Actions

Work Header

Me tienes tan fascinado

Summary:

Donde, luego de mucho tiempo sin verse, Yatora pasa la mejor noche de toda su vida junto a Yuka.

Notes:

Inspirado en: Fascinados - Sidonie.

Canción que canta Yuka: River Of Crystals - Kimiko Itoh.

Vestido que usa Yuka: YatoYuka Official Art.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Nothing lasts, you said.

But everything still holds meaning in my heart.

KIMIKO ITOH

 

Yatora se miró al espejo, se arregló el nudo de la corbata y entró al gran salón de fiestas del hotel. Al instante, un joven mayordomo lo recibió con una sonrisa y una copa de champaña, cuyo contenido espumoso relucía bajo las luces de las arañas repletas de diamantes. Echó un vistazo alrededor suyo: la gente bailaba o charlaba en pequeños grupos, los mayordomos iban y venían repartiendo exquisitos manjares y una pequeña orquesta tocaba un concierto para piano, compuesto por alguno de esos anticuados músicos europeos que tanto le gustaban al vejestorio que había organizado esa fiesta. Parecía que todos los presentes estaban pasando una velada de lo más memorable; no podía esperarse menos de Aramaki, amo y señor de la industria de la moda japonesa.

Recorrió el salón, saludando a un montón de gente conocida: críticos de arte, galeristas, diseñadores de moda, modelos y otros jóvenes artistas del círculo de talentos emergentes que ahora frecuentaba. En un rincón alejado de todos los demás, encontró a Yotasuke y Hashida, dos de sus amigos de su época de artista principiante. Se sintió aliviado de encontrarse con algunos de sus viejos amigos en un lugar como ese, pero al instante se arrepintió de haberse acercado a saludar, pues apenas eran las nueve de la noche y esos dos ya estaban todos acaramelados, con Hashida acorralando a Yotasuke contra la pared.

—Por amor a Dios, consigan un motel —se burló Yatora, poniendo cara de asco.

Yotasuke aprovechó que Hashida se distrajo saludando a su amigo para escapar de su molesto agarre, huyendo rápidamente hacia la mesa de postres al otro lado del salón.

—Cuánto tiempo sin verte, Yatora —lo saludó Hashida, invitándolo a caminar también hacia la mesa de postres, tras el escurridizo de su novio—. Creía que este tipo de fiestas no eran lo tuyo.

—Bueno, dicen que las fiestas del señor Aramaki son inolvidables. —Yatora se rascó la nuca, restándole importancia al asunto—. Además, él está interesado en que diseñe algunos estampados para su marca, así que no puedo dejar pasar esta oportunidad única de negocios.

—Nunca pensé que te escucharía hablar sobre negocios. —Y se detuvo junto a su novio, agarrándolo de la cintura y robándole uno de los dulces que se había servido en un platito—. Has cambiado mucho, Yatora.

Yatora quiso insistir en que no era la gran cosa, pero se vio interrumpido cuando el señor Aramaki —un viejito bajo, calvo y regordete, con unas gafas en montura de oro ridículamente pequeñas— subió al escenario y agarró el micrófono, captando la atención de todos los presentes al instante.

—Estimados invitados, espero que todos estén pasando una velada de lo más memorable. —La gente lo miraba expectante, ansiosa por sus próximas palabras—. Mi querida amiga Yuka se ha ofrecido a deleitarnos con una pequeña canción, ¡así que vamos a recibirla con un fuerte aplauso!

Yuka subió al escenario, de la mano del señor Aramaki y entre los aplausos y ovaciones entusiastas del público. Estaba más deslumbrante que nunca: lucía un vestido largo, negro y ajustado, repleto de pedrería y pequeños lazos en las mangas, y el pelo recogido en dos grandes moños a cada lado de su cabeza. Yatora sintió que su corazón daba un vuelco en su pecho en el preciso instante en que la vio, pues hacía un montón de tiempo que no se veían, y aunque a menudo solía verla en revistas de moda, había olvidado lo hermosa que era.

Yuka tomó el micrófono y empezó a cantar, con una voz increíblemente melodiosa y acompañada únicamente por un piano, un contrabajo y un saxofón:

Crystal memories

Touched by your voice, in the moonlight.

Nothing lasts, you said.

But everything still holds meaning in my heart.

Hidden deep in my mind,

River to the time

That we once shared together—

The pictures are still on the wall and why

Shining smiles, like snowflakes

All melted and gone away...

Only answer was to live

And I'm still here—

With your memories...

Dreaming hopelessly

Holding in my heart

All the flowers you left...

—No sabía que Yuka tenía tanto talento para el canto —murmuró Yotasuke, sin apartar la vista del escenario.

—Yuka-chan es la mujer más talentosa que conozco. —Hashida miraba al escenario totalmente cautivado, siguiendo el ritmo de la música con su cuerpo—. Si tú no existieras, Sekai-kun, sin duda Yuka-chan sería el amor de mi vida.

—Yuka nunca se fijaría en ti.

—Si crees que nunca se fijaría en mí, ¿entonces por qué me estás celando ahora mismo?

—Ryuji es tan... fascinante —murmuró Yatora de repente, sin apartar la vista del escenario y ajeno a la pequeña discusión marital que estaban teniendo sus amigos en ese instante.

Yotasuke y Hashida miraron a Yatora, y luego intercambiaron una mirada cómplice.

—Parece que no soy el único aquí fascinado con la hermosura de esa mujer —comentó Hashida, metiéndole un codazo en las costillas a su amigo.

Mientras cantaba, Yuka paseaba su mirada por todo el público, hasta que encontró a sus tres amigos en medio de ese gentío que poco le interesaba. Su mirada se detuvo más tiempo en Yatora, como si estuviera cantando solo para él, y nada en este mundo lo preparó para el instante en el que la muchacha, seductoramente, le guiñó un ojo.

Con tan solo su presencia y unos pocos gestos, Yuka lo había dejado totalmente fascinado.

 

Yuka bajó del escenario, entre los incesantes aplausos y ovaciones del público, e intentó abrirse paso hacia donde estaban sus tres amigos, pero apenas lograba avanzar dada la gran cantidad de gente que quería saludarla y felicitarla por su exquisita actuación. Yotasuke y Hashida retomaron su conversación sobre el increíble talento de la muchacha, mientras Yatora temblaba nervioso al verla acercándose cada vez más hacia donde estaba su grupo. No podía evitar sentirse así, pues tan solo la presencia de Yuka, con su seductora elegancia, era suficiente para poner nervioso hasta al más confiado de los hombres.

—¿Qué tal, muchachos? —Los saludó Yuka, sonriendo, genuinamente feliz de reencontrarse con sus amigos luego de tanto tiempo—. Cuánto tiempo sin verlos, eh.

—Permíteme felicitarte por tan exquisita actuación, querida amiga. —Hashida se tomó el atrevimiento de besarle una mano, bajo la fulminante mirada de su novio.

—Oh, no es la gran cosa. —Yuka se rascó la nuca, restándole importancia al asunto—. Es solo una cancioncita que me gusta mucho.

—Pues nos dejaste a todos tan fascinados... especialmente a Yatora.

—Ah, ¿en serio?

Yatora enrojeció al ver que Yuka lo miraba fijamente, expectante, y maldijo mentalmente a Hashida por haberlo metido en ese aprieto.

—P-pues sí... —Y aunque lo intentó, no logró disimular su nerviosismo—. Fue tan... fascinante.

—Oh, pues me alegra que les haya gustado. —Y aunque se suponía que estaba hablando con los tres en ese momento, más bien parecía que solo estaba hablando con Yatora, pues no apartaba su mirada de él.

La tensión entre esos dos era tan evidente, que Hashida no tuvo más opción que intervenir:

—Parece que ustedes dos tienen mucho de qué ponerse al día. —Y miró a Yatora, quien era más nervios que persona en ese instante—. Si nos necesitan, estaremos en la pista de baile. —Y se alejó, arrastrando a su novio consigo, en contra de su voluntad.

Yuka y Yatora los vieron alejarse hasta perderse entre la gente, y luego permanecieron unos cuantos segundos en completo silencio, Yatora por dentro muriéndose de los nervios, hasta que Yuka sugirió, con tono cansado:

—¿Qué tal si vamos a mi habitación? Ya estoy harta de toda esta gente...

—P-pero... ¿Qué hay del señor Aramaki?

—No te preocupes por él, sus únicas preocupaciones en esta vida son ganar mucho dinero y que yo sea feliz.

Y antes de que pudiera inventar cualquier excusa para rechazar su invitación, Yuka lo arrastró hacia la salida. Abandonaron la fiesta sin despedirse de nadie, ni siquiera de Yotasuke y Hashida, y subieron a su habitación. Era una de las suites ubicadas en el último piso del hotel, equipada con todas las comodidades que una celebridad como Yuka podría desear: un minibar repleto de los más exquisitos licores, un jacuzzi en la terraza y muebles tan mullidos como algodones. Un montón de lujos a los que Yatora aún no se había acostumbrado por completo, aunque también se estaba convirtiendo en toda una celebridad en el mundo del arte.

—Ah, por fin algo de paz... —Yuka se dejó caer en la butaca frente al tocador y empezó a deshacer su peinado, dejando su pelo caer libremente sobre su espalda—. ¿Me ayudas, por favor?—Y miró a Yatora, señalando el cierre de su vestido en su espalda.

Yatora tragó saliva, se acercó vacilante y desabrochó el vestido, dejando al descubierto la tersa piel ajena. De repente, sintió unas inmensas ganas de dibujarla así, sentada ante el tocador, con el pelo cayendo libremente sobre su espalda desnuda y mirando seductoramente al espectador por encima del hombro. Su rostro enrojeció por completo con tan solo imaginar semejante escena, pues nunca antes se le había ocurrido dibujar a su amiga, y mucho menos en un contexto como ese.

—R-Ryuji... Necesito dibujarte así... —Y buscó en los bolsillos de su pantalón y chaqueta, dándose cuenta de que no había traído su libreta de bocetos consigo—. ¡Mierda! No he traído nada para dibujar...

—¿Pero dónde está el audaz Yatora que yo conozco, el audaz Yatora que es capaz de hacer que cualquier cosa sirva para hacer arte? —Yuka se levantó, se acercó y lo agarró de la corbata, señalando a su alrededor.

Yatora entonces echó un vistazo a su alrededor, dándose cuenta de que las sábanas y manteles pulcramente blancos podían servir como lienzos, mientras que los delineadores y labiales de Yuka, de tan diversos colores, podían servir como pinturas.

—Tienes razón, cualquier cosa sirve para hacer arte. —Y arrancó el mantel de una mesa, sin importarle que las cosas que había encima cayeran al suelo.

Yuka le sonrió y volvió a sentarse ante el tocador, dejando que Yatora la dibujara tanto como quisiera.

 

Yatora dibujó a Yuka en cada mínimo trozo de tela que encontró en esa habitación. La dibujó sentada ante el tocador, con el pelo cayendo libremente sobre su espalda desnuda y mirando seductoramente al espectador por encima del hombro; de pie junto al tocador, quitándose el vestido y con el pelo cayendo desordenado sobre su rostro; caminando hacia la cama, con la bata de seda que se puso luego de quitarse el vestido y su rutina de skincare recién aplicada... Aunque no tuviera a la mano los mejores materiales de arte, nada en este mundo sería capaz de detenerlo en ese instante; nunca antes se había sentido tan inspirado para dibujar a alguien.

Mientras dibujaba, hablaron sobre sus vidas, sus planes futuros y sus preocupaciones actuales. La noche pasó volando entre miles de anécdotas y dibujos, hasta que el amanecer asomó tímido entre las cortinas entreabiertas y los encontró aún despiertos. Sin embargo, ninguno de los dos quería que esa noche terminara nunca, pues apenas salieran de esa habitación tendrían que volver a sus respectivas rutinas, cada uno por su lado, sin saber si alguna vez volverían a verse en el futuro.

—Ah, estoy tan cansado... —Yatora se quitó la corbata y la chaqueta, dejándolas tiradas en cualquier parte, y se dejó caer sobre la cama, tan cansado que apenas lograba mantener los ojos abiertos.

—No es por ser egocéntrica, pero creo que estos son los mejores dibujos que has hecho en toda tu carrera —comentó Yuka, echándole un vistazo a los bocetos en trozos de tela tirados por todas partes—. Me has hecho más hermosa de lo que realmente soy.

—Bueno, no he podido evitarlo... Tu hermosura no tiene comparación.

Yuka le sonrió, y luego apagó la luz y se dejó caer en la cama a su lado, arropándose con las sábanas repletas de bocetos dibujados con labiales de distintos colores.

Luego de un rato, Yatora estaba a punto de quedarse dormido cuando, de repente, escuchó que Yuka le susurraba al oído:

—Yatora, ¿estás despierto?

—¿Mmh...?

—Acabo de pensar que... lo que hace que esta noche sea tan especial es que nunca volverá a repetirse, y por eso desearás que nunca hubiera terminado...

Eso fue lo último que escuchó Yatora antes de quedarse dormido.

 

Unas cuantas horas después, cuando ya había amanecido por completo, Yatora despertó sobresaltado, con un mal presentimiento carcomiendo sus entrañas. Lo primero que vio fue un montón de maletas agrupadas junto a la puerta, y al voltear la mirada, vio a Yuka terminando de vestirse de pie junto a la cama y de espaldas a él; por su atuendo, parecía que estaba a punto de irse de viaje.

—Ryuji... ¿Ya te vas? —Le preguntó, aún medio aturdido por recién haberse despertado.

—Ah, Yatora... Quería irme antes de que despertaras... —Y lo miró con expresión triste—. Lo siento, pero no me gustan las despedidas tristes...

—Pero, ¿acaso es que nunca más volveremos a vernos?

—Bueno, quién sabe... Pero incluso si volvemos a vernos alguna vez, no creo que sigamos siendo las mismas personas que somos ahora...

Al principio, Yatora no entendió a qué demonios se refería, pero luego recordó el comentario de su amigo Hashida: había cambiado un montón, tanto que ahora se preocupaba por hacer negocios con su arte. Sin embargo, a decir verdad no había tenido más opción, pues si no se hubiera esforzado por cambiar para encajar en ese mundo, lo habrían excluido cruelmente. En ese mundo donde lo único que importaba era la fama, la riqueza y la apariencia, ¿acaso era posible seguir siendo uno mismo? Aunque él quisiera lo contrario, creer que eso era posible sería demasiado ingenuo de su parte.

—No me extrañes demasiado. —Yuka se acercó y lo besó en la mejilla, sacándolo de sus pensamientos y haciéndolo enrojecer al instante—. Hasta luego, Yatora.

Y sin mirar atrás, Yuka salió de la habitación, dejando a Yatora tan fascinado como la noche anterior.

Notes:

Este ha sido mi regalo para Nana por su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños, princesa! Espero que te haya gustado y que hayas tenido un excelente día. 💖💖💖

Se podría decir que esto fue dos songfics en uno; primero me inspiré en Fascinados de Sidonie, y luego, mientras pensaba qué canción cantaría Yuka en la primera escena, la imaginé cantando River Of Crystals de Kimiko Itoh, y no pude sacar esa idea de mi mente. Otra de las canciones de Kimiko Itoh que también me recuerdan a Yuka es Follow Me, también para el OST de Ghost In The Shell 2: Innocence, mi mayor hiperfijación en este momento.

En fin, ¡muchas gracias por leer y espero que les haya gustado! :D