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¿Entonces qué?

Summary:

‘’Me traicionaste. Rompí tu ego. No fué suficiente. Y sin embargo, ahora ambas estamos aquí, rotas, vulnerables, una a lado de la otra’’

‘’Deberíamos coger’’

Notes:

Debería estar haciendo tareas pendientes que se me han juntado gracias a que tuve la desafortunada casualidad de enfermarme de influenza y sarampión al mismo tiempo. Pero no, la tarea puede irse bien al carajo. Hice de comer porque este shipp me mantiene con vida. Literalmente.

Disfruten los amo muaks

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Doll y Uzi siempre tuvieron una relación complicada. Aunque complicada se quedaba corta para describir lo que fuera que sucedía entre ambas. No era una relación común. No eran amantes. No eran amigas. No eran cercanas tampoco. Parecían rivales, casi enemigas. Era un constante vaivén, un juego inútil de tira y afloja. Nadie ganaba nunca. Sólo podían perder cuando una de las dos cedía. O cuando la otra la obligaba a hacerlo. La perdedora era aquella que se dejaba ganar. Aquella que se rendía antes. Aunque por supuesto, la tensión estaba ahí, latente, flotando en el aire. Invisible, pesada. Asfixiante. Suficiente como para ser rebanada con un cuchillo. Y a Doll le encantaban los cuchillos. Vaya que le encantaban los cuchillos.

 

Las cosas empeoraron con el incidente del baile.

 

El maldito incidente del baile. 

 

Todo habría ido de acuerdo al plan de no haber sido por Doorman. Estúpida Doorman. No podía mantenerse al margen. Por supuesto que no. Y para colmo de males tenía que ponerse de lado de los Murder Drones. Vil traidora. No podía ser de otra manera. Decir que aquella intromisión la ponía de malas, era sin duda alguna, lo que sería equivalente a comparar un vaso de agua con el propio océano. Es decir, algo ridículo, absurdo. Decir que su ira era algo tangible también era erróneo. Para este punto ella se trataba de un autómata cuyo motor funcionaba a punta de ira, venganza y aceite ajeno. Maldita seas Uzi Doorman. Se iba a asegurar de romperle ése ego suyo tan particular. Así fuera lo último que hiciera. Ya había tenido suficiente de sus juegos absurdos. De todas formas necesitaba centrarse en sus planes anteriores antes de cargarse a la tonta de Uzi. Detalles menores. 

 

Retomar su venganza no fué demasiado complicado. Pero Doorman volvió a entrometerse donde no le llamaron. ¿Es que no tenía nada mejor qué hacer acaso? Esta vez no iba a tenerle consideración alguna. No de nuevo. No como la última vez. La última vez había cedido por circunstancias ajenas a ella (no le gustaba recordar ésa derrota suya en particular, ustedes ya se imaginarán el por qué) Pero no sucedería de nuevo. No de nuevo.

 

Una pelea mano a mano. Sólo ella y Uzi. Uzi y ella. Ya le había vencido antes. Por puro despecho. Por pura diversión. Por mero capricho. Esta vez no sería diferente. No debería serlo. Ése era el plan. 

 

Pero claro, Uzi tenía cierta predilección por arruinarle los planes a Doll. Como de costumbre.

 

Así es más o menos como habían terminado en ésa situación. Pelear en ésa cabaña vieja no había sido la más brillante de sus ideas tampoco. Pero como dicen por ahí, uno no escoge dónde bailar, sólo baila dónde le toca. Y ahí estaban ellas, hechas un desastre. Una a lado de la otra. Destrozadas. Lastimadas. Cansadas de pelear. El aroma inconfundible del aceite impregnaba el cuartucho viejo. Se combinaba horriblemente con la peste a madera podrida. La única luz que quedaba en la habitación eran sus propias ópticas, reflejándose en la superficie de metal sucia.

 

Uzi abrió la boca con afán agresivo, su voz quebrada, temblorosa, cargada de dolor.

 

—Eres una mentirosa—

 

Dijo mientras le clavaba las ópticas encima, iracunda. Si no hubiera estado hecha una pena le habría roto los dientes uno por uno a punta de puñetazos. Éso pensaba. Como si Doll fuera a dejarle hacerlo. Impensable. Dejó escapar un suspiro desalentador que resonó a través de sus ventiladores cansados, volvió a ladrar, casi adolorida.

 

—¿Por qué no lo dijiste antes?—

 

Doll echa la cabeza para atrás. Permanece callada un momento, suspirando lentamente. Chasquea la lengua contra su dentadura afilada. Su visor parpadea y responde seca con otra pregunta sin voltear a verla. Arrastra las palabras con resignación.

 

[¿Crees que yo sabía?]

 

Uzi refunfuña. Gruñe. Le enseña los dientes. El zumbar de su mecanismo se intensifica. Casi se puede ver su desesperación ventilándose por debajo de sus circuitos. Resopla y replica de nuevo. Cierra los puños.

 

—Sabías más que yo, jódete—

 

Doll voltea al lado contrario. Suspira resignada y responde pensativa. Casi como si no hubieran estado a punto de matarse momentos antes. Muy tranquila a decir verdad. Muy calmada. Demasiado de hecho. Como si estuviera midiendo cada sílaba en la punta de sus caninos. Raspando la ‘’erre’’ como era costumbre suya.

 

[Nunca quieres escucharme]

 

Uzi aprieta los dientes. Reclama filosa.

 

—No quiero escuchar tus mentiras de mierda—

 

Que inútil pelea. Inútil pensar que alguna de las dos realmente busca algo más que simple violencia. O éso es lo que ambas han querido suponer. Lo han hecho durante suficiente tiempo como para dejar de cuestionarlo. Ninguna de las dos quiere ir más allá. Aunque en el fondo las cosas sean completamente distintas.

 

Doll se pasa los dedos por el rostro, se orilla los cabellos empapados de aceite, apelmazados de porquería. Un movimiento sutil e inútil, pues le vuelven a caer sobre el visor. La mira ilegible. Agotada. Deja que el aceite le escurra por el rostro. Qué dramática es.

Ya nada de éso importa. Ella vuelve a hablar con pesadez, jalando las letras lentamente como si suplicara por algo, algo que no se dignará pedir. No al menos con las palabras que debería. Parece cambiar de tema, pero el subtexto es el mismo.

 

[¿Qué te molesta tanto de mí?]

 

Uzi se abraza las piernas. No es capaz de mirarla. Se intenta limpiar el aceite de la cara. Se lame la mano con lentitud. No la mira. No puede hacerlo. No quiere hacerlo. No debería. No es capaz. Murmura entre dientes, apretando la mandíbula.

 

—No te importa—

 

Replica agresiva. Cortante. Casi ofendida. Doll acorta la distancia entre ambas. La mira directo. Sin parpadear. Como si intentara colarse entre sus pensamientos con su simple mirada. El aire pronto se llena de tensión pesada. Eléctrica. Uzi lo puede percibir. No es capaz de mantener la vista sobre ella. Su visor pronto hace de las suyas y deja entrever gruesas gotas de sudor pixelado corriéndole por el rostro. Traga saliva. Doll vuelve a hablar.

 

[¿Tanto me odias?]

 

—¿Y qué si lo hago?—

 

La rusa endurece su expresión. Sabe que Uzi miente. No necesita decirlo para asegurarse de que es así. Puede leerla incluso si ella tampoco es honesta consigo. La conoce lo suficiente, incluso si no han hablado de sus sentimientos abiertamente. No necesitan hacerlo en este punto. Ninguna de las dos accedería a ello. Sus ojos neón brillan rojizos, reflejándose en el visor ajeno. Ella vuelve a hablar. Exige, cubriendo su ansiedad con ése tono frío tan suyo.

 

[Dímelo de frente]

 

Demanda ella, arrastra las palabras, midiéndolas con cautela peligrosa. Uzi permanece silenciosa. Parpadea un par de veces y arquea las cejas. Rompe el contacto visual.

 

—Te odio—

 

Murmura ella. No suena convencida. No lo está. Titubea. Doll desliza su mano por debajo de la barbilla de su contraria. La obliga a mantener la vista sobre ella, de nuevo.

 

[Mírame cuando te hable]

 

Comanda autoritaria. Uzi abre los ojos de sobremanera por un instante. Frunce el seño. El rubor en su visor la delata. Gruñe entre dientes. Siente que su cercanía la empieza a asfixiar. Es sofocante. Su pecho arde.

 

—Eres una estúpida —masculló ella.

 

[Nada de esto es suficiente para tí, ¿verdad Doorman?]

 

Sus dedos sostienen firmemente la superficie metálica, justo por el borde de su mentón. La temperatura comienza a subir. Uzi está dispuesta a dejarla continuar. Está demasiado confundida justo entonces. Está demasiado cansada. Ya no importa. El sentimiento se intensifica. Y ella es horrible procesando sus sentimientos. No necesita pensarlo demasiado, no justo entonces. Ya es tarde para éso. Baja la vista y suspira pesadamente.

 

—Jódete—

 

Más que un insulto, suena a una invitación indecente. Que atrevida. Doll curva los labios. Sonríe complacida. Deja que su sintético aliento cosquillee sobre el rostro de su contraria. No necesita hablar para suplicar por lo que ambas desean. Un beso será suficiente para confirmarlo. Une su boca con la contraria en un afán lento y desesperado. Uzi se retuerce. Murmura algo pero Doll no le deja hablar. Ahoga sus palabras en su boca. Está claro quién tiene el control. Ella lleva el ritmo del beso, hambrienta, ansiosa. Sólo se separan cuando ella lo decide, saboreando sus labios rebeldes, un hilo de saliva artificial las conecta todavía.

 

Uzi jadea, desvía la mirada. Se limpia la boca con el dorso de la mano. Doll desliza la suya por su cuello. Uzi pasa saliva. La mira insegura. Sabe bien lo que pasará a continuación. Doll puede saborear su pulso mecánico palpitando por debajo del metal. Acelerándose ante su toque lento. Traqueteando con desesperación. Uzi aprieta los dientes. Apesta a aceite quemado y circuitos chamuscados. 

 

Estúpida Doll. No deberían estar haciendo éso. Se supone que se odian. Que se arrancarían los cables si tuvieran la oportunidad. Que una haría sangrar a la otra entre gritos espectrales y aceite usado. Se suponía que se lastimarían hasta hartarse. No lo comprende. ¿Cómo podría? Después de todo, ella siente ése mismo, exótico y vulgar deseo con una intensidad que la hace estremecer como nada lo hace. Pero no sé dignara aceptarlo. Es demasiado orgullosa para hacerlo. Prefiere que Doll arranque lo que queda de su orgullo y se lo restriegue en la cara. Así siempre son las cosas. Así es como deben ser. 

 

Dejará que Doll le quite lo que le queda de dignidad. Ya no es importante. 

 

Doll se acomoda sobre su pierna, justo encima de su rodilla. Uzi gimotea. Éso ha sido suficiente para arruinarla por completo. Alguien como ella, tan privada de tacto, no necesita demasiado para enloquecer por un poco de contacto físico. Se estremece. Siente su calor. Doll se mueve con cautela medida. Con una aberrante lentitud. Uzi hace un esfuerzo sobrenatural para soportar la sensación. Rechina los dientes. Necesita su tacto, la fricción caliente, el erótico vaivén la vuelve loca. No quiere suplicar, pero Doll la obligará. La tendrá comiendo de su mano sólo por su capricho. Sólo porque puede. Sólo porque es éso lo que ella desea. 

 

Uzi se retuerce bajo su contraria. Jadea con desesperación. Las palabras se quedan atrapadas detrás de su vocalizador, enredadas entre sus dientes. Todo lo que puede hacer es refunfuñar. Como un animal hambriento. Como una bestia herida. Gimotea entrecortadamente. Sus ópticas parpadean. Las cierra. No necesita ver. Siente la miasma tibia de su contraria, condensandose sobre su rostro, acariciándole el acero con esmero tentador. 

 

Sabe lo que está pasando pero se niega a ceder todavía. Su carcasa zumba con anticipación. Doll baja sus dedos fríos sobre los pliegues de su ropa. Presiona su propia rodilla contra ella. Justo entre sus piernas. Un dolor infernal crece desde adentro y le trepa por el vientre. Es extrañamente acogedor. Necesita más. Ella gruñe. El calor es insoportable. Le quema entre los cables sin siquiera tocarlos. Aunque fingir que ésa idea le desagrada es inútil en este punto. Sabe bien que le encantaría tener los dedos de Doll jugueteando entre sus circuitos. Explorando su interior. Haciéndola sufrir más todavía. Masoquista sin remedio. ¿Quién lo hubiera pensado? La rebelde Uzi, cediendo ante la fría y calculadora Doll.

 

Su visor empieza a fallar brevemente. Ella maldice entre dientes. Sisea adolorida, entumecida. Una advertencia de sobrecalentamiento se hace visible en su panel frontal. El calor es más literal de lo que esperaba. Doll todavía tiene sus dedos trazando ardientes círculos sobre la placa de su pecho, casi con toque eléctrico. No le importará quemarle los cables en el proceso. Uzi jadea angustiosa. la sensación es demasiado abrumadora.

 

Ella puede sentir la expresión de Doll sin siquiera mirarla. No necesita hacerlo para poder describirla. Ésa imagen descansa detrás de su visor, como el fantasma de una memoria constante. La ha visto muchas otras veces antes. No es la primera vez que sucede. Tampoco será la última, lo sabe perfectamente. Doll enseña los dientes. Suspira agitada. Su rostro refleja un hambre antinatural. Le pasa la lengua sobre el cuello con agonizante lentitud.

 

Uzi sabe que Doll lo disfruta tanto como ella lo odia. Odia ése sentimiento acalorado que sube hasta su pecho, asfixiándola. Odia ésa ardiente sensación que duele profundo, desde abajo, subiendo por sus circuitos y que la hace temblar de pies a cabeza. Odia sentirla suspirando pesadamente sobre su cuello. La odia con anhelo, con desesperación. La odia con extraña y ardiente pasión. El sentimiento es mutuo y lo tiene bien claro. Ambas se odian de una retorcida e incomprensible manera. Se odian tanto que parecieran amarse. 

 

Uzi murmura el nombre de Doll a regañadientes. Negándose a suplicar. Ella continúa. Pasa su lengua mojada y tibia sobre el cuello de su contraria. Ella se estremece. Replica entre inentendibles murmullos bordeados de desesperación. Parecieran dos amantes en plena muestra de afecto. Pareciera que por fin alguna de las dos ha cedido. Aunque fuera por un instante. Como un acuerdo implícito al que ninguna de ambas ha accedido en realidad.

 

Doll tomará lo que tanto exige. Por el puro placer de poder hacerlo. Por la manía de tener a Uzi debajo suyo, gimoteando y gruñendo por ella. Sólo porque puede hacerlo lo hará.

 

Doll se aprieta contra su pierna. Metal caliente contra metal caliente. Uzi reclama. Su vocalizador empieza a fallar. Tartamudea, se entrecorta su voz. Insiste en vano. Doll la mantiene en su sitio, atrapada debajo suyo. Uzi se retuerce entre jadeos irregulares y Doll se complace con desesperación. La cadencia de sus caderas es suficiente para llevar a Uzi al borde sin dejarla terminar. Uzi gimotea angustiosa, buscando con desesperación prolongar el contacto. Se arquea, contorsionando su rostro con necesidad evidente. Las lágrimas artificiales escurren en la pantalla de su visor. Sus circuitos se freirán dentro de poco y Doll lo sabe perfectamente. Pero no le importa. No justo entonces. O eso es lo que parece. 

 

Uzi abre la boca para maldecir de nuevo y su contraria hunde su pulgar en ella. Presiona su dedo con fuerza contra su dentadura filosa. No ordena, no con palabras al menos. Su mera acción indica una orden implícita. Como si le dijera ‘’muérdeme’’. Que irónico. Uzi le pasa la lengua encima, por pura inercia y ella deja que sus caninos la lastimen, empujando su falange con fuerza. Uzi gime. Doll deja salir un suspiro acalorado. Disfruta de la sensación, del agudo de sus dientes perforando su propio metal. El aceite se derrama en la boca de su contraria. Debería ser suficiente por ahora. Después de todo, sólo es un juego. No sería capaz de dejarla morir. No al menos mientras se divierten. Le importa lo suficiente como para hacer éso. O sólo le gusta que la lastimen bajo su propia orden.

 

Con ella es imposible saber. Maldita seas Doll.

 

La rusa pragmática baja su mano sobre su pecho caliente, saboreando su figura mecanizada. Desliza sus dedos por su cadera y le aprieta el muslo sin detener su movimiento. Acaricia los bordes de las secciones de su pierna, serpenteando con lentitud sobre la orilla del acero. Uzi se deshace en gemidos irregulares. Es como si un corrientazo eléctrico la recorriera de pies a cabeza. Quizás es más literal de lo que pareciera. Son robots después de todo. Doll se aferra a ella mientras alcanza el punto más alto de su placer, gimiendo con libertad, con la cabeza hacia atrás, estremeciéndose ruidosa.

 

 

Uzi clavó la mirada en el piso con el rubor cubriéndole el visor. No quería mirarla a la cara. Que indecente. Se jaló el cuello de la sudadera, incómoda, empapada de sudor. Doll se limpió la mano en su propia ropa. La miró indiferente mientras se acomodaba el cabello. Como si todo aquello no hubiera sido más que un pequeño contratiempo. Un desliz menor vaya.

 

El silencio incómodo duró lo que a Uzi le pareció una horrorosa eternidad. ¿Qué se suponía que debería decir?

 

Ambas se miraron un instante. Doll rompió el contacto visual. Su visor dejó ver el sonrojo brillante sobre su rostro. Uzi sonrió aún tensa. Incómoda. Extraña.

 

No hablarían al respecto. A ninguna de las dos les convenía. No necesitaban que nadie más se enterara de su particular encuentro. ¿Siquiera podían seguir llamándose enemigas la una a la otra?

 

No importaba ya de todas formas.

Notes:

Impriman más enemigas y amantes por favor nya.

Y sí, Doll habla entre estás cosas "[]" porque me es más fácil que estar usando un traductor (y me gustó cómo todos acá hacen más o menos lo mismo para implicar que habla en ruso) así que ajá

Edit: Sí terminé la tarea de hoy por si alguien se lo estaba preguntando lol