Chapter Text
El castillo olía a leche hervida.
Siempre.
Era una torre alta, blanca, sin ventanas. El viento que entraba por los vitrales cantaba letanías suaves, casi maternales. Las paredes estaban adornadas con frescos de misericordia: una galleta coronando a los perdidos, otra sanando a los corrompidos con sus manos en alto, como si el contacto redimiera. Todo aquí estaba cubierto de una luz cálida. Una luz que lo enfermaba.
Shadow Milk vivía ahí, con el vientre ya inflamado.
No recordaba bien cómo llegó. Una conversación con Puré Vainilla. Una promesa. Un toque en el hombro. Una sonrisa.
—Te salvaré, le había dicho él.
Y luego, la torre.
Al principio, fue suave.
El pontífice bajaba en las noches con leche tibia. Le acariciaba el cabello mientras le hablaba de culpa y purificación. Le tocaba las caderas, los muslos, le susurraba que el amor verdadero empieza cuando uno se deja consumir.
Después, lo tocaba más.
Le abría las piernas, le sonreía. A veces lo violaba en silencio, sin rabia, como si estuviera realizando una ceremonia.
Y luego lo abrazaba.
—Shhh... estás aprendiendo a amar... quédate conmigo un poco más...
Shadow Milk no lloraba.
No decía nada.
Se dejaba hacer.
Porque en el fondo... eso era lo más parecido al amor que había sentido.
Y cuando, algunas mañanas, Puré Vainilla le traía flores o frutas con su sonrisa suave y sus dedos tibios, Shadow Milk pensaba:
"Quizás no está tan mal..."
Pero algo dentro se corrompía.
Cada día hablaba menos. Se movía menos.
Y cuando lo hacía, su voz ya no era aguda, ni infantil, ni dolida.
Era hueca.
Una noche, Puré Vainilla le preguntó si quería salir de la torre a ver el jardín.
—No, gracias.
—¿Tienes miedo?
—No. Pero me gusta estar acá. Siento que si salgo... me rompo.
La sonrisa del pontífice se hizo más suave.
—Mi pequeño trozo de leche... ya estás roto. Pero roto con propósito.
Shadow Milk asintió. Sin emociones.
Desde entonces, se callo por completo.
___
Shadow Milk ya no hablaba.
Tampoco comía por voluntad,ni miraba a los ojos,Sus pasos eran lentos,descalzos, sin peso.
Caminaba como un cadáver que aún conserva el calor.Su vientre crecía, pero el, no.
Los sirvientes ya no murmuraban sobre él.
Simplemente apartaban la vista. Bajaban la cabeza. Como ante una figura sagrada que daba miedo.
Una cocinera lo vio una mañana algo oscura sentado en el suelo del pasillo, con las manos sobre el vientre.No se movía.La cocinera pasó despacio, sin respirar.
—Buenas tardes, señorito Milk...
Ningún gesto. Ninguna palabra.Solo los dedos, que se movieron apenas sobre el estómago. Como si recordaran, por costumbre, que algo vivía allí.
Esa noche, Puré Vainilla entró en la habitación sin anunciarse,como siempre.
La habitación estaba impregnada de incienso y humedad. Las cortinas apenas se movían la oscuridad casi que lo abrazaba por completo, y sin embargo, algo parecía temblar en el aire. En medio de la cama, desnudo y quieto como una figura de ceda, yacía Shadow Milk. No sé había movido en horas, seguía despierto con la mirada fija en un punto
El vientre le sobresalía apenas por debajo de las costillas hundidas. Su piel, pálida y sin color, tenía el tono de un papel mojado. Los ojos abiertos, pero vacíos, observaban la lámpara rota del techo, como si esperaran que se encendiera sola, o que se cayera.
Pure Vanilla no decía nada al principio. Solo lo miraba desde los pies. Se acercó con lentitud, casi con devoción. Su mano se posó sobre esa piel fría, suave, desprovista de tensión. Shadow Milk no reaccionó,ni un suspiro, ni un pestañeo,nada.
—Mi pajarito azul... Estás tan hermoso está noche.. —murmuro casi en oración— El niño crece en ti, como la gracia de los corazones nobles...
puré vainilla beso esa incubadora de hijos con veneracion, el vientre, el cuello, el pecho, las caderas
—Puedo?...—Pregunto el dorado
Pero Shadow milk nisiquiera respiro.
Abrió suavemente sus piernas sin vida y frías
Y lo penetró.
Era como tomar a un cadáver. Una flor marchita, vacía por dentro, tan abandonada que ya no podía oponerse, ni recibir. Solo contener. Solo procrear.
Su vagina podrida, recibía la bendición de puré vainilla dentro de su utero, lo único que todavía quedaba vivo dentro de su cuerpo, solo para ser llenado y reventado por embestidas suaves y brutas.
La voz de Pure Vanilla temblaba entre murmullos de falso afecto. Decía su nombre con ternura. Lo acariciaba con lentitud, como si de verdad creyera estar haciendo el amor.
Pero era incluso como estar follando un maniqui o una muñeca sexual para un placer egoista
Shadow Milk no emitió un solo sonido. Ni siquiera cuando Pure Vanilla acabo, llenado vientre frío y podrido, con el calor de su esperma. El solo quedó mirando el techo como si esperara algo que nunca iba a llegar.
Pure Vanilla se limpió con una toalla blanca. La dejó a los pies de la cama, doblada con cuidado. Luego besó el vientre de Shadow Milk.
—Estas floreciendo mi pájaro azul... Estás naciendo denuevo —susurró.
En los vitrales, los ángeles bordados parecían inclinarse hacia la torre.
El castillo entero comenzaba a sentirlo.
No era Shadow Milk el que caminaba.
Era algo más.
Una cosa muda, amorosa.
Una tumba abierta que respiraba.
Una madre muerta que aún alimentaba la vida ajena dentro de sí.
Y nadie, ni siquiera Puré Vainilla, sabía cuánto más iba a durar esa quietud.
Ni qué saldría de ella cuando el bebé finalmente naciera.
___
El mármol helado del baño ardía contra su piel. Estaba solo.
Una soledad que dolía como una fractura,Una soledad que cortaba.
Shadow Milk se aferró al borde de la bañera con dedos entumecidos. El agua aún no llegaba a cubrirle el vientre, que sobresalía como una enfermedad viva, palpitante, hinchada más allá del límite humano.
La primera contracción llegó sin aviso, un chasquido interno, un retorcimiento.Un nudo cruel que desgarraba desde dentro como si lo mordieran por dentro.
—¡Ngh… aaah…!
Un gruñido escapó de su garganta,El aire no entraba.
El cuerpo entero se arqueó, y sintió algo bajar, fluir y deslizarse. Bajar, como un peso que quería romper sus huesos desde dentro.
Los músculos de sus piernas temblaban.Sus rodillas golpearon el piso de cerámica.
El borde de la bañera se llenó de marcas rojas donde se aferraban sus uñas.
La segunda contracción no esperó.
—¡AAAAAAAAH!
El grito fue horrible.Atormentado, Rebotó en las paredes blancas.
Y Nadie respondió.
El canal de parto se abría a la fuerza, como si su carne fuera una grieta que nunca debió formarse. Algo lo estaba rasgando, rompiendo desde adentro.La presión entre sus piernas era inhumana.
Una sensación de estiramiento, de quiebre caliente, como si algo le desgarrara la carne sin permiso.
La cabeza.Lo supo porque sintió la forma, la curva que rozaba el borde de su carne viva.Estaba atascada.
—¡No… no… por favor…!
No sabía a quién le hablaba.
Tal vez al mármol, tal vez al alma que creía haber perdido.
Su respiración se cortó, Su cuerpo convulsionaba.Los ojos se le fueron hacia atrás mientras luchaba por empujar, pero no había fuerza, no había nadie que sujetara su cuerpo, nadie que le dijera “ya casi”, nadie que cuidara su cabeza si colapsaba.
El aire no entraba,los latidos se volvían borrosos.
Pensó: "me voy a morir"
Así. Como un animal roto en una bañera perfumada,Solo.
Entonces empujó.
Con todo.
Con gritos, con vómito seco, con sangre escurriendo por sus muslos.Sintió el desgarro completo, una línea brutal desde su centro hacia afuera.
El mundo entero pareció contraerse.
Y algo salió.Algo caliente,viscoso,pulsante.Un estallido de fluidos tibios, un goteo rojo mezclado con líquido espeso y blanco.
El grito del bebé fue lo único que pareció real.
Shadow Milk cayó hacia adelante.
Temblaba. Estaba bañado en su propio sudor, en su sangre, en su llanto.el agua estaba teñida en rojo
El bebé seguía llorando.
Entre sus piernas, aún conectado a él por un cordón trémulo, azul grisáceo, palpitante.El cordón se enredaba como un lazo en el agua sucia
Shadow Milk no lo miró al principio.
Se cubrió la cara
Y Lloró
No por amor
No por ternura
Sino por un terror absoluto.
Por saber que lo había logrado.
Y que nadie vino a buscarlo.
