Work Text:
No pude decir palabra en el instante en que lo propuso. Omitió la palabra pero el significado del silencio de su implicación era claro. Oh, Dios. Mis oídos deben de haberme traicionado al escuchar tal oferta.
– ¿Estás realmente ofreciendome tu cuerpo en pago de que cuide de Willy?
– Aye.
Solo un escocés podría ofrecer algo tan descabellado a plena luz del día.
– Oh, querido Dios.
Moralmente, no debía aceptar, ningún hombre honorable toma como pago el cuerpo de otro hombre a cambio del resguardo de un niño. Pero este no era cualquier hombre, era un escocés pelirrojo del cual me había enamorado entre las noches de ajedrez y vino dentro del cuarto de una prisión. James Fraser.
Observé con detalle los ojos del hombre frente a mi. Claros como el cielo sobre nosotros, audaces como ningún otro, él sabe que lo deseo. Y, oh mi Señor, me libre de algún día dejar de desearlo porque no creo poseer la fuerza de algún día dejar de humanamente hacerlo.
No podía, no debía aceptar tal atrevimiento como un pago. Pero tal vez esta fuera mi única oportunidad de posar mis manos sobre su piel, permitirme besar sus lunares y enrollar mis dedos en sus rizos, cumplir mis más bajos caprichos…
– ¿John?
– Oh, si. - tuve que suspirar y contener mi cuerpo – Veré por Willy como me pides, estará bajo mi cuidado, no deberá ser tu preocupación.
– Estoy agradecido, John - suspiro de alivio y entonces me miró con duda – Entonces… ¿tu quieres…? El pago a cambio.
– Está bien.
No pude mirarle a los ojos mientras pronuncié las palabras, había caído en la tentación.
La charla la recuerdo borrosa después de mi afirmación, él preguntando cuándo estaría bien, el lugar, yo detallando entre unos murmullos. No iba a hacer nada entre la tierra e insectos.
Y esto me lleva a la habitación en la que me encuentro sentado, con la copa de vino francés en mi mano. Analizando mis palabras anteriores.
Oh, Dios. Había llamado a Jamie a mi oficina. A Jamie Fraser. Para tener sexo. Conmigo.
Ya era casi la hora, había traído aceites, algo de comida y un buen vino. Yo lo había aceptado, más temblaba como un niño.
Cuando la puerta sonó, mi cuerpo se movió en instinto, estaba emocionado, algo excitado. Abrí la puerta enseguida.
– Jamie, por favor, pasa.
Asintió con su cabeza y se adentró en la habitación, observando cada detalle como si no hubiera estado ahí antes, claro, con un propósito diferente antes.
Se acercó a mi escritorio y tomó un buen trago de la copa de vino que dejé para él. Está nervioso.
– ¿Comenzamos? – me dijo, mientras secaba sus labios. No, así no, quiero saborear esta noche, quiero hacerle el amor, no quiero que sea un sexo efímero.
– ¿Qué te parece una partida de ajedrez antes? Por favor. – Camine al estante buscando el juego, él asintió y se sirvió otra copa. Pedí que llenara la mía. Yo también estoy nervioso.
Nos sentamos en el sofá, al lado de la pequeña mesa de madera donde coloqué cada pieza del juego. Comenzamos la partida y pude sentir la intensidad con la que me observaba después de cada movimiento, después de robar una ficha hacía una mueca con sus labios y entonces tomaba otro sorbo de su copa. Adoraba esa sensación, ser observado por él.
Pasó una y luego otra partida, abrimos una segunda botella de vino y entonces me acerqué un poco más a él, y entonces otro poco. Y así perdí la concentración y me hizo un tercer jaque mate. Carajo.
– Parece que no es tu día John.
Le sonreí y entonces acaricié su mano. Estaba lo suficientemente cerca.
– Me he encontrado algo distraído debo admitir.
Se tensó un poco ante mi toque y entonces fijó su mirada en mí. Suspiró.
– Yo no lo he hecho antes con un hombre… No así – Susurró lo último pero no lo alcancé a entender.
– No es muy diferente de como lo harías con una mujer, déjame guiarte.
Lleve mi mano hacia su rostro, acariciando las pequeñas pecas y posando mis dedos en sus cabellos. Había añorado demasiado este momento como para arrepentirme de cómo lo conseguí. Posé mi mano en su mejilla, haciendolo temblar ligeramente por el frío tacto del metal de mis anillos.
– ¿Puedo besarte?
– Aye.
Me acerqué lentamente, sintiendo como su aliento me golpeaba a medida que me acercaba. Junté nuestras narices y entonces, junté nuestros labios en un roce mientras acariciaba su rostro con mis dedos todavía. Mojé un poco mis labios y entonces lo besé con intensidad, tomé la humedad de su labios en los mios, moviendo y succionando de a poquitos al hombre que tanto he anhelado.
Tomé su rostro ahora con ambas manos para acercarlo más a mi.
–Por favor… correspondeme. – sé que este hombre nunca será mío, pero por favor, solo por hoy, solo esta noche déjame sentir que eres mío.
– ¿Qué debo hacer?
Tomé sus manos y las posé en mi cintura. Hoy quiero ser sostenido. Quiero sentir como si él nunca fuera a dejarme.
Volví a tomarlo en un beso.
– Acariciame
El empezó a corresponder mi beso, movía sus labios como una bestia sobre los míos, en un desastre húmedo mientras sus manos acariciaban con brusquedad mi cintura. Si, así. Más.
Empecé a ir un poco más lejos. Lo deseaba tanto, quería tenerlo, quería sentirlo, quería saber que era real.
Lo empujé en el sofá. Me detuvo la mano en mi cintura.
– No quiero ser tomado John.– habló tan rápido que apenas y logré entender. Casi desesperado.
– Querido, creeme que nadie desea ser tomado aquí más que yo, descuida.
Suspiró con alivio. Volví a tomarlo en un beso apasionado mientras quitaba su camisa de a pocos y hacía mi camino en besos hacia su cuello, marcándolo en diminutas manchitas moradas, como brotes de flor, marcas efímeras sobre su piel, como el momento que comparto con el.
Una vez descubro su abdomen, me encuentro con una verdadera pieza de arte ante mis ojos, como si hubiese sido tallado por el mismísimo Michelangelo. Una perfección hecha carne bajo mi tacto humano. Me tomo unos segundos para admirarlo, y entonces continúo mi camino de besos color lavanda.
Jamie deja salir pequeños suspiros cuando empiezo a besar su abdomen bajo. Sentí una descarga hacia mis bajos. Entonces sentí unas manos presionando mi cintura.
– Mo chuan…
Bajé mi mano hacía su broche del pantalón. Necesitaba tenerlo en mi boca.
Lo necesitaba, necesitaba saber que esto era real, necesitaba marcar en mi carne la noche en que tuve a mi gran amor entre mis brazos, porque se bien, que nunca más lo volveré a tener.
Me hice paso entre sus piernas, abriendo el broche y tomando su polla con mi mano.
Oh, mi Dios. Era inmenso.
Subí la mirada y encontré los azules de mi escocés.
Jamie me miraba con atención, no como la mirada de cualquier hombre, como la mirada de un niño que no sabía lo que pasaba, que te prestaba atención a cada movimiento. Pero su mirada no era solo infantil, tenía ese rastro de lujuria que solo el sexo te produce, que yo le produsco.
– No me dirás que ella nunca te la ha chupado. – le dije, mientras acercaba mi rostro y mojaba la punta con mi lengua. Gruñó.
– Nunca me la ha chupado un hombre…
Empecé a chupar y besar su polla, sus venas y la piel tan suave de esa zona. Todo era húmedo y placentero, él empezó a gruñir como un lobo gruñe a una presa, llevó una mano hacia mis cabellos y los enroscó entre sus dedos atrayéndome hacia él.
Entonces tomó mi cabeza y empezó a follar mi boca como una bestia, metiendo su polla hasta el fondo de mi garganta, complaciéndose mientras yo tomaba mi propia longitud para satisfacerme. Lloré de placer. Pero aun no quería que terminara, no, un poco más, esta noche debe durar más. Tiene qué.
Me apoyé en el sofá con una mano y tomé la mano que yacía en mis cabellos, empujando para deshacerme del agarre.
– Espera… Jamie – Debía pararlo, aún no podía correrse. Me gruñó. Bestia. – El aceite.
– ¿Dónde está? – empezó a levantarse y buscar con la mirada.
– La mesa, la botellita.– Extendió su brazo para alcanzarla y me la dió.
– Huele manzanilla y coco, ¿no es eso para tu cabello?
– Ciertamente cumple distintas funciones – Abrí la botellita de vidrio y empecé a verter el líquido sobre mi mano. Dios sabe que necesitaría bastante.
Dejé la botellita a un lado y me hinqué sobre el regazo de Jamie. Él me observó con atención mientras yo dirigía mi mano básicamente bañada en aceite hacia mi trasero, rebuscando mi entrada con mis dedos. Cuando lo encontré, apoyé una manó sobre el hombro de Jamie y empecé a abrirme rápidamente. Gemí. Y entonces lo miré.
Fue deseo lo que encontré.
Tomó mi cintura entre sus grandes manos acercándome.
– Enseñame. – dijo con un susurro ronco mientras su mano agarraba mi trasero, tomó mi mano y me besó. Era una orden.
Me atrapo en un beso feroz, húmedo, donde mi mente había ido más allá de mi mortal cuerpo. Me hallaba desecho en sus brazos mientras él tomaba lo que deseaba de mis labios, no era quien para impedirlo. Yo lo deseaba, yo lo quería. Tomé su mejilla mientras separaba nuestros labios para tomar un sorbo de aire, aún unidos por un hilo de saliva. Oh, Dios, cómo amo a este hombre.
– Sassenach…
Desearía que él me amara de vuelta.
Separé mi mano de su mejilla como si ardiera, bajé la mirada, no podía seguir mirando los ojos del hombre que me tomaba en el recuerdo de alguien más. Pero, tal vez este era el precio a pagar por el trato que había aceptado.
– Mueve los dedos… Um… Como si los separaras dentro mio. – tomé la mano que yacía en mi cintura, aún apretando, aún ardiendo mi piel y la dirigí hacia mi entrada resbaladiza.
Introdujo primero un dedo, tanteando mi entrada y luego insertó el siguiente como se lo había dicho. Sus manos eran más grandes que las mías, sus dedos llegaban más lejos, sentía como me llenaban y me abrían en cada movimiento dentro mío. No pude evitar retorcerme en su pecho.
– ¡Ah! Jamie, ahí… ¡Oh! – Insertó otro dedo, abriéndome más para él, mientras gemía y jadeaba contra su piel, ante su mirada curiosa y lujuriosa. Ante Jamie. – Ponlo… ¡Ponlo dentro!
– John, ¿estás segu – silencie sus labios con los míos mientras tomaba su mano, alejandola de mi entrada.
– Te quiero dentro, ahora. – No sé cuánto tiempo más pueda humillarme ante él.
Obedeció mi orden y entonces empezó a rozar su punta con mi entrada, jadeando, juntándose a mi humedad mientras extendía mi trasero con sus manos.
– Jamie… porfavor, te necesito dentro… – Mi interior ardía en necesidad, en deseo, lo quería.
Atrapó mi boca en un beso, uno húmedo, donde yo era devorado por su lengua; había despertado una bestia, yo era su primera víctima, estaba siendo devorado.
Su gran pene empujaba mi entrada, haciéndose espacio en mi interior, deslizándose entre mis paredes, llenándome en cada movimiento. Dolía, oh Dios dolía, pero no podía parar, me había entregado a él y ahora éramos uno. Quería creer que estabamos haciendo el amor, que no era solo sexo. ¿Él lo pensará así?
Su piel me reconoce como un extraño, desea a otra y se conforma en desear mi cuerpo. Quiero creer que me ama, al menos esta noche.
Sentía como entraba y salía de mí, él gemía cada estocada, hurgando dentro mío buscando ese lugar.
Bajó sus labios por mi cuello, besando y chupando mi piel, marcándome en un recorrido de flores carmesí. Tomando mi cuerpo, chupando y mordiendo mis pezones.
– ¡Profundo! Oh… Jamie, es… muy profundo. – mis gemidos lo excitaban más, empezaba a moverse más dentro mío, en un compás con mis caderas. – ¡Jamie! Me vengo… ¡Oh! ¡Me voy a venir!
– Yo también estoy cerca… ¡Sassenach! – Deja de romperme el corazón, por favor.
– Dentro, ¡déjalo dentro! ¡Ah! Dentro mío… – Entonces me vine sobre su pecho, derritiendome como una masa sobre él mientras saboreaba el placer del clímax, aún sintiendo sus estocadas desesperadas hasta que lo dejó salir dentro mío, llenándome de su semilla.
Me sentía cálido, en paz, en una especie de entumecimiento de mi cuerpo. Estaba recostado sobre Jamie, aún suspirando, tratando de recuperar el aliento, sintiendo una plenitud que no había sentido o experimentado antes. Sentía nuestras pieles rozar, nuestros corazones latir, su respiración agitada.
Estaba es una burbuja, una que en cualquier momento iba a estallar, terminar el efímero momento.
Abrí lentamente mis ojos, simplemente para admirar como el pecho de Jamie subía y bajaba, guardando cada detalle, como la luz de la vela golpeaba su piel y como mi mano sentía su calidez.
¿Cómo volvería a ver a Jamie a la cara?
El resto de esa noche fue borrosa, o me obligué a hacerla borrosa por mi propia cordura.
Recuerdo sentir su calidez y luego desvanecerse, sentirme vacío. Admiré la luz de la vela mientras la cera se derretía, mientras la luz se iba apagando y entonces Jamie me dijo algo. ¿Qué me habrá dicho? Entonces un golpe de puerta y me encontraba nuevamente solo, con la vela apagándose.
La contemplé hasta que llegó el amanecer. Jamie debía irse.
Mi corazón se hallaba roto pero tal vez amaría a ese hombre hasta el día que muriese.
