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COMISARIO MATEO

Summary:

Joshua no puede evitar ser sociable, al final del día se debe a su pueblo. Sin embargo, Rafa, su esposo, comienza a sentir que ni siquiera un día tan jovial como lo era el San Juan Ára; podría estar tranquilo. El ambiente familiar comienza a enfriarse más rápido que el mbejú abandonado.

Harto de los rostros serios de sus papás, Mateo, decide recurrir a la máxima autoridad de la noche: Casamiento Koygua.

Después de todo, nadie puede resistirse a la orden del comisario... Y mucho menos cuando hay un beso de por medio.

O, Mateo usa el dinero de sus abuelos para el casamiento koygua de sus padres.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: ONE

Chapter Text

Los dos billetes de cien mil guaraníes, caían en las manos del brillante niño de doce años. 

 

Mateo, el mimado de la familia Leclerc-Sainz, y por supuesto, de la familia Schumacher-Räikkönen; se encontraba en la finca familiar conjunta en Piribebuy, junto a sus cuatro abuelos que lo cuidaban mientras sus padres se habían ido a buscar a sus padrinos y tíos en Guairá. 

 

Era el veinticuatro de junio, Joshua y Rafa le habían prometido llevarlo en la fiesta patronal de la ciudad, así que ya vestido con su traje de paraguayito (aunque ni siquiera bailaría en el evento), miraba con sus brillantes ojos azules, a los adultos enternecidos por lo bonito y bien portado que era su nieto; el único nieto de todos los hijos que habían tenido hasta ese momento.

 

Michael sacudió las hebras castañas del joven, viendo como guardaba en su bolsillo los dos billetes. Un cien mil dado por los abuelos paternos y el otro cien mil por sus otros abuelos.

 

──── ¿Qué juegos piensas jugar?──── Preguntaron Carlos y Kimi al unísono. 

 

──── ¿Carrera vosa? Mientras no sea… ¿Cómo era que decía Josh, Calos?──── Sus dedos tamborilean contra su rodilla.

 

──── Paila jeheréi.──── Suspiró, viendo como Mateo solo soltaba una risita mientras negaba con la cabeza.

 

──── No lo sé… Solo pensaba que quería comer chipa asador…──── admitió el niño.

 

──── Bueno, avísanos si necesitas más, no podremos acompañarte a todos los juegos, pero siempre te puedes acercar a nosotros por más dinero.──── Le guiñó un ojo, su abuelo Charles.

 

──── Claro que sí, además, estoy emocionado porque iremos con mis padrinos y mis tíos. Aunque me hubiera gustado tener al tío Pepe, al tío Mick y al tío Ollie.──── La carita del pequeño perdió un poco de la emoción que tenía.──── Sé que no vienen seguido a Paraguay, pero me hubiera encantado ir a una fiesta patronal así con toda la familia.──── El corazón de los cuatro se apretó.

 

Lamentablemente, su estadía en Paraguay siempre era corta. Ya sea por el trabajo en organizaciones internacionales o su compromiso con la FIA, a pesar de encontrarse retirados; siempre los mantenían ocupados. Los únicos que casi siempre estaban por el país eran Joshua y Rafael, aunque tampoco era siempre debido a que ambos eran pilotos formales de la Fórmula 1. También solían estar los cuatro amigos cercanos de la familia los cuales dos de ellos eran los padrinos de Mateo: Fabrizio y Diego. 

 

Joshua, además de su fuerte vínculo con el país gracias a que Kimi decidió tenerlo en el territorio paraguayo y que creciera rodeado del mismo; también tenía a su hijo allí, tenía su trabajo y toda su identidad en una sola nación. Rafael lo seguía, a pesar de que su corazón siempre estaría con Brasil, su perfecta familia, aquella que había formado con tanto cariño… Se encontraban en el corazón de América del sur.

 

Los hermanos de Rafa o el propio hermano de Joshua, eran los que menos pasaban por el país. Todos pilotos y con vidas bastante ocupadas, no era común tenerlos por allí. A menos que fuera año nuevo, siempre viajaban todos a la finca Paraguaya para disfrutar a lo grande de la tranquilidad que brindaba el país.



──── Lo lamento, pequeño, pero te prometemos que para las fiestas de fin de año, estaremos todos juntos de vuelta. De paso así conoces a los nuevos integrantes de la familia. ──── Carlos apretó las mejillas del “enano”, como llamaba a su nieto.

 

Platicaron un poco más, hablaron del estado de Lunita, Speedy y Tom, ya que el último había estado un poco enfermito, sin embargo, ya se encontraba radiante y lleno de energía junto a sus hermanitos; jugando y llenando mimos al más pequeño de la familia.

 

Charles y Michael se habían ido de la sala, no sin antes desarreglar dos veces seguidas el cabello del pequeño; todo esto, para traer sus abrigos y el de sus parejas. Pronto llegarían sus hijos y tendrían que salir disparados para alcanzar el evento y poder comer las comidas típicas a gusto. Tenían conocimiento de años, que siempre se acababan cerca de las diez de la noche.

 

──── ¿Has pensado en tener gatos, Mateo?──── Preguntó el español.

 

Los ojos del niño se iluminaron.

 

──── Si, lo he pensado. Pero mis papás son más de perros y no se si a Speedy y a Tom le agraden los gatitos.──── Sonrió a medias, ajustándose los lentes.

 

Dios, se sorprendía lo idéntico que era a su bebé cuando era pequeño, solo que con los ojos de aquel paraguayo que al principio detestaba. Ahora lo toleraba porque le había regalado junto a su hijo, el mejor regalo de todos: su nieto.

 

──── Pero, ¿Tú lo quieres o no?──── Preguntó Kimi, siempre con el rostro imperturbable, pero todos en esa casa sabían que se deshacía de ternura por su nieto.

 

──── Si, abuelo. Me gustaría… Me gustaría un gatito negro o gris. Dicen que dan mala suerte, pero para mi es todo lo contrario. Mi amigo Jin tiene uno, cuando voy a su casa solemos jugar con él.──── Sonrió, recordando al pequeño felino con brillante pelaje negro esponjoso. Se llamaba Zento.



Jin Nakamura era uno de sus tantos amigos, aunque este le supera por dos añitos, se conocían por el karting, donde suelen competir por Europa. Sus padres también solían llevarlo a las carreras de la fórmula uno, donde ambos competían en equipos distintos. Mercedes y Ferrari. De hecho, había sido hace exactamente dos años atrás, que había conocido al japonés en el paddock del GP en Japón. Jin se había acercado con sus padres al hospitality de Ferrari, equipo para el cual su “mami”, como llamaba a Rafa, se encontraba compitiendo; para sacarse fotos con él y su compañero de equipo. Se vieron, dijeron algo tonto de la pequeña figura réplica del monoplaza de Câmara y se hicieron inseparables. Compartiendo incluso podios en alguna carrera regional de karting.

 

──── Bueno, tendrás uno. Veo que cuidas bien a tus tres cachorros, les hace falta la calma de un gato negro. Me gusta la elección, los gatos naranjas suelen ser desastrosos.──── Sonrió, Kimi, al ver el rostro feliz de su nieto. 

 

──── ¿Cómo lo llamarás? ──── Preguntó Carlos, viendo de reojo como su marido y Michael llegaban de vuelta a la sala con grandes abrigos negros.

 

──── Tendría que tenerlos en mis manos.──── Se encogió de hombros.──── Pero, me gustaría que se llame Koro.──── Se paró de golpe, al escuchar suaves sonidos de llave.──── ¡Papá y Mami ya llegaron! ──── Salió corriendo hacia la entrada, siendo seguido por Charles, quién repetía que no debía abrir puertas a extraños si no estaba seguro que era alguien de la familia.

 

Michael soltó una risita, rodeando por los hombros a su esposo, su “pesadilla”.

 

Lo primero que vieron los cinco, fue el gorro de lana tonto que Joshua le habia puesto a Rafa. Decía que en Paraguay, en estas épocas y más en las zonas donde ellos se encontraban, hacía mucho frío. Y teniendo en cuenta lo friolento que era Rafa, siempre lo cuidaba.

 

──── Hola, familia. Llegamos. ──── Saludo, el brasilero, con una media sonrisa. Idéntica a la de Carlos y que también había heredado Mateo.

 

El niño saltó a los brazos de Rafa, abrazándolo y repitiendo en bucle lo mucho que los había extrañado. Mateo era exageradamente cariñoso con ambos, lo cual era raro, porque ni el paraguayo, ni el brasilero eran específicamente cariñosos o demostrativos. Pero su hijo parecía haberse llevado hasta lo que les correspondía por herencia de “empalagoso”.

 

Joshua entró después, con unas bolsas de supermercado y cuatro hombres bastante familiares siguiéndolos.

 

──── ¡Papá! ¡Tíos!──── Los saludo con la mano al aire, moviéndose con frenesí.

 

──── Mitã'i valeee!──── Diego se acercó a Rafa, tomando de las mejillas del infante que se encontraba en los brazos del piloto.

 

Le siguió Oscar, saludando primero a los mayores que miraban con una sonrisa el intercambio. Los hermanos Zaldívar solo asintieron, en señal de saludo, cerrando la puerta detrás de sí. 

 

──── Mi bebé, ¿qué tal te portaste con los abuelos?──── Le susurró, Rafa, abrazándolo de vuelta.

 

Joshua iba y venía con las bolsas, de la cocina a la sala. Hasta que por fin vació las mercaderías y las colocó en su lugar. No habían traído mucho, pero tenían que abastecer la cocina con algunos ingredientes faltantes, puesto que Mateo se quedaría con sus abuelos todo el fin de semana, mientras Rafa y él volaban a Austria para la carrera. 

 

Generalmente solían ir a restaurantes para comer, pero últimamente su papá, Michael, estaba obsesionado con cocinar. Decía que quería probar recetas gastronómicas de toda latinoamérica, y para su suerte, su esposo y consuegros tenían un apetito voraz cuando se trataba de la gastronomía extranjera. 

 

──── Me porté bien, abuelo Calos y abuelo Kimi dijeron que me regalarían un michi.──── Sonrió, ampliamente.

 

Rafa miró a sus padres y suegros con una ceja levantada. Era toda una expedición cuidar de tres cachorros pequeños y enérgicos, con un gato iba a ser la cúspide del estrés. Sin embargo, la sonrisa brillante y aquellos ojos similares a los del amor de su vida, hicieron añicos su molestia.

 

──── Está bien, meu pequeno.──── Besó la frente del pequeño y se dirigió hasta la sala, donde sus padres y suegros estaban.

 

Los abrazó a todos, seguido de su pareja. Joshua pedía la bendición de Kimi, como siempre que veía a sus padres. Los Zaldívar, Bittar y Domínguez, sonreían algo incómodos, pero ya acostumbrados a la dinámica familiar.

 

──── Papá, traje algunas cosas que me pediste del super. Y muchas frutas para Mateo.──── Joshua suspiró.──── ¿Ya están listos? Jahapa. ──── Tomó la mano de su pareja e hijo, no sin antes abrigar a Mateo hasta el “cogote”.

 

Se subieron a la furgoneta, ideal para viajes largos y en familia. En el fondo, iban los amigos de la familia, en el centro, iban sus padres y el niño bien asegurado con su cinturón. Joshua iba de piloto y Rafa de copiloto.

 

No era tan lejos el lugar, pero si debían salir a la ruta para llegar al predio. 

 

Todo el viaje se la pasaron riendo de las ocurrencias de Mateo, contaba anécdotas con sus padres, o la vez que creyeron que Lunita se había perdido, pero estaba durmiendo boca arriba dentro de la maleta de Rafa. O cuando Joshua olvidó las llaves del auto dentro del mismo, teniendo que meter a Mateo por la ventana para que sacara la llave.

 

──── ¿Dónde pio tenés la cabeza, Josh?──── Se burló Diego, haciendo reír a todos.

 

──── Demasiado mucho le reté.──── agregó Rafa, golpeando su frente con la palma de la mano. Ya se le había pegado la expresión.──── Encima ese día Mateo tenía consulta con el pediatra.──── Fulminó al rubio, que estaba aguantando la risa.──── Meu marido vive na lua.──── Estiró su mano y pellizcó la mejilla del paraguayo, con cariño.

 

Michael soltó una carcajada, recordando como Josh solía ser olvidadizo con todo, menos cuando se trataba de los monoplazas donde se montaba. Así de tranquila y caótica a su manera, era la vida de todos los que iban a bordo de aquella furgoneta. 

 

Diferentes personalidades, extraños juntes, diferentes generaciones, pero todos con un mismo amor: el deporte automotor. 

 

Notes:

1/2

djsbhdsbfdjksfd por fin pude traerles un dürkâmara, espero disfruten.