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Primitivo

Summary:

Severus despierta un día y sabe que es su final.
Esta confundido, herido, adolorido, su cuerpo lo traiciona y un nuevo instinto en su cabeza le juega malas pasadas.
Está acostumbrado al dolor de pelear, pero no al de perder sin luchar.
Todos y todo a su alrededor se vuelve un peligro, así como encontrar un lugar seguro se vuelve casi imposible.
Su mente es un desastre y su cuerpo está destrozado, aun así, se arrastra a sobrevivir, como siempre ha hecho y como sabe hacer.
Hasta que una rama de olivo es ofrecida, una seguridad que no sabía ser capaz de sentir. Descubre que hay más que solo enemigos en su vida.

Notes:

Soy fiel creyente de la idea en que, si hay una sociedad basada en bases biológicas primitivas, entonces la violencia que eso conlleva golpea a ambos lados. A lado de un animal rabiosamente agresivo, solo sobrevive uno venenosamente violento, me gusta pensar que si hay dientes; hay mordidas, si hay garras, hay rasguños. Rechazo la idea como sumisión inmediata como respuesta inminente, rechazo la aceptación de abuso, entiendo que es parte del doble estándar, pero, vamos, todos sabemos que es mejor un perro que muerde la pierna que lo patea a un cadáver pisado.

Para: Farrah Uchiha.
Gracias por tus videos y apreciación a mi trabajo, tus videos me conmovieron y emocionaron, ser reconocida y recomendada específicamente, menos pensé que mis escritos pudieran encantarle a alguien a un punto de hablar de ellos en cámara e invitar a otros lectores a buscarme. No tienes idea de la alegría y orgullo que me has traído con simples tik toks sobre mí, es algo que nunca hubiera esperado y me hizo emocionarme, tal vez gritar un poquito (demasiado). Saber que disfrutaste cada uno de ellos y encontraste en ellos el gozo con el que yo los hice significa mucho más de lo que nadie podría haberme dicho. Mencionaste que te gusta Omega Severus, por lo que quise intentarlo bajo mis filosofías, si es que puedes llamarlas así. No sé si este estilo es de tu agrado, pero espero que te guste y sea un digno agradecimiento por todo el tiempo, aprecio y amor que le has dedicado a mis trabajos. Déjame devolverte al menos un poco del esfuerzo y dedicación, regresarte la intensión, atención y el aprecio. Gracias.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Es un mal día.

Tan simple como eso; es un día de mierda.

Severus esta acostumbrado a tener días, semanas, meses, años, malos. Excepto que tal vez se dejó suavizar por como Hogwarts es capaz de consentir a un alumno. Quiere dejarlo en eso, pero simplemente no se puede, porque su cuerpo no está cooperando con él. Comenzó con una mañana jodidamente mala.

Despertó hecho un desastre de sudor, acalambrado y con un dolor de cabeza que no tenía desde que se abrió la frente en segundo, demasiado temprano y todos seguían dormidos, la única razón por la que no se mató de ida al baño es por las esferas lumínicas que Avery insiste en tener en el dormitorio. Luz cálida y tenue, como la de una vela apagándose. Flotan a su alrededor y a ras del suelo, gracias a eso es que logra esquivar los zapatos, cascos y mil otras cosas más que Klaus y Rosier tiran al suelo una vez terminan de usarlas.

Cuando llegó al baño, su reflejo en el espejo es peor de lo que pensó: su piel pálida se tornó gris, sus ojos estaban rojos, sus mejillas sumidas y las pronunciadas ojeras, más que una persona, parecía un cadáver recién egresado a la morgue. Su cuerpo se sentía caliente, incomodo, acalambrado. La ventaja de haberse levantado a la hora de la madrugada es que el baño estaba desierto y tuvo la oportunidad de bañarse. El agua fría fue un latigazo en todo su cuerpo, pero fue suficiente para bajar el calor y la fiebre, darle un toque más de vida a su ser, después empinar una de sus pociones revitalizantes. Para continuar, la ropa, pensó en ponerse el suéter que Lucius le había regalado, pero no hace tanto frío y lo abandona sobre su baúl en favor de otra cosa. Los uniformes de segunda mano, de mucha mejor calidad que sus antiguas túnicas, se sentían mal en su piel. No le apretaban, no estaban sueltas, no olían mal, no estaban rotas o sin remendar, lógicamente, en orden, ilógicamente; mal. Incluso limpio y más refrescado, su reflejo sigue casi tan muerto como sus ganas de seguir con el día.

No es la primera vez que ignora una fiebre por el bien de mantener el promedio actual, no es tan severa como otras veces y la ha pasado mucho peor, así que simplemente sale a la oscuridad del cuarto, donde sus tres compañeros siguen profundamente dormidos, o, en el caso de Avery, desmayados, porque no hay forma posible en que esa posición de peatón atropellado sea cómoda para nadie.

Así que aprovechó para comenzar primero que nadie, llegó a la cocina y se dio cuenta que podía desayunar antes.

Apenas intentó poner un bocado de comida en su boca, las náuseas fueron instantáneas. Sostener el trozo de huevo en su tenedor fue suficiente para que el rechazo cerrara su garganta, paranoia, no iba a hacerle daño, pero su mente muestra imágenes, su boca tiene recuerdos de sangre y acidez, su cuello recuerda el dolor de expulsar esferas babosas, sus oídos recuerdan las risas, las burlas lejanas y su estómago da vuelcos, rechazó el plato con más fuerza de la que quiso y con un sudor frío corriendo por su espalda. Los elfos no tomaron ofensa, el más viejo lo miro con demasiado conocimiento y comenzó a preparar avena tibia y un té de manzanilla simple y amigable con su estómago alterado. No con magia, no a sus espaldas, lo hizo con sus manos, sostuvo frente a Severus cada ingrediente, cada paso del proceso. Severus observó con una atención comparable a la de un halcón, las hojuelas de avena ser puestas en la olla, la masa ser movida sobre la flama, la bolsa de té ser colocada, el agua caliente ser vertida en la tasa y, al final, servirlo.

No es sabroso, ni extremadamente satisfactorio, pero al sostener la cuchara cerca de su boca, no hay resistencia.

El resto del día se muestra igual de complicado. Hay un peso en su espalda que no se va, un cansancio que no lo abandonó y lo tiene arrastrando los pies y cabeceando en las clases. Las clases que normalmente se le dan, ahora son un desafío de sobrepasar. La primera fue tolerable, aburrido, lleva ventaja, tiene el lujo de relajarse, nadie que conozca, corrección; tolere, lleva la misma, entonces está solo con sus pensamientos, como le gusta. La profesora habla, él la media escucha y al final entrega el pergamino perfecto, es de ahí en fuera que las cosas fueron en bajada.

Salir de su segunda clase probó su paciencia, con creces.

El dolor de cabeza regresó a la mitad de la lección, la voz del profesor se volvió un murmullo lejano, su pluma cayo al escritorio y ya ni comprende que quería escribir en primer lugar. El calor de la mañana regresó a su cuerpo, incomodo, lo seca por dentro y él se removió en su asiento, como vil gusano con sal. Se forzó a estar quieto, a mantener los ojos al frente, pero su garganta eligió ese momento especifico para volverse el desierto del Zahara. Es una lucha por intentar respirar SIN toser y alertar a todos, recupera el aire, le toma minutos que se sienten como horas, para cuando lo logra, la clase está terminando.

Él aventó todo a su mochila sin cuidado, clara intensión de huir. Salió lo más rápido de la clase, pero entre la prisa, la incomodidad y las personas, choca con otro cuerpo. El golpe no es fuerte en sí, apenas una colisión, en otras circunstancias lo habría hecho trastabillar, ahora casi le arranca el aliento y lo hace retroceder unos buenos pasos para recuperar el equilibrio.

—Mierda— farfulla.

—Lo siento, ¿Estás…Snape?

La sangre se congela en sus venas, su cuerpo se tensa en respuesta y sus dedos encuentran el mango de varita mientras levanta la mirada. Ojos mieles y rostro cicatrizado; Lupin.

El prefecto de Gryffindor, el seguidor de Potter y Black, la bestia y ese maldito cobarde. La amargura y rechazo es fuerte, inmediate, su rostro se contorsiona en una mueca de disgustos mientras acomoda su ropa.

Los merodeadores y Severus tienen una historia escolar violenta, emanante de odio y rencor, arrogancia y amargura, todos los saben, todos lo han visto, más de un archivo medico sellado bajo Promfey lo sabe. Pero desde el final de quinto año, las cosas cambiaron, no hay nada más que cenizas de lo que antes fue odio, sangre seca sobre suelo de cacería. Se evitan, y si no pueden, se ignoran, ambos dejaron de chocar y no han alzado sus varitas desde entonces, esa tensa paz, sin resolución, sin tranquilidad real, más alianza forzada, es dura y afilada en ambos. Dejaron de intentar matarse porque ambos tienen un cuchillo al cuello desde afuera. Ninguno maduró fuera de su odio, solo… les acortaron la correa.

Hay un secreto cosido en a la fuerza en sus labios, sellado por el vejete, las miles y miles de peleas, rencores y dolores están en la sombra de ambos, frescas en la mente de Severus y en la espalda de Lupin, igual a tantas ocasiones donde decidió hacer ojos ciegos a la verdad. Lupin por si mismo no es un peligro, pero tampoco una ayuda. Ambos lo saben, y ambos tienen conceptos completamente distintos sobre lo que eso significa.

Lupin, leal a su ser, ladea la cabeza al verlo y alza ambas manos. No hará nada, Severus lo sabe, carajo, lo sabe muy bien, sin los malditos cabrones de rojo y sin la luna llena en el cielo, Lupin es impasible. Podría caerse el mundo frente a él y no hará nada, porque “no le compete”. Lo odia, igual que a todos los demás, incluso más.

Duele, pero no lo suficiente.

—Ey, calma. Solo quería saber si estas bien.

—De puta madre— casi gruñe, ojos negros fijos, listo para reaccionar ante el mínimo movimiento brusco.

Tiene esa necesidad, primitiva necesidad, de salir de esta situación. Está incomodo, está adolorido, su cabeza duele y presiona su cráneo, quiere irse, alejarse, y si no puede, entonces quiere morder y no soltar, gritar, maldecir, deshacerse de Lupin. Si no se mueve por su cuenta, quiere aventar el cuerpo fuera de su camino. Duele pelear, siempre duele, pero duele más perder.

Lupin suspira cansado, tiene la maldita audacia de parecer hastiado, ¿De qué? ¿De que Severus lo vea como lo que es? Lupin lo mira de arriba abajo y hay cierto brillo en sus ojos que hacen a Severus apretar el mango de su varita.

—Cosas aparte, ¿estás bien? —Lupin se acerca un paso, su olor de chocolate amargo y pino sigue ese movimiento, esa nube de feromona alfa empuja su paciencia como nunca, el chocolate amargo seca su boca, el pino pica su tráquea y Severus se aguanta el veneno en su lengua, en su lugar, fulmina con la mirada la ofensiva cercanía. —Te ves un tanto… mal.

No sabe porque, pero que Lupin sepa que está débil se siente como una amenaza. No sabe si lo es, no le interesa saber si lo es, solo tiene que encargarse de salir de esa. Severus aprieta la mandíbula y su mueca de disgusto se transforma en ira. Su cuello comienza a doler más, sus manos vibran por dentro y entorpecen sus dedos, así como su estomago comienza a dar vueltas.

—Algo has de saber sobre enfermedad. —Sale entre dientes con el poco aire que logra jalar y Lupin se aleja como si lo hubiera empujado.

—Solo digo que deberías ir con Promfey, no te ves bien y—

—Cuando quiera tu consejo, lo pido. Fuera de mi camino— exige.

No quiere escuchar nada y Lupin tiene la decencia de dejarse empujar cuando Severus pasa sin cuidado a su lado. Incluso si el tacto representa más ardor y dolor, es el principio. Avanza decidido, pero su cabeza palpita, sus piernas se sienten débiles, inestable, su espalda es una varita seca que necesita un poco de peso para quebrarse y Severus está cada vez más cansado, más alerta.

Los pasillos familiares le causan paranoia, los sonidos a su alrededor lo alteran y todo el mundo es demasiado para él, nada funciona para calmarse. El control se resbala de sus dedos como arena y lo dejan en ese estado de constante irritación y ansiedad, porque el control sobre su cuerpo es uno de los pocos tipos de control que tiene en lo absoluto, perderlo ahora es aterrador. Se apresura a llegar a su siguiente salón y se desploma en el asiento.

El cráneo le palpita, el aire le falta, su piel se siente mal y el dolor ya no es el estómago, es más abajo y más arriba, en cada órgano vital, de repente es hiper consciente de cada movimiento dentro y fuera. Puede sentir el palpitar de su corazón, su piel rozar con la tela, la sangre correr por sus venas, la tensión en sus pulmones al inflarse, el suave gorgojeo en sus intestinos. Es desagradable, arde, no puede distraerse.

—¿Severus? ¿Te encuentras bien?

Suave, serena y amable, Severus alza la mirada y no encuentra confusión de verla ahí: Aurora Sinistra.

Una Ravenclaw, otra mestiza como el mismo Severus, pero, a diferencia de él, ella no es miserable por esa etiqueta. Sus trenzas están atadas en una cola de caballo baja, su cuello cubierto por una suave bufanda y sus ojos oscuros miran a Severus con sorpresa y, juraría, un toque de preocupación. Todo su semblante es relajado, sereno, el mundo podría caerse, y Sinistra apenas y alzaría la voz, tienen en ella esa extraña calma del optimismo callado, porque no va repartiendo sonrisas, no es ruidosa ni llama la atención, simplemente es ella, está contenta, disfruta del silencio, de la gente, de la vida, con la seguridad de que todo problema tiene solución. Su temple controlado hace buenas migas con Severus. Severus no pensó que podría desarrollar una amistad con alguien después de Lily, pensó que solo tendría a Lucius, Narcissa y Klaus por el resto de su vida. Esta relación, nacida de una desafortunada clase de Runas Antiguas demasiado difícil, tan difícil como para necesitar a los dos obsesionados con los números hacer equipo para sacar el resultado, fue extraña, fue un proceso nuevo, facilitado por la falta de morbo e interés en discusión teórica de Aurora. A ella le gusta meterse en teorías retorcidas mientras estas no salten a la acción, le gusta teorizar, planear y confabular temas abstractos en busca de nuevos conceptos, y el conocimiento oscuro, fascinación por lo prohibido y habilidad de desglosamiento de Severus terminó por hacer muy buenas migas con eso. Aurora es el tipo de persona que no teme de su propia mente.

Tal vez afecta que tiene la fuerza y el apoyo. En esa serena existencia, ella es una mujer alfa hecha y derecha, sin miedo ni dudas, dispuesta a escuchar. Rara vez la ha escuchado gruñir o chasquear las mandíbulas, no duda en hacerlo, pero son situaciones demasiado especificas las que la llevan a actuar menos razonable de lo que le gusta.

Aurora ladea la cabeza ante la falta de respuesta, se sienta a su lado y mira su rostro.

—Te ves un poco pálido, asumo que te sientas mal. ¿Ya fuiste con Promfey?

Preguntas continuas con una voz suave y serena, escucharla hablar saca por fin a Severus de su trance.

—No, no estoy enfermo.

Vil pinche mentira, solo es orgulloso. Aurora lo sabe, alza una ceja incrédula y mordaz mientras lo mira de arriba abajo.

—Pues muy sano no te ves, creo que tienes fiebre.

Ella alza la mano, lento, y la acerca a su rostro, Severus sigue el movimiento y no hay reacción, por lo que su frente recibe el tacto de esa mano.

No es nuevo ser tocado así, lo que es nuevo es como ese simple gesto trae consigo una ola de feromonas que Severus recibe de lleno en la nariz.

El suave aroma de bergamota y vetiver va en ondas, inunda sus pulmones. Está concentrada, está buscando. La bergamota mete oxígeno a su cuerpo, lo hace respirar profundo y recuperar el aliento, el vetiver relaja su corazón y sus hombros, todo su olor obliga a quien lo respira a ser como ella: sereno. Sí, había convivido con Aurora y Charity sin parches de por medio, no es un problema, pero este suave consuelo y relajación en base al olor es nueva. Las feromonas de esas dos siempre se habían sentido como un perfume de fondo, a veces tenía que esforzarse por descifrar si había cambiado por estar frustradas o no, nunca había sido tan claro, tan comunicativo y, mucho menos, tan reconfortante.

—Tiene un poco de fiebre— se da cuenta y se endereza para alejar su mano, y, para completo horro de Severus, él gira su cabeza para perseguir ese tacto. Los dos lo vieron, los dos saben que significa y los dos están congelados sobre qué hacer.

 Severus es el primero en reclamar su orgullo y proteger su dignidad, tose y se endereza en su asiento.

—Sí, lo supuse. No es grave, se ira pronto. —Intenta ignorarlo, pero Aurora no se apiada. Severus le manda una mirada que podría mandarla bajo tierra cuando de ella escapa una suave risa. No burlona, no cruel, pero divertida.

—Lo siento, es grosero reírme, pero debes saber que no hay vergüenza en esto. Estás débil y las feromonas prometen seguridad. Es completamente normal.

Nada real, porque solo está un poco enfermo, un poco débil, no es razón suficiente para de repente ser otra persona por completo, no es suficiente razón para este extraño consciencia sobre su presencia, su olor, su calidez y temperamento, no tiene razón para disfrutar este intercambio unilateral, solo ¿Por qué? ¿Porque tiene frío y Aurora parece ser cálida?

—Tus feromonas son…llamativas.

—Un poco, pero no cambies el tema. Estas enfermo y deberías ir con Promfey, ¿Crees que aguantes hasta el almuerzo o te sientes demasiado mal?

Se está muriendo donde está sentado, duele demasiado.

—Aguanto hasta el almuerzo.

Ajá sí, como no.

Aurora no le cree, es obvio, pero no dice nada. Aprieta los labios en una línea y asiente.

—Como quieras… Sabes, cuando tengo días malos o me enfermo, me gusta sentarse cerca de Charity, sus feromonas son dulces, ella es amable, y sus feromonas se sienten como un abrazo. No quiero un abrazo, pero la sensación de uno, y eso ayuda a hacerme sentir mejor.

¿La sensación de un abrazo sin ser tocado? Bueno, eso es ilógico, pero terriblemente racional a su parecer, el concepto resuena y encaja con muchas instancias en su vida, es una buena metáfora. Sí, pero ¿Por qué necesitaría un consuelo así? Todo está bien, indiferente a la incomodidad corporal, todo sigue bien.

—Perfumarte ayudaría a calmar el malestar un poco… ¿Puedo …? —Y alza su mano de nuevo, muñeca con el parche a modo de oferta.

Quiere perfumarlo. Ese es un gesto de manada, el cuidar el unos a los otros. La realización crea un pequeño hoyo en su pecho, no vacío ni frío, pero intenso y confuso, porque él nunca ha estado, y probable que nunca este, en una manada. No sería la primera vez que anda por ahí con el aroma de Aurora y Charity pegado a él, pero sería la primera vez que lo tiene pegado porque es la intensión. Observa la muñeca y a Aurora, una, dos veces, no termina de comprender que podría orillarla a ofrecer algo así, a él, y tampoco puede comprender porque le asombra así, porque le causa un calor así.

No encuentra voz, no encuentra sentido, solo quiere que todo se termine, por lo que asiente lentamente.

No lo sabe, mucho menos Aurora, pero ella mueve su mano de su hombro a media espalda en una suave y casual caricia. Puede sentir las feromonas pegarse a su ropa y piel, puede sentir la tensión abandonar su cuerpo y ese hoyo en su pecho vibrar con diferentes sensaciones. Su cabeza sigue doliendo, pero el resto de su cuerpo levanta bandera blanca y Severus suspira, absorbiendo el descanso codiciosamente.

—Gracias— susurra. Y Aurora sonríe.

El profesor interrumpe ese intercambio al entrar apresurado. Estas dos horas van a ser una tortura, debió escapar cuando pudo.

Esa lección es pesada, el profesor esta de malas, mucha gente esta confundida y Severus va perdiendo la cordura minuto a minuto. No escucha al profesor, pero escucha las plumas moverse desesperadas como si tuvieran un megáfono junto a su oído. No puede leer lo que dice la pizarra, pero puede ver los caninos afilados en la boca de su profesor cada que este la abre para explicar. El tiempo se mueve demasiado y demasiado lento al mismo tiempo. Su papel se mantiene en blanco, su mente no logra filtrar nada y el retortijón en su vientre regresa con más fuerza. Se muerde la lengua y no dice nada, pero Aurora de vez en vez refresca las feromonas. Es una ayuda, mínima, pero una ayuda. Gracias a eso, logra poner algunas palabras clave en el papel, temas, ramificaciones del mismo tema, recomendaciones de libros que el profesor da, todo lo necesario para investigar este tema cuando tenga claridad mental.

Está cansado, demasiado.

Se disoció, quedó dormido con los ojos abiertos o de verdad se desmayó, pero la chicharra que anuncia el final de la clase lo hace saltar en su lugar e intercambiar miradas con Aurora. Por fin, es hora del almuerzo. Todos los alumnos guardan con prisa, Severus está seguro de que Aurora lo va a arrastrar hacia Promfey, le guste o no, y está preparado para dejarse llevar, demasiado cansado para pelear.

Se cuelga la mochila y confirma el plan al intercambiar miradas con Aurora, pero antes de que ella pueda alcanzar su brazo y abrir camino, el profesor tose.

—Jovencita Sinistra, ¿Podría quedarse, por favor? Hay un asunto que me gustaría tocar con usted al respecto de su pasantía.

Aurora abre la boca, sorprendida, mira al maestro, mira a Severus, indecisa. Le habría gustado compartir más de ese calor y cercanía.

Pero un sueño no cambia la realidad, y la realidad es que Aurora y Charity tienen mejores cosas que hacer y prioridades que atender. Por lo que Severus asiente y acepta la separación, la anima a aceptar.

—Yo me encargo. Nos vemos.

Promete en falso y sale del salón.

No quiere estar más de pie, pero se las ingenia para llegar al Gran Comedor sin morir y sin matar a nadie, a su parecer, eso es una victoria.

—¡Verus, aquí!

Reconocería esa voz donde fuera. Su corazón da un vuelco, pero no de enfermedad, no de estrés, pero de cursi esperanza.

Sonrisa colmilluda, ojos dorados y tez oscura, Klaus Mulciber lo llama con la confianza que su voluntad inamovible le da sobre todo y todos. Un alfa realmente fuerte, tanto física como biológicamente, y mucho más socialmente fuerte. Todo es a su voluntad y deseo, y, por alguna razón que Severus desconoce, decidió que ellos dos eran amigos. Mulciber era el menos hostil de entre sus nuevos compañeros de cuarto y el que más fácilmente ignoraba su presencia durante las clases, incluso prestándose a saludar con un asentimiento en su dirección cada que entraba al cuarto.

Y después de vacaciones, a inicios de quinto, Mulciber decidió que iban a ser cercanos.

Le dio un apodo tras decidir que “Snivellus” no era de su agrado, intercambiándolo por “Verus”, algo sobre tener más “clase y prestigio”, exigía que se sentara a su lado en los desayuno, comidas y cenas, lo mismo en clases que compartieran, y, por alguna razón, lo hacía participar en las mismas conversaciones, indiferente a si Severus era bienvenido por los demás o no. Se interponía entre los agresivos merodeadores y Severus, ofrecía comida de mejor calidad hecha por su propio elfo doméstico y, a veces, extraños regalos que Severus no termina de comprender; plumas, cuadernos y libros.

Pero el rasgo más interesante de Mulciber era su afición por tocar. Siempre una mano en el hombro, en la espalda, quitar su cabello de su rostro o arrastrarlo por donde se le antoje ir en Hogsmade. Siempre, todos los días, todo el tiempo, sus manos siempre están cerca y siempre terminan por estar encima suya. Las únicas veces que fue contacto directo con su piel, notó lo cálido que es Klaus Mulciber, que tan gentil puede ser su tacto, que tan amable puede ser sin tener que prestar especial atención.  

Por todo el año, Severus intento mantenerse a raya, un paso más lejos, pero la cotidianidad de Mulciber, su insistencia en ayudarlo durante los duelos e incluso sus amenazas de arrastrarlo por los pasillos hasta la enfermería, logró que se transformara en Klaus, solo Klaus. Confiable Klaus que le entrega notas por las clases que se perdió tras un duelo desigual, calmado Klaus que miente descarado cuando los profesores buscan culpables y oculta a Severus tras su espalda. Klaus, que habla de todo y de nada en su presencia y sonríe con la calidez del sol cuando Severus responde con el mismo sarcasmo.

Klaus que derriba a Potter de su escoba, lo hace chocar con tanta fuerza que su escoba se rompe y le trae los trozos de madera a Severus con una sonrisa triunfante. Mismo Klaus que tiene el poder de poner nervioso a un tempano de hielo de Severus con un simple; “Te ves bien, Verus”

Camina lo más rápido que puede con la pesadez que lleva en los huesos y saluda con la debida etiqueta. Alrededor de Klaus está la banda de siempre; su equipo de Quidditch, Rosier, Avery, Wilkes, Crouch, y Regulus, quien sonríe en saludo y Severus asiente en su dirección.

—Verus, buenos días y tardes. Pensé que te había tragado la tierra. —Es el saludo que recibe mientras toma asiento, a lo que respira hondo.

—Hola, Klaus.

Ya vestido, arreglado y presentable para el día, Klaus se ve aún más radiante. Ojos dorados brillantes y atentos, altura en todo su fulgor y la eterna sonrisa en su rostro, genuina esta vez, los colmillos están ocultos aún. Su uniforme está impecable, aunque de un tiempo para acá, rechaza por completo el chaleco, no sabe porque, Klaus solo dice odiar como hace lucir su torso, pero mejor para Severus, la camisa es más propensa a abrirse demás. Sus feromonas de sándalo se balancean, incluso con el parche que lleva en el cuello y muñeca, el aroma se las ingenia para salir, estando tan cerca como esta, Severus puede olerlas. Un olor familiar, cálido, de nuevo hace vibrar su pecho, pero apaga esa calidez con fría realidad y baja la mirada de regreso a su plato.

—Me tenías preocupado, Verus. Imagina, despierto y ni rastros de ti en el dormitorio, desayuno, nada, durante las clases; polvo. — Lo regaña juguetón, con confianza, un brazo alcanzando su hombro, ojos dorados brillando mientras sonríe, ignorante al calor que ofrece con ese simple agarre. —Me lastimas, Verus.

Que dejara de hablar así cuando Severus se siente morir sería un detallazo, gracias. Más aun con la suave caricia que deja de su hombro a su espalda baja. Un movimiento fluido y casual, pero que pone de punta la nuca de Severus. Puede sentirlo, olerlo casi, el cómo la bergamota es hundida en sándalo, imperceptible de no ser porque él sabía que debía estar ahí.

—Expedición temprana, no quería despertar a nadie.

—Nackuú mencionó que pasaste por la cocina muy temprano en la mañana—comenta en falsa casualidad. —Y que comiste extrañamente ligero. Intenta comer algo ahora, Verus, te ves un poco gris.

¿Cuántas veces va a escuchar eso en un solo día?

—¿Cuándo no se ve gris? —La mofa viene de Crouch, a lo que Regulus le da un codazo a su amigo.

—Cuando no lidia con idiotas, es una actividad que drena la vida— responde, muy propio hasta que tiene que quitarse a un Crouch de encima, siendo socorrido por Rosier.

No encuentra mente para que le importe, porque tiene otro problema completamente diferente enfrente.

No tiene hambre.

Los olores de la comida le llegan y es instantáneo rechazo. La misma idea de sostener cualquier cosa en su boca se vuelve nauseabunda, pero si algo sabe, es que será peor si lo deja así. Las opciones son ricas y variadas, aún más cuando tres elfos domésticos están trabajando para el fino paladar de sus amos, pero Severus no encuentra gusto en nada.

Sus ojos encuentran una crema de zanahoria, y esa parece ser la única cosa medianamente pasable. El murmullo del Gran Comedor solo crece y crece, amenaza con dejarlo sordo, encuentra un ancla en la voz de Klaus, en la risa de Regulus e incluso en la infantil burla de Crouch, pero su cabeza amenaza con explotar ante la mínima.

Lo único bueno es que su horario ese día es piadoso y su última clase es antes de la Comida, es decir, justo ahora es libre de irse a esconder y morir en un rincón. Lo malo es que nada es bueno cuando el día es malo.

Es a la mitad de la comida que su paz es interrumpida con el escándalo a pocos metros. En una escuela cerrada, con un montón de adolescentes alocados, acceso a la magia y con tendencia a caer en peleas, el drama y las escenas públicas son cosas de todos los días. Y el día de hoy, el escenario perfecto es el Gran Comedor, con alumnos recién liberados de sus clases, cansados e irritados por el hambre, más componentes para más peleas, a veces se pregunta si es apropósito, si el vejete director tiene alguna afinidad por el caos y arreglas las mejores circunstancias que deriven en el caos más puro y sin culpa que pueda ser reconocida.

Severus baja su cuchara y se deja llevar por la curiosidad al voltear.

Una Ravenclaw, parada y con varita en mano, el cabello hecho un desastre y respirando pesado, su boca abierta para dejar ver los prominentes colmillos, si Severus ladea tantito la cabeza, podría ver la densa nube de feromonas rodearla. Frente a ella, un Gryffindor, tan desaliñado como ella, varita en alto y con el pecho inflado, seguro sus colmillos no han terminado de crecer, pero negándose a ceder. Los gruñidos vibran entre los dos, la amenaza y advertencia es palpable. La razón de su pelea puede variar a un tropiezo, un insulto o la mera existencia de uno en la burbuja del otro, quien sabe.

Los dos son de cuarto año, dos años menores que el mismo Severus, es decir; recién presentados, comenzando a adaptarse a la biología despertada, así como las hormonas y feromonas se asientan en su persona, las explosiones de ira de parte de omegas y alfas son completamente normales, de la mano con la sobreestimulación aromática y confusión a cómo responder. Ser de cuarto es estar en el ojo del huracán del caos, no solo por tu propio cuerpo cambiante, si no por el de todos los que te rodean.

Por esas mismas razones, está escena no es nada inusual. Tampoco menos fastidiosa.

Los dos alfas son jóvenes, recién despertados y probando los límites de sus fuerzas, claro que también prueban la paciencia de los otros cercanos. La ridícula pelea es rota cuando un alfa Hufflepuff de séptimo, más alto, grande y fuerte que ambos, pasa entre los dos, gritando que ya ha tenido suficiente, que tiene demasiada hambre como para mierdas de esas y mandando a cada uno a su respectiva mesa.

Cualquier intención de llevarle la contraria muere con una ola de feromonas que obliga a ambos a ceder, acompañada de una mueca con colmillos desarrollados por completo.

La pelea se disipa en el aire, y el Gran Comedor regresa a su murmulla usual. Severus mira su plato de nuevo. Una crema de zanahoria, los elfos domésticos tienden a lucirse cuando les mencionas un estomago rebelde y nauseas. Es buena, pero Severus tiene que forzarse a pasar cada bocado, todo el día ha estado mal, y esta falta de apetito no es nueva, por lo que su atención vaga entre lo que necesita hacer y lo que pasa a su alrededor.

—Tercera vez esta semana, cada vez vamos más agresivos— menciona Rosier, moviendo de un lado a otro su comida.

Al frente de él, Wilkes resopla con sorna.

—Dijo Evan “No respires en mi dirección” Rosier.

—Ay, cállate, Wilhelm “perfumería hormonal” Wilkes.

Claro, su generación paso por el mismo problema durante cuarto año. Con Evan Rosier siendo uno de los alfas más agresivos, sin poder llevar un día sin estallar y querer asesinar a medio cuerpo estudiantil, desatando peleas ridículas con otros recién presentados, desde peleas de palabras, maleficios hasta feromonas. Mientras Wilkes estaba intentando controlar las recién ganadas feromonas, demasiado coordinadas con sus pensamientos y reacciones inmediatas, lo que debía quedarse como un pensamiento privado de repente estaba en la nariz de todos. Un alfa furibundo y el otro caliente, esos dos eran solo parte de la gran cifra de problemas que atravesaron en cuarto año.

Severus, por su lado, era indiferente, en ese entonces y ahora.

En ese tiempo seguía siendo amigo de Lily, la escuchó divagar y desear mantenerse como una chica y todo lo que conlleva, lo que sea que significara. La ayudó cuando tuvo un colapso pre—presentación y fue el primero en sonreír con ella cuando se presentó como una omega. Estuvo con ella toda una tarde, intentando descifrar cual era el olor de sus feromonas, y con qué perfumes podría complementarlas para que no chocaran entre sí. Recuerda sentarse junto a ella, darle una bufanda con su olor cuando ella se la adueño con la cara roja de vergüenza. Y él se quedó exactamente igual.

Nunca tuvo deseos o premoniciones para su propio cambio. Tal vez alguna vez, entre deseos internos, quiso la seguridad y poder que trae ser un alfa, la fuerza física y predisposición del resto del mundo a dejarte en paz, a la gente le agradaba las figuras fuertes, si se volvía un alfa, podría conseguir mejores tratos, la gente pensaría dos veces antes de meterse en su camino. No pasó, tan simple como eso.

Sin mencionar que su atención se fue para otro lado. Todo cuarto año es una nubla borrosa en su mente, recuerdos vagos y lagunas mentales, tan profundas como oscuras, tan oscuras como dolorosas, dejarlas así es lo mejor. En el mundo Muggle su vida se había ido al completo carajo. Su madre murió, golpeada hasta la muerte, Severus despertó en una clínica por tener que pelear por su propia vida, Tobías desaparecido y él por su cuenta. Con un cuerpo maltratado y a medio sanar, tuvo que conseguir un trabajo que le permitiera mantenerse a flote, lo suficiente para no ahogarse. En Hogwarts, las influencias de el-que-no-debe-ser-nombrado crecieron, las tensiones de sus compañeros por su amistad con Lily amenazaban con cortarlo en pedacitos cada que llegaba a la Sala Común. A tal punto que incluso sus antiguos compañeros de cuarto exigieron un cambio por el asco de tener un mestizo, y ahora estaba con Avery, Rosier y Mulciber en el lugar de Wilhelm Wilkes. Wilkes es decente y no irradia peligro, pero los otros tres son… el tipo de persona que Severus desearía ser y sabe cómo evitar caer en sus lados malos. Mulciber y Rosier eran alfas en constantes discusiones por territorio, mientras Avery y Severus quedaron en medio, como un par de cabras en un corral de toros. Ellos tampoco estaban contentos con su amistad con Lily, pero tenían menos interés en hacerle saber sus ideas, a diferencia de Lily, que tenía gran enjundia para decirle que opinaba y que debía hacer.

Y luego estaba la distancia con Lucius. Desde que entró a la escuela, Lucius fue una figura amiga, de guía y apoyo. Su relación con el rubio fue creciendo, le tomó mucho tiempo bajar la guardia y Lucius fue paciente e insistente, Narcissa lo describe como ver a un niño tratar de ganarse la confianza de un gato erizado para después convertirse en un pavorreal siendo seguido por un cuervo. Eran cercanos, Lucius traía consigo esa rara sensación de seguridad y estabilidad, una fría certeza de que nada es doble sentido y lo que dijo es lo que es, que Severus podía decirle todo y Lucius guardaría el secreto, nutriría su curiosidad o trataría de consolar. Son honestos entre los dos, esa honestidad los llevó a chocar; Lucius quería entrar a las filas, tenía los conocidos, tenía la confianza y el porte, se desvivía en decirle que nadie cuestionaría su lugar dentro por todos sus talentos en pociones, por sus conexiones. Hablaba y hablaba sobre los beneficios. Pero Severus no estaba tan seguro, sí, las imágenes que pintaba Lucius hicieron imposible rechazarlo por completo, había clavado una astilla de interés en el centro de la espalda, constantemente ahí, así como otra de terror, por el futuro de él, de Lily, de otras personas y de las posibilidades de todo lo que puede salir mal, eran muchas.

Lucius no estaba feliz con su amistad con Lily, y lo hacía saber. Severus no se lo tomaba bien, y lo hacía saber. Para mediados de cuarto, la presión por unirse creció, las evasivas hartaron a Lucius y tuvieron, por primera vez en años, una pelea. No una discusión acalorada, no un choque de ideas que podrían resolver en un juego de ajedrez; una pelea real con palabras tan afiladas como dagas. Ambos conocen la piel suave del otro, y cuanto duele ser apuñalado donde confiaste en alguien más para proteger. Lucius no regresó a Hogwarts, dejó de enviar cartas y extinguió todo rastro de existencia.

El tipo de silencio que flota después de irse es un tipo de veneno completamente nuevo. Dejó a Severus en el ardor de perder a un gran amigo, y un escudo. Porque sin Malfoy haciendo continuo acto de presencia en Hogwarts, aquellos menos fuertes aprovechan para atacar.

Fue todo un año de llorar la muerte de su madre, maldecir la existencia de su padre, extrañar la cercanía de Lucius, tratar de mantener su amistad con Lily, evitar a Dolohov y sus maleficios al azar, evitar las crecientes “bromas” de los leones porque, claro, según los rumores, él sería el primero a unirse a esa secta.

Fue un año borroso por mil y un razones.

A finales, el nudo alrededor del cuello se aflojo por fin.

Lucius apareció un día, esperándolo en el dormitorio con un tablero de ajedrez, un par de tazas de té y postres de fresa. Severus negara hasta que se muera que la mancha que quedó en el hombro del rubio tras abrazarlo y lo mojado en su propio hombro eran lágrimas de ambos, así como también negara haberlo abrazado por más de tres segundos en primer lugar. Nadie está para saber que tan ridículamente emocional fue ese reencuentro. Lucius no dijo que pasó en ese año, pero nunca más volvió a decir nada sobre unirse, andaba sin inhibidores o parches, sus feromonas salían libres, los gruñidos de advertencia hacia cualquier cosa fuera de su rango de visión se volvieron comunes, pequeños saltos cada que alguien o algo se acercaba demasiado rápido a él y la necesidad de tener a Narcissa y/o a Severus al alcance de la mano, un detalle más extraño fue el abandono completo de trajes/túnicas azules. Las que antes llevaba con tanto orgullo por hacerlo parecerse a Abraxas Malfoy, ahora estaban olvidadas en el fondo de un closet y reemplazadas por profundo negro, ambicioso verde y, a veces, costoso morado. Dolohov retrocedió y después se graduó, las insistencias de unirse cayeron y su situación de vivienda se resolvió al hacer el intercambio.

Por fin pudo respirar de nuevo. Y con ese reencuentro, vino la pregunta a su resultado biológico, no es hasta que Lucius preguntó por alguna presentación y sobre cómo estaba preocupado por no haber sabido nada, es que Severus cayó en cuenta de que, efectivamente, nada cambió.

Ser un alfa estaba fuera de cuestión. Demasiado delgado para ser un alfa, demasiado feo para ser un omega. Terminó cuarto sin ningún cambió y pudo regocijarse en el agridulce alivio de un Beta.

Nadie te molesta, nadie te sigue, solo eres tú. Pero no eres nadie ni vales la pena de ningún modo.

Tras ser invisible para fúricos alfas e irritables omegas, el alivio se volvió dulce. Y cuando Potter y Black llegaron, presumiendo sus nuevos estatus de alfas, el mundo se dobló aun más a su favor y el alivio se volvió amargo.

Ser invisible es útil cuando no quieres problemas, ser invisible es una condena cuando ya tienes problemas.

Ellos, borrachos en audacia, orgullo y fuerza, se volvieron agresivos, y él, loco de duelo, ira y frustración, se volvió violento. Las bromas se volvieron pesadas y los duelos sangrientos, nadie estaba a salvo y más de una vez hubo víctimas de fuego cruzado que aun cargan secuelas de lo que paso. Su piel se eriza y pica ante el recuerdo de ese maldito accidente en el árbol que le arrebató todo, la venganza fue…dura, al punto que ni Black ni Potter confían en las bebidas durante las comidas ni en las escobas durante su práctica.

Severus carga cicatrices, muchas del pasado y varias siguen frescas, el consuelo está que no es el único.

Si ahora todos seguían con vida es porque Black fracasó en su intento y la delgada línea rota los azotó a todos de regreso al comienzo; lejos uno de los otros. Desde finales del año pasado, después de esa luna llena, los merodeadores y Severus existen en dos burbujas completamente diferentes, para precaria paz de toda la escuela.

Al regresar a su sexto año, por primera vez, Severus encuentra rutina y silenciosa existencia, la suficiente para, ahora sí, comenzar a cavar un lugar en Hogwarts para si mismo. Puede comer en paz, puede caminar descuidado, puede dormir tranquilo, y puede simplemente existir. Es raro acostumbrarse a la quietud después de dos años de continua guerra contra el mundo, aún tiene calambres por tener el cuerpo tenso, en espera de un ataque que nunca llega. Es nuevo y extraño, pero Severus tiene planeado sacarle el mayor partido posible.

Lo que lo regresa a este momento.

Wilkes grazna indignado y empuja a Rosier, cara roja por la memoria de esos incidentes.

—¡Fue una vez!

—¡Sí! ¡Una vez al día!

Severus cierra los ojos y baja más la cabeza, tratando de aislarse del sonido. Su cabello negro cae sobre su rostro y presta una temporal cortina y refugio del mundo, una conocida penumbra que ahora alivia un poco la punzada en su cabeza. Todo es demasiado y no tiene la paciencia para esto. Nunca la tiene, pero hoy menos que nunca.

Hay más respuestas en la discusión a su lado, más burlas, gruñidos, risas y empujones, el típico ruido comunal, con las necesarias feromonas que ahora presionan su cráneo.

Hay más respuestas en la discusión a su lado, más burlas, gruñidos, risas y empujones, el típico ruido comunal, con las necesarias feromonas que ahora presionan su cráneo. Desde que despertó esa mañana no ha sido más que un día complicado. La sombra que ve enfrente suya es lo primero, el fuerte olor a sándalo que ataca su nariz es lo segundo y ya es atrapado. Un brazo cae sobre sus hombros y lo atrapa con una precisión envidiable, fuerte y estable, entre risas sacude su cuerpo.

—¡No te enojes, Verus! Es solo Evan y sus eternas riñas.

Es cálido, es constante, es sólido, una constante en la que puede recargarse y puede observar por días. Pero soñar no cambia la realidad. Y la realidad es que, incluso si está enamorado de Klaus, no va a decirlo. Por lo tanto, tener el peso del otro y estar en su agarre no es una sorpresa, y normalmente puede soportarlo, pero hoy es diferente. Un leve quejido escapa de su garganta, sutil y grave, más un jadeo, la resistencia de su espalda no es la misma y Klaus no es pequeño.

Y tampoco sordo al parecer, porque el cuerpo a su lado se congela por completa y los ojos dorados de Klaus se centran con la puntería de una flecha. De arriba abajo y de abajo arriba, es analizado y Klaus tira su cabeza a un lado.

—Estas raro, ¿Qué sucede contigo?

—Nada…solo cansado.

Incluso su garganta se siente seca, este día prueba ser cada vez más difícil. Klaus no se la cree del todo.

—Despertaste muy temprano el día de hoy, ¿Ya fuiste a la enfermería?

—No, solo estoy cansado, dormiré un rato en la tarde y estaré mejor.

Realmente no acostumbra a dormir en la tarde, prefiere dejarse caer sobre todos los libros y el temario del semestre. Leyendo, escribiendo, resumiendo, corrigiendo, memorizando, y haciendo todo lo posible por adelantarse, o tomar cuantas tareas extras pueda sacarles a los profesores para asegurar un buen promedio, construir un curricular estable y conseguir las pasantías necesarias con los laboratorios. Ya está bien acostumbrado a empujar su malestar físico hasta el fondo de sus prioridades y concentrarse en las tareas, puede desmayarse en paz durante la noche, pero las horas del día son preciadas, así como el acceso a la biblioteca de Hogwarts. Es lo que haría, y es lo que planea, pero la forma en la que Klaus aprieta el brazo que sostiene sus hombros comienza a disuadirlo.

—Es decir que no iras a la práctica, ¿no?

Claro que una gran ventaja de tener a Klaus como un amigo, es que los demás sangre puras retroceden con tal de no meterse en una riña que Klaus llevaría hasta las últimas consecuencias, y, por ende, se hizo un muy mal habito de seguirlo incluso a sus prácticas, donde puede sentarse en las gradas, leer, transcribir notas o comparar apuntes con libros mientras toma el sol, o la sombra en su defecto. Una rutina a la que Klaus tiene particular gusto, comenzando a esperarlo para ir y confiando en Severus su mochila con una botella de agua para cuando lo necesita, incluso ahora Severus sabe cómo vendar las manos de Klaus del modo que mejor pueden proteger sus dedos y palma al tener que sujetarse por su vida a esa escoba.

Un ritual cuidadosamente construido que funciona para ambos, y su disrupción causa una acida irritación en Klaus.

Severus puede olerlo antes de comprenderlo, el sándalo se torna agrio con la ligera tensión en el rostro de Klaus, pero al segundo siguiente, se torna amargo, una nueva expresión mientras Klaus entrecierra los ojos, sospechando.

—Si faltas a la rutina es porque algo de verdad está mal, Verus, ¿Estás seguro de que estarás bien por tu cuenta y solo con una siesta? Es en serio cuando digo que no tengo ningún problema es arrástrate moribundo hasta la enfermería si es necesario.

 

—No es necesario, me excedí anoche, es todo.

Klaus asiente, aun sospechando, su mano suelta sus hombros, pero se pasa demasiado lento por su espalda, suave y continuo, hasta que por fin lo suelta para concentrarse en su propia comida.

—¿Qué con la cara larga, Mulciber? ¿Vas solito a volar? —la voz burlona de Crouch llama la atención de los dos, Crouch sonríe mezquino mientras Klaus le avienta una mirada de muerte.

—Tú cállate, Crouch, que quiero ver si esta vez dejas de desnudar a Evan con los ojos— regresa Klaus. Rosier tose y se ahoga con su trozo, teniendo que recibir ayuda de Wilkes para no ahogarse, poniéndose cada vez más rojo por la falta de oxígeno y exceso de vergüenza.

Pero Crouch ensancha su sonrisa y sus ojos caen en Severus.

—Más te vale estar muriendo Snape, porque ahora va a estar haciendo berrinche por toda la práctica.

—No es necesario que se esté muriendo, nadie enfermo disfruta de estar bajo el sol demasiado tiempo— se mete Regulus.

Una extraña amistad se formó entre ambos hace ya mucho. Resulta que ser aceptado por Malfoy, Narcissa Black y Mulciber es suficiente para que el pequeño Black baje la guardia y comience a acercarse. Y también resulta que Regulus encuentra fascinante su facilidad para las pociones. Lo que empezó como una asesoría en pociones aquí, una ayuda por allá terminó en una amistad tranquila.

No le ha dicho que su cercanía es una más de las razones por las que Black intento terminar con él aquella noche de luna llena, y no necesita saberlo. Ya hay demasiadas cosas detrás de esos ojos grises, no necesita que una de las cosas más sencillas se vuelva una bomba en sus manos. Severus le avienta una mirada y sus labios cooperan al subir solo un poco las comisuras, no es una sonrisa, pero es una expresión más suave, menos cerrada y más amigable de las que ha ofrecido en todo el día, semana, mes.

Regulus le regresa la sonrisa y Klaus resopla a su lado.

—Sí, Verus puede decidir descansar, así como Evan puede decidir mantener la camisa puesta.

—¡Yo ni dije nada! —se defiende Rosier, con oxígeno y aun rojo.

—Snape, ¿Estás seguro de no poder ir? Para que no quiera matarnos.

Severus suspira bajo y lleva la mano a la cabeza, demasiado cansado para estas mierdas y las ganas de Crouch por caos, es una constante de la que nadie nunca puede ser libre si tratan con ese rubio con complejo de hiena.

La crema de zanahoria deja de parecer importante, a lo que Regulus se agacha solo un poco para susurrarle.

—¿Seguro estás bien? Te ves un poco pálido.

Regulus es gentil, pero para él, es un lujo. Un Black no puede ser gentil por naturaleza y seguir con las tradiciones de su familia. Son pocas veces las que puede actuar sobre su naturaleza personal, y Severus puede estar contento de, por una vez, estar en el lado suave de los Black. Viendo esos ojos grises, expresión vulnerable y juvenil, menor apenas por un año, una extraña ola de emociones empuja su estómago, indescifrables y nuevas, quiere atribuirlas a las náuseas y vuelcos que se han hecho presentes desde esa mañana. Los susurros en su cabeza, esos que hacen énfasis en la vulnerabilidad de Regulus, su interés y cuidado y tientan su mano a alcanzar la melena negra y peinarla hacia atrás, en un intento de consolar la ansiedad que se filtra en sus feromonas. Se siente como algo que nunca ha tenido ni tendrá; un sentimiento de manada.

Severus cierra su mano sobre su cuchara, ahogando esos pensamientos, callando esas voces y aterrizando de regreso al mundo real.

—Sí. —Asegura, sin ganas de dar más explicaciones.

Klaus, por su lado, está ocupado enganchándose en otra pelea con Crouch.

—Pobre Mulciber, que ya no lo van a consentir y atender entre descansos. —Le hace burla Emma Vanity

—¿Cómo no? Si tiene un sequito de omegas babeando por él. Descansa tranquilo, Snape, Mulciber estará bien cuidado. —Sonríe Crouch.

Un dong, aún más doloroso, su cabeza reacciona como si de verdad lo hubiera escuchado y comienza a presionar su cerebro. El sabor se vuelve amargo y Severus no dice nada.

—Ya cállate. —Klaus le dispara entre dientes, pero Crouch esta envalentonado.

—Sí, el sequito de fans, esta oportunidad de oro no se les va. A lo mejor se le cumple a una de ellas. —Entonces Crouch se gira y busca en la mesa hasta encontrar a alguien con la mirada. —Mira, ahí está Bulstrode.

—Crouch. —Quiere frenar Klaus, sin éxito.

—¡Ey! ¡Bulstrode! —grita y la chica voltea, Crouch sonríe y señala a Klaus— ¡Mulciber necesita quien le lleve agua durante la práctica! ¡¿Crees que puedas?!

El rostro de Bulstrode se ilumina por completo, el sabor amargo se adueña de la lengua de Severus, más al ver la sonrisa de dientes perfecto en boca de la hermosa bruja y los ojos brillantes caer en Klaus. Emocionada, adecuada y educada, pero controlada.

—¡Por supuesto, estaré ahí!

Klaus sonríe educado, sin decir nada y con la lengua entre los dientes, y en cuanto Bulstrode se voltea para festejar con sus amigas, su sonrisa cae y cruza el brazo por la mesa para empujar con fuerza a Crouch, enojado.

—¡¿Cuál carajo es tu problema!?

—Jodes tanto con si le pongo atención a Evan que pensé que necesitabas quien te diera ti, ¿y quién no quiere una bella omega atendiendo su ego? —Codea a sus lados y Rosier hace una mueca.

—No gracias, son puro puto drama. Medianamente divertido en rut, pero una jodida monserga después. —es la respuesta de Rosier, a lo que Wilkes resopla, pero no dice nada más, seguro de acuerdo con esa noción.

Claro, las y los omegas sangre pura son preciosas joyas que deben llegar vírgenes al matrimonio o solo intimar si es con sus prometidos. A diferencia del mundo Muggle, los omegas heredan títulos y de acuerdo con la línea de sucesión de cada familia, su apellido prevalece después de unirse. Pero el precio es su pureza, ninguna omega sangre pura podría aceptar un acoston sin matrimonio a la mañana siguiente, ya es raro que lo acepten en ese orden. Y para alfas como Rosier, lo único divertido sobre los omegas, es la posibilidad de una noche pasional.

Porque muchos alfas piensan igual, y Severus no es ignorante a los muchos ojos que siguen la figura de Klaus, la cantidad de feromonas que se pegan a él y el dulzor que no pertenece a un alfa. Esa noche tal vez regrese oliendo como Bulstrode, y sería lo adecuado, lo aceptado y esperado, porque Klaus es un alfa de estirpe ejemplar y con suficiente renombre para tener a quien quiera sin ser de cualquiera. Ese conocimiento no hace ningún favor, su lengua sabe acida, su mandíbula se aprieta y Severus se recuerda que el orden de las cosas no cambia por una cómoda amistad.

—Podrías aprovechar y entrenar cardio diferente. Snape, Mulciber estará ocupado, pero no te preocupes, escuche que Zabini busca compañía. —Y tiene el descaro de guiñarle un ojo.

Zabini, una mujer omega que encuentra placer en venenos y pociones, Severus se mantiene fuera de su camino, pero ella de vez en vez se giraría a él para pedir una o dos notas, consejos o una pregunta sobre cómo proceder en una situación específica con una poción, ninguna es molesta y todas puede responderlas, por lo que su interacción con Zabini es segura. No puede decir lo mismo sobre los alfas que la hacen enojar. Pero indiferente a todo eso, Zabini tiende a tener parejas trofeo, y todos son sangre pura, de vez en cuando una hermosa omega del brazo. Y no es como que Severus pudiera competir por ese puesto.

Crouch se ríe, pero Klaus tuvo suficiente, el gruñido rebota en su garganta, grave y veloz, chasquea la mandíbula en su dirección, labios alzados en una mueca y dejando ver sus MUY afilados colmillos. Doble colmillo, blancos y prominentes, un símbolo más de su fuerza y poderío físico. Una advertencia de que su paciencia se está acabando rápido y una más es suficiente.

Crouch muestra los dientes, Rosier se tensa, incluso Avery, un beta, se congela ante la posibilidad de una pelea.  Pero Severus, por primera vez desde que se conocen, siente los escalofríos bajar por su espalda, bajando su cabeza en un movimiento inconsciente y ojos abierto en sorpresa.

Una perfecta mímica de la posición que adoptaría Regulus con un correctivo de su madre.

Al instante se endereza, su cuello se siente entumido y su humor se vuelve acido al darse cuenta de la nueva dolencia, ese día no deja de ir de mal en peor. Incluso si logra disimular, la repentina tensión en la mesa no cede, todos se quedan quietos, en espera de ver qué pasa después.

Es Crouch el primero en ceder, en bajar los labios y ocultar los dientes, el reto es retirado. Klaus espera a que todo Crouch desvié la mirada antes de bajar sus labios y relajar su cuerpo, Rosier y Wilkes siguiéndole de cerca. Los ánimos se calman y las feromonas dejan de estrellarse contra los inhibidores, una calma lenta en asentarse, hasta que Wilkes, el más tranquilo del montón que los rodea, rompe la precariedad con una risa ahogada.

—Bueno, ¿Alguien me pasa la salsa, por favor?

La salsa fue puesta enfrente de Wilkes y cada uno regreso a sus platicas.

Severus sabe que ese tipo de convivencias no son anormales entre ellos, entre Klaus, Crouch, Wilkes, Rosier, Avery, sin mencionar a todo el equipo de Quidditch. Se conocen de años, sus familias se codean entre sí, la proximidad en Hogwarts da pie a que sus propios lazos se fortalezcan y se cree una dinámica comunal, no todos son tan cercanos para ser llamados manada, pero al menos se conocen lo suficiente para saber los límites de cada uno. Los choques son normales porque siempre gana el que esté dispuesto a llevarlo más lejos, esta vez, Crouch decidió dejarlo, de haber querido hacer lo contrario, habría que hacer un esfuerzo comunal en distraer la atención de ambos alfas en otra cosa que no fuera arrancarse la garganta.

Es raro que Klaus se ponga tan a la defensiva. Tal vez tiene que ver con su reciente discusión con Zabini, o puede ser que esté irritado de adelantado por la práctica, pueden ser mil cosas.

Entendido, Klaus estaba de malas también. Magnifico, simplemente magnifico.

Su cuerpo decide que ese momento es ideal para quejarse de nuevo. Se dobla sobre sí mismo con una ligera mueca, su estómago se retuerce con tanta fuerza, una apuñalada es similar, y al menos sangra, el aire se le atasca en los pulmones y no puede emitir ni sonido.

Es suficiente por un día, le urge irse a morir a un rincón oscuro y después arrastrarse a donde Promfey pueda darle una poción para noquearlo hasta que se pase. Ni siquiera espera a que suene la campana, sino que se empuja para atrás, sus piernas se sienten débiles y el movimiento es torpe, se gana la atención de los otros.

—Me voy— avisa, parpadeando para encontrar temple pese a su dolor que no cede, alcanza su mochila.

—¿Ya? No terminaste de comer— nota Klaus, levantándose también— espera, Verus.

Severus quiere huir, pero Klaus lo merma al ponerse enfrente y tomar sus hombros con suficiente fuerza para no poder liberarse tan fácil.

—Klaus, estoy-

—Ve con Promfey, dormiste poco, comiste casi nada y te ves mal.

—Iré después— intenta irse, pero Klaus lo detiene de nuevo. Sus manos bajando por sus brazos, casi acariciándolo.

—Verus, es en serio, te ves mal.

Las manos son gentiles, pero causan otro escalofrío a lo largo de su espalda. Severus suspira y mira a Klaus, los ojos dorados lo miran hasta el alma y no encuentra energía para enojarse demasiado con su insistencia. Klaus empuja limites, disfruta de empujar y ver que tan cerca está de cada persona, es su modo de hacerse un lugar, pero nunca cruza a la fuerza. Una rosca que lentamente va apretando conforme tiene oportunidad.

Pero esta vez, presiona un moretón. Está cansado, esta adolorido, quiere dormir, quiere olvidar la existencia de todos y todo. Klaus ira practica y tendrá a Bulstrode sobre él, Bulstrode, la misma que siempre está encima de él, sonriendo, coqueteando, vertiendo sus feromonas en el aire con descaro cada vez que Klaus pasa cerca. Y es posible que Klaus ahora por fin se dé cuenta de lo que puede tener si voltea en esa dirección.

¿Por qué debería hacer lo que dice Klaus si este está más cómodo con la compañía de otros? Es un pensamiento afilado y corta el poco bienestar que logró juntar.

Retrocede de golpe y se zafa de Klaus casi con prisa, el corazón le está latiendo cada vez más rápido y Severus poco puede hacer para recuperar el control.

—Dije que estaré bien, tu diviértete con Bulstrode— casi ladra, respirando pesado.

Klaus abre los ojos, sorprendido, por las palabras, por el movimiento o por la combinación de ambas cosas, sin saber que decir. Severus no espera, no le da oportunidad de reaccionar antes de deslizarse a su lado y huir de ahí. Ignora por completo los llamados de Klaus, no se voltea ni se fija en nada más. Simplemente sale de ahí.

Sabe bien que ahora Klaus tiene clase de Transfiguración, una clase a la que no puede darse el lujo de saltarse ni descuidar, McGonagall es inmisericorde con la asistencia, y justo después es la práctica. El cielo le sonríe y la chicharra para marcar el final de la comida suena cuando él ya está escurriéndose hacia las mazmorras. Se quita de encima la posibilidad de que Klaus lo persiga y exija más respuesta de las que tiene Severus. Las escaleras son eternas, la creciente oscuridad es un consuelo a sus ojos, la temperatura que baja no es tan agradable, pero es familiar.

La Sala Común esta desierta cuando llega, y los pocos alumnos de ahí lo pasan de largo con la misma indiferencia que Severus siente al ignorarlos. Va directo a su dormitorio, sus cosas caen al suelo sin cuidado ni interés, y Severus se deja caer en su cama. No se molesta en quitarse la camisa, en abrir el cobertor o prender las luces, directamente se deja caer en peso muerto en el centro de su cama, apenas y avienta la túnica exterior a su baúl cerrado.  

Cada musculo de su cuerpo se siente acalambrado, su cabeza sigue dando vueltas y pareciera que su corazón y pulmones no pueden darle abasto de sangre y oxígeno a su cuerpo, por lo que cierra los ojos. Concentra su mente en el ahora, en el respirar, en dejar que su cuerpo derrotado registre la posición y se permite ser arrastrado por esa debilidad.

Sus pensamientos son un mar de imágenes borrosas y tormentosas. La conversación de ahora, las palabras de Crouch, la sonrisa de Bulstrode, la silenciosa aceptación de Klaus. El frío miedo de que la historia vuelva a repetirse; él es un cero, nada que lo haga valioso y una amistad entretenida por un rato, útil hasta que se encuentra una pareja. Lily dejó eso en claro, Severus solo era divertido en lo que se encontraba a alguien que llenara el papel de confidente, mejor amigo y compañero con mayor gracia y soltura, con más belleza. No es permanente. Lily es bonita, es hermosa, y ella consiguió una manada, Severus fue descartado con facilidad. Pero Klaus; Klaus es fuerte, es guapo y es millonario, es todo lo que las omegas quieren a su lado, lo que los alfas quieren ser y lo que los betas están dispuestos a seguir, Klaus puede tirarlo tan fácil a un lado. Ver el humo en el cielo, saber que el fuego se acerca, el final de esa cercana amistad no está lejos y aterra a Severus más de lo que puede enunciar.

Todo está mal, todo. Su vientre y entrepierna duele, su cuello arde, le cuesta respirar y podría haber tragado un Inferno por cuan tan caliente está su cuerpo. Se remueve una y otra vez, se gira tan patético como un gusano con sal, las cobijas bajo su piel son lijas que tallan su resistencia milímetro por milímetro, pero no puede parar. Necesita quitarse esa horrible pesadez, esa pesada sensación que está adherida a él.

Diferente al dolor de un golpe, diferente al ardor de un maleficio, diferente al calor de la vergüenza, todo es tan diferente y nuevo, así como desagradable y aterrador. Pocas veces pierde control sobre su cuerpo, porque siempre ha tenido que ser consciente hasta del ritmo de su respiración, por lo que ahora perder por completo la noción de que está pasando, como resolverlo o que hacer al respecto, es aterrador a nuevos niveles.

Se tapa la boca cuando un retortijón en su vientre bajo es especialmente doloroso, presiona su rostro contra la almohada y evita gritar. Hierve, quema, duele. Se desgarra por dentro, el papel de sus intestinos es arrancado y doblado sin ningún tipo de piedra, retuerce su interior y dobla su exterior. Las cobijas son lijas, sus huesos vibran y se estiran, incluso respirar quema, el interior de su nariz resiente el aire que entra y Severus apenas puede ahogar un quejido lastimero antes de jadear desesperado.

Alfileres bajo la piel de su cuello, muñecas y muslos internos presionan el filo para hacerse camino hacia el exterior, acido se derrama entre los hilos y lo único que queda es pulsante tortura. Se retuerce sobre la cama, pelea por oxígeno, no puede evitar el grito que escapa con el siguiente jalón en su vientre bajo. Rebota en el colchón con violentos espasmos sin control, todo se vuelve borroso, nada tiene arriba y nada tiene abajo.

Intenta arrastrarse lejos de tormento, pero este lo jala con cadenas. Sus dedos alcanzan una tela. Fría, fresca, suave, la jala contra sí y no raspa, no lastima, no duele, hunde el rostro en ella y el oxígeno que consigue a través es respirable, pero el olor que percibe, contra todo su poder de voluntad, le arranca un quejido lastimero: caléndula y rosas. Madre.

El llanto de un animal herido es más armónico que el patético sollozo de Severus mientras entierra su cara en la tela, buscando más. Más consuelo, más confort, más de ella, casi puede sentir sus manos frías acomodar su cabello, su suave voz tararear en el fondo de su mente y la promesa de que todo estará bien. Fantasmas y recuerdos, una horrible combinación para un cuerpo febril y débil.

Una mancha a pies de su cama llama su atención; tela azul y negra.

Su túnica y un suéter. Está perdido en emociones, en soledad, la sensación de estar desprotegido lo hace moverse lo suficiente para alcanzar ambas telas y jalarlas hacia sí. Entre ellas, jalan una bufanda verde. El suéter es suave, con material liso y cálido, es cómodo, mentolado y fresco, el regalo de Lucius que no ha tenido oportunidad de usar. Lo pone a un lado de la cobija y mira la túnica.

Su túnica escolar, la que ha llevado todo el día. No tiene nada de malo, no se siente pesada, debe estar sucia, pero cualquier idea de descartarla se pierde en la suave suplica de la bergamota y la sugerencia del sándalo. Mira la tela, busca respuestas en las costuras y la vuelve a bajar. Entonces sostiene la bufanda, verde esmeralda, un detalle de Navidad de Charity, tuvo un susto de haberla perdido hace una semana, no estaba por ningún lado, hasta que una hora más tarde llegó Regulus, rojo de vergüenza, diciendo que se confundió y pensó que era la suya. No la guardó y ahora la sostiene entre manos. Aun reconoce la vainilla de Charity y el jazmín de Regulus, ambos olores son… extraños juntos, pero la tela no es ofensiva y se desliza a un lado del suéter.

Respira un par de veces y deja caer su peso en la combinación de telas y olores, su corazón aun late con prisa, sus costillas están demasiado apretadas y su piel es muy chica, queda quieto con la resignación un animal herido.

No hay parte de su cuerpo que no duela, sus muñecas se sienten duras, tensas, no puede doblar las manos sin hacer una mueca, y ni hablar de su cuello o piernas. Y el infierno se reinicia.

Jadea y grita contra la tunica, cierra los ojos con fuerza, como si pudiera soñar y escapar. Su entrepierna se siente en fuego y hielo, su cadera entera tiembla y vibra mientras una nueva presión se asienta en su boca, en sus encías, en sus dientes. La ola de dolor pasa relativamente rápido y Severus tiene oportunidad de relajarse un segundo, la bufanda acaricia su rostro y él se acurruca contra la cobija, cansado.

Nada tiene sentido, ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué todo se dobló así? ¿Por qué duele? ¿Por qué duele? ¿Por qué duele así? ¿Por qué está actuando como un­—?

Sus pensamientos y divagaciones frenan de golpe y el separa su torso de la cama. Ojos abiertos bajan a sus piernas y toca por encima la tela; húmeda, al ver sus dedos, el tinte rojo de sangre es presente, el sudor hace que el cabello se pegue a su nuca y ahora baja por su espalda con una helada realización. Las telas debajo; la cobija, el suéter, la túnica y el suéter, cuatro trozos de tela, trozos que tienen las feromonas de personas en las que confía más de lo que puede decir con palabras.

Las feromonas omega en la cobija y bufanda. Las feromonas alfa en el suéter y en la túnica.

En la cobija está su madre, en la bufanda están Regulus y Charity. En el suéter está Lucius, en la túnica están Aurora y Klaus.

Y actualmente está recostado en un nido hecho con los rastros de aquellos en los que confía mientras él está afiebrado y adolorido. Un nido.

Los alfas hacen guaridas, los betas hacen comunas, y los omegas hacen nidos.

Esto…esto es un celo.

Las nauseas por ansiedad son instantáneas, pero es porque no tiene sentido. No, no puede ser, ya tiene 17 años, las presentaciones son entre los 13 y 15 años, son dos años tarde, dos años y ciclos tarde, ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Charity dijo que tuvo mal estar estomacal por dos semanas y fiebres fluctuantes por un mes hasta que llegó su primer celo. Y aunque lo describió como “un perro desgraciado hijo de la chingada arruina vidas” (Charity tiene sentimientos fuertes sobre su primer celo), nunca dijo nada de un dolor interno comparable con ser destripado ni sangre. Aunque tal vez lo ultimo se deba a que ella no tiene que hacer le cambio de una verga a un coño.

El miedo y la alerta lo vuelven sensible, pese al malestar, su cuerpo se yergue al oír voces fuera del dormitorio. La puerta no tiene seguro

La maldita puerta no tiene seguro. Cualquiera podría entrar y verlo así, mierda, cualquiera podría olerlo, entrar y verlo así; vulnerable, débil, fácil.

No tiene ni que pensar en alfas, no, para nada. Porque entonces cae en cuenta de en donde mierda está.

En la habitación que comparte con uno de los alfas más violentos de Hogwarts. Las palabras de Rosier regresan con fuerza sobre su cabeza, una cubetada de agua helada y un latigazo de terror. Porque no conforme de su eterna ira y el disgusto a su existencia, Rosier está cerca de su Rut. Un alfa enojado, cerca de su rut, tropieza con un omega mestizo en su dormitorio.

Las posibilidades bizarras se vuelven sangrientas con un solo mover de la muñeca. Porque, si bien, Rosier jamás lo haría con una omega sangre pura, Severus no es nada más que un vil mestizo de cuestionable aspecto. No tiene valor, no tiene nada que ofrecer, y está en ese rato medianamente divertido donde sirve para meter un nudo. Si está dispuesto cae en las últimas de sus preocupaciones.

Avery haría ojos ciegos, nunca se mete en cosas de alfas.

No es más que una perra de cría ahora, si es que las palabras de su padre hacia su madre sirven como guía sobre piensan los alfas de omegas que consideran inferiores. No es un beta, no es alguien a quien ignorar y dejar en la paz de sus deseos, ahora es un omega, uno sin valor ni cuidado, un juguete. Las oportunidades se han ido en cada gota de sudor y en cada dolor de su vientre bajo, lo que pudo conseguir como beta desaparece en lo que será esperado, exigido de él, como omega. Un calentador de cama, un hoyo que coger.

Tiene que irse, moverse. Huir.

Huir lejos de donde puede ser encontrado.

Sus piernas aun duelen, los músculos de sus muslos están resentidos y su espalda entera arde. Perder la calidez de las cobijas es arrancarse las únicas tiras de piel que le queda, el hoyo en su pecho se hace más grande y el llanto es ajeno. Es su nido, su lugar seguro, pero no lo es. No es seguro. Tiene que huir.

Sus dedos torpes encuentran su varita y Severus se balancea hasta la puerta. No hay nadie, no hay rastro de que alguien haya pasado, sin moros en la costa. La cabeza pesa, el mundo da vueltas y el peso de su cuerpo amenaza con derribarlo, la energía del miedo y la fuerza de la adrenalina lo hace correr.

Correr fuera, correr a donde sea, solo lejos.

No se encuentra con nadie o a nadie le importa, ruega a Merlín porque sea la segunda. La oscuridad de las mazmorras lo saluda y él sigue huyendo sin rumbo ni razón. El corazón late tan fuerte que retumba en su pecho entero. Es poco tiempo el que le toma perder el aliento de nuevo, el aire escapa y su cuerpo lo traiciona.

Una apuñalada, se dobla sobre si mismo en un jadeo y tiene que socorrerse de una pared para no caer al suelo. La presión en su mandíbula y encías es peor, poco puede abrir la boca y tiene que cerrar los ojos para concentrarse. Ahora está más desprotegido, pero al menos está lejos. Trata de entender que hay, donde está, sin éxito.

Una risa ser llevada por el viento y Severus voltea.

Brillante cabello rojo e intensos ojos verdes.

El hoyo en su pecho se tuerce, el dolor en su estomago palidece con el de su corazón y la amargura regresa a su lengua.

Lily está sentada, tan tranquila, sonriendo y disfrutando del sol que recibe. Su ropa impecable, su cabello suelto, si Severus se concentra, tal vez podría buscar sus feromonas entre el aire que los separa.

Acércate. Ella ayudara.  

Ella… ella siempre ha sido amable, amigable, generosa. Se acercó a él cuando nadie más tenía el valor de hacerlo, ella le dijo palabras amables y le regaló su tiempo en vez de voltear la cabeza en desprecio al niño fantasma de la Hilandera.  Ella se presta a escuchar a otros, se presta a ser amable primero y critica después, va desde dar una toalla sanitaria a una chica en necesidad, enseñarle como usar sus feromonas a un omega de cuarto e incluso consolar a un alfa recién presentado que está asustado por haber herido a su amigo. Ella es amable y no tiene la violencia como primer instinto ante algo más débil que ella.

Tal vez… tal vez ella puede ayudar, ella puede ofrecer una mano amiga una ultima vez.

Y una cabellera rubia aparece tras Lily en un abrazo sorpresa, causando más risas.

McKinnon. Ella ríe y sus colmillos alfas son expuestos. Sus manos en los hombros de Lily, la cabeza de Lily tirada para atrás mientras expone su cuello, una sonrisa aun más grande mientras mira a su amiga con cariño y soltura.

Con un alfa cerca, ambos estarían a salvo.

Excepto que no lo estaría.

McKinnon, la alfa que desprecia a Severus, que lo tacha de imbécil y oscuro, la misma que no se mueve del lado de Lily y fue quien la consoló cuando Severus perdió la cabeza esa vez en el árbol. Severus es un enemigo ahora.

Un alfa protege. Pero soy de lo que protegen.

Si fueran desconocidos, tendría una oportunidad. Pero no lo son, se conocen demasiado bien, y eso es lo que terminaría por matarlo. Porque si bien, Lily no desea verlo muerto, McKinnon no duraría. Lily no es segura, no puede. Casi puede llorar en voz alta ante eso.

Quiere ceder, pero no puede. Se empuja fuera de la pared y huye sin alertar a las amigas de su presencia. Nada se siente seguro en estas malditas paredes de piedra, nadie se siente seguro en estas estúpidas paredes, tiene que alejarse, irse, ahora.

No tiene sentido de la dirección, se mueve a como puede y siguiendo las corrientes de aire que le prometen exterior en susurros.

Más sol, más luz, menos piedra y menos frío. No puede ver del todo por las lagrimas y la debilidad. Es por eso que no nota con quien choca hasta que es muy tarde.

El impacto es doloroso y lo hace caer, se queja entre dientes por el golpe que resiente en todo su cuerpo, pero se fuerza a buscar levantarse, incluso si es con movimientos torpes que rayan en lo primitivo.

—¡¿Qué carajo—?! ¡Fíjate por…! ¿¡Snivellus?!

Mierda.

Solo esa voz es suficiente para hacer el terror y la ira palpitar en su sangre a la misma velocidad que un rayo, sube la mirada y encuentra esa detestable expresión con lentes hiper graduados: Potter.

El rostro de Potter pasa de confusión a una mueca de desprecio, sus labios alzados y los colmillos alfa en todo su esplendor, esa vista sola, la cercanía y la certeza de que seguirá hacen que el corazón le lata en los oídos, que pueda probar su propio terror en el fondo de su lengua. Porque si Rosier era aterrador en concepto, Potter es aterrador en vivencia.

Peligro.

—¿Qué mierda te pasa? ¿Buscas pelea o solo que el grasiento se ciega con el sol?

—¿Pads? ¿Qué pasa?

Si el lloriqueo que siente en su interior no sale, es porque Severus no puede abrir la boca por el dolor y la tensión en su cuerpo entero.

Porque, claro, donde hay uno, hay dos.

Black se materializa a un lado de Potter. Sus ojos grises dan con Severus y el rostro entero se dobla en esa tétrica sonrisa bizarra, la sonrisa de un perro antes de romper un hueso. La misma sonrisa que ve en el fondo de sus pesadillas mientras son fauces lobunas las que destrozan sus costillas.

Los dos alfas lo ven con el mismo odio que Severus siendo pulsar bajo su piel. Pero algo cambia cuando Black resopla, todo su temple se tensa y el desprecio se desvanece en sorpresa y confusión. Se separa de Potter mientras este tiene una reacción similar.

—¿Qué es…? —Black, fiel a su naturaleza, huele el aire con concentración antes de fijarse de nuevo en Severus. Como si lo viera por primera vez, nota el temblor constante en su cuerpo, su piel caliente y respiración pesada, todas las señales que dejan a Severus en evidencia de lo que sucede antes de abrir la boca, una risa incrédula mientras se aleja de Potter para acercarse más al azabache— ¿Estás en celo? ¿Eres un omega, Snivi?

—Aléjate de mí— exige entre dientes, otra ola de dolor se acerca, puede sentirla construirse con un bajón de anticipación, tiene que irse antes de que golpee.

Potter pasea la mirada entre Black y él.

—¿Qué? No, es imposible.

—Usa la nariz, apesta a celo— le indica Black, a lo que Potter huele el aire y comienza a acercarse también.

Severus siente su paciencia y poca compostura quebrantarse conforme ambos alfas avanzan, narices al aire y ojos centrados en él, expresiones imposibles de leer y él sin interés en saber. Retrocede pese a trastabillar, pese al temblor en sus piernas, asqueado, enojado, intenta crear una distancia, es en vano, porque ambos alfas no ceden. Avanzan y huelen el aire con más interés. Déjalos, cede.

¿Qué? No. Su cuello arde y Severus lo mantiene en su posición, ignora el tirón, ignora como quiere bajar la mirada, porque no puede darles más puntos ciegos a esos dos.

—De verdad eres un omega, ¿Cómo no lo notamos?

—Creo que este es su primer celo, mira su cara.

—No te me acerques— exige cuando Black cubre el sol. En grande, hay que dejarlo más cerca. Es cruel, no hay que dejarlo más cerca.

—¿Un despertar tardó? ¿Incluso en biología básica te va mal, Snivi?

—¡Que me dejes en paz! —Explota, pero es demasiado.

Y donde hay dos, hay cuatro. Una manada con interés. Un montón de cóndores son más gentiles.

—¿Qué están haciendo? —Lupin se abre camino entre los dos alfas, Pettegrew tiene la decencia de quedarse atrás, tal vez asustado por la mirada de “púdrete” que le avienta Severus, pero esa rata nunca es un factor decisivo.

Lupin lo mira, huele el aire y el horror baja por la espalda de Severus cuando reconoce el brillo dorado animal en esos ojos. Normalmente, Lupin y él no se llevan muchos centímetros de altura y se ven a los ojos, pero justo ahora, con una mano presionando su vientre adolorido y doblado sobre si mismo, sin fuerza ni posibilidad de enderezarse, Lupin se impone con altura y tamaño. Es un alfa, puede proteger.

Pero nunca va a hacerlo.

Una vista de pesadilla, el ver esos tres pares de ojos depredadores brillando con intensiones bizarras. Su garganta se cierra de nuevo con algo más que ira y miedo, un nudo que le impide respirar bien. Retrocede de nuevo, una mano a su boca para evitar las náuseas.

Quieren acercarse, hay que dejarlos.

  1. Severus ahoga un gruñido frustrado.

—Snape, escucha, estas en celo

No, ¿en serio? Quiere sacar más de un insulto hacia las obvias palabras de Lupin, pero no puede.

—Justo ahora estás vulnerable, tu instinto recién despierta y es confuso, tiene que respirar y relajarte, no pelees y será más fácil, ¿de acuerdo? Solo cede.

Escucha, cede. NO. Jamás.

Y la ola lo golpea. Severus se dobla sobre sí mismo y tose con fuerza. Su garganta está inundad y cálida sangre cae al suelo desde su boca. Las feromonas alfas a su alrededor dan un pico y pronto está rodeado.

—¿Sangre? Mierda, se nos muere el Snivi.

—Parece que el cuerpo grasiento solo soporta una presentación.

—¡Cállense los dos! —ladra Lupin e intenta acercarse de nuevo.

Algo lo toca.

Grande, fuerte, mal.

Una mano se cierra en su brazo y jala su cuerpo hacia arriba, no lo suficiente para levantarlo y forzar su abdomen, pero lo suficiente para quitarle trabajo a sus piernas. En exceso para sus elevados nervios. Cede. No.

Que le rompan el brazo, se sentirá mejor que tener esos dedos sujetándolo.

—Suéltame— exige con la poca movilidad de su mandíbula y más sangre se desliza entre sus labios.  

—Es muy terco, Moony. —Potter dice como un simple hecho, se agacha y queda a la altura del rostro de Severus, que respira cada vez más agitado. Las feromonas alfas hacen estragos en su cuerpo, en su mente, en todo su ser, su mente gruñe y muerde, su instinto lucha por mostrar el cuello y Potter no retrocede. —Escucha, Snivellus, sé que esa cabeza terca no da crédito, pero deja de pelear y no hagas las cosas más difíciles de lo que son. Cede de una vez.

—Deberías estar aliviado, ¿Sabes? —Black aparece desde el otro lado y Severus jadea, tratando de mantener a los tres Gryffindor en su rango de visión sin exponer su cuello, sin importar cuanto quiera girar la cabeza. —Tienes suerte de haberte topado con nosotros y no con esos mortífagos con los que te codeas. ¿Sabes lo que harían a un omega en tu patético estado? —Severus quiere gritar, su mandíbula está trancada y solo sale un quejido fúrico que Black recibe como una positiva— Me parece que sí, por algo estas aquí y no en las mazmorras.

El odio es acido, amargo, incluso picante, pero más que nada; quema con la misma intensidad que el fuego y la fiebre, se queda en sus huesos y hace un hoyo en el alma. Y esta seguro de que sus recientes feromonas deben ser dolorosas de respirar con toda la vesania que late en su ser.

Si es así, Black no entiende el mensaje, pues suspira cansada y esa sonrisa torcida regresa a él.

—Parece que no va a ser pronto que entiendas. Pero, si de verdad es necesario, podemos ayudarte. —Quieren ayudar. ¿Pero que es ayuda en este escenario? Nada bueno puede salir cuando Black sonríe así— Podemos darte una increíble noche para calmar tu celo. Los amargados como tú son así porque les falta una polla que los relaje.

—No seas cruel, Sirius— Regaña Lupin.

Las nauseas que siente no tienen que ver con la sangre que sube por su garganta o la fiebre que azota su cuerpo. No, es peor, es crudo y real, el miedo es horror y terror ante las intenciones y los diferentes escenarios, cada uno más visceral que el anterior. Su rostro debe mostrar parte de su horror, porque Potter se mete de nuevo.

—No te aterres, Sniv, no eres mi tipo, pero no decepciono en cama.

¿Lo peor? No se está burlando, no está riéndose, no es un chiste. Lo dice enserio, completamente enserio. Como si esto no fuera diferente a prestarle un libro. Lo dice estando convencido de que esta ofreciendo lo correcto y consolando una inseguridad que no existe fuera de las pesadillas de que se vuelva realidad.  

—Creo que necesita una ayuda extra— menciona Pettegrew desde atrás. Y Severus jura que va a sacarle los ojos cuando tenga oportunidad.

—Sí, tienes razón, Wormtail. —Entonces Black sonríe —Respira, Sniv. Y sométete.

El latigazo en su cuerpo es instantáneo, la orden resuena en los huesos, en sus venas y en sus músculos, su mente entera va en blanco por el freno de golpe. Duele mantener la posición actual, quiere tocar el suelo con las rodillas, mostrar el cuello y dejar ir la pelea.

No, no quiero.

Black aprieta los dientes y hace una mueca cuando Severus gruñe y fuerza su cabeza a mantenerse, cuando sus piernas tiemblan, pero sus rodillas no tocan el suelo. Al instante Potter interviene.

Sométete.

Otra orden alfa. Otro intento de derribarlo y Severus no puede soportarlo.

Cede, someter.

Si me someto ante ellos, si cedo ahora, moriré.

No, someterse y vivir. Alfas protegen.

No estos alfas, no a mí. No protegen, muerden y desgarran. Someterme y morir.

No, vivir.

Entonces huye.

Sí. Huir y vivir.

Lupin tira de su brazo para forzarlo a recargar su peso en él, casi ayudarlo a caer de rodillas y obedecer. Y Severus se quiebra.

El sonido es nuevo en su boca, pero no en su alma, el sisea resuena en su garganta y advierte fuerza. Su mandíbula cae y cede a mostrar los largos colmillos omega que forzaron su camino entre encías y sangre, filosa y sanguinaria advertencia. Toda la boca manchada y con más corriendo por su rostro en borbotones. Duele como duele gritar con una garganta seca, pero hace a los tres alfas dar un paso atrás y le da una oportunidad de alcanzar la varita escondida en su pantalón.

Es todo un movimiento borroso. No tiene mente ni capacidad de decir palabra. Su magia obedece, su varita memorizó el movimiento y eso le ofrece una salida al hechizo. El Expelliarmus golpea a los cuatro merodeadores, los manda metros lejos de él más rápido de lo que pueden reaccionar y Severus casi cae al suelo al perder el agarre de Lupin.

Huir. Huye.

Le cuesta levantarse, pero no se detiene. Solo esta pensando en huir, en irse lejos de las garras que amenazan con matarlo del modo en que otros no pudieron antes.

No ve exactamente para donde, solo corre. Y corre.

Hasta que el suelo debajo de sus pies deja de ser piedra y él colapsa sobre pasto y tierra.

No hay olores sofocantes, no hay paredes, no hay enemigos, no hay nada, solo está él y el viento que sopla, las sombras se mueven y nota el gran árbol a un lado. Grande, frondoso y con grandes ramas que ofrecen refugio del sol.

Esta exhausto, correr fue demasiado, incluso si era lo necesario. Pero no hay tiempo para relajarse, nunca puede relajarse, los peligros caen el cielo, si alguien más lo ve, ahora de verdad no podría escapar.

Un chasquido en su entrepierna y su piel es desgarrada de nuevo, Severus grita y busca que hacer, donde puede…

El árbol. El árbol tiene un hoyo.

Es oscuro, un espacio en el centro de su tronco, con una entrada angosta, pero cerca del suelo e imposible de ver a primera vista. Oculto, cubierto, protegido. Escóndete.

Sin más fuerzas, se arrastra entre el pasto y la tierra, clava sus dedos en la tierra y jala su cuerpo, poco pueden ayudar sus piernas sin causar más dolor en su cadera. Cuesta trabajo meterse en el agujero, sería más difícil sin su delgadez enfermiza, pero pronto se encuentra rodeado de madera y en cómoda penumbra. La entrada es incomoda, pero el exterior es sorprendentemente amplio, tanto en altura como en longitud, y él se acomoda cerca del fondo.

El aliento que había estado reteniendo sale libre de una vez por todas. Pasa los dedos por su pantalón y ve, de nuevo, sangre en sus dedos.

—Auch… —se queja en un susurro.

No pasa nada, está escondido, no pasa nada, esta a salvo. No pasa nada, está…

Solo.

Primero es una, luego es otro, parpadea inconsciente y de repente no hay final. Lagrimas caen por sus mejillas y los espasmos del llanto son menos violentos que aquellos de la presentación. No puede evitarlo, no puede frenarlo. Está solo y herido, no hay nada más que la soledad y seguridad de este agujero, no hay nada para él, no hay nadie.

Madre está muerta, Lily lo detesta, Aurora y Charity tienen mejores cosas que hacer, Regulus no se rebajaría tanto, Lucius está lejos y Klaus… Klaus estaría asqueado de él.

Ese pensamiento es violento y sacude su cuerpo en un sollozo lastimero, las lagrimas caen. No se sentía así de vulnerable y solo desde que era un niño, desde aquel día en que descubrió el hoyo en el árbol de la Hilandera después de que su madre se fue por el mercado y Tobías decidió llegar temprano, la golpiza de ese día está lejos de ser la peor, aun era pequeño y Tobías no terminaba un six de cerveza diario, pero fue de las primeras veces.

En ese entonces estaba llorando, adolorido y sangrando en el viejo árbol de la Hilandera. Ahora esta llorando, adolorido y sangrando en el viejo árbol de Hogwarts. ¿Por qué tiene que ser así de doloroso? ¿Por qué siempre es él? ¿No puede tener UNA cosa buena?

Hay ruido afuera, hay movimiento, y todo duele. Igual que un niño, cubre sus oídos con fuerza y baja la cabeza, haciéndose un ovillo aun más pequeño.

—¡Por aquí!

Las voces se acercan, el dolor ya regresa.

—¿Severus? ¿Estás aquí?

Al ver a la entrada, una silueta está parado frente al árbol, parada y buscando, oliendo el aire y girando en busca de la fuente, que es el mismo Severus. Demasiado. Feromonas alfas llegan a su nariz, lo que paso hace un momento se puede repetir y el siseo se quiebra en un sollozo, anunciando su presencia.  

La silueta voltea, alertado por el sonido y extiende su mano hacia alguien más lejos y fuera de visión.

—No te acerques tanto. Esta asustado.

Entonces esa silueta adquiere un rostro y Severus se muerde la lengua, el sabor metálico nunca se ha ido de su boca, pero justo ahora sirve como ancla, porque el sándalo logra hacerse camino por encima del olor de su propia miseria y consuela el miedo a lo desconocido. Porque son los ojos dorados de Klaus, su rostro preocupado y concentrado, buscando donde puede estar hasta que encuentra el hoyo en el árbol. Klaus se arrodilla lentamente, no se acerca al árbol, no hace más fuertes sus feromonas, pero ladea la cabeza y encuentra la mirada de Severus,

Los hombros del alfa se relajan y Klaus suspira aliviado, una mini sonrisa de calma en su boca, suave y sin mostrar sus dientes.

—Hola, Verus.

Carajo, incluso su voz se vuelve gentil. Grave y amable, no un gruñido, no una orden, no le quita el suelo bajo los pies, acaricia su espalda y Severus no sabe que responder. Simplemente baja la mirada, el cabello ofreciendo una cortina.

—¿Está ahí? —Una segunda voz pregunta y Severus se empuja contra la pared del agujero.

Klaus voltea y asiente.

—Yo me encargo, avísales a Burbage y Sinistra.

Hay pasos que se alejan, no es hasta que dejan de escucharlos que Klaus voltea de regreso, esa expresión calma en rostro, y se acomoda en la entrada. No fuerza su cercanía, solo… se queda ahí.

—Estamos solos, solo tu y yo, lo prometo.

Solos, eso… eso funciona. Severus no encuentra respuesta, pero asiente a lo que dice Klaus.

El pequeño gesto alerta a Klaus, que sonríe un poco más.

—Puede oírme— lo susurra, antes de intentar de nuevo— ¿Cómo estás?

Pregunta más estúpida no se ha hecho.

—De la mierda.

Klaus sonríe a su respuesta y asiente. Se acerca un milímetro al árbol, no hay negativa.

—Sí, me lo imagino. Lo que debió llevar un mes, lo viviste todo en unas horas. No me imagino lo horriblemente confuso y doloroso que fue, y lo siento.

—No es tu culpa. —Logra articular sin picarse la lengua con los colmillos que se niegan a plegarse de nuevo.

—Tampoco la tuya— menciona Klaus, y se acerca más, no de golpe, pero lento y con cautela, alerta a la reacción de Severus. — ¿Cómo llegaste hasta acá? ¿Por qué no fuiste a la enfermería?  

En primera, ni se acordó que existe, en segunda, estaba lejísimos, (Claro, porque el hoyo donde está metido está cerquísima de las mazmorras) y tercera…

—No era seguro. —Es una respuesta normal, entonces, ¿Por qué se escucha tan patético al decirlo en voz alta? —Lo siento. — Klaus alza ambas cejas, y ofrece una expresión de… ¿Qué? ¿Disculpa?

—No, no pasa nada. —Se apresura a asegurar y por fin queda en la entrada del agujero, no intentando entrar ni presionando, pero cerca para verlo de frente—No tiene nada de malo, estabas protegiéndote y es normal.

Hay un momento de silencio, hasta que Klaus vuelve a hablar.

—Verus… ¿Estás herido?

Severus lo mira, y alza la cabeza, el cabello cae a un costado y la preocupación de Klaus regresa de golpe al ver su mandíbula y cuello con sangre secándose.

Severus quiere negar, quien decir que no recibió golpes ni cortes, no hay heridas externas hechas por segundos, pero todo el dolor, todo el miedo, todo lo de antes mantiene su cabeza renuente a negar, renuente a negar que acaba de pasa por uno de los peores días de su vida. Y pronto su visión se cristaliza de nuevo.

—No quería que nada de esto pasara— se lamenta y presiona contra la oscuridad del agujero.

Klaus se mueve demasiado, mira alrededor, abre y cierra la boca y regresa a Severus.

—Verus, ¿Puedo entrar contigo, por favor?

Incluso si quisiera, no podría decir que no. Asiente, sin confiar en su voz, y Klaus entra.

Cuesta trabajo y tiene que doblar su cuerpo en ángulos incomodos, es un alfa grande, en esta situación, esa lotería biológica le juega en contra, una vez logra pasar su cadera, es mucho más sencillo. Es incomodo con ambos dentro, pero Klaus no se fija en quejarse, en ordenar su ropa o quitarse la tierra y el polvo, no, apenas está dentro, atrae a Severus contra su pecho.

Le echara la culpa al celo y a las hormonas, pero Severus se deja llevar y se acurruca contra el pecho de Klaus, hunde el rostro en la tela de su camisa y se acomoda en el regazo de Klaus mientras los brazos del alfa lo rodean con fuerza. Se aferra con la misma fuerza y siente las lágrimas regresar, pese a su esfuerzo de hundirlas. Las feromonas de sándalo adquieren un toque dulce, reconfortante, se pegan a él y lo animan a respirar profundo.

Klaus, por su lado, recibe a Verus contra sí y respira hondo sobre su cabello, sintiendo sus propios instintos regresar a sus cabales con la ola de lavanda, casi puede retumbar por la calma de tenerlo entre sus brazos, sano y salvo. Por fin.

Verus no puede saber, no puede saber el maldito susto que vivió. Esa tarde en el Comedor, como dolió verlo herido por las estupideces de Crouch, no verlo de nuevo en el día, pero, lo peor de todo, fue el pánico de Sinistra cuando ella y Burbage lo fueron a buscar porque no encontraban a Verus. Le dijo de su malestar en clase, de sus extrañas actitudes que Klaus ya había notado y como no estaba en la enfermería ni en la biblioteca.

Como fue corriendo a buscarlo a las mazmorras y encontró a Evan confundido, en un dormitorio con el aroma de miseria y estrés. Su propio estrés y preocupación dispararse al ver el nido improvisado y abandonado. Incluso Evan estaba preocupado, porque sí, ese tarado con problemas de ira, de hecho, tiene corazón.

—¿Qué paso? —Klaus necesita saber, saber porque carajo Evan tuvo que hacerlo soltar el cuello de Black y la razón por la que le rompió la nariz a Potter. Tenía que saber porque esos tarados tenían el olor de la lavanda quemada en pánico y miedo, porque Lupin estaba gritando que solo querían ayudar.

¿Qué clase de ayuda crea tanto pánico?

Severus se aferra con más fuerza y Klaus pasa una mano por su cabello en consuelo.

—Choque con Potter. Me olieron e intentaron someterme con la Voz, querían… querían algo más.

—Lo matare antes de que puedan— interrumpe al final Klaus, sintiendo su propia ira subir.

Entonces Severus se retuerce y se esconde más en su pecho, Klaus casi puede oler el dolor en su cuerpo y no sabe que hacer más que abrazarlo con fuerza. Se le ocurre una idea que podría ayudar a consolar su mente y cuerpo, una idea que antes era unilateral, pero ahora… tal vez debería checar que tan egoísta puede ser en tiempos de necesidad.

—Verus… ¿Puedo perfumarte?

Severus suelta un “¿Mhm?” confundido, parpadeando entre ojos llorosos, claro, no está seguro de a que se refiere.

—Perfumarte, podría ayudar con tu dolor.

—Ya me perfumaste— intenta argumentar, pero Klaus niega y mueve el cabello de Severus fuera de su cuello pálido. Ahí, debajo de su oreja y tras su mandíbula, hay un gran moretón morado, una glándula de olor primaria, forzada a salir de golpe y creando una herida. Al menos eso no sangre, para paz mental de Klaus.

El olor de lavanda es más fuerte ahí, la fuente es ahí. Si fuera un alfa débil, Klaus salivaría, no lo es, así que traga y seca su lengua.

—Es diferente, puedo mostrarte y me quitas si lo odias. —Verus lo mira sin entender, pero vuelve a hacer una mueca y apretar los dientes por el dolor y termina por asentir. Klaus sonríe, —Bien, solo… ¿Puedes alzar la cabeza, por favor?

Verus obedece, expone ante Klaus la longitud de su cuello blanquecino, pálido y vulnerable, voluntario, hilos rojos comienzan a secarse, Klaus podría perderse en ese gesto una y otra vez, pero ahora no tiene tiempo. En su lugar, se acomoda lo mejor que puede y baja su rostro al cuello, huele la piel y se deleita con la lavanda, su aliento caliente hace temblar a Verus, pero este no se mueve. Una mano de Klaus va hacia la espalda de Severus, como soporte, mientras la otra encuentra la muñeca del azabache. Un moretón similar en ella, y presiona suavemente con su pulgar.

Verus chista, el olor de lavanda se vuelve más fuerte y Klaus entierra el rostro en el cuello blanco. Talla su mejilla contra la piel del cuello, empuja la glándula con la nariz, lo más cuidadoso que puede, (ya habrá más oportunidad para hacerlo con más fuerza), el aire se vuelve pesado con feromonas, y entonces Klaus frota su propio cuello con el de Severus, todo en un movimiento continuo parecido al de dos gatos. Las dos glándulas se encuentran, los olores se mezclan y las feromonas se fusionan por completo, desde la raíz.

Verus jadea ante la sensación, su cuerpo reacciona a las feromonas de un alfa ser vertidas sobre las suyas, no como un gesto de dominación, pero como un consuelo y un reclamo. Lo reclama como parte de su círculo, lo acepta en su manada, en su guarida. No es un omega herido y solitario dejado a por su cuenta, sino uno que tiene donde caer y quien cuide la espalda.

Esa certeza ayuda a que el estrés del cuerpo baje, la ansiedad por mantener la guardia alta desaparezca y Verus pueda concentrarse en recuperar el aliento en vez de en ver a la entrada y pelear con sus propios miedos. Mientras Klaus sonríe para si mismo mientras mezcla ambos olores, sonríe porque sabe que, cuando salga de aquí, tendrá un glorioso olor de lavanda que dejara bien en claro sus prioridades. Lo hace un par de veces más hasta que es Verus quien se queja y aleja la cabeza, seguro incomodo por la fricción en piel sensible.

—¿Y? ¿Ayudó? —Pregunta Klaus.

Severus respira pesado, sin ver a ningún lado en particular, su rostro enrojecido, no solo por la fiebre, sino por la vergüenza, pero en sus hombros y espalda están relajados, todo su cuerpo está más relajado. Y la ansiedad se borró del aire. Severus asiente, un tanto perdido, borracho en esa nueva sensación.

Entonces otra cosa pasa…

Primero perdido en el susurro del follaje del árbol, luego en el viento y pasa a ser presente. Una vibración, constante, grave, el sonido viene de Verus y Klaus está hipnotizado, contento con escuchar eso. Pero Verus lleva una mano a su garganta y mira a Klaus con ojos abiertos de par en par.

—¿Qué carajo? —su voz sale ronca y desfigurada por el ronroneo que sacude su garganta entera, a lo que Klaus se apiada.

—Estas ronroneando, los omegas lo hacen cuando está contentos y calmados. Es normal y, justo ahora, es algo bueno. —Trata de convencer. Verus ahoga la vergüenza de un sonido así y se resigna. Entre sangre, dolor y fiebre, una simple vibración de tractor viejo no le importa la gran cosa.

—Eso es. Respira hondo, y háblame. ¿Por qué huiste?

Severus se remueve incomodo, pero respira hondo, en la mezcla de aromas fusionados y confiesa.

—No tengo una manada— susurra Verus.

—La tienes— le lleva la contraria. Verus está acostumbrado a la soledad, a ser dejado atrás y de lado, es novicio en ser querido y le cuesta ver lo que tiene. El miedo de una presentación empeora esas tendencias y lo lleva en un espiral pesimista, Klaus puede darse el trabajo de corregir eso. — Tienes a Malfoy, a Sinistra y Burbage, a Regulus… me tienes a mí.

Podría mencionar a Edmund, Evan y Willhelm, pero esos tres no han logrado romper la muralla de confianza de Severus, siguen siendo figuras no tan cercanas, tomara tiempo, pero puede acercarlos.

Severus se mueve un poco, su lavanda se vuelve amarga, el ronroneo baja su intensidad y se hace un ovillo pegado a Klaus.

—Tú vas a odiarme.

Una voz tan rota, resignada y quebrantada, Klaus esta horrorizado.

—Claro que no— Niega, no puede evitarlo, frota su mejilla contra la cabeza de Severus, quiere bañarlo en su olor, en sus feromonas, es un instinto que siempre ha tenido que controlar, pero ahora no puede evitarlo. —Jamás podría odiarte. ¿Por qué pensarías eso?

—Rosier… él odia a los omegas.

Eh, error común. Klaus se ríe y niega.

—Nah, ese tarado está enamorado de Crouch, otro alfa, y no sabe que hacer, solo se le ocurre encontrar todo lo malo con los omegas para tener una excusa para no fijarse en uno sin que lo juzguen. Es un idiota, perdónalo, Verus. Pero todo su discurso es una mierda y una mentira; no eres un juguete, no eres menos ni solo valioso para coger, Verus. Eres tú, indiferente a alfa, beta y omega, eres especial por ser tú.

Se siente demasiado bien escuchar palabras que cuiden un crush mal conciliado, pero su cuerpo se regocija en el cuidado, Severus no puede hacer nada más que absorber cada pizca de cariño que consiga.

—¿Pensaste que estaba de acuerdo con lo que dijo?

—Ibas a estar con Bulstrode.

“Crouch, cuenta tus días, Evan, lo siento, te dejare viudo antes de casarte” —Piensa Klaus amargamente.

—Verus, prefiero estar en este agujero por 10 horas contigo, a estar diez minutos con Bulstrode. No te pongas en su mismo nivel. No me importa que feromonas tienes, no me importa si eres un omega, un beta o un alfa. Nada de eso importa comparado con tenerte a mi lado.

—No hace falta mentir por convivir.

Porque más mentiras harían un daño irreparable en su corazón, daría material a sueños dolorosos y una fuerte caída a la realidad. Porque soñar no cambia la realidad.

—¿Quién está mintiendo? Sé lo que siento.

—No, basta, no quiero escucharlo, solo lo dices por las feromonas de celo, no tuvimos este problema cuando era un beta, no necesito un alfa. Una vez pasen, regresaras a la normalidad, veras que no vale la pena, sabrás la verdad y no pase infiernos de celos por ser un idiota enamorado por segunda vez para escucharte tener un pasón de hormonas y mentirme, por favor, no me hagas esto-

—¡Verus! Escúchame— pide Klaus, alejando a Severus de sí lo suficiente para sostener el rostro manchado entre sus manos. Hay lagrimas y sangre seca, hay heridas en los ojos y dolor detrás, un corazón a punto de romperse y Klaus no puede vivir consigo si deja que ese malentendido crezca— No soy ningún jodido novato en tener un nudo, un poco de olor a celo no me está haciendo perder la cabeza, estoy perfectamente sobrio, ¿Y sabes por qué? ¡Porque me importa más si te estas desangrando que si puedo acostarme contigo! ¡Esto no depende de si eres un beta o un omega! No me necesitas más de lo que yo te necesito. Te lo diré cuántas veces lo necesites oír; Te quiero, así como estás, así como eres. No deseo lo que fuiste o lo que puedes ser, adoro lo que eres y lo que tienes, amare lo que seas mientras seas tú y tú nada más.

Los ojos negros buscan alguna espina, una mentira, algo que demuestra que no es real y solo es un sueño de anhelo hecho por la desesperación del celo. Pero no encuentra nada, no va a encontrar nada, porque Klaus no tiene más que deseo y cálido amor. Lo quería como un beta, eso no cambia ahora que es un omega. Nunca se trata solo de la conexión esperada entre alfas y omegas, siempre va más allá, y esto no es excepción. No lo tuvo antes porque Severus no lo necesitaba, pero el deseo estaba ahí, en cada tarde que estaba marcado con el sándalo, la forma en la que las feromonas de Klaus se pegan con un tono cálido que irradia posesividad.

Es mucho, está vulnerable y tal vez este no fue el mejor momento para una confesión, y, a decir verdad, tampoco el mejor lugar, pero es así como paso y Severus no puede lidiar con la ola de alivio, emoción e intensa calidez tan bien como le gustaría, y tampoco tiene el tiempo para intentarlo, porque se dobla en dolor y más sangre corre entre sus piernas. Klaus lo vuelve a recibir en el pecho.

—Duele demasiado, Klaus— se queja, y recibe una caricia en la cabeza y espalda.

—Lo sé, lo siento. Pero mejorara, no estas solo, me tienes a mí.

—Yo…

—No me respondas ahora, hay cosas más importantes.

No le gustaría nada más que se aceptado o rechazado ahora que la verdad está fuera, pero el liquido caliente que cae en su pierna desde debajo de Verus se lleva prioridad, porque eso es sangre. Severus rara vez demuestra cuanto duele algo, que ahora se este retorciendo de dolor entre sus brazos es… aterrador. Al tocar la frente, esta más caliente, el celo no ha pasado y si Verus tiene otra crisis en ese maldito hoyo, será mucho más difícil sacarlo y ayudarlo.

—Por más que quiera dejarte hacer lo que quieras, Verus, deberías ver a Madame Promfey. Necesitas ayuda.

Racionalmente, Severus sabe que Klaus tiene razón, que debería ir a quien puede ofrecerle una salida a todo ese tormento físico. Pero la sola idea de salir de ese cómodo escondite, de la burbuja de feromonas combinadas y la calidez de Klaus se siente mal, su instinto lo jala hacia quedarse dentro.

No es hasta ese momento que nota cuan cómodo esta esa nueva voz en su cabeza con la posición actual. Tal vez porque ceder sin someterse no se siente como una traición a su persona.

—No quiero. Se siente… mal.

Y no quiere estar solo otra vez.

—Necesitas más ayuda de la que yo puedo ofrecerte aquí, Verus. No me iré a ningún lado, ¿Okay? Me quedare junto a ti todo el tiempo. Solo, por favor, déjame llevarte a la enfermería.

Severus aun ve la entrada del hoyo con recelo, se busca más del sándalo.

—Hazlo ahora antes de que me arrepienta.

Separarse de Klaus se siente como echarse a lago congelado, no, de hecho, se siente peor. Pero va a admitir que, si fue un poquito gracioso ver a un alfa del tamaño de Klaus doblarse y luchar para salir del hoyo del árbol, su tamaño le juega en contra en un espacio tan pequeño. Y una vez fuera, se queja de piernas adormiladas antes de girarse y ofrecerle una mano a Severus.

Físicamente, salir es más fácil que entrar, la calma ayudó a recuperar sus fuerzas. Emocionalmente, salir es más difícil que entrar, la calma lo hizo dependiente.

Pero Klaus lo mira y espera con una mano extendida, ¿Cómo podría rechazar esa oferta con una invitación tan clara?

Le es más fácil, pero, aun así, se apoya en Klaus para mantenerse de pie. Sus piernas aún se sienten débiles y su cadera entera arde. Si no se equivoca, seguirá ardiendo.

—Mala idea, no puedo caminar, voy de regreso.

Sus planes de escabullirse de regreso a su tronco son mermados por el brazo de Klaus. Es cálido y rodea su cintura con una gentileza que raya lo ridículo mientras Klaus niega lentamente.

—Puedo llevarte.

Severus no sabe a que se refiere hasta que es demasiado tarde. Se aferra a los hombros de Klaus cuando sus pies, literalmente, son separados del suelo y todo su cuerpo se tensa en respuesta a la sorpresa. Casi puede sisear de nuevo, pero no pasa, porque Klaus lo mira con una sonrisa orgullosa que va de oreja a oreja. Desgraciado.

—¿Mejor? No pesas mucho y me perdí el levantamiento de pesas esta tarde.

—Tienes suerte que esto es mejor que caminar.

El camino a la enfermería es, relativamente, corto. Muchos estudiantes están en sus propios asuntos, los pasillos que usan están casi vacíos, y los pocos que hay, tienen la decencia de fingir que no vieron nada antes de ponerse a susurrar a sus espaldas. Por primera vez, Severus no tiene mente para eso, el calor del cuerpo de Klaus se siente bien, el suave balancea de su caminar arrulla y pronto se encuentra cerrando los ojos con la cabeza recargada en su hombro.

Entre sueños recuerda ser puesto en una camilla, recuerda quejarse por la pérdida de ese calor, un pequeño pico de ansiedad ante el material frío, pero Klaus acaricia su cabeza y asegura que está ahí, antes de animarlo a tomar una poción. Lentamente, pierde sensación en su cuerpo inferior, sus pulmones funcionan, si piel deja de estar incómodamente caliente y el cansancio la arrastra a dormir, primero intenta pelearlo, pero Klaus acaricia su cabello.

—Descansa, Verus, estaré aquí cuando despiertes.

 

—Entonces, de nuevo, ¿Cómo estuvo todo esto? —pregunta Charity, brazos cruzados y cómodamente sentada en la camilla, junto a un Severus aun adormilado por las pociones.

Durmió por un par de horas, la poción funciona como anestesia a su cuerpo inferior y un supresor para conseguir control sobre sus hormonas y feromonas. Lo peor ya paso y será suficiente con pasar una noche bajo el efecto de la poción para que sus ciclos se regulen. Severus está agradecido de no tener que soportar días de ese agonizante cambio interno en carne viva.

Cuando despertó, esperaba ver a Klaus regresar de cenar, o incluso ver sus cosas.

Lo que no esperaba era verlo sentado en el suelo, con Regulus, Aurora y Charity teniendo una cena improvisada con cosas que pudieron escabullir del Gran Comedor. Comiendo e intercambiando gruñidos y siseos con Charity sobre todo y nada. Ni tampoco la ola de preguntas preocupadas cuando Regulus notó su estado viviente y dio voz de alarma.

Charity se le aventó en un empalagoso abrazo de vainilla, pidiendo perdón por no encontrarlo antes, para después intentar matarlo a almohadazos por el susto que le dio. Almohada retirada por Aurora, que procedió a suspira aliviada y regañarlo por no haber ido con Promfey como prometió. Luego vino Regulus en un abrazo casi tímido, feliz de saber que tienen otra cosa en común, el jazmín y la lavanda resultan siendo agradables cuando están juntos. Y después tiene a Klaus, demasiado contento con tener la mano ganadora al abrazarlo y volver a perfumarlo.

Hasta ese momento, Severus nota que está recostado sobre las mismas telas con las que hizo su nido en el dormitorio, más algunas nuevas con los olores de todos los presentes. La vergüenza es demasiada y solo es salvado por Promfey cuando ella viene a revisar como esta y con las respuestas a las preguntas.

Promfey suspira y se acerca un poco más, amable e intentando explicar lo mejor posible.

—Es complicado. La presentación se da entre los 13 y 15 años, quince siendo considerado como una presentación tardía. En tu caso específico, estuviste en un estado de estrés altísimo, las situaciones extremas llevaron a tu cuerpo a un estado de “Vive o Muere”, donde apagaron las funciones no vitales. ¿Recuerdas cuantos problemas estomacales, de migraña, insomnio y anemia que tuviste? Fueron resultado directo de todo ese estrés. Estabas demasiado débil tanto física como mentalmente y tu cuerpo bloqueo la presentación por mucho más tiempo. No ha pisado este lugar desde finales del año pasado, has ganado peso, duermes más, bebes más agua y te has fortalecido. Fue suficiente para que tu cuerpo decidiera que estás lo suficientemente fuerte como para resistir. El problema es que todo lo que debió haber pasado hace años a lo largo de un mes, explotó en un día.

Bueno, es cierto. No recuerda casi nada de cuarto y quinto es doloroso de recordar. Tiene sentido, no es triste. ¿Entonces porque esta siendo consolado por un montón de cabrones ruidosos?

—Tienes suerte de tener amigos que te ayuden, las feromonas de la manada son un gran sedante para el estrés corporal.

—Te lo dije— es el orgullo de Klaus, pero Charity se gira con un siseo.

—¡Silencio, aprovechado! ¡Tu querías la lavanda para ti solo!

—¡Estaba intentando ayudar!

—¡Sí, ayudar tus fantasías!

—¡¿Disculpa?!

Promfey ve a esos dos pelear y se ríe mientras se aleja, apenas recordándoles que no se queden hasta después del horario de visitas y prometiéndole a Severus regresar para entregarle su siguiente toma.

Aurora suspira y Regulus se cubre la boca para no reírse en voz alta. Sí, esos dos no dejan de pelear jamás. Severus los deja pelear mientras Regulus se sienta a su lado, mostrándole su último descubrimiento sobre como cosechar petunias lunares, claro, con Aurora intentando romper la pelea entre Charity y Klaus.

La puerta se abre de golpe y todos voltean. Un relámpago rubio entra completamente decidido por las puertas de la enfermería, dedicación en su rostro y analizando a todos los presentes. Lucius Malfoy siempre llega con un aire de diva que escapa de la compresión de Severus a como lo hace.

—De ese encárgate tu— susurra Regulus antes de alejarse de la camilla. Pequeño traidor.

En este caso, un dedo se apunta a Klaus.

—¡Tú! ¡Te quiero a cincuenta metros de Severus! ¡Ahora!

—¡¿Qué?! —es la ofendida pregunta de Klaus, que no tiene tiempo de repetir o profundizar cuando es el mismo rubio quien lo manda a dos metros de la camilla con un girar de la muñeca, varita en mano. Lucius entonces se gira a Severus, su cara cambia y Severus se niega a profundizar en las sensaciones que causa. —Severus, por Merlín, estas bien.

Lucius llega a su lado y lo toma de los hombros, comenzando a inspeccionarlo, en busca de heridas. Su olor mentolado es fuerte, intenso, pintado de preocupación, cuidado y alivio conforme su búsqueda por heridas se demuestra en vano. Severus separa su cabeza, pero Lucius es más rápido en atraparlo en un abrazo fuerte. Severus no se resiste, se deja caer laxo en el agarre de Malfoy mientras este susurra una y mil cosas sobre el alivio de que todo está bien.

—Ya no estoy en edad de sufrir estos sustos, maldición. —Se lamenta mientras lo suelta. — Me dijeron que tuviste una crisis y te encontraron hecho un desastre de sangre.

—Me mordí el cachete y la lengua con los colmillos. Estoy bien ahora— es una explicación mínima que apenas y sirve para apaciguar al rubio. Lucius sonríe suave en su dirección y quita su cabello negro de su rostro con un gesto demasiado dulce para él.

—Estoy feliz de que estes bien. —Entonces Lucius endurece su rostro y voltea a donde Klaus, mandíbula apretada y pecho inflado— Y tu no te hagas ideas.

—¿Ahora ideas? ¡No hice nada! —se defiende.

—¡Pura mierda! ¡Severus apesta a ti y tú a él. Pero escúchame bien, Mulciber; más te vale mantener tu distancia. Severus está recién presentado y aun no tiene completo control sobre sus hormonas o feromonas. Si se te ocurre, aunque sea por un segundo, aprovecharte de eso, puedo y absolutamente lo hare, arrojar tu trasero a Azkaban por abuso de poder y cuanto crimen pueda meter. La demanda será tan larga que abrirán una nueva sección para eso.

—Lucius— llama Severus, casi horrorizado, rojo de vergüenza, las caras de completa diversión de Regulus y Aurora, el mezquino orgullo de Charity y la completa incredulidad de Klaus no ayudan a bajar ni un poco el creciente calor en sus mejillas.

—Nada— Lucius reniega y procede a volverlo a tener en brazos. —Los alfas pueden ser mierdas si no les ajustas la correa.

—Dijo el otro alfa en la habitación— farfulla entre dientes, pero Lucius hace oídos sordos mientras, con todo el descaro del mundo, perfuma a Severus. Borra encima el olor de sándalo y lo reemplaza con ese frescor mentolado.

Como si no fuera suficiente, la acción, la presencia y todo el contexto hacen que le cuerpo de Severus vuelva a traicionarlo. El ronroneo es audible y Severus gruñe, mientras oculta su vergüenza en Lucius, quien sonríe orgulloso de sí mismo.

—Consiéntelo ahora, Malfoy— llama Klaus desde su puesto, brazos cruzados sobre su pecho y una pose que dispara desafío y completa confianza. —En dos meses se completa el primer ciclo, y ten por seguro que empezare un cortejo decente. Tanto que ni siquiera tu vas a poder prohibirlo.

Lucius resopla en su dirección, molesto de ante mano y apretando más a Severus contra él, mientras Severus mira a Klaus con el corazón en la garganta y el rostro rojo, sorprendido. Es decir, una cosa es confesarse en el hoyo de un árbol y otra es proclamar ante Lucius Malfoy que habrá un cortejo formal y público. ¿Klaus puede hacer eso?

Klaus le sonríe, no con colmillos, no con suficiencia y mucho menos con peligro, no, es esa sonrisa cálida, real y cariñosa que le mostró en su peor momento, irradia confianza, una promesa, un reconocimiento, su voz se suaviza aun más cuando vuelve a hablar.

—Ahora que tengo una oportunidad, no te dejare ir, Verus.  

El ronroneo se vuelve más fuerte y Severus tiene que desviar la mirada mientras Lucius empieza otro discurso de amenaza sobre todo lo que hará si Klaus falta a su palabra.

 

Notes:

Porque el instinto siempre debe funcionar en base a mantener a uno con vida, no contra lo que necesita ni quien es. Lo primitivo e instintivo va de la mano con las personalidades, lo feral es natural, la resistencia es necesaria—lo primitivo, fuerza e instintivo no rompe la personalidad, porque una persona rota, es una persona muerta.
¿Cuál es la belleza en una bestia rota, con colmillos arrancados y garras quebradas? ¿Dónde está la belleza en una bestia sometida sin opción y muerta en vida? No, la verdadera belleza está en una bestia de enormes colmillos y afiladas garras que decide ser dócil, que baja la cabeza cuando esta con su amor y muerde la garganta de su odio, que consuela con sus dedos y destroza con sus garras. La belleza está en una bestia violenta decidir vivir gentil y morir violenta.

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