Chapter Text
Pedri se encontraba adolorido tras una entrada.
Permanecía de rodillas sobre el césped, apoyándose con un brazo mientras intentaba recomponerse. A pesar del ambiente ruidoso, con la afición rival gritando sin parar, logró percibir que alguien se acercaba por detrás. De un momento a otro sintió cómo una mano le sujetaba la cabeza y la tiraba hacia atrás; por reflejo, llevó la mano al lugar del tirón.
Aún tocándose el cuello con gesto de dolor, se sentó y miró hacia el árbitro, pidiendo la pena máxima. Frente a él estaba quien había iniciado todo: Jude Bellingham, que imitaba las acciones de Pedri con una expresión claramente provocadora.
Entre burlas, se acercó al árbitro para preguntarle qué estaba reclamando el mediocampista del
Barça, soltando una risa al escucharlo.
“Ni con negreira, ni con negreira,” se burló.
Pedri, al oírlo, se puso de pie con ayuda de un compañero para seguir jugando y tratar de luchar por los tres puntos. No iba a montar un escándalo absurdo mientras el club de su vida iba perdiendo, pero por dentro estaba más que cabreado.
¿Qué se creía Jude Bellingham? Pedri no lograba entender por qué ese tipo actuaba como un estúpido cada vez que ganaba o perdía. ¿Se habrá tragado el relato de una supuesta "rivalidad" inventada por los medios? Para Pedri, aquella rivalidad no existía ni le interesaba. Creía que el perfil futbolístico de Jude era completamente distinto al suyo y, en el fondo, tampoco le importaba.
Minuto 90+10
Cartulina roja para Pedri por doble amarilla. Esta vez, la sonrisa sarcástica apareció en su rostro, una mezcla de incredulidad y resignación, mientras los de blanco lo rodeaban celebrando la expulsión como si fuera un gol. Sintió otra mano, pero esta vez acariciando su cabeza. Él simplemente se levantó para dejar el campo, haciendo señas de que aún no comprendía qué había pasado.
Se sentó en el banquillo mientras sus compañeros protestaban, sobre todo Ferran.
2-1.
Con el pitido final vio de lejos el lío que se armó, todos fueron donde Lamine porque supuestamente habló antes de tiempo, cosa que ni fue así, para Pedri solo dijo verdades. Los jugadores blaugrana fueron directamente a defender a Lamine, hasta que desapareció en el túnel.
El Madrid celebraba los tres puntos, quedándose con la ventaja temporal en Laliga, Pedri observaba desde el banquillo a Jude, recordó todo lo sucedido en el campo. No sabía si lo odiaba, solo podía decir que era un falso, andaba con una actitud de hombre caballeroso pero era todo lo contrario, al menos así se percibía dentro del campo.
Cuando las cosas se calmaron los blaugrana se fueron directamente al vestuario.
“¿Te lesionaste?,” habló Ferran quien caminaba a su lado, Pedri no respondió, no quería ni pensarlo, menos ahora que se venían partidos importantes, el más bajo negó con la cabeza pero Ferran seguía con la misma cara de preocupado.
Jude escuchó toda su conversación, caminando lentamente atrás de ellos, esperando el momento exacto.
“Iré al baño, Ferri,” habló cuando se encontraban frente a la puerta del vestuario visitante, el susodicho asintió con la cabeza, mientras Pedri siguió caminando.
Bingo.
Apenas Ferran entró por esa puerta Jude aceleró el paso quedando a pocos centímetros del más bajo, Pedri al notar la presencia de alguien siguiéndolo, giró levemente su cabeza, encontrando a Bellingham.
“Madre mía... ¿qué quieres ahora? Anda, ve a celebrar con tus compañeros,” murmuró con un cansancio bastante notorio
Jude seguía con una sonrisa, sin una pizca de cansancio; de hecho, era todo lo contrario.
“Estamos ahora solos, Pedri. Puedes dejar de comportarte como un niño bueno que no le hace daño a nadie”
El chico más bajo podía sentir la mirada del otro a pesar de estar de espaldas. Entendía que solo trataba de provocarlo y no iba a caer en eso, así que siguió caminando, ahora más rápido. Jude, al notar que se alejaba, aceleró el paso y, cuando finalmente estuvo cerca, lo tomó del brazo con la misma fuerza aplicada antes, arrastrándolo hacia cualquier cuarto vacío que encontró y cerrando la puerta con llave.
“Jude, yo no sé cuál es tu problema realmente. Solo me comporto como una persona civilizada.
Ahora dame esa llave para salir de acá,” extendió la mano con el ceño fruncido, exigiéndola. Lo único que quería era irse a su casa o decirle a algún médico del club que sentia molestias en la pierna.
Por otro lado, el de piel oscura mostró la misma expresión sarcástica de antes.
“Si no hubieras querido venir a encerrarte conmigo, te habrías sacado mi mano de encima y ya. Así que, por lo que veo, tú también querías estar aquí”
Tenía razón en el hecho de que pudo haber apartado su mano y nada de esto estaría pasando, pero se sentía demasiado adolorido para hacer cualquier tipo de fuerza. Después de los partidos, Pedri se volvía alguien inútil en el sentido de que solo quería tirarse en una cama a dormir.
“De verdad no puedo creer lo egocéntrico que eres. No todo gira alrededor de ti, Jude,” lo miró a los ojos de manera desafiante, ”Que tú te hayas creído el relato de la prensa sobre una supuesta rivalidad entre nosotros es porque eres estúpido, y no significa que yo también. Solo eres un jugador más del mundo”
Todas esas palabras fueron directo al ego de Jude. Porque era así: desde la temporada pasada, la humillación de perder todos los clásicos por goleada y ver cómo ahora todos los focos apuntaban a Pedri González, el chico humilde del Barça, lo hacía molestar más de lo que admitía. Y ahora, al ver que finalmente había ganado y que a Pedri no le importaba en absoluto, terminó de cabrearlo.
Jude se acercó un paso más al contrario, reduciendo el espacio que distanciaba a ambos.
“Yo no te creo el cuento del chico humilde,” sus ojos se encontraron, y nuevamente el más alto tenía esa cara desagradable, ahora sí Pedri lo único que quería reventarle la cara de un golpe.
“Ese es tu problema, no el mío,” respondió con frialdad, “Si tu problema es que digan que yo soy mejor que tú, deberías enfocarte en jugar y no comportarte como un subnormal. Ahora déjame salir”
Avanzó un paso, decidido a arrebatarle la llave, pero Jude se movió antes. Se apartó, dio media vuelta y lanzó la llave por la ventana abierta. El sonido metálico perdiéndose afuera fue breve.
Luego cerró la ventana, bajó la persiana y el cuarto quedó parcialmente oscuro, con una tensión difícil de explicar.
Pedri se giró lentamente.
Jude ya estaba demasiado cerca.
El enojo era evidente, pero no era solo eso: había algo más en su mirada, algo contenido. En un movimiento brusco, lo empujó contra la pared. El golpe le sacó el aire. El brazo de Jude se estiró de inmediato, atrapándole el rostro, obligándolo a alzar la cabeza. Sus dedos presionaban con fuerza, demasiado cerca de la mandíbula.
Pedri soltó un quejido ahogado, no solo de dolor, y se odió por eso.
“¿Qué es lo que quieres?,” preguntó sin rodeos, intentando que su voz sonara firme como antes, porque si lo tenía encerrado no era solo para desahogar frustraciones futbolísticas.
Jude no respondió de inmediato. Bajó un poco la cabeza, lo suficiente para que Pedri sintiera su respiración caliente chocando contra su piel. Su agarre no se aflojó; al contrario, se volvió más firme, casi posesivo.
“No te hagas el tonto,“ murmuró con una calma que resultaba mucho más peligrosa que cualquier grito.
“Sabes perfectamente lo que quiero“
Pedri aún no lo entendía del todo.
¿Por qué Jude era alguien tan raro?
Observaba el rostro del otro con expresión confundida, buscando alguna pista en sus facciones, hasta que su mirada bajó y llegó a la entrepierna de Jude. Allí estaba: la erección claramente visible bajo el short blanco, que además estaba sucio con manchas verdes y marrones. Porque claro, estaban en medio de un clásico, en el Bernabéu, con aficionados afuera y sus compañeros a metros de él, sin embargo, a pesar de todo eso, Jude tenía una erección evidente solo porque le había dicho subnormal.
Eso hizo reír por dentro a Pedri.
Jude se dio cuenta de que lo había visto y asumió que Pedri ya había sacado sus conclusiones.
“Te quiero coger. Y eso es exactamente lo que voy a hacer“
No esperó más palabras, ni prestó atención a los balbuceos de Pedri. Hizo oídos sordos.
Acortó la distancia hasta que sus cuerpos quedaron completamente pegados. Pedri soltó otro quejido por el dolor de su pierna e intentó apartarlo, pero Jude era más alto y mucho más fuerte; no había escapatoria. Pedri suplicaba que lo dejara salir, que los iban a descubrir, pero Jude simplemente lo ignoró y siguió adelante.
Con una mano aún aplastando el rostro del blaugrana contra la pared, estrelló sus labios contra los de él en un beso desesperado. No tenía nada de bonito: fue un choque violento de dientes, la lengua de Jude invadiendo toda la cavidad bucal de Pedri. Este intentó resistirse al principio, pero su cuerpo lo traicionó; poco a poco dejó de forcejear y terminó correspondiendo el beso.
Jude sonrió contra su boca al notarlo, una sonrisa satisfecha y triunfal que no esperaba sentir tan pronto.
“Joder…“ susurró contra sus labios, la sonrisa ensanchándose mientras sentía cómo Pedri se rendía por completo. El beso se volvió más sucio, más hambriento. Jude lo devoraba: lengua profunda, mordiendo el labio inferior hasta arrancarle un gemido involuntario que vibró entre los dos.
Se separaron apenas para tomar aire. Jude no pudo esperar más y agachó la cabeza hacia la curva del cuello del más bajo. Pasó la lengua por la piel y succionó con fuerza, como si su vida dependiera de ello. La idea de que todos vieran esas marcas en el cuello de Pedri, de imaginarlo jugando un partido con el cuello destrozado, lo ponía enfermo de deseo. Mientras tanto, su mano bajó buscando la erección del otro.
Tocó, acarició y no había nada. Ni un bulto. Por primera vez en toda la noche, Jude sintió una pizca de culpa. Eso significaba que el chico no estaba excitado, que solo se sentía sometido.
Aun así, no se detuvo. Siguió besando y mordiendo su cuello mientras metía la mano dentro de los pantalones y la ropa interior del adversario, yendo directamente a tocar su intimidad.
“¿Qué…?“ Jude detuvo todo de golpe.
Lo que había encontrado no era lo que esperaba. Pedri soltó un quejido de frustración porque había parado justo cuando más lo necesitaba, pero en medio de la excitación había olvidado por completo ese pequeño gran detalle: tenía vagina.
Pedri intentó decir algo, explicarse, pero Jude ya había vuelto a tocarlo, ahora con más intensidad.
“De haberlo sabido antes, te habría cogido en el primer clásico en que nos vimos,“ dijo con la voz mucho más grave, una sonrisa de oreja a oreja dibujándose en su cara mientras sus movimientos se volvían más bruscos, “¿Tus compañeros lo saben? ¿Se turnan para usar este agujero?“
Miraba fijamente a Pedri, que gemía desesperado y movía las caderas buscando más contacto con esos dedos oscuros.
Y eso le sacó a Jude una sonrisa aún más egocéntrica.
“Tomaré eso como un sí… Qué buena puta, siendo el depósito de semen de tus compañeros y ahora también del rival. Aunque creo que me voy a poner celoso después de cogerte, no querré nadie más te use“
Dicho eso, alejó las manos de Pedri y dio varios pasos atrás, solo con la intención de desesperarlo.
Pedri estaba completamente empapado, se sentía asqueroso por excitarse tanto con esas palabras. Vio cómo Jude se alejaba, dejándolo desarreglado, con la intimidad palpitando y necesitada.
“¿Cuándo vas a dejar de comportarte como un auténtico retrasado mental?,“ esta vez habló Pedri esta vez, intentando recomponerse y no caer en los juegos del madridista.
Ambos se miraban con desprecio, pero al escuchar esas palabras, Jude respiró hondo intentando calmarse y fracasó. Volvió a acercarse, empujó al más pequeño contra la pared y lo acorraló. Extendió el brazo y lo sujetó del cuello con fuerza. Pedri no podía ni pensar; solo arañaba y se retorcía intentando escapar, pero no había salida. Jude lo cacheteó varias veces, dejando sus mejillas ardiendo y más rojas de lo que ya estaban. Luego arrastró el pulgar hasta la boca de Pedri y lo introdujo dentro.
Pedri, sin pensarlo, envolvió el dedo con la lengua y empezó a chuparlo con desesperación. Jude soltó una carcajada baja, oscura. Podría correrse solo con esa imagen: Pedri con los ojos llenos de lágrimas, las mejillas enrojecidas por los golpes, chupándole el pulgar como una puta.
“Eres un enfermo… deliciosamente enfermo“
Su erección dolía de una forma inhumana. El más bajo lo ponía cachondo de una manera que no lograba entender. No comprendía por qué deseaba tanto a su eterno rival, pero no era algo de hoy: llevaba tiempo masturbándose imaginándoselo, viendo videos de Pedri sonrojado y exhausto después de los partidos.
Si Pedri estaba enfermo, Jude lo estaba mucho más.
Con movimientos bruscos y desesperados, Jude le arrancó el pantalón y el bóxer, arrojándolos a cualquier parte. Ahora Pedri quedaba completamente expuesto. Lo levantó en brazos sin cuidado y lo tiró sobre los banquillos. Abrió sus piernas de golpe y empezó a estimularle el clítoris con los dedos, mientras con la otra mano se bajaba los pantalones para liberar su miembro.
Pedri observó cada movimiento con los ojos muy abiertos, sorprendido al ver lo que tanto ansiaba en ese momento.
Jude tomó su erección y la deslizó por toda la humedad de Pedri, cubriéndose con sus fluidos. El blaugrana movía las caderas desesperadamente buscando más fricción, soltando jadeos mientras se cubría el rostro con una mano, avergonzado y excitado al mismo tiempo.
Jude no aguantó más la espera. El aire entre ellos estaba cargado, denso, y aún se escuchaba ruidos del exterior por la celebración de los aficionados. Se inclinó de golpe, desesperado, y capturó la boca de Pedri en un beso más hambriento que el anterior. No había delicadeza, solo una necesitad de ambos, aunque no lo digan en voz alta. Sus labios chocaban con fuerza, dientes rozando, lenguas peleando por dominar. Pedri soltó un gemido ahogado contra su boca.
Jude bajó por su mandíbula, mordiendo la piel suave, dejando marcas rojas que mañana iban a doler. Bajó más hasta su cuello otra vez y llegó a su clavícula. Besaba, lamía, succionaba con rabia, como marcando territorio. Cada vez que Pedri intentaba cerrar las piernas por instinto, Jude las abría de nuevo con las manos grandes, sin pedir permiso.
“Quédate quieta, puta de mierda,“ gruñó contra su piel mientras llegaba al abdomen, dejando un reguero de saliva y mordidas leves. Pedri temblaba entero, el pecho subiendo y bajando rápido, las manos apretando los bordes del banquillo hasta que los nudillos se pusieron blancos.
Cuando llegó a la altura de su entrepierna, Jude alzó la mirada un segundo. Los ojos de Pedri estaban vidriosos, entrecerrados, la boca entreabierta soltando jadeos cortos, la vista era deliciosa.
No dijo nada. No pidió. No avisó.
Simplemente se alineó, la punta gruesa rozando apenas la entrada húmeda, y empujó de una sola embestida profunda, sin nada de preparación.
Pedri arqueó la espalda violentamente, un grito ronco escapándosele de la garganta. Dolor y placer se mezclaron. Las uñas se clavaron en los brazos de Jude, intentando empujarlo y aferrarse al mismo tiempo. El inglés soltó un gemido largo, gutural, al sentir lo apretado que estaba el español, lo caliente, lo mojado que estaba a pesar de todo.
Soltaba insultos contra el cuello de Pedri, empezando a moverse sin darle tiempo a adaptarse. Embestidas fuertes, profundas, casi castigadoras. El sonido obsceno de sus cuerpos chocando entre sí llenaba el vestuario vacío.
Pedri lloriqueaba, la cabeza echada hacia atrás, lágrimas escapando por las comisuras de los ojos. Pero sus caderas empezaron a subir solas, buscando, acompañando el ritmo a pesar del ardor inicial. El dolor se fue yéndose rápido, reemplazado un placer que le recorría todo su cuerpo cuando Jude embestía con todas sus fuerzas.
Jude le agarró las caderas con fuerza, levantándolo un poco del banquillo para cambiar el ángulo, clavándose más hondo.
“Mírame,“ ordenó con voz ronca.
Pedri obedeció a medias: los ojos nublados, brillantes de lágrimas contenidas. Bajó la mirada y se horrorizó al ver cómo entraba y salía violentamente toda la extensión, el contraste de sus tonos de piel haciendo la escena aún más obscena. Jude aceleró sin piedad, hasta que el bulto se formó en su estómago, hinchándolo ligeramente. El pánico cruzó su rostro. Jude lo captó al instante y sonrió, satisfecho, como si eso fuera exactamente lo que quería ver.
“Te correrás solo con mi polla, no pienses en tocarte“
Pedri solo pudo gemir en respuesta, el cuerpo temblando, cada embestida sacándole sonidos que nunca pensó que haría. Y Jude, perdido en él, siguió follándolo sin piedad, decidido a dejarlo marcado por dentro y por fuera, esperando que todos vieran que él arruinó al chico de oro.
Jude seguía moviéndose con fuerza, el ritmo implacable, cada embestida haciendo que los banquillos crujieran bajo ellos. De pronto, una de sus manos grandes bajó del agarre en la cadera de Pedri y se cerró alrededor de su muslo izquierdo, justo donde Pedri sentía las molestias.
Apretó. Fuerte. Los dedos se hundieron en la piel, en el punto exacto donde Pedri había sentido el tirón brutal durante el partido, que no era de sorprenderse luego de jugar 50 partidos seguidos.
Pedri soltó un grito ahogado, diferente a los gemidos de antes. Este era puro dolor, agudo, que le cortó la respiración. Las lágrimas que ya le brillaban en los ojos se desbordaron de golpe, rodando por las sienes hasta perderse en el cabello sudado.
“Jude, detente.. “ su voz salió rota, entrecortada, casi un sollozo, “Creo que me lesioné en el partido, por favor, no toques ahí..“
Jude lo miró. Los ojos oscuros, brillantes de lujuria y sin tener ningún pensamiento coherente. No se detuvo. Al contrario, apretó más el muslo, clavando las uñas en la misma zona, usándolo como palanca para clavarse aún más profundo con cada movimiento de cadera.
“Que te calles,“ murmuró contra su oreja, la voz ronca, casi divertida, “¿Ahora te duele? Ahora te aguantas“
Pedri negó con la cabeza, las lágrimas cayendo más rápido, el cuerpo temblando entre el placer que todavía lo atravesaba y el dolor que le quemaba la pierna como fuego. Intentó cerrar las piernas por instinto, proteger la zona herida, pero Jude lo mantuvo abierto sin esfuerzo.
Y sintió embistiendo aún más fuerte.
Pedri sollozó, la cabeza echada hacia atrás, las manos arañando inútilmente los brazos de Jude. El dolor en el muslo se mezclaba con las oleadas de placer que lo hacía sentir más enfermo.
Jude no paró. Siguió follándolo con la misma intensidad, siguió usando ese muslo herido como punto de apoyo, como si el dolor del otro solo fuera un condimento más. Cada vez que Pedri gemía de dolor, Jude gruñía de satisfacción, empujando más fuerte, más profundo, perdido en la idea de dejarlo destrozado de todas las formas posibles.
“Mírame mientras lloras,“ le ordenó, agarrándole la barbilla con la mano libre para obligarlo a mirarlo, “Quiero verte la cara cuando te corras“
Pedri solo pudo obedecer entre sollozos, los ojos vidriosos, las mejillas empapadas, mientras su cuerpo traicionero seguía respondiendo, acercándose al borde a pesar de todo.
Jude sentía que se le acababa el control. Cada embestida era más salvaje, más desesperada, el sonido húmedo y obsceno de sus cuerpos chocando resonaba en el vestuario vacío como un eco sucio. El muslo magullado de Pedri seguía bajo su agarre implacable, los dedos clavados en la carne hinchada, ignorando por completo los sollozos entrecortados que salían de la garganta del blaugrana.
Pedri ya no podía distinguir dónde terminaba el dolor y empezaba el placer. Las lágrimas le corrían por las sienes, mezclándose con el sudor, pero su cuerpo traicionero seguía respondiendo: las caderas subían solas al encuentro de cada empujón, el clítoris hinchado rozando contra el pubis de Jude en cada embestida profunda. Gemía roto, entre llanto y jadeos, la voz temblorosa y patética.
“Jude… no puedo… voy a… “ balbuceó, casi ininteligible, las uñas arañando los brazos del inglés hasta dejar marcas rojas.
“Hazlo“ gruñó Jude contra su cuello, mordiendo fuerte la piel ya marcada, “Con mi polla dentro, quiero sentir cómo me la aprietas“
Eso fue suficiente.
Pedri se rompió. El orgasmo lo atravesó como un descarga eléctrica. Su espalda se arqueó, un grito ahogado convirtiéndose en sollozo mientras su intimidad se contraía una y otra vez alrededor de Jude, empapándolo, temblando entero. Las lágrimas seguían cayendo, pero ahora eran de una intensidad diferente: placer tan abrumador que dolía.
Jude perdió el ritmo por un segundo, el calor apretado y los espasmos de Pedri empujándolo al borde. Soltó un gemido y se clavó hasta el fondo con una última embestida brutal.
“Mierda… te voy a llenar… “ masculló entre dientes, la voz ronca y rota.
Pedri al escucharlo se intentó levantar como pudo, “No, no, dentro no,“ salió su voz desesperada, estirando uno de sus brazos tratando de sacar el miembro dentro suyo, Jude irritado volvió a tirarlo hacia atrás, ahora agarrando sus manos con fuerza.
Y lo hizo.
Se corrió dentro con fuerza, chorros calientes y abundantes inundando a Pedri, marcándolo por dentro de la manera más cruda posible. Siguió moviéndose lento, profundo, exprimiéndose hasta la última gota mientras sentía cómo su semen se mezclaba con la humedad del otro, rebosando un poco por los bordes cada vez que empujaba, chorreando hasta llegar al culo de pedri y ensuciar el banquillo.
Pedri temblaba debajo de él, las piernas abiertas y flojas, el muslo derecho todavía ardiendo bajo el agarre de Jude, la cara empapada de lágrimas y sudor, los labios entreabiertos soltando jadeos débiles. Sentía todo: el calor espeso llenándolo, el peso de Jude encima, el dolor palpitante en la pierna, la vergüenza absoluta de haberse corrido así, llorando y suplicando.
Jude se quedó quieto unos segundos, respirando pesado contra su cuello, todavía dentro, sin prisa por salir. Le dio un último mordisco suave en el hombro, casi tierno en comparación con todo lo anterior.
“A la próxima no dejaré que te comportes como una mocosa“ susurró, la voz baja y satisfecha
Pedri solo cerró los ojos, exhausto y temblando. Ignorando el hecho que use pronombres femeninos.
Jude se movió un poco, saliendo despacio, provocando que el semen espeso y blanco se escape de golpe, ensuciando aún más la piel del blaugrana, quien soltó un quejido mientras intentaba mantenerse despierto, al notar la mirada intensa del más alto en su intimidad cerró sus piernas por instinto, cosa que a Jude lo molestó y las volvió a abrir para observar como si se tratase de una obra de arte.
“Ahora estás llena de mí, con tu cuerpo lleno de marcas mías y posiblemente preñada“ habló satisfecho, levantando su mirada ya que no respondía, negando con la cabeza al ver al más bajo dormido.
Se levantó frente al cuerpo de Pedri. La polla le palpitaba en la mano, agarró con fuerza desde la base, mirando fijamente cómo el glande se asomaba y desaparecía entre sus dedos cada vez que subía la piel.
Sus ojos bajaron como si fueran a devorarlo: su cabello revuelto, dejando ver ligeras ondas debido al sudor, las lágrimas secas en su rostro, sus mejillas aún rojas, chupetones morados que le había dejado en el cuello y las clavículas, y su intimidad hinchada, usada, llena de los fluidos de ambos.
Empezó a masturbarse con violencia, la mano subiendo y bajando tan rápido que el sonido húmedo y obsceno volvía a llenar la habitación.
La mano libre fue directa al coño empapado de Pedri. Los dedos resbalaron sin esfuerzo por los labios hinchados y resbaladizos, cubiertos de fluidos. Metió dos dedos de golpe hasta el fondo, sintiendo cómo las paredes internas todavía se contraían débilmente alrededor de ellos, calientes, viscosas, llenas de su propia esencia. Los curvó, rozando ese punto sensible que antes lo había hecho gritar, mientras su otra mano seguía machacando su polla sin piedad.
No aguantó ni dos minutos más.
Sacó sus dedos dentro de Pedri para enfocarse en su propio orgasmo, gimió ronco y se corrió con violencia apuntando directo al pecho del cuerpo dormida. Chorros espesos y calientes salpicaron la camiseta blaugrana que Pedri aún llevaba puesta, manchándola desde el pecho hasta el abdomen, algunas gotas cayendo en su barbilla.
La habitación quedó en silencio, solo se escuchaba su respiración agitada. Aun así, Pedri no se movió. Su respiración seguía lenta, profunda y ajena a todo.
“Princesa, despierta,“ movió al español luego de un rato, para poder despertarlo, cuando finalmente abrió los ojos Jude estaba frente de él, ahora se sentía más sucio que antes, lo miró con desprecio y pasó ambas manos por rostro, queriendo calmarse pero notó algo espeso sobre este, al darse cuenta de lo que era pasó su mano bruscamente tratando de limpiarse.
“Eres un asqueroso,“ se incorporó como pudo, arrebatando su pantalón y celular de las manos grandes de Jude, “No dirás nada lo que pasó, Jude, yo tampoco diré nada y deja de tratarme como mujer,“ Jude no respondió nada, vio como volvía a ponerse la ropa, sonriendo al ver que Pedri aún no notaba que su camiseta estaba llena de su semen.
Pedri sin dirigirle la mirada al inglés, tomó su celular para llamar a cualquiera de sus compañeros. Llamó 4 veces hasta uno que finalmente uno atendió.
“Ferri“
“Pedri, joder, ¿donde estas? Te hemos estado esperando hace más de una hora para poder irnos, ¿estás bien? te escuchas de la mierda“
Pedri suspiró pesadamente tratando de calmarse, mirando a Jude que al parecer estaba claramente divertido con la conversación, logrando poner a Pedri aún más nervioso y molesto.
“Realmente no sé dónde estoy… pero,“ no alcanzó a decir nada más ya que el inglés le arrebató el celular, “Hola, Pedri está conmigo, nos quedamos encerrados en el último vestuario, al fondo“
Pedri abrió los ojos, le quitó el celular y colgó antes que Ferran dijera cualquier cosa, “¿Qué haces? ¿No puedes comportarte como alguien normal? Te dije que nadie se debe enterar“ Jude riéndose se acercó y tomó al más bajo de la barbilla bruscamente levantando con fuerza su rostro para besarlo salvajemente.
Y en medio de eso la puerta fue abierta.
Ferran vio la imagen completamente horrorizado junto el empleado del club quien abrió la puerta. Ferran arrugó su nariz visualizar a su amigo lleno de semen y con el aroma pasado a sexo, por otro lado Pedri empujó a Jude así poder alejarlo con cara de asco y poder salir del cuarto cojeando sin dirigirle la mirada a nadie, se sentía completamente humillado y peor aún, él quería todo esto.
