Work Text:
Mob quería ser el orgullo de su maestro, Reigen. ¡Por supuesto que sí!, él era el más cool y poderoso humano de todo el mundo; él entendía por todo lo que Mob pasaba, y lo ayudaba a controlar y a crecer su poder como todo un sensei de películas chinas.
—Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad. —Le dijo el adulto tomándolo de los hombros, provocando que el menor se le hicieran húmedos los ojos de tanta admiración e inteligencia.
La tan ansiada frase que saliera por su boca; un "estoy orgulloso de ti" era lo que buscaba desde el día en que lo conoció, como si se tratase de su gran figura paterna, aunque no sean de sangre, cosa que Mob repugnaba.
Era como el típico nenito pequeño que admiraba a su superhéroe que iba volando salvar al mundo, como cuando Reigen lo salvó de la policía cuando Mob accidentalmente se 'robó' un caramelo de un kiosquito barato de su barrio.
Era su héroe, sin capa, y sin poderes, aunque con ésto último no estaba consciente. Para él, Arataka Reigen podía lograr cualquier remota, imposible, extravagante cosa en el universo infinito.
Tanta era su admiración de pequeño, que hasta ahora seguía sintiéndola y buscando ser su fan número uno por muchísimo tiempo.
Sus expectativas eran tan grandes, era un niño pequeño después de todo, se sentía tan feliz cuando tomaba sus clases y trabajaba con él lidiando con espíritus malignos y escuchando el soundtrack de Los Cazafantasmas que ponía Reigen en alguna que otra misión.
—Has hecho un muy buen trabajo hoy, Mob. Te compraré algo de helado con tú parte del salario. —A veces nisiquiera se daba cuenta de que su maestro podía ser tan tacaño y egoísta de a momentos. Le daba una imagen tan alta cuando en realidad el rubio no era la gran cosa. No podía saber la verdad, no podía descubrir que era solo un charlatán y un mentiroso estafador.
—Gr-gracias, Maestro —Se inclinó agradeciendo—. Usted también puede pedirse un poco de helado. Después de todo soy un niño y no puedo hacer mucho con dinero.
—¿Ah, si? Bien, gracias por ofrecerte, niño. —Aceptó arrancando a caminar de vuelta a la parada del bus.
Mob lo siguió con apuros para alcanzarlo a su paso.
Le encantaba ver cómo las sombras de ambos comenzaban a sincronizar al igual que sus pasos, y que ambos cada que pasaban por una baldoza con rayas; evitar las antedichas como si fuera un juego de jardín de niños.
Cada día de la semana, de cada mes, de cada año era igual. Hablar de lo que pasaba durante ese tiempo sería contar de más. Ritsu como siempre tratando de convencer a su hermano que no se juntara más con ese charlatán. Mob no haciéndole caso y así.
Nunca pudo escuchar aquella ansiada frase; "estoy orgulloso de ti".
Reigen era un tipo muy orgulloso, joder, era un tipo demasiado orgulloso.
Él solo quería escucharlo en sus palabras, era lo que más quería en el mundo.
Quizás nunca lo escuchó; pero, ¿sentirlo?, ¿vivirlo?
Cada regalo de su maestro, cada caricia, cada sonrisa que le regalaba. Cada "buen trabajo", o "te compraré algo como recompensa".
Reigen no era un tipo de hablar de sus sentimientos. Pero en vez de eso lo expresaba con sus acciones, y sí; en serio amaba al pequeño Mob.
—Mañana te veo, cuidate en la calle y mira a los dos lados antes de cruzar. —Lo que le decía al despedirse demostraba que le importaba.
—¡Sí, maestro! —Y él aún con la edad no se daba cuenta. Sólo se despedía ansioso de volverlo a ver.
Tal vez Reigen podría ser un charlatán, un mentiroso, ladrón y estafador. Sí, no hay duda de eso. Pero Mob había robado su corazón, y estaría dispuesto a ser su héroe, su padre, y cuidarlo por siempre hasta que se convierta en un adulto maduro y fuerte.
