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El verano había llegado a Peach Creek. El sol no era tan sofocante, pues eran los primeros días de esta estación. El ánimo de no tener que padecer en la condenada escuela de verano estaba en su pico. Esto era latente en los estudiantes de escuela media y preparatoria. Claro, la juventud ansiaba la libertad de ir a una piscina, salir con sus coetarios y por qué no, saborear algún romance veraniego. Sí, la vida no podría ser mejor para los púberes y jóvenes próximos a la adultez. Sin embargo, no hay tal cosa como una regla sin excepción.
Jonny mostró un desempeño muy pobre en la mayoría de asignaturas. Nunca faltaba a clases ni se metía en problemas dentro y fuera de la escuela. No obstante, sus intereses fuera de la escuela eran poco fructíferos y limitados. Sí, él compartía la atracción hacia Nazz que tenían los otros chicos y formaba parte de los Power Ranchers junto a Rolf y Jimmy, pero no eran intereses que le motiven a arriesgarse o mostrar algo de "pasión". No era alguien particularmente popular, más bien era alguien más cercano a la idea del paria más que los Eds. Aparentemente esto no le importaba, pero se sabe que las apariencias son un indicativo bastante susceptible al fallo. Su único vínculo, fuera de su frágil y en realidad poco significativa relación con sus padres, era un particular trozo de madera que tenía pintado un rostro bastante primitivo y pueril: Tablón.
Tablón le servía como manta de seguridad. Era ese alguien especial con el que podía compartir sus temores, hallazgos, ideas locas y demás apreciaciones sobre su entorno. Superficialmente esto es un ejercicio sano y un mecanismo saludable de confrontación. El problema es que era todo lo que tenía y no se atrevía a más. Jonny no podía imaginar la vida sin Tablón. Los demás le seguían la corriente por pura cortesía. Las burlas y los murmullos subrepticios eran la norma cuando él se alejaba del lugar. No muy en el fondo Jonny sabía de esto e insistía en seguir con su escapismo. Tal era su apego por Tablón que lo llevaba a todas las clases, a cada ida al baño e incluso en los exámenes. Esto le costó algunas anulaciones y llamados de atención. Por ello sus notas no alcanzaban el mínimo para aprobar. No había nada que hacer para este punto: le esperaba un amplio y muy solitario cupo en la escuela de verano.
La parte más irónica y dolorosa del asunto para él es que Ed había aprobado. Jonny esperaba que Ed, el asno por excelencia del vecindario, le hiciera compañía en aquél curso de refuerzo. La única razón por la que el chico alto y obtuso logró evadir está tortura fue el apoyo de sus amigos. Doble D era aquel guía lo suficientemente preocupado por él. El "cabeza de calcetín" no podía perdonarse el dejar atrás a uno de sus amigos.
Jonny insistía en convencerse de que Tablón era todo lo que necesitaba. Muy a su pesar sabía que esto no era cierto. Él apreciaba más esos contados instantes en los que jugaba con los otros chicos que aquellos en los que mantenía su "teatro" de madera. Esto no evitaba que recibiera burlas cada vez que integraba a Tablón en las dinámicas del grupo: Kevin le decía que era un tonto, Eddy buscaba estafarlo de alguna forma, Nazz no podía evitar verlo con algo de vergüenza ajena oculta bajo una sonrisa, Rolf simplemente no entendía, Ed se mostraba indiferente, Jimmy lo miraba con repugnancia, Sarah no dejaba pasar ninguna oportunidad de insultarlo y Doble D se forzaba a aceptarlo tal y como es, pero no podía evitar sentir compasión y pesimismo hacia él. Había ocasiones en las que lloraba desconsoladamente a solas y se maldecía por depender de "un estúpido trozo de madera". Después de cada sesión de llanto "superaba" ese sentimiento y seguía adelante con su día.
La campana de salida de ese último día de clases ya había sonado. Todos los chicos iban a sus casas a hablar con sus padres y prepararse para los diferentes planes que habían hecho con antelación. Pasaron algunos días y todos los chicos —menos Jonny— se fueron del vecindario a sus respectivos destinos.
—Veo que irás a la escuela de verano. No importa. De todos modos no queríamos tenerte de flojo aquí en la casa y no teníamos dinero para enviarte a algún lugar. —Dijo la madre de Jonny en un tono algo indiferente.
Ella sabía sobre su asunto con Tablón. No le daba mucha importancia. Confiaba demasiado en que su hijo lo superaría por su propia cuenta y que las burlas al respecto "formarían su carácter".
Él iba de lunes a viernes a la escuela para cumplir con sus actividades de refuerzo. Al verse absolutamente solo, sin tomar en cuenta la compañía del profesor deprimido de turno por tener que perder sus vacaciones solo por la torpeza de un mocoso, se sentía avergonzado de sí mismo. Ningún otro sentimiento piloteaba su mente. Esto hacía que ocultase a Tablón en su mochila y seguía con sus actividades por el resto del día. Algunas manualidades y actividades teóricas fueron una distracción de este sentimiento, pero la realidad volvía a golpearlo al finalizar el día.
En cuanto a los fines de semana, él los pasaba en el parque, en los alrededores de las casas del vecindario o en ese depósito de chatarra/basurero en el que él jugaba a que era una ardilla o un topo y en el que los Eds pasaban el tiempo o buscaban materiales para sus estafas. Cualquier cosa fuera de casa estaba bien para su madre, pues ella "no quería lidiar con su holgazanería". En estos días estaba bien para Jonny jugar y hablar con Tablón, pues no tenía de otra. Esta rutina permaneció inalterada por unas cuatro semanas. Fue en el quinto sábado cuando una variación empezó a tomar lugar.
Jonny quiso pasar este séptimo día de la semana (en los calendarios se considera el domingo como el primero) en ese lugar de basura. Jugaba a los piratas, al topo y varios otros juegos entre los montones de chatarra y la compañía de su inseparable pieza de madera. Pasaron unas horas. Al seguir con su "exploración", Jonny se topó con un montón de basura cuya altura superaba considerablemente a la de los demás. Jonny quedó sorprendido por esto y casi al instante una carcajada de optimismo se formó en su rostro.
—¿Qué dices, Tablón? ¿Crees que deberíamos ver qué hay ahí dentro? ¡Suena genial, amigo! —dijo Jonny con mucho entusiasmo.
Al dar unos cuantos pasos lentos hacia el frente, los alrededores y el cielo se oscurecieron a la par que un haz de oscuridad se asomaba desde la entrada. Daba la impresión de que se había hecho de noche sin más.
—Ehm ¿Qué fue eso, Tablón? —preguntó el chico calvo mientras su sonrisa se borraba y su entusiasmo se convertía en preocupación.
—¿Crees que es buena idea entrar? No lo sé, amigo —cuestionó Jonny a su Tablón. Él esperaba una respuesta —que de todas formas él solo podía percibir— confortante.
—"...".
—Está bien, confío en ti —respondió el chico con algo de reserva y escepticismo.
Jonny y Tablón entraron a la "cueva". Era más profunda que lo que se podía ver desde afuera. Al recorrer unos cuantos metros, la entrada se cerró. Era imposible saber qué o quién la bloqueó y por qué.
Jonny gritó angustiado y empezó a golpear la entrada con todas sus fuerzas. Este esfuerzo era inútil. No había otra salida a la vista. Estaba completamente encerrado.
—¿Quién cerró la puerta? ¡Déjenme salir, no quiero morir aquí! —gritó fútilmente.
Podía escuchar como el suelo se deshacía. En medio de esa oscuridad Jonny empezó a caer y caer con una expresión de miedo insuperable y con el brazo derecho levantado con la esperanza de poder sujetarse de algo. No resultó.
En medio de la caída, Tablón se separó del agarre de Jonny y se convirtió en una pequeña estrella que desaparecía de su vista, yendo hacia las lejanías.
—¡Tablón, no! —gritó Jonny desconsolado.
Empezó a llorar por haber perdido a su amigo.
En medio de la caída quedó inconsciente. Después de un tiempo, Jonny despertó con su apariencia totalmente alterada. Su piel ahora era de un color verde claro, similar a las hojas de las plantas. Su camisa blanca ahora era verde oscura y tenía dibujada un corazón blanco. Sus pantalones ahora eran de un color rojo, similar a la de la parte comestible de una sandía y sus zapatos se convirtieron en unas botas de combate que combinaban con el resto del atuendo.
—¿Por qué mi piel ahora es verde? ¿Qué pasó con mi ropa? ¿Dónde estoy? ¿Cómo saldré de aquí? ¿Cómo voy a recuperar a Tablón? —empezó a preguntar Jonny al ver su apariencia, donde estaba ahora y sentir desesperación al no tener a Tablón.
Estaba muy aterrado y confundido. Tenía ganas de llorar, pero aguantó este impulso y decidió avanzar por el único pasillo angosto e iluminado pobremente por unas bombillas que colgaban separadas entre sí cada cierta distancia. Solo podía seguir con un semblante de pánico en su rostro y temblores en su cuerpo. Esto le tomó un tiempo. No podía distinguir si solo pasaron algunos minutos u horas. Se estaba agotando, el hambre empezó a hacerse presente. No había nada para beber o comer. Solo veía el camino y las paredes negras que lo delimitadan.
Encontró un palo de metal de dos metros y medios que podía usar como arma, en caso de que hubiese alguna amenaza, pues él era la única forma de vida presente. Esto lo calmó un poco y le sacó una risa. Su optimismo volvió. Afortunadamente, no encontró ningún enemigo u obstáculo. Esto le distrajo del hambre y el cansancio.
Su recorrido terminó cuando se topó con un enorme árbol cuyas ramas tenían muy pocas hojas. Se veía relativamente sano. Jonny quedó perplejo por este avistamiento. Un rostro familiar se dibujó en el frente del árbol.
—Saludos, Jonny. —saludó el árbol a Jonny con un tono alegre y calmado.
Jonny quedó perplejo y frotó sus ojos en señal de estupefacción.
—Tablón ¿Eres tú? —preguntó el chico con sorpresa y ánimos.
El árbol respondió afirmativamente y con una risa breve: "sí, soy yo, Tablón. Tu gran amigo". Jonny corrió a abrazarlo y Tablón permanecía inmóvil, dispuesto a corresponder la muestra de afecto del muchacho.
—Mírate, luces espectacular. —haciendo un cumplido a su amigo. Tablón dijo algo similar sobre Jonny.
Jugaron un rato, se contaron chistes, Jonny le mostró a Tablón su arma y empezó a interpretar el papel de un artista marcial. Las risas de ambos llenaron aquél lugar desprovisto de vida. Así pasaron un rato. De un momento para otro Tablón alejó a Jonny, poniendo un semblante distinto. Empezaron una charla que podía parecer inquietante.
—Jonny, mi amigo, mi hermano. Tenemos que hablar sobre tu futuro, un futuro en el que debes ver por ti y en el que ya no tengo lugar. He visto que no eres feliz y por ello tienes que dejarme ir. —Dijo Tablón con un tono algo triste.
—¡No! No voy a dejarte. —respondió Jonny.
—Tu insistencia solo te hará infeliz. Mira, conozco la salida de este lugar, pero tienes que estar dispuesto a dejarme ir— se impuso Tablón.
—¿Qué es este lugar? ¿Por qué tengo que separarme de ti? —Preguntaba el muchacho moreno agitado, casi hiperventilándose.
—Este lugar, amigo mío, es un mundo oscuro. Son lugares que son creados a partir de la voluntad de un caballero concentrando el poder de su alma en un punto del suelo en un recinto cerrado. Tú, Jonny, eres un Iluminador. Eres un ser capaz de sentir, soñar y moldear el futuro y crear mundos oscuros. Yo, en cambio, soy un Oscurecedor. Somos seres con sentimientos y sueños al igual que tú y el resto de Iluminadores, pero no podemos moldear nuestro entorno a voluntad. Solo podemos limitarnos a servir a los Iluminadores y proteger la fuente de oscuridad, lo cual es lo que hace que este pequeño mundo exista y nos provea de magia que altera nuestras apariencias y nos dé otras habilidades. Ahora eres más fuerte y yo puedo hablar de verdad.
Jonny quedó pasmado con este discurso. No podía creer que la magia podía existir fuera de la ficción que tanto consumía.
—Pero podemos ser mágicos juntos y puedes seguir viviendo conmigo. Nadie nos hará menos. —Exclamó Jonny.
—Lo siento, pero no es posible. La magia de la fuente oscura restringe nuestras habilidades y formas a sus alrededores. No puedes salir de aquí sin sellarla y una vez que lo hagas yo volveré a ser la misma tabla de siempre y tu apariencia y forma volverán a ser normales. —mentó Tablón de forma contundente.
—Pero... — Jonny intentó responder, pero Tablón se reafirmó con autoridad, interrumpiéndole.
—No me moveré. Tienes que acabar conmigo para que puedas salir y continuar con tu vida. Ya cumplí mi propósito. Tienes que ir hacia adelante. No importa vlas burlas y el rechazo de los demás. Lo que importa es que puedas vivir fuerte y feliz, realizando tus sueños. —dijo el árbol con esperanzas.
—Tienes razón. Aprecio todo lo que vivimos juntos y nunca lo olvidaré. Adiós. Siempre te tendré en mi corazón y mi alma siempre te recordará. —decía Jonny mientras unas lágrimas recorrían sus mejillas.
Tablón dejaba caer lágrimas de alegría mientras que Jonny enfocaba su energía en el arma que había recogido en su camino. Dio su último adiós y aceptó su destino con estoicismo, belleza y gracia. El golpe fue dado. El árbol se partió a la mitad. Jonny se quedó un rato recordando todas las experiencias vividas con Tablón con lágrimas cayendo y fue hasta el verdadero final del camino.
Allí se encontraba un géiser que brillaba en varios colores. Jonny recordó lo que le dijo Tablón sobre las fuentes. Cerró los ojos y extendió su brazo para tocar la fuente con su mano. Al hacerlo un destello blanco invadió el lugar y de repente se vio adentro de la cueva con su ropa de siempre.
Salió de allí con dos trozos de madera muy maltratados. Jonny no pudo evitar llorar y yacer en el suelo unos minutos. Poco después recuperó la calma, se levantó y decidió improvisar una pequeña tumba y una lápida con la inscripción "Aquí descansa Tablón. Un amigo cuyo amor nunca será olvidado y siempre será agradecido" usando una pala y una pieza de hojalata.
Dando así su último adiós, Jonny dejó a Tablón en su lugar de descanso. Fue a lo más alto de uno de los montones de chatarra para ver el atardecer y pensar en lo que sería de él de ahora en adelante...
