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La tarde caía despacio sobre la universidad, derramándose entre los edificios de concreto y vidrio como miel tibia. El cielo estaba teñido de naranjas apagados y rosas suaves, y el viento arrastraba olor a café recalentado, cigarro y pasto húmedo. Era esa clase de hora donde los estudiantes empezaban a abandonar las aulas en grupos ruidosos, donde las risas rebotaban por el patio central y las luces de las ventanas comenzaban a encenderse una por una.
Y en medio de todo aquello, sentado sobre una de las bancas de cemento bajo un árbol demasiado viejo, Senku Ishigami estaba completamente harto.
O eso decía.
Tenía los brazos cruzados con firmeza defensiva, una expresión de funeral permanente y una lata de café aplastada entre los dedos. La golpeaba contra su rodilla con impaciencia mientras sus amigos lo observaban con una mezcla de resignación y agotamiento absoluto.
Porque cuando Senku empezaba una conversación con un:
—Necesito que escuchen algo.
Todos sabían exactamente lo que venía después.
Otra sesión de quejas sobre su novio.
Chrome dejó escapar un suspiro cansado antes incluso de que Senku hablara. Kohaku tenía la cabeza apoyada sobre una mano, mirando al vacío como quien ya conocía el guion completo. Yuzuriha Ogawa removía tranquilamente su bebida mientras intentaba aparentar paciencia. Y Ryusui Nanami sonreía con esa expresión de hombre que encontraba la desgracia ajena increíblemente entretenida.
Porque el novio de Senku era, por supuesto, Gen Asagiri.
El gran misterio de la universidad.
Nadie entendía cómo demonios había ocurrido.
Nadie.
Porque Gen Asagiri no era simplemente popular. Era ridículamente popular. El omega dominante más deseado del campus entero. El estudiante estrella de psicología. El chico que podía entrar a un salón lleno de desconocidos y salir veinte minutos después con cinco números de teléfono, una invitación a una fiesta y alguien dispuesto a hacerle la tarea.
Hermoso de esa forma irritante que parecía hecha específicamente para provocar problemas.
Demasiado elegante.
Demasiado carismático.
Demasiado consciente del efecto que tenía sobre la gente.
Y luego estaba Senku.
Un alfa recesivo simplón, obsesionado con la ciencia, con cero habilidades sociales, cara de pocos amigos y la sensibilidad romántica de una piedra mojada.
Era incomprensible.
Había teorías enteras circulando por la universidad sobre cómo habían empezado a salir.
Que Gen perdió una apuesta.
Que Senku lo chantajeó.
Que Gen estaba haciendo un experimento psicológico.
Que era un fetiche raro.
Que Senku era increíble en la cama.
Que Gen tenía pésimo gusto.
Nadie tenía una respuesta real.
Ni siquiera sus amigos.
—Estoy harto de él —declaró Senku finalmente, con voz grave y cansada.
Ryusui soltó una carcajada.
—Claro que sí.
Senku lo ignoró.
—No, en serio. Estoy hasta la mierda de Gen.
Y entonces empezó.
El desfile de agravios.
—Coquetea demasiado —gruñó Senku—. Literalmente demasiado. No puede existir tranquilo cinco minutos.
—¿“Coquetear” significa ser amable? —preguntó Yuzuriha.
—No. Significa que el maldito le sonríe a la gente como si estuviera audicionando para romper matrimonios.
Chrome resopló, tratando de no reírse.
Senku continuó, cada vez más indignado.
—Y sonríe demasiado. Todo el tiempo está sonriendo. ¿Qué clase de persona sonríe tanto? El otro día un idiota chocó contra él y Gen le pidió disculpas al tipo. Encima le sonrió. El imbécil casi se enamora ahí mismo.
—Qué tragedia —murmuró Kohaku.
—Lo es.
Senku levantó un dedo acusador, completamente serio.
—Y fuma solo porque cree que se ve atractivo haciéndolo.
—¿Y se ve atractivo? —preguntó Ryusui, divertido.
Senku tardó dos segundos demasiado largos en responder.
—Ese no es el punto.
Todos se rieron.
—Además mastica chicle haciendo ruido solo para fastidiarme. Lo hace a propósito. Me mira directo a los ojos mientras mastica como vaca infernal.
Y aun así, mientras hablaba, Senku parecía recordar demasiado bien la escena.
La curva burlona de la sonrisa de Gen.
El humo escapando lento entre sus labios.
Los dedos llenos de anillos sosteniendo el cigarro.
Las piernas largas cruzadas sobre el escritorio.
Como si cada cosa que supuestamente odiaba estuviera grabada con precisión enfermiza en su cabeza.
—Baila en los pasillos —continuó Senku, horrorizado—. Porque sí. Porque escucha música en su cabeza o quién sabe qué demonios.
—Eso suena adorable —dijo Yuzuriha.
—No lo es cuando medio campus se le queda mirando el trasero.
Chrome casi se atragantó de la risa.
—¡Ajá! —Senku señaló a todos como si hubiera demostrado algo importante—. ¡Ese es otro problema! Siempre termina rodeado de gente. Siempre. Voy a recogerlo después de clases y hay alfas pegados a él como moscas.
—Tal vez porque Gen es sociable y tú das miedo —comentó Kohaku.
—No doy miedo.
Todos lo miraron en silencio.
Senku frunció el ceño.
—Como sea.
El viento movió las hojas sobre ellos mientras la tarde seguía muriendo lentamente alrededor del campus. A lo lejos podían escucharse pelotas rebotando en las canchas deportivas y música saliendo de algún salón abierto.
Y Senku seguía desahogándose como un hombre al borde del colapso.
—Y se pone ropa ajustada solo para provocar.
—Oh, volvimos a este tema —murmuró Ryusui encantado.
—El otro día apareció con un pantalón tan ajustado que casi mato a tres sujetos en la cafetería.
—¿Los mataste?
—No… porque Gen me agarró de la mano y me dijo “amor, compórtate”.
Chrome ya estaba llorando de risa.
—¡Y vive haciéndome celar! —continuó Senku—. Le encanta inventarse cosas. “mi querido Senku, ese alfa de tercer año me dijo que soy lindo”. “Ay cariño, me invitaron a salir otra vez”. “Ay Senku…”
Imitó la voz de Gen con tanta precisión que todos terminaron riéndose más fuerte.
—Y después actúa inocente. Siempre actúa inocente. El maldito disfruta verme sufrir.
—Quizá porque tus reacciones son graciosas —dijo Kohaku.
—No son graciosas.
—Senku, una vez amenazaste con lanzar un microscopio porque alguien abrazó a Gen.
—Porque lo abrazó demasiado tiempo.
Ryusui ya ni intentaba contenerse.
—También le encanta humillarme públicamente —siguió Senku—. El otro día se sentó en mis piernas delante de sus amigos solo porque le dije que dejara de molestar.
Chrome abrió los ojos.
—¿Y lo dejaste sentarse?
—¡Me atrapó!
—¿Y luego?
Senku apartó la mirada.
—Después me acarició el cuello y no pude moverme.
Silencio.
Ryusui soltó una carcajada tan fuerte que varias personas voltearon a verlo.
Senku estaba rojo hasta las orejas.
Pero siguió hablando.
Porque claramente todavía no terminaba.
—Y me hace gastar dinero como si estuviera intentando destruir la economía mundial. Me hace comprarle cualquier estupidez que vea bonita. Velas. Ropa. Postres caros. Plantas que después olvida regar.
—¿No le compraste un bonsai la semana pasada? —preguntó Yuzuriha.
Senku se quedó callado.
—…Se veía triste porque lo estaba mirando en la tienda.
Todos lo observaron en silencio unos segundos.
Y entonces Ryusui sonrió lentamente.
Porque Senku seguía quejándose.
Pero cada palabra sonaba menos a odio y más a la confesión desesperada de un hombre completamente perdido por alguien que le volvía la vida imposible.
Y quizá ese era el verdadero problema.
Que Gen Asagiri era insoportable.
Y aun así, Senku Ishigami parecía incapaz de dejar de mirarlo como si el mundo entero empezara y terminara en él.
—Y además ni siquiera sabe quedarse quieto —continuó Senku Ishigami, frotándose el puente de la nariz como si hablar de Gen Asagiri le estuviera drenando años de vida—. Siempre está moviendo las manos cuando habla. Siempre. Como si estuviera actuando en una obra de teatro permanente.
Pero entonces, inevitablemente, empezó a describirlo.
Que Gen hacía pequeños círculos en el aire cuando intentaba explicar algo.
Que señalaba a la gente con elegancia exagerada.
Que cuando mentía se tocaba apenas los anillos.
Que al emocionarse juntaba las manos contra el pecho sin darse cuenta.
Que cuando estaba cansado se quedaba jugando con las mangas largas de sus suéteres.
Y mientras hablaba, todos en la mesa intercambiaron miradas silenciosas.
Porque nadie memoriza tantos detalles de una persona que supuestamente no soporta.
—Y su risa… dios, su risa es insoportable.
Chrome levantó una ceja.
—¿Insoportable cómo?
Senku resopló.
—Hace diferentes sonidos dependiendo de qué tan divertido le parezca algo. Tiene una risa falsa para cuando quiere caerle bien a alguien. Otra cuando realmente algo le da gracia. Y otra más cuando cree que hizo algo inteligente.
Ryusui ya estaba sonriendo como un imbécil.
—¿Cómo sabes distinguirlas?
Senku abrió la boca.
La cerró.
Y después respondió demasiado rápido:
—Porque vive riéndose.
Pero no era solo eso.
Era la forma en que lo decía.
Como alguien que había pasado demasiadas horas escuchándolo.
Demasiadas tardes observándolo desde el otro lado de una mesa.
Demasiadas noches quedándose despierto solo para oírlo seguir hablando.
Demasiados momentos grabados sin querer en la memoria.
El viento movió suavemente las hojas sobre ellos mientras el campus comenzaba a vaciarse poco a poco.
Y Senku siguió hundiéndose solo.
—Y ni hablar de la ropa que usa —murmuró, claramente indignado otra vez—. Parece que disfruta hacerme miserable.
—¿Porque se viste bien? —preguntó Kohaku.
—Porque sabe exactamente qué ponerse.
Eso llamó la atención de todos.
Senku frunció el ceño, todavía mirando su lata de café aplastada.
—Tiene esos pantalones negros ajustados que le marcan demasiado la cintura. Y después usa cinturones finos porque sabe que hacen que se vea peor.
Ryusui dejó caer la cabeza hacia atrás, muerto de risa.
—“Peor”, dice.
—¡Entiendan el punto! —gruñó Senku, rojo de furia—. El otro día apareció así en la facultad y un alfa chocó contra una puerta por quedarse mirándolo.
Chrome ya estaba apoyando la cara sobre la mesa para no reírse tan fuerte.
Y aun así, Senku continuó.
Porque no podía detenerse.
—También usa perfumes distintos dependiendo de adónde va.
Silencio.
Yuzuriha parpadeó.
—…¿Cómo sabes eso?
—Porque sí.
—Senku.
Él chasqueó la lengua, fastidiado.
—Cuando sale conmigo usa uno más suave. Huele dulce. Como vainilla o algo así. Pero cuando tiene exposiciones o eventos importantes usa otro más fuerte para llamar la atención.
Todos se quedaron mirándolo.
Atónitos.
Porque aquello ya no eran observaciones accidentales.
Aquello era conocer a alguien de memoria.
—Y cambia la voz cuando quiere molestarme —añadió Senku, cada vez más hundido en su propia trampa—. Tiene una voz falsa de niño bueno que usa con los profesores. Otra más seria para sus exposiciones. Pero cuando quiere fastidiarme habla más lento a propósito porque sabe que me desespera.
Ryusui sonrió ampliamente.
—Estás enamoradísimo.
—No estoy enamoradísimo.
—Senku —dijo Chrome entre carcajadas—, acabas de dar una tesis completa sobre el perfume y los patrones vocales de tu novio.
Senku se cruzó de brazos con violencia.
—Porque alguien tiene que soportarlo.
Pero nadie le creyó.
Porque mientras seguía hablando como un hombre agotado por la existencia de Gen Asagiri…
Lo miraba como un hombre completamente perdido por él.
Incluso ahora, mientras se quejaba, sus ojos buscaban a Gen entre la gente del patio casi por instinto.
Como si necesitara verificar dónde estaba.
Como si su cuerpo lo buscara antes que su cabeza.
Como si toda su atención estuviera calibrada únicamente hacia él.
Y entonces Yuzuriha sonrió apenas, con esa ternura suave de quien acaba de entender algo muy simple.
Senku no estaba cansado de Gen.
Senku estaba condenado a Gen.
Y probablemente lo sabía desde hacía mucho tiempo.
La conversación terminó deformándose lentamente en algo peligrosamente parecido a una terapia grupal involuntaria.
El sol ya había descendido más entre los edificios de la universidad, bañando el patio en tonos anaranjados mientras algunos estudiantes cruzaban cerca de ellos cargando mochilas y cafés baratos. El ruido distante de conversaciones, risas y música flotaba alrededor como un murmullo constante.
Y en medio de todo eso, Senku Ishigami seguía sentado con expresión miserable, como si salir con Gen Asagiri fuera una condena científica particularmente cruel.
—Lo que sigo sin entender —dijo finalmente Chrome, inclinándose hacia adelante— es cómo demonios terminaron juntos.
Todos asintieron inmediatamente.
Porque era verdad.
Llevaban seis meses de relación.
Seis.
Y aun así nadie entendía realmente cómo había empezado todo aquello.
Simplemente un día, de la nada, Gen apareció pegado al brazo de Senku en la cafetería principal, sonriendo como un gato satisfecho mientras anunciaba:
—Ah, por cierto, mi querido Senku y yo estamos saliendo
Y Senku, en vez de negarlo o huir, solo había dicho:
—Sí.
Eso había sido todo.
El campus entero casi colapsó por el shock.
Senku soltó un suspiro pesado, fastidiado.
—Eso fue sencillo.
—¿Sencillo? —repitió Ryusui, incrédulo—. La universidad entera hizo teorías conspirativas durante semanas.
—Bueno, fue culpa de Gen.
—¿Cómo que culpa de Gen? —preguntó Kohaku.
Senku bebió un poco de café antes de responder con total naturalidad:
—Él se me declaró primero.
Silencio absoluto.
Chrome abrió tanto los ojos que casi parecían salirse de su cara.
—¿QUÉ?
—¿Gen se te declaró? —preguntó Yuzuriha, sorprendida.
—Sí.
—¿Y como asi aceptaste?
Senku hizo una mueca incómoda, claramente molesto por tener que explicar aquello.
—Salimos una vez al planetario y pasó.
Ryusui se echó a reír inmediatamente.
—Claro. “Pasó”.
Pero Senku siguió hablando, completamente serio.
Contó que realmente todo había empezado meses antes, cuando Gen se le acercó pidiéndole ayuda con estadística porque no entendía absolutamente nada de las clases.
—Lo cual sigue siendo ridículo porque estudia psicología y aun así parece alérgico a los números.
—Tal vez porque tú das miedo cuando explicas —comentó Chrome.
—No doy miedo.
Todos lo ignoraron.
Senku continuó.
Al principio solo estudiaban juntos algunas tardes. Biblioteca. Cafetería. Laboratorios vacíos. Gen aparecía siempre con demasiados colores encima, demasiados accesorios y demasiada facilidad para hablar.
Y lentamente empezó a pegarse a él.
Como humedad.
—Después me pidió ir al planetario porque “necesitaba despejarse” —murmuró Senku.
El viento levantó apenas algunos mechones de su cabello mientras desviaba la mirada, como si recordar aquello lo irritara profundamente.
—Y ahí se me confesó.
Yuzuriha sonrió apenas.
—Eso suena lindo…
—No lo fue.
—Senku.
Él chasqueó la lengua.
—El idiota apareció todo nervioso. Estaba hablando raro. Ni siquiera podía mirarme bien a la cara.
Chrome ya parecía emocionalmente comprometido con la historia.
—¿Y qué te dijo?
Senku tardó unos segundos en responder.
—Dijo que estaba enamorado de mí.
El grupo entero quedó en silencio otra vez.
Porque era demasiado difícil imaginarlo.
Gen, normalmente insoportable de seguro, manipulador y burlón… poniéndose nervioso por alguien.
Por Senku.
—Y entonces… —empezó Ryusui, sonriendo como depredador oliendo sangre— ¿qué pasó después?
Senku frunció el ceño, claramente incómodo.
—Nada. Le dije que sí.
—¿ASÍ NOMÁS?
—Bueno, ¿qué querían que hiciera?
Chrome lo señaló acusadoramente.
—¡Eso es importantísimo!
—No lo es.
—¡Gen Asagiri, el omega más deseado de la universidad, se te confesó en un planetario y tú crees que no es importante!
Senku apartó la mirada, cada vez más rojo.
—Es que se veía demasiado… no sé… inocente.
Todos se quedaron callados.
Aquello sonó peligrosamente suave viniendo de él.
—Parecía que si le decía que no iba a llorar —gruñó Senku, avergonzado—. Así que acepté.
Ryusui soltó una carcajada brutal.
—Dios, estás condenado.
—Cállate.
Y entonces, lentamente, la conversación empezó a convertirse en algo mucho más ridículo.
Porque entre quejas, confesiones accidentales y observaciones obsesivamente detalladas, sus amigos comenzaron a actuar como terapeutas improvisados intentando solucionar el supuesto sufrimiento romántico de Senku.
—Entonces dile directamente lo que te molesta —propuso Chrome.
Senku bufó.
—Ya lo hice.
—¿Y qué pasó?
—Me besó para callarme.
Silencio.
Ryusui empezó a reír tan fuerte que casi se cae de la banca.
Kohaku rodó los ojos.
—Entonces deja de seguirlo a todas partes.
Senku se enderezó inmediatamente, indignado.
—¿Y dejarlo solo con todos esos alfas imbéciles? Ni muerto.
—Senku… tú eres un alfa.
—Yo sí tengo cerebro… además yo soy su novio.
Yuzuriha intentó intervenir con voz tranquila:
—Quizá Gen solo necesita más atención emocional.
—Le doy atención emocional —replicó Senku automáticamente.
Todos se quedaron quietos.
Porque lo dijo demasiado rápido.
Demasiado natural.
Ryusui sonrió lentamente, cruelmente divertido.
—¿Desde cuándo eres capaz de dar atención emocional?
Senku lo miró como si la respuesta fuera obvia.
—Le preparo coca-cola casera como le gusta cuando está estresado.
Silencio otra vez.
Porque para cualquier otra persona aquello habría parecido un gesto pequeño.
Pero Senku Ishigami haciendo algo así…
Era prácticamente una propuesta de matrimonio.
Chrome ya tenía la cabeza apoyada contra la mesa, derrotado por la risa.
Y aun así Senku seguía hablando, completamente inconsciente de cómo sonaba.
Contó cómo Gen se le acurrucaba encima mientras estudiaban porque “según él piensa mejor así”.
Cómo le robaba sudaderas constantemente.
Cómo le mandaba fotos provocativas solo para distraerlo durante clases.
Cómo buscaba su mano debajo de la mesa sin siquiera mirarlo.
Cómo siempre intentaba sentarse sobre sus piernas.
Cómo lo llamaba “mi alfa” delante de todo el mundo solo para verlo furioso.
—Y después se ríe —gruñó Senku—. El maldito siempre se ríe porque sabe exactamente lo que está haciendo.
—Ajá —dijo Kohaku, claramente disfrutando demasiado de aquello.
—El otro día literalmente se acostó encima mío en la biblioteca porque “estaba cansado”.
—Qué horror.
—No podía moverme.
—Pobrecito.
—Y todos nos miraban.
Ryusui sonrió ampliamente.
—¿Y lo quitaste de encima?
Senku guardó silencio.
Ese silencio lo dijo todo.
Porque cada vez que intentaba sonar fastidiado…
Terminaba sonando territorial.
Celoso.
Devoto.
Como un hombre que llevaba meses perdiendo la cabeza por alguien y todavía no terminaba de aceptar que probablemente jamás volvería a recuperarla.
Después de casi dos horas completas escuchando quejas que claramente no eran quejas, el grupo entero finalmente llegó al límite.
La noche había empezado a caer sobre la universidad. Las luces del patio ya estaban encendidas, bañando las mesas y caminos de cemento en tonos dorados suaves. El aire era más frío ahora, y el bullicio estudiantil comenzaba a apagarse poco a poco conforme las clases terminaban y los edificios se vaciaban.
Pero Senku Ishigami seguía hablando de Gen Asagiri como un hombre que había sido puesto en esta tierra únicamente para sufrir.
—Y luego el idiota me manda fotos desde clase porque “me extraña” aunque literalmente nos vimos hace dos horas —gruñó Senku—. ¿Quién hace eso?
Chrome lo miró fijamente durante varios segundos.
Después dejó escapar un suspiro largo. Derrotado.
—Entonces termina con él.
El mundo pareció detenerse.
Senku se quedó completamente helado.
Pálido.
Como si Chrome acabara de sugerirle cometer un crimen federal.
El viento movió apenas algunos mechones verdosos sobre su frente mientras lentamente levantaba la mirada.
—¿…Qué?
Kohaku asintió, fingiendo absoluta seriedad.
—Sí. Si todo está tan mal, déjalo.
—Exacto —añadió Ryusui, apoyando el mentón sobre una mano mientras sonreía con crueldad divertida—. Libérate del problema, científico.
Yuzuriha incluso intentó sonar suave, aunque claramente estaba conteniendo la risa.
—No deberías estar en una relación que te hace tan infeliz…
Y ahí ocurrió el verdadero quiebre de la historia.
Porque la reacción de Senku fue inmediata.
Visceral.
Indignada.
Como si acabaran de decir la peor barbaridad imaginable.
—¿Terminar con Gen? ¿Qué demonios les pasa?
Todos guardaron silencio automáticamente.
Porque ahí estaba.
Finalmente.
La confesión emocional que llevaban dos horas esperando.
Chrome incluso se inclinó apenas hacia adelante, expectante.
Esperaban que Senku dijera que Gen lo entendía.
Que era importante para él.
Que lo amaba por quien era.
Que no podía imaginar su vida sin él.
Esperaban un discurso enorme.
Algo dramático.
Algo romántico.
Pero Senku solo apartó la mirada de golpe.
Rojo hasta las orejas.
Completamente avergonzado de sí mismo.
Y después de varios segundos eternos de silencio incómodo, murmuró con voz baja y firme:
—Yo nunca terminaré con Gen, tengan eso muy claro… jamás dejaré que otro alfa se lo lleve… ya soporté demasiado como para tirar todo mi esfuerzo por la borda.
Chrome abrió los ojos lentamente.
Ryusui parecía a punto de morir de risa.
Y Senku, todavía rojo, todavía mirando hacia otro lado, terminó de hablar casi entre dientes:
—Porque… lo peor de todo… es que lo amo.
Silencio absoluto.
Un silencio tan brutal que incluso el ruido lejano del campus pareció desaparecer por un segundo.
Y entonces Ryusui soltó una carcajada tan fuerte que varias personas voltearon a mirar.
Chrome empezó a golpear la mesa riéndose.
Kohaku directamente se tapó la cara.
Yuzuriha soltó un “awww” tan sincero que Senku quiso evaporarse ahí mismo.
—Cállense —gruñó él, hundiéndose más en su asiento.
—¡Dios mío, estás obsesionado! —rió Chrome.
—“No dejaré que otro alfa se lo lleve”, ¿escucharon eso? —dijo Ryusui, encantado—. Senku, eso sonó peligrosamente territorial.
—¡Porque lo es!
Senku estaba a punto de responder algo cuando, de pronto, el grupo entero notó un cambio en él.
Porque sus ojos dejaron de enfocarlos.
Y automáticamente miraron hacia la entrada principal del edificio de psicología.
Entonces entendieron.
Ese imbécil no había estado desahogándose durante dos horas, había estado haciendo tiempo. Esperando la salida de clases de su novio. Ninguno de ellos se había dado cuenta hasta ese momento.
Y entonces apareció Gen Asagiri. Hermoso. Ridículamente hermoso.
Con el uniforme universitario de psicología ligeramente desordenado, el bolso colgando de un hombro y una sonrisa lenta extendiéndose sobre sus labios mientras mascaba chicle con descarada tranquilidad.
Algunas personas giraban a verlo mientras caminaba por el patio.
Por supuesto que lo hacían.
Gen brillaba demasiado para pasar desapercibido.
Y lo peor de todo…
Era que claramente había escuchado.
Porque apenas sus ojos encontraron a Senku, su sonrisa se volvió todavía más satisfecha.
Más suave.
Más feliz.
—Cariño
Senku se tensó inmediatamente.
—No me digas así delante de ellos.
Gen ni siquiera fingió vergüenza.
Simplemente llegó hasta él, inclinándose apenas hacia adelante con descaro absoluto.
Y lo besó profundo.
Lento al inicio, solo un roce suficiente para hacer que Chrome casi gritara del shock.
Pero entonces Senku respondió de inmediato sin dudar, no solo respondió. Fue él quien tomó el control.
Sujetó a Gen de la cintura con firmeza y profundizó el beso de golpe, como si hubiera olvidado completamente que estaban en medio del patio universitario y rodeados de espectadores horrorizados.
Ryusui soltó un:
—OH, POR EL AMOR DE DIOS.
Kohaku se cubrió la cara.
Yuzuriha estaba roja hasta las orejas.
Chrome parecía estar atravesando una experiencia religiosa.
Porque aquello ya no era un beso casual.
Aquello era la demostración pública de dos personas absurdamente enamoradas.
Cuando finalmente se separaron, Gen tenía una sonrisa satisfecha y las mejillas apenas sonrojadas.
Senku, en cambio, seguía sujetándolo por la cintura como si soltarlo fuera una posibilidad ridícula.
—Hola chicos —saludó Gen con total normalidad, como si no acabara de destruir la estabilidad emocional del grupo entero.
Ryusui empezó a reír otra vez.
Chrome señaló directamente a Senku.
—No tiene salvación.
—Ninguna —confirmó Kohaku.
Y Gen, todavía pegado al cuerpo de Senku, sonrió dulcemente antes de apoyar la cabeza sobre su hombro.
Mientras Senku, el hombre que llevaba dos horas quejándose de él…
Lo abrazaba de vuelta casi por reflejo.
