Chapter Text
Lando no lo supo por Oscar.
Lo supo por una notificacion en su teléfono, justo cuando salió de entrenar, empapado en sudor y con los auriculares colgando del cuello. La notificación decía:
BREAKING: Oscar Piastri to join Red Bull in 2026.
Se quedó quieto en medio del estacionamiento del simulador, con el celular temblando en su mano y la garganta cerrada.
No lo podía creer.
No era un rumor. Era oficial. Un comunicado. Declaraciones de Horner. Fotos.
Oscar.
Red Bull.
Y él, enterándose como un cualquiera.
No fue a su casa. No fue al MTC.
Fue al departamento de Oscar.
Subió las escaleras más rápido de lo que podía pensar, con el corazón haciendo un ruido insoportable. Golpeó. Golpeó otra vez.
—¡Oscar! —su voz ya no era firme, era desesperada—. ¡OSCAR, ABRIME LA PUERTA!
Nada.
Golpeó de nuevo.
Hasta que se abrió.
Oscar estaba descalzo, con una remera vieja y los ojos enrojecidos. Como si supiera.
—Me podés explicar cómo es eso que te cambiás de equipo… y yo- YO! TU NOVIO! soy el último tarado que se entera? —dijo Lando, con los ojos llenos de lágrimas. No lloraba todavía, pero se le notaba en la voz, en el cuerpo tenso, en el temblor de la mandíbula.
Oscar tragó saliva, dio un paso atrás.
—Lando, yo…
—Lando? Lando nada ! —espetó, entrando sin pedir permiso—. Somos novios hace dos años. ¡HACE CUATRO que estamos a las idas y vueltas! ¿Y no tenés los huevos para contarme?
Oscar bajó la mirada.
—No quería que te enojaras. No sabía cómo decirlo…
—¡¿Y si esto no se anunciaba hoy?! ¿Me ibas a contar? ¿O me iba a enterar como un estúpido el año que viene cuando te buscara en tu driver room y hubiera otro piloto cualquiera ?
El silencio fue peor que una respuesta.
Lando lo miró con los ojos vidriosos, la boca apretada.
—¿Sabés lo que más me jode? Que pensé que éramos un equipo. Nosotros dos. Que esto, lo nuestro, era lo único real en medio de todo este circo.
Oscar no dijo nada. Y eso fue lo peor.
Lando dio un paso atrás, tragando con fuerza para no romperse del todo.
—Te juro que no era tan difícil elegir decirme la verdad.
Se fue sin cerrar la puerta. Oscar no lo siguió.
Lando llegó a su casa temblando.
No del frío. Del cuerpo. Del alma.
No sabía si había llorado más camino al ascensor o dentro del auto. Solo recordaba cómo le ardían los ojos, la cabeza y el pecho.
Entró sin prender las luces. Se dejó caer en el sillón. No quería pensar. No quería sentir.
El celular vibraba sin parar. Lo ignoró… hasta que el zumbido no dio más tregua.
Max: che boludo qué onda?? me estás jodiendo que oscar se va a red bull???
Carlos: bueno, entonces ahora sí me podés invitar de vuelta a McLaren 😂
aunque no sé si te conviene… con la suerte que tengo ultimate!
Lando cerró los ojos con fuerza. No por lo que decían.
Sino porque no tenían idea .
Nadie.
Quiso gritar. Quiso romper algo. Pero no tenía energía. Solo rabia y dolor.
Encendió la tele, solo para tener ruido de fondo.
No sirvió.
El zócalo del noticiero decía:
“PIASTRI A RED BULL: ¿QUÉ PASA EN MCLAREN?”
Y en el fondo, alguien en Twitter decía haber visto a Lando entrar y salir “a los gritos” del departamento de Oscar.
La pantalla del celular se iluminó sola.
@gossipf1 | 11m
🎥 Video filtrado: ¿Lando Norris confrontando a Oscar Piastri tras el anuncio?
Le dio play con el corazón en la garganta.
Era él.
Saliendo del edificio. Los ojos hinchados. La respiración entrecortada. La voz que apenas se escuchaba entre sollozos.
—No tenés los huevos para contarme… —decía, antes de perderse entre el ruido del tráfico.
Otro tweet. Otro video.
Esta vez, desde dentro del edificio. Un vecino, tal vez. Una voz temblorosa, que era suya.
—¡Oscar! ¡Oscar, abrime la puerta!
Y luego, otro más. El que lo rompió.
Un ángulo torcido, borroso. Una pantalla negra.
Solo se escuchaban sonidos. Voces.
Un “buena carrera” dicho entre risas.
Una carcajada familiar.
La suya.
Y después:
—Estoy orgulloso de vos, amor.
—Yo también. No lo habría logrado sin vos.
—Mentira, vos podés con todo.
Un silencio suave.
Y el sonido de un beso.
Corto.
Íntimo.
El audio tenía fecha.
Abu Dhabi, este año.
Justo antes del cooldown room. Justo cuando todo el mundo los felicitaba por separado.
Lando soltó el celular. Cayó al piso.
Su privacidad, su relación, su único lugar seguro… ahora estaba en boca de todos.
Y Oscar seguía sin escribirle.
Sin llamarlo.
Sin defenderlo a el o su relacion.
Se tapó la cara con las manos y se dejó caer al suelo. No lloró fuerte. No le quedaba voz.
Solo dejó que el cuerpo llorara por él.
Porque si había algo peor que perder a alguien,
era darte cuenta de que nunca te eligió de verdad.
El día siguiente amaneció sin que Lando hubiera dormido.
Ni una hora. Ni un minuto.
El teléfono seguía mudo. La última actividad de Oscar había sido hacía ocho horas: un “like” a la publicación de Red Bull con su nuevo mono.
Ni un mensaje.
Ni una llamada.
Ni una explicación.
Lando se sentó en el borde de la cama, con las piernas colgando, el celular en la mano como si fuera un ancla.
Escribió.
Lando:
Oscar, por favor. Necesito hablar con vos.
Decime que esto no está pasando así.
Al menos respondeme.
Decime qué querés hacer.
O decime si ya está. Pero decímelo vos. No quiero enterarme por nadie más.
Por favor.
Visto.
No respondido.
El teléfono sonó. Pero no era Oscar.
Era el jefe de prensa de McLaren.
—Lando. Hola. Mirá… estamos recibiendo muchas llamadas.
—Ya lo sé.
—Sí, bueno. Queremos que sepas que te apoyamos, pero… esto ya está en todos lados. Lo del video, lo del audio… Hay sponsors llamando, hay medios preguntando si querés dar alguna declaración.
—No.
—Perfecto. Lo entendemos. Pero vamos a tener que sacar un comunicado. Algo neutral.
—¿Neutral?
Un silencio incómodo.
—Sí. No podemos tomar partido en algo así. Sabés cómo funciona.
—Sí. Sé cómo funciona —dijo Lando, casi en automático.
Cortó la llamada.
Tiró el celular en el sillón.
Se puso de pie. Dio vueltas por el living. Abrió la heladera. Cerró la heladera.
No tenía hambre. Tenía un vacío.
Volvió a agarrar el celular.
Una nueva notificación.
Oscar.
Un solo mensaje.
Oscar:
No quiero volver a saber de vos.
