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¿Por qué diablos Minerva seguía ofreciéndole esa estúpida sonrisa que parecía decir lo sé todo el tiempo? Se estaba volviendo irritante.
Severus estiró sus largas piernas y se recostó en su silla. Las reuniones del claustro, en el mejor de los casos, eran interminablemente aburridas pero, desde que pelearon en la guerra, vencieron al mal y lo celebraron durante más de una quincena, el nivel de aburrimiento sólo era inferior a una charla dictada por Binns sobre los botones de los chalecos del siglo XVIII.
Mmm. Y Severus había sufrido de verdad una charla de Binns sobre los botones de los chalecos del siglo XVIII, así que se sentía justificado al considerarse un experto en determinar grados de aburrimiento.
―Por lo tanto, siendo que el cuerpo estudiantil regresa forzosamente mañana, me gustaría desear a todos la mejor de las suertes al volver a tener completo el horario de clases.
El espíritu de Snape se elevó ligeramente. Eso había sonado sospechosamente como si Albus estuviese comenzando a acabar con la reunión.
―Por supuesto ―continuó el director, y el espíritu de Snape decayó un poco otra vez―, los estudiantes están retrasados tres semanas debido a la interrupción causada por la guerra. Por lo tanto, tendremos que dar lo mejor de nosotros mismos para ayudarles a ponerse al día. Durante los dos próximos meses el toque de queda será media hora más tarde de lo habitual para que las sesiones en la sala de estudio también sean más largas. ―Albus arrastró su centelleante mirada por la sala de profesores mientras sonreía benigno a cada miembro del claustro―. Creo que con esto podemos cerrar la reunión, señoras y caballeros. Gracias a todos por vuestra atención. Oh, y los Jefes de Casa recordad la reunión obligatoria en mi oficina mañana por la tarde justo antes de la llegada del Expreso de Hogwarts.
Qué alegría. Aguantar otra reunión. Snape se levantó y se preparó para marcharse.
―¿Severus? ―Que te den, Albus.
―¿Sí, Director?
―¿No te quedas a tomar el té con Minerva y conmigo? Apenas hemos tenido una conversación decente desde que acabó la guerra, mi querido muchacho.
―Mis disculpas, Albus, pero me esperan en otro lugar.
―¿Oh? ―Dumbledore estaba utilizando su voz de me hago el ingenuo mientras te interrogo―. ¿Ya tienes que atender asuntos de tu Casa?
Sabes perfectamente bien adónde voy, viejo brujo. Snape se aclaró la garganta con suavidad. ―He sido invitado a cenar en Grimmauld Place, Director.
Minerva portaba otra vez esa sonrisa exasperante. En nombre de los Cuarto Fundadores, ¿qué pasa?
―¡Ah! Espléndido. ―Demasiado centelleo en esa mirada―. Dale recuerdos a Remus de nuestra parte. Y también a Harry, por supuesto.
Snape notó como sus ojos se entrecerraban. ―Por supuesto ―dijo cuidadosamente. Inclinó hacia ellos su oscura cabeza en lugar de hacer la correspondiente reverencia y se dirigió a grandes zancadas hacia la puerta de la sala de profesores.
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―¡Snape! Dios, ¡pensaba que nunca te dejarían largarte de esa reunión!
Tan pronto como Severus hubo salido de la red Flu en el salón del 12 de Grimmauld Place los sorprendentemente fuertes brazos de Potter ya estaban alrededor de su cuello tirando de su cabeza hacia un apresurado beso. Snape se tomó un momento para asegurarse de que no había nadie más en la habitación antes de devolvérselo. Su amante había estado comiendo chocolate. Demasiado cerca de la hora de la cena. Suspiró contra la boca del chico. Cuando se apartaron el uno del otro, Potter portaba la amplia y desmadejada sonrisa que últimamente tenía cada vez que Snape entraba en una habitación. Casi le dolía, casi, de ver lo feliz que su sola presencia hacía a Harry.
―¿Cómo has estado?
―Han pasado menos de cuatro horas desde que nos vimos por última vez, Potter.
―Lo sé pero me han parecido una eternidad.
―Deja de ser tan melodramático. Si quisiese una novia la tendría.
El mocoso le sonrió. ―Gilipolleces. Estabas demasiado ocupado sacrificándote hasta que yo llegué.
Ceja. ―No tientes a la suerte, pequeño gilipollas.
Los ojos esmeraldas aumentaron su brillo como respuesta. ―Echo de menos tu voz cuando te vas.
―Mmm. ¿Debería dejar una grabación la próxima vez?
―¿Lo harías?
―¡Oh, por dios…
El gong que avisaba de la cena interrumpió sus bromas. Potter volvió a sonreír. ―¿Vamos?
Snape notó como un lado de su boca se contraía para formar una peligrosa sonrisa. ―Por supuesto.
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―¡La entrevista de hoy en Corazón de bruja ha sido una pesadilla! ―Potter apenas se había parado ni para respirar desde que se había sentado a cenar. La agenda de entrevistas que la Orden había preparado para el Salvador efectivamente era un suplicio y Snape ciertamente no envidiaba al joven pero observaba cómo las maneras de Harry en la mesa empeoraban conforme su intensa narración se convertía rápidamente en una tortura en sí misma.
―Acuérdese de masticar antes de tragar, Potter.
El chico sonrió y tragó saliva. ―La periodista NO dejaba de hablar de mí casándome, y de si tengo novia, y de cómo de amplia quiero que sea mi familia, y de qué tipo de mujer me cazará… ¡ME CAZARÁ! ¡Ésa es la palabra que usan!
―Bueno. Ahora eres el soltero más codiciado de todo el mundo mágico, Harry ―le recordó amablemente Lupin―. No puedes culparles porque sientan curiosidad por ti.
―Exacto, Potter ―Snape agitaba el merlot en su copa―. Cada familia con una hija soltera de más de doce años está planeando casarte con ella para incluirte en su estirpe.
Mmm. Bien, al menos de momento eso ha hecho callar al chico.
―Me temo que Severus tiene razón, Harry. Apuesto a que has notado un fuerte aumento en el número de personas que desea presentarte a sus hijas en los diferentes actos sociales. Siento decir que es sólo otro síntoma de tu fama.
Snape miró un momento cómo su amante pinchaba desilusionado un poco de coliflor con el tenedor. ―¿Y qué respuesta le has dado a la periodista?
La luz de las velas se reflejó fugazmente en las gafas de Potter cuando levantó la cabeza para mirarle. ―Que es demasiado pronto para que empiece a pensar en eso. Y que quiero vivir la vida un poco más de tiempo antes de sentar la cabeza.
Snape asintió levemente. ―¿Y qué tipo de mujer podría cazarte, Potter?
―Yo… Creo que me sonrojé y ella tuvo pena de mí y continuó con otra cosa. Aunque creo que eso sólo la puso nerviosa un rato.
―Se lo merecería por ser tan presuntuosa.
Ante ese comentario Potter y Snape miraron al hombre lobo. Cuando estaba a medias de cortar una zanahoria en tiras perfectas se dio cuenta de que los dos le miraban. ―¿He dicho algo malo? ―preguntó en voz baja.
Snape se dio cuenta de que la mirada de su amante se dirigió hacia él. ―Mmm… ―Snape le devolvió la mirada desde el otro lado de la mesa―. Remus lo sabe, Severus.
Snape soltó con cuidado el cuchillo y el tenedor y bebió otro trago de su copa de vino. ―¿Desde cuándo?
―Desde la segunda v… Es decir, desde que Ginny estuvo en la enfermería.
Snape miró de nuevo al hombre lobo, esta vez con una ceja levantada. Lupin asintió ligeramente. Eso eran casi dos meses de relación con el chico (prácticamente toda la relación) y Lupin no había dicho ni una palabra sobre el tema. Excepto, le recordó su memoria, aquel extraño comentario sobre que estar en guerra cambiaría mi lugar en la vida de Potter. Pienso que eres bueno para el chico, Severus. Eso es lo que el lobo le había dicho, ¿no? Sabía que los Gryffindor no tenían nada coherente en la cabeza pero de seguro que ésa había sido una oportunidad irresistible para que el merodeador le amenazase. Black sin duda lo hubiese hecho. Y Potter padre. ¿A qué estaba jugando este hombre?
―¿Lo apruebas, Lupin?
―No lo desapruebo, Severus. En realidad no creo que sea asunto mío. Con tal de que Harry sea feliz… Es todo lo que me importa.
―¡Y lo soy! ―interrumpió Potter con una sonrisa.
Tonto… Dioses, no. ―¿Quién más, Potter?
―¿Qué?
Snape notó un ligero tic bajo su ojo derecho. ―¿Quién más lo sabe? ¿Minerva?
―Eh…
―¿Y Albus?
Pudo ver a Potter tragar. ―Cuando nos quedamos dormidos en el sofá de la biblioteca, después de la batalla, les oí susurrar en la puerta. McGonagall dijo que estaba muy orgullosa de nosotros. Incluso aunque tú fueses un Slytherin. ―Ahí estaba esa sonrisa desmadejada otra vez―. Y Dumbledore sonaba sorprendido de no haberlo sospechado. Y McGonagall dijo que quién podría culparnos o algo así…
Entonces eso explicaba todas las miradas que la Jefa de Gryffindor le había estado otorgando.
―Deberías recordar, Severus ―dijo Lupin amablemente―, que los dos habéis sido inseparables desde los últimos días de la guerra. Mucha gente no ha podido evitar darse cuenta. Y tu rechazo a pelear en cualquier otro puesto excepto junto a Harry fue algo que comentó todo el mundo. Y… Eh… Pasaste la noche anterior a la batalla en la habitación de Harry. Recuérdalo.
Sí, lo recordaba. Ni siquiera se molestó en poner un encantamiento silenciador en el dormitorio aquella noche. Después de todo a la mañana siguiente iban a enfrentarse a su destino así que, ¿qué importaba que toda la casa les escuchase haciendo el amor? De todos modos el sexo de la víspera de la batalla fue tierno y silencioso… Bebió más vino mientras encajaba sus pensamientos. Podía manejarlo. Podía manejarlo.
―Podemos manejarlo.
Las palabras del joven hicieron que la mirada de Snape se enfocase en su amante. Bajó la copa y tomó de nuevo los cubiertos.
―Por supuesto, señor Potter. Claro que podemos.
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―¡No tan rápido, mocoso ansioso! Te vas a hacer daño.
―¡Severus!
―Shhh. Sólo ten un poco más de cuidado.
―Gilipollas.
―Niñato.
―Cabrón.
―Cállate y folla, Potter.
Los verdosos ojos resplandecían mientras Harry apretaba su boca contra la de Snape y botaba sobre su regazo. Snape se sujetaba del cabecero de la cama y forzaba a sus caderas a quedarse quietas. Si Harry insistía en montar sobre su polla así de fuerte, vale, pero al menos uno de ellos debía mantener un mínimo de autocontrol.
Potter se separó del beso con un jadeo. ―¿Cómo es que nunca lo habíamos hecho así? ―gimió con las manos engarzadas tras el cuello de Snape mientras inclinaba hacia atrás su tenso cuerpo y lo balanceaba adelante y atrás sobre la dureza en la que él mismo se había empalado.
Severus sostuvo quietas un momento las caderas del chico disfrutando del palpitante calor que le rodeaba. ―Porque esta posición me ofrece pocas oportunidades de empujar. ―Puso su boca en una oreja y susurró: ―Y a mí me encanta empujar dentro de ti, Harry. ―Sus palabras y su voz tuvieron el efecto deseado; el culo de Potter se estrechó ferozmente a su alrededor y el adolescente comenzó a moverse de nuevo deslizándose de la polla de Snape tan lejos que casi la abandonó y después cayendo otra vez tan fuerte como le era confortable. Tal vez incluso un poco más.
―Mmm. ¡Es tan jodidamente bueno, Snape! ¡Joder! Tócame, ohdiosporfavor, haz que me corra… Haz que… ¡Oh!
Snape, servicial, movió su mano derecha hasta la goteante polla de Harry dejando el otro brazo alrededor de la parte baja de la espalda del chico. Extendió con el pulgar el transparente fluido, cubriendo con él la oscura cabeza, agarró la polla con firmeza y comenzó a masturbarle. Harry clavó dolorosamente las uñas en los hombros de Snape mientras se follaba a sí mismo. Ambos hombres iban a estar un poco más que ligeramente doloridos después de eso.
Snape notó como la carne en su mano se volvía más resbaladiza. ―¿Estás cerca, Harry?
―Sí. Dios. Sí.
―¿Puedes retirarme el pelo de la cara, por favor?
―¿Eh? Eh, claro… ―Potter sujetó la media melena de Snape en una descuidada coleta y la sostuvo.
―Ahora folla más fuerte, Harry,
―¿Y tú? Oh…
―Sólo hazlo.
El culo se estrechó alrededor de su polla y el chico dio un gruñido gutural y profundo. Snape se apuntó con la polla de Harry a la vez que inclinó la cabeza hacia ella y cerró los ojos. Cuando Potter eyaculó, le salpicó toda la cara. Oyó el grito de sorpresa de Harry.
―¡Ohdiosmío, eso ha sido jodidamente caliente!
Snape abrió los ojos para ver a Harry jadeando con los enormes ojos verdes brillando de pasión. ―Lámelo ―le ordenó con una voz más negra que el terciopelo.
―Jodeer…
Harry se inclinó hacia adelante y recorrió con la lengua el pómulo izquierdo de Snape, apartándose después lo suficiente para que Snape le viese tragarse su corrida antes de inclinarse de nuevo, abrir la boca sobre su barbilla y sorber las gotas que había en ella. Snape sintió su pene palpitar, aún enterrado hasta las pelotas en el culo del chico. Paciencia, se dijo. Deja que el mocoso acabe su trabajo. Harry continuó lamiéndole la cara, incluso le chupó la punta de su aguileña nariz. Entonces chocaron sus bocas de nuevo en un agotador beso lleno de calor y corrida y dientes.
―¡Dios, te quiero! ―susurró Harry en su boca―. Eres un puto cabrón sexy.
―Ya puedes soltarme el pelo, ¿o no?
―Oh, sí ― Harry sonrió, obviamente comenzando a disfrutar de sentirse lentamente invadido por la languidez y la saciedad.
Snape agarró con firmeza las nalgas de Potter sosteniéndolo aún más apretado sobre su polla para rodar con él hacia un lado, y luego un poco más, hasta que Potter estuvo boca arriba debajo de él. La cabeza del chico colgaba por el lateral de la cama pero, ¿qué más daba? Levantó una de las piernas de Harry y empujó en el agujero de su culo. Mmm, muy agradable, por cierto. El cuerpo entero de Harry se había quedado relajado después del orgasmo y descansaba prácticamente inmóvil mientras Snape golpeaba en su interior.
―Abrázame ―le dijo Snape. Y los perfectos brazos se acercaron obedientes para cruzarse alrededor de su cuello―. Harry… ―gimió Snape. Y estalló dentro de su bello y joven amante murmurando su nombre una y otra vez como si fuese un mantra sagrado.
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―Estaré fuera el resto de la semana. ¿Te das cuenta, Harry?
Potter suspiró y asintió con la cabeza contra el pecho de Snape. ―Supuse que pasaría. Cuando volviesen los estudiantes y todo eso.
―Sí. ―Snape en absoluto deseaba que llegase el día siguiente, ver a los estudiantes volviendo a abarrotar el Gran Comedor en la primera cena en Hogwarts después de la guerra. Sabía que era el único Jefe de Casa que miraría una mesa en la que faltarían casi la mitad de los estudiantes de séptimo. Y tampoco volverían al menos dos de sexto. Iba a ser una época difícil para ser Slytherin. Ya se imaginaba teniendo que separar numerosas peleas y confiscar innumerables varitas. Había pedido permiso para enseñar a sus estudiantes contra-maldiciones extra con el fin de que pudieran protegerse de los ataques que el resto de los estudiantes seguro que cometerían pero el Director lo había rechazado de plano portando en su titilante mirada una advertencia silenciosa contra su desobediencia.
―Te preocupas de verdad por ellos, ¿no?
―A regañadientes, Potter. Te lo aseguro.
Pudo sentir la boca de Harry formando una sonrisa contra su piel. ―Sí, claro.
―¿Tienes más entrevistas mañana?
―Sólo una. ―Harry ahogó un bostezo―. El Ministerio de Magia quiere filmar una entrevista conmigo para sus archivos. Algo para poner a los turistas en el nuevo Memorial de la Guerra que están construyendo.
―Ten cuidado con la información que intenten sonsacarte.
―Sí, sí. Lo sé. Me sé mi versión de la historia al dedillo con todas las entrevistas que he hecho. ―Distraído, Harry estaba estirando suavemente de vello que había junto al pezón izquierdo de Snape mientras hablaba―. Aunque, ¿no sería genial si pudiésemos decírselo? Lo del Culmen Densus y la poción de mejora y todo eso. ¡Sólo imagina sus caras!
―Intento no hacerlo. Esa poción no es legal, Potter. Y que le digas a tu adorado público que has practicado magia sexual con un ex mortífago probablemente acabaría con tu ingreso inmediato en San Mungo.
―El sexo con este ex mortífago siempre es mágico.
Snape suspiró en el desordenado y negro cabello del chico. ―Como si tuvieses algún otro ex mortífago con el que compararme.
―¿Quieres que vaya a visitar a Lucius a Azkaban?
―¡Por supuesto que no! ―Apretó suavemente a su amante entre sus brazos―. Te comería vivo.
―Pasarás aquí la noche, ¿verdad?
―Dudo que pudiera moverme aunque quisiera.
―Entonces, ¿eso es un sí?
―Eso es un sí, Potter.
―¿Puedo molestarte si me despierto durante la noche?
―Supongo que sí. Por la mañana es poco probable que tenga tiempo de atenderte antes de irme.
Harry levantó la cabeza del pecho de Snape y le sacó la lengua. Rápidamente, Snape se inclinó y la atrapó entre sus labios sorbiéndola apasionadamente y soltándola abruptamente después. Descansó la cabeza en las almohadas una vez más y dirigió una sonrisita satisfecha a la expresión de asombro del rostro de su amante.
―Buenas noches, mi mocoso.
