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The Ghost of Jealousy

Summary:

The Ghost of Jealousy

11 años de matrimonio, de felicidad y sueños hechos realidad, una familia perfecta.

Una mirada robada, un beso furtivo, una caricia prohibida.

El fantasma de los celos cae sobre la pareja perfecta para manchar de duda, poner a prueba el amor y la lealtad.

Notes:

Holi, gracias por leerme de nuevo.

Hoy traigo una historia que no me deja en paz, será controversial por el tema, lo sé, pero ni moda.

Será una historia corta de capítulos cortitos también.

Amo a mis protas en la vida real, pero aquí el pelinegro tiene issues.

Chapter 1: Felicidad Domestica

Chapter Text

¿Cuál es la definición de un matrimonio perfecto? ¿Es acaso la bella casa en los suburbios? ¿Una hija hermosa e inteligente que te considera su héroe? ¿Es un esposo guapo, dedicado, dulce y amoroso?

¿Son acaso noches tranquilas y serenas en frente de la chimenea con una copa de vino? ¿Complicidad con el amor de tu vida? ¿Esa conexión que solo ustedes dos tienen?

Después de una vida juntos, ¿es eso suficiente?

 


 

Max y Sergio habían estado casados por 11 años, 8 de los cuales habían sido los afortunados padres de una pequeña niña, en esos 11 años tuvieron sus altibajos, sobretodo derivados del trabajo demandante de Sergio y honestamente, la posesividad de Max, que podía llegar a ser muy demandante, pero su unión era envidiable, emanaban amor.

 

Como cada día, la alarma suena en punto de las 6 de la mañana, Sergio y Max solo querían seguir dormidos, el molesto sonido solo los hacía gruñir entre las almohadas, Max abrazó a su esposo fuerte, el cual se acurrucó más disfrutando el abrazo, pero el despertador seguía sonando, Sergio estaba a punto de pararse cuando entró, como la jefa de la casa que era, su pequeña hija.

 

—¡Por que no están despiertos, ya son las 6:15 vamos a llegar tarde! —La pequeña voz de Hamda inundaba su habitación, junto con ella, un perro juguetón, peludo y enorme, movía su cola y despertaba con lamidas en la cara a los esposos, el peludo amigo de la niña de llamaba Waffle, nombre que la pequeña le puso en broma, pues cuando Sergio lo trajo del albergue, el entonces pequeño cachorro, e robó su desayuno a la pequeña niña, que, en vez de llorar, no paraba de reír, pero después de un par de años, ya nadie le decía de otra manera, se había convertido en su nombre oficial.

 

Con sus pequeñas manitas, la niña despertaba a sus padres, mientras el perro lamía la cara de Sergio ayudando a su pequeña humana.

 

El matrimonio despertó, cansado después de un día agotador pues se habían dormido tarde después de ayudar a su hija con su proyecto de ciencias, el cual tenía que presentar hoy.

 

En lo que Sergio se bañaba y alistaba para ir a trabajar, Max bajó con su hija a la cocina para preparar café y prepara el desayuno para su familia.

 

El hogar era un poco caótico, Hamda hablaba sin parar de lo emocionada que estaba sobre su proyecto, Max la escuchaba a medias por que estaba haciendo unos huevos, escuchando las noticias y sirviéndole café a su esposo, el cual no bajaba y se le haría tarde para desayunar.

 

—¡Sergioooo amor! ¡Se hace tarde! — Gritó desde el pie de las escaleras, su perro justo a su lado tratando de llamar la atención pues también tenía hambre.

 

—¡Hamda ven a darle de comer a Waffle! —Ahora exclamó Sergio una vez que ya había bajado por las escaleras para encontrar a su esposo ofreciéndole una taza de café, la cual tomó muy agradecido dándole un pequeño beso, necesitaba despertar, tenía un día muy ocupado, ese solo sería el primer café del día.

 

En la cocina encontraron a su pequeña hija sentada junto a su perro el cual se encontraba comiendo muy alegre, les hizo gracia, Sergio inmediatamente le tomó una foto y la levantó cargándola como un costal de papas, la niña reía a carcajadas.

 

—Le vas a arrugar el uniforme. —Les dijo Max en lo que servía el desayuno, a él también le daba risa, pero tenía que ser el responsable de la casa, su hija debería verse impecable, una niña bien arreglada siempre era el buen reflejo de sus padres.

 

Los tres se sentaron en la isla de la cocina para desayunar, Max había preparado huevos revueltos, tocino, pan tostado, café para ellos y leche con chocolate para su hija. Reían sobre cualquier ocurrencia de la pequeña mientras que con un lenguaje no verbal Sergio le indicaba a su esposo apagara la televisión pues las noticias eran duras y desagradables, no apropiadas para una pequeña de 8 años.

 

Al terminar de desayunar, Max ayudó a Sergio a subir la enorme maqueta del proyecto de Hamda a la camioneta, explicaba cómo funcionaba el sistema digestivo así que tenía una suerte de mangueras y líquidos, deberían ser cuidadosos, la niña solo los observaba mientras abrazaba a su perro que de tan grande que era, eran básicamente del mismo tamaño, y Waffle estaba sentado.

 

Antes de despedirlos, Max le acomodó el saco y la corbata a su esposo, estaba usando un traje sastre azul marino hecho a la medida, se veía perfecto, le dio un beso tierno en los labios deseándole buen día, le acomodó el peinado a su hija y le hizo preguntas sobre su mochila mientras le daba un beso en la frente.

 

—¡Los amo, se van con cuidado, nos vemos al rato en la escuela! —La pequeña familia se despidió, dejando a Max solo con el perro y una cocina que limpiar. 

 

Sergio era un exitoso hombre de negocios, su oficina estaba en la ciudad, cuando adoptaron a la pequeña, decidieron mudarse a los suburbios por ella, para que creciera a salvo, para que pudiera recorrer las calles arboladas en bicicleta en vez de preocuparse por un loco en el metro.

 

Max había sido maestro en una prestigiosa escuela de la ciudad, la misma a donde ahora asistía su hija, pero cuando formaron su pequeña familia, decidió enfocarse por completo a ella. Tenía una pasión profunda por los automóviles, coleccionaba autos clásicos que arreglaba y luego presumía en la exposiciones, habían comprado una casa grande con un cochera enorme solo para los autos de Max, Sergio lo consentía con lo que el pudiera querer, nada nunca le faltaba, ser el padre de su hija y dedicarse a ella mientras él estaba trabajando era una exigencia que merecía ser recompensada y no es que Max lo viera como un trabajo, adoraba hacerlo y no lo cambiaría por nada en este mundo, aunque a veces se sentía como un esposo trofeo.

Sergio a veces no sabía cómo agradecer el sacrificio que Max hacía por ellos, así que cumplir todos sus caprichos era su placer.

 

Sergio se esforzaba mucho por ellos, Max lo sabía y agradecía, pero tenía un defecto, no lo podía evitar, era como un fantasma que de repente le decía cosas al oído; los celos a veces eran muy poderosos y no ayudaba que su esposo era en extremo coqueto, se portaba bien, pero Max no podía evitar ser tan posesivo, lo amaba tanto, le aterraba perderlo, sus celos e inseguridad habían creado problemas en la pareja, problemas silenciosos que erosionaban su amor incondicional, aun así, Sergio lo cuidaba, le aseguraba que solo él era el amor de su vida, que la única persona en este mundo para él, era su amado esposo.

 

 

Max lavó los trastes y limpió la cocina, un Mustang del 76 lo esperaba en la cochera, ya se había cambiado para usar su ropa de trabajo, se llenaría de grasa y líquidos de auto.  

Con sus manos ya grasosas tomó esa cromada llave inglesa que era su favorita, la usaba para todo, tanto para sus autos como para cualquier arreglo que la casa llegara a necesitar, estaba debajo del auto cuando su teléfono comenzó a sonar, tardó un poco pues tenía que limpiar sus manos, pero cuando vio quien era sonrió grande.

 

—¡Hola amor, como estas! Perdón por tardarme estaba trabajando en el auto.

 

—Mmmm me imagino que estas todo lleno de grasita ¿verdad? —Le contestó jugando, coqueteo en su voz.

 

—Justo como te gusta. — Max siguió el juego. 

 

—Quizás cuando llegue te limpie a detalle. Pero amor, no te hable para eso. —Cambió el tema casi abruptamente, su tono cambiando de coqueto a serio. —Qué crees, no podré ir a la escuela a ver la exposición de la niña, tendrás que ir solo.  

 

—¿Qué? Sergio no, tu hija se va a decepcionar mucho, trabajamos toda la noche, siempre me dice que nunca vas a sus eventos. —Max estaba decepcionado.  —¿No habías planeado el día para poder asistir?

 

—Lo se amor, de verdad lo siento, me programaron una junta y no creo poder zafarme, por favor, pídele perdón a mi niña por mí, se lo compensaré, lo prometo.

 

Terminaron la llamada tan rápido como empezó, Max estaba molesto, pero no sorprendido, Sergio era un hombre muy ocupado, lo sabía, respiró hondo, lo más difícil de todo era tener que explicarle a su hija porqué su padre no estaría ahí para ella.

Dejó la llave en su lugar no sin antes limpiarla bien, le gustaba que siempre estuviera perfectamente limpia y brillante.

El evento empezaría en unas horas y todavía tenía cosas que hacer, así que decidió dejar el proyecto del auto a un lado para terminar sus deberes y llegar a tiempo, al menos él tenía que estar ahí para su pequeña.

 


 

En la escuela ya lo conocían bien, Max siempre se involucraba en las actividades y como era tan carismático era muy querido.

 

Cuando llegó al salón de ciencias, este estaba lleno por los demás padres de familia, los niños exponiendo sus trabajos para los presentes, cuando Hamda vio a su papá se emocionó mucho, saltando y saludándolo, pero al ver que estaba solo se decepcionó visiblemente.

 

—¡Papi que bueno que ya llegaste! ¿Y mi papá, otra vez no pudo venir? —Preguntó la niña un poco decepcionada.

 

—No mi amor, papá tenía una reunión, no podrá venir, pero me dijo que te compensará. —Max y Hamda estaban decepcionados, pero tenían que continuar con la tarea.

 

Hamda estaba exponiendo su trabajo, se veía un poco apagada por la desilusión de no ver a su papá ahí, su maestro a un lado, sonriendo, alentándola. De repente se le iluminaron los ojos, en frente de ella, su papá había llegado de sorpresa.

 

Max también se iluminó cuando vio a su esposo sentarse junto a él.

—Me pude salir de mi junta justo a tiempo. —Le dijo Sergio sonriéndole con esa sonrisa que iluminaba todo, dándole un breve beso en la mejilla, ambos esposos tomados de la mano, muy orgullosos por ella, escuchando con atención.

 

Al terminar todos los niños sus exposiciones los padres podían acercarse a sus pequeños para felicitarlos y hablar con los maestros.

 

Max estaba abrazando a su pequeña y felicitándola, mientras Sergio estaba detrás del stand desconectando las mangueras de la maqueta, cuando llegó su maestro a presentarse, era un maestro nuevo, solo había estado en la escuela un mes.

 

—Ah! ustedes son los papás de Hamda, debo felicitarlos, es una niña excelente. —Les dijo en lo que extendía su mano para saludarlos.

—Mucho gusto, soy Max y mi esposo, Sergio es quien está limpiando todo. —Reía en lo que le pedía a su esposo con sus manos que se levantara a saludar.

 

—Ah, lo siento, soy Sergio, disculpe, no escuche su nombre. — Dijo el pelinegro en lo que tomaba de la mano al maestro, el cual por alguna razón alargó el saludo, no soltándolo por segundos más, sus miradas se encontraron, era una sensación extraña, algo eléctrico quizá. 

 

—Lando, me llamo Lando.