Chapter Text
Ojos color sol
Nie MingJue era su mejor amigo, más que eso, era como aquel hermano mayor que no pudo tener ya que ella tuvo que ser la hermana mayor para su pequeño WangJi no solo por nombre sino porque era la primogénita de la familia Lan, con un alto renombre en la industria farmacéutica de su país.
Sin embargo en los últimos meses su padre había tomado malas decisiones y no lo culpaba del todo, había perdido a su alma gemela. La ironía era que esa persona no era la madre de XiChen y WangJi sino una pobre Omega sin nombre a quien había convertido en su concubina en secreto.
El año pasado Lan ZhuoJi soltó la bomba en medio de una cena familiar; el amor de su vida había sido diagnosticada con un cáncer terminal y la llevaría a vivir con ellas sin aceptar un no por respuesta descubriendo así su amorío oculto por años.
Después de eso todo fue en declive, mientras su padre buscaba por todo el mundo una cura para su enfermedad, su madre enloquecía y se hundía cada vez más en el alcohol, verla sobria era un milagro, ya nadie se encargaba del negocio familiar y ella sin ninguna experiencia tuvo que tomar el mando de la empresa Gusu Lan, ayudada solamente por su tío Lan QiRen ya que su hermano WangJi apenas tenía 17 años.
Se había esforzado en completar sus estudios en Química Fármaco Biología pero no se sentía lista para tomar el mando, aún así sus decisiones ayudaron al crecimiento exponencial de la empresa.
Cuando finalmente esa mujer murió, su padre, lejos de volver a sus obligaciones decidió retirarse e irse de viaje perdiéndose en cada casino que se le cruzaba en frente convirtiéndose en un jugador y mujeriego, XiChen vió crecer las facturas de la deuda hasta que se volvió impagable, todo lo que su padre perdió aunado a lo que su madre consumía entre drogas y alcohol habían llevado su deuda hasta triplicar la ganancia que aún podría recuperar de su propia empresa.
Para su suerte un accionista que llevaba años interesada en Gusu Lan se acercó a ella para tratar un negocio que la liberaría de todo problema.
No era idiota y no quería perder lo que sus ancestros habían luchado por crear, aunque sus padres lo hayan hecho añicos. ¿Qué más daba? Un matrimonio por conveniencia es lo que la gente de su clase suele pactar, nunca uno de amor, esas cosas solo eran cuentos para que los niños durmieran tranquilos, dejando detrás todo el horror de la cruel realidad.
Fue así que aceptó la inversión multimillonaria por parte de la Familia Jiang como dote por el matrimonio con su hija Jiang WanYin de 21 años.
Tan solo cuatro años más joven que ella y garantizaba no solo la salvación de su empresa sino un futuro para su clan. Tendría a su propia Omega en casa. Si se preguntó si se atrevería a mirar en otra dirección como lo hace cada Alfa sobre la tierra, no importó.
Sin embargo su querido amigo, aquel cuya moralidad se debatía con la de cada Alfa que se cruzaba en su camino, le pidió que fueran por ahí a disfrutar su despedida de soltera, aclarando que no se trataba de ningún burdel ni nada similar.
—¿A dónde vamos? —Nie MingJue sonrió mientras mantenía la mano sobre el volante—. Tú déjate llevar, será una buena experiencia, lo prometo.
Lan XiChen frunció ligeramente el ceño y regresó su mirada al teléfono, el cumpleaños de su dìdi sería la siguiente semana y estaba organizando una pequeña cena en un restaurante decente ya que por la necesidad de ahorrar no podía hacer algo a su altura, sin embargo debía mantener la imagen de cara a la prensa.
Cuando alzó la mirada para observar el lugar al que habían llegado, una réplica del 後宮 Hòugōng se presentó ante ella.
(Hougong (後宮): Término para el "palacio trasero" donde residían las consortes, concubinas y otras mujeres de la realeza, a menudo se traduce como "tres palacios y seis patios".)
Su ceño se profundizó y volteó a mirar a su acompañante.
—¿Qué es esto? —Nie MingJue soltó una risa—. Cálmate mujer, no es lo que piensas, aquí se hacen ceremonias de té, bailes ancestrales, hay hermosas omegas tocando instrumentos y cantando, nada de sexo, lo prometo.
Lan XiChen dudó pero bajó del auto sin permitir que su amigo se fuera solo, ambos entraron al lugar que era una perfecta imitación de un antiguo Hòugōng. A los lados del pasillo un grupo de hermosas doncellas tocaban una hermosa melodía proveniente de sus instrumentos como lo eran un Guqin, una Pipa y un Erhu amenizando el ambiente y llevándolos a un antiguo mundo que se había alejado hace mucho de lo que ellos conocían.
XiChen tenía una fuerte afición a la historia de su país y su mejor amigo lo sabía muy bien, no pudo evitar sonreír para sí al darse cuenta que A-Jue Gē no mentía.
Su camino se desvió hasta un hermoso salón adornado con telas finas y sedosas, antiguas lámparas de aceite adornando las esquinas mientras el techo se decoraba de faroles carmesies.
Suspiró profundamente mientras su amigo la llevaba a tomar asiento en una mesa baja donde una ceremonia de té era llevada a cabo por un maestro quien vestía un hanfu de la dinastía Han bordado con hilos dorados mismos que dibujaban pequeñas peonias abiertas.
Todo cayó en silencio después de que tomarán asiento y recibieran una taza de té, de pronto el sonido de la citara acompañada de un dizi comenzó a llenar el lugar nuevamente y las luces disminuyeron dejando solo la iluminación de los faroles colgantes.
XiChen giró la cabeza observando que desde la entrada del salon una hermosa doncella comenzaba a bailar moviéndose con el viento, suave, grácil, desprendiendo un aura imperturbable.
Su pequeño y frágil cuerpo giró sobre su eje alzando las telas de su holgado vestido, dando pequeños saltitos de aquí allá, yendo y volviendo mientras su gesto emanaba una felicidad infinita.
La Alfa no podía estar más en trance y entonces sin esperar nada la hermosa bailarina siguió su camino seduciendo a los espectadores, coqueteando con dulzor, liberando su cuerpo como si no pesara nada, tomando asiento en un regazo regalando coquetería y escapando como si acabará de hacer una simple travesurita.
XiChen se sintió tan atraída como un insecto a la luz, no podía dejar de seguir sus pasos, sus movimientos suaves y vertiginosos, hasta que finalmente la bailarina se encontró con su mirada conectando sus orbes dorados con su espectadora. La Alfa sintió un golpe de fuego invadir su vientre cuando ese momento llegó y sus labios parecían secarse.
La belleza jugó un poco con el abanico que llevaba en la mano derecha y que no había notado hasta ese instante. Más giros, tela volando... finalmente su aroma llegó a las fozas de Lan XiChen dejándola aún más mareada, era adictivo, tragó el sabor entre sus labios, un ligero sabor a cítricos danzaron en sus labios y la muchacha alcanzó su mesa dejando que su torso se desplazará por todo el sitio mientras su pierna izquierda volaba al aire sin embargo podría caer una bomba atomica y la Alfa no se daría cuenta ya que sus ojos no podían apartarse de los pequeños orbes dorados.
La joven Omega se acercó hasta estar compartiendo el aliento con la Alfa para después dar un giro inesperado buscando alejarse lo más rápido posible de ese lugar siendo detenida por la mano de la clienta quien de manera inconsciente sostuvo su muñeca con mas fuerza de la necesaria.
Intentando no armar un escándalo la Omega regresó subiendo al regazo de la Alfa y acariciando su rostro con aquel abanico. —No causemos problemas mi señora.
Lan XiChen no se había dado cuenta pero sus pupilas estaban totalmente dilatadas.
La joven volvió a acariciar su rostro está vez cubriendo las cabezas de ambas con una mascada blanca. —Le voy a pedir que se retire si no me permite continuar con mi número. —La Alfa frunció el ceño y después se dió cuenta que seguía sosteniendo su muñeca con demasiada fuerza—. Perdóname.
La bailarina finalmente se sintió libre y continúo con su show seduciendo a más clientes.
Las mejillas de XiChen se volvieron totalmente rojas por la vergüenza, ¿qué acababa de hacer? Negó y bebió de golpe el té en su taza antes de suspirar. Nie MingJue se acercó a ella y le susurró al oído. —¿Estás loca?, ¿por qué la agarraste así?. —XiChen lo miró apenada sin ocultar su rostro—. Lo siento, no era mi intención.
La joven terminó su presentación y salió de escena, la Alfa se negó a mirarla una vez más, aún se sentía incómoda y no quería ocasionar problemas, solo quería volver a casa cuánto antes.
Tanto ella como su amigo se levantaron decidiendo que la fiesta terminaría antes de lo planeado, no era normal que un Alfa se comportará de esa manera, quizá su rut estaba por llegar antes de tiempo debido a todo el estrés por el que habia estado pasando, ¿quién sabe?, no pensaban arriesgarse.
Cuando llegaron al auto una persona vino corriendo desde el negocio.
—Mis señores, les pido una disculpa, sé que pidieron entretenimiento está noche para celebrar la despedida de soltera de la señorita Alfa Lan XiChen sin embargo tuvimos un pequeño inconveniente con la bailarina. —Los Alfas se miraron entre sí con la pregunta en la mirada—. Las reacciones que pudo tener la señorita Lan fueron provocadas por la muchacha, ella... fue estúpida y nuestro señor está dispuesto a entregársela está noche para disculparse con usted, puede hacer lo que usted desee con ella.
Nie MingJue miró a su amiga quedando a la expectativa de lo que iba a responder.
—No se preocupe, puede tomarla está noche y mañana llevársela con usted, tenemos una habitación en la que pueden quedarse. —Era común que se traficara a los omegas como esclavos sexuales. Generalmente las familias más pobres y que no esperaban obtener nada a cambio de sus hijos omegas, eran los primeros en venderlos en los mercados de esclavos y cuando uno de ellos ofendía a algún Alfa, este último tenía derecho a tenerlo como lo deseara incluso tomando su vida en el acto sin importar el grado de su ofensa.
Claro, era parte de las tradiciones arcaicas de las que su amigo Nie MingJue se había deslindado desde que tuvo consciencia. Él no deseaba que otro Omega sufriera lo que su propia madre había sufrido.
El Alfa Nie estuvo a punto de decir algo no sin ser interrumpido por su amiga.
—Llevenme a esa habitación. —El sirviente sonrió ampliamente y le mostró el camino. El Alfa Nie alzó la voz—. ¿Estas hablando en serio, Lan XiChen?.
La Alfa se detuvo un instante y lo miró sobre el hombro. —Si lo deseas puedes irte, pasaré la noche en este sitio. —Nie MingJue abrió la boca sin soltar una palabra para después cerrarla y gruñir por lo bajo susurrando algo inentendible a los oídos de los presentes—. Vete al diablo.
El Nie se subió al auto y arranco mientras que la Alfa y El sirviente siguieron su camino.
En la habitación a la que se dirigían, la pobre bailarina estaba teniendo dificultad para respirar mientras que sentía el calor subir por su garganta, sus piernas se sintieron débiles, no era tiempo de su ciclo de calor, ¿qué demonios estaba pasando? Alguien entró a la habitación cerrando detrás de sí.
—Yao mei. —La bailarina sentía la boca cada vez más seca, miró por el reflejo del espejo—. ¿Qué haces aquí?
La nueva visitante sonrió con altivez.
—Oh, solo quería ver cómo estabas, esa Alfa pareció notar algo que los demás no, ¿acaso decidiste vender tu virginidad de una buena vez?, es una buena elección, la hija de una familia importante y no solo eso, si logras enamorarla podrías salir de este sucio burdel de mala muerte. —Yao mei la volvió a mirar con ojos entrecerrados—. ¿Qué es lo que sabes?
La mujer se acercó y tomó el delineador del tocador para después colocarse un poco en los ojos mientras se veía en el espejo. —Parece que a papá no le gustó la idea de seguir manteniendo a tu madre y a tí pero, no sé, yo no sé nada querida.
—Yao mei frunció el ceño mientras la mujer se erguía para finalmente salir del lugar riendo por el pasillo.
Esa mañana había ido a la oficina del dueño del lugar porque había sido llamada, no le prestó mucha atención pero era cierto que su padre y jefe estaba más feliz que de costumbre, incluso tratándose de ella con quien tenía rencillas desde que tiene memoria, su madre estaba enferma y su padre no se involucraba en ese asunto en ningún sentido, es decir, quien trabajaba para pagar los tratamientos y las visitas al médico siempre había sido Meng Yao.
Su madre solía trabajar en ese burdel desde joven y cayó profundamente enamorada del dueño siendo así que resultó embarazada de él, sin embargo que tuviera ese vínculo con ellas no las hizo especiales, más de una mujer en el burdel había caído en la misma trampa, siendo esclavizadas por el resto de sus vidas en ese lugar, todo con tal de darle un pan a sus hijos.
Ese hombre tenía una familia "legal" de la cual había nacido un hijo legítimo, así que no era importante si una que otra mujer daba a luz a otro hijo más, ellas usualmente eran chicas que habían dejado atrás todo lo que conocían por seguir al amor de su vida para después ser traicionadas y quedarse en la nada así que permanecer en ese sitio y seguir trabajando no era más que lo que ya conocían.
Su propia madre aún amaba a ese bastardo y mantenía la esperanza de algún día ser llamada a su lado pero cuando cayó enferma lo único que representó fue una carga, para evitar terminar en la calle, Meng Yao se ofreció a trabajar en el lugar de su madre y él aceptó el trato diciendo que cuando él tomara la decisión, vendería su virginidad al mejor postor pero no creyó que eso fuera a suceder tan pronto.
Su cuerpo pesó aún más y lo único que podía hacer era arrastrarse hasta la cama sosteniendo su abdomen que ya comenzaba a quemar tan ansioso, sentía deseo, demasiado deseo, algo que hasta ese día no había hecho acto de presencia en su cuerpo. Recordó el aroma bajo la mascada, la sensación de la piel de aquella mujer sujetando su muñeca fue tan deliciosa que sintió vergüenza por pensar de esa manera.
¿Será ella?, recordó nuevamente la plática de esa mañana.
—Hoy vendrá una persona importante, su amigo nos pidió que hiciéramos ameno el momento, nada vulgar, solo baile y música, una ceremonia de té, lectura de poesía y esas idioteces. Quiero que te luzcas, ¿lo entiendes?. —Meng Yao había sido la mejor bailarina del lugar desde el momento en que entró a trabajar, los clientes aumentaron significativamente aún cuando no había una oferta de sexo como la que había con el resto de los omegas—. Sabes que lo haré, no es necesario hacer incapié en eso.
El dueño del lugar sonrió mientras jugaba con un dado entre sus manos.
—Puedes irte. —Meng Yao había bebido agua antes de su actuación, nada más, aunque no notó nada raro en el vaso.
Su conciencia estaba perdida a estas alturas.
Lan XiChen entró junto al sirviente y vio en la cama a la dulce bailarina, parecía dormir hasta que un gemido escapó de sus labios. —Los omegas tienen la indicación de que cuando su calor llega, deben avisar a tiempo para que no haya inconvenientes con los clientes iguales a la molestia que le causó está noche. —La Alfa mantuvo la mirada sobre el cuerpo de la pobre bailarina—. Su nombre es Meng Yao, tiene 19 años y aún es virgen, si lo desea puede comprarla por el módico precio de ¥250 mil, en caso de que no desee comprarla puede hacer uso de ella como símbolo de disculpa por la situación incomoda en la que la puso a usted está noche.
Otro gemido, está vez fue acompañado por el cuerpo de la mujer siendo contraído mientras se sostenía el vientre. El sirviente se acercó a ella girandola para exponer su torso tirando del vestido que aún llevaba puesto causando que su pecho se revelará, el par de pezones color avellana hicieron acto de presencia y la pobre chica solo gemía de dolor sobre esa cama.
Lan XiChen se acercó paso a paso, cuando llegó a un lado de la cama el sirviente intentó tomar su mano para guiarla pero la Alfa misma fue quien tomó el seno de la Omega estrujando la piel y deleitándose cuando se contorcionó gimiendo de placer.
—Vete. —El sirviente dudó un segundo pero la Alfa lo miró ferozmente—. ¡Lárgate!, quiero estar a solas con ella, no quiero que nadie nos moleste.
Rápidamente, el sirviente salió de la habitación cerrando la puerta, XiChen reconoció que no había puesto seguro, quizá alguien esperaría por ella afuera, en el pasillo. Su mirada volvió al cuerpo de la bailarina que aún temblaba sobre la cama. —Tranquila, no te haré daño. —Mientras decía eso de su bolsillo derecho sacó una jeringa y un frasco con un líquido, pronto preparó el medicamento y se acercó a la joven descubriendo su muslo y recibiendo otro fuerte gemido por parte de la joven, sin demorarse un momento más le inyectó la sustancia.
Meng Yao tembló mientras se aferraba a las sabanas de la cama. Lan XiChen solo se sentó y la observó detenidamente, no era la primera vez que enviaban a un Omega con un celo inducido para seducirla pero sí era la primera vez que había sido afectada por su aroma. Era jodidamente hermosa, claro que si sus circunstancias fueran otras quizá aceptaría tomarla como su concubina pero no ahora.
Se humedeció los labios aún saboreando lo dulce de su aroma, quizá podría compararlo a una gama de flores y cítricos, quizá un toque de miel, definitivamente se estaba sintiendo cada vez más deseosa de probar sus labios, no había nadie que se lo impidiera, ni siquiera Nie MingJue, él creyó que la tomaría como un juguete pero no, siempre cargaba con supresores fuertes porque no era una situación nueva, la gente normalmente buscaba un lugar en la familia Lan porque significaba gran prestigio y poder, aunque si supieran la verdad quizá desistirían.
Meng Yao aún respiraba con dificultad pero cada vez se veía más tranquila, no pudo evitar acercarse lo más posible a su rostro rosando ligeramente su nariz con la de ella, el aroma era más fuerte estando así de cerca y de pronto un par de brazos la llevaron a caer sobre su cuerpo, después sobre la cama sin darse cuenta a tiempo que ya estaba abajo de la Omega mientras ella restregaba su pelvis bailando sobre su regazo.
—Más, agh, más. —Lan XiChen respiró con dificultad y la tomó de la nuca para besarla en los labios, saboreando despacio cada gota de la miel ofrecida, su lengua invadió la boca de la joven que torpemente no sabía cómo responder ese gesto. Con otro movimiento la acorraló en contra del colchón manteniendo el beso lujurioso y lleno de saliva.
Lo único que la detuvo en seco fue sentir la mano de la bailarina entrando a su pantalón y acariciando una zona prohibida. Con fuerza tomó ambas manos de la joven sobre su cabeza mientras jadeaba, no podía permitir que esto se saliera de control, por más que deseara tomarla, por más que quisiera que fuera suya, no podría verse al espejo después de abusar de una Omega que fue obligada a entrar en celo porque nada de lo que hacía era por voluntad.
—Cógeme, por favor, métemela.
Lan XiChen sabía que si seguía de esta manera no podría controlarse, su propio cuerpo comenzaba a subir de temperatura y eso solo podría acarrear problemas, como pudo se quitó el cinturón y ató las manos de la chica sobre la cama para después levantarse y buscar su propia dosis de supresor.
Pasaron dos horas más para que la chiquilla finalmente quedara inconsciente síntoma de que el calor finalmente había cedido, eso significaba que el inductor del celo era bastante fuerte, quizá la pobre se había negado a este juego sucio pero finalmente cayó víctima de la situación. En definitiva la tomaría como su esclava y quizá le daría una mejor vida.
Ya eran las cinco de la madrugada cuando Meng Yao finalmente abrió los ojos. No sentía el frío usual, así que se fijó sobre su cuerpo, había una manta sobre ella aunque todavía permaneció semidesnuda debajo. El cuarto estaba en oscuridad así que no notó que había alguien más en ese lugar hasta que la lámpara de noche se encendió mostrando a una mujer sentada frente a ella.
No pudo emitir un solo sonido y su instinto solo fue cubrir su torso que había quedado expuesto cuando se sentó en la cama. —Al fin despiertas, ¿cómo te sientes. —Meng Yao tragó saliva y se mordió el labio inferior—. Pagué suficiente dinero por tí, así que solo esperaré a que recojas tus cosas, en media hora vendrá mi chófer para llevarnos a mi casa.
Meng Yao no permaneció en calma, se levantó de la cama y negó. —No, no iré a ningún sitio. —Lan XiChen alzó una ceja para después ponerse de pie demostrando su diferencia de alturas que eran casi treinta centímetros haciendo que la Omega se sintiera aún más pequeña que nada—. Tienes media hora para estar lista.
Después de decirle eso simplemente salió de la habitación dejando a la pobre chica totalmente asustada.
A medio día llegaron a la mansión Lan dónde Lan XiChen vivía junto a su hermano menor. Meng Yao sabía perfectamente que no podía decir nada, en cuanto a su madre solo podía pedir piedad, que su padre tuviera misericordia con ella porque al haber vendido a su hija se deslindaba de todo lazo con ella y Meng Shi.
En el transcurso del destino a la Mansión, Lan XiChen le había colocado un collar especial con el que se reconocía a Meng Yao como una Omega propiedad de la primera hija de los Lan. El collar estaba hecho de piel de cordero, no sabía mucho de eso pero la Alfa lo mencionó cuando se lo puso, no le dió un nuevo nombre lo que era poco usual sin embargo agradeció dentro de sí que se mantuviera su nombre, lo último que le quedaba de su madre.
El collar tenía una función específica cubriendo su glándula aromática, evitando que cualquier otro Alfa pudiera detectar su aroma. Los Alfas solian perfumar a su Omega favorito entre sus esclavos y normalmente no los marcaban aunque tuvieran coito regular con ellos.
Lan XiChen había dicho que no le interesaban sus servicios sexuales y le ordenó que todas las mañanas desde las seis de la mañana hasta medio día estuviera presente en sus clases particulares. Meng Yao sabía leer y escribir lo que era necesario para destacar en el burdel como lo había hecho su madre en su momento, no pensó que terminaría siendo vendida al menos no antes de su primer año trabajando en ese lugar.
Un sirviente abrió la puerta del auto justo del lado donde Meng Yao viajaba y la Alfa la instó a salir mientras ella también lo hacía por su propio lado.
El sirviente se quedó mudo y con los ojos totalmente abiertos cuando vió el collar en su cuello. La Omega no tenía ropas finas pero tampoco estaba impresentable así que no era fácil distinguir de donde provenía.
Lan XiChen llamó la atención del hombre. —Dale una habitación y asigna a alguien para que le compre ropa, quiero que aprenda ciencias, modales, lectura, política, en fin, de todo un poco. —El sirviente aún no terminaba de procesar sus palabras cuando Lan XiChen ya los había dejado atrás.
Desde el segundo piso un joven delgado y de piel suave con una larga melena oscura observó todo en silencio frunciendo el ceño cuando reconoció el collar en el cuello de la Omega.
