Chapter Text
El sonido del agua hirviendo llenaba la cocina mientras la lluvia golpeaba suavemente las ventanas del departamento. Era una noche tranquila, una de tantas que Yuji había aprendido a amar con el paso de los años.
—Yuta, creo que la sopa ya está lista.
Yuji levantó apenas la voz desde la cocina, acomodando las mangas del suéter gris que llevaba puesto. El departamento olía a comida caliente y detergente recién usado; una mezcla extrañamente hogareña que siempre le hacía sentir cómodo.
Desde la sala se escuchó un leve murmullo.
—Cinco minutos…
Yuji sonrió sin poder evitarlo.
Caminó hasta la sala secándose las manos con un pequeño paño. Yuta estaba recostado en el sofá, con la laptop sobre las piernas y los lentes ligeramente caídos sobre el puente de su nariz. La luz azulada de la pantalla iluminaba parcialmente su rostro cansado.
—Dijiste lo mismo hace veinte minutos.
—Esta vez es verdad.
—Mentiroso.
Yuta soltó una pequeña risa nasal mientras Yuji se inclinaba apenas para cerrar la laptop de golpe.
—¡Yuji!
—La comida se enfría.
—Qué autoritario.
—Y aun así me haces caso.
Yuta levantó la mirada hacia él por unos segundos antes de suspirar resignado.
—Porque cocinas rico.
Yuji sonrió satisfecho y extendió la mano hacia él.
—Ven.
Yuta observó su mano un momento antes de tomarla. Era un gesto pequeño, cotidiano, algo que hacían casi sin pensar después de tantos años juntos. Y aun así, Yuji seguía sintiendo una pequeña calidez en el pecho cada vez que Yuta lo hacía.
Diez años.
A veces todavía le costaba creerlo.
Diez años desde aquella vez que se conocieron en la universidad. Diez años desde que Yuta comenzó a sentarse a su lado durante las clases únicamente para copiarle apuntes. Diez años desde su primera cita barata en una cafetería cerca del campus.
Y ahora estaban ahí.
Compartiendo un departamento.
Compartiendo rutinas.
Compartiendo una vida.
Yuji realmente pensaba que era feliz.
—¿Qué tanto piensas? —preguntó Yuta mientras se sentaba frente a él en la mesa.
—Nada.
—Esa cara nunca significa “nada”.
Yuji rio un poco mientras le servía comida.
—Solo estaba pensando que estamos viejos.
—Habla por ti.
—Tenemos casi treinta.
—Sigues viéndote de veinte, no exageres.
Yuji fingió sentirse halagado.
—Entonces tú también.
Yuta soltó una pequeña risa mientras comenzaba a comer. Durante unos minutos, el único sonido fue el de los cubiertos chocando suavemente contra los platos.
Silencio cómodo.
De esos que no incomodaban.
Yuji amaba eso.
Nunca había necesitado grandes cosas para sentirse pleno. Le gustaba llegar a casa después del trabajo y encontrar a Yuta ahí. Le gustaban las noches tranquilas, cocinar juntos, quedarse dormidos viendo películas que jamás terminaban porque alguno de los dos se dormía primero.
Le gustaba esa vida.
Le gustaba Yuta.
Mucho.
—Mañana llegaré un poco tarde —murmuró Yuta de repente—. Tengo que reunirme con unos clientes antes de regresar.
—¿Otra vez?
—Solo será esta semana.
Yuji asintió.
—Entonces te esperaré despierto.
Yuta levantó apenas la mirada.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo.
Yuta lo observó en silencio durante unos segundos.
Y aunque sonrió… hubo algo extraño en su expresión. Algo pequeño. Algo casi invisible.
Cansancio.
Yuji no lo notó.
O quizá simplemente no quiso hacerlo.
—Por cierto —murmuró Yuji de repente.
—¿Hm?
Yuji se levantó lentamente de la silla.
Yuta frunció un poco el ceño al verlo caminar hasta uno de los cajones de la cocina.
—¿Yuji?
Él tragó saliva.
De pronto estaba nervioso.
Ridículamente nervioso.
Después de diez años juntos seguía sintiendo mariposas por cosas así, y honestamente le parecía un poco patético.
Volvió frente a Yuta y respiró hondo.
—Hay algo que quería hacer desde hace tiempo.
Yuta parpadeó confundido.
Yuji metió una mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña caja oscura.
El silencio cayó de golpe en la habitación.
Yuta abrió apenas los ojos.
—Yuji…
—Sé que no soy alguien muy emocionante —rio nerviosamente—. Tampoco soy bueno haciendo cosas románticas ni esas cosas…
—Yuji…
—Pero… me gusta esta vida contigo.
Su voz salió más baja al final.
Más honesta.
Más vulnerable.
—Me gusta despertar y verte todos los días. Me gusta cocinar contigo. Me gusta esperarte aunque llegues tarde. Me gusta comprar demasiada comida aunque después no entre en la refrigeradora…
Yuta soltó una pequeña risa ahogada.
Pero Yuji continuó.
—Y… no sé. Solo…
Sus dedos temblaron apenas mientras abría la pequeña caja.
—Quiero seguir haciendo todo eso contigo.
Dentro descansaban dos anillos simples.
Nada exagerado.
Muy ellos.
Yuji sonrió nerviosamente.
—¿Quieres casarte conmigo?
El mundo pareció quedarse en silencio.
Yuta se quedó inmóvil observando los anillos.
Yuji sintió cómo el corazón comenzaba a golpearle demasiado rápido.
—No tienes que responder rápido si—
—Sí.
Yuji se detuvo.
Yuta levantó lentamente la mirada hacia él.
Y esta vez sí sonreía.
Una sonrisa pequeña.
Suave.
Hermosa.
—Sí quiero.
Yuji sintió una risa escapar de golpe mientras el alivio le llenaba completamente el pecho.
—¿En serio?
—No estaría diciendo que sí si no fuera en serio.
—Perdón, es que pensé que ibas a desmayarte o algo así.
—El que parece a punto de desmayarse eres tú.
Yuji rio fuerte esta vez mientras rodeaba rápidamente la mesa para abrazarlo.
Yuta también lo abrazó.
Fuerte.
Como si intentara aferrarse a algo.
Yuji escondió el rostro en su cuello mientras reía todavía nervioso.
No podía dejar de sonreír.
Porque para él…
Ese era el futuro que siempre había querido.
Y mientras Yuji cerraba los ojos sintiéndose completamente feliz entre sus brazos…
Yuta, detrás de él, abrió lentamente los ojos.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No supo si estaba haciendo lo correcto.
