Chapter Text
La caída de la luna indicaba el inicio de la noche, alistandose, se pasaron las horas y finalmente llego la hora. El vestido era una obra de arte en terno negro que se ceñía a tus curvas y luego caía en una falda ligera como el humo. El maquillaje, minimalista pero impecable, acentuaba unos ojos que parecían capaces de detener el tiempo.
Lo sabías. Lo sentías en cada par de pupilas clavadas en tu espalda mientras caminabas con tu padre, un arquitecto de renombre que había diseñado varias de las sedes deportivas de los patrocinadores.
-"Parece que otra vez eres la estrella de la noche, cariño"-, murmuró tu padre, orgulloso pero con un deje de preocupación. Él conocía tu incomodidad.
-"Ojalá se fijaran en tu diseño del centro de entrenamiento y no en tu hija como si fuera alguno de los arreglos florales"-, susurraste consternada, agarrando su brazo con más fuerza.
Sonreías con elegancia, a nadie en particular pero era un truco que habías perfeccionado: una sonrisa amplia pero vacía, un escudo de cristal pulido. Por fuera, la epítome de la gracia serena. Por dentro, un torbellino de ansiedad.
("¿Estaré siendo demasiado callada? ¿Pareceré muy altiva? ¿Por qué me miran tanto? Si se acercan, ¿tendré algo interesante que decir?")
Te refugiaste en un rincón tranquilo junto a una enorme ventana que daba a los jardines iluminados, fingiendo un profundo interés en la luna. Ahí, sola por fin, dejaste que los hombros se relajaran un milímetro y suspiraste levemente.
Sacaste tu celular, buscando una distracción de memes de gatitos o de alguna serie, una normalidad reconfortante comparada con la exasperante tension de la gala.
De repente, una voz tan suave y melodiosa como el seda cortó tu burbuja de paz.
-"Un espectáculo tan celestial merece una audiencia más apropiada que una pantalla de móvil, ¿no crees?"-
Alzaste la vista. Y el aire se te atascó en el pecho.
Él era... irreal.
Como si hubieran esculpido al mismísimo Dios Apolo con cabello de oro y ojos de un azul tan intenso que casi dolía mirarlos. Una sonrisa perfecta, calculada para desarmar, jugueteaba en sus labios. Llevaba un traje a medida que gritaba "estrella" con cada costura.
Kaiser
Lo habías visto en las revistas. El prodigio alemán, el emperador del club de renombre Bastard Munchen.
Y entonces nuevamente forzaste otra de tus sonrisas de muñeca. -"La luna es bastante bella y complaciente por ello no puedo evitar relajarme con mi celular"-Tu voz sonó más serena de lo que esperabas.
Él rió, un sonido encantador y vacío. -"Inteligente y bella. Un combo peligroso."-Su mirada te escaneó, no con la lascivia burda de otros, sino con la apreciación de un coleccionista que encuentra una pieza rara.-"Soy Michael Kaiser. Y tú eres la razón por la que las personas de este lugar estan distraídas del espectáculo"-
La familiaridad de su conversación te puso en guardia.-"Es...un efecto colateral no deseado, te lo aseguro. Soy Mirabella, mi padre es el arquitecto Shelton Ruthfol"-
Intentó inútilmente restarle importancia, cambiar el tema de atención.
"Ah, el genio detrás de la estructura. Interesante." -Pero su mirada no se desvió de ti. Se inclinó un poco, invadiendo tu espacio personal de una manera que debería haber sido irritante, pero que estaba ejecutada con una maestría tal que parecía natural-"Y dime, Mirabella, ¿qué piensas de todo esto? ¿De esta jaula de oro llena de pavos reales?"
La pregunta fue inesperadamente directa, cortando el bullicio social. Por un segundo, tu escudo se resquebrajó.
La ambiversión tomó el volante, la incomodidad inicial dio paso a la curiosidad e intriga.
"Pienso..."-comenzaste, bajando la guardia un poco -"que es como un partido de fútbol de muy alto nivel-los ojos se movieron de un lado a otro hacia las personas de alrededor- Mucho espectáculo, muchas fintas, y todo el mundo tratando de anotar un gol a expensas de otro."
Sus ojos azules centellearon con genuino interés, o una imitación magistral del mismo.
-"Una analogía brillante, así que ves a través de la fachada también."-tenía una mirada curiosa y divertida,como cuando le dan un juguete a un niño-.
Y así comenzó. Él era carismático, divertido, y hacía reír con comentarios sarcásticos y observaciones mordaces sobre otros invitados. Te encontraste relajándote, tu verdadero "tú" asomando.
Le contaste sobre la frustración que tenías con tu último proyecto de ilustración digital de unos planos-(¡La maldita tableta gráfica no había guardado los últimos datos que había agregado, te juro que tuve unas ganas de romperlo,!"), y él solo sonrió, parecía encantado por tu franqueza poco refinada.
Te sentiste... vista. Pero de una manera nueva. No como un objeto, sino como una persona intrigante. Era una sensación peligrosamente adictiva. Por un momento, el miedo de que se vaya se calmó.
Y JA, imaginar que minutos atrás esperabas que se fuera.
Tu pensamiento actual era..."Él me encuentra interesante."
La noche avanzó y te seguía como una sombra, alejando a otros con una mirada o una palabra cortante. Te hizo sentir protegida, especial. La "elegida" por el príncipe de la noche. Era intoxicante.
Hasta que la máscara se resquebrajó.
Un joven jugador japonés, de rostro amable y algo nervioso, se acercó a pedirte un baile. Era un gesto tímido y adorable.
Antes de que pudieras responder educadamente, la voz de Kaiser, ahora tan fría como el acero, cortó el aire.
-"¿En serio crees que alguien como tú tiene una oportunidad con ella?"- dijo con una sonrisa despiadada. Sus ojos oscureciendose. Su brazo se posó sobre tu cintura,reclamandote como si de su propiedad se tratará,siendo que... te heló la sangre.
-"Mira nada más a quién viene a molestar. Corre de vuelta a tu mediocridad, pequeño ratón.-la tonada era frívola y divertida-La dama está con su emperador."-
El chico palideció, su confianza se desvaneció. Murmuró una disculpa y se fue con la cola entre las patas.
Tú te quedaste paralizada. La elegancia y el encanto... se evaporaron como humo, revelando la criatura arrogante, cruel y despiadada que habitaba debajo.
No era confianza, era posesividad tóxica. No te protegía, te marcaba como su trofeo.
Y no dudaba en aplastar sin piedad a cualquiera que se acercara, alimentando el miedo al rechazo-aislarte y hacerte creer que solo él te quería cerca-.
-"Kaiser..."-, murmuraste, tu voz temblorosa.-"Eso fue... horrible. No tenías por qué humillarlo así."-
Él se volvió hacia ti, su sonrisa aún ahí, pero ahora era una cosa cruel y torcida.
-"¿Horrible? Le hice un favor-prosiguió- Le ahorré tiempo y vergüenza."-
-"Mirabella, mi cielito, alguien como tú no debería rebajarse a entretener a ese tipo de gente. Son inferiores. Mereces estar con un ganador, conmigo."-
Las palabras te golpearon como un puñal. ("¿Inferior? ¿Ganador?") Tu sensibilidad y a flor de piel, sangró con cada palabra.
Iniciaste-"¿De verdad piensas eso? ¿Que las personas son peones para que tú las manipules y descartes? ¿Que yo soy solo un trofeo para añadir a tu colección?"-
Su expresión se endureció. La fachada se desmoronó por completo, mostrando el hielo puro en su interior.-"No seas ingenua. Este es el mundo real. Yo veo algo que quiero y lo tomo. Elimino a la competencia. Es algo simple. Te estoy haciendo el honor más grande al elegirte."
Ahí estaba.
La verdadera naturaleza de Michael Kaiser, desenmascarada no en un campo de fútbol, sino en un salón de baile, usando el miedo y a "ti" como armas.
El hechizo se rompió. La intoxicación se convirtió en náusea.
Retiraste su mano de tu cintura como si te hubiera quemado. Tus ojos, antes llenos de una curiosidad cautivada, ahora brillaban con una furia fría y herida.
-"El honor más grande"-, repetiste, tu voz ahora firme y cargada de desprecio. -"No es el ego desmedido y el corazón más podrido que he tenido la desgracia de acabar de conocer. No soy un trofeo, Kaiser. Y tu 'imperio' es una jaula solitaria y patética."-
Antes de que él pudiera responder, de que su sorpresa se convirtiera en ira, te diste la vuelta. Ya no te importaban las miradas. Caminaste con la cabeza alta, alejándote del príncipe de hielo, dejándolo plantado en medio del salón, su máscara de encanto hecha añicos a tus pies.
Tu corazón palpitaba por el rechazo y la furia, pero también por una claridad dolorosa. Habías visto el abismo detrás de sus ojos azules, y preferías mil veces la soledad honesta a ser la reina de un reino tan vacío y cruel.
