Chapter Text
"La vida es una mierda."
Era su pensamiento de todos los días. Desde que se despertaba, hasta la noche que se volvía a dormir. La rutina diaria no cambiaba nunca, podía haber pequeñas variaciones, pero siempre terminaba llegando al mismo punto al final del día. Se cuestionaba si algún día despertaría en un lugar diferente, pero en cuanto comenzaba la rutina volvía a la realidad.
Tampoco era que la vida fuera horrible todo el tiempo, al menos eso creía Haru. Había ocasiones en las que recibía un poco de felicidad. Como cuando podía darse el lujo de romper la rutina, o hacer algo que disfrutara hacer. Dibujar, cantar a escondidas en su cuarto, o incluso ver series que llamaran su atención. No necesitaba de mucho para tener un día cómodo, bastaba con algo que lo sacara de la rutina para sentirse satisfecho.
Haru no pedía lujos (aunque no se negaría si estos le cayeran del cielo algún día), tampoco pedía demasiado. Tiempo para sí mismo y dinero suficiente para gastar en lo que quisiera era todo lo que necesitaba. Y aunque era muy difícil que ambas cosas se le dieran al mismo tiempo (o de forma frecuente), disfrutaba tanto como podía esas pequeñas ocasiones en las que podía disfrutarlas.
Había sido un día pesado, y Haru caminaba por la calle oscura de regreso a casa. Pero no era a su casa a la que volvía en esta ocasión, sino a la casa de alguien especial para él. Después de mucho tiempo sin verse, principalmente por el trabajo del contrario, los astros se habían alineado para que el fin de semana libre de Haru coincidiera con los días en que Len volvería a la ciudad.
Si le dieran un dólar por cada vez que las personas le preguntaban cómo era que él conocía a un idol famoso como Len Kagamine, probablemente Haru ya habría salido de su forma de vida actual. Y es que sus salidas con el rubio, por muy discretos que intentaran ser, siempre terminaban de alguna manera con una bola de fans encima de ellos pidiéndole fotos y autógrafos a su pareja, y a él cuestionándolo sobre su identidad y el cómo un no famoso estaba saliendo con alguien tan reconocido como Len.
Era por ese motivo (y por su gusto por el espacio personal) que prefería las citas en casa, donde simplemente pedían comida a domicilio, veían algo en la tele, jugaban videojuegos juntos y compartían la cama (y sus cuerpos) el resto del día. Pero Len era más extrovertido, y de alguna manera terminaba convenciéndolo de salir con él a algún lado (muchas de las veces, aplicando el soborno sexual para sacar al ermitaño de su cueva) cuando terminaba sus giras y tenía oportunidad de pasar algunos días con Haru antes de volver a trabajar.
Len había llegado a mediodía, pero Haru no había podido recogerlo como usualmente hacía. No le habían dado permiso en el trabajo, y no podía darse el lujo de perderlo cuando el cumpleaños de Len estaba cerca. Había ahorrado el dinero suficiente para hacer algo decente para él, pero implicaría quedar en números rojos para pagar las cuentas del mes siguiente.
Levantó la vista al frente, observando el edificio lujoso donde el departamento de Len se ubicaba. El rubio le había ofrecido muchas veces irse a vivir con él, para que así Haru pudiera cuidar el lugar durante las largas ausencias del idol. Todas esas propuestas habían terminado en un no rotundo. No era que no le gustara la idea de vivir con Len, lo que no le gustaba era la idea de depender del dinero de su pareja. Vivir en su departamento implicaba que también se haría cargo de la renta, los servicios y el internet, algo que Haru no podía permitir. No porque no quisiera ser mantenido (porque siendo sinceros, ¿quién no querría serlo?) y que su pareja pagara todo por él para poder procrastinar sin preocuparse de dónde saldrá el dinero para pagar la renta o la comida. Pero había una sencilla razón por la que tantas veces había rechazado la oferta de Len: quería callarles la boca a todos.
No era novedad que la mayoría (por no decir todos) los fans de Len que llegaban a saber de su relación cuestionaban cómo alguien como el idol salía con "un insípido chico de barrio que nadie conocía", y aunque el rubio siempre había respondido esas preguntas de la forma más educada posible, a Haru ganas no le habían faltado de besar a su pareja frente a ellos con intensidad para cerrarles la boca...o cerrárselas con un puñetazo en la cara, pero ninguna de las dos opciones habían sido aprobadas por Len.
Más de una ocasión escuchó a la gente que los observaba durante sus citas murmurando sobre ellos, y especulando sobre las intenciones de Haru, siempre tachándolo de interesado y arribista que solamente buscaba la fama y fortuna del rubio, una clara muestra de cuán marcadas eran las diferencias entre ambos. Y ese era el motivo principal por el que se negaba rotundamente a vivir con él.
Para Haru, mudarse con él era demostrarles a todos que era todas esas cosas que decían de él, y de ninguna manera les daría el gusto de comerlo vivo en redes sociales por algo que no era para nada el caso. Él jamás le había exigido a Len comprarle algo, e incluso llegaba a sentir que no merecía las cosas que el chico hacía por él cada vez que le daba un regalo o detalle. A veces sentía que ni siquiera merecía su cariño, pero esos pensamientos quedaban en segundo plano cuando por fin estaban juntos y se daba cuenta de que sería capaz de soportar todo, con tal de estar a su lado toda la vida.
Salió de sus pensamientos cuando llegó al complejo de edificios, mirando el enorme portón que impedía el paso. Caminó hacia la caseta y se presentó con el guardia, quien al reconocerlo lo saludó y lo dejó entrar, sin siquiera pedirle su identificación como en el pasado, después de todo, las visitas de Haru se habían vuelto frecuentes desde que su relación con Len se había hecho pública (o al menos, que ya comenzaban a salir juntos sin miedo a ser vistos).
Caminó hacia el elevador hasta el segundo piso, y siguió por el pasillo hasta llegar al departamento 1394, donde vivía Len. No hizo falta tocar, el rubio con anterioridad le había dado una copia de la llave para que pudiera entrar cuando quisiera, pues ya había pasado en varias ocasiones que el idol se había retrasado en varios de sus encuentros, terminando con Haru esperando fuera del complejo bajo el sol y alguna vez bajo la lluvia, antes de que el guardia de seguridad le tomara la confianza suficiente para dejarlo pasar sin previa autorización de Len.
Abrió la puerta y entró, cerrándola una vez que estuvo en el interior del departamento, sabía que era imposible que algún fan de Len o un paparazzi pudiera entrar al complejo de departamentos, pero prefería pecar de precavido que arriesgarse a que algo pudiera pasar. Observó alrededor buscando al rubio con la mirada, extrañándose de no verlo por ningún lado. Sacó su celular de la bolsa y miró el último mensaje que había recibido del rubio, diciéndole que se vieran en su departamento para pasar esos días juntos. Volvió a colocar el celular en su bolsillo y suspiró, metiéndose las manos en los bolsillos mientras caminaba hacia la habitación, quedándose congelado ante lo que veía en el interior.
—Bienvenido, Haru. — Respondió Len con una sonrisa, corriendo hacia él y abrazándolo por el cuello, dándole un beso en la mejilla.
Para Haru, aquella demostración de cariño hubiera sido normal en cualquier otro momento, pero el hecho de que el rubio estaba usando un traje de maid sensual, y su cabello suelto no ayudaba mucho a la imagen que estaba recibiendo en ese momento para mantenerse calmado.
No era la primera vez que veía a Len usando algún tipo de disfraz, porque durante algunos de sus conciertos había usado atuendos extravagantes o únicos, pero era la primera vez que lo veía vestido como mujer. La forma en que las curvas del vestido se pegaban a la cintura del rubio y la resaltaba era más que suficiente para provocar que el calor subiera por el cuerpo de Haru. Por inercia sus manos bajaron a los muslos del chico, jalando el elástico de las medias para provocar un estremecimiento en su pareja cuando las soltó, haciendo que golpearan sin mucha fuerza su piel con un pequeño estruendo.
Len soltó un pequeño quejido, levantando la vista hacia Haru con un leve puchero en su rostro.
—¿Por qué hiciste eso? — Se quejó el rubio cruzando los brazos sobre su pecho, inflando las mejillas en un berrinche infantil.
—¿Por qué no? — Respondió con simpleza Haru, volviéndolo a tomar de los muslos, apretando la piel mientras lo presionaba contra su cuerpo, dejando que el rubio sintiera el bulto creciente bajo su ropa, provocando un jadeo en el menor. — Si no quisieras que hiciera esto, no te habrías vestido así en primer lugar. —
—No lo hice para ti. — Replicó Len, en un claro intento (en vano) de mantener su orgullo pese a que era más que evidente cuál había sido su intención inicial. — Me pareció lindo y quería ver cómo se vería en mí, eso es todo. —
—Claro, claro. — Dijo Haru con simpleza, comenzando a dejar suaves besos a lo largo del cuello de Len, quien soltó suaves jadeos ante la sensación. Sus manos se movieron instintivamente hacia los hombros del castaño, sosteniéndose de ellos mientras ladeaba la cabeza, dejando su cuello totalmente descubierto para que el joven tuviera un mejor acceso a la zona.
Haru sonrió divertido, moviendo sus manos debajo del vestido de Len para acariciar la piel de sus muslos, sin detener los sutiles besos en su cuello que de repente se convertían en ligeras mordidas que provocaban que la espalda del rubio se arqueara mientras una corriente eléctrica recorría su columna vertebral. Las reacciones del chico fueron un incentivo para Soraide de continuar, por lo que sus manos subieron lentamente, se sorprendió de que por primera vez Len no estaba usando bóxer como era usual, sino una prenda menor, movió por instinto sus manos para tocar la tela, sonriendo pícaramente cuando finalmente reconoció los encajes y listones que adornaban las panties que usaba bajo el vestido de maid.
—¿Enserio? ¿Encajes? — Molestó Haru arqueando una ceja, mirando con suspicacia a Len, sin perder la sonrisa altanera en su rostro.
—Cállate y llévame a la cama. — Replicó Len con un puchero, provocando una ligera carcajada en el contrario.
Sin previo aviso, Haru tomó a Len en sus brazos y lo cargó al estilo nupcial, llevándolo con cuidado hacia la habitación para recostarlo en la cama, subiéndose encima de él para inmovilizarlo bajo su cuerpo, mirándolo de arriba a abajo y sintiendo cómo la sangre se acumulaba en su entrepierna. El hecho de que habían pasado varias semanas desde la última vez que habían tenido relaciones no ayudaba mucho la situación, si bien Haru no se consideraba un adicto sexual, bastaba con tener a Len cerca de él mirándolo con esa expresión suplicante para hacerlo perder el control.
Movió una de sus manos para tocar el plano pecho del chico, haciéndolo jadear. Ninguno sabía si era el efecto del vestuario femenino, o si la abstinencia había hecho que Len se volviera más sensible de lo usual, pero la forma en que se estremecía con el más mínimo roce de las yemas de sus dedos era suficiente para que Haru continuara tocándolo con gentileza, deshaciendo el listón que ataba el escote del vestido, dejando su clavícula descubierta. Bajó hasta que sus labios tocaron la piel expuesta, haciendo que Len gimiera suavemente, llevando sus manos hacia la nuca de su pareja y dejando que sus dedos se aferraran a su cabello.
—¿Gimiendo tan rápido? — Molestó Haru con una sonrisa, bajando el vestido lo suficiente para exponer los pequeños pezones del chico endurecidos, provocándolos con la yema de su dedo mientras mordisqueaba el otro, haciendo que el chico soltara un segundo gemido.
—D-Déjame en paz... — Jadeó Len con voz entrecortada, mirándolo de reojo mientras se mordía el labio inferior, intentando callar los sonidos que amenazaban con dejar sus labios.
—Como gustes. — Respondió Haru sin más, dando pequeñas succiones al pezón del chico mientras su mano bajaba de acariciar el otro lentamente para levantar su vestido, exponiendo las bragas femeninas que el rubio usaba, y en las cuales podía ver claramente el bulto atrapado dolorosamente debajo de ellas. — Alguien tiene un pequeño tesoro escondido aquí. — Bromeó mientras comenzaba a acariciarlo por encima de la tela, provocando que Len arqueara la espalda y sus manos por inercia lo empujaran para alejarlo, aumentando las ganas del castaño para molestarlo. — Estás siendo muy sensible hoy. Mira, aquí abajo está agitado. — Dijo con otra suave carcajada, marcando con su dedo el borde de su miembro endurecido, haciéndolo gemir más y más.
—Tócalo ya... — Reprochó Len golpeadamente, frustrado por todo el juego que Haru estaba haciendo con él, provocándolo lo suficiente para tenerlo con ganas, pero sin satisfacer sus necesidades del todo, llevándolo a su límite.
El castaño sonrió satisfecho de haber logrado su objetivo, Haru bajó lentamente las panties de Len para liberar su erección adolorida, observando las gotas de pre seminal que escurrían de la punta, tocando sutilmente con la yema de su dedo la cabeza para molestarlo, disfrutando de las reacciones desesperadas del rubio, aun cuando luchaba para mantener un poco de dignidad ante él. La vista del vestido de maid a medio usar y las expresiones del rubio eran suficiente estimulación visual para soportar, por lo que tomó el miembro de Haru en su mano y comenzó a moverla lentamente, lo suficiente para hacerlo temblar en la cama, pero no para hacerlo alcanzar un orgasmo. Le gustaba jugar con él, porque era poco común verlo ser tan receptivo y sensible, y estaba más que dispuesto a aprovecharlo tanto como pudiera. El movimiento de su mano poco a poco se intensificó, y con ello las sensaciones que le provocaba al rubio. La mano de Len tomó con fuerza la muñeca de Haru, intentando moverla con más rapidez para alcanzar su clímax, pero el castaño parecía decidido a torturarlo tanto como fuera posible.
—Ya déjame terminar... — Insistió Len, mirando a Haru con ojos suplicantes mientras pequeñas lágrimas se formaban en sus ojos y sus mejillas usualmente blancas estaban tan sonrojadas que podía verlas resplandecer. La piel de Len brillaba perlada en sudor, y su respiración agitada le decía cuán excitado y cerca del borde estaba.
—Pídelo amablemente. — Respondió Haru, mirándolo fijamente a los ojos mientras aumentaba el ritmo de su mano, disfrutando cómo su cuerpo comenzaba a retorcerse debajo de él, claramente llegando a su éxtasis.
Len se mordió el labio, cubriéndose los ojos con el antebrazo, avergonzado por la situación. — Por favor... — Jadeó pesadamente, con sus piernas temblando por el placer. — Haz que me corra... —
Haru sonrió triunfante, dándole un beso en la mejilla. — Como digas. — Susurró contra su oído, aumentando la velocidad con la que su mano masturbaba su miembro palpitante, llevando finalmente al rubio al orgasmo y disfrutando cómo pequeños hilos de semen bañaban su mano y la pelvis de Len, quien gemía sonoramente mientras su cuerpo se retorcía de placer.
Pequeños espasmos post-orgasmo provocaban que el cuerpo del rubio siguiera temblando contra las sábanas, gimoteando hasta que los temblores se redujeron, pero la vergüenza le impedía alejar sus brazos de su rostro, evitando a toda costa la mirada de Haru. El castaño, por su parte, no apartó la vista ni un segundo de su pareja, disfrutando de verlo tan apenado después de la erótica demostración que le había dado durante su orgasmo, miró los fluidos blanquecinos en su mano y sonrió satisfecho, lamiéndolos para limpiar su piel antes de tomar a Len por las muñecas, apartando sus brazos para descubrir su cara.
—Oye, mírame. — Pidió con voz suave, ganando la mirada del rubio avergonzado, enternecido por cuán puro se veía perlado en sudor, con la respiración agitada, las mejillas sonrojadas y los ojos llorosos y, al mismo tiempo, dando una imagen sumamente erótica por la forma en que lo miraba y temblaba por su roce, dos polos opuestos que solamente Len tenía la capacidad de mezclar de una manera tan natural que volvería loco a cualquiera que pudiera verlo...hombres y mujer por igual. — ¿Estás bien? — Preguntó con amabilidad, dándole sutiles besos en el rostro, pasando por su frente hasta su mejilla, con la total intención de ayudarlo a relajarse.
—Sí... — Asintió Len con voz temblorosa, colocando sus manos sobre los hombros del castaño, relajándose ante sus caricias.
—Me alegro. — Respondió Haru con una sonrisa sugestiva, tomando con fuerza el muslo de Len para levantar su pierna lo suficiente para que el bulto bajo sus pantalones pudiera rozar contra la apertura del rubio, jadeando ante la sensación. — Se siente muy caliente aquí... —
—Déjame en paz... — Jadeó Len cubriéndose el rostro con las manos, mordiéndose el labio para evitar gemir fuerte ante los empujones nada sutiles del castaño contra su apertura, podía sentir la presión a pesar de la tela del pantalón de Haru que contenía su erección, pero escucharlo jadear suavemente contra su piel lo volvía loco.
El cuerpo del rubio se estremecía nuevamente, a pesar de que no había un contacto directo con la piel. Sus manos vagaron para encontrarse con el cierre del pantalón de Haru, bajándolo con torpeza por el temblor en sus manos, lo suficiente para meter las manos bajo el bóxer del chico, escuchándolo gemir sonoramente cuando hizo contacto con su erección, acariciándolo lentamente con la yema de los dedos.
El momento se volvió una pelea de resistencia, donde Haru se mantuvo inmóvil encima de Len mientras este trabajaba expertamente su virilidad con sus manos, viendo quién daría el siguiente paso o se rendiría primero ante el otro. La habitación se llenó de gemidos y jadeos por parte de ambos chicos, no queriendo perder contra el otro. Los segundos parecieron eternos, hasta que la estimulación que el castaño estaba recibiendo de su pareja llegó a un punto donde no era suficiente y su paciencia llegó al límite, cediendo al fin ante la urgencia de enterrarse en el interior del rubio.
Lamió uno de sus dedos y lo guio a la apertura de Len, todavía manteniendo su pierna levantada con su otra mano. Sonrió divertido cuando el rubio soltó un sonoro gemido mientras sentía la intrusión de su dedo índice en su interior, moviéndose suavemente dentro y fuera, la humedad de la saliva que los impregnaba le provocó un escalofrío que estremeció todo su cuerpo, y Haru disfrutó de la demostración erótica del idol que simplemente aumentaba su impaciencia por penetrarlo. Movió su dedo con más rapidez antes de ingresar un segundo dígito, abriéndolos y cerrándolos en un movimiento similar a unas tijeras para ensanchar su entrada y que su miembro pudiera ingresar con facilidad.
Una vez que sintió que estaba lo suficientemente dilatado, Haru se posicionó entre sus piernas y, sin previo aviso, se introdujo dentro de él. La sensación cálida era más que suficiente para llevarlo a un orgasmo, pero se contuvo para disfrutar tanto como pudiera del momento. Observó el rostro contorsionado por el placer de Len, quien apretaba las sábanas con las manos tan fuerte que estaba casi seguro de que terminaría desgarrándolas. Movió sus caderas hacia atrás lo suficiente para que solo la punta permaneciera dentro, antes de arremeter con fuerza contra él, provocando un grito que lo hizo sonreír de satisfacción.
—Si haces mucho ruido, los vecinos te escucharán... — Dijo Haru con el afán de molestarlo, soltando una pequeña risa cuando Len intentó replicar, pero su voz quedó ahogada por un fuerte gemido cuando lo interrumpió con una fuerte embestida, provocando que las piernas del chico temblaran.
Sentía cómo las paredes internas del rubio lo apretaban con tanta fuerza que era doloroso, era difícil moverse con facilidad ante tal agarre, por lo que comenzó a ser más brusco con sus embestidas. Mordía su labio inferior intentando controlarse para no lastimar a Len, pero cuando este enredó sus piernas alrededor de sus caderas y comenzó a mover las suyas propias contra él de manera automática lo tomó como una señal de lo mucho que estaba disfrutando, tanto como él.
Como una forma de agregarle romanticismo a su relación sexual, la mano de Haru se deslizó del muslo de Len hacia la suavidad del colchón, alcanzando la mano del rubio para entrelazar sus dedos, en un agarre que reflejaba cuánto lo amaba y cómo anhelaba esa conexión con él. Una sonrisa se formó en el rostro del idol mientras conectaba su mirada con los ojos azules del castaño, las palabras sobraban una vez que sus miradas se conectaban de esa manera tan pura e inocente en el calor del momento.
—No aguantaré mucho... — Advirtió Haru, sintiendo un tirón en sus testículos, una señal inequívoca de que estaba al borde del clímax. Comenzó a besar el cuello de Len, intentando distraer su mente del placer de moverse en el interior del rubio, tratando de prolongar el momento lo más pronto posible.
—Hazlo... — Jadeó Len sin aliento, apretando el agarre en sus manos entrelazadas mientras miraba fijamente a los ojos de Haru, aferrándose con fuerza a la espalda del chico con su mano libre, arañando sin querer la piel del contrario en el proceso (a pesar de seguir vestido, estaba seguro que las marcas permanecerían en su piel cuando terminaran).
Los movimientos erráticos de Haru y el sonoro gemido que soltó fue más que suficiente para advertir a Len, sobre todo cuando sintió como su interior era llenado por los fluidos cálidos del chico que salían sin control. Len mordió su propio labio cuando llegó a su orgasmo, sintiendo su erección palpitar mientras que un chorro tras otro de semen salía disparado, manchando la ropa de Haru y el abdomen del rubio en el proceso.
Una vez que la euforia pasó y los espasmos que sufrían ambos se calmaron, el castaño colapsó encima de Len, sin aliento y empapados en sudor, tratando de recuperarse. Sus pechos subían y bajan acelerados, y una vez que los temblores post orgásmicos se detuvieron el castaño salió del interior del rubio para acostarse a su lado, sin romper el agarre de sus manos entrelazadas, observando cómo Len jadeaba desesperado por aire, con el rostro totalmente sonrojado.
—¿Te hice daño? — Preguntó Haru con voz suave y ahogada, totalmente opuesto al chico dominante de tan solo momentos atrás.
Len negó con la cabeza, girándose a verlo. — No... — Respondió con sinceridad, pegándose al cuerpo de Haru para descansar sobre su pecho, soltando una leve risita. — Te extrañé... —
—Y yo a ti. — Dijo Haru con una sonrisa, abrazándolo con ternura y depositando un beso en su frente empapada de sudor, aunque la sensación no le fue desagradable en absoluto.
Pasaron unos minutos de silencio cómodo mientras permanecían de esa manera, abrazados y con sus manos entrelazadas, digna de dos amantes después de hacer el amor por primera vez en un largo tiempo. Haru escuchó la respiración de Len disminuyendo, una prueba irrefutable de que se estaba quedando dormida. Con sutileza sacudió al chico para despertarlo, dándole un beso en la mejilla.
—Oye, todavía no puedes quedarte dormido. — Susurró Haru contra su oído, mordiéndole el lóbulo con suavidad.
—¿Por qué no? Estoy exhausto... — Respondió Len somnoliento, forzando sus ojos a abrirse para ver a Haru.
—Porque no estoy satisfecho aún. — Dijo con una sonrisa, comenzando a besar su cuello.
Len exhaló, incapaz de creer que Haru pudiera querer más a pesar de lo que acababan de hacer. Pero no se quejó en absoluto...después de todo, el amor que sentía por el chico le daba la fuerza necesaria para seguir. Además, el castaño sabía complacerlo, así que tampoco podía quejarse. Con una sonrisa y un suspiro de resignación, Len se preparó para la siguiente ronda.
"Oh, bueno...la vida es una mierda, ¿por qué no aprovechar los buenos momentos mientras pueda?"
