Actions

Work Header

La niña más bonita

Summary:

Ryusei, con ocho años recién cumplidos conoce lo que es enamorarse gracias a su viaje a Kamakura donde conoce a la niña más linda de todas sin saber la verdad: Rin no es una niña, sino un niño.

O

Ryusei descubre la verdad diez años después al reencontrarse.

Notes:

Habrá veces que se mencionará a Rin con pronombres femeninos y otras donde no, eso es debido porque la mayor parte del fic está a ojos de Ryusei, perdonen sí los confundo :[

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ryusei estaba demasiado feliz. Por fin lo habían llevado a ver la casa en la que su madre se había críado en su infancia. En lo personal le habría gustado haber ido en otro momento, tal vez antes, pues no le parecía justo que esa fuera a ser la primera y última vez que fuera ya que su abuela se iría con ellos a vivir a Tokio. Pero, sin dejar que eso lo desanimara, bajó del carro y entró igual a un huracán a la casa de su abuela, quien lo recibió con un abrazo y un beso. 

Su madre entró tras él, ya algo cansada por haber tenido que responder cada dos minutos la misma pregunta de su pequeño alborotador: «¿Ya casi llegamos?» la había atormentado todo el  camino. Si era sincera.. no entendía a quién se parecía su hijo. A ella no, de eso estaba seguro —aunque, sí se lo preguntabas a la abuela de Ryuse te diría que esa es una vil mentira—, y su esposo era demasiado tranquilo, así que esa opción estaba descartada. Quizá tenía parecido a su madre, la abuela de Ryusei; ella en su juventud fue alguien tremenda, al menos antes de quedar embarazada. 

Todo lo que ella deseaba hacer era descansar un rato, más, con Ryusei teniendo ocho años recién cumplidos, eso sería difícil. La energía que desbordaba de él era tanta que estaba segura que sería suficiente para iluminar todo en Shibuya. Por ende optó por la mejor decisión. 

—Ryu, ¿no quieres ir a explorar? —su voz sonó fuerte, energética—. Hay un parque cercas, pueden ir a jugar con tu balón. 

La abuela levantó una ceja. ¿Iba dejar ir a Ryusei solo en un lugar que él no conocía? Sí Shiro, el esposo de su hija escuchara eso, le daría un paro cardíaco. De verdad que su hija era una despreocupada. 

Antes de que pudiera decir algo al respecto, Ryusei se apartó de ella y corrió a la puerta. 

—¡Volveré en un rato! —gritó, agachandose para tomar el balón que había dejado caer junto a la puerta. Justo cuando estaba por echarse a correr, se detuvo y volteó a ver a su madre y abuela—. ¡Las amo! 

Y con eso se fue corriendo sin mirar atras.

Ryusei recordaba perfectamente dónde había visto el parque. Desde que lo miró supo que deseaba ir a pasar el rato. No importaba sí estaba solo, se la pasaría genial. 

Al llegar a este, recorrió con sus ojos rosados todo el lugar. Una sonrisa se formó en sus labios al divisar una cancha de fútbol. Sí, había unos niños jugando ahí, pero podría intentar unirse a ellos, al fin y al cabo ellos no sabían lo salvaje y poco cooperativo que era a la hora de jugar.

Con eso en mente empezó a acercarse con pasos ansiosos, pero al estar a unos metros de la cancha, algo llamó su atención: una niña. Una muy linda. Parecía una princesa.

No pudo evitar ya no moverse y bajar la vista para ver a esa linda niña de cabello oscuro y grandes ojos verdes azulados.

Ella se encontraba sentada en el césped, jugando con lo que recordaba como el kaijū y héroe de esa caricatura que a algunos compañeros de su salón les gustaba. Era curioso eso. Que a una niña le gustara eso. Y era aún más curioso ver como la pequeña hacía que el villano le ganara al héroe, sin ningún acto que hiciera al héroe levantarse para salvar al mundo. No, nada de eso, el héroe quedó tirado, siendo pisoteado por el kaijū.

Sería divertido jugar con ella. 

Sonriendo dió un paso a la niña. 

—¿Estas sola? —al preguntar aquello, la desconocida levantó la cabeza y lo miró con sus grandes ojos.

Su corazón, sin razón aparente, se aceleró casi igual a cuando mete un gol. 

—Espero a nii-chan —respondió dándole un vistazo a la cancha donde jugaban unos niños.

Ryusei siguió la mirada de la niña. Supuso que el hermano mayor de ella era el niño más llamativo ya que tenían el mismo par de ojos —aunque los de ella eran más bonitos—. 

—¿Por qué no estás con él? —frunció el ceño, sin entender que hacían separados. 

Ella volvió a verlo. 

—No juego al fútbol. 

¿Acaso no jugaba al fútbol por ser una niña y porque los demás decían que eso era cosa de niños? Eso era injusto, ella también podía jugar si quería. 

—¿Cómo te llamas? —antes de proponerle cualquier cosa debía saber el nombre de su nueva amiga—. ¡Yo me llamo Ryusei! 

—Rin —su voz era tan suave y baja que le era imposible no encontrarla adorable. 

—¿Quieres jugar conmigo? ¡Puedo enseñarte si quieres! —extendió el balón con emoción, feliz de poder enseñarle a alguien a jugar.

Rin lo miró con duda. Nadie lo invitaba a jugar nunca por ser raro. En muchas ocasiones solo lo aceptaban por ser el hermanito de Sae. Ryusei no sabía nada de eso, pero aún así.. 

—Está bien.. —se puso de pie, sacudió sus shorts y dejó en un lugar seguro sus juguetes antes de volver con Ryusei. 

Ryusei dejó caer el balón al suelo y lo pateó en dirección a los pies de Rin. No usó toda su fuerza, recordando a su padre decirle que, al jugar con alguien más pequeño que él, debía ser cuidadoso. 

Rin, en respuesta, le regresó el balón con una patada. Demasiado bien para alguien que no jugaba. 

Quiero jugar con ella para siempre. 

El corazón de Ryusei saltó de alegría. Por fin alguien jugaba con él. 

Ambos duraron un rato pasándose la pelota y metiendo goles a porterías imaginarias. 

Las risas de ambos resonaron en el parque, lo cual llamó la atención de cierto hermano mayor que dejó lo que hacía al ver a su hermano menor con un niño desconocido. 

Justo cuando Rin le había dado un pase a Ryusei, llegó Sae, tomando lo que le correspondía a Ryusei, dandole de lleno al tronco del árbol que habían estado usado como portería. 

—Rin, ¿quién es él? —en vez de preguntarle al niño quien era, prefirió preguntarle a su hermano. 

—Nii-chan.. —Rin, por instinto, se acercó a Sae. Al oír la pregunta, volteó a ver a su nuevo amigo que había ido a tomar su balón y que miraba un tanto mal a Sae—. Ryu.. es Ryusei, nii-chan. Me invitó a jugar. 

El corazón de Ryusei se paró unos segundos. ¡Rin le había dicho Ryu! 

Sae arqueó una ceja. Miró al rubio. Lo escaneó de arriba abajo, casi criticando su mera existencia. 

—¡Eres el hermano mayor de Rin! —más que pregunta era una confirmación alegre—. No entiendo porque no juegas con ella, ¡es demasiado buena! 

Sae no escuchó nada, porque de haber sido así habría corregido a ese niño griton por llamar a su hermanito como una niña; todo lo que pasaba por su mente era lo horrible que era que un desconocido llegara y le mostrara a Rin algo que él podía enseñarle. 

Simplemente celos de hermano mayor en su máximo esplendor. 

—No eres de por aquí, ¿verdad? —cuestionó Sae, pues en su vida había visto ese cabello rubio con puntas rosadas y ese tono de piel bronceado. 

—No, yo soy de Tokio —si Ryusei tuviera cola, se menearía de un lado a otro igual a la de un perro. 

Rin tocó la muñeca de Sae, llamando su atención con ese simple toque.

—¿Nii-chan jugará con nosotros? 

La pregunta sacó de su orbita a Sae, sus ojos se abrieron un poco por la sorpresa pero la disimuló rápidamente. Intentó ser indiferente, más no lo logró al ver la esperanza en los ojitos soñadores y de cachorro que tenía Rin. Soltó un suspiro y asintió.

—Jugaré con ustedes —afirmó, arrepintiendose al instante en el que el denominado Ryusei lo abrazó por los hombros.

—¡Llevemonos bien, pestañitas mayor!

Sae de verdad quería a ese niño lejos de su hermanito y Rin estaba demasiado feliz por tener al fin un amigo. No es como que alguna vez hubiera deseado uno, después de todo tenía a su hermano mayor, debía igual forma no estaba mal tener a alguien más con quien jugar.

Esa tarde fue grandiosa para dos de los tres niños. De verdad que no había nada mejor que tener compañía. Al final, cuando ya se había hecho tarde y Sae decidió que lo mejor era volver a casa, Ryusei no pudo evitar esperar que ya fuera el día siguiente para volver a ver a Rin a pesar de que apenas se hubiera ido.

 


  ★

 

Ryusei ya estaba ansioso por ir al parque. No podía esperar mucho tiempo más, pero lo intentaba para no hacer enojar a su madre o abuela, para quienes era muy importante el desayuno y que se aseara bien.

Sentado jugaba con los palillos, esperando su porción de arroz de forma distraída, preocupando a su madre que estaba sentado frente a él. Puede que ella hubiera deseado que su hijo fuera menos explosivo en ocasiones, pero eso rozaba lo exagerado y le preocupaba.

—Hijo, ¿estás bien? —preguntó insegura, intenado ser una madre modelo. Además, todavía no podía preguntarle sí su conducta se debía a que consumía drogas. Para ello debía esperar unos años más o a que estuvieran en Tokio. En Kamakura nunca pasaría eso.

Ryusei levantó la vista de la mesa, sus ojos rosados se toparon con los de su madre que era exactamente del mismo color.

—¿Crees que ella seguirá ahí para jugar conmigo? —la voz del niño sonó demasiado tranquila, con duda real, incluso con un poco de incertidumbre.

Ella quedó perpleja.

—¿Eh?

Por su parte la dueña de la casa soltó una risa que resonó en todo el comedor mientras colocaba dos tazones de arroz, uno para su nieto amado y otro para su hija.

—¿No oíste, Ryoko? —dijo entre risas contenidas—. Mi Ryusei te preguntó sí crees que ella estará ahí para jugar con él.

Claro que había oído, pero le impactaba de sobremanera que el demonio que tenía por hijo se hubiera llevado bien con una niña. Usualmente ellas le tenían asco a Ryusei y los niños le tenían miedo.

—¿Cómo es ella, Ryu, es bonita? —Ryoko se emocionó. ¡Su hijo por fin tenía una amiga!— ¿Cómo se llama? ¿Es de aquí?

Una sonrisa tímida apareció en los labios de Ryusei. El entusiasmo de su madre siempre lo entusiasmaba también, pero hablaban de Rin.

—Se llama Rin. Es muy linda. La niña más bonita que hay en el mundo. No hay nadie tan hermosa como ella —al empezar a hablar la timidez se fue y la emoción apareció.

La abuela silbó.

—Tengo ganas de conocerla ahora.

—¡Les agradará mucho, yo lo sé!

—Seguro que sí —sonrió la mayor—, pero come, no se vaya a enfriar la comida.

Una vez Ryusei terminó de desayunar corrió a bañarse y lavarse los dientes. Se puso sus mejores ropas —según él— y antes de salir de casa prometió volver para comer.

Igual al día anterior, el camino al parque fue rápido y corto. Literalmente llevaba apenas un día en Kamakura y ya sabía como llegar.

No llevaba su balón, pensando que Sae llevaría el suyo —Sae había mirado con desprecio su balón por tener parches por todos lados—. Grande fue su sorpresa al encontrar solo a Rin. Sae no estaba a la vista, ni siquiera en la cancha de fútbol. Eso era curioso, así que se sentó juntó a Rin que jugaba con sus juguetes.

—¿Y Sae?

—Nii-chan entrena casi toda la semana. Solo descansa tres días—Rin dejó sus juguetes y levantó la vista, sus ojos se encontraron con los de Ryusei. En respuesta el rubio tarareó.

Ambos se quedaron en silencio.

Raro, ya que Ryusei raramente estaba callado, pero eso no era algo que supiera Rin.

—¿Quieres ir por una paleta? Nii-chan me dio dinero para una, pero creo que alcanza también para ti —Rin interrumpió el silencio con esa vocecita suya que te invitaba a dormir y relajarte.

Los ojos de Ryusei se iluminaron. ¡Rin estaba invitándome una paleta! No podía negarse.

—¡Claro! —se puso de pie en un salto, ofreciéndole una mano a Rin como todo un caballero.

Ella lo aceptó. Tomó su mano y, en vez de soltarse, entrelazó sus dedos.

Ese simple gesto hizo que las mejillas del mayor de los dos se ruborizara.

—¿Rinrin? —su voz salió demasiado baja, avergonzada y feliz.

—Vamos —pero ella no le dió importancia, simplemente empezó a guiar el camino a la tienda de convivencia a la que siempre acudia con su hermano mayor.

Ryusei estaba demasiado feliz. Rin estaba sosteniéndolo de la mano. De la misma manera en la que lo hacían los protagonistas de las series románticas que miraba su padre y lo hacían llorar mientras su madre se burlaba de él.

Estaba tan feliz que nada salía de su boca. Todo lo que escuchaba era el latir de su propio corazón y fuegos artificiales por todos lados.

Eso significaba algo, ¿no?

Lo que no sabía Ryusei era que Rin estaba acostumbrado a tomar de la mano a Sae para ir a cualquier lado. Era algo normal, cotidiano. Quizá algo confianzudo siendo que apenas conocía a Ryusei, pero no importaba.

Y, de esa manera se fueron a la tienda de convivencia más cercana; en un silencio demasiado cómodo y con una tensión unilateral.

Al llegar a la tienda la campanilla en la puerta sonó por todo el lugar y la señora tras el mostrador los saludó. Rin tomó dos paletas, las que acostumbraba a comer con su hermano. Después salieron y se sentaron en una banca fuera la tienda. Fue ahí cuando de forma inevitable se soltaron de las manos para comer sus paletas de hielo.

Ryusei ya extrañaba el tacto de Rin.

Una vez acabaron sus paletas, Ryusei notó algo.

—¡¿Eh, perdí?! —exclamó, sin entender nada. Sus cejas se fruncieron. ¿Cómo había perdido sí ni siquiera le habían explicado el juego? Volteó a ver a la niña a su lado—. Rin-chan, ¿qué te salió a ti?

Él no iba a quedarse con la duda de nada.

Rin parpadeó, volteó a ver a Ryusei y sacó el palito de paleta de su boca. Ya se la había acabado hace un rato, pero le gustaba lamber el palito de madera hasta quitarle el sabor del helado y toda la boca le supiera a madera.

Sus ojos aqua bajaron y respondió: —Gané —para demostrar que decía la verdad se acercó a Ryusei. No lo cálculo bien y terminó acercándose demasiado, fue tanto así que sus hombros se rozaron y eso puso algo nervioso a Ryusei—. Mira.

Pero en vez de ver el palito de madera, miró a Rin. Se miraba tan bonita. Tanto que su corazón se aceleró.

—Ah, si.. —fue lo único que salió de la boca de Ryusei, quien no prestaba para nada de atención al pequeño objeto.

Rin es demasiado bella. La niña más linda del mundo.

 

____________

 

Toda la semana transcurrió de la misma manera; Ryusei despertaba, desayunaba, se vestía y cepillaba los dientes para después ir al parque a jugar con Rin. Llegando a casa comía, le contaba a su madre y abuela todo lo que había hecho con Rin y finalmente se metía a bañar antes de ir a dormir. Muy de vez en cuando miraba la televisión, pero no siempre ya que le gustaba más ir a acostarse temprano para poder ir totalmente lleno de energía a jugar con Rin.

Esa había sido la rutina.

Sin excepciones.

Hasta ese día.

Ryusei había tardado un poco más de lo habitual en llegar al parque, todo porque su abuela le había pedido ayuda a regar las plantas y darle de comer a los pajaritos que no paraban de pillar, exigiendo comida.

Eso no fue lo único distinto. Sino que al llegar al parque no miró a Rin donde usualmente lo esperaba. En ese instante se preocupó, ¿Rin no había ido?

Con el ceño fruncido se obligó a buscar a Rin.

Al final lo encontró.

Pero no solo.

Lo encontró rodeado por tres niños más grandes que Rin, pero que era de su misma edad y la de Sae, molestándolo.

—Eres super raro —dijo uno, sus manos en sus caderas, mirandolo desde arriba—, ni siquiera sé sí eres niño o niña, pero sé que eres super molesto.

En cada palabra se notaba el desprecio del niño.

—¡Siempre llamando a Sae, ignorandonos a tdoos! —le siguió otro, subiendo el nivel de su voz—. ¿Te crees mejor que nosotros solo porque Sae es tu hermano mayor?

Rin oía pero no escuchaba. Las palabras no entraban del todo en su cerebro, o quizá lo hacía en modo de defensa, no lo sabía con exactitud.

Y que Rin los ignorara molestó aún más a los niños.

—¡Siempre eres tan rara! —el tercero finalizó con un empujón en el hombro, haciendo retroceder a Rin un poco atrás.

Ryusei, que hasta ese momento se había acercado a pasos lentos, no dudó en correr hacía el grupo, gritando que dejaran a Rin.

Los tres niños giraron. Al ver a un simple niño no le prestaron la atención que debían darle, volviendo al instante a las provocaciones con Rin, pero Ryusei sin aviso alguno empujó al niño que se había atrevido a tocar a Rin.

—¡Eres un maldito cobarde, ¿cómo vas a empujar a Rin-chan?! —Ryusei estaba tan molesto que había dicho una mala palabra.

Los otros niños tardaron dos segundos antes de intentar atacar a Ryusei, pero antes de siquiera poder hacer algo al respecto, Ryusei los empujó y pateó.

—¡Son tres contra uno, eso es injusto! Además, ella es menor a ustedes, ¡¿no les da vergüenza?!

Los niños, ya algo asustados y molestos se fueron, no sin antes voletar a ver mal a Ryusei y Rin.

—¡Eres un monstruo, igual a ella!

Ya que se habían ido, igual a un ladrón con las manos en la masa, Ryusei giró a ver a Rin con una sonrisa de satisfacción. Ryusei creía que así debían sentirse los dragones cuando espantaba a los tontos príncipes que intentaban llevarse a la princesa que resguardaban con tanto esmero y amor. Y Rin solo podía pensar que, sí ellos creían que Ryusei era un monstruo, eso solo confirmaba un vez más cuanto prefería a los kaijū antes que a los héroes.

Los ojos de ambos se encontraron. Rosa y verde azulado.

—¿Estas bien, Rinrin? —su voz fue suave, demasiado suave, cariñosa.

—Gracias —Rin asintió con la cabeza mientras agradecía, recordando las palabras de su hermanito mayor.

Ryusei tragó saliva, sus mejillas se ruborizaron y sus ojos se iluminaron.

Rin le había agradecido.

¡Ese es mi trabajo! Tú no te preocupes, Rinrin —espetó, dando un paso a Rin.

Rin pestañeó, sin entender lo que decía su amigo.

—¿Tu trabajo?

Ryusei asintió,

—Como tu futuro esposo debo cuidarte —explicó con naturalidad, casi como sí dijera que dos más dos es cuatro.

Rin lo miró en silencio. Por varios segundos no dijo absolutamente nada, haciendo creer a Ryusei que había dicho algo incorrecto.

—Está bien —Rin terminó la distancia, entrelazando sus dedos con los del niño mayor, caminando en dirección a la sombra de un gran árbol.

Puede que Rin hubiera estado tomándolo de la mano toda la semana, pero de todas formas no terminaba de acostumbrarse a ello. Para él siempre era igual a la primera vez.

 

 

 

Se sentaron bajo la sombra del árbol, uno al lado del otro mientras seguían tomados de la mano.

Por muy raro que fuera, Ryusei solo quería estar en un momento tranquilo con la niña que le gustaba, no importaba que fuera en silencio.

Rin apoyó su cabeza en el hombro de Ryusei y cerró los ojos, sosteniéndole todavía la mano a su amigo.

—¿Tienes sueño, Rinrin? —preguntó bajito, cauteloso.

—Solo me gustas —murmuró sin medir sus palabras, apegandose más a Ryusei, igual a un gatito buscando cariño y calor.

El corazón de Ryusei se aceleró.

¿De verdad Rin había dicho eso? ¿En verdad le gustaba a Rin? Sus mejillas se ruborizaron, todo lo que pudo hacer fue intentar tranquilizarse cuando por dentro estaba por explotar una bomba nuclear de amor y emoción.

—¿Quieres.. quieres qué te hable de Tokio? —su voz salió entrecortada, nerviosa.

Rin tarareó en afirmación, apegandose todavía más a su amigo.

De esa manera Ryusei optó por empezar a hablarle a Rin de como era Tokio; de cómo eran las personas, las modas, como de pronto había multitudes en un parpadeo.

Y Rin solo escuchaba, tarareando y jugueteando con los dedos del rubio.

—Suena bien —murmuró.

—Si, pero Kamakura es mejor porque aquí estas tú—confesó, acariciando el dorso de la manita de su querido amor.

La confesión no provocó ningún rubor o ansiedad en Rin. En cambio pestañeó, asimilando las palabras. Frunció sus labios, y su naricita se arrugó ligeramente por la molestia, recordandole al contrario a un conejito. —Eres raro.

—¿Y eso es malo? —preguntó el mayor, volteando a ver a Rin, quien seguía apoyado en su hombro.

—No. Nii-chan dice que ser raro no es malo, todos lo somos —su voz era suave, paciente—. Lo normal es aburrido.

Lo normal es aburrido.

Ryusei nunca había sido comprendido por sus compañeros, y Rin, a quien solo conoce de una semana, lo entiende a la perfección.

Ambos son tan parecidos.

Se alegra de haber conocido a Rin.

Dudó, pero al final se atrevió a preguntar: —Rin.. ¿puedo abrazarte? —la niña se separó de su hombro, lo miró a los ojos y soltó su mano antes de ponerse de pie. El miedo de haber dicho algo malo carcomió a Ryusei, quien estaba a nada de disculparse, pero antes de hacerlo Rin se sentó en su regazo, algo que hacía cuando su hermano perdía un partido por culpa de los tibios de sus compañeros de equipo.

—Ahora puedes..

Ryusei dudó. Sus manos temblaron antes de que terminaran en el abdomen de Rin, atrayendo la espalda a su pecho con tal delicadeza que hacía sentir a Rin como una de las tazas de porcelana de su madre.

¿Por qué debes ser tan linda, Rinrin? No es justo.

Una vez más la cabeza de Rin terminó en su hombro. Y sintiéndose algo valiente, subió una mano e inició a jugar con el cabello color alga que era demasiado suave al tacto.

Rinrin es perfecta. Es todo lo que hace que mi mundo estalle en colores.

—¿Te irás pronto? —Rin rompió el momento pacífico con esa pregunta, pues él, cada día que pasaba a su lado, deseaba con fervor quedarse para siempre a su lado.

—En unas semanas.. —respondió bajito, apretando el abrazo—. Pero tú no te preocupes, Rinrin, te prometo que intentaré volver.

La niña tarareó en respuesta.

—Entonces te esperaré, Ryusei.

Que Rin lo llamara por su nombre lo alegró. Las veces que se dirigía a él simplemente le decía lo que tenía por decir, nunca lo llamaba por su nombre, así que, cada que pronuncia «Ryusei», algo se agitaba en su pecho.

Ryusei se sintió algo melancólico a pesar de que todavía no se iba, por lo que cambió de tema.

—A mi mamá y abuela les gusta mucho tu nombre, Rinrin —mencionó.

—¿Sí? —normalmente se burlaban de él por tener nombre de niña, así que, que le dijeran eso fue algo lindo.

—Sip, les gusta mucho.. pero no tanto como a mi —sonrió—. Tu nombre es el más lindo de todos.

Rin le agradeció en un murmuro.

El resto de su tiempo se la pasaron abrazados, hablando de todo y nada —Ryusei hablaba, Rin escuchaba, aveces haciendo preguntas o comentando cosas— con una comodidad que rozaba lo íntimo.

Al menos fue así hasta que llegó Sae buscando a su hermanito. Y verlo en el regazo de ese niño que apenas conocía de una semana no le gustó.

Se paró frente a ellos, llevó sus manos a sus caderas y los miró con las cejas apenas curvadas abajo, mostrando su descontento y conteniendo el impulso de darle un golpe al rubio griton que en ese momento estaban demasiado tranquilo y cómodo con su hermanito.

Suspiró y finalmente llamó a su pequeño hermano.

—Rin.

El mencionado al instante abrió los ojos y miró a su hermano mayor con sus grandes ojos verdes azulados.

—Nii-chan.

—Es hora de ir a casa.

Rin asintió y, antes de ponerse de pie para irse, giró un poco el rostro y besó la mejilla de Ryusei, provocando que el niño mayor conteniera un chillido y sus mejillas tomaran un color rojizo.

—Eres mi futuro esposo, ¿no? —dijo como sí eso fuera a responder todas las dudas de Ryusei, quien asintió con la cabeza.

Por otro lado Sae sintió lo que podría llamarse un paro cardíaco.

—Rin —su llamado subió dos tonos.

—Voy, nii-chan.

Ryusei los observó irse. Sus dedos pasaban por el pedacito de piel que Rin había besado.

Era el futuro esposo de Rin.

 

______________

 

Desgraciadamente llegan las despedidas.

Lo peor de todo era que se iría temprano. Solo podría ir a ver a Rin unos minutos. Solo tenía tiempo para saludar y despedirse. Y para que fuera de tal manera y no se quedara más tiempo del debido, su madre y abuela lo habían acompañado.

Los tres llegaron al parque. Rin ya lo esperaba bajo la sombra de ese mismo árbol que había sido testigo de sus conversaciones sin sentido y de su manera de jugar con los juguetes de Rin.

Su madre y abuela observaron a la niña desde lejos. De verdad era linda Rin, ahora podían entender la fascinación de su niño por la linda pequeña que le había robado el corazón.

Ryusei se acercó a paso lento.

No quería despedirse. No quería irse. Él quería quedarse al lado de Rin. Estar con ella hasta el día de su muerte.

Estando frente a ella no pudo evitar admirarla unos segundos que parecieron una eternidad. No quería olvidar esos bonitos ojos que le habían quitado el aliento y comportarse como un buen niño.

—Rin.. —susurró al abrazarla.

Ella correspondió y se acurrucó en el abrazo.

Se habían vuelto demasiado cercanos en ese mes.

Te vas.. —no era una pregunta, era una afirmación.

Ryusei no respondió, solo se aferró más al pequeño cuerpo entre sus brazos.

—Rin.. espérame, ¿si? Por favor.. —suplicó, guardando en su infantil mente el momento.

—Te esperaré —prometió Rin.

Con todo el dolor de su corazón, el niño más grande se separó del abrazo.

—Ya.. ya me voy —sintió sus ojos picar. Pero se apuntó, no quería llorar frente a Rin.

—Ten buen viaje.

Ryusei se dió la vuelta. Pero antes de llegar a donde estaban su madre y abuela, Rin lo detuvo tomandolo de la muñeca. Él giró, y al hacerlo lo que recibió fue un beso casto e inocente en los labios junto a unos hermosos ojos verdes azulados que nunca olvidaría sin importar qué.

—Te esperaré, mi futuro esposo.

 


 

Ryusei iba callado.

Demasiado callado mirando por la ventana.

Las preguntas que siempre le hacía a su madre de sí ya estaban por llegar no salieron de sus labios. Estaba demasiado inmerso en sus pensamientos para hacerlo. No tenía cabeza para pensar en otra cosa que no fuera en Rin, en todo el verano que pasaron juntos, las promesas y ese beso.

Su primer beso.

Estaba feliz porque Rin había sido su primer beso. En su mente infantil de ocho años no había nadie mejor que Rin para eso, y él sabía que en un futuro seguiría pensando de esa manera, nada ni nadie lo haría cambiar de opinión.

Pero, además de estar feliz, estaba triste.  ¿Cómo Rin va a despedirse de él de esa manera? Hacía más difícil querer dejar desear volver a Kamakura. Rin, sin querer, había hecho todo más difícil. Seguro ella tenía buenas intenciones, pero su pequeño corazón no podía soportar tanto.

Un suspiro salió de sus labios.

Su madre de vez en cuando bromeaba o lo invitaba a la conversación que tenía con su abuela, más él estaba demasiado ajeno a todo lo que no fuera Rin. No respondía, no porque no quisiera, sino porque no podía.

Rin lo había sido todo durante ese verano.

 


________________

 

Los años pasaron. Y, a pesar de la promesa que se habían hecho, Ryusei nunca volvió los siguientes tres veranos a ver a Rin. Ya no había nada que ir a hacer allá, pero en el cuarto verano sus padres se apiadaron de él —su abuela tuvo mucha influencia en ello— y fueron a Kamakura.

Desgraciadamente no la miró ningún día.

Le preguntó a algunos niños quellegaba a ver en el parque sí no la habían visto, pero siempre recibía un no por respuesta.

Tal vez se había cansado de esperarlo, después de todo ya habían pasado cuatro años.

Rin había sido su primer amor. El que lo marcó para siempre y que recordaba con cariño, anhelando alguna vez volver a verla para preguntarle cómo había estado y disculparse por su desaparición repentina a pesar de las promesas que se habían hecho.

Sí, tuvo novias en secundaria, incluso uno que otro novio, sin embargo no podía evitar pensar en qué habría sido de la vida de Rin.

Pensó en eso con mayor frecuencia cuando Blue Lock le mandó una invitación y una vez estuvo dentro de las instalaciones marcando goles y siendo el delantero de su propio equipo por el miedo que les provocaba a los demás —Rin nunca le tuvo miedo— y por ser claramente el mejor jugardor entre todos.

Y ese pensamiento se repitió en su cabeza una vez miró a Rin Itoshi.

Rin Itoshi.

El mismo apellido que el famoso centrocampista que siempre le había parecido familiar.

Lo conoció mejor gracias a estar ambos en el top seis, pudo verlo más de cercas, notando que tenía los mismo ojos aqua que lo habían cautivado en su niñez. Y en una de las ocasiones en las que peleaba con Rin pudo tocar su cabello. Era suave. Igual al de su Rin.

Un día ambos estaba solos, por lo que se acercó a él con sigilo, sin provocación alguna ya que Rin solía sacar las garras demasiado rápido. Se dejó caer al lado de Rin, justo como había visto que Yukimiya o Nagi lo hacían, y lo miró.

Rin no tardó mucho en dejar su ipad y verlo con esos hermosos ojos entrecerrados, casi como sí deseara matarlo.

—¿Qué quieres pelo de antenas? —Ryusei pudo ver a Rin tensarse. En otro momento se habría burlado, pero necesitaba información.

—¿Tienes más hermanos? Ya sabes, además de Sae —preguntó sin burla alguna.

Rin frunció el ceño, probablemente no confiando en él.

—No —respondió—, ¿eso es todo?

Ryusei negó.

—¿Hermanas, quizá una melliza?

La cara que Rin hizo fue oro puro. Una clara negación sin palabra alguna dicha.

—En mi niñez fui a Kamakura. Había una niña, una muy bonita. Y ahora que te veo les encuentro mucho parecido; tienen los mismos ojos, el mismo cabello,  el mismo nombre —empezó a explicar, justificando sus preguntas—, incluso tu hermano tiene el mismo nombre que el de ella. Son.. demasiado parecidos que asusta.

Rin al oír eso se tensó visiblemente más.

Esos hermosos ojos se abrieron en lo que parecía ser sorpresa. Una reacción nueva en el Itoshi menor.

Rin abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir y la volvió a cerrar. Desvió la mirada, tragó saliva y sus mejillas tomaron un ligero rubor. Todo eso sorprendió más de lo que le gustaría admitir a Ryusei.

—Te esperé.. —eso fue lo que salió de Rin, bajito, avergonzado. Pero después frunció el ceño y miró mal a Ryusei.—Te esperé y nunca volviste —la confesión provocó un corto circuito en el cerebro de Ryusei.

Rin, su Rin, era el mismo Rin frente a él.

—Lo prometiste y yo.. —los dedos de Rin apretaron la ipad— me quedé esperando.

—Rin yo.. —todo lo que había jurado decirle a Rin una vez la mirara murió.

—Supongo que es natural romper promesas cuando las haces en Kamakura —Ryusei no pudo notar que eso era algo mucho más personal  debido a que estaba tratando de pensar en qué decir.

—Rin, escucha..

—Fui demasiado tibio al creer que un niño que conocí solo durante el verano volvería.

Ryusei al ver que Rin no lo dejaría hablar hizo lo primero que se le ocurrió.

Romper la distancia y besarlo.

Ryusei acunó el rostro de Rin entre sus manos y lo acercó a su rostro. Sus labios se encontraron en un eso suave, casto, un piquito, igual a como lo había hecho Rin en su niñez.

Su frente estapa apoyada en la del menor, sus pulgares acariciaban las mejillas con ternura.

—Perdóname por haber sido un mal futuro esposo.

 

Notes:

Había querido hacer algo ryurin hace mucho, para mi desgracia todas las ideas que tengo son kairin con el ryurin como el ship de fondo que no será end game.

¿Qué opinan, les gustó? Yo me divertí escribiéndolo. Y sí, pudo ir para largo, o para más de un capítulo, pero no se me da bien escribir algo que no sea un one-shot.

Perdonen las faltas ortográficas, las corregiré después. ¡Gracias por leerme!

Series this work belongs to: