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Fandom:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Makroh AU ATLOK
Stats:
Published:
2025-03-19
Completed:
2025-03-19
Words:
4,245
Chapters:
3/3
Comments:
5
Kudos:
9
Hits:
84

Amor y Sobrevivencia

Summary:

La vida de Mako desde que él y Bolin quedan solos en el mundo hasta que se encuentran con el hombre que cambiará sus vidas.

Notes:

Está historia la escribí mucho después que Amor y Resiliencia pero cronológicamente es antes. Quería desarrollar como es que Mako es quien es cuando conoce a Iroh.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

El invierno en la ciudad era implacable. El frío cortaba como cuchillos, y las calles estaban cubiertas de una capa delgada de hielo. Mako, de apenas doce años, se acurrucaba en un callejón estrecho, abrazando a su hermano pequeño, Bolin, que apenas tenía unos meses. El bebé lloraba débilmente, su rostro enrojecido por el frío. Mako lo envolvía con la única manta que tenían, pero sabía que no era suficiente.

 

"Shhh, Bo, todo va a estar bien," murmuraba Mako, aunque sus propios dientes castañeteaban. No tenía idea de cómo iban a sobrevivir esa noche.

 


 

Mei caminaba por las calles, envuelta en un abrigo grueso, después de un largo turno en el burdel. Estaba cansada, amargada por la vida que llevaba, pero algo la hizo detenerse al pasar por el callejón. Vio a los dos niños acurrucados, y algo en ellos la conmovió profundamente.

 

Se acercó con cautela, arrodillándose frente a Mako. "¿Qué haces aquí, niño?" preguntó, su voz suave pero firme.

 

Mako la miró con desconfianza, abrazando a Bolin con más fuerza. "No nos haga daño," dijo, su voz temblorosa pero desafiante.

 

Mei sonrió levemente, impresionada por la valentía del niño. "No voy a hacerte daño," dijo. "Pero no pueden quedarse aquí. Se congelarán."

 

Mako bajó la mirada, sabiendo que ella tenía razón. "No tenemos a dónde ir," admitió en voz baja.

 

Mei lo observó por un momento, notando la determinación en sus ojos y la forma en que cuidaba a su hermano. Algo en él le recordó a sí misma, muchos años atrás, cuando todavía tenía esperanzas y sueños.

 

"Ven conmigo," dijo Mei, extendiendo una mano. "Te daré un lugar para quedarte, al menos por esta noche."

 

Mako dudó, pero el frío y el llanto de Bolin lo convencieron. Tomó la mano de Mei y se levantó, cargando a su hermano con cuidado.

 

Mei los llevó a su pequeña habitación en una cuarteria del barrio. Era un espacio modesto, pero cálido y seguro. Les dio mantas limpias y un poco de sopa caliente, algo que Mako y Bolin no habían probado en días.

 

Mientras Mako alimentaba a Bolin con una cuchara pequeña, Mei lo observaba con interés. "¿Cuánto tiempo han estado solos?" preguntó.

 

Mako no respondió de inmediato, pero finalmente murmuró: "Desde que nuestros padres murieron. Hace unos meses."

 

Mei asintió, comprendiendo. "Y has estado cuidando de tu hermano todo este tiempo," dijo, más como una afirmación que como una pregunta.

 

Mako asintió, evitando su mirada. "Es mi responsabilidad."

 

Mei sonrió con tristeza. "Eres un niño valiente, Mako. Pero no deberías tener que cargar con todo esto solo."

 


 

Esa noche, mientras Mako y Bolin dormían, Mei reflexionó sobre lo que haría. Sabía que no podía simplemente dejarlos ir, no después de ver cómo Mako luchaba por proteger a su hermano. Pero tampoco quería que terminaran como ella, atrapados en una vida de explotación y desesperación.

 

Al día siguiente, Mei se sentó con Mako y le habló con seriedad. "Mira, niño," dijo. "No puedo prometerte una vida fácil, pero puedo enseñarte a sobrevivir. Te enseñaré lo que sé, cómo moverte en este mundo, cómo conseguir lo que necesitas sin perder tu dignidad."

 

Mako la miró con curiosidad. "¿Por qué haría eso por nosotros?"

 

Mei suspiró. "Porque veo en ti algo que yo perdí hace mucho tiempo. Y porque no quiero que termines como yo."

 


 

Con el tiempo, Mei comenzó a enseñarle a Mako todo lo que sabía. Le mostró cómo comportarse con elegancia, cómo hablar con confianza y cómo usar su apariencia para obtener lo que necesitaba. Le enseñó a vestirse como un noble, a caminar con gracia y a seducir con una mirada.

 

"El mundo es cruel, Mako," le decía Mei. "Pero si sabes cómo moverte en él, puedes conseguir lo que quieres sin perderte a ti mismo."

 

Mako aprendió rápidamente, absorbiendo cada lección con determinación. Sabía que estas habilidades podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte para él y Bolin.

 

Aunque Mei le enseñó a Mako cómo seducir y manipular, siempre le hizo énfasis en que no quería que terminara siendo un trabajador sexual como ella. "Eres hermoso, Mako," le decía. "Y eso puede ser tanto una bendición como una maldición. Si tienes suerte, podrás encontrar a alguien decente que te quiera como concubino. Alguien que te trate bien y te dé una vida mejor que la mía."

 

Mako no entendía completamente lo que Mei quería decir, pero sabía que ella solo quería lo mejor para él. Y aunque no estaba seguro de qué camino tomaría en el futuro, estaba agradecido por todo lo que Mei estaba haciendo por ellos.

 


 

Con el tiempo, Mei se convirtió en algo más que una mentora para Mako. Era alguien que los cuidaba y los guiaba en un mundo lleno de peligros. Mako, a su vez, se convirtió en un hijo para Mei, alguien en quien podía depositar sus esperanzas y sueños.

 

Aunque la vida seguía siendo dura, Mako y Bolin ahora tenían un refugio seguro y a alguien que los quería. Y mientras Mei los preparaba para el futuro, Mako juró que haría todo lo posible para proteger a su hermano y honrar la bondad que Mei les había mostrado.

 

Pero la vida podía ser cruel, más para los que vivían en lo más bajo del mundo.

 

La noche en que Mei murió, el barrio bajo estaba inquieto. Los gritos y los sonidos de lucha resonaban en las calles, pero Mako, de dieciséis años, estaba acostumbrado a eso. Lo que no esperaba era que esa noche cambiaría su vida para siempre.

 


 

Mei había salido del burdel después de su turno, como siempre lo hacía, para regresar a la pequeña habitación que compartía con Mako y Bolin. Pero esa noche, una disputa entre pandillas estalló en la calle principal. Mei, atrapada en el fuego cruzado, recibió un golpe fatal. Cuando Mako llegó al lugar, atraído por los gritos, la encontró tendida en el suelo, su rostro pálido y su respiración débil.

 

"Mei... no, no, no," murmuró Mako, cayendo de rodillas a su lado. Tomó su mano, sintiendo cómo la vida se escapaba de ella.

 

Mei lo miró con ojos vidriosos, intentando sonreír. "Mako... cuida de Bolin," susurró, su voz apenas audible. "Y... cuídate tú también. No dejes que este mundo te rompa."

 

Mako apretó su mano, las lágrimas cayendo sobre su rostro. "No te vayas, Mei. Por favor, no te vayas."

 

Pero Mei ya no podía responder. Su mano se aflojó en la de Mako, y su respiración se detuvo. Mako se quedó allí, en medio de la calle, sintiendo que el mundo se desmoronaba a su alrededor. Bolin, de apenas cuatro años, lloraba a su lado, sin entender completamente lo que había sucedido.

 

Mako usó lo poco que tenía para darle a Mei un entierro digno. No fue mucho: un ataúd simple y una tumba en un cementerio de los barrios bajos. Pero era lo mejor que podía hacer por la mujer que lo había salvado de las calles y le había enseñado a sobrevivir.

 

Mientras miraba la tumba de Mei, Mako sintió una oleada de dolor y rabia. ¿Por qué siempre perdía a las personas que amaba? Primero sus padres, ahora Mei. Bolin era todo lo que le quedaba, y Mako juró que no permitiría que nada le pasara a su hermano.

 


 

Esa noche, Mako y Bolin durmieron en la calle, acurrucados juntos para mantenerse calientes. Mako no podía dormir, su mente dando vueltas en torno a lo que haría a continuación. Sabía que no podía permitir que Bolin creciera en las calles, expuesto a los peligros que él mismo había enfrentado. Tenía que encontrar una manera de protegerlo, de darle un techo y comida.

 

Al amanecer, Mako tomó una decisión. Se levantó, cargó a Bolin en sus brazos y se dirigió al bar donde Mei había trabajado. No le gustaba la idea de volver a ese lugar, pero era su única opción.

 

El bar estaba vacío a esa hora, excepto por la señora Li, la dueña, que estaba limpiando las mesas. Cuando Mako entró con Bolin en brazos, ella lo miró con una mezcla de sorpresa y tristeza.

 

"Mako," dijo la señora Li, secándose las manos en un trapo. "He oído lo que pasó. Lo siento mucho."

 

Mako asintió, evitando su mirada. "Necesito trabajo," dijo con firmeza. "Como camarero. No venderé mi cuerpo, eso es lo último a lo que recurriré. Pero necesito mantener a Bolin a salvo."

 

La señora Li lo observó por un momento, sus ojos llenos de comprensión. Luego suspiró y asintió. "Mei me habló de ti," dijo suavemente. "Así que sí, puedes trabajar aquí. Pero tendrás que aprender rápido, y no será fácil."

 

Mako sintió un alivio inmenso, aunque no lo mostró. "Gracias," dijo simplemente. "No te decepcionaré."

 

La señora Li le sonrió con tristeza. "Sé que no lo harás. Mei te enseñó bien."

 

Mako comenzó a trabajar en el bar esa misma noche. Aprendió rápidamente, moviéndose entre las mesas con la misma elegancia que Mei le había enseñado. Bolin se quedaba en la parte trasera del bar, jugando con algunos juguetes que la señora Li le había conseguido. Era un arreglo imperfecto, pero era mejor que las calles.

 

Mako sabía que la vida seguiría siendo dura, pero ahora tenía un propósito claro: proteger a Bolin a toda costa. Y aunque el mundo le había quitado tanto, también le había dado una lección valiosa: no estaba completamente solo. Mei había sembrado semillas de bondad en su vida, y ahora, gracias a ella, Mako y Bolin tenían una segunda oportunidad.