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El Ladrón (The Thief)

Summary:

La oferta que el Gran Hechicero le ofrecio a Craig era bastante simple, robar la Vara de la Verdad del Alto Reino Elfo y como recompensa, su amigo seria liberado del destierro.

Una adaptacion inspirada por la historia de fantasia y origenes los personajes en La Vara de la Verdad inventaron para ellos mismos.

AVISO
Esta es una Traducción de “The Thief Trilogy” escrita por Wintergrew, permitida por la autora original.

Notes:

AVISO
Esta es una Traducción de “The Thief Trilogy” escrita por Wintergrew, permitida por la autora original.
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En caso de que le quieran compartir algun dibujito

Si es que tienen alguna pregunta o les parece que hay algún error en la traducción, dejenme un comentario y yo lo resolveré tan pronto pueda. Cualquier cosa que se les ofrezca yo las leo
También aquí voy a dejar mi cuenta de Twitter, por si les gustaría recibir anuncios o cualquier otra cosita sobre esta traducción.

Ahora algunas notas que ella misma decidio incluir.

Esta es una historia muy levemente basada en la trama de el juego de South Park, La Vara de la Verdad. Habra ciertos pedazos que vienen de la trama y otros que no, dependiendo de lo que llame la historia. No sera la misma trama exacta al juego. En temas de caracterizacion, sus personalidades seran mayormente parecidas al canon al igual que al mismo tiempo otros aspectos dependiendo en ciertos eventos de la historia.

Craig esta tecnicamente en el lugar de el jugador principal, de cierta manera. Kenny es la princesa Kenny al igual que en el show se convierte en una princesa.

Los personajes de la historia son todos mayor de edad, la unica excepsion es este primer capitulo (el prologo.) Favor de leer las Tags.

 

Si tienen alguna pregunta, o algo no queda muy claro en la traduccion sientanse libres de dejar algun comentario y yo vere que puedo hacer :3 es mi primera vez traduciendo algo y estoy muy emocionada de que mi gente que habla espanol pueda disfrutarla! sin mas, espero que les guste.

Chapter 1: PROLOGO

Chapter Text

El Reino de Kupa Keep era, técnicamente, el hogar de Craig.

 

Él nació ahí, después de todo. No es como si tuviera opción en tal cosa.

“Hay peores lugares para vivir, sabes” su padre solía decirle después de llegar a casa de un día en el campo. Se agachaba a través de su amplia puerta de madera después de dejar su arado y se limpiaba una capa de sudor y suciedad de su frente.

Craig nunca respondía sus comentarios. ¿Por qué lo haría? No tenía idea de cómo se comparaba con el resto de Zaron. El Alto Reino Elfo, El Reino del Sur, Los Elfos Oscuros – bien podrían ser palabras inventadas para él.

Para ser honestos “Kupa” por sí misma era una palabra bastante vacía para el. Claro, reconocía que estaba atado a ella, pero no era como si ese hecho afectaba su día a día demasiado ¿Que le importaba si Kupa era uno de los más grandes y poderosos reinos? ¿Que si tenían una gran ciudad como capital? Él estaba destinado a pasar toda su vida en una pequeña aldea de plebeyos millas y millas lejos de todo eso. Demonios, a pesar de ser un “reino” no reconocería al Rey o a su Gran Hechicero si se acercaran y lo golpearan en la cara. Para él, no eran nadie.

“¡No digas esas cosas!” su madre lo regañaba cuando decía eso. Sacaba la cuchara de la olla en la mitad de su casa y la apuntaba hacia él, la sopa goteando al suelo de tierra. “Como ciudadanos, estamos obligados a servirles. No mostrarles el respeto que se merecen es considerado traición.”

Sus estrictas palabras nunca coincidían con su expresión cuando decía eso. Sus ojos se entrecerraban no como si intentara regañarlo, sino como si le estuviera advirtiendo. A Craig no le importaba. Bien, Kupa era su hogar. Le profesaría su lealtad, incluso si por defecto. No cambiaba el hecho de que la ciudad de Kupa, donde vivía toda realeza, se sentía como un mundo lejano. Aunque tal vez ese hecho le permitió permanecer aún más ambivalente al respecto.

“Cuéntanos una historia!” Tricia rogaba. Ella siempre le pedía a su madre cuando era tarde, justo antes de que la pequeña luz de fuego en su casa terminara de apagarse.

“Que no eres bastante grande para sus historias?” Craig preguntó.

“Oh, Craig, tú solías amar mis historias cuando eras pequeño,” su madre decía mientras se sentaba sobre la cama de paja que los hermanos debían compartir.

“Si, cuando era un niño pequeño.” él decía. Era demasiado grande para ellas ahora. Tricia era demasiado grande para ellas ahora. No necesitaban escuchar historias sobre tierras lejanas y princesas. Todo lo que hacía era meter demasiadas ideas en la cabeza a Tricia. Se suponía que debía estar trabajando en el campo ahora, no pretendiendo que los espantapájaros eran las dos princesas de Kupa.

“Nunca eres demasiado grande para historias, Craig,” Su madre decía, dándole un pequeño golpe en la nariz. El arrugaba su cara.

“Craig no es divertido!”

“Oh solo ignoralo, sobre que quieres escuchar, amor?”

“Sobre los Elfos!” Ella dijo. Aun con la luz tenue, Craig podía ver sus ojos azules brillar. “¡Cuéntanos sobre cómo conociste a uno!”

Su madre rio. “Okay, pero no sé si conocer es la palabra correcta. Aunque si, hace años los elfos a veces venían a la ciudad de Kupa para eventos especiales. Un puñado lo hizo para la boda real.”

“Tu estabas ahí, cierto?” Tricia preguntó demasiado entusiasmada. Claro, era una pregunta a la que ella ya sabía la respuesta. Forzaba a su madre a contar esa historia innumerables veces.

“Lo estaba,” Ella dijo, apretando el colgante de feldspar que siempre llevaba alrededor del cuello. Ella sonrió, pero su mirada se veía lejana. Casi triste.”Era encantador, la capital de Kupa… es diez veces más grande que Sundorham. Sin embargo, a pesar del tamaño, todo estaba decorado. El castillo de piedra que rodeaba la ciudad, cada tienda, cada casa… todo lo que puedas imaginar. Gente de todo Kupa estaba ahí, vestidos con sus mejores ropas. Incluidos algunos elfos.”

“Los viste hacer magia? Escuche de un Bardo que todos saben hacer magia.”

“No cariño. Estaban alrededor del Gran Hechicero, ellos sabían que eso sería arriesgado.”

“Bueno, de todas maneras suena divertido! Yo quisiera ir a una boda o a una fiesta real.”

Su madre despeinó el cabello sucio de Tricia. “Desearía poder llevarte.” Volteo a ver a Craig. “A ambos.”

“Yo paso,” Respondió Craig, acostándose en la cama. La paja le picaba la piel y podía sentir un insecto caminando en su pierna, pero no le importaba. Quería paz y silencio para poder dormir.

Quizá, esas fantásticas historias dejaron de interesarle porque a él no le molestaba su vida en Sundorham. Por supuesto, vivir en la granja no era fácil. Claro, no había acontecimientos notables y era “aburrido” a los estándares de muchos. Pero aburrido estaba bien, era como le gustaba. Tenían suficiente. Había una posada con un bar, en la que él tenía un mínimo interés. Tenían un pequeño puesto comercial donde los comerciantes ambulantes intercambiaban sus productos, eso lo disfrutaba a veces. Aunque la mayoría de su tiempo se iba trabajando en las tierras, de todas formas. Esa era la rutina. Era a lo que estaba acostumbrado.

Escuchaba a su padre gruñir en silencio mientras le quejaba a su madre como no era justo que la mayoría de sus tierras ni siquiera les pertenecieran. Como esos perezosos nobles deberían cultivar sus propios cosechos y dejarlos a ellos en paz. Claro, esa conversación solo comenzaba cuando pensaba que Craig no estaba escuchando. Cuando lo estaba, no eran más que halagos.

Quejas o no, su padre se levantaba apenas se asomaba el sol cada madrugada. Craig lo observaba meticulosamente mientras se alistaba con la ropa adecuada y reunía los instrumentos necesarios para arar la tierra. Siempre se aseguraba de tener las semillas adecuadas, de que el arado estuviera firme y de que todo lo que pudiera necesitar durante el día estuviera preparado. Craig miraba con atención porque él sabía que algún día ese sería el, justo como había sido el caso en su familia por generaciones.

Su madre se alistaba alrededor de la misma hora. Se alistaba la túnica y se sujetaba el cabello con horquillas de manera elegante. Otras mujeres del pueblo se trenzaban y sujetaban el cabello de forma irregular, dejando cabellos sueltos al viento. Ella no. Se cepillaba y daba palmaditas a su cabello rubio dorado una y otra vez para asegurarse de que cada mechón estuviera en su lugar. Esto no significa que se quedaba de esa forma durante el día. Trabajando como granjera por sí misma, su cabello terminaba igual de sucio y despeinado como el de las demás.

“Craig, Tricia, ya es hora de alistarse.” Ella les decía.

“¡Eso hago!” Tricia se quejaba, pasando sus dedos por su despeinado cabello color rubio fresa. En la luz del día era claro que la niña pequeña llevaba los colores de su padre, pero la belleza de su madre. Aunque esa actitud tan atrevida, era de ella sola.

“No es como que ayuda mucho.”

“¡Craig!” Su madre lo regañaba. Craig la ignoraba. Tomó su bolsa de semillas de la pequeña mesa de madera y la amarró a su cinto, alistándose para salir.

Era un día soleado, como lo era tan seguido en esa temporada del año. No estaba precisamente ansioso por pasar el resto del día bajo sol, pero mientras los adultos arrean y preparan la tierra, él debía plantar las semillas. Alguien de su edad, quizás si hubiera nacido en la ciudad estaría pasando sus días en la escuela. Como un simple plebeyo de granja, era de expectativa que trabajara. Incluso si no era necesario en la tierra donde vivía, la educación para alguien de su estatus estaba rotundamente prohibida.

“Hey”

“Hoy está bastante caliente, huh?” Clyde preguntó mientras el par comenzaba a caminar hacia las tierras. Eran bastante grandes, haciendo que la aldea se viera incluso más pequeña.

“Podrían estar peor.”

“Supongo.” Respondió Clyde, levantando el pestillo de la corta puerta de madera que rodeaba la aldea. “Aunque enserio me da ganas de regresar al océano.”

“Culpa a tu papá. Él es el que te tiene atrapado aquí.” Dijo Craig, sosteniendo la puerta de la cerca mientras pasaba. Ya había algunos aldeanos afuera comenzando a trabajar, caballos y arados subiendo y bajando por la tierra en hileras. Aun era temprano; debieron de haberse levantado antes del amanecer.

“Bueno ya sabes lo que dice.” Clyde dijo, balanceando su bolsa en bucles. Algunas semillas cayeron de su bolsa cuando hizo eso, al desaliento de Craig. “Esto es mucho más estable.”

“Si, Claro.”

“Pero sabes, eso no importa.” Cyde jalo a los cordones de su bolsa, apretando para mantenerla cerrada. “Todo esto es temporal para mi, de todas formas. Yo voy a salir de este lugar un día. Voy a regresar al océano. Hey, quizá me convierta en un pirata.”

“Estas loco.” Craig le dijo a su amigo, dándole un suave golpe en la cabeza con su propia bolsa de semillas.

“Hablo enserio! Tú solo espera !¡Me voy a apoderar del mundo!” Una sonrisa creció en la cara redonda de Clyde. “Tal vez puedas venir conmigo!”

“Y que nos arresten los guardias?” Craig preguntó, alzando una de sus cejas. “Tu y mi hermana necesitan un serio golpe de realidad. No puedes ir simplemente a donde te dé la gana. Aunque solías ser un vendedor ambulante, ahora eres un siervo, actúa como ello.”

“Alguna vez dejas de ser tan amargado?”

“Quieres decir, si alguna vez dejó de ser realista?” Craig preguntó, caminando hacia el lugar en donde debían comenzar a plantar. “Vez estas tierras? No son nuestras. Son de la realeza. Ellos necesitan que les preparemos la comida. A cambio, ellos nos mandan guardias para protegernos de los elfos, los bárbaros, y cualquier otro horrible grupo que haya afuera. Para que todo esto funcione, debemos convertirnos en propiedad de la tierra, no podemos salir.”

“Yo creo que quiero hacer lo que yo quiera. No lo que Kupa Keep me dice que pueda o no hacer.” Clyde resoplo.

Craig comenzó a plantar las semillas. Clyde no era la persona más inteligente que conociera, ni la más atractiva, ni valiente, ni… Bueno, nada en realidad. De hecho, la mayoría de cosas sobre Clyde solo te hacían pensar en una palabra— Ordinario. La única cosa en la que Clyde no era ordinario era en ser un cabeza de chorlito.

“Porque odias Kupa Keep tanto? Yo no veo ninguna buena razón para odiarlo. Se llevan una ración de nuestras cosechas, claro, pero siempre tenemos más que suficiente. He escuchado que el Rey es un imbécil borracho, pero nada de eso ha impactado mi vida a peor, entonces no veo porque debería, ya sabes… importarme.”

Clyde dejó de moverse, dejando que las semillas cayeran de su mano inmovil hacia el suelo. “¿Quieres que te haga una lista?” Dijo en una voz apenas subida de un susurro.

“La verdad no.”

“Entonces no hablemos de ello.”

___

“¿Quieres venir conmigo a la posada conmigo esta tarde cuando terminemos de trabajar?” Tricia preguntó una mañana mientras excavaban patatas. O más bien, el excava, ella más bien miraba. Estaba llegando en fin de otoño, y había un miedo de que la congelación fuera inminente, pero a ella no parecía importarle sacar las patatas antes de que llegara.

“La verdad no.”

No decía eso por no querer pasar tiempo con su hermana o algo así. Claro que podía llegar a ser molesta, nunca sabia cuando cerrar la boca, pero como hermanos, le gustaba tenerla cerca. Era una chica de buenas intenciones que podía ser graciosa cuando quería serlo, haciendo que a la esquina de sus labios le diera un tic en una casi sonrisa.

Recientemente, Tricia se la pasaba en la posada mencionada en lugar de trabajar en las tierras. Craig pensaba que era una pérdida de tiempo que se pasará el tiempo charlando con borrachos o gente que venía de paso, pero sus padres lo aprobaban. Decían que si llegaba a convertirse en la encargada de la posada esa sería una profesión respetable para ella.

Por supuesto, convertirse en encargada no era su meta. Ella prefería tener la esperanza de que algún día un vendedor, un bardo, o un príncipe simplemente pasará por aquí y gustará de ella lo suficiente para arriesgarlo todo y sacarla de aquí. Eso nunca sucedería. A nadie le importaría tanto una pobre muchacha campesina, y aquellos que se ofrecieran, probablemente serían malas noticias.

“Bueno, hay un bardo bastante divertido ahí, buena música y buenas historias. Se va a marchar mañana en la mañana, así que pensé que quizás te gustaría venir, puedes traer a Clyde también.”

“A diferencia de ti que solo estás ahí parada, yo probablemente voy a estar demasiado cansado para cuando termine.” La única razón por la que estaba aquí era para ayudar a su hermano a trabajar las tierras, pero lo único que hacía era sentarse ahí, hablando y hablando, haciendo lo más mínimo, y parloteando sobre un Bardo.

“Okay, okay” Tricia dijo, sin ganas tratando de concentrarse en la tierra debajo de ella. “Pero de hecho, hay más. Él sabe cosas. Incluso conoce a gente de mayor rango en Kupa Keep, si sabes a lo que me refiero.”

“Y eso que?”

“Entonces” Levantó sus manos para dar un efecto dramático a sus palabras, olvidando que iba al menos a pretender trabajar. “Significa que nos platico algunos rumores. Parece, que se dice que el Reino de los Altos Elfos piensa declarar la guerra cualquier día de estos.”

“En este tiempo del año?” Craig preguntó desinteresado. Casi ni siquiera dignaba esa tontería de declaración con una respuesta. Pudo sacar una patata de la tierra. Estaba podrida. Demasiadas estaban este año. Suspiro, y la tiró hacia el lado.

“Dicen que el Rey Stuart está en su camilla de muerte.” Tricia levantó un dedo de forma dramática. “Con todo ese debate sobre si el príncipe Kevin o la princesa Kenny deberían heredar su reino? Si él muere, podría haber una guerra civil. La Reina de los Elfos podría abusar de la posible inestabilidad y–”

“No me interesa.” Craig dijo, aun excavando sus manos en la tierra. Su pala se había rotó ya hace un tiempo y sus padres no tenían el dinero para comprarle una nueva. “Incluso si el Bardo no estuviera mintiendo, como los Bardos son conocidos por hacer, debo añadir– a quien le importa? Desde cuando algo de eso nos afecta de alguna forma?”

“Nos afectará cuando los guardias vengan a demandar el doble la ración de nuestra comida para la guerra.”

“¿Cuándo ha pasado eso? Siempre estamos en guerra.” Continuó excavando. Había una pequeña roca clavada en su dedo qué probablemente estaba sangrando, pero sus manos estaban tan cubiertas de lodo y tierra qué ni siquiera quería intentar sacarla.

“El Reino de los Altos Elfos, con toda la magia del mundo, no es precisamente una escaramuza solitaria de los Bárbaros. Según el Bardo, también están furiosos porque él Hechicero tiene la Vara de la Verdad. La quieren de vuelta.”

“Tricia, ya hemos hablado sobre esto. Si esa supuesta vara todopoderosa en realidad existiera y fue con la que destruyeron al Reino Oscuro, ¿no crees que el Hechicero la usaría en los Elfos? Deja de estar pensando en toda esa basura inventada y ayúdame.”

“No es basura! Es la verdad!” Tricia hizo un puchero. “Y la respuesta es que obvio no puedes usar una vara élfica para destruir a los elfos. Incluso si pudieras, eso sería cosa del Hechicero, los McCormicks siempre habían podido controlarlo hasta cierto punto, pero si no hay algún líder fuerte después de el Rey Stuart, esa es una perfecta oportunidad para que el Hechicero intente tomar el control!”

“Y estas diciendo que un Bardo te contó todo esto?” Craig pasó sus manos por su cara de frustración, cosa que de la que se arrepintió de inmediato cuando se dio cuenta que había tallado toda la tierra de sus manos alrededor de su cara. Uso la manga de su túnica de un similar color marrón para intentar limpiarla. Aunque estaba seguro que eso no ayudó de nada.

“Porque no hablas con él tú mismo? Quizá aprenderías algunas cosas si hicieras como yo y le hablarás a los viajeros que pasan por aquí. Pero no, siempre tienes que pretender como que él mundo de afuera no existe.”

“Disculpa que a mi no me guste escuchar chismes de viajeros borrachos a los que le gusta burlarse de pobres niños plebeyos tontos.”

No le gustaba tirar insultos a su hermana, pero al igual que con Clyde, no podía entender porque insistía en tener la cabeza en las nubes. A pesar de todo, era una niña inteligente y atrevida, pero también era tan crédula como era posible. No importaba cuantas veces se le decía que debía recordar su lugar, que mantenga los pies en la tierra, y que acepte su vida como una simple pobre niña campesina, ella se resistía.

Más que nada, Craig temía que algún día, ese gran deseo que tenía por conocer el mundo de afuera la metiera en algún problema serio. Sus padres lo regañaban por “romper sus ilusiones” pero ante sus propios ojos, él le estaba ayudando.

“¿Sabes que? Si no vas a creerme, solo espera a que esos guardias del Reino vengan aquí. Pregúntales si estamos en guerra.” Ella se levantó y cruzó sus brazos. Era claro por su postura que estaba molesta, y quería irse. Estaba bien. A Craig no le importaba si se iba, podría ser hasta más productivo.

“Bien,” dijo él. “El siguiente guardia que vea, le preguntare.”

“¡Bien!”

“Bien”

Después de todo, Tricia estaba en lo correcto.

Un buen puñado de caballeros vivían regularmente a las afueras de la aldea, en su propio campamento privado. Si el Señor de Sundorham hubiera querido residir en las tierras que poseían, habrían sido su feudo. Pero, claro, alguien de tal estatus no quería preocuparse por una aldea remota y sin importancia y optó por vivir en la gran ciudad. En lugar de que la potencial gran mansión pasará a manos de los residentes, se les prohibió incluso visitarla, y en su lugar se entregó a los caballeros.

Solo unos pocos vivían allí, y nunca por mucho tiempo. Era un puesto de principiantes, principalmente para hacer recados para recoger la parte de las cosechas del reino y entregarla donde se necesitaba. Pero ese fatídico día, fueron más de un pequeño puñado los que llegaron a la aldea. Había al menos una docena.

Guerra. Habían anunciado.

En muchas aldeas, los tiempos de guerra significaban que los plebeyos debían levantar espadas y pelear en la guerra. No en Sundorham. Tenía una de las tierras más grandes y fértiles de todo el reino, y no podían arriesgarse a que los campesinos abandonaran la tierra.

“Necesitarán trabajar el doble– no triple de lo que han trabajado hasta ahora.” Un guardia en el centro de la ciudad dijo. Se paraba en una caja de madera grande para parecer importante. Miró a su alrededor a los campesinos con una sonrisa en su cara. Claro, para alguien como él, la guerra era un prospecto interesante.

Cuando la mirada del guardia se sitió en la familia de Craig, su madre sostuvo fuertemente de sus hombros, atrayéndolo un paso hacia atrás. Tricia probablemente necesitaba más ese consuelo que él. A pesar de sus atrevidas y confiadas declaraciones, la chica estaba temblando.

Craig jalo a su hermana cerca y puso su brazo de manera gentil alrededor de sus hombros.

“Va a estar bien,” Le susurro. Ella no dijo nada solamente se agarraba fuerte de la sucia fábrica de su túnica.

“El triple? ¿Qué cree que es lo que hemos estado haciendo hasta ahora?” Preguntó un campesino. “Nos tienen trabajando desde que sale el sol hasta que se oculta, de seis a cinco días a la semana.”

La sonrisa del guardia se agrandó, mostrando sus dientes amarillos. “Y ahora serán siete. No más días libres mientras estemos en guerra. Estén en las tierras antes de que salga el sol y quédense incluso después del atardecer.”

La conmoción creció entre los campesinos.

“¡No pueden hacer eso!”

“¡Es inhumano!”

“Nosotros también tenemos nuestras vidas!”

Clyde y su padre estaban parados junto a la familia de Craig. El padre de Clyde tenía cara de tener náuseas, en cualquier otro momento Craig hubiera pensado que estaba enfermo. Clyde del otro lado, como el llorón que era, sus ojos se pusieron nublados.

“Te dije que esto pasaría.” Le dijo a su padre, intentando quitar las lágrimas de sus ojos con sus mangas.

“Silencio Clyde.”

El resto de la reunión fue difícil de escuchar para Craig. El caballero habló con seguridad por encima de los aldeanos, como si no pudiera oírlo, pero a su vez, eso le impedía entenderlo. Se lo tenía merecido. Al salir del palco, otros caballeros tuvieron que formar un muro humano a su alrededor con sus pesadas armaduras metálicas, protegiéndolo de la turba furiosa de campesinos.

Al final, no podían hacer nada. ¿Cómo podrían? Su aldea era pequeña, e incluso en tiempos de guerra había suficientes guardias en Kupa para sofocar cualquier rebelión, duplicando su número. Ya había sucedido antes. Los caballeros se aseguraban de que se supiera.

Así que lo único que los aldeanos podían hacer era seguir con sus quehaceres diarios e intentar disfrutar de su último día libre completo por primera vez en mucho tiempo. Clyde y su padre se marcharon, intentando intercambiar objetos de su época de vendedores mientras los comerciantes aún visitaban. Cuando la guerra esté en pleno apogeo, este tipo de visitantes sería una rareza. Los padres de Craig se marcharon con otros adultos de la aldea para su propia reunión informal.

Tricia y Craig se quedaron parados en el corazón de la aldea.

“Lo lamentó.” Dijo ella, aun sin ser capaz de controlar las lágrimas que caían por sus mejillas. “Lo lamento por decirlo de la manera que lo hice. Debí habérmelo tomado más en serio.”

“Oye, no. No seas tan dura contigo misma.” Craig dijo. Era probablemente lo más gentil y simpático que había sonado en toda su vida. Lo sorprendió incluso a él. Pero aun así, no era ella quien debía disculparse. No después de lo que él había dicho ese día.

“Odio esto.” Ella lloró, “Quería estar en lo correcto solo para probar un punto. Ahora no quiero. No quiero trabajar en las tierras todos los días.”

“Bueno, No creo que nadie quiera.” No estaba acostumbrado a personas abriéndose y poniéndose emocionales con él, mucho menos su molesta hermana menor. Craig suspiro, “Aunque… tú tienes una salida, ¿no?”

“¿A qué te refieres?” Ella preguntó, levantando la cabeza y secándose las lágrimas con sus mangas sucias.

“Has estado pasando demasiado tiempo en la posada, cierto?” El preguntó, “Porque no preguntas si puedes comenzar el entrenamiento oficial para convertirte en la nueva encargada? Eso te evitará tener que trabajar en las tierras, cierto?”

“¿Crees que ella me tomaría en cuenta?”

“No veo porque no. Eres lo suficiente habladora para él trabajo en mi opinión.”

A pesar de las lágrimas que seguían cayendo, sonrió. “Tal vez.”

"En fin", dijo. Empezó a caminar hacia su casa. "Estoy seguro de que la guerra será corta. Una o dos semanas, quizá. Los caballeros hablan duro ahora, pero seguro que veremos pocas diferencias reales".

"También vamos a necesitar ese barril de ahí", anunció el guardia unas semanas después de iniciada la guerra. Siempre habían venido de vez en cuando a llevarse las raciones, pero ahora se había convertido en algo habitual.

El guardia era nuevo, uno a quien Craig nunca había visto antes. Se comportaba con clase y estatura, de una forma que dejaba claro que se consideraba importante. Se estremeció visiblemente al entrar en la pequeña y sucia casa de su familia, con su vieja vaca mugiendo en el centro. Fue una actitud que hizo que a Craig le molestara enseguida.

El padre de Craig dio un paso al frente. Normalmente, el hombre asombrosamente alto y calvo era una de las figuras físicas más imponentes del pueblo. En cuanto a altura, supera con creces al guardia. Sin embargo, de alguna manera, él y sus atuendos marrones de campesino junto a la espada y la brillante armadura metálica del caballero lo hacían parecer pequeño. “Señor, la cosecha de cebada fue muy floja este año. Ya ha se han llevado más del doble–”

“No me retes plebeyo,” El guardia lo interrumpió, “Cada día los Altos Elfos se acercan más a las afueras del Reino de Kupa Keep mientras nuestro Gran Rey se acerca a la muerte en su propia cama. Hubiera pensado que incluso alguien de tu estatus sería capaz de reconocer cuando hay que hacer sacrificios para el mayor bienestar.”

“El ‘mayor bienestar’ es mi familia sufriendo hambre en invierno?” Su padre se quejó. “Esto es ridículo. Hemos peleado otras guerras antes! No recuerdo recibir este tipo de tratos cuando Kupa le puso fin al Reino Oscuro. Ustedes no tienen derecho a hacer pasar hambre a mi familia, a mis hijos!”

“Entonces, tal vez deberíamos quitarles uno de las manos?” El Guardia sonrió de manera malvada y dio un paso enfrente hacia Craig y su hermana. Alcanzó una mano hacia enfrente y tomó a Craig por la barbilla. “Este muchacho ya parece lo suficientemente grande para ser útil en el labor.” Levantó su cara para poder mirar mejor su cara, pero Craig la alejó con rapidez hacia atrás. El guardia chasqueo y en lugar miró hacia a Tricia, analizándolo de pies a cabeza. “Oh la chica… ahora ella es muy bonita, no es cierto?”

Tomó un paso hacia adelante, su mirada regresando hacia sus padres. Tricia corrió a esconderse detrás de su madre. El guardia sonrió. “No me molestaría llevarme a cualquiera de los dos. Por supuesto, ustedes serían recompensados.”

Craig sabía exactamente a lo que se refería el guardia. La “Fuerza Laboral” como le llamaban. La dinastía de los McCormicks había hecho la esclavitud en si ilegal hace generaciones, pero aquellos en poder habían encontrado maneras de darle la vuelta a esa ley técnicamente. Mientras un campesino estaba atado a la tierra sin permiso de salir, todavía estaban permitidos vivir sus vidas como les apetecía dentro de la aldea, siempre mientras cumplieran con sus trabajos.

Ese no era el caso si uno estaba en la “Fuerza Laboral”. Ahí, las personas no tenían libertad. Los trabajadores vivían en barracas sin un solo día libre. La mayoría eran obligados a obrar trabajos peligrosos y lastimosos que les rompía la espalda. Usualmente en minas tóxicas o en canteras, pero había muchas otras ocupaciones igual de desagradables por toda Kupa. Era conocimiento común que cualquier otro destino cercano a la muerte sería mejor que eso.

Craig miró hacia su familia. Sucia, con hambre, y ahora con su tan necesitada comida siendo llevada de ellos. Habían estado preocupados de que Tricia creciera demasiado para su ropa antes de que pudieran comprarle más, pero ahora parecía que se encogía en ella. Más de un vecino había muerto ante la hambruna no hace mucho, sus cuerpos eran llevados fuera como si a un montón de basura.

La idea de abandonar a su familia siempre había sido inconcebible. Pero si esta separación de ellos era para salvarlos, no sería mejor que observarlos morir innecesariamente?

Abrió su boca para hablar. “Yo iré–”

“Tome el barril y lárguese!” La madre de Craig gruñó.

El guardia se comenzó a reír con fuerza. Sin una palabra más, salió de la casa para llamar a otros de sus compañeros y que lo ayudarán a llevarse este nuevo montón de comida. Su familia también debería salir para evitar que escondieran algo. Craig podía ver a los otros guardias, entrando en las casas de sus vecinos mientras estos solo podían pararse afuera y observar cómo se llevaban la comida que trabajaron tan duro en conseguir.

Que se llevarán raciones de comida era normal. Era parte de la vida como campesino, pero esto era un nivel completamente diferente.

“Nos agradecerán cuando ganemos la guerra y salvemos sus tristes y miserables vidas.” Dijo un guardia encima de su caballo, para que luego todos se fueran a galope, los alimentos de la aldea eran cargados en un vagón de madera detrás de estos. Por un momento, los campesinos se quedaron parados afuera de sus puertas, congelados en silencio. Craig podía escuchar a alguien llorando, pero antes de que fuera demasiado tiempo, lentamente regresaron a trabajar. Era todo lo que podían hacer.

“Debiste darles a tu muchacho, Thomas. Nos podía haber salvado a todos.” El hombre que vivía en la casa junto a la suya escupió. Siempre miraba a Craig con molestia y actuaba como si oliera mal. Su madre siempre le decía que no debía tomarlo personalmente. El tenía un hijo de su edad que fue llevado a la fuerza cuando tenía solo un año cuando descubrieron que tenía habilidades mágicas, así era el caso con cualquier bebé humano que naciera con un extraño regalo. No era que Craig hubiera hecho algo mal, sino más bien su manera de desquitarse ante la horrible situación. Siendo el único nacido ese año que no había sido llevado o muerto de alguna enfermedad hasta que llegó Clyde, era un objetivo fácil.

“Di eso de nuevo y me aseguro de que sean las últimas palabras que salgan de tu boca.”

“Thomas, basta!” La madre de Craig advirtió. Ella miró la forma en la que él vecino frunció el ceño pero lo dejó ir, desapareciendo hacia su pequeña casa que poco a poco se caía sobre sí misma. Se volteó hacia su esposo y le habló en un tono gentil pero directo. “Debes tener cuidado con lo que dices. Haz enojar a la persona equivocada y nuestros hijos si van a ser arrebatado de nosotros. Sabes eso.

“Bueno, si quedarnos juntos solo causará qué todos vayamos a morir de hambre, tal vez no sea tan mala idea.” Hablo Craig, “Yo iré. Si eso significa salvarlos a ustedes.”

La madre de Craig suspiro cansada. “No seas ridículo Craig, la familia es lo más importante que tenemos.”

“Enserio? Tu abandonaste tu estatus y abandonaste a tu familia para casarte con un plebeyo.” Dijo Craig.

“Eso es diferente. Yo deje todo atrás por esta familia, y pretendo mantenernos juntos.”

“Pero–”

“No vamos a vender a nadie! Y punto.”

“No vamos a morir de hambre cierto?” Tricia dijo. Aun cuando todavía estaba asustada por la reciente confrontación, intentaba mantener su tono alegre usual.

“No lo sé.” Dijo su padre, rompiendo su silencio. Miró una vez más a sus dos hijos y caminó de vuelta a su pequeña casa.

“Bueno, aun cuando sea malo ahora, estoy segura de que la guerra acabará pronto” Su madre ofreció ese pequeño consuelo, luego se dio la vuelta para seguir a su marido. “Quizá cuando todo esto acabe nos regresen algunos de nuestros suministros, quizá algo más. Estaremos bien.”

Tricia pateó la tierra frente a ella. Escondió su cara de Craig y se dio la vuelta para irse, probablemente hacía la posada de nuevo.

Craig se quedó parado afuera de la puerta.

Cuando el invierno llegó, todo Sundorham sufrió. Un buen número de gente había muerto, particularmente los más jóvenes o más viejos. Craig y su familia seguían con vida, al igual que Clyde y su padre. Aun así, no era como si alguno prosperará. Como los demás, luchaba por poder encontrar alimento, del que parecía nunca había suficiente. Incluso si las raciones se hubieran mantenido igual que siempre, era un invierno muy duro. Ahora incluso peor.

El Rey Stuart murió ese invierno. El anterior coronado príncipe Kevin abdicó el trono en cuanto vio que la princesa Kenny era apoyada por el Gran Hechicero. Eso por lo menos detuvo una guerra civil. De todas formas, significaba que Kupa Keep ahora era reinado por una chica en su temprana adolescencia, no más mayor que Craig. Claro era la razón por la que él Gran Hechicero la apoyaba. Lo ayudaba a mantener todo el poder. La guerra con los elfos procedería, como lo hizo la siguiente primavera y verano.

Aun así, específicos sobre la guerra no le importaban a Craig. No le importaba como fuera, solo quería que se acabará. Quería que esos malditos guardias dejarán de quitarle hasta los huesos a su aldea. ¿Qué importaban las políticas de esas tierras lejanas? Él solo quería poder comer una buena comida otra vez. Quería que las personas que había conocido toda su vida dejaran de parecer esqueletos caminando.

“Puedes creer que los elfos sean tan crueles como para seguir atacando cuando aún estamos de luto?” Los otros campesinos decían. Craig ignoraba sus chismes. ¿Qué diferencia hace eso? Guerra es guerra– ser cruel estaba en su naturaleza. El quería concentrarse en la siguiente cosecha, con la esperanza de que produjera suficiente comida para el siguiente invierno. No quería ver a su hermana morir lentamente de hambre.

“Sabes, nuestra aldea está en riesgo,” Otro dijo, “Estamos demasiado cerca al camino que los elfos podrían pasar si van por los túneles enanos atravesando las montañas.”

“Los guardias van a protegernos,” Dijo Craig. Los campesinos no le hacían caso. Usualmente era así.

Por más que los guardias fueran odiosos y arrogantes, servían su propósito. Recordaba cómo habían asesinado a un dragón para proteger a la aldea cuando era un niño pequeño. Los guardias habían estado contentos de tener algo de acción en su aburrido lugar de descansó, mientras los aldeanos estaban felices de tener tanta carne que los alimentaria todo un invierno.

El verano se convirtió en otoño, y así llegó el tiempo de cosechar cebada. Craig odiaba cosechar cebada casi tanto como odiaba cosechar patatas. La pesada guadaña que necesitaba le hacía doler los hombros.

No se dejó a sí mismo quejarse y dio su mejor esfuerzo por reprimir sus pensamientos negativos. Las últimas cosechas apenas habían sido suficiente para salvar a algunas personas de morir de hambre, incluso en años anteriores, la cosecha de cebada era una de las más importantes. Podría darles de comer este invierno, al igual que pan y otras cosas que podían vender para ganancias extra. No como si estuvieran recibiendo demasiados viajeros en tiempos como estos.

A Craig le gustaba cuando era asignado a trabajar en la parte más lejana de las tierras. La manera en la que la aldea entera con toda esas estructuras de madera y lodo era visible se le hacía raro, como todo su mundo se veía tan pequeño. Además, las cosas se sentían más calladas, más en paz.

Excepto por el hecho de que ese día su madre y Clyde lo acompañaban.

Bueno, quizá a su madre no tenía por qué mencionarla. Ella no era alguien difícil con quien trabajar. Por otro lado, Clyde sí que lo era. Por mucho que le gustará pasar tiempo con él, verlo mover su guadaña de manera tan descuidada siempre le daba un susto. Solo esperaba el día en él que la mal puntería de ese idiota le sacara un ojo a Craig– o peor.

Al menos era más entretenido que cuidar al ganado con su padre. Ya tenía suficientes de esos olorosos animales en su casa por las noches, prefería tener un poco de aire fresco sin ellos. También era mejor que el entrenamiento de Tricia para convertirse en la nueva encargada de la posada.

“Clyde, pon atención.” La madre de Craig lo regañó. Ella estaba sentada en el suelo, tomando su descanso. Los huesos de sus mejillas parecían más notables que en todos los años anteriores, y parecía que su vestido volaba en su delgado cuerpo, pero su espíritu era tan fuerte como siempre. Todos tenían razones para mantener fé. La cosecha este año estaba probando ser abundante, mucho más que los últimos años. Quizá podrían sobrevivir este verano.

“Perdón señora.”A Clyde le creció un sonrojo avergonzado en sus redondas mejillas.

“Deberíamos esconder algo de esto,” dijo Craig. “No queremos que venga Kupa a decir que necesitan aún más comida solo porque estamos teniendo una buena cosecha.”

“Necesitaríamos tener cuidado,” advirtió su madre. “La penalidad por esconder comida es la muerte.”

“Cierto, además tendremos suficiente de todas formas,” Clyde dijo, alzando su guadaña con solo un poco más de cuidado. “Este invierno deberíamos estar a salvó.”

“Nadie en esta aldea está a salvó contigo manejando esa cosa,” dijo Craig alejándose un paso de él.

Clyde sonrió. “¿A si? Entonces mira esto!” Alzó su guadaña en círculos, cortando toda la cebada de manera irregular a su alrededor como la propela de un molino. Para terminar, balanceo la navaja directamente hacia el suelo.

¡BOOM!

Un fuerte ruido resonó al instante en que plantó su guadaña en el suelo.

“Que diablos fue eso?” Craig preguntó. Truenos? Pero no había visto ningún rayo, y tampoco había una sola gota o nube en el cielo. Se levantó derecho, observando el horizonte.

“No fui yo cierto?” Preguntó Clyde.

“De ninguna manera, eso fue demasiado ruidoso y tu no eres tan fuerte,” Le respondió Craig, dándole un empujón juguetón.

“¿Quieres ir a investigar?” Clyde preguntó, una sonrisa creciendo en su cara.

La madre de Craig se puso de pie. “Muchachos, quédense aquí,” dijo ella. A diferencia de ellos, no había nada divertido ni curioso en su tono de voz. A pesar de sus órdenes, Craig la siguió.

“Craig, dije que te quedes aquí,” lo regaño, su mirada asustada quemando su alma.

A pesar de su intensidad, Craig se negó. “Si algo pasó, creo que debería saber que fue.”

“Si usted cree que es peligroso yo me quedaré aquí señora,” Clyde anunció, sentándose en el suelo con sus piernas cruzadas.

Craig estiró su cuerpo hacia arriba para intentar ver a la aldea hacia el horizonte. Desde donde estaba, la aldea se encontraba bien, había algunas personas saliendo se sus casas al igual que algunos campesinos corriendo hacia la aldea para investigar la conmoción. Además de eso, nada.

“No entiendo,” Craig dijo.

“Shh!” Su madre puso su mano sobre su pecho para mantenerlo alejado.

Fue entonces que lo escucho.

Un suave sonido a la distancia, venía desde el otro lado de la aldea. Al principio se preguntó si solo se lo estaba imaginando. Incluso cuando era claramente real, le tomó tiempo poder escucharlo completamente hasta que gradualmente se hizo más fuerte. Era música. Una melodía suave y dulce, como algo fuera de un sueño. El tipo de música que jamás tocaba en un lugar como Sundorham, incluso por los bardos más talentosos que visitaban. Craig no podía evitar sentirse atraído hacia ella.

“Música?” Clyde preguntó. La cara de su madre se tornó pálida como la de un fantasma.

“Muchachos, necesito que corran. Necesito que corran lo más lejos qué puedan, fuera de Sundorham, a donde sea que puedan huir,” les ordenó.

“De que estas hablando?” La música era hermosa, Craig quería ir hacia ella.

“Yo tengo que ir a encontrar a Patricia. Luego iré detrás de ustedes, pero incluso si no, necesito que ustedes sigan corriendo.”

“Que? Eso no tiene sentido.” Craig inclinó la cabeza. “Correr de que es solo una música rara. Si es algo de qué preocuparse deberíamos ir contigo a buscarla, y que hay de papá?”

“Craig escúchame.”

Mientras su madre comenzaba a correr de vuelta hacia la aldea, la música creció más fuerte. Clyde se levantó, sin estar seguro a qué dirección debería ir. Craig por otro lado, ya había decidido correr detrás de su madre. Nada de esto tenía sentido, porque estaba tan aterrada?

Otro boom. El suelo retumbó haciendo que Craig se tropiece, casi perdiendo el balance. Desde la esquina de sus ojos, vio bolas brillantes de muchos colores en el cielo. Al principio, se preguntó si eran aves. Miró hacia arriba para verlos claramente.

“¿Flechas?”

No cualquier tipo de flechas, si no flechas prendidas en llamas, llamas de colores anormales, colores que una llama normal jamás podría producir. Eso significaba que tenían magia?

Se alzaban desde el horizonte, sin señales de quien podía enviarlas. Eran muy rápidas, pero de alguna forma todo parecía moverse en cámara lenta para Craig. Era como si su mente necesitará más tiempo para procesar lo que estaba viendo.

En cámara lenta o no, a causa de segundos las flechas aterrizaron. Sus llamas cayeron en las tierras, en casas, los materiales tan flamantes prendían fuego instantáneamente. Lo más enfermo, vio como le daban a las personas, sus siluetas pequeñas caían al suelo en segundos. Incluso cuando se encontraba tan lejos, podía escuchar los gritos de pánico y desesperación en la distancia.

Los ojos de Craig se abrieron de par en par. Su aldea. Su hogar. Tricia.

“Craig, sal de aquí!” Le demandó su madre, dejando de correr. Tomó a Craig por los hombros, encajando sus uñas en su piel como pequeñas navajas.

“¡Tricia sigue ahí!” Craig gritó. Podía ver la posada, las llamas lentamente comenzando a consumirla. Esa era la construcción más duradera, estaba hecha de más que sólo varas y madera, y aun así. Podía ver figuras que salían corriendo de ella, pero estaba demasiado lejos como para ver si alguna de ellas era su hermana.

“Yo voy a encontrarla, pero necesito que tu y Clyde corran.”

“Que esta pasando?” La voz de Craig tembló.

“La guerra,” dijo ella. “Los elfos.”

“Pero los caballeros… se supone que ellos–”

“Esto significa que probablemente todos ellos fueron asesinados, Craig.” Su agarre en él se volvió más apretado mientras lo sacudía. “Los guardias son fuertes pero no tan fuertes. Los Altos Elfos… ellos… Tú tienes que salir de aquí Craig.”

“Yo debería ayudar. Voy a ir contigo.”

“Craig, por Clyde. Escapen. Busquen personas que puedan ayudar. Te prometo que voy a encontrar a Tricia, pero no voy a dejar que me sigas ahí. Solo espero que tu padre haya podido escapar. Necesito que tu corras a un lugar a salvó por mi.” Sus manos seguían apretando, pero de alguna forma, parecía que lentamente perdía las fuerzas. Miró con cuidado su cara, la intensidad en sus ojos, parecía que intentaba recordar cada pequeño detalle de ella.

“¿Quieres que te deje?” Craig sintió como su voz se quebraba.

Su madre por fin soltó sus hombros, sus manos de inmediato fueron al collar alrededor de su cuello, quitándose la cadena con apuro. La puso en la mano de Craig y cerró su puño con fuerza alrededor de esta.

“Craig, que tú escapes es lo mejor que puedes hacer para ayudarnos. Estabas dispuesto a ser enviado a la labor por nosotros, cierto? Esta es tu oportunidad.”

Esto no podía estar pasando. El no era el tipo de mostrar sus emociones, mucho menos llorar, pero su visión se nubló con lágrimas corriendo bajo sus mejillas. Esto no podía estar pasando. El fuego rodeó su aldea, la cebada qué cosechaban se desintegraba. Las llamas seguían creciendo y Craig sabía que pronto llegaría a donde él y su madre estaban de pie. Todo su trabajo duro. Toda su comida.

Craig jamás había visto tanto fuego en su vida. Esto no podía estar pasando.

Otro boom. Con eso, su madre lo empujó con fuerza en la dirección opuesta, tirándolo al suelo. Comenzó a correr hacia la aldea, el camino cada vez más y más consumido por el fuego. Podía oler el humo mientras el fuerte viento lo volaba hacia él.

“Corre! ¡Corre y no mires hacia atrás!” Le gritó ella.

Craig vio otra ola de flechas volando hacia el cielo. No se atrevía a mirar. Como si su cuerpo se moviera por sí solo, se puso de pie otra vez tan rápido como fuera capaz y corrió. Lejos de la aldea, más rápido de lo que se creía capaz. Era como si volará. Su puño se apretó alrededor del collar de su madre como si su vida dependiera de ello.

Clyde estaba congelado en su lugar como si estuviera en stock, su mano cubriendo su boca mientras lágrimas caían de sus ojos. Craig no quería saber qué era lo que estaba viendo. No podía pensar en ello. Con su mano libre, jalo el brazo de Clyde en cuanto le pasó por un lado, obligando a Clyde a seguirlo. Clyde era mucho más lento que él, pero Craig se negaba a dejarlo ir.

Otro boom. El suelo bajo ellos tembló pero Craig corrió incluso más rápido. Clyde casi grita cuando la velocidad de Craig casi lo tira al suelo.

La mente de Craig se quedó en blanco mientras corría. Todo en lo que podía pensar era en correr, solo seguir corriendo. No sabía a dónde iba, pero sabía que necesitaba llegar a algún lado.

Corrieron sin decir una sola palabra por horas. Su mente estaba tan concentrada en huir qué no se dio cuenta cuando dejó de escuchar los booms o la música. Aun cuando cada fibra de su ser le rogaba para que se detuviera, o al menos fuera más lento, no cedió. Incluso si sentía como si sus pulmones estuvieran en llamas, rogando por que se detuviera a dar un respiro, no lo hizo.

Después de un infinito de tiempo que a Craig se le hacía imposible de medir, el sol comenzó a ocultarse. Kupa eran tierras planas, sin alguna marca o edificio que le dieran pistas de donde se encontraban. Aun cuando Craig los llevaba más lejos de sus límites, eventualmente esa adrenalina también amenazaba con acabar. A Clyde se le acabó primero. Como si sus piernas se cerraran con seguridad, simplemente se detuvo, sin poder correr un centímetro más. La fuerza del repentino alto causa que Craig cayera con fuerza al suelo, casi dislocando su brazo y enviando un agudo dolor por este.

Los chicos resoplaban y jadeaban. Estaban demasiado sin aliento para hablar, y ambos se desplomaron en el suelo blando mientras intentaban orientarse. A Craig le dolían los pulmones aún más que las piernas doloridas. Su visión seguía nublada, pero no estaba seguro de si era por las lágrimas, el sudor, el mareo o una combinación de las tres. Cerró los ojos con fuerza, viendo estrellas tras los párpados mientras se secaba una capa de sudor de la frente. Intentó respirar, intentó que su corazón dejara de latir con fuerza como si estuviera a punto de salirsele del pecho. Necesitaba agua desesperadamente, pero la cantimplora que llevaba en el cinturón estaba vacía mucho antes de la invasión.

"Cr-Craig", oyó a Clyde jadear en busca de aire. Mientras los pulmones de Craig le dolían y jadeaba aún más, no pudo responder.

Abrió el puño izquierdo, asegurándose de que el collar de su madre seguía allí. Estaba. Estaba cubierto de sudor y le había dejado marcas en la palma, pero allí estaba. No lo soltó. Una sensación de alivio lo envolvió.

Volvió a cerrar los ojos y se desplomó sobre la hierba. Estaba inconsciente antes de que su cabeza tocara el suelo.

Cuando Craig despertó, estaba seguro de que se estaba ahogando. El agua le cubría la cara, le entraba por la boca y le subía por la nariz. ¿Se habría caído al río cerca de Sundorham? Su padre siempre le advertía que no se parara sobre las rocas inestables de la orilla.

"Craig..." lo llamó una voz seca y quebrada.

Craig abrió los ojos. Se estaba ahogando con el agua que Clyde intentaba forzar en su garganta.

"¡¿Qué demonios?!" Su voz era irreconociblemente seca y quebrada. Le ardía la garganta.

"¡Craig!" Clyde dejó caer su jarra de agua y lo abrazó, con lágrimas deslizándose por su rostro. "¡No te despertabas! ¡Pensé que ibas a morir! ¡Me diste un susto de muerte!"

Craig estaba confundido. ¿Lo habría rescatado Clyde del río?

Su vista comenzó a enfocarse. La parte baja de su vista estaba cubierta por el hombro de Clyde. Por lo que podía ver, se dio cuenta de que no estábamos rodeados por los árboles qué rodeaban el lago en Sundorham. Lo único que los rodeaba era un sin fin de césped hasta donde su vista podía ver y–

El fuego. Rojo, azul, verde, amarillo, rosa, llamas qué solo la magia podía producir, volando en una sabana de flechas. Los gritos de su aldea, ahogándose en ellas. Su madre corriendo hacia el fuego, diciéndole que corriera.

Sus ojos instantáneamente se llenaron de lágrimas y estas se derramaron por su cara ya mojada. El no sollozó como Clyde. De hecho, no hizo un solo sonido. Lloró en silencio, lentamente rodeando sus brazos en Clyde, regresando el abrazo. Se quedaron de esa manera por un rato. Craig miraba sin punto a la distancia.

“Que vamos a hacer?” Clyde sollozo mientras con cuidado se movía hacia atrás.

Craig estiró sus brazos y su espalda, sintiendo todos sus huesos tronar. Los músculos de sus piernas estaban doloridos por las horas que había pasado corriendo sin descanso. Intentó disimuladamente limpiar sus lágrimas con su manga. Él no era un bebé llorón como Clyde.

Fue entonces que se dio cuenta que todavía sostenía con fuerza el pendiente de su madre. ¿Dónde estaba? Todavía no los había alcanzado con Tricia.

“Necesitamos ayudar a la aldea! Todavía puede haber personas atrapadas ahí. Necesitamos encontrar a nuestras familias,” Dijo Craig, su voz aun rasposa. Intentó levantarse, pero se sentía como un venado bebé qué aún no sabía caminar. Clyde le ofreció su cantina a Craig, tan solo tenía unas gotas restantes. Craig se las tomó en un solo segundo.

“¿Estás hablando en serio, Craig?”

“Claro que lo estoy! Sundorham está en peligro, Clyde. Tenemos que ayudarlos!” Craig tomó el collar de su madre y con mucho cuidado lo puso alrededor de su cuello, metiéndolo dentro su túnica café y desgastada.

“Craig, no creo que Sundorham siga existiendo.”

“Bueno, tal vez lograron quemar todas las casas, pero aún podemos ayudar a salvar las cosechas. Es decir, las personas–”

“Craig, tú eres el lógico. En realidad crees que los elfos usarían flechas con fuego mágico qué podríamos tan solo apagar?”

“Aun así, deberíamos reunirnos con los otros que–”

“Craig! Había como un trillón de flechas! ¡Directo a la aldea! La única razón por la que nosotros sobrevivimos fue porque estábamos en la parte más lejana de su alcance. De otra manera estaríamos muertos!” La voz de Clyde se quebró en esa última parte, otra ola de lágrimas corrieron por sus mejillas.

Craig no le creyó. Su madre le dijo que iba a tomar a Tricia y a correr. Ella dijo que los iba a alcanzar. Craig y Clyde habían corrido como locos en dirección recta, tan lejos como habían podido de la aldea.

Craig nunca había salido de Sundorham.

“Deberíamos reunirnos con los otros en otra aldea,” Craig continuó, ignorando lo que había dicho Clyde. “¿Sabes en dónde estamos? Habías mencionado que cuando eran vendedores ambulantes tu padre te dio lecciones de navegación.”

Clyde suspiro, sabía que era mejor no pelear con la necedad de Craig. Se limpió las lágrimas con la parte de atrás de sus mangas. “Corrimos hacia el oeste, la capital está al noroeste de Sundorham. Hay otras pequeñas aldeas como la nuestra que están técnicamente más cerca, pero eso es asumiendo que esas no fueron atacadas también. Además, los pobres campesinos no van a querer tomar a dos niños que no conocen de nada. Creo que la capital es la mejor opción.”

“¿Qué tan lejos?”

“Voy a adivinar que un par de días. Eso es asumiendo que nos quedáramos en camino recto, que es poco probable. Podríamos terminar perdidos en medio de la nada.”

“De todas formas, es la mejor opción.” Craig se estiró un poco más, intentando soportar el dolor de sus piernas de pie. Su piel se sentía caliente. Suponía que tanto tiempo de correr bajo el sol y con todo el estrés le había dado una fiebre, pero hizo lo mejor por ignorarlo. Limpio los rastros de lágrimas de su cara. Ya no estaba llorando.

“Incluso si hubiera sobrevivientes, nuestra aldea fue destruida. No creo que algún día podamos regresar.”

“De donde conseguiste el agua?” Craig preguntó, apuntando a la cantina que sostenía su amigo. Clyde y él siempre cargaban cantinas con ellos, pero no había manera de que Clyde llevará una llena en este momento.

“Hay un estanque cerca,” Le respondió Clyde, “Fui a buscar si podía encontrar algo mientras tu estabas inconsciente.”

“Llevame, y luego seguimos. Caminamos esta vez. No vamos a correr.”

“Quiero tomar un descanso por hoy. Creo que ambos deberíamos, lo que acaba de pasar–”

“No.”

Clyde suspiro una vez más, vencido. Levantó su cantina y comenzó a caminar con una ligera cojera.

El estanque era bastante pequeño y el agua seguro estaba de lo más llena de bacterias, pero a Craig no le importó. Sus piernas dolían, pero la sensación de su garganta quemándose de sed era aún más insoportable. Aceleró sus pasos y corrió directamente dentro las aguas de un metro de profundidad. Se salpicó agua en la cara y forzó tanta bajo su garganta como le fuera posible. Clyde se sentó en la orilla, llenando su propia cantina mientras sollozaba.

Craig flotaba en su espalda, corriendo sus dedos por su negro cabello mojado, deseando poder quedarse ahí para siempre. Tricia y el amaban nada en el pequeño río en Sundorham. No solían ir a menudo, y siempre que iban cerca solo tenían tiempo para terminar cualquier tarea que les habían encargado. Nadar era una oportunidad rara. El repentino golpe de nostalgia causó un sentimiento de felicidad, mientras al mismo tiempo le dio un golpe directo al corazón.

Tricia estaba bien. Tenía que estarlo.

Craig se levantó dentro de el estanque, el agua escurriendo por su ropa. “Como sabremos en qué dirección ir?”

Clyde miró a su amigo, las ojeras oscuras bajo sus ojos notables mientras estaban bajo el sol. “El sol sale por el este. Dando la posición del sol y el tiempo del año, yo diría que son alrededor de las diez u once. Corrimos casi en dirección exacta hacia el oeste por horas, probablemente la misma distancia que un día entero caminando. Necesitamos ir al norte, que está en este lado.” Clyde apuntó a una dirección a la distancia.

“¿Qué tan seguro estas?”

“No estoy seguro de nada, Craig. No tenemos un mapa o una brújula y podríamos estar vagando por horas. Zaron es muy inmenso. Kupa es inmenso.”

“Vas a necesitar hacerlo mejor que eso.”

Clyde cerró sus ojos. “Las estrellas son más útiles para navegar.”

Craig ajustó su collar, asegurándose de que estaba seguro alrededor de su cuello. “Entonces iremos hacia el norte, y en cuanto anochezca podremos posicionar nuestra navegación mejor antes de ir a dormir.”

Craig comenzó a caminar en la dirección que había apuntado Clyde. Podía escuchar a Clyde apurándose para ponerse de pie y seguirlo. La calidad de las tierras planas era increíble para la cosecha, pero no mucho para la navegación. Esto no iba a ser fácil, pero debían intentarlo. No había otra opción.

“Vamos a morir de hambre,” Clyde se quejó después de varias horas. Colapso hacia abajo en el suelo.

“No vamos a morir de hambre, Clyde.” Craig se sentó a su lado. Quizá hoy podrían tomar un descanso.

“Al menos estaré con ambos de mis padres otra vez,” La voz de Clyde se quebró, las lágrimas de nuevo comenzaron a juntarse en sus ojos.

“Tu padre probablemente está bien.”

“Yo vi las flechas de fuego. Vi como caían sobre la gente. Era demasiado lejos para estar seguro, pero vi a un hombre con cabello similar al suyo ser atravesando por una directo en el torso y caer al suelo.”

“Hay demasiados hombres con cabello castaño en nuestra aldea,” le respondió Craig. Clyde no respondió de vuelta.

Craig encontró algunas margaritas en el camino que podían comer, pero no estaban ni cerca a ser satisfactorio. El problema incluso más grave fue cuando se les acabó el agua.

La noches no estaba muy despejada, pero Clyde determinó que debían dirigirse un poco más al este la siguiente mañana antes de llorar hasta dormir. Durmieron en un pequeño puñado de césped bastante alto, que esperaba pudiera protegerlos de cualquier potencial elfo o bandido.

“La capital no va a simplemente dejar entrar a dos huérfanos refugiados a vivir ahí, sabes,” Cyde le dijo la mañana siguiente, “Al menos que quieras convertirte en esclavo.”

“Entonces qué bueno que no somos solo huérfanos refugiados.”

Clyde metió su mano en su bolsillo, alcanzando por una pequeña y plana piedra que le recordaba a Craig de una moneda. Estaba granada con un extraño y detallado diseño al igual que su nombre: Clyde.

“¿Qué es eso?” Le preguntó Craig. Su voz sonaba rasposa, necesitaba más agua con urgencia.

“Sabes como siempre estaba tan confiado de que algún día saldría de la aldea? Es porque me quedé con esto,” Le explico Clyde, “mi identificación de vendedor ambulante. Es como somos permitidos de ir libremente por Zaron. Se supone que debíamos entregarlas en cuanto nos convertimos en campesinos, pero mi padre escondió las nuestras. Disculpa por nunca decírtelo, mi padre dijo que no debía decirlo a nadie. Que orgullo que siempre la llevaba conmigo.”

“Y? Eso que tiene que ver con esto?”

“Puedo decir que simplemente soy un vendedor ambulante que tuvo la mala suerte de estar en Sundorham cuando lo atacaron y que logre escapar,” Clyde apretó la pequeña piedra en su puño. “Tu también deberías pensar en una historia de cubierto.”

“No necesito una,” respondió Craig.

“Y si te equivocas?”

Craig sintió un apretón en el pecho, pero mantuvo su resolución. “No me equivoco.”

El tercer día hubo lluvia. Con lo cediendo que estaban, era una bendición. Clyde corrió bajo la lluvia como un niño pequeño, tratando de atrapar las gotas de agua con su boca abierta. En otro caso, Craig se abría reído de él, pero verlo jugar como siempre solía hacerlo hizo que Craig sonriera– probablemente por primera vez desde el ataque a su aldea.

El cuarto día fue preocupante. El día estaba soleado de nuevo, pero sus cuerpos estaban hechos pastel en lodo por haber sido forzados a dormir en el suelo mojado. La fatiga de caminar ya por varios días sin comida ni agua adecuadas también comenzó a golpearlos. Ya había pasado más tiempo del que Clyde había proyectado les tomaría llegar a la ciudad y todavía no llegaban a la callé oficial.

“Vivir fue bueno mientras duro.” Clyde ya no estaba llorando, pero su voz sonaba débil un gran cambió del tono bullicioso usual. Quizá era por la cantidad de veces que había llorado.

Craig no quería admitirlo, pero también comenzaba a pensar que su viaje no tenía sentido.

Podía sentir la naranja piedra de feldspar pesando en su piel. Quería irse a casa. Quería colapsar en su incómoda cama de paja que siempre estaba llena de insectos. Quería sentir las fuertes patadas de su hermana qué le dejaban moretones. Quería sentir a las ovejas jalar con fuerza y arrancar su cabello apenas comenzaba a dormir. Quería que su padre lo regañara entre dormido por hacer tanto ruido, incluso cuando no era culpa de Craig.

Quería que su madre los despertara a ambos por la mañana con un plato de potaje y una guarnición de pan de cebada. No le importaría si la comida se diluía dolorosamente por la falta de comida. Con que su madre lo cocinara sería suficiente.

El corazón de Craig se aceleró y sus ojos se nublaron. Se mordió el labio.

“Un segundo,” dijo Clyde.

“Que?” preguntó Craig, saliendo de su propia lastima.

“Eso es– ESTAMOS SALVADOS!” Clyde gritó, corriendo hacia adelante sin importar lo cansado que estaba.

“De que estas hablando?”

“¡LA CARRETERA!” Lágrimas de alivio cayeron por sus mejillas. Corrió un poco más adelante, y justo como había dicho, Craig pudo ver un largo camino de tierra color café que atravesaba el sin fin de la verde pradera. Era césped intocado, que parecía extenderse por ambos extremos. Tan pronto como Clyde llegó a ella, se acostó sobre la tierra como si fuera el colchón más suave qué había sentido en su vida. En realidad, la carretera rocosa lastimaba los pies de Craig, en especial porque sus viejos zapatos ya tenían agujeros en las suelas. De todas formas, era algo nuevo. Craig nunca había visto una carretera antes. Sundorham no estaba conectado a una.

“No veo la ciudad,” dijo Craig.

“Bueno no, es más, tal vez aún estemos lejos,” Clyde respondió, con una sonrisa en su cara. “Pero conozco esta carretera! Está conectada a la capital! Solo necesitamos seguir caminando por esta, y eventualmente vamos a llegar.”

“¿Eventualmente?”

“No se que cuánto falta, pero estamos en el camino correcto! Ya no– ya no estamos vagando sin sentido.” Clyde comenzó a sollozar de emoción.

Craig quería que Clyde se levantara y siguiera caminando ahora que sabían el camino correcto para llegar a la ciudad lo más rápido posible, pero decidió que después de todo por lo que habían pasado dejaría a su amigo tener su momento. Craig fue a sentarse junto a él y miró hacia el cielo. Cerró sus ojos y respiro profundo, algo que no se había dado cuenta necesitaba tanto.

Antes de que pasara demasiado tiempo se levantaron a seguir caminando. Por suerte, solo les tomó un par de horas ver la ciudad en la distancia. Al principio Craig se preguntó si sus ojos le estaban jugando una cruel broma, quizá la sed y el cansancio finalmente lo alcanzaron. Se dio cuenta que no lo era cuando Clyde anunció que él también la veía, o más bien lo gritó.

Craig sabía por las historias de su madre que la capital era una de las ciudades más grandes en Zaron, rodeada por grandes paredes de piedra, las más altas en la historia. Aun cuando sabía eso, siendo alguien que jamás había conocido más que una pequeña aldea con menos de 200 personas, nada pudo prepararlo para la realidad.

Era como si la vista de la ciudad en la distancia hiciera que las capas de suciedad se sintieran todavía más pesadas. No había nada para limpiar sus manos y cara manchadas de lodo. Su túnica ya era color marrón, pero la capa de lodo seco que la cubría hacía imposible ver el color original. La túnica más cara y color rojo de Clyde no estaba en un estado mucho mejor.

Más allá de la ropa, su persona entera se sentía asquerosa. Se había acostumbrado al apeste durante el tiempo de su viaje, pero un guardia en la entrada no lo estaría. El sudor de su frente hacia que su cabello negro se pegara a su frente como si acabará de salir de nadar. La sed y el calor dejaron sus labios secos al punto de sangrar. Círculos oscuros hacían una sombra en los ojos de ambos muchachos. Todo esto, sumado al estado casi esqueleto por la falta de comida que habían sufrido desde que las raciones por la guerra, los dejaron pareciendo más zombies qué seres humanos.

“Fuimos personas desafortunadas que solo pasaban por Sundorham cuando todo pasó,” dijo Clyde mientras se acercaban a la entrada.

“No, somos dos ciudadanos de Sundorham buscando a nuestras familias y vecinos. Ojalá ellos no se perdieran tan patéticamente como nosotros.”

“Puedes simplemente decir que eres un viajero o algo así. Tendría sentido que pierdas tu identificación en el desorden del evento. Solo asegúrate de pensar en un nombre falso, en caso de que tengan un certificado de nacimiento para Craig de Sundorham.

“Clyde, suficiente,” Craig lo regañó. Su corazón se aceleró. Su familia estaba en la ciudad, cierto? Tenían que estarlo. Probablemente estaban enfermos de preocupación, pero encontrarían alguna forma de salir adelante. Encontrarían una forma de reconstruir Sundorham, sería un trabajo largo y duro pero debían hacerlo.

Debido al gran foso y las murallas del castillo que rodeaba la ciudad, solo había una entrada. La puerta de hierro era tan alta como imponente, aunque se alzaba frente a un sencillo y discreto puente de madera. La puerta estaba cerrada– La ciudad de Kupa Keep no dejaba entrar a nadie tan fácil en tiempos de guerra.

“Hagan saber su asunto” Exigió el portero al acercarse los dos muchachos. Tenía vestimenta de tela sencilla pero de aspecto caro; claramente no era un guardia. O al menos no el tipo con el que Craig estaba familiarizado. Había guardias con armadura de pies a cabeza a ambos lados de la puerta, encargados de defender la ciudad de posibles intrusos.

Clyde alcanzó por su bolsillo y tiró su pequeña piedra al portero. “Soy Clyde, hijo de un vendedor ambulante llamado Roger. Este es mi amigo. Somos ciudadanos del Reino de Kupa Keep aquí para dar y recibir información sobre el estado de Sundorham.”

El hombre comenzó a carcajearse como si Clyde le acabara de contar un chiste. “Sundorham? No hay mucha información sobre ese lugar a este punto.”

El pecho de Craig se apretó. “A que se refiere con eso?”

El portero se continuó riendo mientras examinaba la piedra con cuidado. Después de observarla detalladamente por ambos lados, se la tiró de vuelta a Clyde. Con una postura relajada, camino hacia la puerta y jalo de la palanca para abrirla.

“Ustedes dos tienen suerte.” Dijo el portero. Señaló a dos guardias parados a cada lado de él. “El Gran Hechicero quiere cualquier tipo de información sobre las aldeas atacadas. Sigan a los guardias, ellos los llevarán a donde necesitan ir. Entonces tendrán sus respuestas.”

Sin darles tiempo para responder, Craig y Clyde fueron empujados hacia adelante por los guardias en camino a la ciudad. Craig abrió su boca para protestar, pero Clyde tomó su brazo y le dio una mirada firme para que no lo hiciera.

Una vez entraron a la ciudad por completo, todos los pensamientos de Craig se callaron. Había más personas en su línea de vista qué las que había conocido en toda su vida combinadas. Vio mujeres en vestidos elegantes como su madre le había contado, solo que con más detalles que se pudo haber imaginado. A lado de ellas, había mujeres en trapos similares a los de las mujeres de su aldea. Había olores que jamás había conocido en su vida. Las ventanas de las tiendas estaban llenas de objetos llenos de color que Craig no tenía idea para que eran. Los comerciantes vendían sus productos con tarjetas en la callé, realizando transacciones con la gente que caminaba por ahí. Había niños pequeños corriendo con juguetes en forma de animales y criaturas que no podía reconocer.

Por supuesto, Craig no podía detenerse a realmente tomar la escena. Los guardias empujaban a Craig y a Clyde con fuerza hacia enfrente sin importarles las vistas frente a ellos. Dieron vuelta en dirección a la puerta de una torre que se encontraba en la gran pared, casi tirando a los muchachos hacía enfrente. Estaba oscuro y húmedo, iluminado tan solo por algunas trochas en la pared. A la izquierda había una gran escalera por las que les ordenaron subir rápidamente. La única escalera que Craig había subido era la que llevaba al segundo piso de la posada, pero esta ascendía en espiral sin fin. Los condujeron a una habitación mejor iluminada con una gran mesa iluminada con velas, custodiada por otro guardia.

“Siéntense,” ordenó uno de los guardias, señalandoles hacía dos sillas. En frente de cada una, había un tazón con agua y una toalla húmeda. Clyde rápidamente obedeció, sentándose y lavando algunas capas de suciedad de su cara y manos. Craig se sentó lentamente, sin estar seguro de que significaba toda esta situación. Tan pronto como se sentó, los dos guardias que los habían traído aquí se dieron la vuelta para irse.

Craig se disparó de pie. “Pero qué hay de–”

“Sentado” el mismo guardia ladró, “Alguien vendrá con ustedes en un momento. Deberías limpiarte primero.”

Craig apretó los puños pero obedeció. Esto era estúpido. ¿Por qué estaban sentados aquí? ¿Cómo podía Clyde sentarse y lavarse ahí sin preocupación alguna? Craig dejó su propia toalla húmeda sin tocar.

La espera se sintió eterna, pero eventualmente una figura alta entró. Era un hombre adulto que no parecía estar vestido de guardia. En cambio, vestía ropas elaboradas, lo más notable era una capa azul a rayas. Parecía tener más o menos la edad de sus padres, con cabello azabache y un bigote que a pesar del aparente valor de su ropa, no parecía estar bien afeitado. De hecho, su aspecto general parecía algo demacrado.

“Hola muchachos,” dijo él hombre sentándose. Había un cierto arrastre en sus palabras.

“Esto es estúpido,” dijo Craig sin titubear. “Solo queremos saber cuál fue el daño a Sundorham y en donde están todos los sobrevivientes.”

“Sobrevivientes?” Preguntó el hombre, y el arrastre en la forma que hablaba se volvió más obvia.

“Que sí, imbécil borracho. Eso es por lo que estamos aquí. Queremos saber qué pasó con Sundorham.”

“Sundorham ya no existe, muchacho,” el hombre se comenzó a reír. “Todas las viviendas fueron destruidas por el fuego. Dicen que hasta la última persona– hasta el último niño fue asesinado.”

Craig se congeló, y aun así su corazón latía como tambor. No le sorprendería si pudiera ser escuchado por la ciudad entera. “No le creo, tiene que haber otros que escaparon.”

“Nop,” dijo él hombre, “hemos enviado personas a revisar. Incluso mataron a todos los animales. Ese maldito fuego de los elfos parece que no se apaga con nada. Había escuchado que la actual Reina de los Altos Elfos era desgraciada, pero carajo.”

“No le creo,” Craig repitió. Su cuerpo temblaba. “Las personas pueden huir. Las personas siempre huyen de todo.”

“Ni siquiera los guardias fueron capaces de huir de esta magia,” el hombre frunció sus cejas con frustración. “El batallón entero que suponía defender a la aldea fue asesinado. Guardias en todos lados están siendo asesinados.”

“Tú cómo podrías saber algo de esta magia?!” Craig dijo apretando los dientes.

Sin dudarlo, el hombre miró hacia unas velas apagadas en el centro de la mesa. Chasqueo los dedos y de ellos salió una pequeña llama naranja. Llevó la mano a la vela y la encendió. Era una llama normal, a diferencia de las llamas multicolores qué vio envolver su aldea, pero Craig tenía muy claro lo que acababa de suceder. Sus ojos se abrieron de par en par. El hombre había usado magia.

A Craig se le encogió el corazón. Todos los elfos usaban magia, claro, pero no los humanos. Sobre todo en el Reino de Kupa Keep. Al fin y al cabo, el Gran Hechicero no quería competencia. Podrían alegar que era por la seguridad de la gente, pero todos sabían que esa era la verdadera razón. Los bebés que Craig vio ser arrebatados de sus padres no representan ninguna amenaza para su aldea.

Podrían salirse con la suya robando bebés mágicos a los campesinos, pero eso obviamente no sería bien visto por la nobleza. Si fueran demasiado mágicos, no habría excepciones, pero ¿y si sus habilidades fueran suficientes para ser útiles sin representar una amenaza para el hechicero? Esos afortunados nobles mágicos se convertirían en algunas de las personas más poderosas de todo Kupa.

“Como decías?”

Se mordió el labio con fuerza. “Nosotros escapamos. Estábamos en Sundorham cuando sucedió!”

Las cejas del hombre se alzaron. La mirada en sus ojos casi parecía sobria. “Eso es cierto, Clyde?” Preguntó.

Los ojos de Clyde estaban rojos e hinchados y se agacho en su asiento. Se secó los ojos y la nariz con la manga, pero las lágrimas seguían cayendo. Aun así, tragó saliva con dificultad e intentó responder con voz serena. “Si, estaba allí por negocios. Con mi padre y… un amigo. Pero yo… mi padre estaba dentro del pueblo. Estábamos en las afueras, del lado opuesto a la invasión. Huimos en cuanto la vimos, mientras todos los demás corrían hacia la ciudad para ayudar. Así es como escapamos.”

“Y cuantos años tienen?”

“N-Ninguno de nosotros sabe nuestra edad exacta, siendo plebeyos y todo, pero ambos alrededor de… catorce, señor,” Clyde sollozo.

“Y ustedes corrieron juntos?”

“Si,” ambos contestaron en unison.

“Y tu,” el hombre miró a Craig a la cara. Sus ojos estaban rojos, pero atentos. “Eres un plebeyo campesino? Deberías saber que no los dejamos pasar a la ciudad sin una buena razón. Al menos que quieras ‘trabajar’.”

“¡No lo es!” Clyde se opuso, levantándose de su silla. “Estaba viajando con mi familia. N-No es vendedor ambulante tampoco pero–”

“Tienes alguna identificación?” Le pregunto directamente a Craig.

“No,” respondió Craig. Esa furia que lo había tenido temblando se había desaparecido. Lo único que sentía era frío. Entumecido.

“Si no tienes alguna identificación con la que demostrar que eres hombre libre, la ley de Kupa Keep dicta que no lo eres,” explicó el hombre, “Y si no tienes una familia que te reclamé, lo más seguro es que seas enviado a la ‘Fuerza Laboral’.”

Craig pestañeo, pero continuó con la mirada baja en la mesa de madera. Entonces sus padres evitando que el guardia se lo llevara en ese entonces fue para nada, huh?

“Lo lamento, si pudiera ayudarte lo haría,” dijo el hombre. Su voz era gentil, y su mirada suave.

A Craig no le importaba nada de lo que le quería decir. Le importaba su familia. Su padre, el hombre que trabajaba tan duro en las tierras desde que salía hasta que se ocultaba el sol. Craig no era tan cercano a él como lo era con su madre, los dos tenían poco en común, pero siempre lo respetó. Sabía que al final del día, ese hombre haría lo que fuera para poner comida en la mesa para su familia.

Le importaba su madre. La hermosa y joven mujer de la nobleza que había crecido en esta misma ciudad y la cual abandonó su cómoda vida y libertad para convertirse en la esposa de un plebeyo, pero ella era más que eso. Siempre había sido increíblemente inteligente, valiente y se esforzaba al máximo por transmitirles esa herencia a sus hijos. Su collar le pesaba en el pecho.

Le importaba su hermana. Estaba alegre esa misma mañana, casi saltando mientras salía hacia la posada. Le encantaba estar allí. Aunque había poca gente por la guerra, disfrutaba de su entrenamiento para encargada. Y cuando llegaban visitas, era aún mejor. Le encantaba aprender sobre el mundo que la rodeaba. Quería ser parte de él, verlo todo. Craig siempre le decía que era una tonta.

“Aunque tu amigo es libre de entrar a la ciudad,” dijo el hombre.

Su madre dijo que los alcanzaría. Pero, ella le dio su collar antes de que él corriera. Si en realidad pensaba que podría alcanzarlos, ¿por qué se lo dio? Quería estar con su hija mientras el fuego las consumía?

No escaparon.

“Espere, no!” Clyde se levantó de nuevo. Los guardias parados a la entrada caminaron hacia enfrente y hacia ellos. Uno tomó a Clyde del brazo, jalandolo hacia atrás. Craig también fue aprehendido, pero no sé resistió.

Craig se dio cuenta de que su madre nunca tuvo esperanzas de encontrar a su padre. No mencionó nada acerca de él reuniéndose con ellos. Estaba en los campos con el ganado más cercano a la ciudad. Las primeras flechas cayeron con estrépito cerca de donde él habría estado.

Se habían ido. Los tres. En el fondo, lo sabía desde el momento en el que se separó de su madre y echó a correr. Simplemente no se había permitido aceptarlo. Ahora no tenía excusa.

“¡ESTÁ EDUCADO!” Gritó Clyde, “sabe leer! Si fuera un plebeyo campesino no sería capaz de hacerlo!”

Craig miró hacia arriba, como si Clyde lo hubiera sacado de su trance.

“¿Hablas enserio?” Preguntó el hombre. Craig podía jurar qué vio una luz encenderse en sus ojos.

“Si,” respondió Craig. Su voz sonaba como si se le hubiera escapado el alma, era justo como se sentía.

El hombre buscó entre sus cosas. Le tomó un momento, pero logró sacar un gran pergamino. Se lo entregó a Craig. “Lee esto.”

A Craig le temblaban las manos, pero lo abrió con cuidado.

“Por decreto del Gran Hechicero Eric Theodore Cartman, Jefe de Estado en funciones de Su Alteza Real la Princesa Kenny,” Leyó Craig con atención, pero con fluidez, con su voz suave. “En represalia por la destrucción de las tierras del Reino, Sundorham, Flecha Rota, y Heatherworth, El Reino de Kupa Keep declara la guerra absoluta al Reino de los Altos Elfos y busca la muerte de la actual Reina de los Altos Elfos.”

Dos aldeas más. La destrucción de Sundorham ni siquiera fue un incidente insólito. Solo fue una de muchas bajas. ¿Cuántas más habrá en el futuro?

El hombre lo observó con los ojos abiertos de par en par y lentamente tomó de vuelta el pergamino. “Eso es lo suficientemente bueno para mí,” dijo él, enrollando el pergamino hasta cerrarlo con un pequeño snap.

Craig ni siquiera se había dado cuenta cuando Clyde fue liberado. Rodeó sus brazos alrededor de Craig y comenzó a llorar en su hombro. Craig por instinto descanso sus brazos en su espalda. Clyde parecía más aliviado por la situación que él.

“Lord Marsh, con todo respeto, la literaria por sí sola no es un factor suficientemente para determinar el linaje,” un guardia se opuso.

La cara del hombre– Lord Marsh, crecía más suave, sus ojos rojos estaban llenos de una mirada que Craig no podía describir. “Yo dije que es suficiente.”

“Probablemente solo siente lastima por el porqué se parece un poco a su hijo muerto,” uno de los guardias se burló. “Al Gran Hechicero no le va a gustar eso.”

En un abrir y cerrar de ojos, él Lord Marsh levantó un brazo. Con un movimiento de muñeca, su mano expulsó una luz brillante de energía que empujó a los dos guardias hacia atrás. Ambos chocaron con fuerza contra la oscura pared de piedra y cayeron inertes sobre la tienda. Se acercó a ellos y los empujó suavemente con los pies, asegurándose de que estuvieran inconscientes. Craig abrió mucho los ojos. Si este hombre era un mago "débil", sólo podía imaginar el poder de alguien como el Gran Hechicero. Con razón los caballeros no resistieron ante un ejército de elfos mágicos.

"Ignoralos," dijo, fingiendo no haber usado magia para noquear a dos guardias. Se acercó y se paró frente a Craig, mirándolo fijamente con sus ojos oscuros. "No me has dicho tu nombre." Cogió un libro grande del borde de la mesa. "Lo necesitamos para el registro."

Craig ya se sentía paralizado, pero la pregunta no le servía de nada. ¿Por qué no seguía el consejo de Clyde y se le ocurría uno? Ahora no podía pensar. ¿Cómo iba a pensar? Instintivamente, su mano se llevó el colgante naranja de su madre al pecho, escondido bajo su túnica embarrada. Sintió la piedra contra su pecho palpitante y dolorido. Cerró los ojos y respiró hondo.

“Feldspar,” Contestó. “Mi nombre es Feldspar.”