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El Fruto de la Reina de Hielo

Summary:

Grayfia Lucifuge, la legendaria Reina Gris, ha vivido siglos en un matrimonio vacío y sin pasión junto a Sirzechs Lucifer. Cansada de la frialdad política y la ausencia de deseo, toma una decisión irreversible: buscar placer por su cuenta en el mundo humano.

Lo que comienza como una noche de liberación se convierte en una adicción peligrosa cuando conoce a Naruto Uzumaki, un joven shinobi rubio de energía abrumadora y un miembro excepcionalmente grande y poderoso. Probar el fruto prohibido tendrá consecuencias que nadie en el Inframundo podrá ignorar.

Work Text:

 **Capítulo 1: La decisión solitaria**  

La mansión de los Lucifer en el Inframundo siempre había sido fría. No por la temperatura —los demonios de alto rango controlaban eso con facilidad—, sino por la ausencia de calor real. Grayfia Lucifuge caminaba por los pasillos de mármol negro con su habitual elegancia glacial, el vestido rojo oscuro ceñido a su figura madura y voluptuosa. Sus cabellos plateados caían como una cascada de hielo sobre su espalda, y sus ojos plateados reflejaban una quietud que ocultaba un vacío que crecía con cada década.

 

Habían pasado más de trescientos años desde su matrimonio con Sirzechs. Un enlace político perfecto. Una unión que fortaleció a la familia Lucifer y consolidó el poder de los Maous. Pero intimidad… esa palabra había desaparecido hacía mucho tiempo. Sirzechs estaba ocupado con los asuntos del Inframundo, con sus juegos de poder, con su hermana Rias y con todo menos con su esposa. La última vez que la había tocado con algo parecido al deseo fue hace más de cuarenta años. Grayfia ya ni recordaba el sabor de un beso apasionado.

 

Esa noche, después de otra cena silenciosa donde apenas intercambiaron palabras, Grayfia se encerró en sus aposentos. Se miró en el gran espejo de cuerpo entero. Su cuerpo seguía siendo perfecto: senos llenos y firmes, cintura estrecha, caderas anchas y unas piernas largas que cualquier demonio envidiaría. Sin embargo, nadie la miraba como mujer. Solo como la Reina de Hielo. La sirvienta perfecta. La esposa intachable.

 

—Basta —susurró para sí misma, apretando los puños.

 

Con un gesto de magia, cambió su atuendo por uno más discreto pero provocativo: un vestido negro ajustado con escote profundo que resaltaba su generoso busto y dejaba al descubierto parte de su espalda. Se teletransportó al mundo humano, a una ciudad nocturna bulliciosa de Japón. Tokio brillaba con luces de neón. El aire olía a comida callejera, humo y libertad.

 

Entró en un bar de alto standing llamado “Midnight Eclipse”. El lugar estaba lleno de humanos y algunos seres sobrenaturales que pasaban desapercibidos. Grayfia se sentó en la barra y pidió un vino tinto caro. No tenía intención de emborracharse —los demonios de su calibre apenas lo sentían—, pero quería sentir algo diferente.

 

Fue entonces cuando lo vio.

 

Un joven rubio sentado al final de la barra. Cabello dorado desordenado, ojos azules intensos como el cielo de verano, y una sonrisa perezosa que transmitía una confianza abrumadora. Vestía una chaqueta negra sencilla y jeans. Parecía tener poco más de veinte años, pero emanaba un aura de poder que hizo que Grayfia levantara una ceja. No era un humano común.

 

Naruto Uzumaki.

 

Aunque ella no lo sabía aún, él había viajado entre dimensiones después de la guerra contra Otsutsuki. Buscaba paz, nuevas experiencias y, sobre todo, vivir de verdad después de tanto sacrificio.

 

Sus miradas se cruzaron. Grayfia apartó la vista primero, pero sintió un calor extraño en el vientre. Minutos después, el joven se acercó con dos copas.

 

—Pareces alguien que necesita una buena conversación… o al menos un mejor vino —dijo con voz cálida y juguetona.

 

Grayfia lo miró de arriba abajo. Era alto, atlético, con hombros anchos y manos grandes. Había algo en su energía que la atraía como un imán.

 

—No suelo hablar con extraños —respondió ella con su tono frío habitual.

 

—Entonces hoy es tu noche de excepciones —replicó Naruto sentándose a su lado sin pedir permiso—. Me llamo Naruto. ¿Y tú?

 

—Grayfia.

 

Solo su nombre. Sin títulos. Sin apellidos que revelaran su poder. Esa noche quería ser solo una mujer.

 

Conversaron. Al principio con distancia, luego con creciente interés. Naruto hablaba con una honestidad brutal y un humor que la hizo sonreír por primera vez en años. Le contó anécdotas de su vida como shinobi sin entrar en detalles peligrosos. Ella, por su parte, habló vagamente de un matrimonio vacío y de cansancio acumulado durante siglos.

 

El ambiente se cargó. La rodilla de Naruto rozó la de ella bajo la barra. Grayfia no se apartó. Cuando él posó una mano sobre su muslo con suavidad pero firmeza, sintió un escalofrío.

 

—¿Quieres salir de aquí? —preguntó Naruto en voz baja, sus ojos azules brillando con deseo evidente.

 

Grayfia dudó solo un segundo. Luego asintió.

 

Fueron a un hotel de lujo cercano. Apenas cerraron la puerta de la suite, Naruto la empujó contra la pared con cuidado pero decisión. Sus labios se encontraron en un beso hambriento. Grayfia, sorprendida por su propia respuesta, gimió contra su boca. Las manos grandes del rubio recorrieron su cuerpo, apretando sus pechos por encima del vestido.

 

—Eres preciosa… joder —gruñó Naruto contra su cuello, mordiendo suavemente.

 

Grayfia sintió cómo su cuerpo reaccionaba después de décadas de sequía. Sus pezones se endurecieron y una humedad traicionera apareció entre sus piernas. Naruto la levantó como si no pesara nada y la llevó hasta la enorme cama.

 

Le quitó el vestido con movimientos expertos. Al ver su cuerpo desnudo, sus ojos se oscurecieron de lujuria.

 

—Madre mía… —susurró admirando sus curvas maduras, sus pechos pesados y su sexo depilado.

 

Grayfia se sonrojó ligeramente. Hacía mucho que nadie la miraba así. Naruto se desnudó a su vez y ella abrió los ojos con sorpresa y deseo al ver su miembro. Era grande, grueso, venoso y ya completamente erecto. Un auténtico BWC que colgaba pesado entre sus piernas, la cabeza rosada brillando con precum. Era mucho más grande que cualquier cosa que hubiera visto en su larga vida.

 

Naruto sonrió con picardía al notar su mirada.

 

—¿Te gusta lo que ves?

 

Grayfia no respondió con palabras. En cambio, se arrodilló frente a él y tomó su polla gruesa con ambas manos. Apenas podía rodearla por completo. Lo lamió desde la base hasta la punta con lentitud, saboreando el sabor salado y masculino. Naruto gruñó y enredó sus dedos en el cabello plateado.

 

—Así… buena chica —murmuró.

 

Grayfia lo chupó con dedicación, lamiendo y succionando lo que podía de su enorme verga. Naruto la detuvo antes de correrse y la levantó, besándola con fuerza mientras la tiraba sobre la cama.

 

Separó sus piernas y bajó la cabeza. Su lengua experta atacó su clítoris y penetró su coño ya empapado. Grayfia arqueó la espalda y gritó de placer. Sus manos apretaron las sábanas mientras Naruto la devoraba con hambre, dos dedos gruesos curvándose dentro de ella buscando ese punto sensible.

 

—¡Ahh! ¡Naruto…!

 

El orgasmo la golpeó con fuerza. Fue el primero real en décadas. Su cuerpo tembló violentamente mientras Naruto continuaba lamiendo hasta que ella suplicó.

 

Luego se posicionó sobre ella. La cabeza gruesa de su polla presionó contra su entrada. Grayfia lo miró a los ojos, respirando agitada.

 

—Hazlo… quiero sentirte todo.

 

Naruto empujó lentamente. Su enorme BWC abrió su apretado coño centímetro a centímetro. Grayfia jadeó y clavó las uñas en su espalda. Era grande, muy grande. Dolor placentero que pronto se convirtió en puro éxtasis.

 

Cuando estuvo completamente dentro, Naruto gruñó satisfecho y comenzó a moverse. Al principio con ritmo controlado, luego más duro. El sonido de carne contra carne llenaba la habitación junto a los gemidos de Grayfia, que ya no podía contenerse.

 

—¡Más fuerte! ¡Sí… así!

 

Naruto la folló con fuerza, sus caderas chocando contra su culo perfecto. Cambió de posición: la puso a cuatro patas y la penetró desde atrás, agarrando su cabello plateado como riendas. Grayfia gritaba de placer con cada embestida profunda, sintiendo cómo esa gruesa polla tocaba lugares que nadie había alcanzado nunca.

 

Después de varios orgasmos más, Naruto la puso de espaldas otra vez, levantó sus piernas sobre sus hombros y la penetró con fuerza brutal. Sus bolas pesadas golpeaban contra ella.

 

—Voy a correrme dentro… —advirtió.

 

—Hazlo —suplicó Grayfia, perdida en el placer.

 

Con un rugido, Naruto eyaculó profundamente dentro de ella. Chorros calientes y abundantes llenaron su útero. Grayfia tuvo otro orgasmo intenso al sentirlo.

 

Cayeron exhaustos sobre la cama. Naruto la abrazó por detrás, su polla aún semi-dura dentro de ella.

 

Grayfia, con la respiración agitada y el cuerpo cubierto de sudor, cerró los ojos. Por primera vez en siglos se sentía viva. Satisfecha. Deseada.

 

Pero en el fondo de su mente, una voz susurraba que esta noche era solo el comienzo… y que ya no habría vuelta atrás.