Chapter Text
Era una noche tranquila, las 3 de la mañana para ser exactos, en aquella casa solo había una persona despierta, Nathan, el joven de pelo negro y ojos del mismo color estaba en su escritorio, mirando un libro, tratando de leerlo, o entenderlo, su cerebro no podía más, quería ir a su cama de una vez y olvidarse de todo, dormir y descansar
Joder...–suspira Nathan mientras termina su café- Supongo que me tocará ir a por más café -comentó mientras se levantaba e iba a la cocina
En la cocina Nathan volvió a hacer café con mucho cuidado, debido a que no quería despertar a sus padres ni a su hermanito Nil
Cuando los pies del de los ojos negros tocó el suelo de la cocina, se sorprendió de ver a su hermanito pequeño ahí. ¿No se suponía que tenía que estar dormido?– ¿Qué haces?– preguntó Nathan, su hermano no tenía ningún motivo para estar despierto a estas horas de la noche, ¿será que lo había despertado? y si eso fuera verdad, ¿Cómo lo hizo? –N-no estaba haciendo nada malo, lo prometo, solamente tenía hambre y... como no podía dormir, fui a la cocina- dijo su hermano Nil, mirando con un poco de miedo a su hermano mayor
De repente la puerta principal de la casa se abrió, y entró el padre de los hermanos, Nate, este no era capaz de mantenerse en pie, tenía la cara roja y los ojos llenos de lágrimas. Cuando los hermanos vieron a su padre, no dudaron en ir a socorrerlo y llevarlo a su cama con mucho cuidado de no despertar a su madre, lo arroparon y le desearon buenas noches.
–¿Y tú qué hacías en la cocina? –Ahora el turno de hacer preguntas era del menor de los hermanos, después de salir de la habitación de sus padres, hasta que se dio cuenta - Deberías dejar de tomar café, vete a dormir, estás en ese punto donde no puedes ni leer ni entender a la vez –Nathan solamente le dio las buenas noches e hizo caso a su hermanito, se acostó en cama, cerró los ojos y reflexionó sobre lo que pasó hoy en su día -Vaya mierda de vida, dudo volver a sonreír como lo hacía antes…
Volver al internado, volver a la rutina, volver a alejarse de su hermano y su padre. Todo se sentía distópico, lo único, y tristemente, bueno de volver al internado, era que no volvería a ver a su madre, no de nuevo, no volvería a escuchar los gritos, no volvería a ver los objetos destrozados después de una discusión, solo volvería a un pequeño cuarto lo suficientemente amplio como para que cuatro seres vivos puedan convivir en paz.
Miró la maleta hecha, llena de ropa y uniformes, después el escritorio con sus tareas de refuerzo de lengua e inglés. Mientras observaba detenidamente cada cosa, cada detalle, una pequeña lágrima rebelde salía de su ojo y bajaba lentamente por su mejilla, como si quisiera acariciar la cara del muchacho
Mañana vuelve la rutina –Dijo en voz baja el pelinegro, mientras, en el fondo, deseaba que nada de eso empezara.
