Work Text:
La habitual calma del pequeño hogar fue interrumpida.
Todo había comenzado después de que Barth saliera de la ducha y se acercó a su novio para besarlo, Tanrak le había correspondido los dos primeros con la misma dulzura de siempre, saboreando el calor de su boca. Pero cuando Barth intentó profundizar el tercero, Tanrak apoyó una mano sobre su pecho y se separó con una sonrisa ligera.
—Ya, Barth; déjame leer.
En realidad, no era que no quisiera sus besos; la verdad era que a Tanrak le divertía ver como Barth refunfuñaba como un cachorro consentido cuando le ponían límites. Y Barth no decepcionó. Soltó un quejido dramático, frunció sus cejas y se dejó caer de costado, golpeando la colcha con una mano con la frustración de quien exige mimos inmediatos.
—Eres malo, Rak —protestó Barth, estiró su mano y picó, con la punta de sus dedos, suavemente las costillas de su novio.
Tanrak intentó contenerse, pero dió un respingo. Barth sonrió con malicia y atacó de nuevo, esta vez sus dedos fueron directamente sobre los costados de Tanrak.
—¡Barth, no! ¡espera! —comenzó a pedir Tanrak entre risas, intentando protegerse con los brazos, dejando caer el libro en el proceso.
El juego inocente se transformó rápidamente en una lucha desordenada de extremidades sobre el colchón. Barth se subió sobre él, usando su peso con cuidado pero con firmeza para atraparlo, mientras sus dedos continuaban la tortura de las cosquillas. Tanrak se retorcía debajo de él, con las mejillas calientes por el esfuerzo y la risa constante, su cabello revuelto contra la almohada y los ojos brillantes por la diversión.
—¡Barth, ya basta! ¡no, ahí no!
La risa de Tanrak se hizo más sonoro, un sonido que rebotaba en las paredes del cuarto. Intentó girar las caderas para escapar, pero ese movimiento solo logró que Barth se acomodara aún mejor entre sus piernas, dejando caer su peso hacia adelante. La fricción, brusca a través de la tela de algodón de sus ropas, encendió una chispa eléctrica en el vientre de ambos.
El juego de pronto cambió de ritmo. Barth dejó de mover las manos y simplemente apretó a su novio contra el colchón, hundiéndose contra él.
—Barth, mmm —Tanrak soltó un suave lloriqueo, que hizo que el pulso de Barth se acelerara.
Barth llevó sus manos a cada lado de la cabeza de Tanrak y comenzó a balancear sus caderas, frotándose contra Tanrak a través de la ropa.
El roce directo y pesado hizo que Tanrak lloriqueara de nuevo, arqueando sutilmente la espalda hacia arriba, buscando más de ese contacto. Sus manos, que antes intentaban apartar a Barth, subieron de inmediato a sus hombros, apretándolo.
—Barth... mmm, pesas —protestó Tanrak, aunque sus caderas se movían al compás del vaivén que Barth le imponía.
—¿Peso mucho, ángel? —se burló Barth mientras volvía a presionarse contra él, disfrutando de como el cuerpo de Tanrak se derretía y se amoldaba al suyo de inmediato.
Barth inclinó su cabeza y capturó los labios de Tanrak en un beso; fue un choque caliente, necesitado, donde sus lenguas se buscaban con una urgencia que los hizo gemir a ambos. Barth continuó el balanceo de sus caderas, frotando su pene contra el de Tanrak a través de la tela de los pantalones cortos, creando una fricción más fuerte. Tanrak bajó sus manos a la cintura de su novio mientras abría un poco más sus piernas.
El calor en la habitación se volvió denso, casi tangible, alimentado por el sonido de sus ropas frotándose. Barth se presionaba hacia abajo pesadamente arrancándole a Tanrak pequeños quejidos que se ahogaban de inmediato cada vez que sus bocas volvían a estallarse en un beso húmedo.
Apenas se separaban un poco para tomar una bocanada de aire, con el hilo de saliva conectando sus labios, cuando Barth regresaba a devorarlo.
Barth interrumpió el beso con un jadeo y con movimientos torpes por la prisa, Barth se deshizo de las remeras de ambos. No perdió el tiempo; bajó su rostro y sus labios descendieron por la mandíbula de Tanrak, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar al pálido pecho de su novio, que subía y bajaba, para luego lamer la suave extensión de sus pectorales.
Barth lamió el pezón izquierdo de Tanrak, saboreando la piel antes de cerrar los dientes y morder suavemente la pequeña punta.
—Barth... —murmuró mientras sus manos iban al cabello de su novio.
Barth se trasladó al otro lado, pasando la lengua por el pectoral de Tanrak, delineando el músculo tenso antes de succionar con fuerza el otro pezón y morderlo, luego chupó justo al lado de su pezón.
Barth parecía completamente adicto a esa zona de su cuerpo. Su boca no se quedaba quieta; volvía a subir por el pectoral, lamiendo la carne firme, saboreando el rastro de su propia saliva antes de volver a atrapar el pezón entre sus dientes. Esta vez presionó con un poco más de fuerza, un mordisco firme que dejaba una marca rosada.
—Barth, ah... muerdes muy fuerte —lloriqueó Tanrak, aunque sus dedos se enterraban con fuerza en el suave cabello de Barth, atrayéndolo, inconscientemente, más contra su propia piel en lugar de apartarlo.
Barth soltó una risita que chocó directamente contra el pecho de Tanrak, para luego pasar la punta de su lengua sobre la pequeña marca rosada que sus dientes habían dejado, calmando el ardor.
—Te gusta que te muerda así, Rak. Te pones todo rojo... —susurró Barth, antes de succionar el pectoral, dejando otra marca.
Barth estiró una mano y bajó los pantalones cortos de Tanrak junto con su ropa interior, dejándolo completamente expuesto.
Barth no pudo contenerse ante la visión de Tanrak, tan expuesto y sonrojado bajo su cuerpo y con una sonrisa, se deslizó un poco más hacia atrás sobre el colchón, sus manos sostuvieron los muslos de su novio, abriéndolo, y sin previo aviso, Barth se inclinó para clavar sus dientes con suavidad en la carne tierna de la cara interna del muslo de Tanrak, justo al lado de su lunar favorito.
Tanrak jadeó, apretando sus ojos mientras sus manos se aferraban a la sábana.
Barth mordió otra vez antes de lamierlo para apaciguar el ardor, y finalmente se deshizo de su propia ropa. Volvió a posicionarse entre las piernas de Tanrak, completamente desnudo.
Barth agarró su pene, completamente erecto y goteando presemen y lo arrastró de arriba abajo contra la sensible entrada de Tanrak, manchándola con su humedad.
Tanrak suspiró, sintiendo la textura viscosa y caliente ensucíandolo.
Barth, soltando un gemido, continuó deslizando la cabeza de su pene de arriba abajo, deleitándose con la forma en que el fluido brillante manchaba la piel pálida de su novio.
—Barth... ah, mmm... ya hazlo —se quejó Tanrak, llevando sus manos a los hombros desnudos de su novio.
—Todavía no te he preparado, ángel —se burló.
—No me importa —lloriqueó Tanrak de inmediato, sintiéndose desesperado por el calor del cuerpo de su novio.
—Si no lo hago te voy a lastimar —replicó Barth, hacienfo que la punta besara la entrada de Tanrak.
Tanrak se estremeció.
—Entonces deja de jugar —refunfuñó Tanrak.
Barth sonrió mientras estiraba su brazo hacia el cajón, tomó el frasco y vertió una cantidad generosa de lubricante directamente sobre sus propios dedos y la entrada de Tanrak. El frío del gel hizo que Tanrak soltara un suspiro, pero la molestia se disipó en cuanto Barth hundió el primer dedo con lentitud, estirando las paredes que se contraían ansiosas a su alrededor.
Barth cerró los ojos, conteniendo el aliento por lo apretado y caliente que estaba su novio, y comenzó a mover el dedo en un vaivén constante, añadiendo un segundo dedo casi de inmediato. Su pulgar presionaba con la base del pene de Tanrak, apretándolo suavemente hacia adelante, mientras sus dedos internos rozaban con precisión un punto que hacía que Tanrak se retorciera.
—¡Barth... mmmh, ah! —Tanrak echó la cabeza hacia atrás, las lágrimas llenaban a sus ojos, nublándole la vista mientras su novio volvía a inclinarse hacia su pecho— Barth... Barth...
Los dedos de Barth se movían con un ritmo constante, húmedo y ruidoso dentro de él, pero no hacía el ademán de avanzar más allá, simplemente continuaba jugando, estirándolo, mientras volvía a lamer sus pectorales y morder sus pezones hinchados, disfrutando de la agonía dulce en la que tenía sumergido a su novio. Tanrak movía las caderas con desesperación, deseando la plenitud que el pene de Barth podía darle, sintiendo que la estimulación de los dedos de su novio ya no era suficiente.
—Barth... por favor... —gimió Tanrak, llamándolo una y otra vez en medio del silencio de la habitación, un sonido suplicante que llenaba el espacio— Barth...
Barth detuvo el movimiento de sus dedos por un momento, dejándolos enterrados dentro de Tanrak, saboreando el espasmo de frustración que recorrió el cuerpo de su novio ante la pausa. Se incorporó, quedando a escasos centímetros del rostro de Tanrak.
—¿Por qué me llamas tan fuerte? estoy aquí mismo, ángel —murmuró Barth contra sus labios.
—Porque te necesito —murmuró Tanrak en respuesta— Entra ya, Barth, por favor.
Mientras sonreía, Barth sacó sus dedos con un «plop» y posicionó la punta de su pene contra la entrada de Tanrak y presionó hacia adelante, permitiendo que la cabeza de su pene venciera la resistencia de la entrada húmeda hasta detenerse justo a la mitad para dejar que el cuerpo de Tanrak se adaptara al tamaño. Tanrak soltó un suspiro nasal mientras sus uñas se clavaban con fuerza en la piel de Barth, sintiendo como esa enorme calidez lo invadía.
—Eres tan hermoso, Rak —susurró Barth con la respiración entrecortada mientras Tanrak lo miraba con sus lindos ojos brillantes por las lágrimas de placer.
Inconscientemente, las paredes de Tanrak se apretaron por el elogio.
—Joder... —siseó Barth y con un lento empuje, se hundió por completo en él.
Un gemido escapó de los labios de Tanrak, un sonido que mezclaba el alivio y el éxtasis de sentirse finalmente completo. Sus piernas se envolvieron instintivamente alrededor de la cintura de Barth.
Barth se quedó quieto por un momento, apoyó su frente sobre el colchón, justo al lado de la oreja de Tanrak con la respiración pesada. Estaba tan profundamente enterrado en su novio que podía sentir el pulso de Tanrak latiendo alrededor de su pene.
—Muévete —suplicó Tanrak en un susurro, moviendo sutilmente la pelvis hacia arriba.
Barth comenzó a moverse, primero con empujes pausados y profundos que emitían un eco húmedo. Con cada embestida, la punta de Barth rozaba el punto más sensible en el interior de Tanrak, provocando que el menor soltara sollozos desordenados, balanceando la cabeza contra el colchón.
—¡Barth... ah! ¡ahí... más, por favor! —suplicó Tanrak.
Al escuchar el ruego, Barth aumentó la velocidad mientras se incorporaba para mirar a su bonito novio. Una de sus manos bajó hasta el muslo de Tanrak, su pulgar presionó justo sobre el pequeño lunar que tanto le obsesionaba, abriéndolo más mientras sus caderas golpeaban con urgencia.
Barth se inclinó para besar a Tanrak, hambriento. Barth devoraba la boca de Tanrak para ahogar los gemidos más altos, saboreando el calor de su saliva, mientras el pecho de ambos chocaba, sudorosos y calientes. Tanrak sentía que se deshacía, que se derretiría ahí mismo.
Barth gimió contra los labios de su novio, sintiendo cómo las paredes de Tanrak se contraían con fuerza a su alrededor. Sus embestidas se volvieron más frenéticas.
—Barth... me voy a... ¡Barth! —exclamó Tanrak en medio de un espasmo, sintiendo que el clímax nublaba sus sentidos.
Tanrak se arqueó mientras su propio semen se liberaba. Un segundo después, Barth se hundió una última vez hasta el fondo, derramando su semen dentro de Tanrak, sintiendo como las paredes internas de su novio se contraían en deliciosos espasmos alrededor de él, como si quisiera succionarlo.
Barth colapsó pesadamente sobre el pecho de Tanrak mientras su pene salía de su novio, con el corazón acelerado, mientras éste lo abrazaba.
Se quedaron así durante un par de minutos, permitiendo que la marea bajara sutilmente y que el sudor que cubría sus cuerpos comenzara a enfriarse. Barth besó perezosamente el hombro de Tanrak.
La sobreestimulación y la oleada de endorfinas habían animado a Tanrak. Con un suspiro tembloroso, Tanrak apoyó las palmas de sus manos sobre los hombros de Barth y, ejerciendo una presión firme, lo obligó a rodar hacia un lado.
Con movimientos lentos, Tanrak se quedó sobre el cuerpo de Barth. Se acomodó a horcajadas, sintiendo como su entrada sensible se presionaba contra el vientre de su novio, marchándolo. El roce hizo que Tanrak soltara un pequeño sonido, apretando los dientes mientras un estremecimiento le recorría la espina dorsal.
Barth contuvo el aliento de inmediato. La visión desde abajo era maravillosa: Tanrak, con sus mejillas rojas, sus labios hinchados y su pecho decorado con las marcas rosadas de sus mordiscos, lo miraba desde arriba con una mezcla de timidez y deseo que hizo que a Barth se le acelerara el pulso al instante.
—Quiero... montarte, Barth —murmuró Tanrak.
Las manos de Barth fueron de inmediato a las caderas de Tanrak, sosteniéndolo, sus pulgares hundiéndose en la piel suave mientras sentía su pene contraerse.
—Sí, mi amor. Haz lo que quieras.
Con lentitud, Tanrak agarró el pene de Barth y lo guió de vuelta hacia su entrada. Se elevó ligeramente sobre sus rodillas y comenzó a descender. Al sentir la anchura abriendo sus paredes ya sensibles, Tanrak echó la cabeza hacia atrás, soltando un quejido.
—Ah... Barth —lloriqueó, deteniéndose a mitad del camino, con los músculos de los muslos temblando por el esfuerzo físico.
—Lo haces muy bien, cariño —murmuró Barth, con los ojos brillantes por el deseo, tirando sutilmente de las caderas de Tanrak hacia abajo, ayudándolo a tragarse la longitud por completo.
Cuando entró, un suspiro unísono escapó de ambos. Tanrak comenzó a mover sus caderas en un vaivén circular, experimentando con el control del ritmo.
Luego comenzó a rebotar lentamente, sintiéndolo.
Cada vez que Tanrak se elevaba y se dejaba caer, el ángulo cambiaba, golpeando su próstata de una forma tan directa que lo hacía ver estrellas. Sus gemidos se volvieron más fuertes mientras Barth estiraba su cuello para besarle la barbilla, la mandíbula y cualquier pedazo de piel que tuviera al alcance.
—Mmm... Barth, se siente... se siente demasiado bien —gimió Tanrak, aumentando la velocidad de los impactos de manera inconsciente.
Barth ya no pudo contenerse más en esa posición inactiva. Apretó los muslos de Tanrak con fuerza, clavando los dedos en la carne, y comenzó a empujar con sus propias caderas hacia arriba, encontrándose con el descenso de Tanrak en un choque ruidoso.
—¡Ah, ah! ¡Barth, ahí! —exclamó Tanrak, perdiendo el control de sus propios movimientos, dejándose caer pesadamente sobre el pene de su novio mientras su propio pene volvía a gotear con fuerza sobre el abdomen de Barth.
Con Barth empujando hacia arriba con urgencia y Tanrak cabalgando con fuerza, el placer acumulado se volvió insoportable. Las paredes de Tanrak se cerraron como un puño caliente alrededor del pene de Barth, desencadenando una reacción en cadena.
—¡Barth! —gimió Tanrak mientras una nueva y espesa oleada de semen se liberaba.
Barth soltó un gemido bajo, sus manos apretaron los muslos de Tanrak con tanta fuerza que podría jurar que quedó una marca, y con unas últimas embestidas firmes hacia arriba, se corrió profundamente dentro de él por segunda vez. Tanrak colapsó hacia adelante, dejando caer su pecho sudoroso contra el de Barth.
Se quedaron unidos por un largo momento, sintiendo la deliciosa pesadez de sus cuerpos saciados mientras Tanrak buscaba los labios de Barth; sus bocas se encontraron en un beso perezoso, saboreándose el uno al otro.
Sus lenguas se rozaron con suavidad mientras las manos de Barth subían perezosamente por la espalda de Tanrak, acaricíandolo.
De pronto, Barth se congeló. Interrumpiendo el beso de manera tan abrupta que Tanrak parpadeó, confundido, con la mirada aún nublada.
—¿Mmm? ¿qué pasa? —susurró Tanrak, apoyando la barbilla en su pecho.
Barth tragó saliva, miró fijamente el techo de la habitación como si acabara de ver un fantasma y soltó un bufido de frustración.
—Mierda, Rak... olvidé por completo comprar el cerdo para el panaeng mu... y la tienda probablemente ya cerró.
Tanrak se quedó inmóvil durante unos segundos, procesando las palabras. La burbuja romántica se reventó con el sonido cómico de la realidad.
—¿Qué? —Tanrak arrugó la nariz, una indignación adorable apareciendo en su rostro en tiempo récord mientras se incorporaba— ¡Barth! te lo repetí dos veces esta mañana y antes de que te fueras a bañar te lo dije otras dos veces ya que no fuiste. Dijiste: «Sí, ángel, iré en cuanto salga» —lo imitó.
—¡Oye, juega limpio! —protestó Barth de inmediato, aunque no pudo evitar que una sonrisa culpable se le colara en los labios— Salí del baño con la firme intención de ir a la tienda, te lo juro por mi vida, pero cuando te vi ahí en la cama, tan bonito, tan tranquilo... mi cerebro simplemente lo olvidó... además me avisaste tarde...
Tanrak soltó un bufido indignado, intentando mantener una expresión severa como de un profesor que reprendía a su alumno más problemático, pero el hecho de estar completamente desnudo, con las mejillas rojas y los labios hinchados no ayudaba mucho a su autoridad.
—No me metas en tus descuidos —le reclamó Tanrak, dándole un golpecito en el pecho con su dedo índice.
—¡Es que es la verdad, Rak! tienes que asumir tu parte de la culpa —murmuró Barth, sonriendo— En ningún momento me dijiste: «Oye, Barth, amor de mi vida, ve a la tienda antes de que cierre». Te dio exactamente la misma amnesia que a mí en cuanto te empecé a besar.
Tanrak rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír.
—Te lo recordé en la mañana, dos veces —repitió.
—Pero en ese momento estaba ocupado, es inevitable olvidarlo —Barth murmuró, mirándolo con sus ojos de cachorro, tratando de ablandar a su novio.
—Te lo dije antes de que te bañes —Tanrak ni se inmutó.
—Me distrajiste...
—Me atacaste de pronto.
—Es que te veías demasiado lindo.
—Barth —refunfuñó Tanrak, dándole otro golpecito— ¿Y ahora qué se supone que vamos a comer?
—Podemos hacer tom yum goong. Solo estamos cambiando de estilo, ángel, mañana traeré el cerdo.
Tanrak soltó una risita suave.
—Está bien, ahora muévete, para que limpiemos este desastre.
—Cinco minutos más así —rogó Barth, apretándolo contra su pecho.
—Bien, bien, cinco minutos —cedió Tanrak, dejando caer de nuevo el peso de su cuerpo sobre su novio.
