Chapter Text
Etiquetas: Génerobender. Asesinato. Venganza. Locura. Manipulación. Yanderé. Adoración enfermiza y casi religiosa. Obsesión.
Canciones que inspiraron brevemente la obra: Propose, 9Lana. Aishite Aishite Aishite, versión de portada Ado.
El fanfic se inspiró en un tick tock que ví, el usuario de dicha animación es: Annita_shipper
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Laurel es bonita.
La más bonita del planeta. Una sonrisa suave como un sedante, labios rosas como fresas, manos lindas y pálidas, carácter dócil y sincero; y ojos turquesa y azul, tan hermoso como el mar que veía mientras crecía en la liga.
Ese mar que mi padre decía guardaba secretos desconcertantes.
Amo muchísimo a Laurel, la amé persistentemente durante dos años.
Mi corazón la anhelaba, mis brazos la necesitaban, mi cuerpo requería su calor y mi boca su aliento. Quería adorarla como a una diosa. Tener un altar solo para sus rezos.
Beber de su presencia era tan indispensable como respirar y tener su luz cerca es tan necesario como la ingesta de comida. Tal vez por eso acepté que su presencia debía ser mía, y fue por eso que dije mis sentimientos con sinceridad.
Ella no respondió de inmediato, y sentí que la espera duró horas.
Pero ella acarició mi rostro, aceptando ser mi pareja con un tono suave en su voz. Se sintió como si una serpiente se enroscara en mi mano, y la sensación de asfixia fue una inyección de dopamina en mi sistema.
Quise besarla, pero ella me detuvo. Sonrió con burla evidente y entendí que una diosa no debía aceptar dar tanto a una sucia mortal como yo.
Debía ganarme su favor, así que le pedí una cita, y ella escogió un lugar. Quería ir a un lugar lujoso y caro, además de pedir joyas como ofrenda para su divinidad.
Una cita romántica. Era más de lo que una pobre pecadora podía permitirse y sin embargo Laurel extendía una mano benevolente a mi alma.
Besaría sus pies mientras daba alabanzas.
Si la hermosa Laurel deseaba un lugar silencioso y lujoso para que ella y sus allegados pudieran pasar la tarde, yo reservaba un local entero para su disfrute, para que su voz no fuera opacada por la voz de extraños intrusos que intentaban eclipsar su belleza y bondad.
Si sus ojos se llenaban de lágrimas discretas porque su celular se había vuelto obsoleto e inservible, colocaba frente a su visión múltiples opciones de dispositivos nuevos y funcionales. Solo para que la perfección de su sonrisa no fuese apagada por ningún tormento.
Si ella deseaba que su cuerpo fuera besado por el sol mientras tomaba un descanso en la arena, yo le proporcionaría una isla privada.
Si deseaba joyas para resaltar su modesto cuello, sus delgadas muñecas y sus solitarias orejas, buscaría a los mejores joyeros para que escogiera lo mejor.
Y si exigía ropa de la más fina calidad yo iría a buscar sastres para que pudieran elaborar ropajes que resaltaran su belleza etérea.
Todo lo que mi diosa deseara. Porque solo ella merecía que la alabara con devoción y ternura, merecía mirarme con ojos condescendiente y burlones mientras aseguraba que era mis esfuerzos eran tontos y mediocres, porque ella merecía que me arrastrase por su atención.
Por eso, cuando pisó mis dibujos, mis libros, o incluso algo que había horneado para su deleite; me arrodillé frente a ella pidiendo misericordia.
Mis ofrendas habían sido insuficientes, debía esforzarme más.
Laurel merecía lo mejor, si no podía ser capaz de dárselo, significaba que era incompetente e inservible. Mi diosa no necesitaba seguidores inservibles, necesitaba seguidores capaces y saludables.
Fue por eso que cuando una fiebre intensa azotó mi sistema inmunológico, me resguardé en mi habitación, suministrando capital a las cuentas de mi querida para que no pasara ningún inadecuado.
Al cabo de una semana la fiebre de mi cuerpo había cesó. Así que corrí a su encuentro.
Ajustando mi traje de compañero del murciélago, salté sobre los techos. El concreto bajo mis pies y las luces de Metrópolis como compañía.
El corazón retumbando en mi pecho, la emoción desbordando en mis poros.
Quería ver a Laurel, así que me apresuré a su encuentro. Quizá tendríamos una cita, o tal vez quisiera que le comprara algo favorable.
Solo quería ver sus ojos azules y recordar el mar de mi infancia.
Verifiqué su ubicación, apresurándome a su encuentro.
Primero escuché su risa, luego la ví a lo lejos.
Mi corazón, rápido y vivaz, apagó sus latidos poco a poco, pero lo escuchaba en mi oído, mientras una punzada dolorosa apretaba mi pecho.
Laurel, mi dulce laurel, riendo con un chico.
¿Quien era él? ¿Porqué reía con él, así como no reía conmigo? ¿Era un amigo, un conocido?
Me acerqué al borde del edificio, dispuesta a saltar y saludar, pero Laurel se acercó al desconocido de cabello rosa, juntando sus labios con anhelo.
Mi corazón se sintió vacío, pero después todo se contrajo con un sentimiento de hundimiento ensordecedor.
Miré otros edificios, confundida y mareada.
¿Qué...? ¿Qué debía hacer ahora? ¿Laurel tenía un novio?
El zumbido en mi oído no me deja pensar, no me dejaba sentir. Era como estar en un barco a la deriva, meciendo mi cuerpo con pereza mientras el agua entraba por una grieta unilateral, con el sol entumecido mi piel.
Caminé y caminé, sin saber a dónde ir, ni hacía dónde estaba llendo. Tenía las extremidades pesadas y el pecho dolorido.
Mi hermosa Laurel despreció mis sucios regalos, pero ella estaba manchando sus labios con lodo.
Miré mi entorno, reconociendo mi habitación. Me dejé caer de rodillas al suelo, con las imágenes de mi diosa juntando sus labios con otro mortal.
La imagen destrozaba mi mente.
— Laurel, mi hermosa Laurel…
Me reí al recordar todo lo que vivimos. Inhalando profundamente, notando como se cerraba mi garganta.
El cielo debió ver mi ineptitud, burlándose de mi ineficiencia para satisfacer a mi amada.
Mi risa se volvió una carcajada. Y el dolor en mi pecho fue tan penetrante que me doblé sobre la alfombra.
Con la visión nublada, con lágrimas sucias quemando mis mejillas. Golpeé el suelo y rasgué la alfombra debajo de mí.
No sé cuándo empecé a llorar, las lágrimas simplemente caían mientras mi cuerpo se retorcía.
El eco en mi corazón sonaba como un aplauso distante.
¿Cómo se atrevió? ¿Cómo se atrevió ese asqueroso humano a manchar a mi hermosa diosa?
(Laurel Kent)
Despierto desorientada. Parpadeando en busca de algo de claridad a través de la oscuridad.
Mis ojos tardaron en enfocar, pero cuando me estaba acostumbrando, vi algo recostado en una pared.
Reconocí fácilmente ese cabello despeinado y teñido en rosa. Sonreí inconscientemente.
— ¿Jay? ¿Qué hac…?
Mi voz se apagó, porque entre más me acostumbraba a la falta de luz, más notaba que algo no estaba bien.
El sonido de algo asqueroso retorciéndose sonó más fuerte de lo que me gustaría admitir, además de que había un olor podrido que empezaba a picarme la nariz.
Una sensación extraña empezó a apretarme la boca del estómago, haciendo que me retorciera.
Quise llamar a Jay, pero no respondió por más que insistí.
La luz escasa no me permitía ver cómo estaba Jay, y mis poderes no estaban funcionando por algún motivo.
Pero cuando me esforcé por ver algo más, solo pude ver cómo algo estaba moviéndose en su pelo rosa, y eso era el responsable del sonido asqueroso que hacía eco en la habitación.
Una luz de encendió de la nada, cegándome momentáneamente, pero escuché perfectamente como una puerta se cerraba.
Estaba confundida y la ansiedad empezaba a hacer mella en mi interior.
— oh ¡Estás despierta!
Quise girar al reconocer esa voz, pero no pude. Y apenas fui realmente consiente de que estaba atada a una silla.
De que no tenía idea de dónde estaba.
Su mano tocó mi hombro, deslizándose hasta tomar mi rostro, clavando sus uñas en mis mejillas como si estuviera resentida conmigo.
— Oh, mi linda Laurel.
Mi piel se erizó, mis hombros cayeron. Sentí que mi cuerpo pesaba una tonelada y mientras intentaba no doblegarme ante la sensación, ella sacó algo brillante de su ropa.
— K, Kryptonita —gemí—
Thalia tenía una mirada extraña mientras sonreía, actuando como si no ocurriera nada extraño. El cuchillo en su mano se movía ágilmente entre sus dedos, resaltando por el enfermizo color verde.
— … tú me trajiste aquí —afirmé. Intenté apartar el rostro, pero ella me clavó más las uñas. Su sonrisa resaltó más— ¿Porqué? ¿Qué está pasando? Por… ¿Porqué Jay está… ?
El filo de su cuchillo se acercó a mi ojo.
Dí un respingo, sintiendo que la sangre en mi cuerpo se enfriaba.
— mi preciosa Laurel —su mano dejó de hacer presión, guiando su pulgar a mis labios, acariciando con suavidad perturbadora— tan bella y deslumbrante. La única diosa que me mantiene cantando plegarias por una mirada.
— Q, ¿Qué?
El cuchillo empezó a descender por mi rostro, bajando lentamente mientras ella apartaba su otra mano. Sus ojos siguieron opacos, dilatados por algún motivo. Sin despegar su atención del filo del arma.
Todo mientras seguía teniendo esa sonrisa inquietante.
Mis manos sudaban, moviéndose inquietas debajo de las cuerdas.
— tan bella y pura.
Empecé a forcejear con la silla, buscando liberarme mientras ella parecía absorta en su mundo.
Intenté alejarme del filo del arma, sin querer que el cuchillo perfora mi piel.
— tan etérea y divina —paseó el cuchillo por mi garganta, bajando lentamente mientras yo comenzaba a sollozar—
— Thalia, Thalia —mi voz salió en un hilo mientras seguía luchando con la debilidad de mi cuerpo— suéltame, por favor, no entiendo que está sucediendo.
— tan brillante entre los mortales —murmuró, y sus ojos regresaron su atención a mi rostro—
Chillé cuando sus ojos verdes brillaron reflejando la Kryptonita.
— recé tanto, te veneré diligentemente, te dí ofrendas con cada trozo de mi alma.
— Thalia, detenten, me estás asustando.
— y tú... tú estabas ensuciando tu velo blanco. Revolcandote en barro junto a ese… bastardo.
Mi visión comenzó a nublarse mientras mis sollozos se hacían más fuertes.
Negué con la cabeza, negándome a aceptar que ella había lastimado Jay, porque no podía lastimar a Jay.
No a él.
Pero ella se rió, primero parecía tranquila mientras se reía de mi miseria, pero luego parecía una poseída, observándome como si ni siquiera pudiera enfocarme.
— ¿No? ¿¡NO!? —me encogí de miedo mientras el cuchillo desgarraba mi camisa— entregué mi corazón, mi tiempo, mi sangre… y tú ¿MANCHAS A MI DIOSA?
— por Dios, Thalia, ni siquiera sé de qué estás hablando —lloré, pataleando mientras intentaba alejarme de ella— ¿Qué Diosa? ¿Qué…? ¡Ahhh!
Sentí el filo de algo desgarrar mi muslo, gimiendo mientras sentía algo hirviente salir de mi cuerpo.
Thalia había clavado su cuchillo, mirándome con indiferencia.
Grité mientras retorcía el cuchillo en mi carne, retorciendo y arrastrando grasa y arterias.
— ¡Hija de… perra! —grité— loca de mierda.
Ella seguía mirándome, como si estuviera experimentando conmigo.
Sacó el cuchillo, clavándolo luego en otro lugar. Haciendo que aullara de dolor.
— ¿Porqué coño me haces eso? ¿¡Qué te hice para que me hicieras esto!?
Ella seguía sin responder, solo mirándome y clavando su cuchillo como si fuera su único propósito.
— Te amo —balbuceó—
Yo me sentí más mareada y asqueada.
— ¿Amor? ¿Amor? ¿Tú? —ella enterró más fuerte el arma cuando grité— ¡Perra psicópata! Tu amor de mierda no me sirve para absolutamente nada.
Ella dejó de moverse, mirándome como si no comprendiera. Parpadeando como un ciervo ante los faros de un coche.
Yo jadeé buscando aire, sintiendo que mi corazón latía demasiado rápido mientras la sangre huia de mi sistema.
Empecé a reír, sin saber porqué, llena de emociones que no comprendía mientras mi cuerpo temblaba.
Estaba perdiendo la consciencia.
— Solo te usé, Thalia —me reí— tu nunca me gustaste, pero estabas tan desesperada ¿Qué podía hacer? ¡Eres tan idiota! Ni siquiera tuve que besarte, tu solo me dabas todo lo que yo quería —reí más fuerte, alzando la voz mientras todavía quedaba algo a lo que que aferrarme— ¡Estabas tan ilusionada! ¿Y ahora quieres hacerme ver cómo la mala? ¡Estás loco, Wayne! ¡Loca! Y cuando salga de aquí voy a asegurarme de que ni siquiera haya un agujero por dónde pueda entrar la luz en tu miserable celda ¡Voy a hacerte pagar lo que le hiciste a Jay…!
Silencio.
Me había quedado sin voz, mi cuello estaba caliente mientras sentía que tenía menos fuerza que antes.
Luché para ver a Thalía, con el cuchillo empuñado en su mano, mientras lloraba y sonreía.
— Sigues mencionando a esa cosa sucia —rió, como si estuviera triste— pero está bien… ya no estarás sucia. Yo te limpiaré.
Ni siquiera pude luchar por apartarme.
Ella tomó mi rostro, mirándome con falso cariño después de cortar mi garganta.
Sonreía, con ojos cansados y opacos.
— Te amo, te amo tanto —susurró con ternura— pero necesitas sentir esto ¿Si? Es tu castigo, mi amada, por atreverte a reír junto a un mortal.
Quise negar, buscando enfocar bien los ojos. Pero era inútil, no podía moverme, ni hablar.
Solo ver cómo sus ojos se oscurecerían.
No sentí nada, no podía despejar los ojos de los suyos.
Su rostro estaba lleno de sangre, sus manos también.
Sentía pinchazos en mi pecho, pero no sentía dolor.
Sus manos no se detenían, no paraban de bajar y subir.
Mi conciencia se sentía lejana. Mis ojos débiles.
Pero cuando ya no podía mantenerme despierta, cuando el sueño empezó a vencer, ví su rostro por última vez.
Ella estaba sonriendo.
(___)
Un día cualquiera, el mundo de Superwoman se derrumbó cuando encontró el cuerpo de su hija, Súper girl, sin vida.
No se dieron detalles del hecho, tampoco se habló del estado del cuerpo.
Se sospechó del novio de la chica, que conoció su secreto. Pero él también fue encontrado fallecido, por lo que se sospechó de alguien más.
El problema fue que, cuando buscaron al siguiente sospechoso, ya no existía Robin, había desaparecido.
Lo único que dejó atrás fue su uniforme y un puñal hecho de kryptonita.
Y mientras nadie sabía de su paradero y seguían buscando con desesperación, la liga de asesinos aceptaba de vuelta a su integrante más formidable:
Thalia Al Ghül.
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