Chapter Text
"Me gusta que existas, que estés aquí, aunque haya kilómetros creciendo como un infinito entre nosotros. Porque incluso con el mundo atravesado en medio, de alguna forma, seguimos siendo solo tú y yo."
*+.*+.*+.
La reunión había comenzado exactamente a las nueve de la mañana, y Zuko llevaba meses esperando ese momento.
De pie frente a la enorme pantalla de proyección, sostuvo el control remoto con firmeza mientras una gráfica azul y roja iluminaba parcialmente la sala de juntas. Estaba nervioso, pero su voz y su postura reflejaban confianza, y debía aparentarlo, porque por primera vez tenía la atención completa de la mesa directiva, y también la de su padre.
Ozai permanecía sentado al fondo, con las manos unidas frente al rostro y una expresión imposible de leer. Observándolo y escuchándolo.
Zuko respiró con calma y cambió la diapositiva, al fin y al cabo había pagado un alto costo de estar allí, y no desaprovecharía esa única oportunidad.
—Por años nos hemos enfocado en financiar empresas y proyectos gigantescos, pero tenemos un inconveniente, nuestra competencia también lo hace. La idea de esta reunión es, proyecto de financiamiento a empresas emergentes que están acaparando el mercado nuevo. Si financiamos ahora, podemos asegurar participación mayoritaria antes de que estas compañías exploten comercialmente —añadió enseguida—. Hablo de inversión estratégica a largo plazo.
Algunos miembros de la mesa comenzaron a prestar más atención.
Eso le dio confianza.
La siguiente gráfica apareció en pantalla.
—En dos años podríamos controlar sectores completos antes de que nuestros competidores incluso entiendan hacia dónde se mueve el nuevo mercado.
Silencio. Un silencio bueno.
—Qué noble labor de caridad, Zuzu.
La voz de su hermana Azula se alzó, exhibiendo su apodo frente a todos.
Ella estaba sentada a su lado izquierdo, elegantemente reclinada sobre la silla, con un traje negro y corbata, en un estilo andrógino que contrastaba con su largo cabello oscuro perfectamente recogido y sus labios rojos. Sostenía una pluma entre los dedos como si toda la reunión le estuviera resultando ligeramente entretenida.
Típico de ella querer convertirlo en un niño frente a todos a pesar de su edad. Zuko sintió que el calor subía lentamente por el cuello, pero mantuvo la postura recta.
—Se llaman inversiones, Azula.
Ella apenas suena. —Oh, pero continúa. Me interesa mucho escuchar cómo planeas esperar años para obtener ganancias mientras la competencia devora el mercado real.
—Financiar empresas con alto potencial no es esperar. Es un plan de futuro.
Azula soltó una risa pequeña. —Qué inspirador.
Zuko ignoró el comentario y continuó hablando dirigiéndose de nuevo a los directivos, en especial a su padre.
Ozai finalmente habló. — ¿Cuánto tiempo?
Sostuvo la mirada de su padre. —Entre uno y dos años dependiendo del sector.
Ozai se movió lentamente, y luego sonriendo. —Toma asiento —ordenó.
Zuko presionó furioso las manos hasta que los nudillos se le pusieron blancos, sin embargo obedeció.
Lentamente, Ozai se puso de pie y prendió la luz, provocando que las diapositivas en el proyector pasaran a ser apenas visibles, y caminó despacio alrededor de la mesa.
—Esta compañía trabaja únicamente con los grandes. Ese ha sido el modelo desde que tú bisabuelo la fundó —dijo con tranquilidad—. Ese modelo se convirtió en nuestra familia en una de las más poderosas de esta ciudad. Y ha funcionado tan bien que, incluso hoy nos damos el lujo de perder nuestro valioso tiempo.
¿Podría haber peor cosa que ser humillado delante de todos?
Ozai se detuvo detrás de la silla de Azula y apoyó una mano sobre el respaldo, miró a sus directivos y ordenó: —Déjenos solos.
Y todos en la sala salieron, excepto ellos tres.
Zuko sintió la presión de la corbata aplastándole lentamente la garganta.
Ozai continuó, cuando la sala por fin se encontraba vacía.
—No todo tiene que ver con el dinero Zuko, es a veces la influencia y el control que tenemos hacia los demás. Tu hermana entiende eso perfectamente.
Azula sonreía, victoria. —Así es, Zuzu. Tenemos una oportunidad inmediata de expansión política —dijo ella con suavidad—. Ukano probablemente conservará la gubernatura y entiende muy bien cómo funcionan las cosas. Financiaremos su nueva campaña.
Eso fue suficiente. Zuko sintió una punzada desagradable en el estómago. Ucano. El padre de Mai, su exnovia.
Azula observó su reacción. Disfrutándolo.
—Ukano entiende perfectamente cómo recompensar a quienes lo apoyan. —Dijo Ozai. —El viernes es su cena anual y en ese momento lo haremos firmar su contrato.
Zuko arqueó una ceja confundida. La idea de acercarse a Mai con intenciones únicamente de un contrato le dio náuseas.
—¿Quieren que yo…?
— ¿Tú y Mai juntos? Por favor, deja de avergonzarte. Todos saben que Mai terminó contigo hace meses. Su familia no querrá verte. No eres útil en este proyecto.
"Respira". Se dijo. “No hagas una escena.”
Sin embargo, no pudo contenerse.
— ¿Y no pudieron haberme dicho antes de todo esto?
Ozai irritante. —Dramas no, Zuko.
Furioso se puso de pie. Nadie lo detuvo.
Caminó hacia la puerta sintiendo la espalda rígida.
—Zuzu.
Se detuvo ante la voz de su hermana, pero no giró el rostro.
—Hablaré bien de ti con la familia de Mai.
Zuko frunció el entrecejo. —Disfrútalo.
Salió sin esperar respuesta, sintiendo que las paredes se cerraban sobre él. El calor de la rabia era tan intenso que podía sentirlo en la cicatriz de su ojo izquierdo.
Caminó sin mirar a nadie hasta llegar a su oficina. Apenas cerró la puerta, lanzó la carpeta sobre el escritorio de madera. El golpe resonó en toda la habitación.
—Mar de Maldita.
Se quitó la corbata de un empujón y apoyó ambas manos sobre el escritorio mientras intentaba respirar despacio.
Una parte de él realmente había creído que esta vez sería distinta, pero de nuevo se había convertido en la burla de su familia.
Se dejó caer en la silla y se pasó una mano por su cabello oscuro.
"Paz, Zuko." La voz de Iroh apareció automáticamente en su cabeza.
Soltó una risa amarga. Si. Claro. Cómo si eso fuera posible.
Respiré profundamente y decidí continuar con su trabajo. Pero entonces, su mirada dorada cayó sobre la vieja fotografía medio escondida de su escritorio.
Era una fotografía de quienes habían sido su verdadera familia. Un grupo de adolescentes divirtiéndose. Sokka hacía una expresión ridícula frente a la cámara. Suki reía mientras intentaba empujarlo. Katara y Aang tan felices como siempre. Y Toph, tan pequeña y despeinada, aferrada a su brazo mientras saludaba al lado contrario de la cámara. Él también sonreía en esa fotografía. De verdad que lo hacía.
Tomó el marco entre las manos. Habían pasado más de doce años de esa fotografía. Todos habían permanecido de alguna manera cerca de él. Toph no. Un día simplemente dejó de responder las llamadas… y luego los años pasaron.
Zuko se siente emocionado ahora con tristeza. Se preguntó qué sería de Toph ahora. Seguía imaginándola con esa misma arrogancia victoriosa, aunque ya convertida en una mujer adulta. Probablemente igual de rebelde que antes.
Sonó el teléfono de la oficina. Zuko dejó la fotografía en su lugar y contestó con cansancio.
-¿Si?
—Señor Zuko, la señorita Mai está aquí. Dice que quería hablar con usted.
Mayo.
Cansado, cerró los ojos un momento. ¿Que acaso era el maldito día para que todos fueran un dolor de cabeza?
—Hazla pasar.
La puerta se abrió en menos de un minuto. Mai vestía como siempre, de negro e impecablemente elegante. Su rostro como siempre contenía todas sus emociones expresando únicamente una expresión facial serena y neutra.
Por educación, se puso de pie, y le ofreció una silla. Y ella ayudó, y Zuko volvió a su asiento habitual. Durante unos segundos ninguno habló. Qué extraño era eso, pensó. Antes podían pasar horas enteras en silencio sin sentirse incómodos. Ahora, nada.
Mai fue la primera en romper el silencio. —Te ves fatal.
—Gracias —respondió él con una media sonrisa cansada—. Tú sigues igual.
Era cierto, tenía casi seis meses de no verla y seguía exactamente igual. Igual que los últimos años que había durado su larga relación.
Ella observará de reojo la carpeta sobre el escritorio.
—Supongo que la reunión no salió bien.
—Depende de a quién le pregunten.
Mai lo entendió inmediatamente. —Vine a ver a Azula. Quería hablar contigo antes para evitar momentos incómodos. Mi padre dará una cena y…
—No te preocupes, Mai —dijo Zuko, antes de que ella pudiera explicarlo—. Ya me han dejado claro que mi presencia no será bien recibida.
—Creo que es mejor así. No sería bueno que mi exnovio esté sentado junto a mi prometido.
Aquello lo dejó sin palabras. Tenían tan pocos meses alejados y ella…
Su mirada se puso en la mano izquierda de Mai, en su dedo anular posaba un anillo de oro.
—Pasó hace poco —dijo cubriendo su mano. —Tal vez en otra oportunidad lo conozcas. Es un buen sujeto, abriremos una fundación juntos, y planeamos una ceremonia de apertura—dijo sin dramatismo. —Te enviaré la invitación cuando todo esto haya pasado.
Y para su propia sorpresa, no sintió nada.
—Gracias.
Mai se levantó. Antes de llegar a la puerta, se detuvo.
—Sigues intentando cambiar las cosas aquí, ¿verdad?
—Alguien tiene que intentarlo.
Mai no dijo más. Solo hizo una pequeña inclinación de cabeza y se fue.
Cuando la puerta se cerró, Zuko se quedó mirando el vacío de su oficina y se volvió a recostar en su silla mirando el techo. También él sintió un vacío, pero no era por Mai, y tampoco por su familia. Era la sensación de que todo el mundo seguía moviéndose mientras él permanecía clavado en el mismo lugar, intentando cambiar algo que parecía imposible.
Bajó la mirada una última vez hacia la fotografía. Sus dedos rozaron el cristal justo sobre la imagen de Toph. Ella había sido la primera en irse. Se preguntó si ella, en algún rincón del mundo, habría logrado encontrar esa libertad que tanto anhelaba.
Miró el reloj. Todavía faltaban horas para que su tormento terminara, pero ya podía sentir el peso del cansancio en su cuerpo.
Se levantó a ajustarse la corbata de nuevo frente al espejo. A veces sentí que el hombre en que se había convertido estaba demasiado lejos del chico que aparecía sonriendo en esa fotografía.
Con un suspiro, continuó su trabajo. Con la esperanza que, al final del día, cruzaría la ciudad, empujaría la pesada puerta del “Dragón de Jazmín”, el bar de su tío Iroh, y se sumergiría en la música de la vieja rocola.
Allí podía ser simplemente Zuko.
Y por ahora, eso era suficiente.
CONTINUARÁ...
No tienen idea de lo emocionada que estoy por escribir esta historia, es mi prim.
Era vez con Zuko y Toph. Y probablemente, esta será una de las historias más románticas que e escrito.
Espero de verdad que disfruten este viaje conmigo.
El próximo capítulo veremos a Toph!
