Actions

Work Header

Catfish

Summary:

Una noche de borrachera en la que Zoro pierde una apuesta, acaba con una cuenta de Tander para ligar.
¿Qué le deparará a "Ronro_Noah Tigresa?

¡Feliz cumpleaños, Musgo!

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El sonido de una notificación en su teléfono móvil hizo que Zoro se despertase, un simple "Clinc" que hizo que, con solo estirar la mano a la mesita de al lado de su cama, tomase el aparato y viese en pantalla:

"Que tengas un hermoso día, mi bella tigresa."

Abrió la aplicación de Tander, a la única conversación que prestaba atención ya que había silenciado las notificaciones de solicitudes pendientes y pulsó para activar el teclado.

"Tú también, mi príncipe."

"❤️❤️❤️"

"❤️"

Dejó caer el teléfono sobre su pecho y lanzó un largo suspiro.

─ Si es que soy gilipollas.

Zoro todavía se preguntaba que cojones estaba haciendo con su vida. No es que recordase mucho de aquella noche de hacía más o menos seis meses, fue como una noche de viernes normal, en el bar favorito de los Mugiwaras (el Thoussand Sunny) donde hizo una competición de beber con Nami, y fue de esas pocas veces en la que la bruja consiguió ganarle hasta tal punto de caer dormido sobre la mesa.

Al día siguiente, en su teléfono estaba instalada la aplicación Tander con el nombre de usuario "Ronro_Noah Tigresa"; no paraban de llegar notificaciones de mensajes de otra gente saludándole, algunos con un simple hola, otros con un "manda foto" y otros directamente con una fotopolla.

El peliverde no entendió nada hasta que a la hora del almuerzo quedó con Nami, Ussop y Luffy para ir al Baratie cuando le explicaron que le hicieron esa cuenta para reírse un poco (bastante) de él. Los maldijo de mil maneras posibles y era incapaz de borrar la dichosa aplicación, les parecía graciosísimo que su móvil no dejase de sonar, para colmo de todo, habían puesto una foto de perfil de unas tetas femeninas con un bikini de tigre de pelaje verde.

Quería matarlos lentamente.

A la noche, solo en su habitación de nuevo y dispuesto a aprender cómo se borraba aquella mierda vio de repente una notificación en su pantalla con un mensaje:

"Hola, tigresa. ¿Qué tal tu día?"

Estaba a punto de deslizarlo hacia un lado cuando leyó el nombre de usuario, "Mr. Prince". Lo reconoció al instante, era del idiota del cocinero aunque no usase una foto de su cara.

Ya estaba escribiendo un "que te jodan" cuando se lo pensó mejor, Sanji siempre estaba coqueteando con cualquier chica que tuviera delante, y por supuesto teniendo la oportunidad de hacerlo también por redes sociales o aplicaciones de ligoteo iba a ser una excepción.

"Estaba bien hasta que me hablaste."

"Vaya, que carácter, entiendo lo de 'tigresa'.

¿Podría hacer algo para mejorar tu noche?"

"¿Qué te hace pensar que podrías conseguirlo?"

"Sólo déjame probar."

Y lo consiguió.

Era increíble la habilidad que tenía para llevar la conversación, entre tonterías, halagos y coqueteos estuvieron hablando por más de dos horas hasta que tuvo que despedirse con la promesa de hablarle al día siguiente.

Zoro puso los ojos en blanco, pensando que Sanji ya había tenido suficiente y no volvería a saber de él, se quedó dormido, y tal como prometió, a media mañana, tuvo su primer mensaje de buenos días, y así había sido hasta el día de hoy.

Las conversaciones eran de todo un poco: trabajo, Mr. Prince le dijo que quería abrir su propio restaurante mientras que "ella" le dijo que era manicurista (como Nami, no se le ocurrió nada mejor), hablaron sobre amistad, que tenía un grupo de amigos increíble, le avisó de que no hacía falta ponerse celosa por sus amigas, ya que estaban en relaciones estables y que no tenía intención de nada con ellas.

Era divertido tontear con Sanji y tener conversaciones que pensó que nunca podría tener en persona, después de unas semanas hablando, el rubio por fin se presentó como "Sanji", era su turno de decir la verdad, de confesar quien era... y en vez de eso él respondió que se llamaba "Noah".

"Un placer conocerte, Noah🥰"

Gruñó mortificado con el asunto, porque se sentía como un idiota por tener esa doble vida con el rubio. La primera vez que lo vio fue hacía dos años, como siempre, por culpa de Luffy. Estaba jugando a la pelota con Usopp y le metieron tal patada al balón que acabó estampado contra el cristal de un restaurante. El dueño salió hecho una furia y le obligó a pagarlo, como Luffy es más pobre que las ratas le obligó a trabajar durante un año en el Baratie.

Duró tres días.

Porque rompía más que otra cosa, y al final, el viejo solo quería enseñarle una lección de vida, ya que el seguro cubría ese tipo de accidentes.

Aun así, Luffy consiguió ganarse a todos los empleados de aquel lugar y sobre todo a Sanji, el hijo del dueño.

En cuanto lo vio en persona, Zoro se quedó helado, era el tipo más guapo que había visto en su vida. No es que se fijase en el físico de nadie, no le interesaban las relaciones más allá de una simple amistad o compañeros de trabajo, pero en cuanto ese cabello dorado casi le ciega por su brillo, y sus ojos se fijaron en él cayó flechado y más tarde, para su desgracia, descubrió que era amor. Porque no solo era hermoso, sino también divertido, amable y metía unas patadas como coces, un buen compañero de sparring cuando alguno de los dos necesitaba desestresarse por el trabajo en el gimnasio en el que trabajaba Zoro.

Todo era perfecto salvo la parte en que Sanji no tenía los mismos sentimientos que él. Sus ojos siempre estaban puestos en cualquier mujer y la idolatraba hasta que aparecía la siguiente. Los flirteos siempre le metían en problemas y por eso ninguna relación era duradera, aunque desde hacía cosa de un año, se había cansado de perseguir tanta falda y ahora se conformaba con halagarlas un rato y luego dejarlas en paz.

Ninguno de sus amigos sabía que todavía seguía con la aplicación instalada, "Mr Prince" le enseñó a silenciar las notificaciones y ponerlo en modo vibración, luego Zoro buscó por internet como bloquear a otros usuarios que querían hablar con "ella", así que pasaba bastante desapercibido cuando recibía algún mensaje de Sanji delante de ellos.

Estaba bastante seguro de que todos en el grupo sabían de sus sentimientos por el rubio aunque nunca se hubiese pronunciado en voz alta menos el implicado, o bien fingía no verlo o realmente era el mayor ciego del mundo, porque a pesar de las peleas que tenían constantes, era evidente que le encantaba compartir esos momentos con Sanji y estaba seguro de que eso, al menos, era recíproco. Fingían no ser amigos cuando en realidad eran mejores amigos.

Idiotas siendo idiotas.

Harto de sí mismo, se levantó de la cama y tras engullir un café frío y unas barritas energéticas fue al gimnasio a entrenar por su cuenta y luego con los clientes que tenía mientras que de vez en cuando se mandaba algún mensaje con "Mr Prince" en sus descansos. A la tarde, dio su clase de kendo a los niños, se dio una ducha tras su segundo entrenamiento y se fue directo al Thoussand Sunny tras pasar por un mini market a comprarse un plato precocinado. El cocinero le mataría por su dieta si se enterase.

Brook le recibió con su música en el pequeño escenario que había al fondo de las mesas donde algunos clientes estaban absortos escuchándolo, aun desde allí, el músico le saludó con un gesto de cabeza que Zoro devolvió antes de ser placado por Luffy que le abrazó con tanta fuerza que casi lo tira de espaldas.

─ ¡Shishishi, Zoro, llegas tarde como siempre!

─ No habíamos quedado en ninguna hora, no me jodas.

─ Shishi, da igual, es divertido pensar que has vuelto a perderte para llegar hasta aquí.

─ Bah, cállate.

Incapaz de soltarlo, Zoro se resignó a caminar hasta el resto del grupo donde estaban cerca de la barra para que Franky pudiese acompañarlos cuando no había clientes que atender, Robin estaba también allí junto a Nami, Usopp y Chopper. En cuanto vio que Franky había repuesto aperitivos, Luffy saltó para ir a devorarlos.

─ ¿Qué tal tu semana, Zoro-bro? – preguntó el peliazul sirviéndole una jarra bien fría de su cerveza favorita en cuanto le hicieron hueco.

─ Como siempre.

─ Por favor, no des tantos detalles, me abruman. – respondió burlona la pelirroja.

─ ¿Quieres que te cuente cuantas sentadillas hacen mis clientes?

─ Ugh, no. – frunció el ceño – No puedo creerme con la cantidad de hombres de dudosa heterosexualidad y gays reconfirmados no te coman en cuanto te ven. ¿Cuándo vas a dejar de ser un mojigato y vas a echar un polvo?

─ ¿También quieres que te de detalles de eso? Que morbosa, bruja.

─ Estaría hasta dispuesta a escuchar si eso me garantizase que te acuestas con alguien. ¿Cuándo fue la última vez?

─ En la universidad. – respondió Usopp.

─ ¿Por qué diablos sabes tú eso? – preguntó alarmado el peliverde.

─ Bueno, era tu compañero de piso y no tuviste la decencia de echar el pestillo. Cuando saliste de tu dormitorio fue más desnudo que vestido con un chico que prácticamente te había devorado. Tú tenías una resaca monumental.

─ Mierda. – lo había olvidado.

─ Si sigues a este paso de celibato se te meterá el pito para adentro. – advirtió entre risas Franky.

─ Eso no es posible. – corrigió Chopper – No se han dado casos de que eso suceda.

─ Eso es que no has llegado al temario. Hace unos años hubo un caso que fue viral por internet durante mucho tiempo. – mintió Usopp.

─ ¿EHH? T-Tendré que investigarlo. – se preocupó el joven estudiante de medicina.

─ ¡No le mientas, imbécil! – le soltó Nami tal zape en la cabeza al narizón que casi se la revienta contra la mesa – ¡Y tú, no creas que he acabado contigo! – señaló a Zoro quien gruñó tras su jarra – En serio, dame tu teléfono y te instalaré otra vez Tander, esta vez para hacerte una cuenta real.

─ ¡Déjame tranquilo! – se aseguró que todavía estuviese a buen recaudo en su bolsillo trasero.

─ Hazle una foto a sus abdominales, será como miel para las moscas. – rio Franky.

─ Buena idea, sujétalo Luffy. – ordenó Nami.

─ ¿Qué Zoro tiene miel? – se lanzó a por él de nuevo – ¿dónde?

Zoro luchó con todas sus fuerzas para atrapar las escurridizas (y pegajosas) manos de Luffy mientras los otros se reían por verle tan agobiado, estuvo a punto de plantearse el usar dientes cuando alguien interrumpió la pelea a muerte.

─ ¿Musgo está escondiendo comida? Deberías saber que eso no impedirá que Luffy te devore a ti primero.

─ ¡Sanji! – gritó el morenito en el oído de Zoro antes de apartarse salvajemente y echarse a los brazos del rubio quien también estaba acostumbrado a esos arrebatos y lo atrapó al vuelo – ¡Hoy has venido pronto!

─ Sí, les he dejado el trabajo sucio a Patty y Carne. Los muy idiotas aun se piensan que pueden ganarme al apostarnos algo.

─ ¿Me has traído algo de comer? – preguntó emocionado.

─ ¿Cómo te atreves a preguntar tal cosa? – respondió falsamente ofendido y sacó de su bandolera un tupper que desapareció en menos de un segundo arrebatado por el morenito que se puso a engullir como un pato – Le diría a Franky que sacase cubiertos, pero sé que es perder el tiempo.

─ Es raro verte tan pronto por aquí, que te hayas jugado unas horas libres debe ser por algo. – comentó Robin.

─ Tan lista como siempre, querida. – le dio un beso en la mano y a cambio recibió una lluvia de cacahuetes fritos como castigo por parte de Franky – ¡Ey!

─ No tientes a tu suerte, rubio. – amenazó sin fuerza el dueño del bar.

─ Soy un hombre débil, no puedes culparme. – recibió más cacahuetazos – Vale, vale. Ey, Luff, encárgate de los cacahuetes. – Antes de terminar la frase ya estaba en modo aspiradora absorbiendo los de la mesa – Si he venido antes es precisamente por nuestro querido musgo andante. Dentro de dos semanas es su cumpleaños y hay que organizar la fiesta.

─ Yo no quiero fiesta. – gruñó.

─ Eso no nos importa. – hizo un gesto de mano desdeñoso, como si su opinión no importase – ¿Ideas?

─ Ir a un spa. – ofreció Nami – Por supuesto, el cumpleañero paga.

─ Lo apoyo con toda la fuerza de mi alma. – apoyó Sanji.

─ Tu lo que quiere es verla en bikini, así que me niego por partida doble.

─ Joder, Musgo. Eres un cortarollos.

─ ¿Y si hacemos la fiesta aquí en el Thoussand Sunny? – ofreció Franky.

─ ¿Eso no es hacer lo de siempre? – se quejó Usopp.

─ No quiero celebrar mi cumpleaños, así que por mi es perfecto.

─ Por eso eres un marimo perfectamente redondo, este bar es tu charca y te encanta quedarte aquí empinando el codo aburridamente.

─ Tú sí que eres aburrido.

─ Bueno, si es lo que quiere supongo que no tenemos más remedio que hacer caso. – se resignó Nami.

─ No quiero regalos.

─ Buena suerte en que te hagamos caso en algo más. – se mofó Sanji – Venga, decidamos más cosas.

Ignorado, Zoro continuó bebiendo en silencio, viendo como la fiesta iba tomando forma, y lejos de enfadarse, le gustó ver como todos aportaban su pequeño grano de arena para celebrar su cumpleaños y fuese inolvidable como siempre, eso sí, hubo consenso en que Luffy no se encargaría de la lista de invitados. Aprovechó su momento de soledad y miró su teléfono móvil, tenía un mensaje de "Mr. Prince" diciéndole que tenía plan y luego hablarían junto a algo que siempre le ponía nervioso.

"Tengo ganas de verte."

Era la frase que más le alarmaba, porque nunca sabía que decir al respecto y siempre la evadía. Sabía de sobra que por muchas excusas que pudiera darle y alargarlo, llegaría el momento en que, cuando descubriese la verdad, nada volvería a ser igual. Perdería a Mr Prince y a Sanji.

─ Ey, Musgo. – llamó su atención mientras el resto seguía debatiendo otros asuntos – ¿Hay alguien a quien quieras invitar?

─ Perona y Mihawk no van a venir desde Kuraigana por mí, y menos sabiendo que Luffy estará presente.

─ No puedo culparlos, aunque admito que ver a tu hermana siempre es un placer. – reconoció Sanji – Entonces... ¿nadie más?

─ No, nadie. – hizo una breve pausa – ¿y tú?

─ ¿Eh?

─ ¿Vas a traer a alguien?

─ Ni de coña voy a traer al viejo.

─ Me refería a alguna chica. – porque sinceramente prefería a su padre de mirada asesina.

─ ... – Sanji se quedó callado unos segundos – No.

─ ¿Y chico? – sabía que era bisexual, pero que se tomaba las relaciones más a la ligera y era bastante más discreto.

─ Tranquilo, no voy a traer a nadie. Es tu fiesta de cumpleaños, aunque seguro que sabes que Luffy traerá a alguien bien raro como se cruce por su camino de camino aquí.

─ Lo doy por hecho. – rio entre dientes.

Sanji le acompañó con su suave risa cómplice, adoraba esos pequeños momentos de intimidad con él, pero también era más difícil seguir con ese amor no correspondido y en el catfish que se había metido. No sabía cómo salir.

Ya decidido todo, la velada continuó con el jaleo habitual que venía a ser los Mugiwara.

Llegó a casa más cansado de lo habitual, no porque hubiese tenido que perseguir a Luffy en el parque porque decidió asustar a los patos (que también), sino que en la conversación de Tander había dejado en "Visto" al rubio y no sabía que responder. Se quedó mirando por demasiado tiempo, sus dedos sobre el teclado sin decidir que escribir cuando la imagen de perfil de Mr Prince se puso con el contorno en verde, señal de que estaba en línea, al igual que él. Vio como las burbujas previas a que estaba escribiendo algo aparecían y desaparecían durante varios minutos hasta que por fin salió el mensaje.

"Lo siento, no quería presionarte.

Es solo... que me gustaría vernos en persona

Y, no sé...

Puede que, hablándonos a la cara las cosas puedan progresar más entre nosotros...

Si es lo que quieres."

A Zoro se le encogió el corazón, esta vez el cocinero no lo estaba dejando pasar como había hecho otras veces, ya que tampoco le había mandado ninguna foto, porque eso sí que sería demasiado.

"Me gusta mucho hablar contigo, de verdad creo que tenemos una buena conexión, lo supe en cuanto te conocí."

No era cierto, al menos eso era lo que pensaba Zoro, ya que la imagen que había construido de Noah tenía muchas cosas que distaba de ser él... ¿cómo decirle que se había enamorado de alguien que no existía?

"Perdona.

Buenas noches, Noah."

La imagen de perfil de Sanji se puso gris, señal de que no estaba en línea y Zoro quería abofetearse por ser tan idiota y cobarde.

Los días siguientes, Mr. Prince actuó como si nada hubiera pasado. Le dio los buenos días con naturalidad, le contó las absurdas peleas del Baratie, algún cliente idiota que se había atrevido a dejar la ensalada de acompañamiento, nada fuera de lo normal. Lo único diferente fue que ese viernes, Sanji no apareció en la quedada semanal con la excusa de que Zeff le castigaba con tener que quedarse a hacer horas extras por la jugarreta de la semana anterior.

La noche de la fiesta llegó, al final fue una buena elección quedarse en Thoussand Sunny, la lluvia cubría la isla con fuerza y se alegró de tenerlos a todos en un lugar seguro. Franky reservó el bar solo para ellos para que pudieran acaparar el karaoke que Usopp no dudó en adueñarse para cantar pegajosas baladas de amor a Kaya que estaba encantada por verlo hacer el ridículo.

A nadie le sorprendió ver a Luffy con un extraño, un tipo enorme llamado Jinbe que acojonó a Chopper, pero pronto se hicieron amigos.

Todos estaban de buen humor, una buena fiesta siempre era bien recibida por los Mugiwaras, salvo que en esta ocasión, Sanji estaba bastante ausente. Estaba con ellos, sí, pero se le notaba distraído aun con la cantidad de halagos que le hicieron a sus aperitivos y el pastel había sido soberbio de chocolate negro con un toque de licor.

Hubo un momento en el que se distrajo y se dio cuenta de que no veía a Sanji desde hacía un buen rato, le preguntó a Brook y no obtuvo respuesta, supuso que estaría en el cuarto de baño, pero estaba vacío.

Notó que vibraba su bolsillo trasero donde estaba su teléfono móvil, abrió directamente el mensaje de "Mr. Prince" que acababa de recibir.

"Te espero en el mirador de la ciudad, en el merendero que hay para refugiarnos de la lluvia."

Zoro chasqueó la lengua, ¿ese idiota era capaz de quedar con ella sabiendo que era reacia a verlo en persona?, se guardó el móvil y salió para ver si todavía podía encontrarlo. Estaba fumando en la calle aun con el aguacero que estaba cayendo, refugiado bajo el pequeño techado que había del edificio de arriba sobre el bar.

─ ¿Qué haces aquí, Rizado? – preguntó Zoro.

─ Estoy esperando el taxi.

─ ¿Taxi? – frunció el ceño aun sabiéndolo le molestó – ¿Te vas sin decirle nada a nadie?

─ He quedado con alguien.

─ ¿En serio? ¿Tan importante es que no puedes esperar?

─ Tengo algo que atender, es importante para mí. – respondió tras tirar la colilla y aplastarla con su zapato cuando vio al taxi aproximarse – Creo que merecerá la pena.

─ ¿Qué harás si no aparece? – preguntó intentando retenerlo un poco más.

─ ...No lo sé. – respondió con una sonrisa falsa a punto de salir de debajo del techado, pero Zoro le retuvo.

─ Te acompaño.

─ ... ¿Qué?

─ Que voy contigo.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose a los ojos, los dos tenían sus propios conflictos mentales y finalmente, Sanji asintió con un gesto de cabeza retomando sus pasos hacia el coche que les esperaba.

Hicieron el viaje en silencio con la vista fija en la lluvia fuera de la ventanilla. Zoro todavía no tenía nada claro que iba a hacer, ni sabía tampoco porque había decidido acompañarlo, pero no quería que Sanji fuese solo y acabase herido... lo que estaba claro, es que alguien saldría herido, la cuestión sería cuantas personas, si solo Sanji, Zoro... o los dos.

Se bajaron del taxi en cuanto llegaron a su destino y se pusieron bajo cubierto para resguardarse de la lluvia que no cesaba de caer.

Los minutos pasaban, el sonido del agua era lo único que se podía oír. Sanji estaba extremadamente callado, era inusual e incómodo, porque Zoro no podía averiguar que se le estaba pasando por la cabeza.

El rubio trató de encenderse un cigarrillo sin éxito, chasqueó la lengua al ver que no lo conseguía porque le temblaban las manos... ese idiota era demasiado evidente. Zoro se acercó y consiguió que se prendiese, así pudo darle una buena calada a su cilindro.

─ Gracias. – exhaló el humo despacio, como si eso le ayudase a relajarse.

─ ¿Cuánto planeas quedarte aquí?

─ Todo el tiempo que haga falta.

Zoro suspiró y se apoyó en el borde de una mesa de camping que había en el merendero vacío, echó un vistazo a su móvil que vibró cuando en el grupo de Wassap Mugiwara comenzaron a preguntar por ellos. Sanji ni siquiera lo miró.

Comenzó a dar vueltas como un gato enjaulado en la zona seca hasta que se le terminó el cigarrillo, continuó así, hasta que finalmente se sentó al lado de Zoro.

─ Te debo una disculpa – dijo de repente el cocinero.

─ ¿Por qué?

─ Por hacerte venir hasta aquí.

─ He sido yo el que me he ofrecido a venir.

─ Esto no es fácil para mí, ¿vale? – suspiró mientras jugueteaba con sus propios dedos, como si buscase las palabras adecuadas – De verdad no esperaba llegar tan lejos.

─ ¿Por venir aquí?

─ Por presionarte a vernos en persona, Noah.

Zoro abrió los ojos como platos y la boca como un completo idiota que no se esperaba tal confesión. Sanji se estrujó el pelo, visiblemente nervioso, su pie no paraba de dar golpecitos contra el suelo, esperando a que el peliverde fuese capaz de procesar la verdad.

─ ¿Supiste desde el principio que era yo? – se atrevió a preguntar.

─ Usopp me contó que Nami y él os hizo una cuenta de Tander por perder una apuesta con ella. No me dijo el nombre de usuario, pero fue fácil deducirlo cuando lo encontré. – se levantó de la mesa por pura necesidad de moverse y encararle – Solo quise molestarte al principio, te lo juro. Te iba a decir la verdad ese mismo día, pero... quise ver hasta donde llegabas, pensaba que me bloquearías en cuanto te llamé "tigresa",

─ ¿Por qué seguiste?

─ Porque era divertido ver que me respondías... respondías a mis coqueteos, cosa que nunca creí que harías conmigo. – jadeó angustiado sin saber si se estaba haciendo de entender – Cuando te di mi nombre... cuando te dije que trabajaba en el Baratie pensé que te estaba dando la oportunidad perfecta para detenerme, y aun así seguiste respondiendo a mis flirteos.

─ ¿Querías parar?

─ Si... no, joder. Entiéndeme. – pidió pálido y nervioso – Por un lado, me encantaba saber cosas de ti, cosas personales que nunca me habías contado en persona. Era increíble que llegases a confiar tanto en mi como para hablarme de Kuina, pensaba que tarde o temprano me lo contarías a mí, no a Mr. Prince... pero el tiempo pasaba y no me decías nada. No sabía cómo interpretarlo. – fue a tomar sus manos, cuando se dio cuenta las apartó, seguramente por miedo a ser rechazado – No quise jugar contigo, todo lo que te dije era verdad. Ninguno de los demás lo sabe, te lo prometo.

Zoro todavía lo estaba asimilando, sabía de sobra que Sanji no estaba mintiendo, jamás jugaría con los sentimientos de nadie solo por diversión, era demasiado amable y buena persona como para hacer algo así, solo buscaba una oportunidad para conocerlo más a fondo.

No estaba siendo justo con el rubio, estaba exponiéndose por completo, pensando en que iba a ser rechazado mientras que él se quedaba ahí como un pasmarote.

─ Yo también supe desde el principio que eras tú. – confesó Zoro, siendo el turno de dejar sorprendido a Sanji – No era la primera vez que escuchaba lo de "Mr. Prince" y conozco de sobra la cocina de tu casa. De hecho, siempre me sorprendió que tu foto de usuario no fuese un selfie tuyo.

─ Me gusta mandarla cuando llevo al menos un día hablando con la otra persona – respondió a eso último – No lo entiendo... Si sabías que eras yo... ¿me seguiste el juego para luego hacerme daño? ¿Era una broma?

─ No, joder. No malpienses. – frunció el ceño, molesto de que pensase que podía tratarse de eso y fue él quien tomó sus manos, sorprendiendo de nuevo al rubio – Me gustas... me gustas desde hace mucho tiempo, mucho antes de que hablásemos por Tander. Si no dije nada era porque pensaba que no tendría la oportunidad de algo más contigo, no quería arriesgarme a perderte, ni siquiera como amigo porque te vieses en una situación comprometedora e incómoda después de decirte lo que siento por ti.

─ ¿Entonces por qué no querías quedar en persona? Te dije mil veces que quería verte.

─ No estaba seguro de que me correspondieses y no supieses como volver a mirarme a la cara si al final te arrepentías.

─ Musgo, me gustas desde hace más de un año, – estrechó con cariño los dedos que ahora se negaba a soltar – puede que incluso más, pero me negaba a admitirlo.

─ ¿Por eso dejaste de tener citas? – se sorprendió de una segunda confesión.

─ Cuando estaba con otras personas solo podía pensar en ti y al final era peor intentar olvidarte así que afrontarlo... solo podía esperar a que se me pasase el enamoramiento.

─ ¿Estás... enamorado de mi? – su corazón casi se le escapa por la boca.

─ ¿No estamos hablando precisamente de eso, Marimo?

─ Pensaba que era algo reciente y que no era tan... tanto.

─ Qué elocuente... – rio nervioso, con las mejillas en un bonito tono rosado.

─ Yo también estoy enamorado de ti. – apoyó su frente en la de Sanji, sintiendo como el cosquilleo en la boca de su estómago empezaba a recorrer todo su cuerpo. Un agradable batir de alas de mariposa.

─ Entonces... – contuvo su sonrisa – ¿quieres salir conmigo?

─ ¿Novios?

─ Novios. – la sonrisa se ensanchó hasta llegar a sus orejas.

─ Joder, sí.

Ambos rieron, tímidos y encantados con que aquello se hubiese solucionado tan bien. Sanji sacó su teléfono móvil y lo encaró para que Zoro pudiese ver como borraba la aplicación de Tander. Quería empezar de cero, nada de otras personas, nada de Noah, solo Zoro. Este no se quedó atrás e hizo lo mismo, no iban a necesitar esa aplicación nunca más.

Sanji pasó sus brazos por los hombros de Zoro, y él, por su cintura. Encajaban como un molde perfecto.

─ Feliz cumpleaños, Zoro.

La sonrisa de Zoro se estiró hasta que sus labios llegaron a doler de pura felicidad. No podían esperar más, ambos lo deseaban, lo anhelaban, y sin más rodeos, se besaron, largo, sin prisas, disfrutando de su primer beso, de esa nueva vida que empezaban como Zoro y Sanji.

Fin.

-.-.-.-

Notes:

Estoy enganchadísima al programa de "Catfish" jajajajaja, me inspiró para hacer este fic a última hora, porque no tenía pensado escribir nada por su cumpleaños, pero mira, al final ni tan mal.

¿Brook y Chopper son personas normales en este fic? Ni lo sé, ni me importa. No es trascendental jajaja.

Como siempre, gracias de antemano por los comentarios y las votaciones.

¡Nos leemos!