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Por casualidad, por metiche y por pendejo

Summary:

A Morita nunca le ha interesado mucho saber lo que sus compañeros de selección hacen y deshacen en sus vidas personales, mucho menos cuando tienen una Copa del Mundo por empezar delante: no es su intención por ello cuando descubre por accidente que dos de sus compañeros mantienen una relación en secreto.
Y tampoco cuando después descubre otra.
Por desgracia, le parece su problema cuando descubre que ambas parecen tener un jugador en común.

Notes:

Como siempre, esta es una obra de ficción hecha por un fan para fans. El objetivo es recreativo, no difamatorio y jamás para ser leído por los mencionados como personajes.

Chapter 1: Por casualidad

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La primera vez que sucedió, Gilberto ni siquiera sentía aún como algo real el hecho de que su aventura mundialista comenzara. 

La tarde ya caía sobre los campos verdes del CAR, y aún le parecía una maravilla que un centro de entrenamiento pudiera estar tan bien equipado como para darle la sensación de que, incluso después de haber estado ahí en ocasiones anteriores, no conociera ni la mitad de las instalaciones deportivas en las que se encontraba. 

Y es complicado para un menor de edad esas ocasiones en las que hay tiempo libre después del entrenamiento. Porque los mayores tienen sus propios autos, sus familias, sus novias, cualquier actividad alrededor de ello que pueden decidir hacer antes de que tengan que regresar al hotel de concentración, pero él no puede sólo decidir lo que quiere hacer. Como menor de edad, tiene todavía que esperar a sus padres para salir a cenar con ellos, y el segundo problema es que sus padres están encantados con la Ciudad de México, que han extrañado por mucho, y tardan una eternidad en enviar un mensaje para avisar que han llegado por él. 

Así que la única opción que queda para él es pasearse sin rumbo dentro del centro de entrenamiento de la selección nacional. Usualmente, sus audífonos y música son una buena compañía al momento de ver el sol esconderse detrás de los edificios de Tlalpan, pero no tienen batería esta tarde: es el ruido de los alrededores y sus propios pasos lo que lo acompaña mientras entra por pasillos por los que nunca había pasado, sube escaleras que nunca había subido y entra en rincones que nunca había visto. 

Es en uno de esos rincones subiendo escaleras desconocidas que termina por encontrarse con el asunto este: 

Primero son risas que le hacen pensar que está en medio de un suceso paranormal, porque ese piso supone estar vacío, pero luego reconoce las voces. 

Esos son sus compañeros. Se pregunta qué hacen ahí, en un sitio tan recóndito a esta hora, cuando podrían estar ya divirtiéndose en otro lugar de la ciudad por el tiempo libre, pero es que, de hecho, están divirtiéndose. Se da cuenta cuando sube un par de escalones, se asoma en silencio por la puerta abierta y lo que encuentra en la habitación es a Brian y Armando tan cerca que no podría confundir eso con ninguna clase de broma. 

Porque están solos, o eso es lo que creen. Por eso, sin ningún reparo, están besándose como si fueran un par de adolescentes con casa a solas: Brian se sienta en una mesa junto a la pared, donde se almacenan montones de balones, redes y otros objetos de utilería. Con la luz que entra por las ventanas, puede ver sin dificultad a Armando enfrente de él, casi encima de él, buscando sus labios mientras el otro ríe de forma coqueta. No puede creerlo, está congelado en su lugar sin moverse porque su cerebro no termina de comprender lo que está viendo: adentro, ellos continúan esa especie de juego romántico, uno escapando de los besos mientras el otro los deja donde puede hacerlo; en sus mejillas, en su barbilla, en sus labios o en su cuello cuando se mueve demasiado y tiene que sostenerle de la espalda para acercarlo a él. 

Y esos besos parecen peligrosos cuando permanecen demasiado tiempo en ese sitio. De repente, las risas no son risas, sino otras palabras murmuradas que no alcanza a escuchar, pero que le parecen más íntimas. 

De repente, la posición se mantiene y ellos ahora están realmente besándose de una manera más profunda junto a esa mesa, juntos en un abrazo que es suave, y en el que apenas alcanza a escuchar palabras, porque si se acercara más, entonces sería evidente que está espiándolos. 

De hecho, ¡¿Está espiándolos?!

—... ¿Por qué no? —averigua entre los murmullos.

—Que no, Brian. 

—Ándale, ¿no quieres?

—Pues sí, pero ¿cómo aquí? …Yo sí quiero —dice, y deja en sus labios un beso un poco más largo de lo que debería si estuviera mintiendo, del que a Brian le cuesta mucho separarse, en medio de lo que le parece una diversión de Armando. Le parece que todo esto podría ser un juego de rol frecuente entre ambos, porque le dan la misma sensación que un par de adolescentes que no quieren colgar el teléfono al despedirse—, yo sí quiero, pero… espérate a que lleguemos al hotel.

¿Al hotel de la concentración? ¿Al hotel en el que no comparten cuarto? ¿En qué momento entonces…? 

Gilberto hace memoria, y trata de recordar en qué posible momento podrían ellos… hacer lo que sea que ahora planean hacer, si casi nunca están a solas. Ahora, cualquier lugar le parece sospechoso, y no puede dejar de pensar en cuánto no pone atención a los detalles.

—¿Qué no se te antoja algo más divertido? 

—Siempre quieres en los lugares más peligrosos, no mames —sonríe.

—Tú te me quedas viendo así en los lugares más peligrosos —le acusa, y deja un beso sobre la punta de su nariz—. Ya, ni que fuera alguien a venir, ¿sí?

—¿Y si vienen? 

—Mmm, pero el otro día, el otro día con…

Armando ríe, le cubre la boca y lo acerca de nuevo para un beso. 

—Ya, ya… pero rápido, ¿Eh? 

Observa cómo el de Illinois se saca la camiseta a toda velocidad, se abraza de él para atraerlo a su lugar sobre la mesa y tira de su ropa también. 

Ha visto demasiado, y siente que le suda la frente en frío, como si en lugar de a sus compañeros de selección hubiera visto a un fantasma. No, ha visto demasiado ya.

Se aleja tan rápido como puede sin hacer ruido, directo a las escaleras que hace un rato ni siquiera sabía que estaban ahí, y camina casi de puntas por el pasillo hasta la salida, donde puede ver de nuevo un paisaje más conocido y preguntarse con más sentido del presente qué es lo que acaba de descubrir y qué significa todo eso.

Así que no se le ocurre otra cosa que sentarse aturdido en la primera banca que se encuentra junto al sendero a la salida, sin palabras y con los ojos abiertos.    

No cuenta cuántos minutos pasa ahí sentado, en silencio y mirando al frente. Quizás sean diez, o un poco más. No es lo que le importa en ese momento. 

¿Qué supone hacer con la información que acaba de encontrar? ¿Qué podría hacer, de cualquier manera? Su mente se queda en blanco por algunos minutos, mientras intenta pensar en cómo es que esos dos han mantenido esto en secreto de la selección entera todo este tiempo. Y antes que eso, ¿cómo han mantenido en secreto esto del resto de sus compañeros en Chivas? No está confundido, sabe lo que ha visto, simplemente está muy sorprendido porque es lo que menos esperaba encontrar y mucho menos a quienes ha encontrado. 

Un utilero y un preparador físico armando una pelea clandestina le habría sido un poco más esperable, ¿Cuáles son las probabilidades de que sus compañeros…? 

—Eh, Morita.

Ah, es lo único que le faltaba. 

Mira al frente, regresando a la realidad, y los ve a los dos saliendo por la puerta, arrojándose entre sí una sudadera y con el cabello despeinado como perros callejeros. Quiere negar con la cabeza como su mamá cuando sabe que va a regañarlo en casa, pero no puede ser obvio con esta cuestión. 

—¿Qué pedo?

—¿Qué haces aquí, güey? 

—Pues… nada. 

—¿Nada? —pregunta Brian, y lo hace con una sonrisa. 

—¿Qué no han pasado tus papás por ti, güey? 

Niega con la cabeza, esperando que la carrilla no siga por ese rumbo, porque no se siente tan de humor como para eso. No se siente como que pueda aguantar por mucho las ganas de decirles que acaba de verlos besarse y no entiende nada de lo que está pasando o por qué ahora parecen dos cuates completamente heterosexuales. 

—¿Y qué haces hasta acá? 

—¿Qué hacen ustedes acá? 

—El Brian le dejó su sudadera a un utilero y vino a recogerla —responde simplemente, y Gilberto sabe que es una mentira del tamaño del cielo.

Que, seguramente, esa es la misma excusa que le han dado a cualquier persona que lo haya cuestionado y que, seguramente, hay alguna clase de acuerdo entre los dos para fingir que es así. Lo sabe, pero asiente, con labios apretados y cejas alzadas. 

—¿Y los utileros ya se fueron? —pregunta con maña, porque no puede evitar querer ponerlos en aprietos al menos como travesura, si no puede decir más. 

—Sí, ya —contesta Brian. 

—¿Y a poco los dejan entrar así nada más ahí, donde guardan las cosas? 

—Pues sí, güey. 

—Eh, pinche Morita, ya pareces policía —se ríe Armando. Palmea su hombro al pasar a su lado y Brian hace lo mismo, siguiéndolo hacia donde el sendero de tezontle lleva de nuevo al edificio de vestidores y luego a la cancha. Eso le recuerda que, probablemente, debería llamar a sus padres y preguntarles si todavía tardarán mucho en llegar. Definitivamente necesita cenar y un buen trago de Coca-Cola con hielos— ¿Ahí te quedas, o qué? 

Niega pronto. No tiene sentido quedarse ahí solo, cuando ya es tan tarde. 

—Córrele, Morita. 

Asiente al llamado que le hace Brian e intenta caminar a una distancia prudente de sus compañeros, quienes, al contrario, parecen no más que dos amigos hablando sobre fútbol como si nada en absoluto fuera diferente después de lo que le acaba de sacudir la cabeza a él.

Y no es que sea homofóbico ni nada parecido. De hecho, está seguro de que el sujeto que le corta el cabello es gay y no le parece nada relevante; es más bien que nunca había visto ‘‘la acción’’ tan de cerca, y mucho más impactante le es pensar que dos de sus compañeros están haciendo pendejos a todo el resto del grupo con algo que podría ser un escándalo de otra forma. 

Pero, al menos, a él ya no. Por casualidad, a él ya no. 

 

Notes:

Al fina sí se logró sacar algo a tiempo para el mundial miren xD Espero que guste si han leído, la vdd es que es un plot que da para algo muy cortito y rápido pero que ha sido muy divertido de escribir desde la perspectiva de Morita xD estoy intentando mejorar mis habilidades de escribir poquito xD
Muchas gracias por leer!! Todo comentario o kudo se agradece MUCHO y mis dms y asks están siempre abiertos en tumblr o twitter para prompts o cualquier cosa:DDDD