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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-02-10
Completed:
2025-04-13
Words:
75,444
Chapters:
9/9
Comments:
29
Kudos:
85
Bookmarks:
11
Hits:
2,063

Toma mi mano, toma mi corazón

Summary:

Después de la Guerra, Izuku Midoriya es exiliado.

Silenciado por el sistema que juró proteger, se embarca en una travesía para recuperar su lugar, su nombre… y al chico que dejó atrás.

Una historia inspirada en Epic: The Musical, llena de amor, redención y la lucha por volver a casa.

Notes:

Obviamente los personajes no me pertenece. Gracias a Kohei Horikoshi por crear este mundo que voy a tomar prestado para poder crear esta historia.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Bakugo katsuki tiene rutinas, siempre las ha tenido y aunque algunas son muy evidentes cómo su hora para acostarse por las noches o su rutina de ejercicios semanales donde cada día trabaja una parte diferente de su cuerpo, otras son apenas perceptibles a menos que las personas sepan dónde buscar.

Las rutinas siempre lo han hecho sentir cómodo, no es que caiga en la monotonía pero el tener sus días planeados le da cierta tranquilidad. No le gustan los cambios, no le gusta sentir que no tiene el control y por ello tener sus rutinas le ayuda a no estresarse. Incluso en un mal día sabe que todo estará bien cuando su rutina nocturna se hace sin contratiempos.

Lavarse las manos, aplicar pasta dental del tamaño de un chícharo a su cepillo de dientes, cepillar primero los de la parte superior y luego los inferiores de forma circular con el cepillo en un ángulo de 45°, luego la parte interna de los dientes, después de los molares, cepillarse la lengua, utilizar hilo dental y terminar con enjuague. Esa es la parte más relajante de su día. Él tiene el control y al mismo tiempo cuida de su cuerpo.

Las rutinas son su ancla, y por eso, cada domingo sigue el mismo trayecto de la casa de sus padres ubicada en el barrio de Musutafu para dirigirse de vuelta a los dormitorios de Heights Alliance. Toma el camino largo hasta la estación de tren, recorriendo puestos callejeros donde, por costumbre más que por interés real, echa un vistazo a la mercancía. Aborda el tren de las 6:30 pm, se sienta junto a la ventanilla, se pone los audífonos, y quince minutos después, baja en la estación correspondiente para caminar el resto del trayecto hasta UA.

A las 7 pm ya está en los dormitorios y se prepara para su entrenamiento nocturno.

Las barras energéticas son su única compra planeada. Por eso, se sorprende cuando nota que esta vez ha comprado algo más.

Una figura de baja calidad, con detalles mal pintados y proporciones ligeramente incorrectas. Nada que ver con las figuras oficiales de los Pro-hero que se exhiben en las tiendas, pero aún así, no pudo evitar comprarla.

El verde de la máscara es más olivo que esmeralda, la capa más mostaza que amarilla, le faltaba la mochila, las manos son demasiado pequeñas y los zapatos son del tono incorrecto. Está mal en tantos sentidos que es frustrante.

—Es idéntico a Midoriya —obviamente, mitad—mitad no nota la diferencia, no creció con él, no tuvo que ver su maldita cara todos los días durante 13 largos años.

—Sí tienes tus jodidos estándares bajos por supuesto —resopló—. Es su maldita copia.

Los ojos de la figura son petreos, sin esa luz amable que solía tener el original. Los hombros demasiado estrechos a lo que eran actualmente gracias a todo ese entrenamiento que tuvo que hacer para el One for All.

—Entonces ¿por qué la compraste?

Esa era la verdadera pregunta. La maldita figura no se parecía en nada a Izuku, pero al mismo tiempo era lo más cerca que ha estado de él en mucho tiempo.

Deku se fue

Tal vez "irse" no era la palabra adecuada, según los demás. Pero a los demás no les corresponde opinar. No en esto.

Estados unidos está lo suficientemente lejos cómo para sentirse abandonado. Después de la Guerra, todo cambió, lo entiende. Pero, ¿era realmente necesario irse tan lejos?

Izuku siempre había sido la única constante en su vida (tanto para bien como para mal), desde los 3 años hasta la Guerra contra Shigaraki sus malditos ojos de cachorro siempre lo persiguieron sin descanso, y ahora era desconcertante no verlos más.

La única vez que estuvo tan lejos durante un largo período fue en las vacaciones cuando su abuela paterna falleció y lo primero que pensó cuando volvió una semana después fue "oh... ahí está, nada más ha cambiado".

Pero esta vez las cosas si cambiaron.

Y nadie parece entenderlo.

—Su maldito cumpleaños de mierda se acerca.

-Oh.

No era una mentira per se pero tampoco era toda la verdad.

—Le encantará, es muy él —se encogió de hombros—. Aunque cualquier cosa viniendo de ti probablemente le gustaría aún sí fuera basura.

—¿Eso qué significa?

—Nada, es un pensamiento.

—Pues ahorrate tus jodidos pensamientos y si no vas a ayudar no estorbes.

No hablaron más. Reanudaron su entrenamiento en silencio, después de que al sacar sus muñequeras para el sudor la figura comprada de impulso cuando venía de el fin de semana con sus padres saliera por accidente de su maleta de entrenamiento.

No entrenaban con sus peculiaridades, era un combate cuerpo a cuerpo y el sudor acumulado en sus manos le hacía resbalar al intentar sujetarlo. No lo hacían todos los días, sólo los domingos al regresar a los dormitorios desde el inicio de su segundo año y por ello al poco tiempo empezó a considerarlo una rutina en su semana, una rutina que comenzó para mejorar su resistencia después de toda esa maldita rehabilitación. Después de todo un hoyo en su maldito cuerpo tenía que tener algún tipo de secuela incluso luego de varios meses. Estuvo muerto durante varios minutos después del empalamiento, eso deja secuelas en cualquier cuerpo incluso si no le gustaba admitirlo, tenía suerte de seguir con vida.

El gimnasio estaba vacío a esa hora de la noche. Apenas quedaba una hora para el toque de queda, pero llegar a los dormitorios del 2-A les tomaría menos de doce minutos. Las colchonetas absorbían los impactos de cada caída, los movimientos se entrelazaban con una fluidez que rozaba lo coreográfico. Si era honesto, más que una pelea, aquello se asemejaba a un vals brutal, donde esquivar golpes se volvía más importante que someter al contrario. Todoroki era rápido. Casi lo suficiente.

Debería ser Izuku

Ese pensamiento intrusivo lo abordaba en cada una de sus sesiones. La primera lo sorprendió lo claro que sonaba en su mente, cómo si nadie más que no fuera Izuku fuera digno de compartir este ritmo con él. Porque con él, los golpes eran tan veloces que su cuerpo apenas tenía tiempo de reaccionar antes del siguiente movimiento. Le recordaba al tango. Cuerpos demasiado cerca, expectantes del siguiente ataque, manteniendo la adrenalina a tope. Era lo más emocionante de su semana.

Antes de que se fuera.

Claro, entrenaba con Kirishima, pero esto era diferente. Cabello de mierda era bueno para practicar su ofensiva, para soltar toda la rabia acumulada. Pero la defensiva... Esa siempre había sido de Izuku. Desde que se vió en la humillante necesidad de pasar tiempo juntos por su arresto domiciliario y que All Might pensara que entrenar juntos era la mejor idea, la rutina se instaló entre ellos. Y con los meses, se convirtió en algo más.

Casi... Tranquilizante.

Izuku siendo la ofensiva le desconcertó al inicio, esperaba poder patearle el trasero cómo en esa primera clase con All Might con el ejercicio en equipos y la bomba; dónde a pesar de no ganar al menos pudo darle unos buenos golpes, pero viéndolo en retrospectiva esa vez no lo atacó de forma directa, esquivó y sólo usó el One for All para volar el techo.

Por eso se sorprendió al quedar sin aliento en esa pelea originada en Ground Beta. Sabía que sus malditas libretas de anotaciones funcionaban y no eran sólo una estúpida forma de perder el tiempo (en su primer enfrentamiento sucedido en la primera clase con All Might pudo predecir sus movimientos después de todo) pero desde ese entonces esperaba haber mejorado para no ser alguien tan predecible. Se equivocó, leía sus movimientos incluso antes de iniciarlos, sabía sus puntos débiles y los límites de su cuerpo incluso mejor que él. Sabía cómo presionarlo y llevarlo al borde.

Toda su percepción de él cambió en esa pelea. Todo lo que creía conocer cambió.

Lo vi por primera vez.

Lo vió de verdad

Hermoso

El pecoso nunca fue considerado un igual por él antes de eso, era una piedra en su zapato, era una voz en su mente que estaba presente en cada momento de su día, siempre creyéndose mejor que él, recordándole que aunque tuviera un quirk poderoso y un futuro prometedor como héroe nunca sería suficiente.

Podía tener el poder de un héroe pero no el corazón de uno.

En Izuku era algo innato, él se tendría que esforzar para conseguirlo. Lo supo esa vez en el arrollo y con el ataque del villano de lodo lo reforzó.

Sus pies nunca se moverían solos

No molestó más a su ex amigo de la infancia después del incidente. Fingió que no existía.

El crecimiento personal que le dió el primer año en la UA le hizo reevaluar todo. Ya no era el mismo pero tampoco era su mejor versión, estaba en un limbo entre lo que era y lo que aspiraba.

Mientras Izuku solo brillaba cada vez más.

El secuestro a manos de la Liga de Villanos le hizo tener dudas, el festival deportivo lo hizo ver como una amenaza en potencia, un futuro villano y todo por su culpa. Creció rodeado de personas que le alababan, personas que le recordaban cada día lo grandioso que era y en algún punto se volvió arrogante. Esa percepción de él que dió en el festival erróneamente (nunca se volvería un villano) fue su punto de inflexión para empezar a cuestionarse él mismo.

Salta de la azotea y reza por nacer con un don en tu próxima vida

¿Un futuro héroe diría algo así?

Y a pesar de ello, Izuku lo salvó. De nuevo.

La relación entre ellos era un enigma en constante movimiento, como dos astros destinados a girar en la misma órbita. Siempre cerca, siempre al tanto del otro, pero nunca colisionando del todo.

Pero después de esa primera pelea nunca había estado más consciente de su existencia. Antes solo era un pie de página en su historia de vida.

Ahora las cosas eran diferentes.

—No lo pienses tanto y dáselo. Toda la clase le enviará un paquete con sus regalos —intervino Todoroki cuando la práctica había terminado y regresaban al dormitorio en silencio—. La caja estará hasta el miércoles en la sala común.

No respondió.

El lunes transcurrió como cualquier otro. Las clases seguían su curso, como si nada hubiera pasado. Cómo si no hubieran peleado en una Guerra. Cómo si no hubieran visto morir personas. Cómo si se esperara que simplemente retomaran el plan de estudios, ajustaran sus uniformes y siguieran adelante.

Nezu contrató a un terapeuta. Esa era toda la reforma que consideró necesaria.

Una jodida Guerra y la sociedad seguía igual. Los prejuicios hacia los dones considerados peligrosos, la incomprensión de aquellos que nacían con habilidades temidas, la cultura que idolatraba a los más poderosos mientras ignoraba a los que quedaban en los márgenes... Nada cambió.

Los héroes seguían siendo soldados, sacrificables por un ideal.

Sabía que algunos en la escuela buscaban un cambio, pero todos eran unos mocosos y pasarían años antes de que pudieran hacer una diferencia. Años en los que niños perdidos podrían tomar el camino equivocado.

Todo era una mierda. Izuku tendría mucho que decir al respecto.

Izuku se fue

Su mente le recordaba en cada ocasión que empezaba a divagar.

Estados Unidos era el único lugar donde la profesión de vigilante aún se consideraba legal. Dónde una única institución con admisiones a base de recomendaciones tenían la optativa sin importar el quirk (o en el caso del pecoso la ausencia de el).

Todos sabían de la existencia de la institución, pero nadie estaba seguro sobre dónde, para quién o en qué trabajaban sus egresados.

Una mano frente a sus ojos lo trajo de vuelta al presente. Estaban en un receso entre cambio de periodo.

—Bakubro, puedo poner tu nombre en el regalo para Midoriya si quieres —pelos de mierda hablaba con entusiasmo.

—Un paquete de dulces que te pidió él no creo que cuenten como regalo —cara redonda argumentó.

—Sí son gratis es un regalo —Pikachu tenía un punto.

—Denki entiende mi idea.

—Bakugo ya tiene un regalo —comentó desde su asiento Todoroki sin levantar la vista de su libro.

No necesitaba que mitad-mitad dijera nada el muy maldito.

—¿Le compraste algo lindo? —Mina lo miraba curiosa—. Tiene que ser algo lindo, yo le enviaré unas fotos de todos para que no nos olvides.

— ¿Cómo es que unas fotos de mierda son un regalo? —resopló Bakugo.

—Midoriya-kun nos debe extrañar y unas fotos son una idea muy considerada por parte de Mina-san.

Unas fotos de lo que se está perdiendo solo lo harán llorar maldito anteojos

¿En serio nadie lo conoció lo suficiente?

—Hagan lo que quieran y yo haré lo mismo malditos extras.

No volvió a intervenir en la conversación pero se enteró de cada uno de los regalos planeados de parte de sus compañeros. Ya no los consideraba extras, aunque el apodo seguía siendo parte de él por costumbre.

Algunos regalos eran buenos, otros eran simple basura, que Izuku trataría como una reliquia sólo por ser obsequios de sus amigos.

¿Debería darle la maldita figura?

¿Sería raro sí decide quedarse con ella?

No es que hubieran perdido todo tipo de comunicación. Las videollamadas entre toda la clase con el peliverde eran frecuentes, él las evitaba a pesar de la insistencia de todos. Pero los mensajes entre ellos eran jodidamente forzados, no fluían. Quería mantener el contacto, pero había tanto equipaje entre ellos, demasiado que no se podía decir con facilidad.

Se enviaban mensajes esporádicos. Una foto de algo por aquí y un enlace que le interesaría al otro por allá. Nada demasiado personal. Ambos necesitaban sanar después de la Guerra, muchas cosas pasaron y no eran temas que pudieran abordar por mensajes. Nunca se llamaban, ni una sola vez aunque a veces se enviaban audios de voz quejándose de alguna cosa.

¿El peliverde quería quejarse de los excesivos condimentos que tenía la comida allá? Claro, escucharía sus lloriqueos.

¿Él quería quejarse cuando su día era demasiado agotador solo porque un idiota se comió su cereal? Está bien, lo escuchaba y le sugería no cometer un asesinato.

Pero estos audios eran tan poco frecuentes que podían pasar semanas sin escuchar la voz del otro.

Tal vez las cosas no estarían tan jodidas sí no hubiera saltado frente a él en la Guerra, o si no hubiera muerto frente a sus ojos casi dos meses después, o tal vez sí no hubiera sobrepasado su límite con ese último golpe en conjunto que lo hizo morir (de nuevo, ese mismo día y con poco tiempo de diferencia que la primera vez). Joder, tal vez se había pasado un poco con toda esa mierda. Un empalamiento y luego dos muertes el mismo día.

Estaban progresando a algo antes de eso pero potencialmente salvar su vida (varias veces) a costa de la suya los llevó a un terreno indeciso de nuevo.

Desde el ataque con el villano de lodo donde Izuku saltó frente él, pensó incorrectamente que él nunca llegaría a hacer algo así, no era alguien impulsivo, planeaba y ejecutaba pero al ver que Shigaraki arremetía contra el pecoso aún después del ataque de Endeavor (que tendría que haberlo matado aún con toda la mierda de regeneración) sus mente se puso en blanco. No tuvo tiempo de pensar nada y a su parecer, sus piernas no se movieron lo suficientemente rápido, el tan solo ver que era él a quien Shigaraki apuntaba era suficiente para que sus piernas entraran en acción desconectandose de su mente. La conciencia de sus actos llegaron junto con el golpe perforante, sabía lo que ese golpe provocaría y su último pensamiento fue Izuku antes de caer.

Y después en la batalla final, fue más allá de sus límites sólo para ganar tiempo hasta que el pecoso llegara y cuando despertó gracias a Best Jeanist y el sacrificio de Edgeshot (le informaron que estuvo muerto varios minutos) no lo dudó cuando volvió a hacer lo mismo solo momentos posteriores para darle el golpe final a Tomura (o All for One, esta cosa de la mente compartida estaba tan jodida) junto a Izuku quien ya sólo contaba con las brasas del One for All (sin él saberlo en ese momento).

No recordaba nada más, perdió el conocimiento.

Y luego se fue sin despedirse

Mierda. En serio necesitaban hablar cara a cara, resolver toda su puta historia parecía imposible a ésta altura de la vida pero al menos deberían poner en claro los eventos más recientes. Conociéndose tendrían que gritarse, pelear para sacar todas esas emociones que los conflictuaban.

Jugó inquieto con la figura en sus manos durante toda esa tarde a solas en su habitación. Tal vez esa era la única figura de Pro-hero del héroe Deku que existiría. No era la mejor pero era algo.

Finalmente , la colocó junto con los demás regalos donde alguno de los malditos extras se encargaría de enviarla a Estados unidos. La metió en una caja sin nombre y eso fue todo.

Era estúpido intentar poner en una nota lo que esa figura significaba para ambos.

 

******

 

La vida en ese nuevo continente le dió una perspectiva diferente de las cosas. El estar lejos de todo lo que conoció, lejos de dónde creció, le hizo ver el mundo de otro modo.

La Guerra fue dura para todos, y él no fue la excepción.

Empezar en el curso de justicieros había sido complicado. Nezu se encargó de todo, incluso de las recomendaciones necesarias y la validación de las clases tomadas en su primer año pero eso no impidió que se sintiera como un impostor.

Hay una diferencia entre aquello con lo que naces por suerte, y aquello que consigues con tu propio esfuerzo.

Antes de tener el One for All habría muerto por la simple oportunidad de poder formar parte de este programa y ese era exactamente el problema. Hace un par de años envió infinidad de solicitudes para aplicar. Ninguna fue respondida. Un quirkless sin recomendaciones no les interesaba.

Aún así se vió en la necesidad de irse de Japón y tomó la primera opción que le ofrecieron, que de forma indiscutible fue la mejor. No es que le hubieran dado muchas opciones para empezar.

Cumplió su sueño, fue un héroe y salvó a todos pero en el proceso perdió su sonrisa. El costo de todo fue demasiado.

Toda una vida deseando ser un héroe, tener un don, ¿Para qué? Su sueño sólo duró un año.

Agradecía la oportunidad; En serio, pero esperaba que durara un poco más. No es que quisiera que la Guerra se prolongara más de lo debido, eso hubiera sido horrible y las bajas serían más, pero eso no impedía que de forma egoísta (sin nunca admitirlo en voz alta incluso en la oscuridad de su alcoba) hubiera deseado tener el OFA por más tiempo, sólo un poco más.

Cuando All Might no sólo le dijo que podía ser un héroe, sino que también lo convirtió en su heredero fue como si el destino hubiera escuchado sus súplicas desesperadas. Aún más al descubrir que no tenía un quirk sino seis (siete si contaba el One for All). No los ganó en vano, llevó su cuerpo al límite y más allá sólo para poder ser digno (Plus Ultra y todo eso), destrozó su cuerpo y le mintió a todos para guardar el secreto de su poder (todos menos Kacchan). Dió sangre, sudor y lágrimas. Dió su alma por su sueño y de la misma forma dió el One for All cuando llegó a la horrible conclusión de que la Guerra no se ganaría de otra forma.

Intentó quedarse. La reconstrucción de la escuela tardaría un aproximado de 11 meses y por dos meses se quedó y ayudo en lo que pudo. Visitó a sus amigos heridos e intentó volver a ser él, sólo hubo un pequeño problema: ya no sabía quién se suponía que era.

¿Era el quirkless al que todos acosaban?

¿Era un estudiante de la clase de héroes?

¿Era el justiciero que salvó a toda la sociedad a pesar de que le dieron la espalda?

¿Aún era el heredero de All Might?

¿Quién era?

Nezu fue honesto en esa primera reunión que tuvieron a solas.

—Tu desempeño en la Guerra fue excepcional —dijo Nezu en tono cordial, uno que no dejaba espacio para la discusión—. La sociedad entera te debe mucho Izuku Midoriya.

Izuku no respondió.

Porque lo conocía.

Sabía que lo que dijera a continuación no sería una felicitación.

—Pero también hemos considerado el impacto de tu presencia en el panorama actual de los héroes.

Ahí estaba.

Sintió que su mandíbula se tensaba.

—¿Impacto?

Nezu inclinó la cabeza con una sonrisa serena, pero sus ojos brillaban con una agudeza que no dejaba lugar a dudas.

—Eres una figura demasiado... Compleja.

Compleja

Lo habían llamado muchas cosas antes. Un niño problemático. Sin peculiaridades. Un fanático. Un heredero. Un arma. Esta era nueva.

—Quieren que me vaya —dijo Izuku en voz baja. No era una pregunta.

—Las circunstancias han cambiado, el país necesita estabilidad. Un nuevo orden en el sistema de héroes.

—¿Y yo soy un obstáculo para eso?

—Eres una anomalía.

La palabra perforó en su pecho con un golpe seco.

Sabía que el One For All nunca encajó en el sistema. Nunca existió algo así, no podían encasillarlo en los rangos establecidos de poder. No podían controlarlo.

Y lo que no se puede controlar... Se elimina.

Nadie podía enterarse de tal poder, sin importar que ya no existiera.

—Sin un quirk el programa de héroes está descartado —hablaba tan amable como siempre y al mismo tiempo sonó tan hipócrita—. No podrías concretar toda la currícula.

Se quedó en silencio. Al parecer salvar a millas de personas no contaba ¿Sacrificó todo y aún así no era suficiente? Al menos la rata mostró su verdadera cara por primera vez. All Might le dejó en claro que él nunca fue la primera opción para heredar su poder, Nighteye siempre se inclinó por Mirio y tenía sus sospechas de que el Director Nezu también lo hacía, incluso Recovery Girl lo veía como un portador débil para tal poder; pero se mantuvieron en silencio por el rubio. Sin All for One en el tablero y sin la necesidad de un nuevo Símbolo de la Paz, Nezu finalmente mostró sus cartas sobre la mesa.

La furia fue su primera reacción. No es que esperara una maldita estatua o ser ovacionado por todo Japón pero mierda...

Salvó a todos a pesar de que le negaron un lugar para dormir, un lugar dónde ducharse y una comida digna en tiempo de Guerra. No es que supieran que era sólo un adolescente, nunca se quitó la máscara y sus compañeros a petición de él jamás lo mencionaron en la trifulca pero toda persona merece poder satisfacer sus necesidades básicas en un lugar seguro.

—La Comisión de Héroes y el Departamento de Seguridad Pública han elaborado un plan de reubicación.

¿El Departamento de Seguridad Pública que reclutaba infantes en secreto?

¿La misma Comisión que priorizaba el carisma sobre las habilidades para crear el ranking de héroes? Los que fabricaban héroes como si fueran productos en una cadena de montaje.

Pero más importante aún, sí el Gobierno estaba interfiriendo tan directamente eso solo significaba que estaban enterados de la existencia del OFA. Sabían el secreto.

—¿Reubicación?

Repitió cómo si la palabra pudiera darle otra respuesta.

—Transferencia a un programa internacional en Estados Unidos. Las recomendaciones están hechas, la solicitud fue procesada y fuiste aceptado.

—¿Hay alguna opción?

Nezu lo miró con la misma calma de siempre.

—Es la mejor opción que tienes.

Izuku entendió.

No era una propuesta, era una negociación.

Podía apelar. Podía hacer una escena, exigir respuestas, aferrarse al poco control que le quedaba. Pero en el fondo, sabía que no serviría de nada.

Había jugado su papel en la Guerra. Había hecho lo que se esperaba de él.

Y ahora, lo estaban descartando.

—¿Cuándo?

—En una semana.

Dejó escapar una risa amarga.

—Me están sacando del tablero.

Nezu no lo negó.

Izuku tomó aire. Lo sostuvo. Sintió la presión en su pecho, la rabia sofocada en su garganta.

Luego exhaló.

—Entiendo.

—Con el tiempo verás que fue más una cuestión diplomática.

—No creo que la diplomacia tenga algo que ver.

—"Diplomacia" es una palabra con muchos significados en nuestro mundo —se encogió de hombros como si la respuesta le divirtiera.

No era un idiota. Podría no ser el más listo de la clase, pero sabía de estrategias. No podía volver cómo si nada después de lo que ocurrió en la Guerra. Incluso si los civiles no sabían de su existencia, los héroes y el gobierno sí. El One for All tenía que desaparecer de la historia, y la mejor manera era desvanecer a Izuku Midoriya con él.

Podían reescribirlo todo.

Y de forma inconsciente había ayudado con ese plan. Nunca se quitó la máscara, nunca reveló su identidad a civiles. Antes de la Guerra todo lo que se sabía de él era que tenía un don demasiado volátil que lastimaba a su cuerpo cuando intentaba ocuparlo, eso se vió en el Festival Deportivo y era toda la información pública que se tenía de él. Esa imagen era contrapuesta a su potencial y manejo del don que tenía en la Guerra. Podían hacerlo pasar por una persona totalmente diferente sin problema, el único detalle eran sus compañeros y héroes profesionales que conocían la verdad, pero ellos estaban dentro del rango de manipulación de la Comisión y no tendrían más alternativa que cooperar.

No podían sólo desaparecerlo, tenían que dar una excusa y tenía que ser buena para que nadie sospechara. Desterrarlo a otro país hasta que las cosas se calmaran era la decisión más simple.

El que ningún civil supiera su participación en la Guerra fue contraproducente y ahora eso le estaba pegando en la cara, cualquier persona que ellos creyeran apta se podía llevar el crédito de sus acciones y sus compañeros no podrían hacer nada al respecto, no si querían tener una carrera después de ello.

—No soy muy bueno en inglés —dijo finalmente.

—Nos encargaremos de eso.

—No tengo pasaporte.

—Lo tendrás la próxima semana.

—Mi familia no puede pagar una escuela en otro país.

—Todos los gastos serán cubiertos.

Cada excusa que intentaba, cada intento de resistencia, era aplastado sin esfuerzo.

—Entonces, la semana siguiente.

—Se te enviaría de inmediato para tomar clases intensivas de inglés para estar listo en el inicio del semestre en cuatro meses.

Era muy poco tiempo. Kacchan apenas había despertado del coma el día anterior. No podría verlo antes de irse y no sabía cuando volvería a Japón o si le permitirían volver.

Y aún así...

Aceptó.

Era su única salida si quería tener un futuro. Este era un juego que no ganaría sin importar los movimientos que hiciera.

Inko Midoriya no protestó. Tal vez la idea de vivir con su esposo después de tantos años separados le hizo pensar que era una señal del destino, una forma de compensar lo que su hijo había perdido. Izuku no le dijo la verdad. No le habló de las cartas que se jugaron a sus espaldas, de la forma en que Nezu, la Comisión y el gobierno estaban manipulándolos cómo una pieza de ajedrez.

No tenía sentido preocuparla.

Cuando abordó el avión, le confiscaron el celular. Un "procedimiento de seguridad". Le darían uno nuevo cuando llegara. Uno nuevo. Seguro. Monitoreado.

No pudo despedirse de sus amigos.

All Might lamentó su partida pero estuvo de acuerdo en que tal vez esto era lo mejor para él, un tiempo fuera le ayudaría a sanar e ir en contra de los deseos de la Comisión no era buena idea, y en este momento el hombre estaba tan debilitado por la batalla que no podía hacer nada para protegerlo (estaba por su cuenta).

Existían muchas formas de extorsionarlo, desde amenazar las carreras de sus amigos hasta medidas más extremas como silenciarlo de forma más... Permanente, por así decirlo.

Aizawa sensei no dijo nada, al igual que él veía los movimientos tras bambalinas de la Comisión manipulando todo por el llamado bien mayor, eran demasiado obvios para un héroe como Eraserhead.

Convivir con su padre después de toda una vida de ausencia fue desconcertante. No era lo mismo hablar con el hombre una vez por semana que tenerlo 24/7 vigilandolo. Su madre era sobreprotectora pero nunca lo fue tanto como su progenitor. Pero nunca antes había participado en una guerra así que intentó ser paciente con el hombre.

Su nueva casa era más amplia, con un patio trasero y una cochera. A diferencia de UA no tendría que vivir en una residencia.

Las clases de inglés fueron brutales. No hubo descanso, cada día, cada hora, cada minuto se lo tragaba el estudio y el entrenamiento físico. La institución era más estricta que UA y menos comprensiva. No importaba que aún no se recuperara de la Guerra. No importaba el daño que su cuerpo aún cargaba.

No había héroes aquí.

Sólo Agentes.

Sin patrullajes, sin trajes, sin nombres.

Las pruebas de aptitud física eran despiadadas, las evaluaciones académicas más exigentes que cualquier examen tomado en Japón. No importaban las recomendaciones. Si no pasaba por su cuenta, no tendría un lugar en el programa.

Sabía lo que significaba.

El gobierno esperaba que fallara.

Porque si fallaba, entonces estarían en posición de ofrecerle una alternativa. Una dónde ya no tendría que fingir ser un justiciero.

Izuku no podía dejar que eso ocurriera.

Tendría que tomar no solo los cursos de inglés para poder comunicarse, la institución le obligó a presentar exámenes en materias que nunca tomó para poder hacer válida la transferencia y las pruebas de aptitudes físicas fueron tan rigurosas como un examen de Aizawa sensei.

Una semana después de su mudanza a un nuevo continente fue como tomó el valor de escribir las cartas para cada uno de sus amigos. Una despedida junto a una disculpa. No podía llamar. No tenía su antiguo número, y las conversaciones que tuvieran ahora estarían vigiladas.

La carta más difícil fue la de Kacchan.

¿Qué se le escribe a la persona que murió por ti?

No importaba que lograran resucitarlo ambas veces, su amigo estuvo muerto durante varios minutos y todo gracias a él.

Al final sólo pudo enviarle un paquete con la tarjeta de All Might que consiguieron juntos cuando eran niños.

Esa tarjeta que guardó a través de los años, protegiéndola de tal manera que el tiempo a penas y había pasado por ella.

Una tarjeta rectangular con la frase "Yo estoy aquí" grabadas en un dorado con fondo rojo y al otro lado la imagen de All Might con su característica sonrisa.

Una promesa de que volverían un verse.

El programa de justicieros terminó siendo algo más parecido a la subdivisión de detectives de la policía, con un poco más de libertades y con más énfasis en la investigación de casos qué en ser héroes. No patrullaban e ir encubiertos era indispensable, nada de trajes sino ropa cómoda de civil con modificaciones para resistir peleas de ser necesario.

La parte analítica era su favorita. Las ciencias forenses eran fascinantes e ir de incógnito le recordaba a todos los héroes del underworld que lo hacían para mantener sus identidades secretas.

Su nuevo grupo no era malo. Pero la falta de compañerismo era palpable, no habían amigos sólo compañeros y eso le traía recuerdos de un Todoroki arisco e indiferente con el que trató los primeros meses en el curso de héroes, nadie le hablaba más de lo necesario y cuando lo hacían evitaban preguntarle sobre la Guerra.

Les incitaban a no depender de sus quirks en público para no delatar sus identidades. Sus prácticas eran rotatorias por todo el país, sin patrullajes pero trabajo en oficina con algunos trabajos encubiertos acompañados de organizaciones importantes.

Los chistes más habituales era que los entrenaban para ser espías en lugar de justicieros y no creía que esas bromas estuvieran fuera de lugar.

Con la Comisión de Héroes y el Gobierno involucrados eso no sonaba tan descabellado, no era como si no reclutaran y entrenaran niños desde temprana edad, ahí estaba Hawks de ejemplo, ¿Ya no podían hacerlo así que optarían por el espionaje? ¿Cuál era el fin de todo esto? ¿Lo enviaron como un tipo de prueba Beta y ver sí funcionaba?

Demasiadas incógnitas en el aire le pertubaban.

Los meses pasaron.

Las llamadas a sus amigos era lo único que lo mantenía cuerdo. Poder hablar su idioma natal era liberador y los horarios descabellados para coincidir con los horarios de ambos continentes era un pequeño precio a pagar por ello.

Nunca hablaban de cosas importantes. No podía, pero sus voces eran suficientes consuelo.

Kacchan nunca se unió a esas videollamadas, pero le enviaba mensajes. Breves, sin emoción, pero siempre respondía.

No podía enviarle un mensaje con todo lo que realmente quería decir. Sus conversaciones se volvieron irrelevantes para no dar información de más, pero sin detenerse nunca para no levantar sospechas.

Después de todo no estuvo ahí cuando despertó. Sabía por Todoroki que convirtió la tarjeta en algún tipo de llavero con ayuda de un porta-tarjetas pero eso era todo.

Luego llegó su cumpleaños.

La caja enviada por sus amigos fue una buena sorpresa. Y encontrar esa figura entre los regalos fue inesperado.

Una figura de Deku Pro-hero.

La calidad era dudosa y muchos detalles estaban mal pero podría reconocer su traje donde sea. Era la única figura que existiría de él como un profesional.

La única existencia tangible de su época de héroe o vigilante como la Comisión se empeñaba en llamarle. Los relatos del justiciero con capa amarilla y traje verde rondaba por los foros de internet pero nadie sabía su nombre. La Comisión se encargó de todo minuciosamente. A los ojos del mundo era sólo un estudiante de la UA que decidió abandonar sus estudios como muchos otros. Estaban borrando su rastro y este increíble muñeco era una fuga que no tardarían en tapar.

Era un milagro que no decidieran revisar su paquete antes de la entrega, o tal vez era la única alusión a sus actos heroicos que le dejarían obtener.

No fue difícil deducir quien envió la figura. Después de todo los demás regalos si tenían nombre y dedicatorias de cumpleaños. La caja estaba chamuscada de las pestañas y el olor a caramelo quemado abrazaba el paquete.

La silueta de unos dedos se dejaban ver a su alrededor, como si la persona hubiera presionado el objeto con fuerza.

Solo una persona que conoció olía a caramelo quemado por su quirk. Y tal vez por error o ha propósito había impregnado su aroma a la figura. Después de meses de contactarse sólo a través de una pantalla, este olor repentino lo hizo sentir como en su hogar.

En serio amaba a Kacchan

Y haría todo lo necesario para volver a verlo.

Presionó la figura entre sus manos y cerró los ojos.

En ese momento, la distancia no se sentía tan grande.

Guardó el objeto de forma recelosa en el armario de su nueva alcoba, no podía permitir que alguien la viera por accidente. Los días donde más extrañaba su antigua vida la sacaba para sostenerla, en la penumbra de las madrugadas se sentía a salvo, seguro de que nadie intentaría arrebatarsela.

No envío un mensaje de agradecimiento.

Kacchan no preguntó.

No importaba.

Volvería a casa