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A las serpientes les gustan los campos de flores

Summary:

El otoño marcaba su huella en el año mil novecientos noventa y siete cuando la noticia de la desaparición de Voldemort sacudió la Gran Bretaña mágica.
Ocho años más tarde Lily conoce a una niña de cabello negro y ojos calculadores, decide hacerse su amiga.

Notes:

Disclaimer: No poseo nada sobre el universo de Harry Potter, todo pertenece a J.K Rowling y asociados.

Recomiendo leer todo en obra completa. Espero que te guste tanto leerlo como a mí escribirlo.

Chapter Text

El otoño marcaba su huella en el año mil novecientos noventa y siete cuando la noticia de la desaparición de Voldemort sacudió la Gran Bretaña mágica. 
La población se dividió en dos bandos; quienes agradecieron la noticia y los que vieron su vida destrozada por ella. Harry Potter se encontró a sí mismo en un tercer grupo; el de los incrédulos.
Pasaron varios meses más hasta que Ron y Hermione, agotados de no encontrar ni un sólo Horrocrux, lo convencieron de abandonar la misión.
Harry todavía recordaba cuando, semanas antes de la gran noticia, la cicatriz le ardió con tanta fuerza que le dio fiebre durante toda una noche. Nunca había sentido a Voldemort tan furioso, tanto que por un momento temió en que la cara se le derritiera como cera caliente. Pero después de eso se hizo el silencio, no hubo más furia por parte de su enemigo, ni ninguna otra sensación en realidad.
Aún así Harry no creyó su muerte.
―Está vivo ―afirmó―. Espera el momento adecuado para atacar.
Ron y Hermione no contradijeron sus palabras, pero tampoco parecieron completamente convencidos.
Harry terminó por unirse a la gran celebración, intentando reducir su ansiedad.
Dicha ansiedad cambió de motivo cuando, meses más tarde, Ginny le anunció su embarazo. Lily Luna Potter nació a finales de junio del noventa y ocho, antes de lo previsto, luchando por adaptarse a un mundo que daba sus primeros pasos hacia la libertad.


~~~


Ocho años después Lily, que asistía a una escuela primaria muggle, conoció a la niña nueva. Su nombre era Delphi, su cabello era de un negro tan intenso como las alas de un cuervo y caía en suaves ondas sobre su espalda. 
Pero lo que a Lily le llamó más la atención fue su mirada sorprendentemente analítica para alguien tan joven, la forma en la que estudiaba a cada niño y adulto, no con temor, sino midiendo sus reacciones, como buscando un patrón, algo con qué entretenerse. Impulsada por la curiosidad Lily se propuso hacerse su amiga y, aunque tardó varios días, supo que ganó una amistad para toda la vida.
A sus once años de edad Lily se entera que Delphi es una bruja, algo que ya sospechaba. Lily también sospechaba que el padre de Delphi, Thomas, era un mago. A Lily le caía bien Thomas, por sus breves interacciones con él notó que su carácter era mucho más arisco que su hija, pero también era un buen padre con Delphi y cada vez que ella iba a jugar con su amiga a su casa le invitaba dulces. 
Lily también se dio cuenta de que si se concentraba lo suficiente creía saber lo que pasaba por la mente de Thomas y cada vez que sus ojos se cruzaban ella sabía que él era consciente de sus pensamientos. No le molestó ni le asustó, aunque reconocía vagamente de que cualquier otra persona lo habría hecho.
Su ansiado primer día de Hogwarts llegó y Delphi fue seleccionada para Slytherin tan pronto como el sombrero rozó su cabeza y Lily, aunque intentó ir con ella fue mandada a Hufflepuff. 
Su amistad se tambaleó un momento por los celos de amistades nuevas, pero se volvió más sólida, casi irrompible a pesar de la diferencia de casa. Ayudó que solieran colarse en la habitación de la otra un par de veces por semana, compartiendo entre susurros lo que vivieron durante el día.
Su estancia en el castillo pasó en un borrón de experiencias y recuerdos, unos más felices que otros.
Durante un breve momento en su tercer año, Lily experimentó un enamoramiento adolescente por Thomas, de esos tan cortos pero intensos y se obligó a olvidarlo rápidamente, pero Delphi, al ser su amiga más cercana, se dio cuenta. 
Al principio sintió repulsión, luego diversión, luego aceptación. 
Bromeó con Lily de ello pero ella le suplicó que lo olvidara. Lily era consciente de que era una fantasía pasajera y sabía que nunca sería correspondida. Delphi aceptó a regañadientes, conocía bien a su padre y sabía que no era ni un asaltacunas ni un pedófilo, pero internamente se prometió sacar el tema a colación cuando Lily fuese mayor de edad.
Los últimos exámenes llegaron y ambas chicas se graduaron con las mejores notas, lo que las llevó a compartir el título del mejor de su generación. Harry nunca se sintió tan orgulloso.
Lily decidió tomarse un año sabático para encontrar lo que le gustaba, Delphi la siguió.
Delphi analizó cuidadosamente las reacciones de Lily a lo largo de los años cada vez que veía a su padre y llegó a la conclusión de que era necesario jugar a la casamentera. Creó situaciones en las que su padre y Lily interactuaran a solas sin que pudieran evitarlo; tomarse demasiado tiempo buscando cosas en su habitación cuando invitaba a Lily a la cena o ir de compras y perderse entre la ropa alegando buscar la prenda perfecta...
Solo un par de meses de eso y vio como el interés de ambos aumentó y la tensión con él. 
Le sorprendió que no saltaran chispas. 
Delphi nunca había sacado el tema con su padre, pero ambos se conocían bien y Delphi era consciente de que su padre sabía sus intenciones, pero como no se quejó, significaba que, de cierto modo, estaba de acuerdo. 
Por otro lado Lily era mucho más transparente, solía tener una buena cara de póker en varias situaciones, pero esta la abandonaba en presencia de Thomas, dejándola con mejillas rojas y pupilas levemente dilatadas.
Lily se avergonzó mucho de sus pensamientos, especialmente por ser consciente del raro tira y afloja de su mente y la de Thomas, que creció a un ritmo alarmante en los últimos meses. 
Lily era hiperconsciente de que él podía leerle la mente cuando pensaba en lo sexy que se veía con esa ropa o lo bien que le quedaba el corte de pelo. Que no dijera nada sumado a que ella intuyera el placer de sus pensamientos hacía que Lily se sintiera confundida y aún más avergonzada. Ella nunca daría el primer paso.
Delphi supo eso al momento. 
Su mejor amiga no era mojigata, pero la enorme diferencia de edad entre su padre y ella y el hecho de que la propia Delphi fuera la mejor amiga de Lily haría que cualquiera lo pensara dos veces. Delphi puso manos a la obra y se aseguró de expresar su aprobación a ambos por separado. Nunca le anunciaron nada, pero una semana más tarde se percató de que sus esfuerzos dieron su fruto.
Lily y Thomas empezaron a salir. Desde el principio Thomas se lo tomó con una calma casi clínica, mientras que Lily sintió que sus mejillas nunca volverían a su tono normal por el constante bochorno.
No le ayudó la naturaleza casi pecaminosa de la relación y el hecho de que a ella le gustaba eso más de lo que nunca se admitiría y que a Thomas le diera igual. Lily agradeció que Delphi le diera el visto bueno, pero previó que pocos serían así. Por eso mismo sintió cierta reticencia de contárselo a su familia y ambos decidieron mantenerlo en secreto hasta que la relación se sintiera más segura.
Lily notó como el extraño vínculo que siempre ha tenido con Thomas se había moldeado de forma diferente, más resistente. Ahora no solo podía adivinar sus pensamientos. Lily también podía sentir sus emociones. Era un eco vago, pero presente. Lily sintió el profundo amor de Thomas por Delphi y el cariño y deseo hacia ella. 
Las nuevas sensaciones desconocidas la motivaron a preguntarle a Thomas:

―¿Tú también sientes esto? ―Que él no necesitara explicación fue una respuesta en sí misma, pero de todos modos lo expresó con palabras― Sí ―afirmó él―. Con cualquier otra persona sería una grave invasión a mi privacidad y buscaría romperlo de todas las formas posibles. Pero contigo, Lily, no me importa en lo absoluto.
Lily se enamoró un poco más con esas palabras.
Los meses pasaron y ambos cayeron en una comodidad acogedora.


~~~


Delphi se sentía muy feliz de que sus esfuerzos hayan valido la pena y de que sus dos personas favoritas estuvieran juntas. 
Desde que tiene memoria era consciente del pasado de su padre, Tom nunca hizo ningún esfuerzo por ocultárselo, pero Delphi tampoco hizo mucho por investigarlo, aún así, era obvio de que el padre de Lily era el mayor enemigo del suyo, aunque a este ya no le importara y temió por la reacción de Lily cuando se enterara.
Con eso en mente le dijo a su padre:
―Deberías decirle a Lily la verdad, se dará cuenta tarde o temprano.
Tom cerró el libro que estaba leyendo en su regazo, centrando su atención en ella. Delphi observó que estaba considerando seriamente sus palabras.
―Lo haré ―dijo él sin entrar en detalles.
Delphi tomó la indirecta y se retiró, intentando calmarse, había hecho lo mejor que podía y el resto dependía de su padre y de Lily.


~~~


A Tom no le importaba su pasado desde que lo dejó atrás con su hija en brazos, pero las palabras de Delphi le recordaron que Lily no pensaba como él. 
Decidió que era mejor que Lily se enterara por su propia boca a que uniera los cabos sueltos después. Reconoció, al igual que su hija, que aunque la chica era soñadora y con una gran inclinación al romance, poseía una mente lo bastante aguda para hacerlo.
En su siguiente cita, un par de días después, Tom le relató vagamente a Lily sobre cómo llegó Delphi a su vida, un tema del que nunca habían hablado antes.
No se extendió en los detalles, sabía que no eran necesarios. Insinuó lo que le sucedió a Bellatrix, la madre de Delphi, cuando Tom se enteró de la existencia de su hija. 
Por si el nombre de la mujer no decía lo suficiente, Tom hizo menciones del bando en el que luchaba y su posición en el mismo.
Se obligó a mantenerse en su sitio cuando Lily entendió el trasfondo de sus palabras y salió huyendo. 
Casi se arrepintió al instante de contarle todo a pesar de entender que era necesario. Un pensamiento reflejo después de toda una vida como manipulador asaltó su mente; obliviarla.
Podría borrar de su memoria los últimos minutos desastrosos como si nada hubiera pasado, pero tener que criar a Delphi le había dado la empatía y moral suficiente para decidir no hacerlo.
Con su decisión ya tomada, evitó que Delphi siguiera a Lily tan pronto como ella se enteró de los resultados, reforzó sus barreras de oclumancia y siguió con su día.


~~~


Lily se apareció tan pronto como asimiló las palabras de Thomas, huyendo de él, de la enorme mentira en la que la habían envuelto.
Acostarse con el padre de su mejor amiga era una cosa. Acostarse con el asesino de sus abuelos, torturador de media comunidad mágica y enemigo acérrimo de su padre era otra muy diferente.
Corrió frenéticamente hasta el baño de su apartamento, justo en el instante que tuvo la primera arcada.
El asco por sí misma se mezcló con la amargura de la traición.
Sin fuerzas, recostó la mejilla caliente sobre la fría porcelana del inodoro, tratando en vano organizar su mente.
Un aguijón en el pecho le hizo recordar a Delphi, su mejor amiga de todos los tiempos, su confidente, alguien que amaba casi tanto o más que a sus propios hermanos.
Lily no se permitió llorar, pero las lágrimas cayeron por sí solas, empañando su vista ya vidriosa. El dolor la asfixiaba con cada inhalación, dificultándole respirar.
Casi arrastrándose tomó una poción para dormir sin sueños de su botiquín y se tumbó sobre el suelo enmoquetado del baño.
En los días siguientes Lily respondió como pudo las llamadas y mensajes de su familia e ignoró la pila creciente de las de Delphi.
Su corazón se contrajo, mitad alivio, mitad otra cosa de que Thomas no intentara contactarla por ningún medio.
Lily río con amargura. Su nombre ni siquiera era Thomas, era Tom, o mejor aún; Voldemort. Lily sintió que la escasa comida consumida últimamente se le revolvía en el estómago. Se negó a vomitar de nuevo. Por algún milagro su cuerpo no la traicionó. 
Pero su mente volvió a ensañarse contra ella. Una vocecilla molesta que  no se había callado en los últimos días le insistió que no todo era mentira, el extraño vínculo que la unía a él le permitía saber cosas que eran prácticamente imposibles de fingir.
Lily recordó el inmenso amor de segunda mano que sintió por Delphi y los sentimientos de cariño y deseo hacia ella misma.
La pantalla de su teléfono se iluminó de nuevo, anunciando una nueva llamada. A diferencia de las anteriores, Lily la contestó.
Por un momento se hizo el silencio al otro lado de la línea, sin duda Delphi estaba demasiado sorprendida de que ella contestara. Rápidamente superó la sorpresa y balbuceó.
―Lily, por favor yo... ―Lily la interrumpió, no quería que esto sucediera así.
―Si quieres hablar conmigo ven a verme en dos horas en el restaurante de siempre. A solas ―y colgó antes de obtener una respuesta.
Lily había mencionado ese lugar por ser lo suficientemente privado para que nadie escuchara nada, pero lo suficientemente lleno de gente para no dejarse llevar por sus poco usuales ganas de violencia.
Antes de que pudiera arrepentirse de su impulsiva decisión, tomó una toalla del armario y avanzó hacia la ducha.
La hora límite llegó y Lily se apareció en una zona poco concurrida cerca del restaurante. Caminó unos pocos pasos y entró. Delphi ya estaba sentada en su mesa habitual, lejos del bullicio de los otros comensales. Intentaba mantener la compostura pero el ligero repiqueteo de su pierna la delataba.
Aprovechando que todavía no se había dado cuenta de su presencia Lily se dedicó a observarla. Delphi se veía deprimida, casi tan mal como la propia Lily intentaba no parecer. Su cabello ondulado estaba casi lacio y sus ojos destacaban más por las bolsas debajo de ellos que por su color. Lily casi sintió pena por ella, casi.
Ella se movió. Alertada por el movimiento Delphi la miró.
Lily hizo todo lo posible para mantenerse serena, cruzó la distancia que las separaba y se sentó frente a ella.
Se hizo el silencio. Delphi abrió la boca pero no dijo nada y la volvió a cerrar. El movimiento se repitió un par de veces más hasta que Lily decidió romperlo.
―¿Tú y tu padre se acercaron a mí para lastimar a mi familia? ―no eran las palabras que Lily tenía en mente, pero tampoco se arrepintió de decirlas.
La mirada horrorizada de Delphi la calmó un poco, se impidió bajar la guardia.
―¡No! ―exclamó ella con una intensidad mayor de la necesaria. Ningún comensal se giró hacia ellas―. Yo nunca haría eso.
Lily le creyó, pero no aplacó sus dudas.
―¿Y tu padre?
Delphi aspiró bruscamente, Lily notó que intentaba contener las lágrimas. Agradeció que ella misma había llorado tanto que se había quedado seca.
―Si mi papá tuviera esas intenciones habría actuado antes.
Lily reconoció el punto, aunque temía que él se hubiese decidido por un juego más largo y, a la vez, más beneficioso. Apartó esos pensamientos antes de que la afectaran.
―Cuéntame todo lo que sepas ―dijo Lily, no fue una petición.
Delphi obedeció.
Le contó sobre su infancia, que fue bastante feliz. Dijo que su padre siempre se tomaba el tiempo de estar con ella a pesar de estar ocupado con el trabajo y escuchaba sus desvaríos infantiles con atención. Admitió que fue consciente desde el principio del pasado de su padre, quien nunca se molestó en ocultárselo, aunque por el hecho de vivir en una casa muggle se enteró de poco. 
Con los años, ya mayor y enterándose de los detalles gracias a los libros de historia, Delphi le preguntó a su padre por sus pecados pasados. 
Comentó que no lo veía particularmente arrepentido, pero él le admitió que prefería su vida actual, junto a Delphi, que cualquier intento de conquistar el mundo mágico
Lily se quedó pensando.
Confirmó que el profundo amor de Tom hacia Delphi era intenso en ambas direcciones y se consoló con el hecho de que su mejor amiga fuera el punto de separación entre la pesadilla de Voldemort y el cariñoso padre que era Thomas.
Delphi añadió, un poco tímida:
―Desde que ustedes empezaron a salir parece una persona diferente ―Lily se mordió el labio sin poder evitarlo―. Papá siempre ha tenido esa tendencia a la apatía. O en todo caso a tener que fingir ser como el resto. Pero cuando está contigo está más relajado que nunca. Se ríe de tus bromas y te mantiene todo el tiempo al alcance de su vista ―dudó un poco―. Es como si fueras el puente que lo ancla a emociones más felices.
Lily tragó el nudo en su garganta. Recordó el comentario de Thomas, no, Tom sobre el anormal vínculo que compartían.
Juntando los restos de su voluntad le agradeció a Delphi por responder sus preguntas y le dijo que la contactaría después. Delphi pareció querer añadir algo más, pero se lo guardó para sí misma.
Lily salió del restaurante con el nudo en su estómago un poco más suelto.
A pesar de saber que estaba traicionando a su familia, a Harry. Decidió darle a Tom otra oportunidad, quería escuchar de su propia boca sus sentimientos y el porqué hizo lo que hizo, sospechaba que querer una disculpa era algo ingenuo de su parte, pero no cerraba esa opción.
Un par de días después Lily se apareció en su casa. 
Tom estaba sentado en el sofá. 
No parecía tan demacrado como Delphi ni descuidado en general. Lucía bastante similar a como estaba siempre, pero Lily lo conocía lo suficientemente bien para notar la ausencia de brillo en sus ojos. El vínculo se sentía brumoso y no distinguió ningún sentimiento feliz del otro lado.
Lily tomó asiento a su lado. Ambos se quedaron mirando las llamas parpadeantes de la chimenea por varios minutos, en silencio. 
Tom fue el primero en romperlo. 
―Supongo que Delphi te lo contó todo ―dijo―. No sé qué más quieres saber.
―Todo sobre ti ―respondió ella―. Sin tapujos ni vaguedades.
Tom sintió una ligera molestia y por reflejo Lily también. Pero él la eliminó rápidamente. 
Tom le contó superficialmente su nacimiento en un lúgubre orfanato de los años 20. Su infancia como mago en un entorno muggle altamente religioso y su posterior entrada a Hogwarts, no endulzó nada sobre los caballeros de Walpurguis, sus sesiones de tortura, su asesinato accidental y los nada accidentales, tampoco su viaje fuera del continente para buscar recipientes de Horrocruxes. Hizo un gran salto para contar la primera guerra mágica, su sólido grupo de seguidores y sus acciones a cualquiera que no estuviera de su lado. Le contó sobre la profecía contada de la boca de Severus Snape y la decisión de deshacerse del niño, Harry, el padre de Lily. 
Lily había soportado todo el monólogo con los puños cerrados y un fuerte malestar en el estómago. Pero al llegar a ese momento sintió náuseas muy fuertes. Tom hizo una pausa. Nunca la miró, no despegó la vista de las brasas moribundas desde que empezó a narrarle su vida y no pensaba hacerlo hasta terminar, si acaso.
Lily encontró el suficiente autocontrol como para pedirle continuar. Tom lo hizo. 
Le contó sobre el asesinato de James y Lily Potter, la ironía no se le escapó, evitando entrar en detalles y luego su intento de matar a Harry, lo que llevó a su propia muerte.
Su voz se tiñó ligeramente de molestia cuando mencionó su década convertido en espectro vagando por los bosques de Albania. Contó sobre sus posteriores intentos de matar a Harry durante sus años escolares, haciendo pausas cuando sentía que Lily las necesitaba. Finalmente llegó al punto de la resurrección de su cuerpo. 
Tan plano como un libro de texto relató su cuerpo inhumano por los errores de su estúpido seguidor y el miserable número de fieles que se presentó a su regreso. Contó el breve duelo con Harry y como éste, contra todo pronóstico, terminó escapando con el cadáver de su amigo a cuestas. 
Otra pausa.
Tom siguió con sus intentos de regresar a su grupo de fieles a su antigua gloria y sus acciones contra el ministerio. La enorme satisfacción de la muerte de Dumbledore y el posterior dominio de Hogwarts.
Continuó con los intentos de cazar a un Harry fugitivo y su grupo de compañeros suicidas. Pero entonces se enteró de lo que Bellatrix había hecho a sus espaldas, la traición de su seguidor más fiel. Fue particularmente explícito con como la castigó por su osadía, lo mucho que la torturó y la forma en la que la mató. No se detuvo incluso cuando Lily empezó a tener arcadas. 
Con un tono de voz más calmado contó cuando fue a la cuna de Delphi, su intento de repetir lo que quiso hacer con Harry y como, simplemente, no pudo hacerlo. 
Ni siquiera pudo alzar la varita. 
Tom parecía particularmente cariñoso al relatar su impulsiva decisión de dejar pudrirse al resto de sus seguidores y llevarse al pequeño bebé consigo lejos de allí.
Se cambió el nombre y se fue a vivir a un cómodo barrio muggle que horas antes le habría horrorizado pisar. Habló sobre el golpe a su orgullo que fue adaptarse a una vida mundana, cuidando a un hijo de todas las cosas y el mayor golpe fue que ni siquiera le importara hacerlo.
Aireadamente añadió que el destino le escupió en la cara cuando Delphi la conoció a ella, a Lily, hija de Harry y como Tom pensó en cambiarla nuevamente de escuela tan pronto como se dio cuenta, pero para ese entonces ya se habían hecho amigas y no pudo quitarle a Delphi su primera amistad.
Lily estaba llorando, si eran lágrimas residuales de sus arcadas en los momentos más crudos de la historia o por el profundo cariño en la voz de Tom al mencionar a su hija, ella prefería no saberlo.
Se hizo el silencio de nuevo, pero ya no tan incómodo. Esta vez fue Lily quien se animó a romperlo.
―Delphi fue el completo cambio en tu vida ―dijo Lily, sintiéndose un poco estúpida al mencionar lo obvio, pero queriendo reconocer, de cierto modo, el gran amor paternal de Tom.
Él asintió, mirándola de nuevo a los ojos.
―Delphi me dio la humanidad que no supe en qué momento dejé atrás o si siquiera llegué a tener ―dijo. Hizo una pequeña pausa, como si se esforzara en soltar las siguientes palabras―. Y tú me convertiste en algo parecido a un ser humano decente.
Lily volvió a sentir los ojos húmedos, molesta consigo misma por su suave corazón. Pero había algo más que quería saber antes de tomar una decisión, al menos, racionalmente. Tom la miró, animándola a continuar.
―¿Te arrepientes de todo lo que hiciste? ―preguntó Lily. Delphi no había ahondado mucho en ese punto y de todos modos Lily quería saberlo de primera mano.
Tom deslizó su mirada por la habitación, tomándose su tiempo en responder.
―Todas mis acciones tuvieron un motivo detrás, muchos considerarían ese motivo como inmoral, insuficiente, una excusa barata. No me importa su opinión ―aseguró. Lily intentó con todas sus fuerzas mantener una fachada neutral―. Siempre ansié estar en la cima, estar por encima incluso de la muerte. A veces sigo pensando en que debería retomar ese camino, que me arrepentiré de llevar una vida pacífica siendo uno más con las hormigas. Esas veces me digo a mí mismo que no es demasiado tarde para curarme de mi debilidad y hacer lo que tenía que hacer con Delphi veinte años antes ―Lily palideció―. Pero cada vez me veo incapaz de hacerlo. Delphi forma una parte de mí con la que no puedo imaginarme vivir sin ella.
―Por eso mismo y por la ligera empatía que llegó a inculcarme criarla puedo ver que mis acciones dañaron a muchas personas. No me arrepiento de lo que hice ni planeo pedir disculpas, pero si por algún motivo viajara en el tiempo o me despertara décadas antes, no las volvería a cometer.
Tom parecía bastante tranquilo al final de su discurso, ciertamente satisfecho de su elección de palabras y de decir todo lo que quería decir.
Lily sabía que él realmente no sentía arrepentimiento por todas las atrocidades que cometió y que no se veía a sí mismo pidiendo disculpas. Pero de cierta forma por sentir amor hacia alguien, hacia Delphi, sabía que sus acciones pasadas eran deplorables y no las repetiría de tener la oportunidad.
Lily se maldijo a sí misma de todo corazón, pensando que era tan monstruosa como él para que su falta de arrepentimiento no le importara lo suficiente.
Ella asimiló sus palabras.
―Solo una cosa más. ¿Qué piensas sobre mí? ―preguntó.
Tom arqueó los labios ligeramente, era una sonrisa, pero ciertamente no una feliz.
―En una frase, pienso que eres el castigo por todos mis pecados vuelto persona ―respondió, casi con sorna.
Lily no supo como tomarse esa frase. Como si sintiera su duda Tom continuó.
―Como si tener la edad de mi hija no fuera lo suficientemente recriminatorio para alguien con más moral que yo, tu origen familiar es un golpe en la cara. Me encantaría ver el rostro de Harry al enterarse de mí y ver lo que he hecho contigo ―Lily se sonrojó, tanto de rabia como de vergüenza por sus palabras―. Pero eso por sí solo no vale la pena la... amalgama de sentimientos que me causas ―Tom parecía casi disgustado consigo mismo al decir eso.
―Ya te he dicho antes que no toleraría compartir ese vínculo que nos une con alguien más, y, de nuevo te diré que no me importa que tú, de todas las personas, sepa lo que pienso y lo que siento ―suspiró, casi arrepentido antes de añadir―. Por si no te ha quedado claro ―y espero que escuches bien porque no lo volveré a repetir―, me gustas, tu presencia me tranquiliza más que cualquier otra, me relaja tenerte cerca a pesar de provocarme sentimientos que antes me parecerían una tontería. No me importa sentirlos siempre que estés cerca de mí y deseo que estés conmigo siempre.
Lily parpadeó, abrumada. Lo último que esperaba al ir allí era algo sospechosamente parecido a una propuesta de matrimonio. Intentó formular una respuesta pero sentía la garganta seca. Un pequeño tirón en el vínculo le informó que Tom no esperaba una.
Aún así se esforzó por encontrar las palabras.
―Tal vez me voy a ir al infierno ―empezó, sintiendo la verdad de las palabras al pronunciarlas―. Tal vez estoy traicionando vilmente a mi familia y no merezco mi apellido, pero por mucho que lo intente, no tengo ganas de alejarme de ti ni de Delphi. Tú también me gustas Tom, mucho, y quisiera encontrar la forma de estar contigo siempre ―terminó, haciendo eco de sus palabras.
Por primera vez desde que inició su charla Tom se relajó por completo, soltando los hombros y entregando su peso al sofá. Una sonrisa, esta vez de genuina felicidad, se apoderó de sus labios.
―Entiendo ―dijo él. Y a Lily le pareció suficiente.


~~~


Cuando Delphi regresó a casa, encontró a su padre sentado en el sofá, más relajado de lo que lo había visto en las últimas semanas. Lily esta a su lado, recostada sobre su hombro, completamente dormida. El brazo de su padre recorría su espalda, en algo parecido a una caricia perezosa. 
Delphi sintió que el nudo en su pecho se aflojaba, dejándola respirar en paz. Con pasos ligeros se escabulló hasta su habitación y cerró la puerta.