Work Text:
Foolish saltaba de alegría mientras construía el templo que Dark Cucurucho le había encargado hacer. Pese a la tan grave situación del norte, se sentía aliviado.
¿La razón?
¡Juan había regresado! ¡ e irían a acampar juntos!
Luego de su reencuentro, Juan le confesó su miedo actual de salir a cualquier lugar que no fuera la casa o su tiendita de arte.
Foolish, al inicio, se burló. Un poco, con cariño.
Pero las risas pararon en el momento en que el castaño lo vio con esos ojitos de cachorro triste que tenía. Foolish dejó de reírse instantáneamente.
Le propuso ir a su base de campamento. Le enseñaría que en realidad nada le haría daño ahí afuera, sin admitirle que él construyó ese lugar originalmente para que ambos pasaran tiempo juntos intentando cazar al Fatal Error.
Emocionado, le escribió a Juan para que se preparara en lo que él caminaba a casa.
Por su parte, Juan se sentía aterrado. El hecho de salir a un lugar que no conocía, apartado de la comodidad de la mansión, era feo, pero le tranquilizaba la idea de estar con Foolish.
Su corazón, que hacía unos momentos bombeaba fuerte ante la ansiedad que le provocaba pensar en salir, se fue calmando poco a poco ante la imagen de Foolish.
Maldijo para sí mismo mientras veía una de las muchas fotos de él y Foolish.
¿Por qué arruinar una amistad tan linda por unos sentimientos que ni él estaba seguro de cómo nombrar?
—¡Juan! ¡I'm here!
Hablando del rey de Roma.
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El camino al campamento fue sucio y torpe. El camino estaba lleno de lodo, piedras y ramas de árboles que le pegaron en la cabeza más de una vez.
Pero valió la pena. El lugar que Foolish había construido se veía muy bien. Sus ojos se iluminaron al ver hamacas colgando de los árboles, dos para ser más específicos.
Dejó su mochila con cuidado en el suelo de tierra y se apresuró a lanzarse a la hamaca de la izquierda, dándose un merecido descanso.
El cuerpo le pesaba, pero el mundo, por un momento, estaba bien.
—I'm glad that you liked it —bromeó Foolish al ver la reacción del más pequeño.
Juan fingió que no le importaba. Frunció el ceño, apretó los labios, intentó disimular lo feliz que se sentía en ese preciso instante.
No le funcionó.
Foolish sonrió levemente al ver el ceño fruncido de Juan, esa falsa molestia que no engañaba a nadie. Le lanzó una bolsa de frituras con intención de golpearlo con esta.
—¡Thanks! I was hungry —dijo Juan, atrapándola al vuelo (con algo de torpeza).
Foolish se recostó en la hamaca de la derecha, la que había puesto específicamente para él, la que había ajustado a la altura exacta de Juan para que pudieran verse mientras hablaban.
Disfrutaba ver las reacciones de Juan ante sus burlas. Disfrutaba cada pequeño gesto.
Disfrutaba todo de él.
El silencio reinó, un silencio acogedor y cómodo.
—Extrañaba esto —confesó Juan, con un tono suave, casi un susurro.
A Foolish le brillaron los ojos. Una suave sonrisa se le escapó al ver al castaño acostado en la hamaca, las manos detrás de la cabeza, viendo las estrellas con una expresión relajada que no le había visto en semanas.
"Extrañaba esto."
Foolish no podía dejar de mirarlo.
Las mejillas rosadas de Juan, provocadas por el frío del bosque. Esos ojos castaños que brillaban con intensidad gracias a las estrellas, acompañados de las pestañas largas que se batían lentamente, como alas de mariposa. Sus labios rosáceos, con algunos moretones provocados por la federación.
Foolish tragó saliva.
Lo sabía.
Estaba perdido.
Era un estúpido enamorado que quería decir algo estúpido.
Quería decirle lo mucho que lo había extrañado. El tiempo que pasó buscando a Juan, usando como excusa acampar, construyendo este lugar con la esperanza de que algún día volviera.
Quería decirle que le gustaba desde que Juan le confesó que confiaba en él.
Cuando el castaño lo miró a los ojos en el balcón de su habitación, mientras Foolish creía ser invisible ante los demás, y Juan lo vio. Lo vio de verdad. Y no se asustó.
Pero las palabras se quedaban atoradas en su garganta.
—I think Fatal Error is not coming because he is scared of your ugly face, Foolish.
—Stop that.
Olvídenlo, Juan era un pendejo.
