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Capítulo 1: La Nota Discordante
El sol de la tarde filtraba las copas de los árboles, pero para Satoru Gojo, la luz era una molestia irrelevante. Estaba aburrido. El Six Eyes le mostró el mundo como una roja inmensa y colorida de Energía Maldita, un sistema de ecuaciones perfecto y tedioso. Los estudiantes de Kioto y Tokio se preparaban para el Intercambio, y él percibía cada movimiento, cada gasto de CE, cada músculo tenso.
Y en ese cosmos de información infinita, había una falla.
El origen era Miwa Kasumi.
Gojo la vigilada desde el muro, con las manos en los bolsillos. Ella era, superficialmente, el epítome de lo normal. Pelo azul claro, algo alto, una forma en el Battojutsu limpia y diligente.
Bonita. Es mi tipo, de hecho. Lástima que sea tan despistada . La fugaz nota mental sobre su estética fue un dato que su mente procesó en un microsegundo, como cualquier otra variable, para luego descartarlo y centrarse en el verdadero desafío.
Miwa desenfundó su espada.
El Six Eyes de Gojo se tensó, no por el peligro, sino por la incoherencia.
Ella estaba nerviosa. El Six Eyes leyó el temblor casi imperceptible en sus muñecas. Esa presión, ese pico de estrés, fue el desencadenante.
Para Gojo, la Energía Maldita era un río caudaloso y ruidoso. La técnica de Miwa, sin embargo, no hacía ruido. En el instante en que ella ejecutó el corte, se produjo un silencio sensorial absoluto para los Seis Ojos. No era invisibilidad; era negación. Su técnica no desviaba el río, sino que creaba un agujero negro temporal. Un vacío del espacio que duraba una fracción de segundo. La información simplemente desaparece.
— Interesante, sutil para el mundo pero descarado para mis ojos—
No solo la energía del corte se evaporó, sino también el ruido cromático del aire y la propia textura del espacio alrededor de la hoja. Para su mente, fue como si un píxel del universo perfecto se hubiera quemado.
— Dato faltante — gritó su mente, un error que era imposible. El Infinito lo era todo; esta técnica era la nada en un punto.
Gojo se ajustó la venda negra, sintiendo la irritación recorrer su pecho.
“No es una Técnica Innata”, murmuró en voz baja. "No está ahí. Fue puesta ahí".
El Six Eyes le permitió rastrear el flujo anormal de la técnica hasta su origen en el sistema nervioso de Miwa. No tenía la firma orgánica y caótica de una manifestación natural. Tenía la firma limpia, artificial y brutal de una ingeniería.
—El flujo está cableado de forma antinatural. Esto no es evolución. Es experimentación de alto nivel. Ciencia maldita prohibida.—Gojo irritante. Su sonrisa era grande y burlona, pero sus ojos estaban fríos bajo la venda.
Su sonrisa era grande y burlona, pero sus ojos estaban fríos bajo la venda.
“Qué descaro,” pensó. “Usar a la hechicera más insignificante como su cabina de pruebas. ¿Es ella una víctima o el peón más sutil de mi enemigo? ¿Creyeron que no me daría cuenta?”
Se enderezó. El aburrimiento había desaparecido. Este no era un simple estudiante. Este era un desafío técnico personal y, potencialmente, la amenaza más sutil que su enemigo había diseñado... Y estába en su cancha de juegos.
Miwa, ajena a la tormenta en su interior, envainó su espada con un suspiro de alivio. Parecía algo cansada.
Miwa se secó la frente. Se sentía avergonzada por el nerviosismo. Era Miwa Kasumi, la humilde usuaria del Estilo Simple, y temblaba al hacer el battojutsu frente a su ídolo, Gojo Satoru.
Una sombra cayó sobre ella.
Levantó la vista y tuvo que dar un paso atrás. Gojo había saltado del muro sin hacer ruido, acercándose a ella con una facilidad casual que contradecía la presión atmosférica que emanaba.
—Kasumi Miwa —dijo Gojo, inclinando la cabeza. Su voz, normalmente jovial, tenía un tono metálico, investigativo—. Eres de Kioto.
Miwa se inclinó, sintiendo que sus rodillas se doblaban por la reverencia.
—Sí, Gojo-sensei. Un placer enorme.
Gojo le dedicó una de sus grandes sonrisas burlonas, esa que le provoca a Misa una sensación de cosquilleo y calor en su cuerpo, pero notó que la sonrisa no alcanzaba sus ojos vendados.
—Oye, tengo un pequeño problema logístico —continuó—. Estoy aburrido. Y tengo un par de cosas que necesito que se hagan en Tokio. Necesito a alguien... desechable.
Miwa parpadeó. La palabra la golpeó. ¿Desechable?
—¿Disculpe? —preguntó, sintiendo que le ardían las mejillas y su voz salía un poco más aguda.
—Relájate. Significa alguien que nadie extrañará si está ocupado. El intercambio está cerca, y tú, honestamente, no vas a hacer mucha diferencia en el panorama general. Así que te voy a apartar por un par de días.
Miwa sintió una punzada de dolor, pero Gojo ya estaba sacando su teléfono.
—Mira, necesito un cuerpo en la zona. No te necesito a ti, necesito presencia en un lugar específico. Es una misión simple de reconocimiento y protección de bajo nivel en una zona remota de la ciudad. Solo tienes que hacer el paripé. Y como eres la más flexible de todo el grupo, nadie hará preguntas.
Gojo le lanzó el teléfono, y Miwa lo atrapó instintivamente. En la pantalla, un mensaje de texto ya estaba redactado con la dirección de una vieja mansión de Tokio y una hora de encuentro.
—Esta noche. Ven sola. Si le dices a alguien que te asigné esto, te borraré del mapa antes de que puedas decir Maki. ¿Entendido?
La sonrisa de Gojo desapareció, dejando solo la expresión fría de un jefe. Miwa lo sintió: No le interesaba su persona, sino el cumplimiento de una misión.
—¿Por qué yo, Sensei? —Miwa logró forzar la pregunta, su voz casi un susurro.
Gojo se encogió de hombros, volviendo a saltar al muro con esa facilidad sobrenatural. Su respuesta fue un eco resonante.
—Tengo que verificar algo. —Su voz se elevó, ahora con un tono de desafío personal—. Y tú eres la única variable disponible que me resulta curiosa.
Miwa se quedó sola, con el teléfono caliente en la mano. La orden era un insulto, pero el interés de Gojo era un imán.
¿Una misión secreta? ¿Una prueba? La mansión olía un peligro, a algo más grande de lo que decía Gojo. Miwa no lo sabía. Pero lo que sí sabía era que, por primera vez, el hechicero más fuerte del mundo la había mirado y la había encontrado digna de su tiempo, aunque fuera como un simple instrumento.
