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Ser amado.

Summary:

Ser amado por Severus Snape es como ser amado por la sombra misma.
¿Que mejor forma de amar una sombra que apagando la luz?

o

 

Klaus Mulciber es una persona grande. Física y sentimentalmente grande, perdido en pensamiento, analiza como se siente ser amado por un ser tan sombrío como Severus, como puede el silencio puede ser tan amoroso y el aprecio tan claro en cada acción.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La noche es tranquila, quieta y callada, un poco fría y con un viento casi molesto, aun así, Klaus da un suspiro alegre, su cuerpo relajado y laxo, cómodo. Justo ahora no tiene prisa ni deseo de moverse un milímetro, no cuando está tan cómodo, cálido y contento donde está.

Pero las suaves cobijas de costosa tela no es lo que mantiene a Klaus cálido y cómodo. No, la razón de casual alegría es el peso que está acurrucado a su lado.

Mira hacia el techo, debería estar dormido, pero a veces se despierta una hora antes de la alarma y tiene tiempo para pensar, de perderse en las ideas y conceptos que prefiere ignorar durante el día. Ahora no es diferente, pues los últimos días han sido seguidos por una especifica burbuja que flota terca ante el más mínimo detalle.

Klaus Mulciber es una persona, por decir una palabra, grande.

Independiente de su altura y fuerza física, todo en su mundo siempre ha sido grande. Es ruidoso, es exigente y comanda atención a voluntad, disfruta del lujo y del gasto de dinero continuo. Disfruta de tener la atención del mundo, sonreír y hacer a más de una suspirar, le gusta golpear y que el rival caiga en un instante, le gusta meterse en las ramificaciones más oscuras de la magia por completo de un solo, le gusta llevar las cosas hasta las ultimas consecuencias. Le gusta hacer las cosas en grande, ya sea ganar un partido de Quidditch, o perder una apuesta, pelear entre los pasillos o discutir en la dirección, ayudar a sus amigos en cuestionables decisiones o guardar un rencor menor por años, es indiferente, todo lo que hace, lo hace a lo grande, tan grande que las olas de lo que sucedió aun causan susurros incluso años después.

Y cuando ama, lo hace en grande.

Por eso, cuando comenzó una relación con Severus, estaba listo para negociar.  

Verus es, por decir una palabra, sombrío.

Camina con un silencio envidiable para un fantasma, se pierde entre los rincones más oscuros con familiaridad practicada, invoca maldiciones y maleficios con una soltura casi liquida, dice poco y lo poco que dice es letal. Ha visto en tiempo real sus constantes intentos para integrarse, es accidentado y constantemente malinterpretado, no ayuda ser el eterno blanco de humillaciones y burlas, menos cuando sentarse a su lado es suficiente razón para que la burla se contagie. Desolado y encerrado en su mente, Verus fue una presencia enigmática, misteriosa y sombría en el fondo del salón. Eso sería si Klaus no lo hubiera visto desarmar a Potter, maldecir a Black, petrificar a Pettegrew y casi noquear a Lupin para después darse a la fuga.

La primera vez que estuvieron en proximidad, fue esa misma vez, cuando un profesor estaba por atrapar a Verus y fue Klaus quien lo sujeto del brazo para meter a ambos a un armario.

Verus es desconfiado, en ese entonces y ahora, Klaus lo compara con un gato negro, erizado, siseando y mostrando sus dientes y lanzando zarpazos en esperanza de que el peligro lo deje en paz.

No puede explicar con muchas palabras como fue, solo que la intriga, curiosidad e interés fueron inmediatos, la enfermiza admiración por ser capaz de ganar un cuatro vs uno con hechizos tan fuertes y desconocidos, la intriga por saber que más puede hacer, la curiosidad de saber más de este chico que es tan peligroso, pero se esconde del ojo humano, y el interés de descifrarlo. En esa ocasión, Verus siseó un “gracias” y escapó apenas los pasillos se vaciaron, sin darle a Klaus oportunidad de decir o hacer nada, pero sin saber qué tipo de atención se llevó consigo.

Si algo tiene claro Klaus, es que ningún ser disfruta de ser acorralado.  

Lento, constante casi calculado, con suficiente distancia para que Verus huyera cada que la tensión se volvía demasiada. Tomó tiempo, suavizar las defensas de Verus, sobrepasar su desconfianza y animarlo a salir de su cascaron, un proceso en extremo especifico, porque el más mínimo comentario equivocado, causaba que Verus se retrajera de nuevo.

Klaus jamás olvidara la primera vez que Verus rio con libertad a su lado. Una risa real, genuina y suave, con un brillo especial en los ojos negros, un brillo de vida y calma, simple alegría. Fugaz, efímero, y tan placentero.

Klaus es grande, y sus sentimientos son enormes, así que ser casi aplastado por la alegría, ansiedad y extraño anhelo, su corazón latiendo tan rápido que dolía y a tres sonrisas de una taquicardia, hizo demasiado fácil darse cuenta.

Lo que no esperaba es que fuera Severus el primero en decirlo.

En el laboratorio de pociones, donde Severus estaba trabajando en un proyecto personal con permiso especial de Slughorn, Klaus estaba ahí de chismoso y resulta que Verus es receptivo a una charla si esta cortando ingredientes. Bromas estúpidas y casuales insultos a medio alumnado de Hogwarts son suficientes para divertir a Verus, la charla es un desastre de temas e ideas, ninguno tiene especial prisa por ponerle orden.

Pero mientras hablan de como es que Taylor esta jodido porque Brown tiene su vista en él, Verus baja el cuchillo y ve directamente al alma de Klaus.

—Te jodiste, me gustas, Klaus.

—Bueno, nunca había estado tan feliz de estar jodido, Verus

Sí, no como lo había planeado, pero no menos placentero.

Es ahí donde comienza la laguna mental en la que Klaus nada sin pensar ni querer respirar.

Pensaba muchas cosas cuando la relación comenzó, cuando Verus cortó la distancia y el mundo de Klaus explotó con un beso casi tímido que terminó por arrancarles el oxigeno a ambos, y eso que saben respirar por la nariz. La mitad de esas cosas están encerradas en un cofre al fondo de su mente en esperanza de que ni Merlín pueda verlas o se arriesga a que lo internen por precoz. La otra mitad estaba en que pasaría de ahora en adelante, las cosas, obviamente, cambiaron, ¿pero que detalles y ramificaciones llevaría eso?

La relación que tienen la personas es un reflejo directo de si mismas, desde el modo en que perciben a sus seres amados hasta el como perciben el mundo. Verus es un enigma en un día tranquilo y un fantasma en uno malo. No es duda ni inseguridad lo que pensó Klaus, no, fue intriga y deseo de ser el receptor a una nueva faceta del misterioso azabache, y el como esa faceta se sostendría con los modos de Klaus.

Podría haberse asomado a las otras relaciones de Verus para comenzar a darse una idea y aun así habría sido igual de interesante, increíble y emocionante el descubrirlo por sí mismo paso a paso.

Porque ser amado por Verus es como ser amado por las sombras mismas.

Tan silencioso como sus pasos al caminar, le es tan fácil llegar a los rincones más oscuros del mismo Klaus y acomodarse ahí, fluye con su humor y deseos con tanta facilidad que a ojos ajenos pareciera que no tiene voluntad. Pero es tan diferente. Mierda, casi puede ver el porque esa pelirroja dejo de verlo y pensó que no estaba ahí.

Reiterando, Klaus hace las cosas en grande, y recibir un amor tan silencioso como este es…. Tan gratificante.

Klaus piensa, analiza cada momento y encuentra ese silencioso amor.

Verus no encuentra placer en estar bajo el reflector, la atención de tantas personas lo pone en estado de alerta y aun trabaja en socializar sin parecer que esta amenazando a la persona que le esta hablando. Y su amor no viene en forma de apodos melosos, ninguno, Verus lo llama por su nombre y solo acepta “Verus” como apodo de cariño, no viene en vistosos besos enfrente de las masas, no viene de cursis regalos o innecesarios poemas, no va en dramáticos gritos ni giros, o suspiros enamorados. No, en lo absoluto, su amor es frío, silencioso, practica y…absoluto.

Porque su amor está en esa inflexión en su voz cuando dice el nombre de Klaus, voz grave, pero relajada, feliz incluso, una caricia al oído, su nombre se convierte en una palabra mágica que hace brillar los ojos de Verus al decirla. El como su espalda y hombros pierden tensión. Es apenas necesario que Klaus este en la misma habitación para que el día de Verus mejore, es sutil ante el mundo, tan obvio ante Klaus, que hace cosquillas en su estomago y podría explotar en las mismas risitas que las de primer año cuando uno de sexto les sonríe en los pasillos. No, nadie tiene que saber de eso.

Su amor también esta en la silenciosa predisposición, es extraño de describir, pero tan fácil de vivir.

Evan puede decirle una teoría razonable sobre trasfiguración de objetos inanimados móviles a Verus y Verus le va a decir que es tremendo pendejo por pensar que eso funcionaría sin explotarle la cara. Pero si Klaus dijo exactamente la misma teoría con un ejemplo aun más exagerado, Verus lo miraría por un par de segundos antes de suspirar y decirle que es imposible y los riesgos que corre.

Edmund intentaría formular una runa que mantenga un cofre cerrado por diez años bajo el mar, y Verus le diría que al paso al que va, mejor se trague lo que quiera poner en el cofre y se hunda porque va a terminar por ahogarse. Pero si Klaus quiere ver cuanto peso puede cargar bajo al agua y nadar a la superficie, Verus le quitaría la caja de las manos y le diría que mejor intente otro ejercicio si quiere trabajar resistencia y cardio. Sí, estaría dispuesto a actuar como peso muerto sobre la espalda de Klaus durante las lagartijas. (Y si esa era la meta de Klaus desde el principio, bueno, ese no es asunto de nadie más que de Klaus).

En palabras de Willhelm, “Severus solo tolera pendejez si es la de Klaus”, a lo cual, auch, pero es correcto. Verus tiene predisposición a que Klaus diga o intente las cosas más estúpidas conocidas por el hombre y aun así contenerse de insultarlo del modo en el que lo haría con cualquier otro ser humano. Verus siempre escucha, ahí esta otra parte

Klaus es apasionado en lo que le gusta, es apasionado en las Artes Oscuras, en el Quidditch, y, por increíble que parezca, en la Historia de la Magia, no solo de Inglaterra, no, claro que no. Le interesa saber todo de todas las civilizaciones mágicas, las propias practicas y rituales olvidados o mejorados, le interesa saber la cultura mágica de cada país, le interesa lo que se perdió y lo que se recuperó, lo que esta preservado y lo que sigue creciendo. No es mero morbo, es todo un universo dentro de un mundo. Klaus podría perderse hablando sobre la influencia que tienen la Magia Griega en relación con la cosmogonía politeísta sobre las categorizaciones de magias por el ministerio.

Evan se harta fácilmente, Willhelm de adelantado le dice que no está escuchando y Edmund una vez se quedó dormido, bastardo. Crouch solo lo usa como enciclopedia para su tarea y el Black Pequeño tiene la decencia de fingir que algo surgió para escapar de esa charla.

Verus, por otro lado:

—…Pero si comparas los rituales que hacen los Muggles para adorar a Hecate, podrías encontrar que sus ofrendas y altares son similares a los círculos de encantación, las ofrendas son casi los mismos ingredientes necesarios para una base de reconocimiento, si sumas los sacrificios de sangre, es la receta de un escudo noctambulo. Claro que, sin la magia para juntar, el ritual no puede completarse y la protección esta fragmentada, los objetos y personas bajo… Lo siento, solo me preguntaste si las raíces negractas eran usadas en Grecia o en Roma.

Klaus termina de guardar sus cosas en su baúl y voltea, listo para encontrar a un adormilado Verus, aburrido de su vomito verbal. Pero lo que encuentra son ojos negros, completamente abiertos, despiertos y atentos, la silla de su escritorio volteada para quedar de frente a Klaus. Verus ladea la cabeza y frunce un poco el ceño.

—Sí, lo tengo. ¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Qué pasa con los objetos y personas que caen bajo la protección fragmentada por la falta de unión mágica entre los ingredientes y como la adoración griega a Hecate se conecta con los escudos más controlados, casi prohibidos, del Ministerio?

—¿Tú…quieres escuchar más?

—Obviamente. Continua. Ahora.

La sonrisa de Klaus en ese momento podría haberle enchuecado la cara para siempre.

Verus le estaba prestando atención. Mucha atención. Le puede repetir varias cosas y puntos de todo lo que acaba de decir sin ningún problema, deseoso de oír más. Sabe que Verus no es un entusiasta de la Historia de la Magia, algo sobre recuerdos amargos, pero escucha con atención lo que dice Klaus con una atención comparable a la que pone en pociones. No solo en esa ocasión.

Klaus puede hablar y hablar sobre sus teorías y descubrimientos, aplicar sus conocimientos para encontrar mejores materiales de estudio y Verus absorbería cada palabra. Siempre, no importa el momento o la hora, Verus escucha, escucha con atención y recuerda lo dicho para mencionarlo después. Klaus lo nota; Verus es experto en ignorar al mundo entero, pero sabe cómo hacerte sentir visto y escuchado.

Verus escucha lo que Klaus dice, pero también lo que no.

Es ahí cuando su amor silencioso es una venda en una herida.

Klaus tiene una vida fácil, MUY fácil. Tiene un destino al que aspirar, un legado que tomar, tanto dinero como para vivir diez vidas sin preocupaciones y una cómoda situación de vivencia. Pero a veces… muy pocas veces, es tan fácil que se siente… vacío.

Es raro, no lo habla ni con su propia mente, no debe, porque cuando lo hace, todo se vuelve amargo. Porque se ve exactamente igual a todos los otros sangre puras, ¿A eso se encamina su vida? ¿A ser solo otro millonario más con una vida basada en trabajar y producir a otro cabrón que tome su lugar? ¿Casarse con una mujer que apenas y lo tolere para tener aun más dinero y renombre? Sí, sí, el poder es divertido y todo, pero llega un punto en que todo es tan fácil que no es divertido. ¿De que sirve que practique tanto en ser un deportista decente si de todos modos lo van a seleccionar para tener el futuro Lord Mulciber contento? ¿De que sirve que deje su alma en los pergaminos de Historia de la Magia si de todos modos va a conseguir una nota perfecta porque los maestros están asustados de hacer enojar a sus padres? ¿De que mierda sirve tan siquiera intentar ser más cuando nada cambia al serlo?

La victoria perpetua se vuelve amarga cuando te das cuenta de que, lo que menos importa, es si realmente te esforzaste o lo querías. Renombre sin intención es solo vacío.

Puede cambiar su personalidad, no afectara en nada. Puede cambiar su apariencia, le dirán que se ve increíble. Es privilegio, lo tiene bien claro, pero hay veces en que tener tanto te deja con una nada dentro desagradable, porque si tu valor esta en el oro, entonces… ¿Para que tiene un corazón que late? ¿Para que intentar ser más? ¿Por qué quiere una vida que el mundo ya decidió que debe tener?

Ni siquiera se trata de si siempre habrá alguien más grandes, mas fuerte, mas inteligente, mas hábil, mas rápido, más guapo, más carismático. No, se trata en si tan siquiera vale la pena.

¿Vale la pena ser Klaus cuando ya es Mulciber?

Su enfermizo sentido de competencia es una venda delgada, el armarse de tanta magia negra como pueda le otorga poder sobre su persona, porque ese poder es suyo y nada más. Puede pelear y hacer a otros sangrar, es fuerte, eso es claro, nadie se mete en su camino por el miedo a hacerlo enojar, es fácil disfrutar de ese poder. Pero frente a lo cotidiano y mundano, frente a lo que ni siquiera quiere o quiere demasiado, el ser fuerte trabaja en su contra y las Artes Oscura nada pueden hacer contra el vacío si no es agrandarlo. Se siente ridículo sufrir por algo así. No debería doler como duele, no debería ni siquiera pensarlo, debería solo ser feliz con su dinero y ya. Pero es una semilla de plaga que crece y crece con cada día en que decide solo firmar con “Mulciber” los trabajos que entrega.

A veces quiere probarse a sí mismo que sí importa, y a veces, eso es peor:

Los papeles entre sus dedos se arrugan por la fuerza con la que son sostenidos. Tres materias diferentes, tres pruebas diferentes y tres resultados iguales. Las notas de “Excelente” en cada una se burlan de él, su propio apellido, escrito sin nombre delante, es la carcajada en el fondo de su amargo pensar, así como los errores intencionales en cada uno de los pergaminos.

No errores normales, no errores de lógica u ortografía, ni ninguno sencillo de hacer. No, fue fuera de su camino para hacer una atrocidad lógica, estos tres pergaminos son casi bodrios, a cuatro faltas de ortografía de ser considerados un crimen contra la inteligencia juvenil. Comenzó con errores simples que después fueron hilándose para terminar en un desastre sin razonamiento ni lógica y con una conclusión débil y tan estúpida, desafiando tres leyes básicas de la magia. Ni siquiera los de primer año, nacidos de muggle y recién introducidos a la magia, podrían haber escrito esto y pensado que es tan siquiera aceptable.

Y ninguno de ellos recibiría notas perfectas de un profesor por eso.

Lo sabe, y lo confirma, porque no tiene ninguna corrección, ninguna maldita nota a los costados diciéndole “No, idiota, no se puede convertir a un ganso en un pollo asado”, fue una mala idea hacer esa prueba justo después de que Slughorn llamara su poción fallida una “genialidad incomprendida”, porque sea lo que sea que quiso hacer, seguro era brillante.

Porque los Mulciber suelen ser brillantes.

Tiene la mandíbula tensa, sus dientes casi truenan y Klaus explota en un grito de frustración, avienta los papeles y noquea su propio escritorio. Nada importa. Ser alguien no importa, tener una mente no importa, solo es Mulciber, es lo único que importa. La tormenta de dagas en su mente lastima toda su percepción, ambas manos en su cabeza, intenta tomar control, pero no puede, sangra en ese desconocimiento de su persona, en esa falta de sentirse visto. Son pocas las veces que se pierde, y cuando lo hace, no puede detenerse. Es como ahogarse con el aire y cortarse la piel desde adentro.

—¿Y este desastre? —La voz de Verus se escucha lejana, y Klaus se detiene un segundo.

Porque no necesita un punto tan vulnerable mezclándose con otro. Porque no necesita pensar que Verus esta saliendo con un ser sin nombre y solo con un apellido familiar, no necesita pensar que Verus es lo opuesto a Klaus, es un nombre sin apellido, una persona sin historia familiar que marque su vida ante los ojos de los demás. Verus vino de las sombras, y todo lo que es y todo lo que hace es suyo, es propio y es genuino, no es fama familiar, no es un legado que cumplir, es su propia ambición. Verus tiene un nombre que construir alrededor de su identidad. No una identidad que construir alrededor de su nombre.

—Lo limpiare— fuerza su voz a salir, y sabe que salió mal porque Verus voltea con una ceja alzada.

—¿Qué pasa contigo?

—Nada. Ya vuelvo.

No le gusta ser cortante, no con Verus, no así, pero tampoco puede confiar en su lengua cuando esta estresado y perdido en crisis de identidad, lo ultimo que quiere es cometer un desliz tan grande que cause que Verus retraiga todo lo que le ha otorgado, no así. Porque eso terminaría de destrozar a Klaus. No puede lidiar con eso ahora, no ahora. Y no se le ocurre mejor cosa que intentar huir de esto, pelear es su primer instinto siempre, pero esto no es algo que pueda ganar, no contra si mismo. Así que su mejor herramienta es solo salir de esta sofocante evidencia.  

Huye de los pasillos, sale del castillo, no regresa saludos, no reconoce a nadie y usa ser Mulciber para ignorar a los maestros hasta que encuentra un lugar bajo las gradas del estadio. Oscuro, molesto y sin nadie que lo moleste por el momento. ¿Qué va a hacer ahí abajo? Nada.

Solo… nada. Ver el viento soplar, las nubes pasar y el cielo oscurecerse mientras piensa en que Evan va a estar encabronado por el desastre que dejó a su paso. Le toma horas salir de sus tormentas, y duele.

Si hubo una lagrima o veinte, nadie más que la madera puede saberlo. Y si le toma una o dos practicas casi esquizofrénicas el superar la vergüenza y regresar a encarar a Verus después de su cobarde escape, es entre la oscuridad y Klaus.

Huir es vergonzoso, pero regresar con la cola entre las patas es casi humillante. Está listo para que Verus mantenga distancia, para que no le dirija la palabra, incluso está comenzando a planear que frases puede usar para desviar la atención de su reciente berrinche. Porque si bien, está dispuesto a hacerse responsable de su actitud, no quiere sus heridas y patéticas dudas arrastradas a la luz, mucho menos la defensiva agresiva y violenta que viene con sentirse expuesto.

Abre la puerta, y ahí está Verus, sobre su propia cama, leyendo sin preocupaciones hasta que escucha la puerta y alza la mirada. Ojos negros y ojos dorados se encuentran, Klaus abre la boca, pero Verus voltea hacia la cama y escritorio de Klaus. Sabe que debería haber un desastre ahí, no espera que nadie lo haya limpiado, y casi quiere resoplar por que tan justo es el castigo de hacerlo limpiar antes de hablar.

Pero lo que encuentra es su escritorio recogido, sus cosas ordenadas sobre la madera, libros, cuadernos y plumas en perfectas filas y, más importante, los tres malditos pergaminos en el centro.

“Excelente” esta tachado con tinta negra y tiene un “No.”

 Al instante, se acerca y alcanza el primero. Ante sus ojos, el pergamino está circulando en diferentes partes del texto, cada error que hizo remarcado, con notas flotantes a los costados explicando porque está mal. En círculos el momento exacto donde su lógica es tirada por la ventana, retejiendo lo que no tiene sentido con las correcciones antes dichas.

Toda la conclusión borrada en son de una tesis lógica y racional.

Al revisar los otros papeles, los tres tienen lo mismo. Errores remarcados, correcciones y nuevas direcciones, signos de interrogación en los peores lugares del pergamino, notas al final citando sus propias palabras, cosas que Klaus dijo durante discusiones del tema y que eran correctas, contradictorias con lo que escribió. Citas de sus palabras y títulos de los libros que ha leído sobre el tema. Leer cada uno, cada letra y cada centímetro de pergamino, encontrarse un recuerdo de su personalidad tan claro, recordado y plasmado por alguien más, ser reconocido y reprendido por mentir en que sabe y que puede hacer, disecado a la perfección en tres materias diferente.

Pero es lo que está escrito al pie del papel lo que cierra su garganta con un nudo conocido.

“Klaus Mulciber”

Su nombre, escrito con esa perfecta y fina letra, su nombre, reintegrado a su apellido después de que su mentira fue expuesta. Su nombre, escrito por alguien que lo dice con la calidez de mil soles.

Con las palabras hechas un desastre en su lengua, Klaus voltea, ojos casi cristalinos. Verus mira su expresión y cierra su libro, dejándolo en la mesa de noche, antes de decir:

—Mulciber está vacío sin Klaus.

Verus no se queja, no dice nada de hecho, apenas y suelta un jadeo por el impacto, pero su cuerpo cae laxo bajo el peso del de Klaus, con los brazos de este aferrándose a su cintura y el rostro de Klaus sobre su pecho, escondiendo las lagrimas que intentan salir.

Son brazos delgados los que se enrollan en sus hombros, son dedos largos los que se pasean en su cuello y mandíbula con suaves caricias, y es el calor de Verus el que aterriza de nuevo la mente de Klaus a quien es y que tiene. Porque no son los Mulciber los que tienen a Verus, es Klaus. Verus no exige respuestas, no hace preguntas y mucho menos quiere explicaciones, es como si lo supiera con tan solo las pistas dejadas atrás. Klaus no necesita hablar, no quiere en primer lugar, algo extraño para alguien como él, pero esta facilidad para quebrarse en mil pedazos, en sentir perderse entre la nada y el todo, y ser atrapado sin necesidad de más, es nueva, es fría certeza de que vale la pena ser él.

Verus puede irse a los rincones más oscuros de los salones, y encuentra los rincones más oscuros de Klaus, solo para abrazarlos y cuidarlos con la cautela del interés en que Klaus no se quiebre para siempre.

Sí, es un silencio que Klaus nunca pensó necesitar tanto como en esos momentos. Cuida su mente, y, a veces, también su cuerpo.

Los accidentes son comunes en el mundo deportivo, el Quidditch no es excepción, al contrario, es un factor clave a porque demonios hay tantos huesos rotos en la escuela. Duele como un carajo, una poción lo arregla, pero eso no evita quedarse toda una tarde en la enfermería recibiendo las dosis correspondientes para sanar sin forzar el cuerpo o desmayarse por la cantidad de energía para el proceso.

Klaus no es inmune a hacer estupideces o cometer errores, tampoco a romperse uno o dos huesos. Y, mucho menos, a hacerlo el problema de todos.

Cuando despierta de su siesta, el techo de la enfermería es lo primero que ve. Resopla, irritado de antemano, porque nada es peor que estar en soledad con nada que matar el tiempo, Evan va a estar persiguiendo a Crouch, Bertram a Shafiq, Willhelm en la pendeja con Edmund y Talkalot estará con Vanity planeando una estrategia que les impida una caída como la que sufrió Klaus.

—Estoy justo aquí, deja de hacer berrinche apenas despiertas.

Klaus voltea tan rápido que ahora tiene un problema en el cuello, pero no importa, porque Verus se levanta de la silla donde estaba y se acerca a la camilla. Con una naturalidad nueva, sirve un vaso de agua y deja caer un gotero de medicina en el agua antes de extendérselo a Klaus.

—Sinsabor. Debería ayudar con el entumecimiento. No lo bebas muy rápido.

Instrucciones cortas y al punto, pero pensadas. Porque Promfey no receta nada para el entumecimiento residual de la poción crece-huesos a menos que el estudiante casi le ruegue. Hay tinte amargo a que Verus sepa que tan fuerte, que tan molesto e intenso por cuales, y cuantos huesos se rompen, no lo sabe por un libro.

Klaus acepta el vaso y toma apenas un trago, es refrescante. Verus aprovecha el momento para darle un vistazo a su brazo, aun vendado. Prueba la movilidad con precisión, Klaus lo deja mover sus dedos a como quiera, levantarlo y bajarlo, de todos modos, solo necesita hacer una ligera mueca cuando el dolor regresa y Verus se detiene por completo, dejando un pequeño masaje en la extremidad a modo de disculpa.

­—­… ¿Qué haces aquí, Verus? Odias este lugar.

El mismo Verus se lo dijo, la enfermería es el escenario de sus pesadillas, donde ha estado una buena porción de su estadía en Hogwarts, su lugar de default. Es rencor lo que mueve el odio por esa parte del castillo, es amargura porque sabe dónde están que medicamentos, en ser receptor de los comentarios de Promfey porque tome mejor cuidado de si mismo cuando las heridas que tiene son siempre de alguien más. Es Verus gruñendo ante el lugar que este mundo empuja con insistencia a él. Odia tener que estar en la enfermería porque no debería tener razones para estar ahí en primer lugar. Rencor, odio, amargura y rechazo, Verus prefiere pudrirse en su cama, miserablemente enfermo, que ir a con Promfey porque es capaz de desarrollar una ulcera del maldito coraje. Esta tan tranquilo, manejando las heridas de Klaus, dándole medicina e incluso acomoda sus almohadas, es natural preguntarse si está bien, si no va a girarse y prenderle fuego a la sala con ellos adentro.

Verus detiene su análisis, sus ojos van al rostro de Klaus, hay duda en como se mueve, pero una mano se extiende y hay una caricia en su rostro, específicamente, en el lado que aun tiene rastros de sangre seca por el golpe que sufrió al caer.

—Lo odio aun más cuando tú estás aquí. Así que vine a sacarte. Tómatelo. —Presiona, suave.

No fue la primera vez ni la última. Verus suple cada necesidad durante sus tiempos de heridas. Desde darle la medicina para el entumecimiento, vigilar sus tomas de medicinas, tratar de alivianar su carga para no forzar sus músculos recién curados e incluso uno o dos besos fugaces a demanda de Klaus.  

Cuando sale de la enfermería, nadie quiere lidiar con Klaus, y todos lo empujan a Verus, no que Klaus se resista o que Verus se niegue, en lo absoluto. No, simplemente da atención a libre demanda y Klaus recibe todo el afecto que quiera, incluso durante clases, donde Verus tiende a ser bastante centrado.

Verus ama en forma de eficacia y cuidado. Un ridículo cuidado a los detalles, y esos son los que hacen a Klaus sonreír y su corazón latir más rápido, están en todos lados.

Están en su mochila con los libros necesarios para el día:

La mochila resuena con todo el movimiento brusco, pero Klaus no le toma importancia, su búsqueda fúrica no da los resultados y el estrés de Klaus sube a cada segundo, porque el puto pergamino con el análisis de las maldiciones punzocortantes en crímenes violentos y su desarrollo en la medicina mágica para Defensa Contra las Artes Oscuras, (el mismo que le tomó como tres horas hacer) no está por ninguna parte. El salón se está llenando y el profesor llegara en cualquier segundo, y se supone que los pergaminos deben estar en su escritorio antes de que el llegue o no acepta el trabajo.

El profesor es de los pocos que no se asustan por el nombre de un sangre pura, que no perdonan las excusas y esta materia de hecho le importa mucho a Klaus, sin mencionar que el maldito pergamino tiene peso en la calificación al final del semestre. Siente el sudor frío en su espalda cuando vacía su mochila sobre una mesa y no encuentra nada. Mierda, lo olvidó sobre su escritorio esa mañana, si ahora intenta ir por él, va a llegar tarde y el profesor no lo va a aceptar. Mierda, mierda.

—¿Qué haces ahora?

Verus mira el desastre en la mesa que comparten y pregunta directo, mochila colgando de su hombro y casi juzgando a Klaus, y Klaus sabe que lo único que evita ese juicio es que lo quiere demasiado. El ceño fruncido se suaviza al notar el estrés en Klaus.

—Olvidé el jodido pergamino, salí demasiado rápido, ¡estoy jodido! —Se lamenta mientras se deja caer en el asiento, sacude toda la mesa y poco le importa, porque le espera detención de dos horas o una tarea el doble de extensa que ese pergamino para compensar el descuido.

—No lo estas. Lo entregue por ti.

Corto circuito cerebral. Klaus tiene que desarmar palabra por palabra antes de enderezarse y mirar a Verus con ojos abiertos como búho.

—¿Cómo dices?

Verus suspira y niega, deja caer su mochila sobre el asiento y se concentra en despejar su parte del escritorio, acomoda los cuadernos y plumas en filas, los papeles sueltos en un manojo y habla sin interrumpir su tarea.  

—Note que lo olvidaste. Lo tome y lo deje en el escritorio junto con el mío.

Lo siguiente que sale de Verus es un gritillo sorprendido por el inesperado vértigo. Separado del suelo y abrazado con tanta fuerza que es imposible soltarse, no lo intenta, pero su cuerpo entero se tensa y se sujeta de Klaus con las uñas mientras este agradece salvarle el alma del dementor del estudio. (Cabron dramático.)

Verus sisea por ser bajado, pero en cuanto sus pies regresan al piso, son los labios de Klaus sobre lo suyos los que roban su atención. Claro que se ganan una que otra mirada, las mejillas blancas ahora tienen un adorable tono rosado, pero Verus no pelea por alejarse, al contrario, se pierde un segundo en las sensaciones y se deja ser aplastado en otro abrazo. Al menos hasta el profesor entra y pone orden en un segundo.

Sí, pequeños actos de servicio que pasan de ser percibido si uno no pone atención a lo que pasa. Si no ver los detalles, entonces no ves cuando algo los tiene contigo. En el caso de Klaus, es casi obsesivo con los detalles.

Realmente, el amor de Verus también es reactivo y protector.

No hay mucha gente en este planeta que quiera hacerse de broncas con Klaus, de hecho, casi nadie. En general, es extraño que alguien se arriesgue a estar en la mira de un sangre pura, mucho menos en los que tienen las famas de ser bizarros y retorcidos. Klaus poco a hecho, los rumores crecen por si solos, su madre es más aterradora y eso que tiene un historial más limpio que su padre, pero ese no es el tema. El punto está en que Klaus puede defenderse, pelea por placer, le gusta ganar y la competencia de un duelo o una pelea es una euforia en la que se permite perderse cada cierto tiempo, no es indefenso, mucho menos tímido. Pero venga, ¿Qué clase de loco psicópata sería si la forma en la que Verus envenena y maldice a aquellos que tengan la osadía de tan siquiera insinuar algo negativo sobre Klaus no le causara avispas estomacales y risitas tontas?

No puede, siempre que pasa, está embobado.

¿Evan le dice idiota? Verus es piadoso y solo le recuerda quien fue el que chocó con la pared de piedra por ir corriendo y girar a la izquierda cuando le dijeron derecha.

¿Talkalot se pone intensa durante el entrenamiento e insulta a Klaus por el más mínimo error? Bueno, la botella de agua explosiva casi le saca un infarto y medio rostro, el guiño de Verus desde la sombra del árbol cercano es suficiente.

¿Rowle está peleando con Klaus sobre sus elecciones de moda y joyería? Bueno, buena suerte quitando el broche de oro del cabello calcinado, o el collar del suéter… o usando pulseras con ese salpullido violento en las muñecas.

Todas esas acciones podrían haberle costado caro a Verus, un mestizo metiéndose con sangre puras, es una ventaja injusta, pero, aun así, Verus toma el riesgo por el único hecho de que Klaus es objetivo de su amor, y esta siendo atacado. Es pecado suficiente hacerlo enojar, es pecado suficiente dirigirle una mala mirada, Verus no perdona, y Klaus sonríe cada vez:

—Ustedes están locos— Eso viene de Willhelm, a un lado de Klaus.

Klaus apenas y le dice “Hmhm”, su atención en el piso de abajo, donde aún está retorciéndose el pendejo de quinto que, erróneamente, creyó que podría hacer un comentario sobre el aspecto de Klaus y salir impune. Verus recargado en la pared cercana, el contra hechizo a esa maldición venenosa acaparada en su lengua hasta que se le plazca.  

Tan calmo, indeferente al dolor del otro, indiferente a que tan posible es que lo atrapen, solo le importa dejar en claro que está listo para intervenir por Klaus y que tan diverso es su arsenal de maldiciones. Klaus podría haber lidiado con la situación por si mismo, pero Verus sube la mirada y encuentra a Klaus. El rostro serio se suaviza, Klaus esta casi seguro de que Verus no es consciente de como su rostro se dobla y sus ojos adquieren ese brillo amoroso, pero el corazón le da un vuelco a Klaus y sonríe aun más grande.

—…Hermano, ni que decirte, estas perdidamente enamorado de Severus.

A eso, Klaus se gira a Willhelm con una ceja alzada.

—¿Y apenas te diste cuenta?

­—¡No me mires así o va a creer que te insulte y yo no quiero morir, Klaus! —Es el grito desesperado de Willhelm mientras empuja con ambas manos el rostro de Klaus.

—¡Hijo de la-

Bueno, unas veces sale mejor que otras.

En general, se preocupó por nada. Pensó que tendría que hacer más de su parte para sentirse amado, ¿Quién iba a decir que Verus sabe adorar sin emitir ni el más mínimo ruido?

Oh, eso es otro aspecto de lo mismo, porque Verus también ama desapareciendo.

Si Klaus huye cuando se siente mal y cree que puede lastimar a Verus, Verus desaparece y se esconde cuando está herido. Cuando el dolor que carga lo traga y se vuelve violento, solo desparece en el aire, se va de la vista y solo vuelve a emerger una vez todo a regresado a la normalidad.

Esa puede ser la única parte que Klaus rechaza del amor de Verus, no lo quiere siempre a su merced, no lo quiere únicamente en las buenas, Verus cuida y atiende todas sus heridas con ese gentil silencio y amoroso interés, ¿Por qué no deja a Klaus hacer lo mismo por él? ¿Por qué se niega a recibir una fracción de lo que da?

Klaus no lo acepta. No le importa derribar la puerta del baño, no le importa mancharse de sangre o recibir uno que otro empujón débil de un Verus casi roto en su totalidad. No, no le importa abrazar su cuerpo mojado, no le importa mojarse por lagrimas corriendo por su rostro o la sangre que gotea de sus brazos. No hay nada en la habitación que sea responsable del corte más que las uñas de Verus, manchadas con sangre y piel. Rasguños profundos y una voz quebrada, cubriendo su “asqueroso cuerpo” de la vista, intentando lavar “la suciedad de su sangre” y negándose a ver su “horrible rostro”. Violentado hasta el centro de su alma, no hay forma en que Verus pase esto en soledad, no si Klaus puede decirse a sí mismo honesto.  

Duele, duele ver lo que su mundo y el muggle le hace a Verus, porque fue un Muggle el que rompió su paz y parte de su cuerpo, pero fue el mundo mágico el que rompió su corazón y parte de su alma. Fue la presión de los dos mundos las que deforman su mente y lo vuelven paranoico y cruel consigo mismo, es la presión del mundo que lo empuja, pica, lastima y obliga a volverse violento, pero le da una cachetada por atreverse a mostrar los dientes.

Fue el derecho de los sangres puras sobre los demás el que puso tanto dolor en su mente y odio a su cuerpo. Fue el odio a la magia la que puso tanto hincapié en esconder su dolor.

Verus odia con pasión, pero llora con desespero. Erizado, siseando, pero activamente sangrando:

No esta seguro de que, exactamente, le disparó esta crisis, habían sido días tranquilos, sin nada más interesante que pasear por Hogsmade, tomar algunas cervezas de mantequilla y comprar estupideces que ninguno necesita. Pero no saberlo no es lo importante.

Toma horas, silencio y oscuridad para que Verus encuentre calma en el abrazo de Klaus. Y ahí están los dos, en la oscuridad del baño, sentados en el suelo, espalda contra la pared y Verus en su pecho, que Klaus escucha el más pequeño y roto de los susurros:

—Esta con él ahora.

Klaus ladea la cabeza y pasa sus dedos por el cabello negro, acariciando y animando a Verus a continuar.

—¿Puedes explicarme que significa? Solo si quieres.

Verus no dice nada por un momento, casi teme que no vaya a decir nada más, y vuelve a susurrar.

—Lily esta con Potter ahora. Los vi, ella… ella lo besó.

Y bien, Klaus puede ser irascible a veces, celoso a más no poder y posesivo más allá de lo sano, pero no es un imbécil. Sabe que la complicada relación de Verus con esa pelirroja es intensa, complicada y casi unilateral, es amor infantil convertido en idealización/adoración de una persona como figura segura, las circunstancias en las que se conocieron son factores directos del modo en que esa relación alcanzo dinámicas injustas para ambos. Klaus no encuentra simpatía por Evans, ninguna, y ahora, bien podría estar en numero rojos.

Nadie tiene la obligación de tolerar a alguien que está cruzando sus límites personales, pero hay que tener un poco de madre para decidir coquetear con el hijo de puta que tiene a tu supuesto mejor amigo colgando y expuesto en su ropa interior, tu siendo la única aliada de dicho amigo.

Ahora, la herida esta abierta, el corazón de Verus tajado por fuerte traición, porque fue ella, fue Evans, quien decide amar al hombre que le hizo la vida miserable. No es una chica sin rostro que va por un buen rato con el millonario travieso, no, es Evans, en su momento, la persona más cercana a Verus. Es una directa bofetada a todo lo que alguna vez tuvieron, es una bofetada a Verus mismo.

Evans no supo cómo ser amada en silencio, pasividad y cotidianidad, no supo sentir el abrazo de las sombras de ningún modo, no, ella necesitaba grandeza y obviedad, necesita que medio mundo se entere y ella sentirse la reina para decirse amada. ¿Y quien mejor para amarla que el imbécil que se siente rey de todo y hace los espectáculos más grandes para el entrenamiento propio y de las masas? En opinión de Klaus, son tal para cual; el rey ridículo y la reina exigente.

No son celos los que arden en la sangre de Klaus, para nada. Es rechazo, es indignación y ofensa, es incredulidad agresiva, ¿Cómo alguien puede hacer esta decisión? ¿Amar a quien ya viste tratar como mierda a alguien cercano solo porque sí? ¿Cómo puede Evans ver eso y decidir que Potter es un hombre decente? ¿No debería estar tan asqueada de Potter como lo esta de los sangres puras puristas? Es la misma mierda, solo en diferente forma.

Porque Potter no se metió con un sangre pura adinerado con amigos, no, se metió con un mestizo desolado y vulnerable.

Klaus suspira, encuentra control y susurra en su voz más dulce.

—Lo siento mucho, Verus.

—… ¿De verdad fui tan insignificante para ella? … ¿Por qué?

—No hay razón en este universo que vuelva esa decisión razonable o justa, Verus. Pero puedo decirte, no es tu culpa. Ella es responsable por sus propias elecciones, no tiene nada que ver con si tu fuiste suficiente o no, si debiste soportar más o no.

—No lo entiendo.

—Yo menos.

—… ¿Por qué estas aquí, conmigo? Soy amargado, feo y un fenómeno. ¿Por qué aceptas estar conmigo?

¿Cuánto le han mentido? ¿Cuánto daño tuvieron que hacer para que esas palabras salgan llenas de certeza? Duele escuchar a Verus perder esa seguridad y describirse con tanto odio, cuando Klaus quisiera conseguirle el mundo y una galaxia.

—Porque te amo, Verus. Así como estás y así como eres. Eres divertido, hermoso y un genio, ¿Por qué no aceptaría estar contigo?

Verus se separa de su pecho, cabello desacomodado, ropa hecha un desastre y manos sangrantes, su rostro apenas iluminado por la penumbra y lagrimas secos en sus mejillas. Observa a Klaus como si pudiera ver su alma, cada milímetro de piel, casa rasgo de su rostro, el color de sus ojos, y esas manos pálidas toman su cara. Lo sostienen casi con reverencia, temeroso de quebrarlo, como si tuviera cristal en vez de piel, y con una sonrisa amarga, ruega.

—Por favor, si tu vas a dejarme también, no me hagas esto.

“No juegues con mi corazón. No me des la espalda solo por no estar a tu lado”

Ese ruego hace una mella en la mente y corazón de Klaus. Una gran mella, Verus, la persona más estoica y auto controlada que conoce, esta abriendo su pecho con sus propias manos y exponiendo su corazón vulnerable una vez más. La traición es reciente, el dolor es actual e intenta protegerse sin arruinarlo de nuevo.

Verus nunca podría arruinarlo, al menos, no con esto.

Klaus cubre la mano de Verus con la suya y gira la cabeza para dejar un suave beso en la palma, disfruta de esa frialdad natural y promete:

—Verus, el día que te deje, es porque me rogaste que te soltara.

Eso gana más lágrimas de Verus, pero no lagrimas acidas de dolor, pero dulces de alivio. Es un beso lloroso, incluso más que los compartidos durante las crisis de identidad de Klaus, pero es real, es una promesa y la más pura prueba de amor que puede tener de Verus.

Todos los pensamientos, todo lo que siente.

 Hay altos y bajos, pero ser amado por Severus es ser amado por las sombras mismas. ¿Y que mejor forma de amar a una sombra que apagando la luz?

Es tan fácil sumergirse en Verus.

La alarma saca a Klaus de sus pensamientos, ah, una hora pasa realmente rápido. Verus se remueve a su lado, se desenrosca del costado de Klaus, pero no escapa del brazo que rodea su cintura, sino que retuerce su cuerpo para alcanzar su varita y aun así quedarse en el abrazo.

La verdad, es sábado, no tienen clases y no hay necesidad de levantarse temprano, pero Verus tiene proyectos personales que le gusta atender en la soledad de la mañana y el silencioso vacío, algo sobre escapar de ojos chismosos, fuerza de habito, porque ya nadie lo sigue. Klaus lo mira alcanzar la varita, apagar la alarma, y ya esta listo para levantarse con él.

—No. —Es una orden adormilada, casi caprichosa. Verus deja la varita con hastío y regresa a su posición anterior, ahora volteándose para usar el cuerpo de Klaus como nuevo colchón, a lo que Klaus se ríe bajito y perezoso, recibe el mínimo peso con gusto y rodea la delgada silueta con sus brazos. Incluso así, los ojos de Verus están tercamente abiertos, ve las ganas de cerrarlos de nuevo, pero Verus no cede, pensando.

—¿Qué pasa? Pensé que querías adelantarte. —La pregunta es gentil, no lo apura a levantarse, pero, por si acaso, mueve una de sus manos para subir y bajar a lo largo de la espalda de Verus, a modo de relajar cualquier posible tensión.

Hay un leve ceño fruncido en el rostro de Verus, pero no hay tensión absoluta en su cuerpo, casi en estado liquido sobre Klaus.

—Estoy… muy cómodo, Klaus.

—Eso es bueno, Verus.

—No quiero moverme.

—No te muevas.

—Es nuevo —admite de una vez. —…Puedes matarme si eso quieres.

Y Klaus mira con amor a este chico, porque esta tan relajado como un gato adormilado y no intenta levantarse o corregirlo, porque ese amor suyo le permite ser nada más que un ser suave dentro del abrazo de Klaus. Las sombras son gentiles cuando las abrazas, las sombras te abrazan cuando las dejas hacerlo. Verus es la viva prueba de ello.

Te ama al dejarte matarlo, en palabras del propio Verus.

—No, te quiero así. Vivo y mimado.

—Eso es tu culpa.

—No culpa, es mi más grande victoria. Y apenas el inicio de mi malévolo plan.

—Ah, ¿sí?

—Oh, sí, te convertiré en un flojo mimado insoportable para el mundo.

—Ya soy insoportable para el resto del mundo.

—No, el resto del mundo es insoportable para ti, diferentes cosas Verus. Pero eso no importa, solo importa que estes cómodo, aquí conmigo y tranquilo.

Tiene un flojo “Mhm” en respuesta, Verus comenzando a dormir de nuevo, Klaus sonríe y deja caer su cabeza en la almohada, listo para seguirlo en una pequeña siesta hasta que de verdad tengan que levantarse para alcanzar a comer algo. La ventaja es que aun tiene horas para eso.

Porque puede dormir tranquilo sintiendo el peso del otro, puede dormir contento sintiendo el amor de Verus, puede existir y vivir encantado de sentirse amado en su totalidad y lleno de euforia por amar con la misma plenitud.

Notes:

Okay, es cortó, es redundante y un tanto repetitivo, la verdad, estoy en un mal lugar emocional y mental. ¿Y que decidí en vez de tomar terapia? Claro, escribir como se sentiría ser amado por lo que uno es, sin necesidad de cambiar o el peso de expectativas. Si no yo no puedo tenerlo, bueno, haré que alguien más lo tenga para consolarme a que existe y solo debo encontrarlo.
Espero les haya gustado, necesitaba un desahogo, cuéntenme que les pareció en los comentarios y muchísimas gracias por todos los kudos y los ánimos, intentare actualizar pronto.

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