Chapter Text
Era fascinante, la verdad que sí. La emoción era inefable, tenía mucho que demostrar, sobre todo, al venir de tierras tan lejanas de donde está ahora, levantado en brazos desde atrás por su compañero y luego bajado y encerrado en una marea de abrazos y manos en todas partes hasta que terminó en el suelo en un montón de cuerpos.
La euforia era algo que no podían evitar: había ganado la Serie Mundial por segunda vez consecutiva y, sin querer sonar petulante, sería su primer MVP en tierras extranjeras, ya tenía el mote del mejor lanzador de Japón, ahora tendría un reconocimiento en Estados Unidos, su disciplina, su ardor y sus lágrimas tendrán toda la recompensa merecida.
‒¡Yama, buena esa! ‒le gritó en español probablemente Kiké o Teoscar
No podía enfocarse en nadie, porque cuando creía que no estaba nadie alrededor, aparecía otro par de brazos y lo agarraban y lo levantaban, tenía los cabellos para todos lados, sus compañeros y su gusto de meterle los dedos por todo el pelo. A quien sí pudo reconocer fue a Dave Roberts, él fue muy emotivo, le decía al odio lo agradecido que estaba. Tantas eran las palabras de agradecimiento que temió que sus lágrimas salieran, y no iba a llorar, nadie había muerto, no podía llorar, ni siquiera de alegría.
‒¡Yoshi!
Esa voz sí era la que esperaba y se zafó de los brazos que lo sujetaban y corrió hacía su compañero. Shohei le dio lo que esperaba: el refugio para las lágrimas que estaban por salir y que no podía retener. La gran masa corporal que componía al mayor fue suficiente para botarlas y que nadie lo notara, el apaciguamiento de las grandes manos en su espalda y cabeza fue el consuelo necesario para levantar cabeza a la cantidad de cámaras que los rodeaban y que no juzgaban el largo abrazo de los amigos japoneses. Aspiró profundo el olor a sudor, grava, césped y, en el fondo, el aroma que Yoshinobu amaba de Shohei al separarse se dio cuenta de que su brazo estaba en problemas.
Creyó que no lo podía levantar porque Ohtani lo aplastaba en su abrazo de oso, pero cuando iba a rodearlo fue que se percató de que no lo podía alzar. Se puso nervioso, pero su preocupación no pudo seguir cuando otros brazos los encerraron y lo alzaron. Después podría verlo su fisio.
***
La ayuda de sus compañeros tanto para saludar como para levantar el pesado trofeo de MVP fueron una mezcla de regocijo, así como de congoja. Sentía pena porque en esta mañana, cuando salió de la ducha para alistarse e ir a subirse al vuelo que los llevará de regreso a casa no podía, siquiera, ponerse la camiseta. El agotamiento era grande y la cama lo llamaba para que le hiciera compañía.
Ya se estaba rindiendo para arrojarse a la cama cuando, sin avisar, la puerta de la habitación se abrió y entró su traductor y asistente, Yoshihiro Sonoda.
‒¿Qué ocurre?, ¿por qué no estás listo? ‒su rostro pasó de la afabilidad a la preocupación.
Yoshinobu no se atrevía a decirle, pero si seguía sin hacer algo, se iban a retrasar y algo que lo caracterizaba era que siempre estaba temprano en todos lados.
‒Estoy muy cansado, a duras penas pude bañarme
‒¿Es más grave que lo que dijo el fisioterapeuta anoche? ‒le inquirió Sonoda.
‒No sé, lo que siento hoy es lo que le dije ayer.
‒Lo voy a mandar a llamar.
‒No quiero hacer un escándalo sin necesidad. ‒Replicó con preocupación.
‒Para nada, si no puedes vestirte, algo ocurre ‒lo calmó‒ ya vengo.
Cerró la puerta y Yoshinobu suspiró, ahora seguro vendrían en un tumulto el equipo médico a revisarlo, tal vez estaba siendo caprichoso y queriendo llamar más la atención de la que tiene actualmente, como así muestra su celular, el cual le tocó poner en modo avión, porque ni siquiera sin sonido sigue sin resultar abrumador la cantidad de mensajes y notificaciones que le llegan. Pudo hablar con sus padres, le dijeron que estuvieron un bar con varios amigos y familiares viendo el partido en vivo, perdieron media mañana de jornada laborar para verlo, tal vez tuvieron misericordia porque era él. Y ahí va de nuevo su petulancia nuevamente. Pero era el MVP, tal vez se podría ser caprichoso cuando quería.
Su brazo le hizo recordar, nuevamente el porqué de su petulancia cuando intentó tomar sus bóxers, el dolor era punzante.
La puerta nuevamente se abrió mientras pensaba en cómo vestirse, así sea los interiores para guardar su dignidad cuando lo revisara el médico. No pudo evitar respirar aliviado de ver a la persona que cruzaba la puerta. Shohei ya estaba listo para salir con el estilo típico de él, aunque no mejor que él mismo ¿A dónde se fue su sentido de modestia hoy?
‒¿Qué te ocurre?, ¿por qué Sonoda parece que hubiera visto un espanto? ‒Preguntó Ohtani
‒No te burles de mí
‒No estás listo, ¿qué ocurre Yoshi? ‒Los brazos de Shohei se acercaron a examinarlo
‒Solo que desde anoche, luego de los abrazos noté que no podría mover el brazo.
La mano de Ohtani fue con cuidado a su brazo derecho y con los dedos dio una caricia leve en el codo, sabía lo que era tener seis entradas encima, no quiere estar en el lugar de Yamamoto luego de haber lanzado dos días seguidos.
‒Yoshihiro salió a buscar el fisio, no quiero ser un caprichoso, tal vez sea agotamiento o tal vez...
‒Yoshi, tuviste dos días de lanzamientos, venimos de dos series para lograr este triunfo, es normal que estés agotado, ‒lo calmó Shohei‒ dice mucho de ti que, incluso, estés de pie ahora mismo.
Yamamoto bajó la mirada, se sentía agotado y petulante, pero las palabras ciertamente ayudaron a calmarlo.
‒Esperaremos a ver qué dice el médico, creo que lo mejor es que te ponga algo para el dolor, no has podido vestirte.
‒Ayúdame.
***
Es increíble la capacidad que tienen las personas para enfrentarse a múltiples situaciones. Aunque no todos reaccionan de la misma forma, se atribuye que el estrés es bueno para movilizar a las personas a realizar las acciones de la vida. Ante el peligro, es la adrenalina la que entra en acción: mueve el cuerpo para lograr el punto seguro, no mide dolor, ni siquiera un disparo puede detener a una persona movida por la adrenalina. El problema cuando se llega a la calma es que todo cae de golpe y el cuerpo colapsa.
La conclusión era simple y la solución también: Tenía agotamiento, llevó su brazo al mayor agotamiento extremo que en medio de la adrenalina de la serie simplemente ignoró y su cuerpo, al notar que el punto de estrés se acabó, bajó las defensas y el cansancio lo golpeó fuertemente. Sueño y no lanzar más bolas por una semana y revisión en la otra para ver sus avances, fue la conclusión del médico. Le administraron analgésicos y su brazo no molestó cuando Ohtani le ayudó con la camiseta.
Ahora en el avión de camino a Los Ángeles, el sueño le llegó desde que se sentó en la cómoda silla, sabía que aún no podía dormir, faltaba la fotografía de cada jugador sosteniendo el trofeo de la serie en el regazo. Sus lentes de sol estaban para ocultar el cansancio en su mirada y las mangas en sus brazos soportaban el frío y calor que emitía el ungüento aplicado en su codo y hombro, cree que el trabajo del fotógrafo llegará hasta la edición en la computadora para hacerlo ver bien. O, por lo menos, sin sueño.
Así que luego del corrido de fotos, del desorden de Kike Hernández que no tenía botón de apagado, y de las palabras de aliento de Will Smith ya pudo recostarse y bajar la persiana de la ventana para, finalmente, dormir el resto del camino, pero no podía estar del todo cómodo, se tardó en encontrar una posición que lo tranquilizara hasta que se obligó a quedarse quieto. Creía que podía dormirse cuando sintió el calor y el chillido del reclinar de la silla de al lado.
‒Estás como un dragón, no te quedas quieto.
Yamamoto sonrió y abrió los ojos, solo para ver a Ohtani al lado.
‒Me preguntaba cuándo ibas a venir. ‒Amplió más la sonrisa cuando sintió la mano del otro serpenteando por su pierna.
‒¿Cómo te sientes? ¿Se ha calmado?
‒Solo un poco, no entiendo por qué, a pesar del cansancio, no puedo dormir.
‒No estás cómodo aquí, que no te engañen las sillas.
‒Oh sí, definitivamente no estaré listo para dormir hasta que llegue a mi casa.
Ohtani se volteó verlo
‒Así que vas a tu casa, creía que si estabas convaleciente y que tal vez no puedes conducir podrías hospedarte en otro lugar.
‒Mi auto es automático, ‒le dijo Yamamoto burlonamente‒ y si no pudiera hacer cambios, Sonoda podría llevarme.
‒Pero el pobre Sonoda también debe descansar, ¿no crees que es cruel de tu parte hacerlo llevarte?
‒Me parece cruel que no me pidas directamente lo que quieres.
La mano en su muslo se apretó y luego se retiró.
‒Te gusta este juego, ‒replicó Ohtani‒ ven conmigo y mañana vamos al desfile.
‒Ahora sí estás diciendo, mas no preguntando.
Ante el puchero de Ohtani no pudo sostener una risa
‒Está bien, Shohei, estaba esperando que te acercaras.
La sonrisa radiante y engreída de Ohtani era algo que gustaba y, en parte, detestaba Yamamoto, Ohtani era muy querido y él no le quería insuflar más engreimiento. Así que como muestra de esa dualidad puso los ojos en blanco mientras sonreía, aunque sabía que Ohtani no lo podía ver.
La mano volvió a su pierna y simplemente no pudo evitar poner su cabeza en el hombro de Ohtani para descansar.
‒Ahora haz silencio, intento dormir
‒Vale, haré silencio...
‒Shhh
Las manos de Ohtani se movieron de lado a lado y luego se relajó contra Yamamoto, volvió a poner su mano en la pierna del otro. Para los periodistas y camarógrafos solo eran dos amigos, hermanos que por su extranjería se buscan el uno al otro, pero el equipo sabía de ellos dos, no es que lo ocultaran, pero tampoco lo anunciaron.
Desde que Yoshinobu Yamamoto entró al equipo el año anterior su amistad con Ohtani se retomó con fuerza desde que se separaron en los albores de su vida adulta, pues el mayor salió de su país natal hacia los Estados Unidos y las pocas veces que se volvieron a encontrar había sido enfrentados desde el montículo y la caja de bateo. Esas interacciones eran dolorosas para Yamamoto, pensaba en lo que no pudo ser cuando eran adolescentes y estaban en el mismo equipo escolar, cuando el ánimo y la alegría de Ohtani estaban dirigidas solo a él y percibir su soledad cuando se fue resultó en un golpe fuerte en su estado anímico.
Fue el consejo de su madre lo que lo encaminó, le pidió que empleara la fuerza de su abatimiento para convertirse en el mejor lanzador de Japón, que su objetivo fuera solo ser el mejor para evitar pensar tanto en su amigo. Yamamoto no le había dicho nada a su madre, pero cree que ella sabe que no extrañaba a Ohtani porque era su amigo, sino porque quería y anhelaba algo que no se pudo realizar.
Cuando su agente le mencionó de una cena con un ejecutivo de Los Dodgers, años después, creyó que era una ilusión, solo cuando estaba sentado en una elegante mesa, en una zona VIP de un gran restaurante en Tokio fue que creyó en verdad que iba para las Grandes Ligas y que, sobre todo, iba a estar en el mismo equipo que su amigo de la adolescencia.
Su agente de ese tiempo fue más petulante, usó a favor de Yamamoto los reconocimientos obtenidos en la liga japonesa para hacer un contrato exorbitante, de ahí vale lo que vale su brazo dolorido actualmente.
Al estar en el estadio por primera vez y cruzarse con Ohtani sabía que él sabía que lo que sintió en su adolescencia no fue unilateral, que también era de parte de él y no tardaron mucho tiempo en volver a reír y divertirse como si el tiempo no hubiera pasado y tampoco fue mucho para que su amistad avanzara a otro plano.
Ohtani siempre rondaba por su casa en cualquier momento, a veces lo llamaba para avisarle que iba a su casa (no preguntaba si podía ir), le llevaba comida o cualquier cosa que pudiera como regalo por su visita. Algunas veces se quedaba a dormir y así algunas cosas del propio Ohtani estaban regadas en el apartamento de Yoshinobu. Se dio cuenta cuando a mitad de año tuvo que mudarse a Pacific Palisades cuando intentaron asaltarlo y al empacar las cosas se percató de que había objetos personales del mayor que le hicieron darse cuenta de que se podría pensar que vive en su casa.
Una noche estaban comiendo del restaurante que últimamente frecuentaba Ohtani para pedir comida que Yamamoto se dio cuenta de que era diferente a las anteriores veces.
Ohtani estaba muy inquieto y eso es decir mucho de él cuando normalmente actúa como un niño gigante, pero Yamamoto se percató, especialmente, que las miradas del otro se fijaban mucho en él y luego volvía a la inquietud. Cuando el menor llevó los restos de comida a la cocina -había comido en la sala- se fijo en la figura estática en el marco de la puerta. No pudo evitar suspirar de la añoranza que le producía, quería acercarse a él y botar todos sus sentimientos.
‒Shohei, ¿me vas a decir qué es lo que ocurre?
Yamamoto creía que le preocupaba algo relacionado al equipo, tal vez algún rumor que él mismo no había escuchado.
‒Hace algunos años, todavía estábamos en la escuela, ¿recuerdas al entrenador que no te dejaba en paz? ‒preguntó Ohtani, Yamamoto asintió‒ luego de que esa tarde fuera especialmente duro contigo por tu postura de lanzamiento me acerqué a él y no pude evitar, por primera vez, levantarle la voz a un mayor.
Yamamoto abrió más los ojos de la impresión. Ohtani avanzó en la cocina y continuó.
‒Fue mi primera señal de que algo ocurría, el origen de mi molestia era el cómo te había tratado, no podía entender cómo te pudo hablar con tanta dureza, a alguien tan valioso y puro, alguien que se esforzaba y que era un león que se creía un gato cachorro, que no sabía de su potencial.
Yamamoto pasó de lívido a rojo furioso, empezó a sentirse conmovido.
‒Y luego, cuando estuvimos en aquella fiesta de fin de curso, ¿recuerdas? ‒Ohtani esperó al asentimiento de Yamamoto para continuar,‒ te veías con otra luz, te veías como alguien a quien no querría solo como mi amigo.
No sabía en qué momento Ohtani pasó de estar en el rellano de la puerta a estar justo al frente de él. Yamamoto no había retrocedido a su avance, aunque tampoco lo hubiera podido hacer: Ohtani lo había arrinconado contra el mesón.
‒Y luego, de varios años llegas justo a mi puerta, a donde creía que nunca te iba a ver, diferente de cómo te dejé, pero igual de precioso y admirable que aquellos años. Yoshi, cuando estuvimos en aquella fiesta me moría de ganas de besarte y hoy no puedo sacarme de la cabeza esa idea.
Las manos de Ohtani se alzaron a los hombros de Yamamoto quien se sobresaltó ante este gesto que no perturbó al mayor, solo estuvo más firme frente a él.
‒Shohei, yo creía... yo creía que eran solo ideas mías de esa noche, ‒finalmente pudo hablar Yamamoto, ante la confesión evidente de Ohtani‒ y me resigné a algo que no iba a suceder jamás.
‒No tiene por qué ser así, aquí tenemos una oportunidad, la vida nos la ha dado, ¿tomas esa oportunidad, conmigo?
La pregunta era evidente y Yamamoto no era más ese adolescente de diecisiete años que estaba frente al mayor que admiraba y que presumía que pronto se iría de su lado porque era muy brillante para quedarse en ese pequeño país, no, estaba destinado para algo más grande, incluso para alguien más que él.
Ohtani, al principio vio la ilusión en los ojos de Yamamoto, pero notó cómo se fue apagando, vio como el león se retraía hasta casi convertirse en el pequeño gatito que se creía que era así que lo tenía que traer a este punto, subió su mano derecha a la cabeza del otro y sumergió sus dedos en los cabellos ahora rubios de Yamamoto y lo hizo mirarlo.
‒No pienses en otros, Yoshi, piensa en nosotros
Entonces Yamamoto tomó la decisión. Aquí, en este país tiene dinero, tiene poder, no es el chiquillo del que secretamente se burlaban sus compañeros que quedaron en ligas menores, ya no es aquel pequeño sin fuerza y tiene casi postrado ante sí el chico dorado de Japón quien tiene de dónde escoger. Y llegó a su mente cómo después de entrenar a veces iban a la casa del mayor juntos a realizar tareas para el día siguiente porque las dejaban de último momento por estar jugando entre ellos, cómo se emocionaba cuando Ohtani hacía jonrón en la escuela y se soltaba de otros abrazos para ir hacia él, cómo le revolvía el cabello, bromeaba con él, jugaba y cómo se preocupaba por él. Todo esas emociones y memorias llegaron de golpe y no sabe quién de los dos llegó primero, solo sabe que estaba sobre las puntas de sus pies, manos en los hombros del otro, sintiendo el anhelado beso de aquel a quien siempre quiso y cuyos sentimientos le provocaban deseaba enterrar.
El beso inició lento, el movimiento era mínimo y solo era el contacto que tenía a su corazón deseoso de salirse del pecho y cuando menos lo esperó, Ohtani tenía sujeto su labio inferior y apretó su cabello sacando un jadeo de Yamamoto, ahí aprovechó a que su lengua ingresara y Yamamoto no supo de nada más.
Sentía que se elevaba, que sus manos no podían quedarse quietas, pasaban de los hombros de Ohtani a agarrar el cuello de su camisa a su cabello. Cuando el aire se acabó y tuvo que a fuerzas alejarse de los labios del otro se dio cuenta que estaba sobre el mostrador de piernas abiertas con Ohtani entre ellas.
Ohtani no había terminado, seguía besando su cuello y decía una retahíla de palabras de agradecimientos, de la felicidad que sentía y de que era precioso, esto último sonrojaba más a Yamamoto, que cerró los ojos y abrazó a Ohtani que era lo que más deseaba, deseaba perderse entre sus brazos y no salir más de ahí. Aunque era él quien tenía atrapado a Ohtani, sus piernas le rodeaban la cintura y sus brazos estaban sobre él. Y el mayor no parecía enojado por eso.
Esa noche Yamamoto sintió la felicidad más grande, aunque en el fondo de su mente le hacía ruido cómo iba a gestionar una relación con Ohtani, la estrella del beisbol moderno y el símbolo de Japón.
***
Al aterrizar en Los Ángeles quedaba el largo camino desde el aeropuerto hasta el estadio donde estaban los vehículos de los jugadores. Algo que le chocaba tanto a Ohtani como a Yamamoto era la costumbre estadounidense de moverse a todas partes en vehículos, era preferible, para el menor que el propio autobús del estadio los llevara a sus casas, pero esa era una lógica que solo los japoneses entendían.
En el trayecto en el bus, fue en esta ocasión Ohtani quien se recostó a la ventanilla, a Yamamoto le pareció una invitación a seguir durmiendo así que él mismo también se apoyó en el mayor para seguir durmiendo, lo que no se esperaba era más fotografías con el trofeo de Serie Mundial. Fue un poco cómico componerse luego de ser sorprendidos cuando estaban listos y acomodados al momento en el que Will Ireton, el asistente de Ohtani, se acercó a ellos con el trofeo y el fotógrafo del equipo.
‒A ver chicos, comunicaciones nos pidió más fotos, acomódense.
Yamamoto siente algo de incomodidad con Ireton, él percibe un juzgamiento sobre la relación con Ohtani, o tal vez sea que él exterioriza en él su miedo profundo: que puede arruinar la carrera de Ohtani si el público es consciente de su relación. Ese miedo no se lo ha manifestado a Ohtani, él ve que la confianza entre ellos es estrecha y con el anterior asistente de Ohtani, Ireton se encarga de ser muy transparente y rinde cuentas periódicamente a Ohtani sobre sus decisiones y movimientos.
Esta vez, al estar del lado del pasillo, le tocó a Yamamoto sostener el trofeo para que saliera la fotografía. La sonrisa de Ohtani era radiante, sin embargo, se percibía el cansancio residual, Ireton, perspicaz como era, apuró al fotógrafo y los liberó rápido de esa formalidad.
Yamamoto suspiró y se volvió a acomodar para dormir y pensó en las diferencias de Ireton con Sonoda. Claro que Ireton era diferente a Sonoda, él era un entrenador y técnico, es un preparador físico, su papel con Ohtani era más importante que el de Sonoda, además de que el cargo oficial de Ireton es ser el preparador físico y asistente de Ohtani. Por alguna razón, la liga solo permite un intérprete en el campo de juego, incluso el intérprete de Roki tiene otro nombre en el papel para poder estar en el campo de juego. Ireton, del equipo de los tres intérpretes, tiene más responsabilidades y aunque Ohtani ha dividido sus intereses y manejos de carrera logró tener confianza en Ireton, de ahí que Yamamoto siente que él podría influenciar en Ohtani para decidir sobre ellos dos.
‒Hasta aquí se escuchan tus pensamientos.
‒Ahora soy yo, con mi silencio quien te molesta, en el avión tú eras el que no parabas de parlotear, qué giro de tuerca tan...
‒Ya ‒Ohtani le tapó la boca a Yamamoto con la mano‒ me pasaste tu sueño.
‒Oye, que seas un viejo no te da derecho a maltratarme ‒replicó Yamamoto.
‒Por favor, Yoshi, duerme, aún nos queda un camino largo a casa y allá no quiero tener sueño.
El corazón de Yamamoto se desbocó.
‒Shohei...
‒¿Sí?
‒Estoy cansado
‒Lo sé, pero quiero acurrucarme.
Yamamoto sonrió, no podía con la ternura que a veces Ohtani brotaba. Simplemente recostó su cabeza en el hombro del mayor y lo tomó de la mano. Con las cortinas corridas en las ventanas, el autobús estaba sumergido en la oscuridad, la cojinería y las ropas que tenían puestas eran negras por lo cual ellos quedaban ocultos. Los abrazos eran permitidos en cualquier lugar, el equipo tenía una buena dinámica entre ellos, las bromas incluían palmadas en todos lados, hasta en el trasero, algo que Ohtani explotaba mucho, pero los abrazos acurrucados, a los que se refería Ohtani, eran privados, así como las manos agarradas y los besos, sobre todo.
Yamamoto se hace el sordo y ciego ante los comentarios y las miradas del equipo, sabe que los demás conocen que entre ellos dos existe una dinámica diferente y saben que inició al siguiente día de la noche en que Ohtani y Yamamoto se besaron en la casa del segundo. Estaban radiantes y llenos de felicidad que era desbordada, especialmente las miradas entre ellos habían cambiado. Kiké, quien no era nada sutil, dijo en un claro tono de broma (que es el tono habitual con el que hablaba) que ya se había convertido en los señores Ohtani-Yamamoto y que estaban en luna de miel, todos los que estaban al rededor estallaron en risas, el propio Ohtani se tuvo que sujetar de la barriga por la fuerza de la risa. Yamamoto sintió que su propia risa era histérica porque a pesar del buen ambiente que se mantuvo, sintió un profundo miedo que hasta las puntas de sus dedos se tornaron frías.
Notó que hubo un cambio de sus compañeros: cuando veían a uno de los dos y querían saber del otro siempre, siempre, les consultaban, el equipo asumía que se iban a buscar al otro antes de ir al estadio -en realidad dormían juntos- así que se hizo costumbre verlos llegar juntos, así como verlos irse. Si llegaban separados la pregunta era la misma "¿dónde dejaste a Yama?", "¿dónde dejaste a Ohtani?". Yamamoto veía a Ohtani imperturbable sobre lo que sus compañeros pensaban de ellos, era natural que estuvieran juntos y así lo asumía el mayor, por eso Yamamoto no veía una puerta abierta para hablar de sus dudas. Se dedicaba a disfrutar del momento. Si no había problemas, para que hablar de nada.
***
‒Levántate, perezoso
Yamamoto apretó los ojos y jaló más la sábana para cubrirse. Ante ese gestó Ohtani se las quitó y lo dejó al descubierto.
‒Arriba, hoy hay un desfile y un homenaje que hacer, pronto tendremos la agenda liberada y nos podremos levantar tarde.
Yamamoto abrió los ojos y levantó su brazo aun dolorido y abrió y cerró su mano hacia Ohtani. Si algo tiene Yamamoto, a pesar de su puntualidad, era su problema a levantarse de la cama, el mayor descubrió una forma de animarlo.
El mayor sonrió y se acostó a su lado en un abrazo, él siendo la cuchara grande se dedicó a colmar de besos el cuello de Yamamoto, y luego iniciaron las cosquillas en su costado.
‒Vamos, cariño, pronto nos podremos levantar tarde y tendremos la disponibilidad.
Yamamoto se quejó ante la mordida en su oreja y luego continuaron las cosquillas. Ese tratamiento era el que finalmente espantaba el sueño en Yamamoto y así era como se libraba de las víboras que eran las sábanas que se le enredaban.
Nuevamente, en este día, Ohtani lo tuvo que ayudar a vestirse, y no es el que al mayor le molestara, pero ante cada prenda puesta los besos no faltaban y a la vez hacía que Ohtani quisiera quitar la prenda que había puesto. Cuando el dolor volvió a ser más punzante Yamamoto se alejó del mayor y buscó su analgésico.
Finalmente se dirigieron hacia los camiones para el desfile, eran los típicos autobuses del tour de recorrido a los hogares de los famosos de Los Ángeles. La ruta se tomaba en el viejo Hollywood y el recorrido era por el rededor, una estafa según Yamamoto, ya que la mayoría de los famosos no vivían en el interior de Los Ángeles sino en las colinas, como él mismo, especialmente después de que ingresaron a su casa y tuvo que mudarse.
Los Ángeles era un sitio bonito, pero era innegable la decadencia que había en la ciudad, especialmente, ese gran Hollywood, era una pena verlo. Sin embargo, hoy tendrían un bonito paseo desde el punto de inicio del desfile hasta el estadio. Tenía preparado qué iba a decir en su intervención y seguía preguntándole a Teoscar sobre sus líneas en español.
‒Bu...enas tardes
‒No, no, no separes tanto las letras ‒le indicaba Teoscar‒ es como una sola letra "bue", "bue"
Ohtani en el fondo se reía
‒Lo tienes, solo no separes donde no es porque le da una urticaria a Teo. ‒finalizó risueño Ohtani.
‒Oiga compadre, tenga respeto ‒reclamó Teoscar en broma
‒Mi culpa, lo siento ‒se disculpó Ohtani levantando las manos.
Teoscar solo negó y se alejó riéndose. El mayor tomó a Yamamoto para acercarlo a la baranda, empezó a rodar el bus y quería al menor junto a él. En el fondo, sabía que después del destile encontraría material de ellos dos hechos por los fans en el recorrido.
En parte, lo que mantenía tranquilo a Ohtani sobre su relación con Yamamoto era que él era valioso para el equipo, no hay boleta sin vender en el estadio cuando él jugaba, otro asunto, los fanáticos lo querían tanto en Estados Unidos como en Japón y lo apoyarían en todo momento, lo comprobó con el asunto de su anterior interprete y asistente. El abuso de parte de esa persona puso en un punto delicado la carrera de Ohtani, quien creyó que todo se acabaría. Pero plantó cara ante la justicia y fue bastante abierto a todo, se le revisó cada movimiento financiero y pudieron comprobar que había falsificación de su firma para autorizar movimientos de dinero de los que él no sabía. A pesar de ese problema, los fanáticos estaban ahí y querían seguirlo viendo jugar. También sabía que sí surgía información sobre su relación con Yamamoto, lógicamente, habría gente que no lo querría ver, pero también habrá muchos a los que les dará igual y seguirán adelante para seguirlo viendo jugar y también a Yoshi, quien con esta última actuación en la Serie causó mucha sensación.
Sí, Ohtani estaba tranquilo con respecto a los de afuera. Pero a veces notaba la preocupación de Yamamoto. Notaba que de momento se apagaba y se alejaba. Ohtani le daba su espacio, pero luego se acercaba a él, siempre buscaba sacarle una sonrisa, su relación era joven, no tenían muchos meses juntos y sentía que debía hablar más con él. Tal vez ahora que finalizó la temporada tendría tiempo para convivir con él fuera de los estadios y viajes en autobuses y estadías en hoteles agotadores. Le propondría un viaje al Caribe o algún sitio cálido. Se está acercando el frío al norte y quiere descansar lejos de reflectores, por el momento, dedicarse a Yamamoto y escarbar en la preocupación que en él habita.
***
Como es lógico, duraron varios días en los noticieros y redes sociales hablando del famoso "buenas tardes" de Yamamoto, la gente se emociona con cualquier cosa, eso piensa Ohtani. Pero también es cierto que fue eclipsado un poco, la noticia de que Yamamoto ignoró a la gente en el aeropuerto mermó la emoción. El pobre estaba todavía dormido cuando estaba de camino hacia allá.
Ohtani quedó bastante triste de la noticia de Yamamoto de irse a Japón, él esperó una semana según la indicación médica de descansar el brazo para revisarlo, cuando la movilidad regresó a su normalidad y Ohtani ya no debía "ayudarlo" a colocarse la ropa, fue que Yamamoto le dio la noticia de que se iba a Okayama. Al principio quedó desconcertado porque se cuentan todo, pero, aparentemente no era así, el misterio que rodea a Yamamoto parece que seguirá por más tiempo, Ohtani no le alcanzó a proponer para irse de viaje juntos.
‒Me voy a Japón ‒le dijo de pronto, luego de estarle arrojando juguetes a los perros en el patio.
‒Oh, ¿cuándo? ‒Ohtani preguntó pensando que sería más lejos el viaje.
‒Pasado mañana.
Ohtani ignoró la pelota que le estaba entregado Decoy, su perro spaniel holandés, para voltearlo a ver y notó que Yamamoto se esforzaba en no regresarle la mirada.
‒Estaré unas semanas con mis padres y luego regresaré, hace mucho que no voy ‒aclaró Yamamoto.
‒Yo tengo dos años sin ir a Japón, ahora que lo pienso.
‒Sí, tal vez es bueno regresar al lugar de donde venimos.
‒Bueno, diviértete, creo que me hace falta comer ramen de verdad.
‒Sí, la comida aquí no es igual, a veces extraño cosas de Japón, aunque hay muchas cosas positivas aquí.
Ohtani simplemente asintió, pero Yamamoto, por primera vez lo vio cabizbajo, le tomó de la mano y así se miraron a los ojos, finalmente.
‒No demoraré mucho, volveré.
Debido a su partida es que Ohtani se encontraba en el Dodger Stadium a más de una semana después de ganar la Serie Mundial, ya se imaginaba los titulares de prensa sobre él en ese lugar. Pero no podía seguir en su casa o en la de Yamamoto, quien amablemente -después de que el mayor le rogara, en realidad- le dio la llave de su casa.
Estaba preocupado por la ida repentina, pero Ireton le dijo que se enteró por medio de Sonoda que Yamamoto tenía pensando ir a Japón una vez terminara la temporada, no había comprado los boletos de viaje porque no estaba seguro hasta donde avanzaría la postemporada.
Le volvió a arrojar la pelota a Decoy y Carlos -Yamamoto le encargó el cuidado de su perro- también pensando en la conversación que había tenido con Ireton. No es hasta que él le mencionó que se percató de lo que ingnoraba.
‒Cuando vuelva Yoshinobu debes hablar con él y sobre lo que van a hacer ‒había iniciado Ireton.
‒¿A qué te refieres?
‒Dave Robert está interviniendo ante la directiva sobre ti y Yamamoto, tal vez la luna de miel extendida de ustedes no les ha permitido ver lo que ocurre a su alrededor, pero debes ser consciente que debe haber un control de daños ante su relación.
‒No habrá gran problema sobre nosotros, sabes que los fans nos quieren y más al ser los dos MVPs.
‒Discúlpame, Shohei, pero no debes ser iluso, tal vez creas que porque no estás en Japón el golpe va a ser menor, nada más date cuenta de quien es su presidente, este país es conservador y por muchos millones que ustedes le den a la compañía, si un ejecutivo los quiere afuera por su ideología, lo hará.
‒Pues yo creo que sí hay oportunidades para nosotros, sé que habrá gente conservadora, pero son más los que nos aprecian...
‒Shohei, por favor, te arrojan a las chicas, prácticamente, te quieren explotar en todas las formas posibles mientras seas heterosexual, mira, lo que yo digo es que deben controlarse entre los dos y bajarle, no puedes seguir viviendo con Yamamoto, esto tendrá un final y no creo que sea oportuno para ustedes dos, son promesas importantes de un país pequeño y el que ustedes estén aquí es casi poético, dos japoneses estrellas en el país que atacó a nuestros antepasados, es una maravilla, no queremos que eso se eche a la borda.
‒Will, lo entiendo, pero lo que me pides no puede ser.
‒Solo te digo que sean más reservados...
‒Will, lo que me pides es que dejé a Yoshi y eso no va a ocurrir, ya enfrenté una mancha en mi carrera con el ladrón de Mizuhara y pude sobrellevarlo, podré... podremos con esto.
‒Tal vez tú sí, pero sé que Yoshinobu se alejará ante el menor problema, sabes lo reservado que es y que no le gusta generar problemas.
‒Pues Yoshi nos elegirá a los dos y sobrellevaremos esto, el equipo no tiene problemas con nosotros, no entiendo por qué deben importar los demás, a todos solo les interesa el show del deporte y eso es lo que ofrecemos y nos ceñiremos a eso.
Aunque no quiso seguir pensando en el problema que su relación con Yamamoto, Ohtani debía ser consciente y no seguir ignorando que estaban en un país conservador, que rechaza a los que no son blancos hegemónicos y que su propia tierra también rechaza a los que no siguen el plan de hacer triunfar su nación. Sería un deshonor a toda su familia si no se maneja bien su relación con Yamamoto.
***
Una noche Ohtani recibió una video llamada de Yamamoto, normalmente se texteaban y Ohtani le enviaba foto de los perros, pero no había hablado en dos semanas. Así que la llamada fue agradable recibirla.
‒Hey, gran león, ¿qué tal el frío? ‒Saludó Othani.
‒Hey, Shohei, aun no da con fuerza, pero ya casi se convierte en gélido, ‒respondió Yamamoto, quien tenía al fondo un jardín típico japonés‒ acabo de salir de una comida importante y también uno de los motivos por los que estoy en Japón.
‒¿Sí? y de qué se trata.
‒Es probable que Munetaka Murakami vaya a los Dodgers.
‒¿Lo estás reclutando? ‒Preguntó sorprendido Ohtani.
‒Solo me dijeron que me reuniera con él cuando se enteraron que vendría, que le contara sobre la vida de un japonés en el equipo y, bueno, eso es lo que he hecho.
‒¡Vaya!, de MVP de la Serie Mundial a reclutador de equipos, genial.
‒No te burles, solo te informo porque van a publicar fotografías del almuerzo pronto y quería que supieras.
‒¿Sabes que será problemático? ‒Le preguntó con cuidado Ohtani.
‒Sé que no te terminó de agradar cuando estuvimos en el WBC, pero es un chico agradable, es muy vivaz y podría ser un buen activo en el equipo. Creo que su energía se podrá canalizar con el ritmo de juego que tenemos y podrá madurar.
‒¿Y de lo otro? ‒Inquirió con precaución Ohtani.
‒Es un rumor del cual no podemos preocuparnos ahora.
‒Está bien, león, ¿puedo preguntar cuándo vas a regresar? ‒Inquirió con cuidado Ohtani.
‒Regresaré la semana siguiente, será el cumpleaños de papá y lo festejaré con ellos, luego volveré con Carlitos ‒añadió en broma Yamamoto.
‒¡Oye!, no seas insolente, ‒dijo con falsa molestia Ohtani para sonreír con la risa de Yamamoto.
‒Ya, volveré para verte.
‒Aquí estaré.
‒Feliz noche, descansa.
‒Feliz día, para ti.
Cuando cerró la llamada, Ohtani pensó que Yamamoto se veía tranquilo, tal vez la distancia lo había logrado relajar, ahí se refuerza la idea de que se fuera de viaje para alejarse de la presión mediática. Pero sabía que debía hablar con Yamamoto.
***
La noche estaba fresca en Los Ángeles, en la distancia se percibía la ciudad eternamente iluminada durante la noche y afuera, sobre las rocas flotaba la piscina nada sutil de la casa de Yamamoto. No se mudó del apartamento en Los Ángeles luego del intento de robo para quedarse en una casa pequeña. Además de que necesitaba espacio para su armario. Algo por lo cual Ohtani ponía los ojos en blanco, puede pasar cualquier cosa, pero Yamamoto no dejaba su lado fashionista que encantaba a algunos agentes que querían que modelara piezas y él no rechazaba.
Pero en ese momento, estaba como había venido al mundo, acostado boca arriba, sujetándose de la cabecera de la cama con fuerza para resistir los embates de Ohtani. Desde que había llegado a casa el mayor no le había dejado decir mucho ni saludar lo suficiente a los perros antes de encerrarlos en la habitación.
Los jadeos se escuchaban con fuerza y doblado como estaba Yamamoto veía de cerca la expresión de Ohtani. Estaba enfocado en él, tanto que Yamamoto no lograba sostener la mirada del otro de la cantidad de emociones que le transmitía el mayor: ternura, amor, posesión y deseo. Eso no lo fingía, era mucho y le tocaba cerrar los ojos ante el vigor de su mirada, cuando duraba mucho tiempo con los ojos cerrados -para Ohtani mucho tiempo era un minuto- le decía que lo mirara, que abriera los ojos, que quería verlo.
‒Mírame, Yoshi, mírame.
De nuevo los había cerrado, ajustó el agarre en la cabecera, pero no alcanzó en agarrarse bien y se resbaló, ahí es donde Ohtani paró y los acomodó, sujetándolo por debajo de las piernas abrazando aun más a Yamamoto, el menor entonces decidió sujetarse del cuello de Ohtani, los besos no se evitaron y las estocadas fueron más lentas. Yamamoto le encantaba ser cubierto por completo por el mayor, sentir su peso encima y acurrucarse a él enterrando sus dedos en el cabello del mayor que, por fortuna, se había dejado crecer en estas semanas que estuvo afuera, se veía más salvaje con el cabello para todos lados y sobre todo, complacido por lo que estaban haciendo.
‒Más fuerte, Shohei, por favor.
Ohtani se levantó en sus brazos bajando las piernas de Yamamoto y empujó con más fuerza, el menor se agarró de los antebrazos del mayor para sostenerse, sabía que ya se iba a correr y también sentía que lo mismo iba a pasar con Ohtani si adivinaba por sus jadeos.
Le rodeó la cintura, apretó su agujero y sintió la corrida de Ohtani, los jadeos del mayor eran más fuertes, bajó hasta el nivel de sus codos, siguió moviéndose más lento y agarró el pene de Yamamoto, le masturbó. El menor siguió apretando su culo, hasta que se corrió salpicando a Ohtani.
El mayor repartió besos de forma desordenada en el cuello del menor y antes de caer hacia un lado, agarró una toalla de papel de la primera gaveta de la mesa de noche a su derecha y les limpió el pecho y abdomen. Salió del menor y se recostó a su lado.
Los dos intentaban recuperar el aliento, Yamamoto sentía rodar la corrida de Ohtani de su interior, no podía elaborar pensamientos, solo sentía la emoción y así cómo iba bajando de la euforia.
Después de unos minutos se levantó por encima de Ohtani y agarró más toallas de papel y cuando rodó a su derecha para arrojar la toalla usada Ohtani lo agarró y lo arrastró a ser la cuchara pequeña
‒No te vas ‒le dijo.
‒Cálmate, solo iba echar la toalla afuera.
‒No me importa, no te vas.
Otra cosa que descubrió Yamamoto es que Ohtani no le gustaba quedarse solo después de correrse, no importa qué motivo exista para salir de la cama, Ohtani se volvía un pulpo y lo sujetaba hasta que volvía a ser él mismo. Las caricias y los besos no mermaban de parte de Ohtani hasta que se calmaba, como ahora, que su mano izquierda quería llegar hasta el pene de Yamamoto, pero el menor le apartaba, aún estaba sensible, y entonces quería dirigirse a sus pezones.
‒Por favor, Shohei es pronto, agh...
‒Shh...
Las manos del mayor no se quedaban quietas y se puso encima del menor, lo volteó boca arriba y se puso entre sus piernas. Yamamoto sabía que iba a una segunda rienda, ya sentía la media erección de Ohtani, la suya aun no podría alzarse.
‒Esto es por estar fuera tanto tiempo -decía Ohtani repartiendo besos por su pecho y seguía bajando.
Las manos de Yamamoto lo jalaron del cabello hacia arriba cuando iba por su pene, debía entretenerlo en otra cosa, lo bueno es que el mayor lo siguió al beso voraz que le dio Yamamoto, aunque no contaba con que Ohtani simularía estocadas.
‒No, por favor, espera, ‒le dijo Yamamoto.
Ohtani paró y se levantó y siguió besándolo.
‒Lo siento, cariño.
‒Parece que ya estás volviendo en ti
Ohtani se separó aún más y le sonrió. Se acostó a un lado y atrajo al menor a un abrazo.
‒Lo siento, por eso.
‒Tranquilo, me gusta, pero aún no, tenme misericordia.
La erección de Ohtani estaba bajando, después de correrse quedan rezagos de excitación que lo transmite en caricias, mientras que Yamamoto queda sensible pronto, además, de que después de tanto tiempo sin estar juntos la emoción llega más de golpe. Aunque en la temporada no es que tuvieran mucho tiempo para estar juntos, pero siempre encontraban un espacio para estarlo.
Así como la primera vez que Yamamoto estuvo con Ohtani, luego de estar solo con juego de manos, lo que desesperó tanto que Yamamoto no sabía que podía estar tan necesitado y su picheo se había vuelto más agresivo al punto de ganarse un regaño del entrenador de lanzadores para que bajara el ritmo. De modo que, habló con el mayor una noche que solo estaban de manos y aunque Yamamoto disfrutaba de lo que la boca de Ohtani podía hacer, quería más.
‒Temo que nos lastimemos y luego eso nos impida seguir con la temporada.
Esa era una razón válida para Yamamoto por lo que juntos empezaron a explorar e investigar cómo tener sexo anal seguro y decidieron ser versátiles e intentarlo los dos, era la primera vez que ambos tenían como pareja a un hombre y la dinámica era nueva para ambos.
Volviendo al punto en el que estaban bajando de la euforia y las endorfinas fue el momento en el que se levantaron a bañarse. Una vez estuvieron limpios y de nuevo en la cama fue que Yamamoto pudo contar sobre lo que hizo en Japón.
Siguió comentando sobre sus días hasta que notó que Ohtani se había dormido, él aun debía acostumbrarse al nuevo horario, sabía que mañana iba a estar somnoliento.
***
Ohtani se dio cuenta de que sería muy sospechoso su viaje a una isla paradisiaca en el Caribe con Yamamoto cuando se sentó con Ireton a trazar el itinerario de viaje cuando el menor le dijo que tenía unos días sin agenda en Los Ángeles. A todo lo que proponía Ireton le mostraba los riesgos de justificar su viaje juntos, la dudas sobre con quienes irían y sobre los contratos de silencio que serían complejos de administrar.
También propuso sobre viajar por separados e Ireton se abstuvo de poner los ojos en blanco, pero Ohtani vio su intensión.
‒Dos japoneses llegando días separados a un mismo destino, siendo los dos MVPs de las Grandes Ligas no lo hará menos sospechoso.
‒Está bien, hablaremos después, me acabas todas las ideas.
‒Shohei solo te muestro los puntos.
‒Ya hablaremos.
Ohtani no iba a admitir que estaba refunfuñando, se sentía frustrado porque no podía hacer lo que quisiera, aunque le intentaban mostrar lo contrario, la realidad es que no era así.
Ir a Japón parecía más razonable para los dos que ir al Caribe o a cualquier otra parte, pero presentía que ir allá pondría en tensión a Yamamoto, así que quedaba descartado, y por lo que notó cuando el menor se fue escabullido a Japón, no podrían siquiera llegar al aeropuerto sin que los notaran. A veces cree que el estar rodeados de seguridad incentiva que más gente le dé curiosidad y se acerquen a ver a quien intentan ocultar, fallando fatalmente.
Pensó en que tampoco había ido a una cita con Yamamoto desde que empezaron a estar juntos, que salían más cuando eran amigos por el temor, sobre todo de Yamamoto y en el fondo de Ohtani, de ser vistos de otro modo por otras personas ¿Qué calidad de relación podrían sostener a ese ritmo? Ohtani creía que podía dejar de lado muchos elementos molestos, pero desde lo que le había dicho Ireton le había puesto de frente a un problema que no quería enfrentar.
Esa tarde fue a su casa, creía que tenía tiempo que no entraba y no estaba sucia por el servicio frecuente de limpieza que había contratado, pero la percibía fría y solitaria, Decoy estaba en casa de Yamamoto -resultó que estaba encantado de estar en compañía de otro perro, así que pasaban mucho tiempo junto a Carlos- y no había pasado por él.
No creía que estaría derrotado por un viaje, estaba siendo un llorica, pero él se podía permitírselo un día. Por un día podría sentirse mal para seguir con toda la genialidad que tiene a su disposición.
Escuchó el pitido de la alarma pidiendo la clave en la puerta y luego tuvo encima a Decoy y luego a Carlos, lo que sea que estuviera pensando se alejó de su mente al sentir a los perros.
Yamamoto apareció luego ingresando a la sala, se acercó a Ohtani y, apartando a los perros, saludó al mayor con un beso. Ohtani, de nuevo, no podía pensar en qué era lo que le había atormentado antes y se dio cuenta por qué le era fácil ignorar lo demás, mientras tuviera a Yamamoto, a los perros, a sus amigos y compañeros podía estar tranquilo. Lo demás era un extra que no definía nada.
‒Vamos a fuera, ‒lo invitó Yamamoto tomándolo de la mano.
Una vez afuera se acercaron a un sofá exterior, los perros empezaron a explorar el patio y empezaron a corretearse entre sí sacando risas de los dos hombres.
‒Ireton me llamó porque no le contestabas el celular, ‒le comentó Yamamoto‒ así que también te marqué y no me contestaste.
Yamamoto seguía sujetando la mano de Ohtani
‒Quiero que me digas lo que te está molestando.
Ohtani miró a los perros y luego se giró a mirar al menor, Yamamoto se veía tranquilo, pero era apariencia, en su mirada se avistaba la preocupación. Temía cualquier cosa que le dijera el mayor. Ohtani suspiro y pensó en cómo decir sus ideas.
‒Estos meses han sido los más maravillosos de mi vida ‒Ohtani apretó la mano de Yamamoto cuando vio el desasosiego en la mirada de este‒ y no quiero que termine, pero incluso pensar en un viaje de los dos es un proceso complejo que no me esperaba, Yoshi, ¿por qué debemos estar ocultos?, este es el país de las oportunidades, ¿por qué debemos escondernos?
‒Tú, yo y un montón de gente más debe esconderse, creo que este es un pequeño precio ante todas las posibilidades que tenemos.
‒No lo veo justo, Yoshi.
‒Yo estoy feliz junto a ti, con Decoy, Carlos, tu casa, mi casa, estamos juntos.
‒Pero no podemos tener nuestra casa, tenemos que retenernos...
‒Así como muchas parejas, ¿no notas lo que tiene que contenerse Kike con su esposa?, simplemente tenemos que tener decoro y lo demás no importa, estamos juntos, y esto es un sueño.
‒No creo que sea un sueño ‒agregó Ohtani‒ sé que tienes preocupaciones que nos involucran a los dos y temo que yo no te he inspirado la suficiente confianza para abrirte conmigo. Yoshi, somos pareja, se supone que nos tenemos confianza, se supone que me dirías que querías ir a Japón, por ejemplo...
‒Shohei, por favor...
‒¿Ves?, ocultas cosas, te retraes y no sé cuál puede ser el problema para que lo solucionemos juntos.
‒No te cuento nada porque no veo que sea algo que no pueda manejar ‒dice en un tono seco Yamamoto‒ sí hablo contigo cuando algo me preocupa.
‒Ireton, tu viaje, son cosas de las que no hablas.
Yamamoto apartó la mirada ante lo dicho por el mayor.
‒Quería que nos fuéramos lejos, por un tiempo, pero Ireton ve problemas en todos lados, que nos descubrirán y solo pienso que no es justo que no pueda viajar a donde quiera con mi novio.
‒Shohei, sería una condena para nosotros hacerlo público, Ireton tiene razón, no hay motivos, más allá de un viaje de negocios, que salgamos juntos. A lo que me refiero es que no hace falta que vayamos a ningún sitio más que donde estamos ahora. No necesitamos hacer un check list de cosas. Shohei, por favor, ‒Yamamoto sujetó del rostro al mayor‒ no te abrumes por otras cosas, son ajenas a nosotros, no las podemos controlar, disfrutemos de lo que sí podemos.
‒Quiero que sepas que puedes contar conmigo en lo que sea quieras, Yoshi, quiero que confíes en mí y me digas lo que te molesta, lo que te incomoda, quiero estar para ti, en cualquier momento.
Yamamoto asintió ante las palabras del otro y luego sonrió.
‒Confío en ti, Shohei, y también te admiro, y estoy orgulloso de que estés a mi lado, tenlo presente.
Ohtani sonrío y recibió el abrazo que le arrojó Yamamoto, pero sabía que no le había dicho todo.
***
Cuando Yamamoto vio que la bola fue atajada por Mookie y luego llegó a tiempo al guante de Freddie se llenó de alivio, a pesar de tener bases llenas, de que no ponchó en ese último lanzamiento, la defensa, sus compañeros terminaron de salvar la noche y escribieron su nombre en la historia. Después de mucho tiempo un equipo de Grandes Ligas ganó por segundo año consecutivo la Serie Mundial, un gran logro.
Las posibilidades de que les dejaran participar en el WBC eran remotas para el siguiente año, de hecho, les había llegado a través de publicaciones sensacionalistas que una fuente de los Dodgers afirmó que el trío japonés (Ohtani, Yamamoto y Sasaki) no estaba autorizado de participar en esa selección debido al estrés y el esfuerzo para el fin de temporada.
Sin embargo, a las pocas horas de que salió la primera publicación y sucedieron varias más replicando la información, Yamamoto vio la publicación de las redes sociales de Ohtani que iba a participar en la selección. De ahí entonces, empezaron las noticias sensacionalistas de que Ohtani se contagió del espíritu occidental y se rebeló contra los superiores.
Yamamoto pensó en que los periodistas deportivos pueden llegar a ser amarillistas, incluso más, como los de entretenimiento. Así como hace poco se reactivó el de sus supuestas citas con Sabrina, Ohtani y él se divierten de lo que comentan de la supuesta relación secreta entre Yamamoto y la cantante, y ella que lo avivó cuando en una de sus presentaciones en concierto usó una camiseta adaptada del equipo con el número de jugador muy sugerente.
‒Debió usar el número 18, en realidad, de seguro no es tan osada como se vende, ‒comentó en esa ocasión Ohtani.
‒Sería un problema para ella después, creo que es respetuosa, aunque el número que usó dice mucho de ella.
Ohtani movió las cejas de forma sugerente. Definitivamente el numero sesenta y nueve no deja de ser llamativo para el estilo de la cantante que vende según su sensualidad rayando a la sexualidad.
Will Ireton era quien está detrás de aquellos rumores, había dejado escapar en un bar de un hotel en Boston que Yamamoto tenía una cita esa noche con una cantante de visita en la ciudad. No dijo nombre y no mencionó nada que la describiera. Sabía que cuando dijo ese comentario lo estaría escuchando un reportero deportivo. De alguna forma u otra, ese reportero asoció al beisbolista con esa cantante en particular y como ninguna de las dos partes confirmó o negó nada el comentario retorna cada cierto tiempo.
A pesar de que no se había planteado un control de daños sobre Ohtani y Yamamoto, la realidad es que la directiva del equipo hace sus movimientos en caso de que la marea cambie según los espectadores.
Por ejemplo, ante la perspectiva de Ohtani como el "rebelde" al ir a la selección japonesa ha habido una recepción positiva así que ante cualquier decisión administrativa de retirar a la estrella nipona queda descartada si no quieren una catapila de comentarios negativos y despectivos.
La idea de que los medios de comunicación, a pesar de las redes sociales, tienen la capacidad de poner en conversación una perspectiva que pocas veces es callada por los fanáticos.
***
Para la última semana de febrero el trío japonés ya estaba en suelo nacional para su entrenamiento grupal con la selección, allí se iban a reunir con la reciente adquisición del equipo californiano: Munetaka Murakami, el recién cumplido estaba emocionado por la reunión con sus antiguos compañeros de selección y con los que compartirá el resto del año en Los Ángeles. Para el pensamiento de Ohtani, Murakami estaba demasiado emocionado, para su opinión era muy empalagoso y molesto. Yamamoto le decía a eso que, en realidad, así mismo es como actúa el mayor y que no tiene autoridad moral para decir que otra persona sea revoltosa cuando él mismo lo es.
Estarían más de un mes en el WBC viajando entre Japón, Estados Unidos y Puerto Rico, aunque es probable que estén entre los dos primeros, es poco usual que los países asiáticos participantes estén en la isla y es poco usual que aquellos hispanoamericanos estén en Japón.
Con derrotas y victorias fueron avanzando en las fases para alcanzar la final. La expectativa era alta puesto que Japón es bicampeón consecutivo del WBC y también tiene en su haber tres estrellas de un equipo también bicampeón consecutivo de las Grandes Ligas, por lo cual, la emoción era alta.
El desempeño de Murakami rivalizaba con el de Ohtani y entre ellos había cierta competitividad que saltó hasta los medios de comunicación, quienes percibieron la tensión entre los dos colosos y en el sensacionalismo era latente. Especialmente, inició cuando las celebraciones por hit de bola o por jonrones entre ellos era seca: no había la jovialidad y el jugueteo que ellos mismos tenían con otros compañeros. Murakami trataba con respeto a Ohtani porque era su mayor, pero algunos del equipo sospechaban que el menor tampoco le tenía afinidad.
En una de las noches de hotel Yamamoto le comentó a Ohtani sobre lo que la prensa afirmaba del recién adquirido japonés en los Dodgers y él minimizó el asunto alegando que ellos solo querían vender clics y publicidad con sus reportajes.
Hubo un partido entre Japón contra Corea del Sur en el que estaban en la sexta entrada con un marcador de 0 a 6, entre esos puntajes hubo un gran slam que impactó al equipo nipón. Las estrellas tanto Ohtani como Murakami no lograban conectar un batazo contundente para, siquiera, alcanzar a la mitad del marcador.
El entrenador había cambiado tres lanzadores en lo corrido del juego y, de seguir así, no alcanzarían a ganar el partido, al ritmo que lleva de cambios a Yamamoto también le tocaría lanzar en ese partido cuando había lanzado en el inmediatamente anterior.
‒El lanzador de Corea es muy potente, la comunicación que tiene con el receptor es indiscutible, ‒le dijo Yamamoto a Ohtani‒ sin embargo, cuando va a lanzar alto tiende a mirar a la izquierda, debes leer esa señal para atajar un tiro.
Ohtani asintió a la comentado por el menor. Le agradeció apretándole el brazo.
Después de otro ponche, seguía el turno de Murakami, el dugout estaba desmotivado, aunque nadie se atrevía a decirlo en voz alta y Ohtani se mantuvo con el rostro estoico con la esperanza de anotar alguna carrera. Yamamoto estaba justo a su lado apoyados contra el muro viendo hacia el plato. Aunque se perdió por un momento en el perfil del menor, se le pasó por la mente que si él estuviera lanzando en este juego no habría dejado que el otro equipo anotara tantas carreras, ni una sola, estaba seguro. Estuvo viéndolo hasta escuchó el jadeo de Yamamoto y luego la ovación del público. Murakami había anotado un jonrón.
El mayor no sabía por qué no podía celebrar con la efusividad de cualquier anotación que pudiera hacer otro compañero, solo sabía que Murakami era molesto para él. Sintió el agite de los compañeros a su alrededor celebrando y se unió a los choques de palmas cuando el que levantó la esperanza ingresó al dugout. Japón tenía dos carreras pues Masataka Yoshida estaba en segunda base.
Luego de que se calmaran los ánimos Yamamoto le dijo a Ohtani que el lanzador contrario había hecho un lanzamiento alto. Murakami lo había descubierto. O los había escuchado para Ohtani.
A partir de ahí se sintió como león enjaulado cuando veía a los demás en la parte defensiva y él como bateador designado se quedaba en dugout. Fue hasta la octava entrada que Ohtani tuvo turno al bate. El lanzador revelador ya había sido cambiado, esa era la última oportunidad de Ohtani para hacer algo. El marcador estaba cerca al empate: 5 a 6. Había bases llenas y dos outs, la cuenta estaba 1 a 1.
Ohtani pidió tiempo para respirar profundo y ajustarse los guantes y el cabello bajo el casco. Al volver a la posición de bateo se focalizó en el guante del lanzador contrario. Hizo una oración silenciosa y mandó el swing con toda la potencia, confiaba que el lanzamiento era strike y tenía que atinarle. Quería ser prepotente esta noche. Hasta que se hizo el silencio y luego ya no podía ni escuchar su respiración. El ruido era ensordecedor, las trompetas y los tambores del público sonaron con mayor vigor. No es hasta que el ayudante de tercera base le hace señas y gritos para que desfile por las bases es que se empieza a mover.
Lo había hecho, tenía el grand slam y el marcador subió a 9 contra 6. Lo mejor para Ohtani fueron dos cosas ese día. Yamamoto estuvo muy empalagoso esa noche y se sintió mejor que Murakami cuando regresó al dugout. Llámalo inmaduro, pero se sentía bien seguir siendo la estrella.
***
En esa ocasión Japón no ganó el título mundial de béisbol, aunque hicieron un buen trabajo de exhibición y de preparación para la temporada regular. En el entrenamiento de primavera Ohtani había vuelto a la casa de Yamamoto desde que había participado en la semi final de vuelta en Japón, en la que perdieron. En ese viaje regresaron con el novato del equipo. Murakami y Sasaki había hecho buenas migas y estaban en sintonía, Yamamoto sospecha que al ser cercanos en edad se permitían relajarse más entre ellos.
Murakami tendría que mostrar su valía ante sus nuevos compañeros para lograr una posición regular en el campo de juego, a pesar de ser buen bateador, su defensa es algo en lo que debe trabajar. Se perfilaba para ser tercera base, ante la posible salida de Muncy del equipo.
Sin ser sorpresa para el mayor japonés, Kike y Murakami se volvieron el dúo perfecto para el desorden fuera de los entrenamientos. Era curioso para los demás ver a una personalidad similar a la de Kike en un asiático, con la vergüenza de los compañeros ante el estereotipo, pero pensaban que la personalidad única del boricua no sería repetida. Claro está, al mayor no le avergonzaba nada, nada, ni siquiera andar por los vestuarios con un diminuto calzoncillo fuera del campo con reporteros rondado por el lugar, en una apuesta contra Teoscar, Smith y Muncy, por supuesto que ese fue un límite para el japonés joven. Este, a pesar de las risas y del juego, supo que el brillo de picardía de sus mayores se perdió hacia él cuando no se atrevió a hacer lo mismo que Kike.
‒Deberías de dejar de estar jugando y ganarte el respeto por los demás haciendo tu trabajo, ‒comentó Ohtani frente a su taquilla del camerino.
Murakami solo lo miró antes de mirar alrededor. Como le había dicho el comentario en japonés, los demás no prestaron atención.
‒Tengo su respeto, no quiero solo hacerme el divertido cuando una cámara me está apuntando, ‒le devolvió Murakami, también en japonés.
‒A parte de que no te tienes respeto a ti mismo tampoco puedes respetar a tus mayores.
‒No creo poder cuando ese otro no tolera a los demás.
‒Enfócate en trabajar. ‒Finalizó Ohtani, saliendo del camerino cuando fueron llamados al campo.
Iniciaron una jornada de prácticas.
En el campo estaban ya el equipo de lanzadores entrenando cada quien, en su rutina, después de media hora de la salida del resto del equipo se pusieron algunos en dos equipos distintos para enfrentarse. Ohtani a pesar de no haber estado en el entrenamiento previo de lanzadores inició en el montículo para lanzar.
Debido al encuentro del camerino sus lanzamientos eran duros y rápidos. Normalmente en los entrenamientos tienden a iniciar más suave para alargar y sostenerse más tiempo. Las rectas de Ohtani eran rápidas y algunas pasaban cerca del bateador haciéndole más esfuerzo a Will Smith de levantarse para agarrar la bola. En el turno seguía Murakami. El menor, aunque no lo admitiera estaba intimidado por el mayor debido a su estilo de lanzamiento. No recordaba que Ohtani fuera agresivo durante los lanzamientos y viendo lo visto entre ellos dos desde el WBC tenía dudas sobre ese encuentro, pero el entrenador de pitcheo no sabía de la tensión entre ellos y, además, Ohtani es profesional, no iría a golpearlo en su primer encuentro, ante todo el equipo, ¿cierto?
Quien estaba preocupado de lo que seguía era Yamamoto, él conocía a Ohtani y sabía que no estaba del todo bien, su salida estruendosa al campo, su ceño especialmente fruncido y los lanzamientos rápidos, que en realidad le desgastan el codo, eran indicativos de que no estaba bien.
Antes del primer lanzamiento, los normalmente ruidosos jugadores estaban callados, ya habían empezado a sentir la tensión entre los japoneses.
El primer lanzamiento fue a cien millas y alejado de la zona de strike, a la derecha de Ohtani, por lo cual estuvo lejos de la ubicación de Murakami. El siguiente sí fue en la zona de strike, pero fue tan veloz que Murakami no hizo intento de swing, pero Murakami tenía que encontrarle la jugada a Ohtani, no podía dejarse intimidar por él en frente de sus nuevos compañeros, así asumía el joven el reto que le estaba imponiendo el japonés mayor.
El tercer lanzamiento de noventa millas le permitió al menor hacer swing que terminó en un foul, algunas palmas se escucharon por parte de los pocos integrantes del equipo que no estaban en el juego. Eso animó a Murakami, aunque no a Ohtani. La cuenta iba una bola y dos strikes, a menos que viniera muy abierta, el menor debía batear bien los siguientes lanzamientos.
Ohtani recibió la indicación de Smith para el siguiente lanzamiento, asintió y lanzó una bola dirigida hacia la derecha del plato y, como lo presintió, Murakami hizo el swing que lo ponchó. El orgullo hinchó el pecho de Ohtani y al voltear a mirar alrededor notó la contrariedad en los rostros de sus compañeros y al ubicarse en Yamamoto notó la extrañeza en su mirada en la que también avistó la decepción. Ohtani se preguntaba qué tenía extrañado a sus compañeros. Decidió ignorar a los demás y se enfocó en el siguiente en turno al bate. Este año sería uno en el que su lado de lanzador sería más fuerte.
***
Durante el Clásico Mundial de Béisbol de 2023 Ohtani fue llamado por primera vez para ser selección Japón en un torneo muy importante, también sería la primera vez que se enfrentaba a antiguos compañeros que, en lados separados debido al patriotismo, aunque, en el fondo, el torneo es un juego de exhibición en donde Las Grandes Ligas miden a los otros jugadores y determinan a quien podrían tener para antes del inicio de la pretemporada de primavera en los Estados Unidos.
Durante este tiempo se encontró con compañeros de los que había oído y visto en videos, pero con los cuales no había interactuado mucho, entre ellos estaba Yamamoto, a quien solo había visto unas pocas veces después de irse de Japón a jugar en la MLB, y saber que iban a compartir tiempo juntos lo tenía emocionado y ansioso al mismo tiempo.
Munetaka Murakami tenía apenas 23 años recién cumplidos cuando fueron convocados para la selección. Ohtani ya era un jugador más experimentado y muy afamado dentro y fuera de su país. Y el motivo por el cual el mayor sentía vergüenza frente al más joven era la espontaneidad que mostraba al coquetear, hacia cosas que Ohtani no se atrevía, como hablarle con desparpajo a Yamamoto, los cuales se hicieron muy amigos durante el torneo y él se mantenía a distancia.
El consuelo del mayor era que Yamamoto parecía siempre buscarlo con la mirada, pero ninguno de los dos se atrevía a hacer un acercamiento y eso golpeaba fuerte al mayor.
Su confirmación, aunque no así para Yamamoto, de que Murakami era gay o bisexual fue cuando el menor se creyó solo en el camerino. Ohtani y Yamamoto iban de camino hacia el lugar a buscar sus cosas olvidadas. Al entrar al sitio notaron cómo Murakami era alejado con gran velocidad y fuerza por parte de uno de los miembros de logística del equipo. El pobre chico estaba rojo al punto de la combustión mientras que Murakami no tenía nada de vergüenza por lo que había sucedido. Como argumentó después Yamamoto, ellos no habían visto un beso o que se estuvieran tocando, para Ohtani era querer tapar el sol con un dedo negar lo que estaban haciendo ellos dos solos en el camerino.
Después de ese episodio, Murakami siguió actuando como si no hubiese ocurrido nada y seguía igual de juguetón con todos. Ohtani lo detestó y lo admiró de igual manera, pensaba en que ese empuje era el que le hacía falta para lograr su objetivo, aquel que picheaba como si lanzara una jabalina y que cuando gritaba de emoción cuando ponchaba a todos en el turno al bate parecía un cachorro de león rugiendo. Ese fue su pesar mientras regresaba a Los Ángeles luego de ese torneo.
Lo bueno para él, es que tres años después, cuando retornaba a Los Ángeles de otra versión de ese torneo tenía apoyado en su hombro ese cachorro rugidor dormido, confiándolo siendo su almohada hasta llegar a su destino.
***
Para Ohtani, recordar los buenos momentos con Yamamoto son un golpe duro a su corazón. Se negaba a aceptar las consecuencias de su decisión, pero creía que era oportuno. No tanto así para sus compañeros.
Los normalmente bromistas Kike y Miguel estaban serios cuando los dos japoneses mayores estaban en un mismo sitio, las típicas bromas entre los dos asiáticos habían cesado de un día para otro y ver lo torpes que eran entre los dos era doloroso para los compañeros. Los jugadores intercambiaban miradas entre ellos y los gestos de dudas y señalamientos cortos con la cabeza eran típicos esos días. Ireton y Sonoda debían sondear las miradas cuestionadoras del equipo. No podían hablar sobre lo que ocurría entre ellos.
Yamamoto se apresuraba a arreglarse en el camerino, se sentía como un león enjaulado al notar a Ohtani dentro. Sonoda en algunas ocasiones le llevaba los insumos a otra parte del estadio para no estar junto con el mayor. Pensaba que fue bueno que nunca decidieran tener su puesto justo al lado del mayor. No podía ignorar la tensión a su alrededor. Las risas en el espacio se escuchaban tímidas y las bromas eran más bien escasas, eso le pesaba, no quería crear un mal ambiente entre el equipo, por esto era que se retiraba rápido del lugar cuando estaban todos reunidos en un mismo espacio.
No llegaban ni se iban juntos del estadio, no se sentaban lado a lado y no entrenaban juntos. Se mantenían a una distancia calculada y evitando quedar en el rango de mirada el uno del otro. Era desgastante.
Frecuentaba mucho con Will Smith, planeando lanzamientos y atrapadas complejas cuando Yamamoto no podía controlar los lanzamientos o departía constantemente con Murakami, quien había mermado su chispa bromista debido al problema.
Incluso Dave Roberts estaba preocupado por la tensión del grupo y le inquietaba lo que podría deparar la temporada si los japoneses no arreglaban su situación.
Era obvio para todos: Shohei Ohtani y Yoshinobu Yamamoto había roto y el equipo entero era parte de ese rompimiento.
