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Prólogo: El deseo de un niño
Cuando Harry Potter tenía seis años y su maestra de preescolar les leyó “La Cenicienta”, en ese momento la vida del pequeño cambió pues le dio un sentido de vida.
—Y vivieron felices para siempre— terminó el relato la mujer.
Una niña inquieta levantó la mano cuando terminó de decir esto —¿Las personas se vuelven felices cuando se casan?
La maestra sonriente le dijo —Si, Cenicienta por ejemplo, una vez se volvió la esposa del príncipe nunca más sufrió los maltratos de su madrastra.
Harry escuchó eso ilusionado pensando que si se casaba podría librarse de los Dursleys y poder ser feliz para siempre. Esa idea le fascina rotundamente, mordiéndose el labio esperando que eso fuera posible para él, después de todo Cenicienta y él eran muy parecidos, ambos abusados por sus familiares, culpados por cosas que no hicieron y haciendo cosas extrañas como hablar con los animales, por lo que posiblemente podría tener un final feliz como ella.
Unas semanas después mientras Harry arrancaba las malas hierbas en el jardín de su tía, escuchó como sus vecinos platicaban y uno le decía al otro las cosas que había hecho para festejar el aniversario de bodas con su esposa.
—Wow, amigo si que te luciste, ¿eso no fue demasiado…?— dejando en el aire las siguientes palabras, pues no sabía si lo apropiado es decir caro o extravagante o quizás ambos, ya que eran demasiadas cosas a su gusto. Él no hubiera hecho tanto por mucho que quiera a su mujer.
—Bueno sí, un poco— admitió el varón —Pero ya sabes lo que dicen: esposa feliz vida feliz.
Eso saco unas risas entre los hombres, Harry no entendió el chiste en esas palabras, bueno aunque también sea por que medio escuchaba lo que decían, más interesado en terminar con la tarea asignada antes de que el calor se volviera sofocante, pero eso no evitó que se le grabará la frase: esposa feliz vida feliz.
Lo que solo le reafirmó que casarse era la respuesta para la felicidad, algo que Harry vivió de primera mano con sus tíos unos pocos días después.
Era la primera semana de vacaciones, el vago de su primo Dudley se encontraba jugando videojuegos en la televisión a todo volumen, mientras que él estaba encerrado en su alacena fingiendo que no existe, al parecer su tía estaba enojada con él, Harry no recuerda haber hecho nada para molestarla ni ganar su irá, así que en un arranque de valor iba a protestar, solo para ver qué su tía estaba tan furiosa que incluso planeaba desconectar el videojuego de Dudley solo jalando el enchufe. Conmocionado por eso, Harry guardó silencio en el mismo momento que la puerta se abrió anunciando la llegada de su tío Vernon.
—Pet, cariño ya llegué— anunció el hombre —Por cierto feliz aniversario, te traje un regalo— le dijo mostrándole un ramo de flores así como una pequeña caja.
En ese momento la furia de Petunia Dursleys se extinguió por lo que caminó elegantemente hacia su marido. Ahí, Harry vio cómo los adultos se besaban, su tía olía las flores y luego abría la caja donde al parecer había una joya, o eso creyó el niño por las palabras de su tía.
—Vernon, esto es demasiado— soltó Petunia, intentando no encariñarse con el collar de perlas que sostenía, sabía que no estaban en condiciones económicas para costearlo, la consola de videojuegos de Dudley les había salido muy cara.
—Tranquila, Pet, eso no es nada— le dijo Vernon restándole importancia al costo y luego de darle un beso en la mejilla le aseguró —Eres la mejor esposa del mundo y mereces que te lo reconozca.
Dicho eso, Vernon tomó el collar de la caja y colocó en su esposa dándole un beso travieso en el cuello, lo que hizo sonrojar a la mujer y que soltara su nombre en un intento de amonestar a su marido, aunque fallando miserablemente.
Luego de eso Petunia Dursleys con una sonrisa radiante llamó a sus hombres a comer, donde sorprendió a Vernon con el banquete que les había preparado, la mujer empezó a servir sus alimentos con gran devoción a su marido y este no paraba de adular el trabajo hecho.
—Te lo juro cariño, este es el mejor pastel que he probado, me saqué la lotería al tener una esposa tan buena como tú.
La mujer se sonrojó como una quinceañera ante sus palabras —Vernon, por favor— le pidió vacilante que parara sus halagos aunque al mismo tiempo caminaba orgullosa por su reconocimiento, premiando al hombre con otra rebanada de pastel.
Harry no entendía el teatro que armaban sus tíos, por lo que pensativo se sentó en el viejo futón en el que dormía, momento exacto en el que la puerta se abrió y su tía sin decirle palabras le ordenó que se sentará a comer, donde para su sorpresa, también le tocó del banquete que se sirvió minutos antes. El joven Potter astutamente no dijo nada por la comida recibida ni el hecho de que lo dejara comer tranquilo en la mesa, menos cuando su tía felizmente lavaba los trastes, viendo de vez en vez el nuevo collar que llevaba y a su marido con una sonrisa tonta.
Ahí Harry comprobó que una esposa feliz hace feliz a todos, cosas que se repitió varias veces cuando su tía Petunia estaba sumamente alegre recibía más comida, menos quehaceres del hogar y más tiempo libre, además su tío Vernon estaba más tranquilo y no le gritaba por todo, de hecho, a veces cuando tenía suerte incluso el hombre le traía uno que otro regalo; nada ostentoso como lo que le daba a su hijo, pero las paletas y pequeños dulces nunca estuvieron mal.
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Harry y su tía Petunia se encontraban limpiando la bodeguita de la casa, donde su tía guardaba herramientas, los artículos de aseo y otras baratijas que le gustaba coleccionar cuando de repente el gritó de su tía se escuchó.
A los pocos segundos su tío Vernon apareció, Harry no sabe cómo su tío movió su gordo trasero del sillón y llegó tan rápido, pero no se queja ya que él se encargó de calmar a su histérica tía que no paraba de gritar.
—Vernon una rata— le indico escondiéndose en su espalda.
El hombre robusto como si de un héroe se tratase se enfrentó a la amenaza, Harry no vio cómo lo hizo, ya que apenas su tío apareció su tía Petunia salió de la bodeguita, no sin antes decirle que se ponga a trabajar, así que lo hizo.
Ya a la hora de la cena su tía reconocía el trabajo de su tío Vernon por salvarla de esa alimaña, el hombre parecía que creció varios centímetros mientras le decía con orgullo que su trabajo como su marido era cuidar y proteger de ella, más al ser tan buena esposa con él. Harry escuchó atento esto, deseando tener alguien que lo cuide así, ojalá algún día pueda tener eso pensó con tristeza desde su fría cama.
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Conforme pasaban los días Harry más pensaba en eso de las buenas esposas, el niño era consciente que se estaba obsesionando con saber en qué consistía una buena esposa, ya que parecía todo giraba en torno a eso. La respuesta a esta incógnita llegó unos meses después cuando había ido a la tienda por unos pendientes de su tía, sin querer Harry presenció cómo se peleaban una pareja, este matrimonio estaba en su casa con las ventanas abiertas y gritando a todo pulmón, la mujer le reclamaba a su esposo que nunca la sacaba, ni le daba regalos o tenía atenciones para con ella, acusaciones a las que el hombre le contrarresto diciendo que si fuera una buena esposa otra cosa sería, ahí escuchó cómo el señor le reclamo de no lo atendía ni lo satisfacía, tampoco le daba hijos o cuidaba su casa. El hombre le reclama de ser una fodonga, desobligada lo que la hacía una pésima esposa.
Harry caminaba despacio para aprender todo lo que pudiera de las buenas esposas con ellos y una vez escuchó que hacía una buena esposa corrió a casa para que su tía Petunia no se enojara por tardar tanto comprando huevos, mientras caminaba de regreso pensaba lo importante de tener una buena esposa y cuánto influye en su vida.
Aunque en el fondo él no quería tener una buena esposa, más bien, quería ser la buena esposa de alguien, Harry Potter quería que lo cuiden y mimen como había visto lo hacía su tío con su tía. La idea de recibir regalos, amor y protección solo por cuidar una casa, hacer la comida y atender a su marido se le hacía muy tentadora, el pequeño pelinegro no tenía idea en qué consistía lo de satisfacer a su esposo pero pensaba que no debía de ser muy difícil si la tía Petunia podía hacerlo, así que él también podría hacerlo.
El único problema que veía Harry es que al parecer solo podían ser esposas las mujeres y él era hombre, así que su deseo de ser buena esposa se desinfló más rápido que un globo con un agujero.
O eso creía Harry hasta casi tres meses después, cuando sus nuevos vecinos le enseñaron que las cosas no eran tan rígidas como pensaba y su sueño podría ser una realidad.
Resulta que ese día el heredero Potter estaba en el patio trasero limpiando las ventanas de la casa, cuando escuchó como le llamaban. El vecino al ver el estado en el que se encontraba el niño lo invitó a su casa a tomar un chocolate caliente y descansar un poco, preocupado al ver que a nadie más parecía importarle lo poco que estaba cubierto para el frío o que las manos del niño ya estuvieran rojas de tocar el agua helada, así que quiso ayudar un poco al chico.
Harry indeciso no sabía si aceptar o no, después de todo el hombre era un desconocido y su tía Petunia se enojara si no terminaba pronto con la limpieza de las ventanas, al final aceptó cuando el joven le dijo que también le daría un pedazo de pay de queso con fresas por su arduo trabajo, cosas que terminó de inclinar la balanza ya que el niño se sintió reconocido y que su trabajo estaba siendo valorado.
El joven de veintitantos levantó a Harry de las axilas para traerlo a su casa, después de todo solo había una pequeña valla lo que separaba ambos jardines, hecho esto, el joven adulto le informo donde estaba el baño para que se limpiará un poco mientras le servía. Al salir Harry se encontró con lo prometido y gustoso se los comió, platicando un poco con el amable vecino, enterándose ahí que se llamaba Azrael y trabajaba en casa.
—Cariño, ya estoy en casa— se escuchó que se anunció otra persona.
—Estoy en la cocina con un invitado— le respondió Azrael.
—Mientras no sea más lindo que yo, todo está bien— le respondió divertido el recién llegado.
—Ups, lo siento, es más adorable que tú— le dijo riendo.
Momento en el que el recién llegado se unía a ellos en la cocina —Diablos, si es más adorable que yo— afirmó el varón con “pesar” riéndose un poco al ver a Harry, luego en un gesto territorial y solo para seguir el juego le dijo al menor —Solo no me robes a mi esposa, se que es lindo y todo lo que quieras, pero es mío— señaló el recién llegado, abrazando a Azrael por la cintura de manera dominante y besando los labios de esté.
El pequeño Harry con la cuchara del pay en la boca miró la relación de la pareja sin entender mucho, la única palabra que escuchó bien fue —¿Esposa?, ¿Un hombre puede ser una esposa?— preguntó en un susurró, ya que estaba acostumbrado a que no debía hacer preguntas, pero no pudo detener la duda en su boca, ya que él realmente estaba interesado en esa respuesta.
Los vecinos que estaban cerca del niño sin duda escucharon su pregunta así que se miraron entre ellos antes de que Azrael le contestara: —Sí, un hombre también puede ser una esposa, solo que a veces algunas personas no lo entenderán, pero no por eso estaba mal— le aseguro con una sonrisa.
Satisfecho con la respuesta Harry terminó su comida y regresó a limpiar las ventanas, por suerte su tía no se enteró de su escapada.
Luego de ese día cuando Azrael veía a Harry en el patio le regalaba un sándwich o agua si notaba que tenía mucho tiempo trabajando, incluso le facilitó una gorra o unos guantes si notaba que no tenía con qué protegerse, cosas que Harry agradeció y se dio cuenta que el chico era realmente una buena esposa pues sabía cómo cuidar a los niños, lo que hizo que Harry tomara notas de su trato para ser una buena esposa como él en esa área.
Al ver que tenía oportunidad de ser una esposa Harry se esmeraba más en aprender a realizar los quehaceres del hogar, así como mejorar sus habilidades de cocina; luego de ese día veía los castigos de sus parientes como una oportunidad de aprender apropiadamente como ser una buena esposa, por eso a veces se concentraba más en sus responsables del hogar que en sus tareas de la escuela, ya que al parecer una buena esposa no los necesita. Su tío Vernon de hecho festejo que ahora fuera más servicial y acometido en casa, lo que Harry interpretó que estaba haciendo las cosas bien para ser una buena esposa y se siguió esforzando más.
Por el momento Harry se sentía feliz pues ya sabía cuidar apropiadamente una casa y hacer de comer, respecto a satisfacer a su marido la verdad que aún no estaba seguro del todo en qué consistía, además algo le decía que no debía preguntar abiertamente pues aún recuerda cómo las personas que escucharon los gritos de ese matrimonio con él se sonrojaron y acusaron al marido de exhibicionista, y que esas cosas no se dicen. Luego de ese pleito Harry sabía que esa pareja se fue del barrio avergonzados con su conducta.
Así que la única forma que Harry tenía para aprender era espiar a su tía y ver qué podía ser ese cuidado especial que tenía con su marido. Mirando a sus tíos descubrió que su tía siempre le servía primero de comer a su tío Vernon, además ella le daba una taza de té apenas bajaba a desayunar y este había terminado de besar su mejilla, notó que su tía a veces se metía a bañar con su tío Vernon cuando esté llegaba estresado o enojado del trabajo y siempre el hombre salía feliz del baño. Harry también vio cómo su tía a veces se sentaba en las piernas de su tío y le daba de comer en la boca, algunas veces incluso se daban besos así aunque lo dejaban de hacer cuando Dudley se quejaba; por lo que supuso esos gestos y acciones eran sus deberes de esposa.
Un domingo en la tarde Harry escuchó a su tío Vernon agradecer que los maricones que vivían cerca de ellos se fueron, el pequeño Potter no comprendía a que se refería su tío con maricones ni porque esto lo alegraba y enojaba al mismo tiempo, lo que si aprendió ese día era la forma en que su tía cumplía con sus funciones de buena esposa, ya que tomó el control de la televisión y le cambió el canal, lo que enojo a Dudley, ya que veía sus dibujos animados por lo que Petunia rápidamente mando a su hijo a ver la televisión en su cuarto.
Dudley emocionado corrió de ahí, dejando a su padre ver su programa de finanzas, luego su tía se paró detrás del sillón de su tío Vernon y le dio masaje en los hombros, dándole besos en la mejilla y le dijo algo que Harry no escuchó, lo único que escuchó fue como su tío le decía que una vez terminará con los platos se fuera a su cuarto y no los molestará.
Harry hizo lo pedido, cuando paso enfrente de la sala vio cómo su tía ahora estaba sentada en las piernas de su tío compartiendo besos, luego de eso no vio mucho por la forma en que se encontraban, dentro de su alacena Harry alcanzó a escuchar que a veces solo soltaban un par de sonidos extraños pero por más que se asomo no distinguió mucho salvo que seguían besándose, así que Harry entendió que parte de ser una buena esposa consistía en besar mucho a tu esposo.
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Ya habían pasado un par de años desde que Harry se propuso ser una buena esposa, actualmente ya tenía diez años y estaba a unos meses de tener once cuando por fin entendió en qué consistía el hecho de satisfacer a su marido. Bueno no es que esté muy versado en ese arte, de hecho apenas sabía nada del tema ya que en la escuela primaria solo les dijeron a grandes rasgos en qué consistía la reproducción y que los seres humanos junto los delfines eran los únicos animales que practicaban el coito por placer.
Por lo que luego de investigar un poco respecto al matrimonio se enteró que una de sus funciones es la legitimación de los hijos, así que con eso en mente y el hecho de que las personas intimidan por placer no fue difícil entender que significaba satisfacer a su marido. Bueno eso y que sin querer escuchó a unas mujeres hablando del tema en un parque.
Ese día Dudley amaneció con ganas de jugar a “cazar a Harry” así que tuvo que correr para evitar que lo golpearan, terminó escondiéndose en un parque lejos de casa que tenía más áreas verdes y arbustos, Harry estaba escondido debajo de unos matojos, enfrente de él había una banca por lo que era difícil de verlo, así que Dudley y su pandilla pasó de largo sin verlo pero aún así se mantuvo escondido un rato más. Luego de un par de minutos unas chicas se sentaron en la banca y sin querer Harry se enteró de sus problemas.
—Sigo diciendo que compraste mucha… ropa— terminó de decir avergonzada.
—Se llama lencería— completo sin pudor su acompañante —Vamos Julia deja de ser tan mojigata, no hay nada de malo en comprar ropa sexy para mí marido— le dijo con voz pícara.
—Eres una desvergonzada— le reprochó la otra —No deberías de hablar de eso tan a la ligera.
Harry vio cómo la amiga de la derecha abrazaba a la otra del cuello y le decía burlona —Amiga si quieres un marido feliz debes de volverte una zorra en su cama…
—Amelia— reprendió escandalizada la otra.
—Vamos no seas tímida. Todo mundo sabe que si tú no le das lo que quiere lo va ir a buscar a otro lado, no es un secreto que a los hombres les gusta el sexo y si no se lo da su esposa buscarán quien— indico la amiga.
Su acompañante solo hacía sonidos de entendimiento y estaba muy inclinada, como si estuviera encogiéndose en su asiento.
—Julia te lo dijo por tu bien, si quieres hacer feliz a Brayan se una dama en la calle, una señora en tu casa y una puta en su cama, te aseguro estará muy feliz contigo y no volverá a ver a nadie que no seas tú.
—Yo no sé cómo hacer eso— admitió la segunda chica con el rostro muy rojo.
—Tranquila, no es tan difícil, empieza poniéndote un bonito baby doll y créeme tu marido hará el resto. Ese pequeño gesto le va a gustar, lo hará sentir deseado y que sales de la monotonía.
—¿Enserio?— le cuestionó sin creer mucho sus palabras.
—Si, vamos compremos un bonito Baby doll, ni siquiera tiene que ser tan revelador, créeme el simple hecho que uses algo diferente para él ya lo tendrá prendido a mil.
Las amigas se fueron dejando a un niño de diez años un poco avergonzado, pero también feliz por qué sin querer ya sabía un poco más de cómo satisfacer y hacer feliz a su futuro marido. Luego que leyera que uno de los fines del matrimonio es la descendencia y se enterará como venían los niños al mundo se puso muy triste, pues sabía que por mucho que se esforzará jamás le daría hijos a su esposo, por lo que su única escapatoria de eso es que su marido no quiera hijos y pueda mostrarle que es una excelente esposa incluso con ese detallé.
Harry se mordió el labio un poco avergonzado, sabía que aún era muy pronto para estar preocupado por satisfacer a su marido inexistente pero él realmente quería estar listo para ser una buena esposa, después de todo su “y vivieron felices para siempre” depende de ello.
