sus propias feromonas que alertaban a los otros alfas que aquel omega ya poseía un dueño.
Que palabra tan horrible, ¿Por qué en primera los omegas deben tener dueño? No eran esclavos ni mucho menos diferentes como para ser tratados cómo objetos o propiedades. Su madre, por ejemplo, era muy fuerte y según Josuke supo por su padre años después que su madre solía pelear contra los alfas casi a diario allá en Italia intentando defender y ganarse el respeto de sus iguales.
Josuke admiraba a su fuerte madre y estaba seguro que él era el ejemplo perfecto de la fuerza de los omegas y su capacidad para defenderse por sí mismo sin la necesidad de un perro guardián que intenta camuflarse bajo el disfraz de pareja.
<< Debes ser fuerte y grande para poder proteger a tu omega y cuidar de él por el resto de su vida >>
<< Debes de luchar contra los alfas que se atrevan a tocar a tu omega >>
<< Debes tener a tu omega junto a ti en cada momento >>
<< Mantenlo cerca, sofócalo con tu afecto, muérdelo y reclámalo cómo tuyo porque es así la ley que nos gobierna >>
Estúpida ley arcaica y ridícula. ¿Cómo una sociedad moderna podía seguir manteniéndose con normas tan antiguas como esas? Las personas tomaban a los omegas y los encerraban en hermosas y perfectas jaulas exhibiéndolos como bellos ejemplares que debían de enaltecer a los alfas.
Pero en una sociedad en donde el amor era el sinónimo de cautiverio y someimiento entre dos personas cuyo único lazo era una mordida Josuke no pudo evitar formularse de nuevo aquella pregunta de su niñez.
¿Qué era verdaderamente el amor?
Y en el fondo tenía miedo de despertar aquellos instintos propios de los alfas que aborrecía. Tenía miedo de volverse ante los ojos de aquella futura pareja al que amaría en una especie de verdugo y captor.
En un alfa más que toma lo que cree que le pertenece por derecho.
Hubiese sido una solución sencilla a mediano plazo decidir no enamorarse o enlazarse con alguien teniendo el conocimiento de que era inevitable pero aún así intentarlo.
Y todo posiblemente hubiera sido más sencillo si esa noche la aparición de un desconocido en medio de sus sueños no hubiera hecho que su corazón latiese con fuerza en una extraña mezcla de confusión y emoción.
Él era la imagen más hermosa que Josuke había visto en su vida. Cómo una especie de ángel su silueta se movió graciosamente y con total libertad por el lugar cómo si el viento dorado lo elevase hasta aquel hermoso cielo crepuscular que parecía sacado de un paisaje irreal. ¿Era un sueño? Debía de ser un sueño porque solo en uno el adolecente podría ser capaz de ver a tan hermoso chico sonriéndole y ofreciéndole su mano para que volase junto a él.
Y el viento agitó su cabello haciendo que las doradas hebras danzasen como las espigas de un campo en un día de verano en una tarde fresca.
La mano de Josuke sujetó la suya y pudo sentir la calidez de la misma y la suavidad de sus dedos como si en realidad aquel hermoso rubio fuera de una deidad celestial dándole la espalda a Dios para ir tras ese ser mundano e inferior.
<< Si es un sueño no quiero despertar, por favor Dios, Buda o cualquier deidad que me esté oyendo por favor no permita que abra los ojos y deje de verlo >>
La imagen se hacía borrosa y el rostro del muchacho empezaba a desvanecerse como si estuviese hecho de humo, Josuke vio cómo sus labios se movían intentando pronunciar algo, pero no pudo escucharlo. Una sonrisa corono ese rostro ya casi inexistente y de pronto también dejo de sentir su mano que, hasta el último momento, intentó sujetar con fuerza buscando retenerlo por más tiempo.
<< No te vallas, por favor permanece conmigo, quédate >>
Unas gruesas lagrimas brotaron de sus ojos y descendieron por sus mejillas como un rio recién nacido, era cálido y al mismo tiempo doloroso. ¿Por qué su corazón se sintió vacío de pronto? ¿Por qué toda la alegría se fue con aquel ángel que apareció de forma tan misteriosa?
Josuke no podía comprenderlo y tampoco buscaba hacerlo, en aquél instante solo quería volver a sujetar aquella mano y poder escuchar esa voz. Lastimosamente para él no fue precisamente la voz del ángel de sus sueños el responsable de que abriese los ojos y lograse despertar al fin sino la de su madre quien como todas las mañanas le avisaba que ya era hora de levantarse y que bajase a desayunar.
El adolecente parpadeo un par de veces aturdido y aún algo somnoliento, lo cierto era que no había podido conciliar el sueño hasta muy tarde debido al tonto reporte que tenía que entregar para la primera clase de la mañana y del cual no tenía ni la más mínima idea de no ser por Koichi y su oportuno comentario mientras jugaban junto con Okuyasu en un juego en línea.
Pero eso ya era pasado, por fortuna sus apuntes tenían suficiente información como para elaborar un informe decente a tiempo sacrificando una buena parte de sus horas de sueño, pero estaba seguro que valdría la pena siempre que pueda evitar un regaño de su madre.
- ¡Josuke dico sul serio , baja a desayunar o tu padre se comerá tu cereal!
- ¡Y lo hare, esto tiene buena pinta! ―Escuchó esta vez la voz de su padre -. No es justo Caesar ¿Por qué Josuke si puede comer eso ya mí me das este café amargo?
¡Eso sí que no! Como si la amenaza de su padre fuera de lo necesario para que el sueño de la mañana se esfumase Josuke Joestar se incorporó con velocidad y se encerró en el baño empezando lo que ya se conocía como su ritual de preparación.
30 gloriosos minutos después Josuke bajó los escalones hacía el primer piso y una vez en el comedor encontró a su padre ya su madre en la mesa junto a su pequeña hermana quien estaba siendo alimentada por Caesar, su madre, cuyo apellido de soltero antes de casarse con Joseph Joestar fue Zeppelin.
―Viejo no toques eso ―dijo el adolecente sentándose a la mesa y separando su cuenco de cereales de las garras de su padre. Ambos eran casi tan altos como osos y para la vista de cualquier extraño aquella escena podría describir como intimidante pero no era nada del otro mundo para Caesar quien ya estaba acostumbrado a vivir con dos alfas. Josuke estaba en crecimiento y buscaba su propia independencia y Joseph ... pues él siempre sería un eterno adolecente así que Caesar tenía que lidiar con dos niños, tres contando a la bebé Shizuka quien a pesar de ser una niña de dos años era tan suave y dulce como un durazno maduro.
―Eso estuvo cerca - dijo Joseph bebiendo un poco de su café y dejando un lado el periódico con las noticias matutinas -. Deberás dejar de desvelarte tanto y dormir apropiadamente si no quieres que me coma tu desayuno.
Josuke estuvo a punto de decir algo, pero fue su madre quien suprimió cualquier posible indicio de una discusión haciendo uso de esa mirada que lograba doblegar a cualquiera de esos dos alfas, ambos cerraron las bocas y se concentraron en comer. El reloj avanzaba y las actividades del día no podía detenerse.
- Bouna giornata ―los despidió Caesar luego del desayuno recibiendo un beso en los labios de su esposo y uno en la mejilla de su hijo -. Estas cada día tan apuesto como tu padre ―le dijo a Josuke acariciando su rostro y viendo con orgullo como ese pequeñito se había vuelto tan alto, aunque todavía seguía siendo tan dulce como lo fue de niño.
―Hubiese preferiría parecerme a ti ―respondió Josuke con una juguetona sonrisa lo que le hizo merecedor de una palmadita en la cabeza de su madre y una expresión de indignación de su padre.
- ¡Oye, eso no fue amable en lo absoluto! ―Exclamó el alfa mayor.
―Es broma, pero un poco de mamá en mí hubo estado súper― Joseph era el portador de buenos y dominantes genes alfas y como resultado Josuke también los heredo, no renegaba de eso, sabía que era en cierta forma afortunado ya que en una sociedad como la que vivían la diferencia entre un alfa, un beta o un omega eran abismales.
Pero la cuestión era que…
- Avrei voluto anche io… ―respondió Caesar with un aire de melancolía y al mismo tiempo cariño, su mano no dejó de tocar la mejilla de su hijo.
<< ¡Que idiota eres, pusiste triste a mamá! >> se dijo dándose cuenta de aquel error y la posibilidad de que su madre mal interpretaría sus palabras.
―No digas eso, pude tener a la mamá más bonita del mundo soy muy afortunado, no te pongas triste o no te bajare ―sus fuertes brazos cargaron al omega de forma juguetona tal y como muchas veces vio a su padre hacerlo cuando metía la pata .
- ¡ Tirami giu, Josuke, subito ! ―Gritó César -. ¡Joseph dile a tu hijo que me baje!
Pero como ni el mayor hacía algo para detener a su hijo y el menor no obedecía a sus pedidos Caesar no tuvo más remedio que darle a cada uno un golpe en sus cabezas huecas y obligarlos a que se comporten como se supone que deben hacerlo.
- ¡Eso dolió como el infierno Caesarino! ―Se quejó Joseph y Josuke no sabía si reírse o llorar por su propio dolor, bueno no podía quejarse de nada ya que el mismo se lo busco. Pobre de su padre no pudo evitar sentir pena por él y el castigo que se llevó de a gratis.
- ¡Dejen de perder el tiempo y váyanse antes de que se les haga tarde!
La puerta se cerró de un portazo haciendo un sonido fuerte y hasta doloroso. Josuke suspiro agotado, vaya inicio de mañana, se aseguró de tener el cabello bien arreglado y recogió su maletín del suelo, ¿Cómo fue que llegó ahí? Su madre era muy fuerte para ser un omega, sí que le daba miedo.
Joseph permaneció en su sitio y su hijo no tenía ni idea de la razón para su expresión melancolía, era extraño usualmente se reiría y haría algún comentario tonto tal vez le ofrecería llevarlo a la escuela y Josuke lo rechazaría porque ya estaba grande y tenía la edad suficiente para ir solo.
―Viejo… ¿Estas bien…?
La puerta principal volvió a abrirse y Caesar apareció con el almuerzo de Joseph envuelto en un bonito pañuelo bordado y con el rostro visiblemente sonrojado mientras cargaba a Shizuka en sus brazos. El rostro del alfa se ilumino y la alegría pareció retornar a él.
―No lo olvidaste ...
―Claro que no lo hice ―el omega se ruborizo aún más -. Feliz aniversario.
- ¡Mi Caesarino! ―Esta vez fue su esposo quien lo cargo, era lo suficientemente fuerte como para mantener en sus brazos a su esposo ya su pequeña hija, aunque no muy recomendable.
No lo intenten en casa.
Caesar no opuso resistencia al principio fingió molestia, pero fue cediendo al calor de los brazos de su pareja y al final un beso suave y cálido fue plantado en los labios de Joseph.
Y como si ambos hubiesen vuelto a ser unos adolescentes enamorados se mantuvieron en aquella burbuja de amor con la más pequeña de sus hijas en medio observando con ojos curiosos como sus padres no despegaban la vista de ellos y expedían un aura abrumadora de amor de recién casados
¡Oh mierda, el aniversario de sus padres! ¡Y no les compró nada! Tenía que resolverlo de algún modo cuando las clases terminasen, esta tez tenía que pedirle consejo a Koichi sobre que comprarles, no podía arriesgarse a repetir lo del año pasado, definitivamente ese pijama mameluco para dos no fue una buena idea, ¿Por qué pensó que lo sería? A Okuyasu le pareció gracioso y pensó que tenía razón.
―Josuke se te hará tarde ―dijo Caesar aun sujetando las manos de su esposo quien ahora le decía cosas al oído que lograba sacar risillas al omega sonrojado.
¡No puede ser! ¡Era demasiado tarde! Ahora si le vendría bien que su padre le ofreciera llevarle a la escuela.
―Oi Josuke ―la inconfundible voz de Okuyasu logro resaltar de entre la aglomeración de estudiantes que se empezaba a juntar en la entrada de la escuela -. ¡Jo! Justo a tiempo ―exclamó viendo a su amigo llegar completamente exhausto debido a la maratónica carrera que se dio desde su casa hasta la escuela y todo en un tiempo que en serio debería de encontrarse registrado en los records mundiales.
―Dame un momento para… recuperar el… aire ―dijo el joven alfa respirando de forma agitada y suplicando por una brisa fresca que lograse refrescarlo, aunque sea por un momento.
- ¿Te quedaste dormido?
―Para nada, me encanta echarme una carrera y tentar a mi suerte a ver si me gano una suspensión o una papeleta de retraso lo que me haría acreedor de un regaño de mi madre ―respondió Josuke en una clara muestra de sarcasmo.
―Tampoco tienes que ser así conmigo bro, ¿Qué culpa tengo yo? ―Dijo su amigo ofreciéndole un refresco de naranja que saco de su mochila -. Ten bebe esto.
Y Josuke se arrepintió en ese momento de aquel comentario. Recibió la bebida de buena gana y le agradeció el gesto.
―Te debo una.
―Y me lo voy a cobrar, necesito que me hagas un favor ―sonrió Okuyasu ampliamente y abrazando a su amigo de forma cómplice -. ¿Me pasas la tarea?
―Espera, ¿No lo hiciste? ¡Pero estuviste conmigo cuando Koichi lo menciono!
―Sabes que no soy muy listo y mis apuntes no son los mejores, le iba a pedir ayuda a Koichi, pero cuando le llame Yukako me respondió, esa mujer me da miedo y colgué antes de que terminase de preguntar quién era. No quiero que me mate por llamar tan tarde a Koichi y tampoco quiero que él tenga problemas con ella, puede que sea tonto, pero incluso un bobo como yo sabe cuándo callar y escapar.
Algo se removió en el estómago de Josuke y no era su desayuno ingerido a toda prisa. Le enfermaba cuando los otros alfas se comportaban como bestias territoriales.
―No es justo ...
- ¡Exacto! Y Koichi tiene los mejores apuntes, es una verdadera lástima.
―No me refiero a eso ―dijo Josuke, pero luego desistió de decir algo más, ya era tarde y en ese instante el timbre de inicio de clases se escucho con mucha fuerza -. Olvídalo, ¡Andando Okuyasu o nos meterán un reporte!
―Oi Josuke, pero lo de la tarea, ¿sigue en pie?
Josuke suspiró pesadamente antes de responder, ¿Qué más da? De todas formas, se la iba a pasar, Okuyasu también haría lo mismo si la situación fuera contraria.
Claro si hiciera sus tareas a tiempo y tuviese sus apuntes ordenados y limpios. En fin, a un amigo no se le niega eso.
―Claro, ¡pero no lo copies tal cuál! Cambia algunas palabras para que no se note el parecido.
- ¡Me la pones muy difícil! Pero está bien me parece justo.
- ¡Andando ahora!
Por fortuna ambos lograron ingresar a tiempo, corrieron muy deprisa por los pasillos que a esa hora de la mañana ya se encontraban poco transitados, era un alivio, de estar completamente vacíos significaría que los profesores ya se encontraban dictando clases y entonces si estarían en graves problemas.
La escuela no era necesariamente el lugar favorito de Josuke, no obstante, eso no significaba que incumpliera con la normativa impuesta por las autoridades estudiantiles, podía tener la pinta de un punk y hasta intimidar e incluso luchar cuando buscaban meterse con su magnífico peinado pero la mayoría de las veces evitaba hacerlo ya que por lo general era un chico tranquilo a quién no le gustaba meterse en problemas, vaya que su madre lo mataría si es que lo llegasen a expulsar de la escuela por una pelea pero es que a veces no podía evitarlo era como si por ser un alfa necesariamente tenía que luchar y enfrentarse a los demás. Era como si la sociedad misma le dijera que no importaba que sea un tipo violento y un buscapleitos porque estaba en su naturaleza.
Anda, no todos los alfas eran unas máquinas asesinas e impulsivas, ahí estaba su padre que a pesar de verse como el típico alfa en realidad era alguien que se sabía controlar muy bien.
De hecho, Josuke quería tener ese control de su padre y esperaba haberlo heredado, aunque nunca lo diría en voz alta delante de su viejo porque eso significaba admitir que lo admiraba en secreto. Cosa que sí, era cierto, pero obviamente no lo admitiría.
- ¡Lo logramos! ―Exclamó Okuyasu respirando agitadamente ingresando al fin al aula de clases que ya se encontró llenó, pero a causa de la demostración evidente del profesor muchos se encontraban fuera de sus lugares hablando fuertemente con sus grupos seleccionados -. No se suponía que yo debería terminar así, yo llegue temprano, es tu culpa por demorarte.
―Te recuerdo que eres tú quien quiere mi tarea ―dijo Josuke avanzando hasta su pupitre y tomando asiento al fin. El grupo de omegas tanto masculinos como femeninos que constantemente vivían pendientes del alfa se acercaron buscando llamar su atención. Era una avalancha de olores abrumadores y de feromonas expulsadas solo para captar la atención de ese alfa. Sumamente asfixiante
―Josuke-kun ¿Cómo has estado? Te ves tan genial como siempre ―dijo una chica, al parecer la líder de aquel grupillo y la primera en animarse a hablarle.
- ¡Tu cabello luce súper cool! ¡Me encanta! ―La secundo otra de las niñas acercando su rostro al de Josuke con la esperanza de que este pudiese sentir aún más sus feromonas.
Era como beber de un frasco de perfume, a Josuke le invadieron las ganas de toser e ir al baño a expulsar su desayuno. Muy empalagoso para su gusto.
―Como siempre Josuke tiene el mejor de los estilos ―esta vez fue un chico a diferencia de las otras sus feromonas eran más débiles, pero no por eso desistía en hacerse notar, era castaño y Josuke recordó haberlo visto durante sus entrenamientos con el equipo de natación.
<< Esperen, ¡Esto es demasiado! ¡Auxilio me están acosando! >> - pensó desesperadamente Josuke intentando sonreír, aunque la sonrisa no le nacía y en su lugar solo hacía una expresión de incomodidad.
¿Por qué necesariamente Josuke tiene que ser el blanco habiendo más alfas en toda la escuela? Eso era sencillo, porque era un Joestar y además un alfa dominante, en pocas palabras estaba en la cima incluso sobre los alfas comunes que, aunque igual de fuertes, no podía compararse a un alfa de contextura más grande y de feromonas más potentes, por lo general ese tipo de alfa suelen poseer un carácter más fuerte y aunque Josuke aún era un “cachorro” algún día alcanzaría la complexión esperada y junto con el apellido “Joestar” todas las puertas se le abrirían.
Un banco de genes de calidad, así es como los omegas lo veían.
―Chicos, gracias en serio, pero esto es demasiado ―Josuke se cubrió la nariz de forma disimulada para evitar ser descortés con sus compañeros de clases.
―Oi Josuke no me diste tu cuaderno ―interrumpió Okuyasu en el momento justo y Josuke nunca se sintió tan agradecido con él. Siempre podía confiar en su Bro.
El grupo de omegas al verse desplazados por la presencia de ese otro alfa no tuvieron otra opción más que guardar distancia y alejarse no sin antes sonreírle a Josuke y despedirse de forma coqueta y un poco descarada.
Eso estuvo cerca y por primera vez desde que llegó Josuke pudo respirar aliviado.
―Aquí tienes ―se le ofreció a su amigo y este no demoró en tomarlo e ir a su pupitre a redactar la tarea que se olvidó realizar. La letra de Josuke era muy ordenada y clara así que se le hacía fácil leerla.
Y mientras esperaba que Okuyasu terminase se relajó un poco y contemplo la vista desde la ventana. Cómo le gustaría estar recostado afuera en el césped y dormir bajo la sombra de un gran árbol, tal vez soñaría con ese chico misterioso y podría esta vez quizás al fin ver su rostro. No lo sabía, pero Josuke estaba seguro que sería un muy bonito rostro. Se encontró fantasear con algo como eso, después de todo no estaba seguro que una persona como esa existiese así que no tenía que preocuparse con enamorarse y despertar esos instintos de alfa del que tanto renegaba.
La puerta corrediza se abre y el maestro ingresa haciendo que en el acto todos guardaran silencio y corrieran a sus asientos. En ese lapso de tiempo Okuyasu lanzo el cuaderno de Josuke hacia el rostro de su dueño que, gracias a esa acción, despertó de su “ensoñación” lo que le notará la nueva presencia en el lugar.
Al girar hacia el lugar de Okuyasu vio a su amigo levantándole el pulgar en agradecimiento.
Vaya idiota, pero gracias a él vio al maestro tomar su lugar al frente de la clase así que lo salvo de ser reprendido.
―Veo que todos llegaron a tiempo, me alegra eso ―dijo el maestro, un hombre beta de unos cuarenta años de edad y de rostro agradable y calmado. Era el maestro favorito de Josuke -. Bueno… ―continuo este -. Esta mañana tenemos que darle la bienvenida a un nuevo estudiante de intercambio, vino de muy lejos así que asegúrense de ser buenos y hacerlo sentirse en casa.
Los murmullos no dejaron de hacerse notar y en un segundo todo el lugar se volvió como una olla de grillos que hablan sin tan siquiera darle importancia al maestro que todavía seguía teniendo la palabra.
- ¿Un nuevo alumno? ¿En la mitad del semestre?
―No me imagino quien pueda ser.
―Silencio ―exclamo el maestro levantando un poco la voz para lograr se oído y obedecido -. Todavía no termino, compórtense ―el silencio volvió a instaurase y el maestro tosió complacido. Bueno ya finalizado el anuncio principal solo quedaba una última cosa que hacer -. Puedes ingresar Brando
Una cabellera rubia trenzada se dejó ver y con esta el omega más bonito que alguna vez se había visto. Sus ojos eran de un turquesa que bien podía imitar la tonalidad de un cielo en un día perfecto de primavera, sus pestañas rubias se agitaban como dos abanicos y su rostro casi inexpresivo le daban la apariencia de una escultura renacentista que imitaban a los jóvenes dioses del panteón griego.
Josuke lo vio y en ese instante recordó la vez en la que sus padres lo llevaron a un museo por primera vez en su viaje a Francia cuando cumplió los 8 años, se perdió por supuesto entre esos enormes salones cuál laberinto y tras casi una hora de búsqueda sus padres lo hallaron de pie contemplando la escultura de Antonio Canova “El amor de Psique” o “El beso” en donde esta era reanimada por el beso de amor de un hombre alado tan hermoso incluso para el amor de una mortal.
La figura de Eros era lo que más le llamo la atención era tan hermoso con ese rostro perfectamente esculpido. Luego de ese suceso Josuke paso mucho tiempo pensando en esa escultura, los años transcurrieron y el recuerdo se volvió difuso como si se tratara de un lejano sueño.
Pero ahora mismo al ver a ese chico fue como volver a tener ocho años y regresar a aquel momento.
Lucía como aquel con quien soñaba últimamente, al menos guardaban un inmenso parecido, su cabello la forma del mentón si tan solo pudiese oírlo hablar…
―Buenos días, mi nombre es Giorno Giovanna Brando, encantado de conocerlos y estaré a su cuidado a partir de hoy ―dijo el muchacho haciendo una reverencia ante el resto de la clase que no disimularon sus rostros de sorpresa y también de envidia por parte del resto de chicas y chicos omegas.
Esa voz… ¡Era esa voz! A pesar que nunca antes había podido ser capaz de escuchar al chico de sus sueños era como si esa era la pieza faltante de su rompecabezas. La dulce voz de Giorno era seria y mostraba desinterés, pero solo para Josuke se sintió como una canción exclusiva para sus oídos. Su corazón latió con fuerza.
Esperen… ¿Su corazón estaba latiendo tan fuerte? ¿Qué era eso? Sintió que no podía irle peor, estaba cediendo ante algo de lo que se prometió escapar, pero de pronto esos ojos turqueses como joyas lo observaron y el alma se le fue del cuerpo para regresar nuevamente. Y entonces lo supo y todo fue mágico y era tal y como su padre le había dicho que sesentía.
Solo una vez más… Josuke quería oír su voz una vez más y entonces seria inmensamente feliz de nuevo.
