Chapter Text
—¡Niños! ¡Es hora de la cena!
El omega llamó desde la cocina, esperando que sus hijos dejaran la televisión para venir al comedor.
Rin y Sae se levantaron de forma obediente y se posicionaron en la mesa para probar la deliciosa comida hecha por Yoichi. Siempre cocinaba delicioso para sus pequeños alfas que debían crecer fuertes.
Yoichi preparó una rica cena con sushi y ramen para ambos chicos, quienes ya morían de hambre; pudo escucharlo gracias al rugido de tripas de Rin, quien, avergonzado, se sonrojó y desvió la mirada.
—Ya no somos niños, mamá —respondió un irritado Rin—. Tengo catorce años.
El omega le sonrió. —Para mí siempre serán mis niños, ¿verdad, Sae?
—Yo estoy bien con eso —asintió el alfa mayor.
—¿Lo ves, Rin?
Rin rodó los ojos y decidió comer un bocado de su plato que, cuando lo probó, lo dejó maravillado por el sabor. Como siempre, su madre hacía un excelente trabajo en la cocina; por supuesto, no lo admitiría en voz alta porque Yoichi se emocionaba y comenzaba a decir cosas cursis y vergonzosas sobre él.
Sae, por su lado, disfrutaba de la comida sin problemas, halagando cada sabor que Yoichi era demasiado bueno en lograr, fascinado con el trabajo de su madre.
—Eres el mejor cocinero del mundo, mamá —dijo Sae con total serenidad.
Yoichi sonrió con ternura y, sin poder evitarlo, se acercó a abrazar al mayor.
Las manos de su madre lo acariciaron con suavidad, rozando sus mechones de cabello. Sae disfrutaba del abrazo, mirando fijamente a Rin y luego, se atrevió a sacarle la lengua.
—Gracias, cachorro. Siempre eres tan bueno conmigo.
Rin se quedó atónito en su lugar, irritado porque de nuevo, Sae se le adelantó. Odiaba cada vez que su madre le prestaba atención a su hermano mayor en lugar de a él. Así que Rin decidió no dejarse vencer y se levantó de su asiento, se acercó hasta ellos, que seguían abrazados, y los apartó de forma brusca.
—¿¡Rin!?
Yoichi se quedó confundido con esa actitud, incluso estuvo a punto de regañarlo, pero no pudo, pues el alfa menor lo tomó de la cintura para abrazarlo también. No pudo resistirse al abrazo y se emocionó por lo mucho que había crecido; era hasta más alto que la última vez.
—Deja de abrazarlo solo a él —susurró en el oído del omega.
—Oh, Rin. Creí que no gustabas de mis abrazos. —Le sonrió conmovido.
Lo único que hizo Rin fue gruñir y aferrarse más al pequeño cuerpo de su madre. Ante la escena, Sae tampoco se encontraba muy contento, así que se aclaró la garganta para llamar la atención de ambos. Yoichi lo notó y le sonrió; no quería excluir a ninguno de sus dos hijos.
—Sae, ven aquí. Únete a nosotros.
Sin rechistar, Sae se posicionó detrás de Yoichi, tomándolo de la cintura y el pecho. Aprovechó el momento para inhalar el dulce aroma a caramelo que se desprendía del cuello de su madre. Rin lo miró desafiante y ambos no dudaron en utilizar sus feromonas para saber quién sería el ganador que lograra marcar a Yoichi con su olor.
—Se siente bien abrazarte —susurró Sae.
—Yo me siento muy bien cuando ambos me abrazan —contestó Isagi sin medir la gravedad de la situación.
Y Rin lo único que respondió fue un "Hmm".
