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Billy nunca había sido un tipo de medias tintas. Si quería algo, lo tomaba. Si le gustaba alguien, lo hacía saber. Pero con Jonathan Byers… era diferente.
La primera vez que se fijó en él fue en una de esas noches de patrullaje inútil con sus compañeros de la escuela, buscando algo de diversión. Lo vio sentado en el capó de su auto destartalado, cámara en mano, con el ceño fruncido y el cabello despeinado cayendo sobre su rostro. Algo en esa imagen se quedó con él.
No es que Jonathan fuera el tipo de chico con el que Billy solía meterse. No tenía la actitud desafiante que a menudo lo atraía, ni tampoco el deseo de impresionar a nadie. Pero quizá era eso lo que lo hacía jodidamente interesante.
El problema era Steve Harrington.
Billy lo notó casi de inmediato. La forma en la que Jonathan se apoyaba en él sin darse cuenta, el leve contacto de sus dedos, la manera en la que Steve parecía consciente de cada movimiento de Jonathan incluso cuando fingía estar distraído. Lo entendía bien. Steve lo miraba como alguien que ya había ganado, como si fuera obvio que Jonathan era suyo.
Y tenía razón.
Billy nunca fue un santo, pero tampoco era un cabrón sin escrúpulos. No iba a meterse en algo que no le pertenecía. Así que se limitó a observar desde la distancia, a encender un cigarro mientras Jonathan entraba al auto de Steve después de la escuela, a reírse entre dientes cuando los veía discutir solo para terminar compartiendo una mirada que lo decía todo.
Sabía que lo mejor era alejarse, dejarlo pasar. Pero, maldita sea, le hubiera gustado ser él quien hiciera que Jonathan sonriera así.
Billy se decía a sí mismo que estaba bien con solo mirar. No era su estilo meterse donde no lo llamaban. Pero con cada día que pasaba, con cada vez que veía a Jonathan apoyarse en Steve con esa confianza silenciosa, sintió algo incómodo crecer en su pecho.
No celos. No exactamente.
Algo más parecido a la frustración de ver una puerta cerrada con llave y saber que nunca tendría la maldita oportunidad de abrirla.
La tormenta en Hawkins cayó sin previo aviso, con truenos que sacudían las ventanas y ráfagas de viento que hacían crujir los árboles. Billy se detuvo en la gasolinera a mitad de la noche, maldiciendo la lluvia, cuando lo vio: Jonathan, parado bajo el techo de la tienda, empapado y con los brazos cruzados.
Solo.
Billy apagó el motor y bajó del auto con una sonrisa ladeada.
—Bonita noche para estar afuera, Byers.
Jonathan giró el rostro hacia él, pestañeando por el agua que caía de su cabello.
—Se suponía que Steve tenía que venir por mí, pero su auto no arrancó.
Billy alzó una ceja. ¿Harrington lo dejó varado?
—¿Quieres un aventón?
Jonathan dudó. Billy lo vio morderse el labio inferior, su mirada evaluándolo, y por un momento pensó que diría que no. Pero luego Jonathan suspiró y asintió.
—Sí. Supongo que sí.
Se subió al auto, temblando por el frío, y Billy subió el volumen de la radio, encendiendo un cigarro mientras arrancaba.
Jonathan estaba incómodo. Lo sabía porque no dejaba de frotarse las manos contra los jeans mojados y porque su pie rebotaba levemente contra el piso del auto.
—Relájate, Byers. No voy a morderte.
Jonathan resopló, sin mirarlo.
—No es eso. Solo… No quiero que Steve piense algo raro.
Billy soltó una carcajada baja.
—Vaya. ¿Tienes miedo de que piense que me aproveché de la situación?
Jonathan se giró al instante, frunciendo el ceño.
—No. Sé que no lo harías.
Esa respuesta lo tomó por sorpresa.
Billy lo miró de reojo. Jonathan seguía empapado, con gotas de agua deslizándose por su cuello. Sus labios estaban entreabiertos, la respiración levemente agitada, y Billy tuvo que aferrarse al volante con más fuerza.
Joder.
Aceleró un poco más de lo necesario, queriendo salir de esa situación cuanto antes.
—Relájate, Byers —repitió, intentando desviar su mente de las ideas que no debería tener— Solo te estoy llevando a casa. No hay crimen en eso, ¿O sí?
Jonathan exhaló un suspiro, apoyando la cabeza contra la ventana empañada.
—No… No lo hay.
Pero por la forma en que su voz sonó baja y distante, Billy supo que Jonathan no se sentía muy bien.
