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Language:
Español
Stats:
Published:
2013-04-22
Updated:
2014-02-03
Words:
50,707
Chapters:
12/?
Comments:
61
Kudos:
30
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2
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1,074

Ten cuidado con lo que deseas

Summary:

Steve McGarrett desea algo de una manera profunda y casi obsesiva. Pero ha logrado contenerse por mucho tiempo... pero una misión que casi acaba mal le da la posibilidad de acercarse a eso que anhela hasta el punto del dolor.

Es así que descubrirá que a veces se debe temer a lo que se desea y es mejor nunca llegar a tenerlo.

Notes:

Bueno... empezaré a subir mis trabajos desperdigados por el mundo a este lugar y voy a empezar con este. Sé que aquellos que leen este fic en el LJ van a odiarme, pero les aviso que para el fin de semana habrá actualización.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Deseos que se vuelven realidad... lamentablemente.

Chapter Text

Steve dio las órdenes con precisión y sin decir una palabra. Los gestos de su mano derecha indicaban lo que cada uno debía hacer, mientras la izquierda sostenía el arma, indicando que la entrada sería a sangre y fuego. Los cinco se hallaban al costado de la entrada principal, agachados y esperando el momento preciso para actuar.

Lori, Chin y Kono se movieron en silencio cuando se les encomendó la misión. Se deslizaban pegados a las paredes y agachándose con cautela cuando pasaban por una ventana. Por lo poco que habían podido ver había cinco o seis personas dentro. Kono se contentó por saber que los refuerzos del HPD estaban en camino ya que la situación sería un poco más sencilla de controlar, aunque con Steve cerca no tenía de qué preocuparse. Ella sabía que se podía contar con su jefe, aunque las situaciones fueran claramente desventajosas. Pero si este se empeñaba en entrar sin esperar a que el respaldo llegara no podía evitar sentirse inquieta.

Danny esperó quieto en su lugar. Ambas manos sosteniendo el arma firmemente. Sus ojos fijos en Steve tratando de leer que le sucedía. Lo notaba inquieto y molesto, eso le preocupaba en demasía porque su jefe solía pensar menos que de costumbre cuando se hallaba en ese ánimo. Y si bien era peligroso para el mismo Steve, lo era mucho más para el resto del equipo, donde él se hallaba incluido.

De todas maneras el detective no podía culpar a su jefe. Sabía que la pista que estaban siguiendo podía derivar en que encontraran a quien había encargado el asesinato de los padres de Steve. Wo Fat era una obsesión en la mente del comandante y la verdad es que lo comprendía y lo apoyaba, eso mientras la seguridad del equipo estuviese garantizada -situación que parecía estar lejos en ese momento-. En cuanto Lori, Chin y Kono doblaron en la esquina del almacén perdiéndose de la vista del detective y de Steve, éste último se agazapó más contra la pared mientras buscaba la mirada de su compañero para ver si estaba listo.

Cuando pasados unos minutos un ligero susurro llegó por el intercomunicador supieron que sus amigos ya estaban en posición aguardando la orden final. Steve se paró de repente y con un asentimiento de cabeza mientras susurraba “ahora” comenzó la acción.

El lugar quedó a oscuras en el mismo momento en que la puerta de entrada casi se salió de los goznes al ser pateada con fiereza por el jefe del escuadrón. El retumbar de un golpe al fondo del enorme galpón dio la pauta de que el resto del equipo también había entrado.

La balacera dio inicio. Danny sabía que iban a entrar de ese modo, pero no se esperó una contra reacción tan rápida. El detective estaba seguro de que los tipos sabían de su llegada y los estaban esperando, las cosas ya habían salido mal desde un principio y ellos no lo habían notado.

Los cinco miembros del Five-0 hicieron lo posible por ponerse a resguardo, pero no había muchos lugares desde los cuales protegerse y disparar, y la escasa luz que entraba por la ventana no dejaba lugar a dudas que sería más difícil de lo planeado. Danny se encargó de disparar al maleante que estaba más cerca de ellos y que había herido a Kono antes de que ella hubiese encontrado un lugar seguro. El rubio rogaba que la joven estuviese bien, no podía hacer nada para acercarse hasta ella y verificar su estado.

Steve logré entrever como el disparo de Danny daba en el blanco y el tipo caía muerto–o eso esperaba él– así que sólo quedaban cinco hombres por los cuales preocuparse. El quejido de uno de ellos hizo eco entre las balas. Chin había detenido a otro. Uno menos y quedaban como mucho cuatro.

Uno de los maleantes se acercaba despacio a Lori, Steve lo vio por más que la oscuridad del lugar les jugara en contra, pero de un disparo acabó con la amenaza a la rubia perfiladora. La chica le agradeció con una mirada y una sonrisa-que el comandante captó por la ligera luz que entraba por la ventana- pero no pudo hacerlo mucho tiempo ya que se vio obligado a poner atención a lo que sucedía, ya que los disparos aumentaban de intensidad. Los traficantes que el Five-0 había ido a buscar sabían que estaban siendo bajados uno a uno rápidamente y si no los atacaban con lo más fuerte que tenían podían darse por muertos.

La ráfaga de disparos de subfusil MP5 los tomó por sorpresas. Habían investigado a la banda, pero no lo suficiente como para saber que ésta había estado involucrada con el robo de armas militares sucedido hacía dos meses. De ser así, Steve habría sido mucho más cauteloso. Los disparos habían resonado con fuerza en el lugar, dejando a la gran mayoría de los presentes momentáneamente sordos. El comandante rogaba porque todo su equipo haya podido tirarse al suelo y que estuviese bien.

La segunda oleada de disparos sirvió para que el comandante pudiera ver en la oscuridad los pequeños chispazos que el arma hacía al detonar. De esa manera sólo tuvo que apuntar hacia la pequeña plataforma que hacía de balcón del primer piso y escuchar caer el cuerpo de quien sostenía el arma. Bien, sólo quedaban dos.

Steve tenía la adrenalina al máximo y el corazón en la boca. Sabía que estaba actuando mal, o por lo menos lo presentía. Y eso era porque Daniel ya le había dado el sermón sobre su imprudencia y de cómo esta iba a significar la muerte para todos. Rogaba que el rubio no tuviese razón porque si no, no sabría qué hacer. Ya había perdido a demasiada gente en su vida como para soportar una muerte más en su espalda. Pero no pudo seguir auto flagelándose mentalmente porque sintió extraños movimientos cerca de donde él se encontraba tirado. No se movió, sólo atinó a quedarse quieto y al sentir como alguien pasaba a su lado estiró su mano tratando de aferrar el tobillo.

Cuando escuchó el quejido y un cuerpo estrellarse contra el piso, supo que tuvo éxito. Lo inmovilizó para poder ponerle las esposas y con un ligero golpe en la nuca lo desmayó para poder ver si aún quedaba alguien más.

Un último disparo que resonó ya fuera del galpón dio a entender que el último delincuente había sido abatido. Cuando las luces de las patrullas, que recién llegaban y eran estacionadas a unos metros del lugar, fueron encendidas el Five-0 en pleno pudo ver lo que podía describirse como el infierno.

– ¡¿Están todos bien?!– el grito de Steve resonó con preocupación pero firme.

–Estoy viva, si eso es a lo que te refieres– deslizó Kono entrando por la puerta trasera mientras se tomaba el brazo herido, no sin antes encender el interruptor que iluminó el lugar por completo. Steve entendió que ella había sido quién se encargó de ultimar al sexto maleante fuera del perímetro.

Los miembros del HPD comenzaron a adentrarse al galpón para comenzar con su trabajo. Si bien la misión era llevada a cabo por la fuerza especial del comandante McGarrett, la policía había participado en la investigación y prestado su apoyo. El único traficante que había quedado vivo, capturado por Steve, estaba siendo llevado a uno de los coches policiales en espera de lo que el Five–0 ordenara hacer con él.

El comandante siguió buscando al resto de su equipo. Divisó a la perfiladora a la cual sólo hizo un gesto de asentimiento y una sonrisa plácida por verla a salvo.

–Estoy bien– la voz de Lori se dejó escuchar cansada y algo temerosa. Él no podía culparla luego de ser atacados con una metralleta MP5.

Mientras intercambiaba el gesto con Lori, Steve se acercaba a Chin quien estaba sentado en el piso y se sostenía su flanco izquierdo, justo donde una mancha de sangre comenzaba a dibujarse. Se agachó junto a él para ver la magnitud de la herida.

–Apenas me rozó– sonrió el teniente Kelly, mientras trataba de no preocupar a Steve. Aunque tenía razón, ya que la bala ni siquiera había entrado en el cuerpo, su jefe lo ayudó a levantarse y lo llevaba hacia afuera donde le darían las primeras atenciones médicas. Pero el teniente reparó en algo– ¿Y Danny?

Steve estaba tan acostumbrado a tener a su amigo a dos pasos de distancia, siguiéndolo, siendo su respaldo en caso de necesidad que había dado por hecho que Daniel estaba bien. Es más, el rubio debía estar bien porque… porque debía estar bien y punto. Siempre había sido así y no tenía por qué cambiar. Se había prometido a sí mismo que él se encargaría de cuidarlo a como diera lugar, y estaba seguro que siempre lo lograría.

Comenzó a sentirse muy mal de repente. Estaba entrenado para ver a la gente morir. Cuando estaba activo en la marina, cada vez que salía en una misión junto a su equipo sabía que podía ser la última que compartiera con ellos, porque podía caer él, o bien el desafortunado podía ser alguno de sus compañeros. Pero con el Five-0 no quería repetir esa experiencia. Ellos se denominaban una familia, y perder a un miembro de la misma significaba perder una parte de sí mismo.

Chin observó como el comandante se ponía blanco de repente, como si recién cayera en cuenta que el equipo no estaba completo, como si ni siquiera hubiese pasado por su cabeza que a Danny pudiese ocurrirle algo malo.

Cuando el grito desesperado hizo eco en las cuatro paredes del lugar, Steve hizo lo imposible para tratar de refrenarse y no soltar a Chin para correr tras lo que haya sido ese estruendo. El teniente sólo se acercó a su prima para que sea esta quien lo llevara, así su jefe podía encargarse de la situación que ahora tenían entre manos.

Cuando corrió a través de un minúsculo pasillo que daba camino a la sección de pequeños cuartos de almacenamiento sintió que el alma le volvía al cuerpo. La voz de Danny tratando de calmar a alguien le daba la certeza de que su amigo se encontraba con vida y bien.

Cuando lo divisó en la puerta del último almacén, el tercero contando desde donde él estaba, no pudo más que recriminarle.

– ¿Por qué demonios no contestaste cuan…?– pero no pudo continuar cuando unos gritos de terror, acompañaron a la mirada asesina que Danny le dispensaba en ese momento. Los chillidos y quejidos venían del interior del cuarto.

–Cálmense– el rubio ya no lo miraba, mostraba su placa tratando de hacer entender a quien fuera que estuviese allí encerrado que ellos eran los chicos buenos–Soy policía, no voy a hacerles daño, lo prometo–

Steve escuchó los gritos en respuesta al intento del detective a adentrarse en la habitación. Parecían ser gritos en algún idioma que no llegaba a reconocer debido a la desesperación y la rapidez con que lo hablaban.

Chino, estaban hablando en chino. Se acercó despacio hacia la puerta y respiró profundo para tratar de serenarse. Su corazón aún latía a mil por hora y no sacaría nada en claro si no tenía la mente tranquila.

¿Pero cómo diablos se puede tener la mente clara cuando te encuentras con semejante espectáculo?

Por un segundo miró a Danny. Sus ojos verdes se clavaron en el perfil de su compañero viendo la tensión que este mostraba y que las líneas de expresión de sus ojos delataban. Steve debía darle un punto a favor a su compañero por tratar de disimular el dolor que sentía.

Ellos sabían que el grupo que estaban siguiendo se encargaba de la trata de personas. Pero en su registro no se encontraba que también lo hacían con niñas que apenas si pisaban la adolescencia. La menor de las niñas debía tener unos once o doce años y la mayor, que trataba de proteger al resto, no debía llegar a los quince. Eran en total cinco.

–Soy policía, todo estará bien– aseguró Danny una vez más con desesperación, al punto de perder los estribos. Steve decidió intervenir cuando la jovencita comenzó a gritar más fuerte al notar que el rubio se acercaba a ellas.

Tratando de no equivocar los términos y no mezclar idiomas, Steve le explicó en unos momentos a la joven niña que ellos no eran parte de la banda y que sólo querían ayudar. Le preguntó el nombre y el temeroso “Lei” susurrado por ella le dio la pauta de, que por lo menos, ya no estaba a la defensiva. Los gritos cesaron de inmediato y eso relajó el ambiente.

Steve siguió explicando que las sacarían de allí y les darían un lugar en donde alojarlas. Cuando le preguntó si sabían para que estaban allí y si les había sucedido algo malo mientras estaban cautivas no pudo evitar cerrar los ojos con odio y frustración por lo que llegaba a entender entre los sollozos de la chica.

– ¿Qué te dijo?– preguntó Danny leyendo las expresiones de Steve. Se imaginaba cuál era la respuesta, pero eso no quería decir que no quisiera que su jefe se lo asegurara.

–Las tenían aquí para prostituirlas, para Lei y Jie ya tenían compradores y estaban tratando de encontrar lugar para el resto– aseguró mientras señalaba a las dos adolescentes que parecían ser las mayores del grupo y que hubiesen sido vendidas de no ser por la llegada del grupo Five–0.

– ¿Prostituirlas?– preguntó Danny mientras trataba de respirar profundo y no enloquecer. Debían sacar a las chicas primero y luego podía explotar a gusto y despotricar contra lo que fuera. Pero primero, lo primero.

El comandante volvió a hablar en ese idioma que Danny no entendía. El rubio ni siquiera podía imaginarse que estaba diciendo. Su tono de voz no le indicaba nada. Pero cuando sintió como una de las niñas se aferraba a su mano, supo que Steve les había hecho entender que nada malo les sucedería de ahora en más.

Steve sabía lo que estaba pasando por la mente de su compañero. Obvio que lo sabía ¡Por dios! Ese hombre era un libro abierto para cualquiera que se parase unos minutos a observarlo. Podía ver la rabia que se estaba acumulando en el hombre frente a él y todo por esas ligeras líneas que se le comenzaban a notar en la frente. Y podía notar el dolor y la impotencia que crecían a pasos agigantados y eso lo veía en los ojos azules que no podían esconderle nada.

Danny sintió como alguien se abrazaba a su pierna y en un idioma extraño comenzaba a hablarle. Buscó con la mirada a Steve pidiéndole, casi suplicando en silencio, una traducción, no sabía lo que la niña más pequeña le estaba pidiendo pero aún así lo presentía.

–Quiere que la cargues hasta afuera y que te quedes un rato con ella– expresó el castaño con una sonrisa que podría derretir el hielo del polo norte. Ese entendimiento que Danny conseguía con los niños le llenaba de algo que no podía explicar. Ver a su amigo interactuar con Grace lo llenaba de un amor inmenso. Y ahora, verlo en la misma situación con una niña desconocida, le causaba lo mismo.

Danny no se hizo de rogar, y sin esperar un segundo levantó a la pequeña. Pesaba casi lo mismo que Grace, se sentía como si la estuviese sosteniendo a ella. El dolor sofocante que oprimía su pecho lo estaba matando lentamente, pero el abrazo de ese angelito acallaba un poco sus ansias de sangre.

Si aún quedaba alguno de los miembros de esa banda con vida, él mismo se encargaría de hacerlo arrepentirse hasta de haber nacido. Como que se llamaba Daniel Williams.

Cuando salieron del galpón de mala muerte pudieron ver que Kono estaba siendo atendida por su herida en el brazo, mientras Chin hablaba con Lori y un miembro de la HPD sobre lo que había sucedido. Por lo rígido que estaba el teniente era obvio que ya había sido atendido y que no le estuvieran encima significaba que no era nada grave. Todo había salido bien…

El comandante volvió a dirigir su vista a su amigo y dudó un poco de su propia aseveración. El rubio estaba tenso y molesto y aún no soltaba a ninguna de las niñas que llevaba aferradas.

Los dos caminaron hasta un auto policial en silencio, ante la atenta mirada del resto de los presentes. Steve llevaba a dos pequeñas que caminaban agarradas de las manos. Danny aún cargaba a la más pequeña y la mano libre la mantenía aferrada a otra de las niñas liberadas. La mayor de las jovencitas caminaba detrás del grupo con la mirada gacha.

Caminaron en silencio hasta el auto policial más cercano. El comandante se encargó de dar las directivas sobre qué hacer con las niñas y con el único implicado en el caso que había quedado con vida. Sabía que ya no le servía de nada lo realizado allí. El 5–0 se había interesado en la banda sólo porque estaban relacionados con Wo Fat, un viejo vínculo que pronto se acabaría si el desgraciado seguía eliminando a antiguos socios. Necesitaban llegar a ellos como sea, antes que sea un cabo suelto que Wo Fat decidiera borrar del mapa. Y en ese momento, viendo los ojos cristalinos de Danny nublados y húmedos por la situación, lo que menos le importaba a Steve era el asesino de sus padres.

Su atención estaba fija en Danny y en como acariciaba los cabellos de la niña que aún se mantenía aferrada a él. Se notaba que entregarla a la mujer policía que estaba a su lado le dolía al rubio como si se tratara de un familiar. Steve tuvo que acercarse a su compañero y darle un ligero apretón en el hombro para que el rubio detective reaccionara y siguiera el protocolo de este tipo de casos.

–Vamos, Danny. Aún nos queda mucho trabajo por hacer– deslizó Steve con una sonrisa tranquilizadora. Los ojos azules del detective se clavaron en él demostrando su renuencia a soltar a la pequeña, pero Steve se puso firme en su idea de terminar con esto de una vez y se lo hizo saber con una negación sutil–Ya hicimos nuestro trabajo, deja que el resto de la gente haga el suyo–

El detective suspiró resignado y alejó a la niña de su cuerpo y la sentó dentro de la patrulla en la que ya estaban acomodadas las otras pequeñas. Miró los profundos ojos oscuros que le devolvieron toda la gratitud que sentía por el rescate, pero Danny sólo pudo ver en ella a la víctima de un secuestro y de cosas que no quería imaginarse.

Se alejaron juntos hacia el Camaro y Danny se subió sin decir una palabra en el asiento del acompañante. Steve sacó las llaves del auto de su bolsillo y con un gesto llamó a Chin quien estaba a cinco metros de ellos.

–Voy a llevarme a Danny a su casa. No está bien– susurró tratando que el rubio no lo escuchara.

– ¡Estoy muy bien, Steven!– el grito del detective le dio la pauta a Steve de que su plan falló miserablemente.

– ¿Podrás hacerte cargo de todo?– le preguntó más por ser cordial, porque de todas maneras planeaba irse y tratar de hacer sentir mejor a Danny. Pero que Chin estuviese herido lo obligaba a ser un poco más atento.

–No te preocupes, Jefe. Yo me encargo de todo– le aseguró el teniente, mientras saludaba al rubio con un gesto de su mano –Suerte–


– ¿Vas a decirme qué te pasa?– Steve tenía claro lo que estaba sucediendo con su compañero, pero quería que este se abriera y sacara de su sistema todo lo que lo estaba enfermando.

–No me pasa nada, Steve, y por favor deja de preguntarme lo mismo una y otra vez. Odio que te pongas como disco rayado y trates de ganarme por cansancio– sentenció con desagrado. Odiaba que Steve no aceptara un “no” por respuesta. “¿Te pasa algo?” “No” ¿Por qué eso no era suficiente para su jefe?

–Tu cara demuestra otra cosa–

–No tengo caras, Steve– Daniel no observaba a su compañero porque sabía que éste podría leer en su rostro el malestar que lo aquejaba. Steve no era un hombre observador propiamente dicho, el ser detallista no era un punto fuerte en el Comandante McGarrett, pero tenía una facilidad para leerlo a él que realmente lo abrumaba. Por eso tenía su vista volteada al paisaje que se veía a través de la ventana. Un aburrido (y muy oscuro) paisaje que detestaba hasta el hartazgo. Odiaba esa isla y nunca se cansaría de decirlo.

–Está bien… tu tono es el que demuestra otra cosa– aseguró con una pequeña sonrisa, tratando de picar a Danny.

– ¿Otra vez, Steven? ¿Otra vez? ¿Qué tiene mi tono? ¡¿Qué demonios te dice mi tono en este momento?!– sin dejar que el comandante contestara, Danny prosiguió su monólogo– ¿Sabes qué es lo que estoy queriendo decirte?– se volteó mirando a su compañero a los ojos, mientras este sacaba la mirada del camino para centrarla en él. La mirada verde refulgía en algo que Danny no quería reconocer– ¡Qué te calles por un momento y que dejes de incordiarme!– se cruzó de brazos para enfatizar su molestia– ¡¿Podrías hacerme ese maldito favor?!–

Steve quiso contestarle, deseaba hacerlo para que Danny pudiese sacar aquello que le molestaba, pero también porque odiaba que el detective no notara lo muy preocupado que lo tenía. Y como quería hacerlo, lo hizo.

–Danny…–

– ¡Cierra la boca, McGarrett! ¡Por una maldita vez en tu vida, hazme caso!– gritó con rabia e ira descontrolada–Ya bastante es tener que soportar esta maldita isla del demonio como para también tener que soportarte a ti cuando no quiero hacerlo–

Steve se sintió herido. Le dolía. Dolía que Danny odiara todo lo que él amaba, todo lo que significaba mucho para él. Hawaii era su hogar, era su casa, y Danny lo despreciaba. No le importaba que el rubio hubiese dicho que no quería soportarlo a él, sabía que era algo de momento, pero el odio por la isla era algo real y, casi podría decirse, se sentía insultado cada vez que Daniel demostraba su resquemor hacia esta.

–A mí vas a tener que soportarme hasta que yo lo decida ¿Entendido?– gritó en el mismo tono que Danny, consiguiendo captar la atención de este por la extrema dureza que demostró. La mirada que recibió de su compañero no lo hizo detenerse–Y en cuanto a esta maldita isla… seguramente en New Jersey no tenías que enfrentarte con cosas como estas ¿No?– soltó con rencor y ganas de herir. Jersey era para Danny lo que Hawaii para él.

–No comiences–

– ¡No, Danny! ¡Hablas como si las cosas malas sólo sucedieran aquí!– no dejaría que el rubio insultara su hogar y se saliera con la suya–Jersey debe tener sus propias escorias contra las que luchar–

–Pero…–

– ¡No!– el Comandante quería sacar la ira contenida luego de escuchar insulto tras insulto por parte de Danny–Las cosas malas suceden en todos lados: aquí, en Jersey y en la India. Jersey no es la excepción ni el paraíso–

– ¡En casa nunca le sucedió nada a Grace!– gritó con frustración el detective– La menor de esas niñas debía tener dos o tres años más que mi hija, Steve. No me pidas que me quede tranquilo. No me pidas que me calme. Amo a mi hija, y sólo saber que algo así pueda pasarle me pone mal– tomó aire, mientras miraba con dolor a su compañero–Desde que llegué a esta isla en lo único que pienso es en la seguridad de mi hija… y cada vez tengo más miedo. No me mires mal por odiar mi jodida situación–

Danny tuvo que hacer uso de todos sus reflejos cuando Steve maniobró violentamente y estacionó el auto al costado de la ruta. Los ojos celestes se fijaron en los nudillos apretados del castaño sobre el volante. Por enésima vez sintió temor por su vida, pero era la primera vez que sentía miedo de Steve. No entendía que era esa nueva susceptibilidad que su jefe demostraba. Suspiró con alivio al ver como el comandante se bajaba del auto. Aprovechó para gritarle que estaba loco.

Todo sea por no perder la costumbre.

McGarrett se bajó sin dirigir una mirada al interior del auto. Estaba cansado del desprecio de Danny, pero también lo entendía. No era tonto y sabía que el terror de su compañero era por su pequeña y por la lejanía de su hogar. El rubio había abandonado TODO sólo para seguir a Grace a un lugar completamente diferente, que no comprendía -ni hacía el esfuerzo por comprender, valía aclarar- y que le era hostil.

No lo culpaba por odiar el lugar, lo culpaba por no tratar de amarlo. Porque si Danny quisiera podría darse cuenta de las nuevas raíces que había echado allí. Y no sólo hablaba de la “Ohana” que conformaban junto con el resto del Five-0. El rubio tenía en Hawaii mucho más de lo que él creía poseer.

Steve se tranquilizó. Ya era bastante que su compañero estuviese como loco. El calmante sonido del mar que iba y venía sobre la costa acalló las ganas de golpear a Danny. Dirigió su mirada al interior y allí lo vio, aún con sus brazos cruzados y su mirada turbia por el dolor. Al parecer aún le duraba la sensación de impotencia que había surgido al ver a las niñas del galpón.

Decidió sacar su celular que marcaba la 1:07 de la mañana. Había obligado a su equipo a trabajar durante dos días y medio sin descansar un segundo para no perder la pista que habían encontrado y ahora eso le pesaba en la conciencia. Abrió la agenda de contactos y sin demorar un segundo -ni sentirse fuera de lugar por el horario- apretó el botón de llamado.

La alarmada voz de mujer que respondió luego de unos cuantos timbres le hizo poner una mueca de desagrado. No la odiaba, aún no la conocía lo suficiente para ello, pero lo poco que la conocía era suficiente para saber que tenía todas las armas para herir a alguien que le importaba más que su propia vida.

¡Comandante McGarrett! ¿Le sucedió algo a Daniel?– El maldito acento inglés que se escuchó del otro lado del auricular le molestó en demasía. No era porque odiara a la mujer-volvió a repetirse-, sólo odiaba lo empecinada que estaba en hacerle la vida imposible a Danny.

–Buenas noches, Rachel. Danny está medianamente bien. En breve sufrirá un ataque de nervios– explicó rápidamente, sin ganas de entrar en muchos detalles.

¿Qué le sucedió?

–Un caso difícil… Danny terminó un poco mal y es por eso que necesito me hagas un favor– deslizó sabiendo que pronto recibiría una rotunda negativa.

¿En qué puedo ser útil, Comandante?– preguntó con su tono altivo y, por qué no, algo despectivo.

“Tú no, mujer” pensó con una sonrisa, dando gracias al cielo que no lo estuvieran viendo, porque su cara demostraba lo mal que le caía la ex esposa de su amigo.

–Quiero hablar con Grace– pidió casi solemnemente. El silencio duró unos cuantos segundos en los cuales Steve aprovechó para mirar al interior del auto, donde un enfurruñado Danny estaba cruzado de brazos y simulaba no mirarlo, aunque él ya había sentido los ojos celestes clavados en su nuca justo antes de voltear.

¿Perdón? ¿Tiene idea de la hora qué es?

–Lo sé, Rachel. Sé que es muy tarde, por eso te llamé a ti para pedir tu permiso. Podría haber llamado a Gracie directamente– Steve tenía agendado en su celular el número de la pequeña, pero le parecía un buen gesto de su parte hacer las cosas, por esta vez, como debían hacerse.

No es horario para hablar con ella. Hace horas que está durmiendo y mañana tiene escuela– explicó con un tono de obviedad.

Steve resolló con frustración. Él trataba de hacer las cosas bien y no lo dejaban. Eso tenía que constar en actas para luego mostrarle a Danny que él había querido seguir las reglas.

–Rachel… Danny debe haberte dicho algunas cosas sobre mi modo de trabajar. Podemos hacer las cosas bien, o las podemos hacer a mi modo– sentenció con una sonrisa que su compañero catalogaría de miedo.

¿Cuál sería su modo?– preguntó con altanería Rachel.

– ¿Mi modo? En veinte minutos podría estar subiendo a Grace a nuestro auto sin que tú lo notaras– aseguró con altivez–Sólo quiero que Grace hable con Danny, que lo calme para que podamos seguir nuestro camino en paz–

No se atrevería, Comandante– el tono nervioso que se dejó escuchar a través del teléfono le dio la pauta a Steve que la mujer sabía que era muy capaz de hacer eso.

– ¿Quieres hacer la prueba, Rachel?–

No entiendo porque me está amenazando de esta manera

–Te estoy pidiendo que hagamos las cosas de la manera fácil. Tengo a Danny al borde de un ataque de nervios y sé que sólo Grace lo calmará, no tenemos por qué hacerlo de otro modo… pero si me obligas, Rachel–y el nombre salió con veneno a través de los labios del SEAL– si me obligas podría hacer que de una vez por todas le pagues a Danny todas las que le hiciste pasar– el tono frío, pero tranquilo, hubiese hecho temblar al tipo más valiente–Y eso si fue una amenaza–

El silencio fue eterno. La tensión era tan obvia entre ellos y Steve se odió a sí mismo por tratar así a una mujer que acababa de ser madre. Pero Rachel ya había lastimado mucho a Danny como para tenerle consideración. El Comandante volvió a repetirse que no odiaba a la mujer, aunque el sentimiento que se agolpaba en su pecho al pensar en ella era algo muy parecido al odio. Tal vez podría ser un poquito de desprecio, pero esa palabra le parecía peor aún que la anterior.

No hace falta que sea tan rudo, Comandante McGarrett– aseguró la mujer con obvio tono humillado. Rachel era consciente de todo el mal que causó a Danny cuando creyó que podían recomponer la pareja e intentar una vez más llevar una vida juntos.

–Así es como soy, y ahora me gustaría…–

¿Tío Steve?

Steve dio las gracias de no haber seguido su intento de persuadir a Rachel cuando la voz de Grace lo interrumpió.

–Ey, pequeña– la sonrisa de Steve se mostró franca y dulce, como siempre que veía o hablaba con la niña. Ella significaba la vida para Danny, y eso era más que suficiente para amarla… aunque Grace hacía méritos propios para hacerse querer– ¿Cómo estás?–

Bien ¿Le pasó algo a Danno?– la preocupación se notaba por sobre la adormilada voz de la pequeña. Steve se sintió culpable por poner primero a Danny por sobre la niña.

–No, Gracie, Danno está bien, sólo un poco preocupado por ti… tuvimos un caso difícil, y creo que con escuchar tu voz podría calmarse– aseguró con su voz más serena, tratando de infundir tranquilidad a la hija de su compañero– ¿Podrías hacerme ese favor?–

Claro, tío Steve– cada vez que Grace lo llamaba de ese modo, su sonrisa se hacía más grande. Pensar que antes de Danny trataba de mantenerse lo más alejado posible de los niños.

A veces dolía tanto saber cuánta influencia había tenido Daniel en su vida.

Tratando de ya no pensar en eso se metió en el auto mientras recibía la mirada de puro reproche de su compañero.

–Toma– ofreció el celular sin dar lugar a que Danny comenzara con el discurso que parecía estar por lanzar. La mirada suspicaz que le lanzó su compañero lo hizo retribuirle con una mirada llena de exasperación– ¿Podrías hacerme el favor de tomar la llamada?–

La cara de advertencia que Danny vio en su jefe lo obligó a mirarlo aún peor. Steve pareció enfadarse y sin esperar a nada tocó el botón de altavoz de su celular.

– ¿Podrías saludar al tonto de Danno?–

Hola Danno

La vocecita de Grace pareció obrar maravillas en el rostro de su compañero. Steve no supo qué hacer ante los iluminados ojos turquesas que lo veían con algo parecido al agradecimiento, aunque aún había una mueca de desentendimiento que se traslucía.

–Ey, Monkey– saludó con alegría, mientras arrebataba el teléfono celular a Steve y quitaba el altavoz. Era una charla entre padre e hija– ¿Cómo estás? ¿Qué haces despierta a esta hora?–

Steve río ante la pregunta, pero sabía que no podría hacerlo por mucho tiempo… si, justo en ese momento los ojos gélidos de Danny se clavaron en sus irises verdes. El comandante llevo su mano derecha para tapar su boca y que no se vea la sonrisita sarcástica que le provocaba saber leer, aunque sea un poco a su compañero. El paisaje parecía ser mucho más entretenido en ese momento… era eso, o dejar que la mirada que le perforaba la nuca le dejara identificar las ganas de asesinarlo que el rubio estaba sintiendo.

–Si, Gracie… estoy bien. Steve es sólo un hombre muy solitario que no tiene nada más que hacer que molestar a niñas que en este horario deberían estar durmiendo– aseguró Danny, tratando de no golpear a Steve–Lo sé, lo sé… sólo fue un caso complicado que se me salió de las manos, preciosa– aseguró el rubio. Escuchó la voz de su hija, la cual estaba haciendo maravillas con él porque ya no sentía esa opresión en su pecho–No, ya estoy bien–

“Sólo necesitaba escuchar tu voz”

Cuando ese pensamiento cruzó su mente, algo dentro de él se quebró ¿Tan transparente era para Steve? ¿Tan obvio era lo que necesitaba? ¿Por qué su compañero y jefe era capaz de saber que era lo que le hacía bien? Y allí cayó en cuenta de todos y cada uno de los detalles que McGarrett había tenido con él. Desde el primero hasta el último: la estadía en el hotel para pasar el fin de semana con Gracie (y eso que era el primer caso en el que trabajaban juntos y Danny creía recordar que aún le duraba a Steve el morado en el rostro por el golpe que él mismo le había dado); luego la llamada a la gobernadora para extorsionar a Stan con conseguirle el permiso si no le quitaban la custodia de Gracie; ocuparse de su hija cuando él no podía… y la lista era interminable…

Mientras seguía hablando con la pequeña, Danny no sacaba los ojos del rostro de Steve.

No era tonto, y si lo fuera, Steve era demasiado obvio en todo lo que hacía. Si de algo se jactaba Daniel es de su habilidad para leer a las personas, era su trabajo a fin de cuentas. Él podía leer cuando alguien mentía, cuando estaban siendo sinceros y cuando escondían algo, por más que trataran de evitar ser descubiertos con todas sus fuerzas. Pero Danny, Danny tenía esa habilidad innata para descubrir aquellas cosas que se trataban de guardar bajo siete llaves… aunque Steve casi lo estaba gritando a los cuatro vientos con cada una de sus acciones…

Daniel, por primera vez en todo el tiempo que llevaba trabajando con su compañero, se sintió obligado a retribuirle, aunque sea un poco de todo lo que había hecho por él. Y sabía de qué forma podría hacerlo.

–Claro que sí, monkey. Recuerda, Danno te ama– y con eso cortó la comunicación para luego ofrecer el celular a su legítimo dueño.

–Después era yo quién se tomaba como personal un caso en el que estaba involucrado un padre…– dice Steve a modo de sarcasmo, mientras guardaba su celular en el bolsillo delantero de su pantalón cargo.

– ¿Qué significa eso?– preguntó Danny entre molesto y una mezcla con ansiedad que tomó a Steve por sorpresa.

–Tú me habías dicho que siempre que había un padre involucrado, y dado mis “problemas” con mi padre, todo caso me lo tomaría a personal…bueno, ahora que hay “hijas” involucradas en esto, me parece que eres tú quien se lo tomó como algo personal y perdió los estribos–

–No comiences, McGarrett–

–No comienzo, sólo marco un punto–

–Cierra la boca de una vez McGarrett, no me obligues a que te la cierre yo– aseguró Daniel mirando los irises verdes que refulgían con diversión.

– ¿Cerrármela tú? Oh, dios, pagaría por ver que intentes golpearme– aseguró el castaño con una sonrisa aún más grande que la que ya tenía. Danny lo había golpeado una vez, pero cabía aclarar que él estaba distraído, y sólo por eso había tenido éxito.

–¿Acaso tenemos ocho años, Steve?–

–No, pero quiero que lo intentes. Si amenazas, debes tener las agallas para cumplir después–

– ¿Me estás llamando cobarde? ¡¿Eso es lo qué me estas queriendo decir?!– gritó con frustración el rubio. La tranquilidad que Grace le había proporcionado se había esfumado y todo por obra y gracia de Steve J. McGarrett– ¿Quieres ver cómo cierro tu boca?– siseó con una sonrisa ladina que envalentonó aún más a Steve.

–Quiero ver cómo lo int…–

Y la frase quedó en una vana tentativa. Steve no hubiese podido siquiera decir una palabra aunque lo deseara con todo su corazón. Lisa y llanamente los labios de Danny habían barrido con su poca cordura -que juraba tener muy escondida dentro de su cerebro-

El detective había actuado empujado por veinte emociones diferentes. Vencer en el desafío que Steve le estaba lanzando, las ganas de hacerlo cerrar la boca, el agradecimiento que aún revoloteaba en su pecho y diecisiete cosas más que McGarrett provocaba en él y a las que aún no les daba un nombre.

El movimiento de labios era tranquilo. Hasta dulce podría decirse. Todo porque Steve estaba estupefacto, completamente inmóvil tratando de dilucidar porque Daniel había tomado el cuello de su remera y sin más lo había acercado a su boca y lo estaba besando.

Oh, dios. Daniel lo estaba besando. Y él no estaba haciendo nada por la sorpresa.

Daniel lo estaba besando.

Y lo comprendió, comprendió que aquello por lo que había rogado una y otra vez estaba sucediendo. Había pedido una oportunidad. Steve sabía que era algo tan impensable e imposible que había ocultado todo lo que sentía por su compañero en el fondo de su mente y su corazón. Era impensable, pero estaba sucediendo.

¿Por qué no habría de aprovechar tal regalo de parte de alguna divinidad que debía quererlo mucho?

Y Steve respondió con temor. Con algo parecido al pánico porque todo sea una mentira, un sueño o una ilusión. Pero no lo era, no podía ser una farsa. No cuando sintió la lengua de Danny acariciar tentativamente su labio inferior, casi como pidiendo permiso para entrar a su boca. Y él obviamente lo concedió. Su mano izquierda se elevó para hundir los dedos en las finas hebras de rubios cabellos y ejercer un poco de presión.

Danny no pudo evitar gemir ante el fuerte agarre y la muestra de dominio por parte de su compañero. Era obvio que Steve no se quedaría quieto, nunca lo hacía y creía que en situaciones como la que estaban viviendo el SEAL no se quedaría esperando a que su acompañante hiciera el trabajo. Por eso, cuando la lengua de éste se adentró en su boca, y la mano que antes se enredaba en su cabello ahora presionaba su nuca, sintió que estaba por perder el control.

El beso que había iniciado dulce y titubeante, ahora era verdadera lascivia y fuego.

Steve sintió el leve sobresalto de Daniel, pero al notar que esos labios que había deseado probar no se retiraban decidió no detener la caricia. Mordió el labio inferior de manera delicada, consiguiendo el primer gemido que casi lo hace venirse como un quinceañero en su primer encuentro sexual. Su cerebro se desconectó cuando Daniel lo obligó a recostarse contra la puerta del auto, sintiendo como el peso del rubio casi coartaba sus movimientos. Gimió con fuerza al pensar lo que podía llegar a suceder si no paraba las cosas allí.

No podría detenerse. Steve sabía que si seguían por esos rumbos el detenerse no sería una opción. Por eso llevó ambas manos a las mejillas de Daniel tratando de que este dejara de mover sus labios de esa manera que lo estaba volviendo loco. El detective pareció entender ya que se separó apenas unos centímetros antes que el comandante juntara sus frentes y lo obligara a no moverse más.

Daniel perdió la noción del tiempo al ver los verdes irises que parecían encandilarlo con el hambre que emanaban ¡Dios, sabía que Steve lo deseaba! ¡Pero no a ese punto! Y ese beso debía haberle quemado más de un par de neuronas porque no sabía qué hacer o decir. No entendía porque su compañero había cortado de repente la placentera caricia.

–Danny…– Steve se mordió el labio inferior antes de continuar. No sabía qué decir. Parecía un sueño, uno entre muchos que ya había tenido durante las solitarias noches en su cama y que lo habían obligado a que el agua de su ducha matinal de tres minutos estuviese helada. Pero a diferencia de todas aquellas mañanas en las que despertaba sobresaltado y excitado, ahora los ojos celestes de Danny lo miraban con ternura y agradecimiento y no con una lujuria desmedida – Soñé con esto tantas veces… lo deseaba tanto–

–Lo sé, Steve… lo sé–

Steve necesitaba escuchar eso que lo haría feliz, necesitaba que Daniel le explicara el por qué de su acción, el por qué besarlo de esa manera que le abrasó hasta los huesos.

– Te quiero, Daniel– confesó sin poder detener esas palabras que por meses llevaba atoradas en la garganta – Te quiero tanto y no sé cómo pasó, pero ya no puedo guardarlo más…– terminó la frase con la garganta en un nudo, demasiada emoción por poder decirle de una vez a su compañero todo lo que sucedía dentro de su corazón.

Un silencio pesado se asentó en el auto. Danny no abrió su boca por la sorpresa que significó escuchar esas palabras por parte de quien era su compañero de equipo y su jefe. Un profundo terror se apoderó de él. Nunca hubiese pensado que algo así sucedería. Sabía que Steve lo deseaba… que lo quisiera era algo muy distinto. Su temor debía ser visible ya que los ojos verdes del comandante se nublaron de repente mostrando algo parecido a la confusión.

– ¿Danny…?– Steve sentía algo parecido al miedo recorrerlo entero. No podía haberse equivocado de la forma en que parecía haberlo hecho– ¿Qué sucede?–

–Yo…–

–Te quiero, Danny. Es cierto, no hay ningún truco… sólo te quiero– trataba de convencer a su compañero que sus sentimientos eran reales y no una mentira para conseguir algo más de él.

–Gracias…–

¿Gracias? ¿Sólo eso tenía para decirle?

– ¿Gracias?– Steve sintió que su sangre se iba al piso apenas pudo vislumbrar el significado de esa respuesta. Un simple, trágico y encubierto “pero yo no” que destrozó cada una de las ilusiones que se había hecho en los segundos anteriores. Cuando notó como Daniel rehuía al contacto que aún había entre ellos, su respiración se paralizó por unos interminables momentos.

El tacto de Steve quemaba en su mejilla. Ardía o algo así, y por eso tuvo que alejarse. No había querido lastimar a su compañero con ese gesto de rechazo, pero fue lo único que atinó a hacer.

El clima había terminado por romperse.

–Yo… Steve…–

–No digas nada, Daniel. Sólo… no digas nada– pidió, en una mezcla de súplica y orden, porque sabía que no podría soportar un rechazo directo por parte de Danny. Trató de no mirarlo, intentó no hacerlo, pero al notar el movimiento con el rabillo del ojo no le quedó otra que llevar su vista hasta el rostro del rubio. La vergüenza en los ojos celestes melló su ánimo, pero el arrepentimiento que se notaba en las fuertes facciones del detective terminaron por sacarlo de sus casillas– ¡¿En qué estabas pensando, Daniel?! ¡¿Qué demonios se te cruzó por la cabeza para hacer esto?!– estuvo a punto de decir “hacerme esto” pero ya estaba trapeando el piso con su orgullo y no pensaba rebajarse más.

–Sólo quería retribuirte… sólo…–

– ¡Dios, Daniel! ¿Agradecerme por qué? ¡¿Y de todas formas quién agradece de esta manera?!– preguntó aferrando el volante del Camaro con fuerza, porque si no, estaba seguro, terminaría por golpear a Danny, o por lo menos romper algún vidrio o parte del tablero.

– ¡No lo sé, Steve!– Ya los dos estaban gritando con desesperación, cada uno a su manera tratando de entender al otro en sus motivaciones. Pero ahora Danny sólo podía sentir la culpa de saber que había arruinado todo–Hiciste mucho por mí… y yo sólo quería hacer algo por ti, algo significativo…–

– ¿Y sólo se te ocurrió besarme?– tranquilizó su tono, mientras aferraba con más fuerza el volante. Sentía tantas ganas de romper con su puño esos hermosos labios que aún podía sentir sobre los suyos como si se hubieran grabado a fuego en su piel. Deseaba tanto volver a besarlo, pero al mismo tiempo quería golpearlo hasta sacar toda la rabia y la frustración que lo embargaban–Todo lo que hice por ti, lo hice para que te sintieras bien, para verte bien. No buscaba nada a cambio–

–Dios… Steve–

– ¿Cómo pudiste arruinar todo esto?–

–Yo no quise arruinarlo. Creí que sólo estabas caliente conmigo… que me deseabas…–

– ¿Y si eso fuera así? ¿Si eso fuese cierto hasta dónde estabas dispuesto a llegar esta noche?–

–No lo sé, Steve– Daniel sabía que estaba en falta y por eso trataba de no perder los estribos. Él había cometido el error y debía pagar las consecuencias por ello. Pero por más que se decía eso, tenía ganas de destrozar cualquier cosa que tuviese enfrente. No había buscado que esa noche terminara así.

–Sólo buscaba tu felicidad. Sólo buscaba algo que pudieras disfrutar, con Grace o sólo, pero que fuera bueno para ti. Que fuera importante…–

–Eso es lo que yo buscaba…–

–Acabas de destrozarme, Daniel ¿Tan poco me conoces?–

–No me corras con esas cosas. Tú tenías a Catherine, coqueteas con Lori ¡¿Cómo diablos iba a imaginarme que querías…?!– decir “tener algo serio conmigo” le parecía demasiado surrealista, así que el detective decidió cerrar la boca antes de ganarse un golpe, que sabía que tenía más que merecido.

–Desde el primer día que te vi me di cuenta, por más que me gustaste como nunca nadie lo había hecho, que sería imposible tener algo contigo– Steve giró su rostro para no mirar a su compañero. Le gustaba poder tener una charla cara a cara cuando había que solucionar inconvenientes de tipo personal, pero creía que se derrumbaría de un momento a otro. Y sí, era un jodido SEAL, pero eso no significaba que no tuviera sentimientos como gustaba de creer todo el mundo –Eras heterosexual, tenías una hija, tratabas de volver con tu ex mujer y veinte mil cosas más que volvían imposible una relación entre nosotros… así que me dije a mi mismo que sólo podía ser tu amigo…– el nudo que se formó en su garganta no lo dejó continuar. Había querido ser el mejor amigo para Danny y ahora todo se había arruinado.

–Steve…– el dolor que su compañero mostraba fue una daga en su corazón. Nunca había visto así a Steve, ni siquiera en aquel momento en que el comandante había descubierto la traición de Jameson y sólo le pedía a él que le creyera y ayudara. Cuando eso había sucedido, Steve había estado desesperado, desorientado, sin saber cómo actuar, ahora en cambio se mostraba completamente roto y quebrado–No quise lastimarte–

– ¡No te pedía nada a cambio de lo que te di!– gritó exasperado, no queriendo escuchar más las tontas excusas que escondían un tajante rechazo–Todo lo hice pensando en tu bienestar…–

“y que me lo devuelvas regalándome dolor hace que me den ganas de odiarte”

Pero no se lo dijo. No fue capaz de decirle eso por más que lo deseó con todo su corazón. Amaba a Daniel. Amaba a ese rubio, tonto y engreído, que siempre quería quedarse con la última palabra. Amaba a ese hombre que había llegado a su vida y se había acoplado a ella como si se conocieran de toda la vida. Amaba a Daniel con todas sus virtudes y sus defectos, y sólo por respeto a ese amor apretó sus labios y se tragó el enojo y la frustración que quemaba su garganta.

Steve bajó del auto sin esperar que Danny le contestara algo. Escuchó los gritos del rubio pidiéndole que regresara al vehículo y que terminaran esa conversación. Pero había decidido no volver…

Todos pensaban que era un ser impulsivo, alguien que se guiaba por lo que su corazón y su instinto dictaban en el momento. Y sí, la mayoría de las veces se llevaba por lo que él creía correcto… pero cuando lo que estaba en juego era su corazón nunca hacía su jugada sin pensar.

Había creído que nunca podría tener a Daniel para él, se había convencido de ello, y había aprendido a vivir con el deseo atenazando su pecho cada vez que lo veía y se sabía impedido de hacer algo.

Ya había aguantado casi dos años ¿Qué le costaría hacerlo por el resto de su vida?

Se había prometido ser quien sostenga a Danny cada vez que chocara contra el rechazo de las mujeres con las que se cruzaba en su vida, y principalmente cada vez que sufriera el desaire de aquella que había sido su esposa y a la que el rubio parecía aferrarse con locura y algo, que él creía, rayaba con la obsesión.

Pero ahora ya no creía poder cumplir esa promesa que se había hecho. Ya no creía poder ser el amigo incondicional que había sido hasta ahora.

No con el sabor de esos labios aún quemando en los suyos. Y emitió un quejido de dolor al saber que había sido un estúpido al mostrarse tan transparente. Danny había descubierto enseguida una parte de lo que sentía por él. Sólo le había faltado darse cuenta que lo amaba con locura. Un detalle nimio, al parecer.

Sintió el auto acercarse mientras las luces del Camaro dibujaban su silueta sobre el asfalto. Notó como Daniel se ponía a su altura y trataba de convencerlo que regresara al interior del auto.

– ¡Dios, Steve! ¡Sube de una vez!– la desesperación en la voz del detective era obvia–Sube, te llevo a tu casa y si no quieres que hablemos de esto nunca más, te prometo que no lo haremos, pero por favor sube al auto–la voz hecha ruego de Daniel no mermó un ápice el convencimiento que tenía el Comandante en no dejarse llevar por sus deseos de volver a ese auto con el rubio tonto que acababa de herirlo como nadie.

Steve siguió caminando sin mirar atrás. Nunca notó cuando su compañero se había dado por vencido y decidió no seguirlo más. Le tomó horas de caminata llegar a su casa, en las cuales el cansancio no lo venció. El entrenamiento en la marina le había servido para más que contener sus deseos y quitarle el miedo al peligro. El cielo ya estaba aclarando y eso significaba que la alarma de su reloj sonaría pronto. Pero por esta vez, sólo por esta vez, no iría a hacer sus ejercicios matutinos. No estaba con el humor adecuado, pero eso no lo justificaba para cortar con su rutina por más de un día.

No se acostó. Dio un par de vueltas por la sala intentado saber cómo actuar. Cuando la caminata se le hizo tediosa y la tristeza le atenazó el pecho decidió que lo mejor sería salir un rato.

Se sentó en la playa tratando de pensar qué debía hacer de ahora en más. Le dolió llegar a la conclusión que la única opción que quedaba era fingir que nada había sucedido. El problema radicaba en si sería capaz de hacerlo.

¿Cada vez que mirara a Danny podría no pensar en la sensación de sus labios en los suyos? ¿Cada vez que Danny hablara podría no relacionar su voz con esos gemidos que habían deleitado sus oídos? ¿Cuándo trabajara codo a codo con Danny podría separar la sensación de haberse besado, en el auto como dos estúpidos adolescentes amparados por la oscuridad de la noche, de la misión que tuvieran que llevar a cabo?

No lo sabía. O eso quería creer.

Porque en realidad sí sabía la respuesta, pero prefería no pensar en ella porque si no su vida de ahora en más sería un infierno.

Durante todos esos meses compartidos había rogado por una mísera oportunidad, algo que le permitiera acercarse al detective. En ese momento, sentado en la arena mirando las olas ir y venir mientras el sol comenzaba a pintar el cielo de un tenue naranja, podía asegurar que hubiese preferido toda la vida no descubrir a qué sabían los labios de Daniel, porque acababa de entender que nunca podría ser feliz sin volver a probarlos.

Steve siempre había reído cuando Mary Ann le decía “ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad”

Y ahora, comprendía a cabalidad el significado de aquella frase.