Chapter Text
Capítulo 1- Vida y Muerte.
La criatura emergió del océano como si alguien hubiese arrancado una montaña del fondo marino y le hubiese dado hambre. Una lombriz colosal, cubierta de placas húmedas y dientes circulares que trituraban concreto como si fuera pan viejo, avanzó por las playas de Ciudad A dejando una línea de destrucción detrás. La gente corría sin entender qué estaba pasando, los helicópteros militares apenas lograban seguirla desde arriba y los tanques disparaban inútilmente contra una masa de carne que parecía no sentir dolor.
Era una época distinta. Todavía no existía la Asociación de Héroes, no había rankings, ni protocolos, ni evacuaciones organizadas. Cuando aparecía un monstruo, el ejército improvisaba y rezaba para que alcanzara. La lombriz abrió sus mandíbulas sobre un convoy militar entero. Entonces algo cayó del cielo. Un sonido seco, brutal, el tipo de impacto que hacía temblar los pulmones antes que el suelo. La cabeza del monstruo se hundió contra la arena como si un meteorito la hubiese aplastado. Sangre negra salió disparada decenas de metros mientras el cuerpo entero de la criatura se retorcía en espasmos violentos.
Los soldados levantaron lentamente la vista. Había un hombre parado encima del cadáver.
Grande. Imponente. Cabello negro con mechones grises en las sienes, traje ajustado gris y blanco, una capa moviéndose suavemente con el viento marino mientras observaba alrededor como alguien que acababa de llegar tarde a una reunión.
"Creo que llegué en buen momento."
Los rifles apuntaron hacia él de inmediato y no opuso resistencia alguna. Eso fue lo que más inquietó a todos, alguien capaz de aplastar una amenaza de nivel ciudad con las manos desnudas y después dejarse esposar tranquilamente... eso era otra cosa.
Horas después, Nolan estaba sentado dentro de una instalación militar subterránea, rodeado de oficiales armados y científicos nerviosos. Las cámaras no dejaban de grabarlo. Nadie entendía cómo seguía sonriendo con semejante calma.
"El planeta del que provengo se llama Viltrum," explicó con una voz tranquila, firme, casi paternal. "He venido como emisario. Un misionero, si prefieren ese término."
Un coronel frunció el ceño.
"¿Misionero de qué, exactamente?"
"Paz. Orden. Progreso. El universo es enorme y peligroso. Hay mundos que no sobreviven solos."Mentía con una facilidad aterradora.
Observó a los humanos alrededor y confirmó internamente lo que ya sospechaba desde sus observaciones desde órbita. Eran débiles, desorganizados, tecnológicamente atrasados comparados con el Imperio Viltrumita.
Pero había potencial, Mucho potencial.
El planeta producía individuos extraños constantemente. Espers. Mutantes. Monstruos espontáneos. Humanos capaces de alterar sus cuerpos mediante entrenamiento absurdo o tecnología improvisada. Era caótico, sí, pero genéticamente interesante. Perfecto para el futuro del imperio. Las puertas metálicas de la sala se abrieron y robot entró acompañado por varios ingenieros. El ambiente cambió inmediatamente.
Bofoi, antes de convertirse en el infame Metal Knight, ya era considerado el cerebro militar más peligroso del planeta.
Un pequeño dron flotó detrás de él y apuntó directamente a Nolan.
"Revisé toda la entrevista que te hicieron, las cuatro horas de preguntas. No detectamos actuación, estrés ni aumento de ritmo cardíaco," dijo Bofoi mientras observaba una tableta. "O eres extremadamente honesto... o extremadamente buen mentiroso."
"Elige lo que quieras creer. Cualquiera de las opciones lleva al mismo resultado, y es que deben elegir si dejarme hacer mi deber o si van a interponerse en ello."
Los presentes tensaron los dedos sobre los gatillos, el robot de Bofoi no.
El científico simplemente lo estudió durante varios segundos, analizando cada detalle del alienígena frente a él, hasta que finalmente habló otra vez.
"La Tierra no aceptará actividades hostiles hacia civiles ni intervención extranjera sobre asuntos políticos. Si quieres permanecer aquí, seguirás nuestras reglas."
Asintió sin discutir. Por dentro, casi que le divertía. Había visto armas capaces de partir lunas, imperios enteros arrodillarse y razas extintas en cuestión de días. Las defensas humanas le parecían primitivas, pero no tenía sentido apresurarse. Conquistar un planeta no siempre requería guerra, a veces bastaba con esperar y observar. Además, no tenía solo una misión de conquista.
Nolan se adaptó a la Tierra mucho más rápido de lo que cualquiera habría esperado, aunque la realidad era que era un viltrumita que llevaba siglos perfeccionando exactamente eso. Infiltrarse. Observar. Comprender civilizaciones desde dentro hasta que sus costumbres parecieran naturales. En menos de un año ya era uno con la sociedad, entendía los códigos sociales humanos, sabía cómo vestir, cómo bromear, cómo aparentar cansancio después de trabajar y hasta cómo fingir interés en programas de televisión absurdamente largos donde personas gritaban por comida o romances.
La humanidad era extraña.
Débil, emocional, impredecible y ridículamente resistente. Porque cualquier otro planeta habría colapsado hacía tiempo viviendo bajo las condiciones de la Tierra.
Monstruos aparecían de la nada constantemente. Algunos nacían de accidentes científicos, otros de mutaciones, contaminación, experimentos militares o simples anomalías biológicas imposibles de explicar. Pero lo peor era algo que Nolan descubrió varios meses después de llegar.
La mounstrificación.
El simple concepto le pareció grotesco incluso para estándares viltrumitas. Humanos transformándose en criaturas deformes por estrés extremo, obsesiones enfermizas o traumas mentales prolongados. Un oficinista consumido por odio hacia su empresa podía terminar convertido en un monstruo con engrapadoras incrustadas en la piel. Un fanático de los reptiles podía mutar hasta parecer un lagarto gigante. Incluso objetos podían alterarse bajo ciertas circunstancias absurdas.
Era como si el planeta entero estuviera enfermo. Y lo más perturbador era que los humanos ya lo aceptaban como parte normal de la vida. La gente seguía yendo a trabajar mientras una alarma de evacuación sonaba en la distancia. Los niños aprendían rutas de escape antes que álgebra básica. Había seguros especiales para daños por monstruos y edificios diseñados específicamente para resistir ataques de kaijus. Este era un mundo acostumbrado al desastre.
Eso fascinaba a Nolan.
También le hacía entender por qué la humanidad producía individuos tan peligrosos. La presión constante obligaba a evolucionar o morir. Incluso Viltrum habría considerado a la Tierra un ambiente de crianza brutalmente eficiente.
Esa misma tarde, Nolan atravesó el torso de un monstruo araña de quince metros en medio de un parque público. La criatura chilló mientras él la levantaba del suelo con una mano antes de aplastarle la cabeza contra el pavimento. Sangre verdosa salpicó árboles, bancos y una fuente cercana mientras los pocos civiles presentes huían despavoridos. Todos menos una persona.
Nolan giró lentamente la cabeza. A unos veinte metros, una mujer seguía sentada en una banca con un montón de carpetas y apuntes sobre las piernas, escribiendo algo frenéticamente mientras ajustaba sus lentes cada pocos segundos. El cadáver del monstruo prácticamente bloqueaba media vista del parque y aun así ella apenas levantó la mirada.
"¿No vas a correr?"
"na, si corro voy a perder concentración otra vez."
Nolan parpadeó sorprendido, y ahí se quedo, flotando frente a ella durante al menos medio minuto. La mujer finalmente alzó la vista, pareció haber tenido suficiente de que se le quedaran mirando fijamente. "
¿Vas a seguir mirándome por mucho mas tiempo? Porque tengo examen en dos semanas y me distraes."
Nolan observó el cadáver aplastado, luego a ella.
"Un monstruo gigante acaba de intentar devorar este parque, contigo en él."
"Sí, pasa seguido. ¿Sabes que no lo hace? La temporada de exámenes."
La respuesta fue tan seca y casual que por un instante pensó que estaba bromeando. No lo estaba.
"Además, si estás tan tranquilo significa que no era nivel evacuación masiva, probablemente Tigre de nivel bajo. Los militares habrían cerrado la zona si fuera realmente grave."
Nolan se quedó mirándola varios segundos más, genuinamente desconcertado por primera vez desde que llegó al planeta.
Aquello no era valentía. Era adaptación absoluta al caos.
"¿Puedo saber tu nombre?" preguntó finalmente.
"¿Puedo preguntar para que lo quieres?"
"¿Curiosidad científica? simplemente es demasiado extraño ver a individuos de, no te ofendas, es solo que es raro ver a quienes no reaccionan ante el peligro."
".. No es que no reaccione, es solo que, bueno, me crié por ciudad Z, los ataques de monstruo eran constantes como el demonio."
Guardó otro cuaderno en su bolso antes de extenderle la mano como si estuvieran en una cafetería y no junto al cadáver de una aberración gigantesca.
"Debbie, es un gusto. Estoy estudiando para titularme de Corredora Pública y algún día meterme en los bienes raíces."
Estrechó su mano suavemente. La fuerza humana era insignificante comparada con la de un viltrumita, pero aun así sintió algo extraño en ese momento. No poder físico. No peligro. Algo mucho más raro. Interés genuino.
"Nolan, lo mismo digo."
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Trece años pasaron para Nolan casi como una tarde larga. Era lo extraño de vivir entre humanos. Todo para ellos parecía urgente, enorme, irrepetible. Cambiaban físicamente en cuestión de años, envejecían, formaban familias, abandonaban sueños, se divorciaban, tenían crisis existenciales por cumplir treinta y cinco. Mientras tanto, Nolan apenas notaba diferencias en el espejo, Debbie sí.
Las pequeñas líneas de expresión comenzaron a aparecer lentamente cerca de sus ojos, el estrés laboral se acumulaba en sus hombros y cada tanto se quedaba dormida en el sofá viendo televisión. Nolan observaba esos detalles en silencio, consciente de algo que evitaba pensar demasiado.
Los humanos eran temporales pero aun así terminó construyendo una vida allí, una peligrosamente real.
Seguía trabajando ocasionalmente para distintos organismos gubernamentales, principalmente porque le daba acceso a información global, movimientos militares y contacto directo con individuos excepcionales. Oficialmente era una especie de agente especial independiente. Extraoficialmente, el gobierno simplemente aceptaba que Nolan era demasiado útil como para rechazarlo. Además, pagaba las cuentas, lo que le seguía causando gracia. Un conquistador interestelar trabajando para cubrir impuestos y la hipoteca. Aunque debía admitir que las misiones no eran aburridas. El gobierno mundial había empezado a reunir individuos extraordinarios mucho antes de la Asociación de Héroes. Algunos eran mercenarios, otros consultores militares, armas vivientes o simplemente personas demasiado peligrosas como para dejarlas actuar libremente. Nolan conoció a varios con el paso de los años y pocos lograron llamar realmente su atención. Blast era uno de ellos. Un sujeto extraño, ridículamente poderoso, sorprendentemente inteligente y completamente imposible de encontrar cuando no quería ser encontrado. Llegó a trabajar con él en trece ocasiones y jamás logró entender cómo funcionaba su cabeza. Blast aparecía, resolvía un desastre imposible, daba alguna respuesta vaga sobre dimensiones o amenazas y desaparecía otra vez durante un año o dos.
Ni siquiera parecía interesado en reconocimiento.
Luego estaba Bofoi, quien seguía interactuando con el mundo exclusivamente a través de drones y robots. Nolan llevaba más de una década en el planeta y aún no sabía dónde vivía realmente ese hombre, producto de ser en extremo desconfiado hacia todo y todos.
Especialmente de Nolan... él respetaba eso mucho más de lo que admitiría.
Finalmente estaba Tatsumaki.
La esper más poderosa del planeta y, posiblemente, una de las personas emocionalmente más inestables que Nolan había conocido en cualquier galaxia. La primera vez que trabajaron juntos ella destruyó accidentalmente media autopista porque un militar la llamó niña. La segunda vez aplastó un monstruo nivel demonio contra el suelo mientras discutía sobre descuentos en supermercados, la tercera intentó arrojarle un edificio encima a Nolan porque él la llamó inmadura sin pensarlo.
Era un desastre absoluto y absurdamente poderosa.
Empezaba a entender que ese planeta funcionaba bajo reglas completamente absurdas. Pero incluso rodeado de monstruos, espers y genios científicos, había un problema que comenzaba a incomodarlo más de lo que quería admitir.
Mark.
Su hijo ya era casi un adolescente y seguía siendo completamente humano. Nada de fuerza sobrehumana. Nada de vuelo. Nada de resistencia viltrumita. Apenas un chico promedio obsesionado con cómics, anime, videojuegos y discusiones inútiles sobre qué héroe ficticio ganaría contra otro. Nolan jamás lo dijo en voz alta, pero aquello comenzaba a preocuparlo seriamente.
Los híbridos viltrumitas normalmente desarrollaban habilidades antes, mucho antes.
Cada año que pasaba aumentaba una posibilidad incómoda. Que la genética humana hubiese dominado completamente. Que nunca despertara sus poderes. Que toda su misión en la Tierra hubiese producido un heredero inútil para el imperio. Aunque mantuvo la calma.
Los estudios biológicos humanos que recopiló durante años indicaban que el desarrollo físico y hormonal alcanzaba su pico cerca de los dieciocho años. Todavía había tiempo. Si Mark llegaba a esa edad sin manifestar nada...
Entonces sí tendría un problema real.
Nolan apartó esos pensamientos mientras observaba la televisión una noche desde el sofá de la sala. Debbie revisaba documentos del trabajo cerca de él y Mark discutía online sobre mangas de pelea desde su habitación.
En la pantalla aparecían titulares, entrevistas, debates políticos y videos de monstruos destruyendo ciudades.
"La Asociación de Héroes inicia oficialmente operaciones esta semana."
Nolan entrecerró ligeramente los ojos interesado, Mark por su parte parecía al borde de comenzar a soltar espuma por la boca en cuanto escuchó la palabra 'Héroes'. La organización prometía registrar super humanos de todo tipo, clasificarlos, financiar operaciones y coordinar respuestas ante amenazas monstruosas. Por primera vez la humanidad intentaba centralizar el caos que llevaba décadas consumiendo al planeta desde la formación del super continente. Y Nolan inmediatamente vio el potencial.
Era perfecto.
Todos los individuos peligrosos comenzarían a reunirse bajo un mismo sistema. Nombres, capacidades, niveles de amenaza, patrones psicológicos, debilidades, zonas de operación. La Tierra acababa de construir sola una base de datos para facilitar su futura conquista. Nolan sonrió apenas mientras veía las noticias. Allí conocería a los mayores exponentes del planeta. Mediría sus capacidades reales, estudiaría quiénes representaban amenazas legítimas para Viltrum y quiénes podían manipularse fácilmente mediante ego, fama o dinero. Cuando llegara el día correcto... Los eliminaría.
Unirse a la Asociación de Héroes terminó siendo absurdamente sencillo. Nolan esperaba burocracia interminable, políticos desconfiados o algún tipo de investigación seria sobre sus verdaderas capacidades, pero la realidad fue mucho más simple. El planeta llevaba décadas sufriendo ataques monstruosos cada vez más graves y la nueva organización necesitaba figuras fuertes desesperadamente. Héroes reales. símbolos. Gente capaz de destruir monstruos antes de que aparecieran veinte cámaras transmitiendo cadáveres en vivo.
Y él encajaba perfectamente.
Era poderoso, atractivo, carismático, tenía historial trabajando junto al gobierno y además ya era conocido públicamente desde hacía años. La Asociación prácticamente le rogó unirse. Ni siquiera tardó demasiado en subir rangos. Los primeros meses como clase A fueron casi una formalidad. Nolan aplastaba monstruos, resolvía desastres naturales y sonreía frente a las cámaras mientras los ejecutivos de la Asociación babeaban pensando en patrocinadores.
Los ascensos llegaron rápido, demasiado rápido y ocurrió lo que Nolan había esperado desde el inicio. La Asociación reunió sola a los individuos más peligrosos del planeta bajo una misma categoría, la Clase S.
Literalmente habían organizado para él una lista global de amenazas potenciales. Casi quería felicitar al encargado de inteligencia por facilitarle las cosas aún mas. La ceremonia de presentación fue transmitida mundialmente, llena de periodistas, flashes y ejecutivos actuando como si estuvieran anunciando celebridades y no armas de destrucción masiva capaces de arrasar ciudades enteras.
El puesto número uno fue otorgado a Blast, algo que nadie cuestionó demasiado. El hombre llevaba décadas apareciendo durante crisis imposibles, tenía confianza gubernamental absoluta y una reputación tan exagerada que algunas personas literalmente dudaban de su existencia. Nolan incluso sospechaba que podría rechazar el lugar, desaparecer durante otro año entero o dos, y aún así el puesto seguiría bacante para él hombre de los portales.
Probablemente eso mismo haría. Luego anunciaron el segundo lugar, Tatsumaki, Tornado of Terror.
La pantalla mostró a la pequeña esper flotando con cara de pocos amigos mientras millones de espectadores celebraban a 'la heroína más poderosa del mundo', Y Nolan, aunque nunca lo admitiría sintió algo de enojo y celos porque el puesto no fuera suyo.
No intensos, ni irracionales pero ahí estaban. Él había destruido amenazas continentales, había trabajado directamente con gobiernos durante más de una década. Técnicamente era más fuerte que ella y lo sabía perfectamente. Pero claro, Tatsumaki vendía mejor.
Una mujer joven, poderosa y temperamental generaba más atención pública que un adulto musculoso con bigote y energía de padre responsable. Nolan alcanzó a pensar seriamente en aplastarle el cráneo al ejecutivo que hizo el anuncio. El simple hecho de haberlo considerado lo dejó mirando en silencio durante unos segundos.¿De verdad le molestaba eso?¿De verdad había desarrollado suficiente ego humano como para irritarse por una clasificación pública?
La humanidad lo estaba afectando más de lo que quería admitir."¿Qué cara es esa?" preguntó Tatsumaki desde el aire. "Pareces estreñido."
Nolan sonrió con calma falsa.
"Solo pensaba."
"Pues deja de hacerlo tan fuerte, me das dolor de cabeza con solo verte."
Sí. Definitivamente quería arrojarla dentro un volcán algunas veces. Finalmente anunciaron el tercer puesto, el de Omni-Man.
La Asociación decidió usar públicamente el apodo que la prensa llevaba años dándole, principalmente porque "Nolan Grayson" sonaba demasiado normal para alguien capaz de atravesar montañas volando. Los aplausos llenaron el auditorio mientras caminaba hacia el escenario con tranquilidad absoluta, saludando como el héroe perfecto que todos esperaban ver, pero por dentro seguía analizando amenazas. Blast seguía siendo una incógnita enorme, Tatsumaki probablemente podría representar problemas reales en un combate uno a uno, Bofoi continuaba siendo peligroso gracias a su tecnología y los demás S tenían sus propios dones.
Y entonces anunciaron al cuarto puesto, Silver Fang.
Bang simplemente suspiró cuando escuchó su nombre, como si todo aquello le diera algo de vergüenza. El anciano subió al escenario con las manos detrás de la espalda, tranquilo, humilde y aparentemente inofensivo.
Nolan ya había visto pelear a ese hombre. Sabía perfectamente que debajo de esa apariencia de maestro amable había un monstruo entrenado hasta niveles absurdos.
La primera vez que lo observó combatir, Bang desvió una lluvia de proyectiles supersónicos usando únicamente movimientos de muñeca. La segunda vez destrozó a un monstruo demonio golpeándolo exactamente treinta y siete veces antes de que el cuerpo tocara el suelo. Y honestamente, lo prefería así.
Los artistas marciales eran mucho más fáciles de leer que espers o científicos locos. Su poder seguía reglas físicas. Técnicas, ritmo, entrenamiento. No eran anomalías imposibles.
Mientras los demás héroes conversaban, discutían con periodistas o posaban frente a cámaras observó a toda la Clase S reunida por primera vez y entendió algo importante.
La Tierra era muchísimo más peligrosa de lo que Viltrum esperaría.
Pues aún si lo diera todo no podría acabarlos en combate directo. ¿Que decía eso sobre los demás viltrumitas siendo él, un guerrero de la mas alta élite?
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años más pasaron para Nolan en lo que apenas sintió como otro borrón interminable de monstruos, reuniones absurdas y conferencias de prensa donde ejecutivos intentaban vender figuras de acción mientras media ciudad seguía ardiendo detrás de cámaras. La Asociación de Héroes creció demasiado rápido, y eso solo empeoró todos los problemas que ya existían. El sistema funcionaba, técnicamente. Las amenazas eran respondidas más rápido, las evacuaciones estaban mejor organizadas y la humanidad finalmente tenía símbolos públicos de seguridad. Pero cuanto más tiempo pasaba Nolan dentro de la Clase S, más entendía algo inquietante.
La élite del planeta estaba compuesta casi exclusivamente por lunáticos funcionales. Los primeros puestos al menos mantenían cierto nivel de profesionalismo. Blast seguía apareciendo una vez cada eclipse para resolver algo imposible y desaparecer antes de que alguien pudiera hacerle preguntas. Tatsumaki continuaba siendo emocionalmente inestable, agresiva y completamente insoportable, pero hacía su trabajo. Silver Fang era probablemente el único individuo genuinamente equilibrado de toda la organización.
Y Metal Knight, ya no mas Bofoi, seguía escondido vaya Dios a saber dónde, interactuando únicamente mediante drones y robots. Después del puesto cuatro, todo comenzaba a degenerar rápidamente. La Asociación literalmente había reunido un circo de anomalías humanas y decidido darles autoridad militar.
Metal Bat era un adolescente violento que se volvía más fuerte mientras más daño recibía. Nolan vio a ese chico pelear con órganos perforados, huesos rotos y una sonrisa maniática mientras seguía avanzando como si su cuerpo hubiese olvidado cómo morir.
Luego estaba Child Emperor, un niño. Literalmente un niño. Un genio, sí, probablemente una de las mentes más inteligentes del planeta, pero seguía siendo un chico que debería estar preocupándose por tareas escolares y no diseñando armamento capaz de destruir ciudades. Puri-Puri Prisoner era un delincuente sexual registrado que escapaba voluntariamente de prisión para ayudar durante emergencias monstruo y luego regresaba solo porque le parecía divertido. Nolan todavía no entendía cómo la humanidad había aceptado eso colectivamente. Después estaba Flashy Flash, un ninja rubio tan absurdamente narcisista que Nolan llegó a sospechar genuinamente que pasaba más tiempo cuidando su piel que entrenando. El sujeto tenía una rutina cosmética quince veces más extensa que Debbie, y eso ya era decir bastante.
Superalloy Darkshine era básicamente un adicto al gimnasio llevado al extremo biológico. Nolan jamás había visto a alguien tan orgulloso de sus propios músculos. El hombre literalmente encontraba maneras de mencionar su entrenamiento en cualquier conversación imaginable y luego estaba Pig God. Un obeso mórbido capaz de tragarse monstruos enteros. Por alguna jodida razón también era uno de los hombres más razonables, amables y responsables de toda la Clase S. Nolan no entendía cómo funcionaba eso. En cualquier otro planeta alguien así sería una aberración grotesca o un monstruo menor. En la Tierra era uno de los pocos héroes emocionalmente estables.
Tanktop Master, un culturista tan obsesionado con las camisetas sin mangas que Nolan honestamente dejó de intentar entenderlo después del segundo discurso sobre "el espíritu del tank top", y tomó su sana distancia cuando comenzó ese ese extraño grupo suyo.
Y finalmente... King.
Nolan no lograba descifrar a ese hombre. Cada instinto viltrumita dentro de él gritaba peligro cuando King estaba cerca. No porque demostrara poder directamente, sino por esa presión invisible que parecía rodearlo constantemente. Ese silencio pesado. Esa mirada seria. El famoso "motor del rey" retumbando como el corazón de un depredador gigantesco antes de atacar. Incluso Nolan llegó a tensarse involuntariamente varias veces al sentirlo entrar a una habitación.
Le recordaba al gran Regente.
No físicamente, claro. King no tenía esa sonrisa demente ni el aura sanguinaria de un viltrumita veterano. Pero había algo parecido en la sensación que transmitía. Como si estuviera conteniendo algo monstruoso bajo la superficie y todos alrededor lo supieran instintivamente.
No era normal solo estar cerca de ese hombre y sentir la presión del sol sobre su alma.
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Pasó mas tiempo.
Nolan jamás lo habría admitido en voz alta, ni siquiera bajo amenaza real pero la verdad era simple.
Era feliz.
No feliz de la manera humana exagerada y melodramática que llenaba películas románticas o canciones absurdas sobre vivir el momento. Era algo mucho más silencioso y peligroso. Una estabilidad constante que se había filtrado lentamente dentro de él durante años hasta convertirse en rutina y llevaba demasiado tiempo viviendo como humano para no entender lo que eso significaba.
La Tierra ya no se sentía como una misión temporal. Se sentía como un hogar.
La Clase S, pese a ser un desfile ambulante de problemas psiquiátricos y desastres colaterales, mantenía las amenazas relativamente bajo control. Los monstruos seguían apareciendo porque ese planeta parecía incapaz de pasar una semana sin intentar suicidarse biológicamente, pero las ciudades sobrevivían. La gente continuaba viviendo. Los niños seguían yendo a la escuela.
El sistema funcionaba, más o menos, pero lo hacía.
Incluso había desarrollado relaciones relativamente estables con la mayoría de héroes compañeros, algo que al inicio consideró imposible. Bang terminó siendo genuinamente agradable para conversar, Bofoi respetaba lo suficiente la inteligencia de Nolan como para no tratarlo como un idiota y hasta Tatsumaki dejó de intentar arrojarle edificios encima cada vez que discutían.
Bueno, la mayoría de las veces.
La pequeña esper seguía siendo un desastre emocional con tendencias violentas, pero Nolan descubrió accidentalmente cómo lidiar con ella gracias a años criando a Mark durante la adolescencia. La clave era sorprendentemente similar. Ignorar provocaciones innecesarias, mantener tono calmado, no responder sarcasmos y jamás decirle que "se calmara" porque eso solo empeoraba todo.
"¿Por qué me miras así?" gruñó Tatsumaki una vez durante una reunión mientras flotaba encima de su silla.
"Porque acabas de hacer exactamente la misma cara que Mark cuando perdió internet una semana."
Y Tatsumaki intentó arrancarle la cabeza. Después de eso, extrañamente, comenzaron a llevarse mejor.
Quizá porque Nolan era de las pocas personas que no la trataban como un arma nuclear con piernas o como una niña caprichosa. Simplemente la veía como alguien insoportable pero funcional, y Tatsumaki parecía agradecer eso más de lo que admitiría nunca.
Por lo visto él no era el único que se estaba acostumbrando a la normalidad.
La vida siguió avanzando.
Las mañanas comenzaban con Debbie preparándose para trabajar mientras Mark se quejaba medio dormido sobre exámenes, videojuegos o mangas. Nolan salía a patrullar, aplastaba algún monstruo, detenía un desastre natural o ayudaba durante evacuaciones mientras reporteros gritaban preguntas detrás de cámaras y luego volvía a casa.
Allí era donde todo comenzaba a sentirse peligrosamente real.
Porque empezó a disfrutar las cosas pequeñas.
Ir de compras con Debbie mientras ella discutía precios como si estuviera negociando tratados internacionales. Escuchar a Mark hablar durante cuarenta minutos seguidos sobre superhéroes ficticios absurdamente complejos. Cocinar los fines de semana, ver películas malas, arreglar cosas de la casa porque Debbie insistía en "vivir como personas normales" en vez de solo usar el colchón de dinero que le pagaban al mes como clase S.
Incluso terminó acostumbrándose a pagar impuestos.
Lo cual seguía pareciéndole una de las creaciones más malvadas de la humanidad. Viltrum conquistó miles de mundos durante su historia y jamás necesitó algo tan cruel como declaraciones fiscales. Nolan sinceramente preferiría enfrentar otra guerra planetaria antes que sentarse tres horas revisando documentos tributarios.
"Olvidaste firmar esta parte," dijo Debbie una noche mientras revisaban papeles en la mesa, la observó con agotamiento genuino.
"Los humanos crearon monstruos burocráticos peores que cualquier criatura del universo, ¿Y todo para qué? para que tenga que adivinar cuanto debo pagar cuando el gobierno ya sabe dicha cifra pero no me la dira."
"Eso no te salvará de pagar."
"Logré convencer a especies enteras para que se unan a mi gente."
"Y aun así debes impuestos."
Los odiaba.
No importaba cuántos monstruos destruyera o cuántas veces salvara ciudades, la agencia tributaria seguía encontrándolo. Y aun así...
Aun así regresaba cada noche a una casa cálida donde una mujer increíble lo esperaba junto a un hijo completamente normal que seguía sin desarrollar poderes. Eso ya no le preocupaba tanto como antes.
Claro, una parte fría y lógica de su mente viltrumita seguía consciente del problema. Mark probablemente jamás sería útil para el Imperio. Tal vez nunca desarrollaría habilidades reales. Tal vez simplemente viviría y moriría como un humano promedio. Pero cuando Nolan veía a Debbie sonreír desde la cocina o escuchaba a Mark discutir emocionado sobre héroes y videojuegos desde el piso de arriba... Descubría algo incómodo.
No quería perder eso.
Fue precisamente cuando Nolan sintió que finalmente había alcanzado una especie de paz absoluta que todo comenzó a cambiar. Llevaba años esperando ese momento. Temiéndolo también. Porque al igual que él, Mark jamás dejó de pensar en si despertaría sus poderes, ¿Cómo podría hacerlo? Era el hijo de Omni-Man. Del héroe número tres del planeta. Un hombre capaz de detener meteoritos con las manos, destruir monstruos que podían arrasar ciudades enteras y atravesar montañas volando más rápido que jets militares. Mark creció rodeado de cámaras, titulares y expectativas imposibles.
La gente siempre esperaba algo de él. Profesores que sonreían demasiado cuando conocían su apellido. Padres que le preguntaban si ya podía volar. Compañeros de escuela que lo invitaban a deportes esperando descubrir "la superfuerza heredada".
Y Mark siempre tenía que decepcionarlos.
Nada.
Ni vuelo, fuerza, resistencia, o velocidad.
Solo un chico normal obsesionado con héroes viviendo en la sombra del hombre más poderoso del planeta.
Aun así jamás se rindió del todo, cosa que el notaba constantemente. La forma en que Mark observaba los entrenamientos de héroes en televisión, cómo imitaba movimientos de combate frente al espejo pensando que nadie lo veía o la cantidad absurda de horas que pasaba investigando sobre técnicas marciales, equipamiento táctico y sistemas de clasificación heroica.
Mark quería ser héroe desesperadamente.
Aunque su cuerpo siguiera negándose a cooperar. Y finalmente llegó su cumpleaños número diecisiete. La casa estaba llena de comida, regalos y decoraciones simples que Debbie insistía en poner cada año aunque Mark ya fuera adulto. Habían invitado algunos amigos, hubo pastel, fotos vergonzosas y el clásico momento donde Debbie intentó mostrar videos de Mark cuando era niño hasta que él prácticamente le rogó que se detuviera. Por unas horas todo fue normal.
Dolorosamente normal.
Nolan observó a su hijo apagar las velas mientras Debbie aplaudía desde la cocina y sintió algo extraño en el pecho. Algo pesado. Porque esta era la edad. El límite biológico que llevaba años usando para tranquilizarse. Si Mark no despertaba habilidades ahora... Probablemente nunca lo haría.
Y quizás eso sería lo mejor.
"Bueno," dijo Nolan cuando terminaron los aplausos, cruzándose de brazos mientras Mark seguía sonriendo frente al pastel. "¿Qué pediste?"Ya sabía la respuesta, llevaba escuchando variaciones de ella durante años.
"¡Preséntame a Silver Fang para que me tome como aprendiz!"
Mark casi lo gritó de la emoción, inclinándose hacia adelante como si todavía tuviera doce años. Debbie soltó una pequeña risa mientras servía las bebidas.
"No. Otra cosa."
"¿Pedirle a Metal Knight que me haga un traje de combate?"
"Eso tampoco."
"¿Entonces dejarme hacer la prueba oficial de la Asociación?"
"Sigues siendo menor de edad."
"¡Child Emperor también!"
"Si consigues un nobel por tus avances en la microbiología hecho."
Suspiró y lanzó otro intento.
"¿Dejar que me una a la policía anti monstruos?"
"Mark."
"¡Entonces déjenme unirme a la tropa Tank Top!"
"Primero te dejaríamos entrar a un culto."
"¡Ay, vamos!"
"Conozco a Tanktop Master, chico. Ese grupo definitivamente funciona como secta."
"¡No es una secta! ¡Es entrenamiento físico!"
"Una vez intentaron convencer a tu padre de que una camiseta sin mangas mejora la fuerza."
"Aún tengo pesadillas con ese día."
Mark terminó dejándose caer contra la silla entre risas frustradas mientras Debbie seguía burlándose del "imperio de las camisetas musculosas". La conversación continuó normalmente, ligera, cálida, familiar.
Y Nolan intentó relajarse, intentó convencerse de que estaba bien.
Que podía seguir viviendo así incluso si Mark nunca despertaba poderes. Que podía abandonar la misión llegado el caso. Que quizá el Imperio jamás necesitaría saber cuánto se había desviado de su propósito original.
El día estaba por terminar como cualquier otro, hasta que no.
Escuchó el grito que vino desde el piso de arriba, un estruendo brutal sacudió toda la casa al mismo tiempo que algo atravesó el techo de la habitación de Mark como un proyectil. Debbie soltó un grito mientras los platos vibraban sobre la mesa y Nolan ya estaba de pie antes de procesarlo conscientemente. Subió las escaleras en un segundo. Y encontró a Mark flotando.
No elegantemente, para nada Estaba girando torpemente en el aire mientras intentaba no vomitar del pánico, rodeado de pedazos de madera, yeso y ropa sobre él en medio de la habitación destruida. Sus ojos estaban completamente abiertos.
"¡Papá!, ¡Puedo volar!"
Nolan sintió cómo el corazón se le detenía por un instante, sintiendo incontables emociones contradictorias a la vez. Pero una sola se impuso sobre todas las demás.
Era hora de actuar.
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Nolan había conquistado mundos antes.
Planetas enteros. Civilizaciones muchísimo más avanzadas que la Tierra. Había visto imperios alienígenas caer en semanas y razas guerreras desaparecer en cuestión de días bajo el avance viltrumita. La lógica siempre era la misma: identificar liderazgo, destruir resistencia organizada y quebrar la moral del enemigo antes de que pudieran reaccionar.
Frío. Eficiente. Matemático.
En otra vida, Nolan habría usado exactamente esa estrategia aquí.
Se infiltraría entre los héroes, esperaría el momento correcto y reuniría a toda la Clase S bajo alguna excusa oficial. Una reunión de emergencia. Una amenaza nivel Dios. Cualquier cosa capaz de juntarlos en una misma habitación.
Entonces los mataría a todos de una sola vez.
Rápido, brutal, definitivo.
Después fingiría ser otra víctima del ataque, ayudaría a "investigar" al culpable y tomaría control gradual de lo que quedara de la resistencia mundial.
El problema era que esta no era cualquier civilización.
Era la Tierra.
Y la Clase S no era un grupo de supersoldados normales.
Era un conjunto de monstruos.
Nolan llevaba años observándolos, estudiando sus capacidades reales detrás de cámaras, viendo informes y presenciando peleas que jamás llegaron a medios públicos entre los S. Entendía perfectamente algo que el resto del planeta apenas sospechaba.
Si todos peleaban juntos al mismo tiempo... Él moriría.
Así de simple.
No importaba cuán superior fuera individualmente. La combinación de poderes era absurda. Telequinesis capaz de deformar ciudades completas, artistas marciales que desviaban ataques supersónicos, velocidades ridículas, tcnología militar imposible, resistencia monstruosa. y habilidades tan extrañas que parecían ignorar directamente las leyes físicas.
Incluso sin una coordinación perfecta, enfrentarlos como grupo sería suicida.
Tatsumaki por sí sola ya representaba un riesgo enorme. Sumarle apoyo de Bang, Darkshine, Flashy Flash o Child Emperor convertía cualquier pelea frontal en una sentencia de muerte.
Nolan no era estúpido, después de todo los viltrumitas sobrevivían porque sabían cuándo usar fuerza bruta y cuándo actuar como depredadores pacientes.
Así que eligió otra estrategia, la única viable.
Hacerlo todo en menos de cuatro minutos.
Eso era todo el tiempo que tendría antes de que alguien entendiera lo que estaba pasando y el planeta entero entrara en alerta máxima. Tendría que moverse por todo el supercontinente como una bala, localizar héroes aislados, eliminarlos instantáneamente, destruir evidencia y seguir avanzando antes de que el siguiente objetivo pudiera reaccionar.
Sin discursos.
Sin amenazas, sin explicaciones, solo muerte rápida y eficiente.
Nolan observó el mapa holográfico frente a él dentro de una base satelital abandonada mientras repasaba mentalmente cada nombre de la Clase S. y veía sus ubicaciones. Al menos las que la asociación tenía disponibles y el hackeó hace mucho.
Y descartó cinco inmediatamente.
Metal Knight era imposible de localizar realmente. Bofoi llevaba años escondiendo su ubicación física incluso del gobierno mundial. Perseguirlo ahora solo desperdiciaría tiempo mientras docenas de drones intentaban retrasarlo.
Tatsumaki tampoco era opción. Nolan estaba bastante seguro de poder vencerla si lograba ser rápudo, pero no existía garantía real de victoria rápida. Y "pelea larga contra la esper más poderosa del planeta" era exactamente el escenario que debía evitar.
Después estaban Blast y King, dos incógnitas y Nolan odiaba las incógnitas.
Blast desaparecía durante meses y aparecía únicamente cuando ocurrían amenazas imposibles. Ni siquiera la Asociación sabía cómo contactarlo consistentemente. Pelear contra alguien así sin información completa era suicida, mas conociendo la fuerza de la que era capaz.
King era peor, porque nada sobre él tenía sentido.
Los informes oficiales eran absurdos incluso para estándares de la Clase S. Monstruos dragón muriendo cerca suyo. Criminales colapsando psicológicamente apenas escuchaban el motor King. Amenazas gigantescas retirándose sin pelear. Y siempre esa presión infernal alrededor suyo, como si el hombre estuviera conteniendo algo aterrador detrás de una expresión muerta.
No.
Nolan no iba a ese tipo hasta que el Imperio completo estuviera presente.
Y finalmente estaba Watchdog Man, probablemente el héroe más extraño de todos y eso era decir mucho. Un hombre vestido de perro que prácticamente nunca abandonaba Ciudad Q, no mostraba interés por política, fama o liderazgo y parecía existir únicamente para masacrar monstruos dentro de su territorio. Nolan lo había estudiado durante años y llegó a una conclusión simple.
Era manejable, un depredador territorial. Mientras el Imperio no amenazara directamente Ciudad Q, probablemente Watchdog Man ni siquiera intervendría.
Eso dejaba al resto y Nolan sintió algo incómodo al mirar la lista pues conocía personalmente a casi todos.
Había entrenado junto a Bang, compartido reuniones interminables con Atomic Samurai, había escuchado a Tanktop Master hablar durante cuarenta minutos sobre los beneficios espirituales de usar camisetas sin mangas. Incluso llegó a cenar varias veces con Pig God, quien sorprendentemente tenía modales muchísimo mejores de lo que esperarías.
No odiaba a ninguno.
Ese era el problema.
En otro mundo, hace siglos, Nolan simplemente habría visto obstáculos militares.
Ahora veía personas, personas insoportables, peligrosas, absurdas y mentalmente inestables pero personas al fin y al cabo.
Debbie seguía creyendo que estaba dando patrulla esa noche. Mark estaba fuera con amigos celebrando finalmente haber despertado sus poderes hacía apenas unos días. La casa probablemente seguiría tranquila cuando todo terminara.
Si terminaba rápido.
Cerró lentamente el mapa holográfico, su expresión se endureció poco a poco hasta borrar cualquier rastro de humanidad acumulada durante años.
Porque no importaba cuánto hubiese disfrutado aquella vida.
No importaba cuánto quisiera conservarla.
Seguía siendo un viltrumita y había postergado esta misión demasiado tiempo bajo una excusa que ya no existía.
El primer objetivo estaba a cientos de kilómetros cuando Nolan se movió y llegó casi instantáneamente. El aire explotó detrás de él mientras atravesaba la atmósfera nocturna a velocidades que convertían ciudades enteras en manchas borrosas debajo suyo. Las montañas aparecieron en el horizonte apenas una fracción de segundo después, oscuras, silenciosas, cubiertas de nieve en algunas zonas mientras el pequeño transmisor implantado años atrás dentro del comunicador oficial de la Asociación marcaba la ubicación exacta de Atomic Samurai.
Nolan aterrizó sin hacer ruido.
El hombre estaba solo como siempre, entrenando incluso a medianoche.
La espada se movía una y otra vez bajo la luna, tan rápido que el aire alrededor parecía cortarse junto a la roca detrás suyo. Miles de líneas invisibles atravesaban la montaña mientras Atomic Samurai practicaba movimientos imposibles con expresión tranquila.
Nolan jamás subestimó a ese hombre.
Había visto grabaciones y acción en vivo donde Atomic Samurai convertía monstruos categoria demonio completos en cubos microscópicos antes de que sus cerebros entendieran que estaban muertos. También vio pruebas donde logró cortar proyectiles hipersónicos en pleno vuelo usando únicamente reflejos.
Pelear de frente contra alguien así era estúpido.
Una mala lectura de distancia y Nolan podía terminar perdiendo un brazo.
O peor.
Así que no peleó.
Simplemente desapareció.
Atomic Samurai apenas alcanzó a levantar ligeramente la vista cuando Nolan atravesó la distancia entre ambos más rápido de lo que un humano podía registrar conscientemente. La mano viltrumita atrapó su cuello como una prensa de acero.
Y aun así...
Aun así el samurái casi desenfundó contra su cabeza.
Eso fue aterrador.
Incluso atrapado completamente por sorpresa, incluso sin entender qué estaba pasando, la hoja de Atomic Samurai alcanzó a rozar antes de que Nolan reaccionara.
Instinto puro, décadas de entrenamiento comprimidas en una fracción de segundo.
Nolan no le dio otra oportunidad.
Giró sobre sí mismo y lanzó el cuerpo hacia arriba, hacia el espacio.
El estallido supersónico partió nubes enteras mientras Atomic Samurai desaparecía como un misil disparado directamente fuera de la atmósfera. La presión brutal destrozaría órganos, congelaría sangre y eventualmente dejaría al espadachín flotando muerto en el vacío.
Todo terminó en menos de medio segundo.
Nolan observó el cielo apenas un instante.
Uno menos.
Todavía faltaban más de una docena y el siguiente movimiento volvió a sacudir el aire nocturno.
Miles de kilómetros desaparecieron en segundos hasta que Nolan atravesó una ciudad iluminada y descendió directamente dentro de un gimnasio privado gigantesco donde Superalloy Darkshine seguía entrenando solo a esas horas absurdas.
El sonido metálico de pesas llenaba el edificio.
Darkshine estaba frente a un espejo levantando toneladas como si fueran juguetes, la piel negra brillante cubierta de sudor mientras admiraba sus propios músculos con satisfacción casi religiosa.
"¡CUATROCIENTAS MÁS!" rugió feliz antes de soltar la barra.
Nolan ya había calculado todo.
Darkshine era demasiado resistente.
Probablemente podría sobrevivir en el vacío durante horas usando únicamente capacidad pulmonar y resistencia física absurda. Lanzarlo al espacio vivo sería perder tiempo.
Así que esta vez sí atacó para matar primero.
Darkshine apenas logró girar la cabeza cuando el puño de Nolan atravesó su pecho.
La onda de impacto reventó ventanas alrededor mientras sangre salía disparada sobre las máquinas del gimnasio. Los ojos de Darkshine se abrieron completamente, más confundidos que asustados, mirando el agujero gigantesco donde antes estaba su corazón.
"Omni...?"
Nolan no respondió.
Sujetó el cadáver antes de que colapsara y volvió a despegar hacia el cielo, segundos después lanzó el cuerpo fuera de la atmósfera igual que al anterior.
Dos menos.
Tanktop Master dormía dentro de una instalación de entrenamiento rodeado por varios discípulos repartidos entre colchones y sacos de dormir. El lugar olía a sudor, proteína y tela húmeda.
Nolan descendió silenciosamente junto a la cama del héroe.
Durante un instante observó alrededor.
Había fotos grupales pegadas en las paredes. Rutinas de ejercicio escritas a mano. Camisetas sin mangas dobladas perfectamente junto a pesas.
Tanktop Master abrió los ojos apenas sintió movimiento y eso fue todo.
Nolan atravesó el cielo nocturno como una bala viviente mientras repasaba mentalmente el siguiente orden de objetivos. No podía permitirse errores ahora. La Asociación todavía no entendía lo que estaba ocurriendo porque cada muerte había sido demasiado rápida, demasiado limpia y demasiado distante entre sí como para activar sospechas inmediatas.
Pero eso no duraría.
Eventualmente alguien dejaría de responder comunicaciones. Algún radar detectaría movimientos imposibles. Algún héroe sobreviviría lo suficiente para hablar.
Tenía que seguir moviéndose.
El siguiente transmisor pulsaba desde una carretera montañosa al norte del supercontinente. Metal Bat.
Nolan descendió atravesando nubes hasta encontrarlo exactamente donde esperaba.
Sentado sobre una baranda metálica junto a una tienda abierta veinticuatro horas, todavía cubierto de sangre seca y vendajes recientes mientras bebía algo energético directamente de la lata. Su bate descansaba apoyado a un lado.
Probablemente acababa de salir de otra pelea.
Ese chico parecía vivir permanentemente lesionado.
Nolan aterrizó detrás suyo sin hacer ruido. No era una buena idea, pero no había camaras en la zona y de verdad quería darle un poco de respeto antes de matarlo, observó al chico unos segundos.
Era joven. Demasiado joven. Apenas un adolescente lanzado a guerras monstruosas porque el planeta necesitaba soldados. En otro contexto, Mark probablemente habría terminado exactamente igual.
La idea le resultó desagradable y eso hizo más fácil matarlo rápido.
Nolan avanzó y con un tajo de su mano le intentó partir la cabeza a la mitad, pero Metal Bat reaccionó instantáneamente, solo logrando arrancarle los ojos y parte del cráneo. El chico alcanzó a mover el bate con velocidad brutal justo cuando Nolan apareció frente a él, y el impacto explotó como un cañón sobre la carretera. El asfalto se quebró varios metros alrededor.
Nolan sintió el golpe.
De verdad lo sintió.
Si este chico seguía acumulando fighting spirit durante una pelea larga, eventualmente podría convertirse en un problema real.
Así que Nolan le arrancó el brazo izquierdo antes de darle oportunidad.
La sangre salió disparada mientras Metal Bat soltaba un rugido animal, más furioso que aterrado. El adolescente retrocedió tambaleándose, pero aun así intentó volver a levantar el bate con la otra mano.
Nolan lo atravesó de lado a lado antes de que terminara la frase.
El cuerpo quedó inmóvil inmediatamente en el suelo. No había rastros de Nolan en él ni había forma alguna de que sobreviviera a ser partido a la mitad.
Cuatro menos.
El siguiente punto estaba dentro de Ciudad Z.
Pig God.
Ese sí le desagradaba.
No porque fuera peligroso en combate directo. Nolan probablemente podía matarlo sin demasiados problemas. El problema era emocional.
Pig God era genuinamente buena persona.
Demasiado buena para alguien en ese trabajo.
Nolan aterrizó sobre un edificio mientras observaba abajo. Pig God estaba sentado afuera de un pequeño restaurante nocturno devorando cantidades absurdas de comida mientras varios civiles evacuados por un ataque monstruo cercano descansaban alrededor suyo.
Y entonces Nolan entendió inmediatamente lo que había pasado.
Pig God salvando gente otra vez.
Incluso agotado, incluso herido, seguía quedándose para asegurarse de que los civiles estuvieran tranquilos antes de irse.
Era molesto. Muy molesto, Porque hacía más difícil recordar que esto era una misión.
Pig God levantó la mirada lentamente. Observó el rostro de Nolan durante unos segundos largos.
Y algo cambió en su expresión.
No miedo sino una extraña comprensión.
"...Ah," murmuró lentamente.
Nolan vio el momento exacto en que lo entendió.
Los años compartiendo batallas habían sido suficientes para reconocer cuándo otro guerrero iba decidido a matar.
El puño atravesó el abdomen gigantesco de Pig God con suficiente fuerza para partir edificios detrás suyo. Sangre cubrió la calle vacía.
Pero Pig God no cayó.
El héroe atrapó el brazo de Nolan con su cuerpo y sonrió.
"... Sabía que algún día alguien de la Asociación iba a volverse loco."
Nolan intentó soltarse.
No pudo inmediatamente.
Los músculos monstruosos de Pig God se tensaron como acero mientras usaba literalmente todo el peso de su cuerpo para inmovilizarlo aunque fuera unos segundos.
Segundos que Nolan no tenía.
Nolan atravesó el cráneo del héroe con la otra mano.
El cielo nocturno volvió a romperse sobre él mientras atravesaba nubes a velocidades absurdas, pero algo comenzó a molestarle durante el trayecto.
Una punzada seca en el pecho, lo suficiente para hacerle fruncir el ceño.
El golpe de Metal Bat.
Ese maldito adolescente realmente había logrado dañarlo. Nolan pasó una mano por el costado mientras volaba y confirmó la sensación junto a su puño quemado por los ácidos estomacales de Pig God.
Una costilla rota.
No grave ni remotamente incapacitante.
Pero el simple hecho de que hubiese ocurrido era inaceptable, un clase S de rango medio no debería tener fuerza suficiente para eso.
La Tierra estaba resultando incluso más absurda de lo esperado.
No había tiempo para pensar en ello.
El siguiente objetivo apareció apenas segundos después.
Zombieman.
Y honestamente...
Fue ridículamente fácil.
Encontró al héroe dentro de una oficina subterránea llena de archivos clasificados, pantallas y restos de café frío acumulado sobre escritorios. Zombieman estaba revisando documentos mientras fumaba cuando el viltrumita atravesó la pared frente a él.
El detective apenas levantó la vista y no hubo pelea real.
Nolan sabía perfectamente cómo funcionaba la regeneración de ese hombre. Destruir órganos no servía, omper huesos tampoco. Incluso arrancarle extremidades o la cabeza solo retrasaría lo inevitable.
Necesitaba eliminación absoluta.
Así que cruzó la habitación más rápido de lo que el ojo humano podía registrar y decapitó al héroe en menos de un milisegundo. La cabeza todavía seguía con expresión cansada cuando Nolan ya estaba atravesando el cielo otra vez sujetando ambos lados del cuerpo.
El destino final fue un volcán activo a cientos de kilómetros.
Nolan descendió directamente sobre el cráter mientras el calor deformaba el aire alrededor. Luego lanzó los restos de Zombieman hacia el magma.
La lava devoró el cuerpo inmediatamente.
Carne, huesos, órganos, células.
Todo desapareciendo bajo temperaturas imposibles, ninguna regeneración podría volver de eso.
Siete menos.
Y todavía quedaban demasiados nombres en la lista.
Nolan siguió moviéndose sin dar tiempo a que nadie entendiera qué estaba ocurriendo.
Eso era lo único que mantenía viva la operación.
La Asociación todavía no había conectado los puntos porque no había puntos que conectar todavía. Héroes desapareciendo en distintos extremos del supercontinente durante el lapso de apenas minutos, sin llamadas de auxilio, sin batallas prolongadas y sin sobrevivientes.
El siguiente objetivo fue un error más exactamente... El primer objetivo verdaderamente peligroso.
Flashy Flash.
Nolan apareció dentro del penthouse del ninja atravesando directamente la pared exterior del edificio a velocidad supersónica. El plan era simple: atravesarle el cráneo antes de que su cerebro procesara movimiento.
Eso funcionaba con casi cualquiera.
Con Flashy Flash no.
El ninja desapareció, literalmente desapareció de la línea de visión de Nolan en el mismo instante en que apareció y el dolor explotó.
Una línea ardiente atravesó el cuello de Nolan mientras algo cortaba carne, músculos y parte de la tráquea antes de que pudiera reaccionar completamente. Sangre salió disparada sobre las ventanas del departamento mientras Nolan retrocedía por puro instinto.
Por un instante genuino estuvo a centímetros de morir. Los ojos de Nolan se abrieron completamente mientras se sujetaba el cuello y Flashy Flash ya estaba detrás suyo.
La espada volvió a moverse.
Apenas logró girar la cabeza antes de que otro corte atravesara su mejilla y partiera el edificio completo detrás de él en una línea perfecta.
Ridículo.
El maldito ninja era ridículamente rápido.
No tan fuerte como un viltrumita. No tan resistente. Pero su velocidad pura y precisión eran monstruosas incluso para estándares de la Clase S.
Y peor todavía Flashy Flash ni siquiera entendía qué estaba pasando aún.
Simplemente reaccionó al peligro y tiro a matar, décadas de entrenamiento asesino comprimidas en reflejos sobrehumanos.
El tercer corte nunca llegó porque todo explotó.
El penthouse entero se convirtió en polvo cuando Nolan avanzó directamente ignorando la espada atravesándole el hombro. Flashy Flash intentó retroceder otra vez.
Demasiado tarde, Nolan atrapó su brazo y tiró.
La extremidad salió arrancada mientras sangre cubría el aire. Flashy Flash alcanzó a abrir los ojos apenas un instante antes de que Nolan le atravesara el pecho completo con el otro brazo.
El impacto destrozó varios pisos del edificio.
Silencio.
El cuerpo del ninja quedó colgando inmóvil.
Nolan respiró lentamente mientras la regeneración viltrumita comenzaba a detener el sangrado de la herida de su cuello.
Eso había sido demasiado cerca.
Demasiado peligroso.
Si Flashy Flash hubiese tenido un segundo más para entender la situación, probablemente habría intentado directamente decapitarlo desde el inicio. Arrancó la cabeza del ninja y lanzó ambas partes del cuerpo hacia direcciones opuestas antes de desaparecer otra vez en el cielo.
Ocho menos y ahora estaba herido.
El siguiente objetivo apareció dentro de un laboratorio móvil oculto bajo Ciudad Y.
Child Emperor.
Nolan atravesó varias capas de metal reforzado como si fueran papel hasta entrar al centro del laboratorio.
Pantallas, robots, planos, tecnología imposible repartida por todas partes.
Y en el centro de la sala un niño dormido sobre un escritorio lleno de herramientas.
Nolan se detuvo apenas una fracción de segundo antes de dar el golpe final.
Porque incluso después de todo seguía siendo un niño.
Pero las alarmas explotaron.
Los sensores automáticos detectaron la intrusión apenas Nolan ingresó al laboratorio y decenas de drones comenzaron a activarse simultáneamente alrededor de la habitación.
Pero eran demasiado lentos, a la super velocidad en la que se movía las cámaras ni siquiera eran capaces de verlo, ni los drones de apuntar. Aatravesó la distancia en un instante y aplastó la cabeza de Child Emperor contra el escritorio antes de que el chico siquiera despertara completamente.
Sangre cubrió planos y pantallas.
Los drones abrieron fuego una fracción de segundo después pero Nolan ya se había ido.
Ya no pensaba demasiado, simplemente se movía.
Ciudad tras ciudad. Objetivo tras objetivo. Un destello rojo cruzando el planeta mientras héroes desaparecían sin entender siquiera qué los había alcanzado. Algunos murieron instantáneamente. Otros apenas alcanzaron a percibir una presión monstruosa antes de terminar atravesando la atmósfera hacia el vacío del espacio.
Puri-Puri Prisoner murió sin siquiera despertar completamente dentro de su celda reforzada, simplemente lo atravesó y lanzó el cuerpo fuera del planeta antes de que las alarmas de la prisión terminaran de sonar.
Drive Knight intentó transformarse apenas detectó movimiento anómalo detrás suyo, pero Nolan arrancó la mitad superior de su cuerpo mecánico antes de que completara la secuencia y las aplastó entre si hasta convertirla en una bola de metal de cuatro centimetros, la cual también lanzó al espacio.
El problema era que el tiempo comenzaba a agotarse. El corte en su cuello y su pulmón perforado comenzaba a hacerlo matearse cada vez mas.
La Asociación ya debía notar desapariciones.
Las comunicaciones estaban demasiado silenciosas. Los rastreadores de varios héroes dejaron de moverse al mismo tiempo y algunas ciudades comenzaban a reportar explosiones supersónicas cruzando el cielo nocturno.
La ventana se estaba cerrando.
Y aun así Nolan sintió que excluir ciertos nombres había sido la decisión más inteligente de toda la operación.
Porque incluso herido, incluso moviéndose a velocidades absurdas, incluso atacando completamente por sorpresa... Había estado peligrosamente cerca de morir. Era obvio que no podría completar el exterminio total, hizo bien en elegir una lista y centrarse en ella.
El mayor riesgo hasta ahora fue Flashy Flash, y ahora llegaba el peor de todos.
El último héroe fuera de la lista que Nolan realmente no quería enfrentar.
Nolan descendió como un misil supersónico directamente sobre las montañas más altas de Ciudad Z mientras la nieve explotaba kilómetros alrededor por la presión del impacto. El dojo apareció delante suyo apenas una fracción de segundo antes de que atravesara las paredes de madera.
No hubo un instante de observación como con algunos de los otros, Nolan ya había aprendido la lección.
Atacar.
Matar.
Desaparecer.
Ese era el único método seguro.
La mano viltrumita se cerró directamente sobre el cuello de Bang mientras el suelo completo del dojo explotaba bajo la aceleración brutal. Atravesó la atmósfera llevándose al anciano consigo antes de que cualquier humano pudiera registrar siquiera lo ocurrido.
Todo pasó en menos de un instante.
El plan era el mismo de siempre, arrancarle la cabeza durante el ascenso y dejar el cuerpo flotando muerto en el vacío.
Incluso a esa velocidad imposible, incluso con la fuerza superior, incluso con el factor sorpresa... Bang reaccionó.
Eso fue lo aterrador.
Apenas abandonaron completamente la atmósfera terrestre, el anciano movió una mano y el mundo de Nolan explotó en dolor. El golpe no fue fuerte en apariencia. No hubo músculos inflándose ni gritos de batalla. Bang simplemente redirigió fuerza usando un movimiento mínimo de Water Stream Rock Smashing Fist.
Y Nolan sintió cómo todo el lado izquierdo de su rostro crujía violentamente.
El impacto desvió su trayectoria completa en pleno ascenso mientras ondas de choque recorrían el vacío alrededor suyo. Un humano normal habría explotado instantáneamente bajo semejante choque.
Bang no.
Bang apenas frunció el ceño.
Los ojos del anciano finalmente enfocaron correctamente a Nolan mientras ambos flotaban sobre el planeta azul.
Y entonces entendió.
No confusión ni negación, solo una comprensión absoluta.
Nolan atacó inmediatamente, el puño avanzó con suficiente fuerza para pulverizar montañas.
Y Bang lo desvió.
El brazo viltrumita salió disparado hacia un lado mientras el anciano giraba sobre sí mismo usando el propio impulso de Nolan contra él. El siguiente golpe impactó directo en sus costillas dañadas. La rota por Metal Bat terminó de quebrarse completamente y se clavó contra su pulmón derecho casi atravesándolo de lado a lado.
Nolan retrocedió por primera vez en toda la noche.
Y Bang siguió. Tomó al alíen por el brazo y lo jaló de regresó hacía él, como si combatir monstruos en el espacio fuera otra sesión normal de entrenamiento. Eso era lo que hacía aterrador a Silver Fang. No fuerza absurda, o poderes sobrenaturales sino pura y dura experiencia marcial, técnica llevada a niveles monstruosos, sin dejarle a Nolan que se aleje.
La batalla continuó en el vacío durante minutos enteros.
Minutos.
Eso por sí solo ya era absurdo.
Nolan había destruido los satélites cercanos antes de iniciar la matanza precisamente para evitar registros, cámaras o rastreos térmicos capaces de seguir sus movimientos por está zona del planeta, así que ahora no existía nadie observando el combate que ocurría sobre la Tierra. Ningún radar, ninguna transmisión. Solo dos figuras moviéndose entre oscuridad absoluta mientras la curvatura azul comenzaba a verse cada vez más pequeña debajo suyo.
Y Nolan estaba siendo aplastado, no en fuerza pura. Era cientos de veces mas fuerte que el humano, pero cada golpe que lanzaba era redirigido, cada intento de tomar el cuello de Bang terminaba desviándose apenas centímetros por movimientos mínimos de muñeca y hombros. Nolan había enfrentado artistas marciales antes, incluso guerreros alienígenas especializados en combate cuerpo a cuerpo, pero aquello era otra cosa completamente distinta.
Era un monstruo marcial, sin duda alguna, el mejor peleador del planeta.
Water Stream Rock Smashing Fist parecía ignorar directamente la diferencia física entre ambos. Nolan golpeaba con fuerza suficiente para partir ciudades y Bang convertía ese impulso en su propia destrucción una y otra vez.
Un codazo redirigido fracturó otra costilla, un golpe de palma deformó parte del esternón del viltrumita, una patada giratoria impactó sobre el cuello ya herido por Flashy Flash y Nolan literalmente vio estrellas durante un instante.
Y aun así siguió avanzando, intentando golpear y cortar, porque Bang tenía una debilidad.
Seguía siendo humano.
El anciano podía soportar temperaturas absurdas, presión monstruosa y fuerzas que convertirían cualquier cuerpo humano en niebla roja, pero no dejaba de necesitar oxígeno. No dejaba de depender de un cuerpo orgánico limitado por biología terrestre.
Ese era el único motivo por el que la pelea todavía continuaba.
Otro golpe desvió el brazo de Nolan mientras el anciano giraba alrededor suyo usando gravedad cero como si hubiese entrenado allí toda su vida con solo jalarlo un milimetro. El siguiente impacto se clavó directo a su cara.
CRACK.
Nolan sintió la fractura, su rostro hundiéndose y llenando de rojo su visión.
"¿Por qué?" preguntó Bang finalmente, respirando cada vez más lento. El sonido no se tradujo por el espacio vacio, pero Nolan pudo leer sus labios.
No respondió.
No podía desperdiciar aire ni concentración hablando cuando literalmente estaba sobreviviendo únicamente gracias a resistencia viltrumita.
El anciano observó la Tierra a la distancia apenas un instante, sus ojos ablandándose un segundo como si rememorara toda su vida en solo medio segundo.
Y volvió a atacar.
Incluso muriendo, incluso con el frío espacial comenzando a congelar partes de su piel y sangre escapando lentamente de nariz y ojos por la falta de presión, Bang seguía peleando.
No dudó ni entró en pánico pese a estar muriendo.
Simplemente aceptó lo que estaba ocurriendo y siguió intentando matar a Nolan con cada movimiento restante de su cuerpo aún sabiendo que iba a morir antes de lograrlo. Otra secuencia de golpes impactó sobre Omni-Man como una tormenta. Codos, nudillos y palmas golpeando puntos exactos para maximizar daño interno. Nolan sintió órganos sacudirse violentamente dentro suyo mientras seguía sujetando al anciano y empujándolo más lejos de la Tierra.
Porque si Bang lograba siquiera acercarse nuevamente al planeta, aunque fuera cayendo inconsciente dentro de la atmósfera, probablemente sobreviviría, porque así de loco estaba el anciano.
Nolan no podía permitir eso, así que soportó la paliza unilateral. Cada hueso roto, cada impacto, cada fragmento de dolor explotando dentro de su cuerpo mientras aceleraba aún más hacia el vacío profundo. Bang comenzó a ralentizarse, apenas un poco. Los movimientos seguían siendo perfectos técnicamente, pero perdían potencia. El cuerpo humano empezaba finalmente a fallar. Cristales de hielo aparecieron sobre partes de su ropa mientras pequeñas gotas de sangre flotaban congeladas alrededor.
La pelea terminó lejos, muy lejos de la Tierra. Tanto que el planeta ya parecía apenas una esfera azul diminuta suspendida en oscuridad infinita mientras los restos congelados de sangre flotaban alrededor de ambos combatientes como polvo rojo disperso entre estrellas.
Y aun así Bang seguía moviéndose.
Más lento y rígido pero seguía peleando.
Nolan apenas lograba mantener un brazo levantado cuando el anciano apareció frente a él una última vez. Los movimientos de Water Stream Rock Smashing Fist ya no tenían la fluidez perfecta de antes. El frío espacial finalmente había comenzado a congelar músculos, órganos y sangre dentro del cuerpo humano.
Pero el viejo todavía tenía fuerza suficiente para un golpe más, y lo usó perfectamente. Su palma final impactó sobre el pecho de Nolan.
No fue el golpe más fuerte de toda la batalla pero si el más preciso.
El aire inexistente del vacío no transmitió sonido alguno, pero Nolan sintió claramente cómo parte de su tórax colapsaba hacia dentro mientras fragmentos de hueso atravesaban sus últimos órganos no reventados. El impacto lo lanzó varios kilómetros hacia atrás girando lentamente entre oscuridad absoluta.
Dolor.
El peor que había sentido en siglos.
Logró estabilizarse lentamente mientras respiraba con dificultad y observaba hacia adelante otra vez.
Bang seguía allí, flotando inmóvil aún en la posición en la que lanzó su ataque contra el pecho de su enemigo, habiendo roto docenas de sus huesos y hecho colapsar la casi totalidad de sus órganos, incluido el corazón.
Incluso flotando ya sin vida el anciano daba un terror asombroso. El cuerpo humano simplemente alcanzó su límite. El frío absoluto terminó congelando sangre, pulmones y corazón hasta detener todo movimiento. Pequeños cristales cubrían ya partes de su piel y barba mientras el cadáver permanecía suspendido sobre el vacío como una estatua rota.
Pero sus ojos seguían abiertos, y Nolan sintió algo incómodo atravesándole el pecho mucho peor que las fracturas.
Reproche, no miedo u odio, solo decepción.
Bang lo miraba incluso muerto como si estuviera viendo a alguien que pudo ser mejor y eligió convertirse en monstruo. Supo instantáneamente que esa expresión lo acompañaría hasta el final de su vida.
Pero todavía había trabajo que hacer.
La pelea había salido demasiado mal. Partes del traje estaban arrancadas casi completamente y los puños de Bang seguían cubiertos de sangre viltrumita mezclada con fragmentos de tela roja y blanca. Si alguien encontraba el cadáver, si Bofoi lograba recuperar aunque fuera una muestra todo terminaría.
No podía permitirlo, así que reunió las pocas fuerzas que le quedaban y pateó el cuerpo hacia el vacío profundo, alejándolo de cualquier órbita terrestre mientras comenzaba un viaje silencioso e interminable entre oscuridad absoluta de regresó al planeta. Eventualmente los microproyectiles espaciales, radiación y fragmentos errantes terminarían destruyendo el cadáver poco a poco hasta no dejar nada reconocible.
Sin cuerpo, sin mas Silver Fang, sin mas Colmillo de Plata,
Observó desaparecer el pequeño punto blanco durante varios segundos, y finalmente el agotamiento finalmente cayó sobre su alma como una montaña.
Todo el cuerpo le dolía. Costillas rotas, órganos dañados. El cuello seguía parcialmente abierto finalmente comenzaba a pasarle factura.
Lo peor era entender algo aterrador. Bang probablemente podría haberlo matado si hubiese tenido oxígeno ilimitado... Esa idea no dejó de girar dentro de su cabeza mientras lentamente comenzaba a flotar de regreso hacia la Tierra.
Ya no tenía fuerzas para volar como se debía, simplemente se dejó caer y la gravedad hizo el resto. La atmósfera terrestre comenzó a envolverlo poco a poco mientras el calor del reingreso devoraba sangre, restos biológicos y cualquier rastro físico dejado por Bang sobre su cuerpo. Las llamas cubrieron el traje destrozado mientras Nolan cerraba lentamente los ojos. El dolor se sentía extraño, casi relajante. Por primera vez en toda la noche sintió algo parecido a satisfacción.
A ojos de cualquiera podría verse como orgullo o felicidad, pero no era el caso.
La sensación que solo aparece cuando una misión finalmente avanza después de años de espera, pues la Tierra acababa de perder gran parte de sus protectores más poderosos.
Y el Imperio Viltrumita estaba un paso más cerca de la conquista.
