Work Text:
¿Se le podría describir cómo una mariposa danzando? Nadie haría tal descripción para referirse al entrenamiento militar que hacía Subaru en este momento.
Sería más adecuado referirse a dicho entrenamiento como un mono jugando entre palmeras.
Dió un salto alto, se agarró de la soga, confiando en la fuerza de sus hombros, brazos y espalda, se elevó por la plataforma para seguir corriendo maniobrando entre obstáculos mientras oscilaba su látigo para golpear objetivos.
Todo culminó con un salto de fe, donde de una voltereta, hizo un aterrizaje firme. Estuvo un momento, y finalmente soltó un grito de victoria al extender sus puños hacia el cielo. Cansancio y sensación de logró, es lo que sentía Subaru.
—¡Diablos! ¡¿Viste eso Bea…?! —gritó Subaru, buscando con la mirada a su linda espíritu—. ¿...ko?
Pero ella no estaba por ningún lado. El sonido del viento al pasar, el cantar lejano de los pajaritos y su respiración irregular fueron los únicos sonidos que obtuvo, más no el saludo de su adorable bola de amor.
Hizo un esfuerzo y estabilizó su respiración, obligándose a respirar de manera uniforme. Buscó mientras iba en dirección a la mansión Miload para ducharse —pues le disgustaba que su chandal se le pegará como cuero a la carne—, pero no vió a su espíritu favorito.
En el camino vió a la lejanía a Ryuzu. No sabía a cuál de las Ryuzus, pero él la saludo y ella le devolvió el saludo con una mirada alegré.
Llegó a su habitación luego de saludar y dar los buenos días a sus amigos. Garfield se fue a entrenar más duro luego de ver a su capitán bañado en sudor, Otto le dijo que se relajará, Ram le dijo perro mojado y le ordenó que se bañara enseguida, Frederica le dijo que el baño estaba preparado ya que había reemplazado los productos de aseo, Petra se sonrojó un poco al ver esas gotas de sudor bajar por su cuello y dió un tímido «¡bu-buenos días, Subaru-sama!», y finalmente Emilia le pellizco la nariz con una sonrisa.
Su humor estaba por las nubes, y su corazón satisfecho. ¿Qué más podría suceder en este día perfecto?
Bueno, probablemente de todo, pues cuando entró al baño personal de su habitación, la vió y se le cayó la toalla de la impresión.

(Autor: mr1thonk)
—¿El Subaru de Betty no sabe tocar las puertas, me pregunto? —le dijo ella, mientras se secaba su pelo mojado.
No es que Subaru la ignorará, sino que sentía que su lengua había desaparecido y no tenía palabras para describir la belleza que estaba viendo. Subaru no tenía palabras, pero alguien más sí, y esa era Beatrice que con pucheros dijo:
—Subaru es bastante maleducado, de hecho. No solo entras sin tocar, sino que además ignoras mis palabras como si fuesen aire.
—...¿Eso qué huelo son fresas? —dijo Subaru.
El puchero de Beatrice se deshizo, pues ella resopló.
—La criada semihumana la compro ayer. Betty admite que tiene buen gusto —asintió Beatrice para sí misma.
Subaru recogió la toalla y entro a la ducha. Beatrice, a pesar de que se acababa de bañar, lo acompaño.
Él la miró de reojo, diciendo:
—¿No te acabas de bañar?
—Sí, de hecho —le respondió—. Pero acompañaré al Subaru de Betty para limpiarle bien la espalda.
—Me pregunto, ¿qué haría sin mi pequeño ángel guardián? —suspiró un Subaru sonriente.
—¡Estarías perdido, de hecho!
—Muy muy perdido…
El agua lo limpió. Y tal como dijo, con sus tiernas manos y toque suave, talló la espalda de su compañero querido.
Un escalofrío sacudió levemente a Subaru. El olor a fresas…
Con curiosidad, con un toque de amor, se inclino y tomo los mechones dorados de su pareja. Oliendolos bien, Subaru sentía que hoy estaba teniendo demasiada suerte.
—¿Qué haces? —preguntó ella.
—Oliendote —le respondió él—. Hueles tan rico, y te ves tan preciosa, que me dan ganas de comerte a besos; abrazarte para no soltarte nunca.
—E-es natural que quieras eso, supongo —dijo, y a pesar de la confianza de su voz, un saludable sonrojó apareció en su carita.
Como un depredador, los labios de Subaru salieron disparados hacia esas mejillas. Sintiendo la suavidad, se volvió adicto a darle amor y la abrazo tal y como dijo hace unos instantes.
Se sorprendió, sí, soltó un griñido de sorpresa incluso, pero no se separó de él.
—¡¿Q-qué estás haciendo tan repentinamente, me preguntó?!
—Besarte, porque es lo que te mereces por ser tan linda, Beako.
—¿¡Acaso no sientes vergüenza!?
A pesar de sus palabras, abrazó y se pegó a él. Piel chocando con piel, sintiendo el calor tanto del cuerpo del otro como del agua que caía suavemente sobre ellos. El agua no estaba fría, sino tibia por el uso anterior que Beatrice le dió, así que el dúo no podría estar más cómodo ahora.
Él apartó con delicadeza un hermoso mechón de pelo y beso su frente mientras le sujetaba la carita. Ella apretó sus muñecas en protesta, pero su sonrisa llena de amor la contradecía. Incluso si Subaru la soltará, ella no se soltaría de él.
—¿Ya podrías bañarte ahora? Estás mal gastando agua —dijo ella bajito.
—¿Mal gastando agua?... Bueno, en cierto de algún modo —respondió él de la misma manera.
Se vieron a los ojos, y en ese preciso instante, ambos se dieron un beso rápido y se separaron. Duro menos de un segundo, pero el sentimiento, el cariño de ese gesto, parecía querer durar toda una vida.
Siguieron jugando entre ellos. Cuando Subaru probó el shampoo olor fresa, Beatrice le masajeo el cuero cabelludo, pero deliberadamente dejo que un poco de espuma le quemara un poco los ojos. Una pequeña venganza por no despertarla y llevarla con ella a su entrenamiento matutino.
Y el quejido de dolor y molestia de Subaru fue melodía para oídos. Se iba a molestar, pero oyendo la risita victoriosa de su amada espíritu rencorosa, era imposible que sus emociones negativas tomarán control de sus palabras.
En un rato, ya estaban como nuevos. El vestido de Beatrice apareció con una leve luz azul, mientras que Subaru se vistió su traje de mayordomo con maestría. No tenía ropa casual, así que era lo mejor que tenía.
Salieron de su habitación tomados de la mano, mientras Subaru reflexionaba sobre cocer ropa casual para él, se encontraron con Ram.
Ella dejo de limpiar el poco polvo de una jarra de cerámica para verlos de reojo. Tomados de la mano, la tez de Beatrice casi iluminando los alrededores, su sonrisita y la expresión pensativa del hombre.
—Asqueroso —dijo Ram.
—¿Eh? ¿Cómo qué asqueroso? —respondió Subaru, haciéndose el ofendido—. ¿Acaso es la envidia de Ram-chi hablando?
—Asqueroso —repitió ella, ignorando a Subaru y empezando a caminar hacia la cocina—. Ve y muere en alguna zanja, por favor.
—¡Hmph! —Beatrice hizo pucheros, queriendo usar su lengua como arma contra la sirvienta descarada, pero abandono la idea al sentir la mirada de Subaru.
Volteó la mirada para verlo y lo vió sonriéndole con diversión. Ella frunce el ceño y prefiere callar. «¿Qué estaba mirando? ¡Qué se defienda solo entonces!», pensaba ella.
Subaru solo soltó un pequeño bufido y siguió la espalda de su hermana mayor.
Los días nunca habían sido tan maravillosos, tan afables, tan bondadosos.
Ojalá esos días durarán para siempre…
