Chapter Text
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Aquella noche no tenía nada de especial, con la misma brisa helada que calaba hasta los huesos, las intermitentes luces de los autos que uno tras otro transitaban por la carretera como si fueran ajenos a la ausencia del sol, que ya hace varias horas que había desaparecido en el horizonte, sumiendo la ciudad entera bajo un oscuro y denso manto nocturno apenas iluminado por la platinada luz de la luna, que imponente y solitaria se alzaba sobre el cielo nocturno como nueva soberana del cielo, al ser su hermoso resplandor lo único que no se viera opacado por el desfile sin fin de luces que predominaban en la ciudad, opacando el tenue resplandor de las estrellas que a duras penas eran visibles en el manto nocturno.
Si, aquella noche no tenía nada de especial, era como cualquier otra para ella, pero... aun así no podía dejar de sentir que había algo más allí que de alguna manera le brindaba tanta paz en aquel momento.
Quizás fuese la belleza de la luna sobre su cabeza, o quizás fuese por las delicadas caricias que el frío aire nocturno dejaba sobre su rostro, o quizás el apacible y oscuro cuerpo de agua debajo de aquel puente fuera el responsable de su aletargamiento, con lo tranquilas que lucían sus aguas, que al igual que un espejo reflejaban a la luna y su delgada figura apenas sujeta a la barandilla de aquel puente, famoso entre otras cosas, por la cantidad de personas que cada cierto tiempo saltaban desde el para poner fin a sus miserables vidas, sin importar las razones que tuvieran para ello...
Razones que ella finalmente comenzaba a comprender ahora que su espíritu finalmente se había desquebrajado por completo, sin posibilidad alguna de reponerse como otras tantas veces lo hizo, solo para ser maltratado, pisoteado y traicionado una vez más sin otra explicación además de que aparentemente su razón de existir se reducía a ser solo la moneda de cambio que su padre usaba para librarse de sus deudas, arrastrándola a todo tipo de situaciones, desde las más tolerables hasta las más horribles y desagradables, para luego desaparecer de su vida y reaparecer cuando ya no podía vivir por su cuenta.
Ese era su padre y a pesar de todo lo quería, pues ella bien sabía que la trágica y triste muerte de su madre hace ya muchos años atrás, era lo que había hundido a su alguna vez amoroso y gentil padre en aquel agujero sin fondo que inútilmente pretendía llenar o ignorar con su insana y autodestructiva adicción al juego, la cual les ha causado más penurias de las que estaba dispuesta a recordar ahora, pues si bien todavía era capaz de entender y de justificar a su pobre padre, eso nada tenía que ver con que aún tuviera la fuerza para soportarlo y mucho menos ahora que, cuando finalmente parecía que se estaban recuperando y que por fin podrían tener una vida normal... su padre volvió a recaer en sus viejas andanzas, desmoronando una vez más frente a sus cristalinos ojos todo lo que una vez más se había esforzado tanto en construir, perdiendo todo el dinero que tenían, su pequeño apartamento y para colmo de males, a ella una vez más, pues cuando ya no tenía nada más que seguir apostando y llego la hora de pagar la enorme deuda que había construido en cuestión de horas, simplemente la ofreció a ella como moneda de cambio en una apuesta a todo o nada para recuperar lo que había perdido o quizás perderla a ella para siempre.
El resultado final era obvio, su padre perdió y ahora su vida le pertenecía a alguna especia de viejo y poderoso mafioso que de alguna manera accedió a perdonarle el resto de la deuda a su padre, a cambio de que ella lo desposara... o al menos eso es lo último que recuerda haberle escuchado decir a uno de los matones de ese tipo, el cual tras irrumpir en su tranquila tarde mientras buscaba alguna idea para preparar la cena, no solo le entregó esta noticia sino que también le anuncio que Gerald, es decir su padre, había huido de la ciudad hace unas horas y que ella debía de asistir esa noche a una cena con su jefe en un costoso restaurant de la zona y que si no iba, o intentaba huir al igual que lo hizo Gerald, lo considerarían un incumplimiento del contrato y ambos serían cazados y asesinados como castigo por dicha afrenta.
Antes de marcharse, el matón que fue a visitarla le entregó una gran caja de aspecto costoso, donde se encontraba guardado un sencillo, pero bonito y elegante vestido beige que ahora mismo estaba usando, junto con aquellos lindos zapatos de tacón corto que francamente no le quedaban nada mal, pero eso no importaba pues al ser el atuendo que estaba obligada a usar para atender a su “cita” de esa noche, a sus ojos no se diferenciaba en nada al uniforme de una prisión, pues en esencia estar aprisionada y quien sabe que otras atrocidades eran lo que le esperaban cuando fuese al encuentro con aquel hombre y sellase finalmente su destino.
Al principio, ella actuó como siempre, su cerebro se apagó y anuló sus sentimientos y emociones. Se dio una ducha y se alistó como se le había indicado, revisó la dirección del restaurant hasta que pudo ubicarse mental y espacialmente en la zona señalada, luego llamó un taxi y salió de su casa cuando este le avisó que ya había llegado, le dio las direcciones al conductor y se supone que solo esperaría a llegar a su destino, pero al divisar a través de la ventana el puente en el que ahora se encontraba, detuvo el taxi en una avenida cercana, le pagó al conductor y sin importarle nada se abrió paso hasta llegar a este lugar. Sus manos temblaban y las lágrimas no tardaron en hacerse presente y en rodar libremente por sus mejillas, pero luego bastó una sola mirada al enorme y oscuro rio debajo de ella para que la realización llegase a su mente, quitándose los zapatos y pasando al otro lado de la barandilla, sujetándose a duras penas con sus brazos mientras poco a poco su mente comenzaba a divagar hasta que simplemente llego al estado de paz y aletargamiento que ahora sentía, llegando incluso a sonreír levemente ante la idea de que en el momento el que decidiese solo deshacer su agarre, caería rápidamente para ser engullida por aquellas oscuras aguas cuyo leve vaivén parecía estar llamándola con insistencia, mientras el suave arrullo de sus aguas seguía en la labor de seducirla para que finalmente le pusiera un punto y final a todo su sufrimiento.
— ¡Wow, un suicidio en vivo! —Dijo repentinamente una voz a su lado sobresaltándola y obligándola a agarrarse con fuerza para no caer por error y arruinar la idealización del momento que estaba viviendo— ¡Que suerte! Es raro pescar estas cosas en el momento justo.
Entre sorprendida e indignada a la vez, volteó al lado del que provenía aquella voz femenina e impertinente, encontrándose con una mujer de tez trigueña, largo y alborotado cabello castaño oscuro y ojos de colores diferentes, siendo el derecho de un profundo y fuerte color azul celeste, mientras que el izquierdo era de un brillante e intenso color dorado... heterocromía ocular es como definían aquella condición, si mal no recordaba, pero eso no era resaltante ahora, como si lo era la manera en la que aquellos ojos la veían con una mezcla de burla y aburrimiento en aquel momento.
— ¿Qué no ibas a saltar? —Habló de nuevo aquella mujer resaltando lo obvió mientras sonreía con sorna— adelante, no te detengas por mí. Yo solo vine a ver el espectáculo.
— ¿Disculpa? —Ahora sí que estaba indignada— Esto no te incumbe, así que si no tienes nada mejor que hacer ¿Por qué no vas a perder el tiempo en otra parte?
— Nagh, esto es más interesante —Respondió con simpleza la trigueña arremangándose las mangas de la fina camisa lino de color borgoña que traía puesta, para luego apoyar los brazos en la barandilla para ponerse más cómoda— pero no vayas a tardar mucho que tengo una agenda ocupada.
— ¡SOLO LARGATE! —Gritó la mujer de larga y rubia cabellera perdiendo finalmente los estribos, trastabillando un poco y casi cayendo por error tras el arrebato— E... Estás arruinando todo, idiota.
— Wow, wow, tranquila mujer —Dijo la trigueña alzando las manos en son de tregua— Como dije yo solo vine a ver, no a molestar. En especial ya que esto parece ser por algo importante, supongo.
Por la mirada que la trigueña le dirigió, supo qué se refería al costoso vestido que tenía puesto y a los igual de costosos zapatos que yacían tirados en el suelo detrás de ella, pues obviamente no era el atuendo típico de las personas que se habían suicidado por aquella zona. Por alguna razón, no pudo evitar reír un poco por la manera en la que aquella extraña mujer había notado algo tan poco relevante como lo era su atuendo en ese momento.
— Si... puede decirse que tienes razón... supongo.
— Oye, oye, eso no se vale —Se quejo la trigueña mientras negaba con la cabeza como si estuviera decepcionada— Si dices algo como eso, solo me darás más curiosidad y ahora por tu culpa, y que quede claro que es por tu culpa, quiero saber la historia que hay tras todo este espectáculo.
— ¿Ah? ¿Y qué te hace pensar que te voy a contar algo? —Inquirió la chica riendo un poco ante la ridícula exigencia de la trigueña y de su aún más ridícula justificación para hacerla.
— ¿Y por qué no lo harías? —Contraatacó la trigueña como si estuviera esperando que dijera algo como eso— Si lo haces no solo habrá alguien que sepa de tu existencia y de tus razones, sino que yo también podre armarme la historia completa y disfrutar plenamente de la escena... es como cuando te lees un libro y luego vez la película, solo tu entiendes lo que hay tras cada escena y por eso todo es más vivido y significativo. Así que es un ganar-ganar en mi opinión. Tú le das sentido a esto y yo tengo contexto.
Realmente lo que aquella mujer le estaba diciendo no tenía ningún tipo de sentido, pero quizás no fuera mala idea seguirle el juego, después de todo ella necesitaba desahogarse con alguien antes de ponerle fin a todo, ya que quizás de esa manera podría deshacer un poco aquel amargo y pesado nudo que tenía alojado en su pecho... y quizás así realmente pudiera darle algo de sentido a todo lo que había pasado.
La trigueña aguardó en silencio por su respuesta, observándola con genuina atención y terminando de disipar sus dudas a la vez que una leve sonrisa cargada de sincero agradecimiento se dibujara en sus labios ahora con una leve tonalidad violácea a causa del frío.
Fue así que elevando la mirada hacia la luna inicio su relato, tratando de abarcar las partes resaltantes de su historia, pues a pesar de aún ser joven, la cantidad de anécdotas que tenía eran demasiadas como para ser relatadas en tan poco tiempo. Mientras hablaba su mirada viajaba sin cesar desde la luna, hasta el reflejo de esta en el rio o incluso hacía los autos que transitaban por la avenida que se encontraba en el extremo más cercano a ellas, pero jamás en todo su relato se atrevió a dirigirle la mirada a la trigueña de nuevo, pues sabía que si lo hacía y notaba que esta la veía con lastima, simplemente no podría continuar hablando. Por eso no se atrevió a verla hasta que no terminó de explicar su situación actual y el cómo se supone que ella estaba de camino a encontrarse con aquel viejo mafioso con el que estaba obligada a desposarse; Sin embargo, para su sorpresa, la trigueña no había variado su expresión en lo más mínimo y seguía atenta en caso de que ella fuese a agregar algo más.
— Eso es todo —Anunció sintiéndose un poco más tranquila y a la vez más débil y temblorosa que antes.
— Ya veo —Dijo finalmente sonriendo con un cierto deje de amargura— No es para menos, pero no es justo que mueras por ello... Digo ¿Realmente quieres morir así?
Aquella pregunta le cayó igual que un balde de agua fría en la cabeza a la mujer de ojos cristalinos, a la vez que finalmente terminaba de quebrarse y las lágrimas se adueñaban de sus ojos, saliendo una tras otra sin parar a la vez que sentía como su cuerpo languidecía y su supuesta resolución de muerte se deshacía en el aire.
— No —Fue lo único que alcanzo a decir en medio de su llanto a la vez que sus fuerzas finalmente la abandonaban, sintiendo como su cuerpo se precipitaba abruptamente hacía aquel oscuro vórtice submarino que parecía reacio a dejarla escapar de sus garras.
Sin embargo, antes de que realmente pudiera caer, sintió con un par de brazos la rodeaban repentinamente y de un fuerte y quizás un tanto brusco tirón, la hicieron pasar por encima de la barandilla que tenía a sus espaldas, para luego sentir como sus piernas impactaban en la acera interna del puente, mientras el resto de su cuerpo aún era sostenido por aquella entrometida trigueña que no solo se había estado acercando disimuladamente hacía ella mientras relataba su historia, sino que había estado esperando el momento idóneo para sacarla de esa situación, pero en el momento en el que las fuerzas le fallaron y realmente estuvo en peligro de caer al río, aquella mujer solo actuó sin pensarlo dos veces, lastimándola un poco en el proceso, pero salvándole la vida a fin de cuentas.
— Po... ¿Por qué? —Logró articular a duras penas la chica de rubia cabellara, levantándose con ayuda de la otra, a la vez que sentía finalmente como su corazón latía a mil por hora debido a toda la adrenalina que se había disparado por todo su cuerpo a raíz de tan intenso momento.
— Por más que me guste un buen espectáculo —Respondió la extraña con una confiada sonrisa mientras la ayudaba a ponerse de pie, sin soltarla hasta que quedaron cara a cara, dando un paso hacia atrás para darle un poco de espacio personal— Perdiste la motivación princesa y sin eso ya no tenía sentido seguir ¿No crees?
Una breve, pero sonara carcajada se escapó de los labios de la trigueña tras decir aquello y a la vez poco antes de que un par de brazos rodearan su cuello repentinamente y un par de suaves, fríos y carnosos labios sellaran los suyos en un beso igual de repentino e intenso que, si bien la tomó enormemente por sorpresa, aun así, no pudo evitar sonreír levemente mientras sus manos viajaban hasta la cintura de aquella extraña rubia y la atraían más hacía su cuerpo, mejorando en gran medida aquel sencillo pero a la vez intenso beso que aunque no llegaron a profundizar más, aun así pudo sentir como este le robaba el aliento cuando la rubia se separó de ella finalmente.
— Gracias —Dijo esta aún con un par de lágrimas en los ojos, pero sonriendo de una manera tan genuina y hermosa que la trigueña no pudo evitar besarla de nuevo por impulso.
— Gracias a ti, chica del puente —Dijo cuando volvieron a separarse, notando como el color volvía al rostro de aquella mujer que entre confundida y abochornada, solo atino a parpadear un par de veces causándole mucha gracia a la trigueña— ¿Cómo te llamas?
— Adora —Logro responder al volver en si gracias a esa última pregunta— ¿Y tú? ¿Cuál es tu nombre?
— Catra —Respondió sin poder dejar de sonreír divertida por el repentino interés y por la expresividad de Adora ahora que ya estaba volviendo a sus sentidos— Ahora dime ¿Cómo puedo estar segura de que no intentaras saltar de nuevo en cuanto te dé la espalda?
— No lo haré —Aseguró luciendo realmente decidida y sonriendo con confianza— Después de todo esto, ya me siento de nuevo con los pies en la tierra... Literal y figurativamente hablando, claro.
Catra no pudo evitar reír un poco ante esto mientras se cruzaba de brazos, atenta a lo que Adora estaba por decirle.
— Me he sobrepuesto a cosas mucho peores en el pasado, así que creo que ahora puedo ir a cumplir con ese trato sin sentirme culpable —Esta vez la sonrisa que adornaba su rostro era un poco forzada y Catra lo noto, pero no dijo nada— no será nada fácil, pero al menos puedo decir que conseguí un buen recuerdo que me dará fuerzas cuando las necesité.
— No tienes por qué ir con ese vejestorio, sea quien sea —Dijo con firmeza la trigueña sin ápice alguno de burla en su mirada ni en su expresión— Puede que no lo parezca, pero estoy segura de que puedo protegerte de ese tipo... Digamos que mi familia y yo también tenemos nuestros contactos y recursos así que...
De repente otro suave y corto beso selló los labios de la trigueña una vez más, alcanzando solo a mirar con extrañeza a Adora mientras ella se separaba de ella tras conseguir su objetivo.
— Gracias, pero ya has hecho más que suficiente por mi —Adora sonreía levemente y de manera genuina una vez más, ya que no podía negar que le hacía feliz como aquella perfecta desconocida realmente se estaba preocupando por ella— Pero esto es algo que debo hacer, tanto por mi como por mi padre que no tiene la culpa de su enfermedad.
La expresión de Catra decía a gritos que no estaba para nada de acuerdo con eso último, pero simplemente no pudo encontrar las palabras para ir en contra de la resolución que tenía Adora de seguir con este juego enfermizo por el bien de un idiota que no se merecía tenerla como hija.
— ¿Realmente no hay nada que pueda hacer para que cambies de opinión? —La negativa de Adora, si bien la esperaba, no la hacía menos amarga— En ese caso déjame hacer al menos esto.
Buscando con cierto desespero y molestia en los bolsillos de su saco y de su pantalón, la trigueña murmuraba improperios inteligibles hasta que finalmente halló lo que buscaba, una especie de tarjeta a la cual le dio varias vueltas con notable molestia hasta que finalmente decidió escribir algo en uno de sus lados, para luego entregársela finalmente a Adora, quien observo con curiosidad el gran tachón azul sobre el número telefónico escrito en la tarjeta, la cual del otro lado tenía enmarcado en un fondo borgoña con tonalidades rojizas y violetas, el nombre de un club de striptease de la zona llamado “ El Páramo Carmes í”.
— Solo... ignora eso, por favor —Le suplico la trigueña por primera vez un poco avergonzada en lo que iba de noche— Lo importante es el número de atrás, guárdalo y llámame cuando me necesites... ya sea para ayudarte a escapar de ese lugar... o si quieres desahogarte de alguna manera.
— Gracias —Adora apretó levemente la tarjeta entre sus manos como si fuera alguna especie de tesoro— No quiero meterte en proble...
— Adora —La interrumpió alzando la mano al aire para luego agacharse frente a ella y recoger sus zapatos con una mano mientras extendía la otra hacía ella— Estoy a solo un texto o una llamada de distancia, así que solo hazlo y deja de preocuparte.
Conmovida Adora asintió mientras extendía uno de sus pies hacia la trigueña para que esta pudiera ayudarla a ponerse de nuevo aquellos incomodos zapatos, ocasionando que una emoción y un rubor pasajero se adueñaran de Adora mientras observaba fijamente las atenciones de la trigueña con ella, hasta que esta volvió a ponerse de pie encarándola.
— Promételo —Le pidió Catra mientras extendía sus brazos hacia los lados en una súplica silente por un abrazo de despedida.
— Lo prometo —Dijo Adora atendiendo a la suplica de la trigueña y permitiéndose disfrutar tanto como le fuera posible de la calidez de esta antes de que tuviera que marcharse.
Con un último beso corto se despidieron la una de la otra, con Adora caminando hacía su destino sin mirar atrás, mientras Catra la observaba inmóvil alejarse hasta que finalmente la perdió de vista. Ambas con la amarga certeza de que quizás esa sería la última vez que volverían a verse.
Cuando Adora finalmente llegó a su destino, lo hizo justo quince minutos después de que pasara el plazo de espera acordado y aunque estaba preparada para lo peor, los matones que se encontraban en la entrada, al verla llegar se hicieron a un lado mientras otro de ellos la escoltaba al interior del restaurant, donde un hombre de porte imponente y elegante que seguramente ya rondaría los sesenta años de edad, la esperaba pacientemente en una de las mesas de la zona privada del restaurant. Este al verla, se levantó de su silla y con los modales propios de un caballero, corrió la silla para ella indicándole que se sentara, sonriendo cortésmente en todo momento; luego de que ella estuvo lista este volvió a su lugar y le extendió un menú a la vez que la instaba a pedir lo que quisiera.
Inquieta y en estado de extrema alerta, Adora pidió el único plato que conocía del menú, una pasta a la boloñesa que no tardó en llegar seguido de la pasta al pesto que pidió su acompañante. Después de esto la cena transcurrió con relativa tranquilidad, con aquel hombre preguntándole diversas cosas de manera casual mientras comían, como si realmente estuviera tratando de hacerla sentir a gusto a pesar de la situación en la que se encontraban, lo cual solo hacía que todo fuese más incómodo para ella.
— Me alegra que al final haya tomado la decisión correcta, señorita Leone —Asintió Complacido mientras le ofrecía su brazo para escoltarla fuera del restaurant hacía su auto— ¿Me permitiría ser un poco más informal?
— Claro...
— Te lo agradezco mucho, Adora —Dijo cambiando sin problemas su manera de hablar mientras abría una de las puertas para que ella pudiese entrar al auto, para luego correr al asiento del conductor, pues como le había comentado durante la cena, nadie podía conducir su auto además de él.
Durante el camino aquel hombre, que se presentó a sí mismo durante la cena como Vincent Vólkov, el actual líder de una de las organizaciones más temidas y respetadas en el mundo entero, la cual estaba incluso por encima de cualquier simple organización mafiosa u gubernamental, por lo que tanto Adora como cualquier persona con un poco de interés en su entorno, había escuchado de este hombre o al menos leído sobre él en las noticias y por ello sabía bien la magnitud del poder que este tenía, el cual rivalizaba solo con otras dos organizaciones en el mundo con funciones similares a la suya. Podría decirse que esta vez su padre realmente se las había ingeniado para meterla en un problema del cuál no solo no podía ver la salida, sino que estaba muy segura de que esta ni siquiera existía.
Si ya antes sentía que volver a contactar a Catra era algo estúpido por el peligro al que la podría estar arrastrando, ahora en definitiva era algo impensable, porque no importaba cuánto dinero o influencia esta tuviera, este hombre era alguien al que no cualquiera podría encarar.
Dejando esto a un lado, lo otro que le preocupaba bastante era lo mucho que Vincent sabía de ella incluso antes de que se vieran por primera vez esa noche, pues este sabía cosas de muchos de los trabajos que tuvo que hacer por culpa de su padre, de los cuales ni siquiera a este le había contado, ya que cada vez que encontraba su boleto de salida de todos los problemas en los que este la había metido, ella solo cerraba ese capítulo de su vida y pasaba la página como si aquello jamás hubiera ocurrido, o así había sido hasta ahora pues Vincent sabía de ello y además con una calidad de detalles que realmente la aterraron a sobremanera.
Aquel hombre al percatarse del efecto que sus palabras estaban teniendo en aquella joven, carraspeo un poco su garganta para llamar su atención y se dispuso a tratar de tranquilizarla de nuevo.
— Sé que estás asustada y no te culpo, todo esto es demasiado para digerir en solo unas horas, pero —Dijo con voz suave y apacible, como la de un abuelo o un padre afectuoso— Créeme cuando te digo que encajaras muy bien en la familia y no solo por tu historial, sino porque sé que todos te darán la bienvenida a su manera, así que no te preocupes.
Si, no era la primera vez que quedaba atrapada con alguna mafia o banda del bajo mundo, pero hasta ahora sus roles habían sido más cómo de recadera o incluso de limpieza, nunca se había mezclado con ellos hasta el punto de no poder salir ya sea porque sabía demasiado o como en este caso, por estar a punto de casarse con uno de ellos.
Esto definitivamente ya era otro nivel, por lo que no podía simplemente no preocuparse como este le pedía.
Cuando finalmente llegaron a la mansión principal de la familia Vólkov, un escalofrío recorrió la columna de Adora haciéndola erguirse más de lo normal apenas se bajó del auto y Vincent de nuevo le ofreció su brazo para guiarla a través de la entrada y por los intrincados pasillos de la mansión disculpándose por no poder darle ahora un tour apropiado por esta, pero dado que la boda estaba pautada para llevarse a cabo dentro de dos días, tenía que presentarle a la rama principal de la familia antes del gran evento, en especial porque algunos de ellos la estarían ayudando a prepararse durante estos días.
— No te preocupes, ninguno de ellos es peor que yo y si ya sobreviviste a pasar unas horas con este viejo, lo demás será pan comido para ti —Una vez más Vincent le sonrió en un vano intento de tranquilizarla— Además si tienes cualquier duda respecto a la boda, mi mujer se encargara de aclararte todo, ahora vamos que nos están esperando.
— Espere un...
Antes de que Adora pudiera terminar la frase, Vincent abrió una gran puerta de madera, tras la cual se encontraba un amplio salón con una chimenea, estanterías repletas de libros y varios sofás y sillones distribuidos armónicamente alrededor, dejando un espacio amplio y alfombrado frente a una imponente y aparentemente acogedora chimenea. Distribuidos en los sofás, sillas y sillones se encontraban varias personas, entre ellas dos mujeres mayores, de las cuales la de porte elegante y férrea mirada debía de ser la esposa de Vincent, mientras que la otra mujer de mirada más apacible y atuendo sencillo, podía ser algún familiar, así como el resto de personas jóvenes que estaban allí presentes. La mayoría parecían ser contemporáneos o quizás un poco mayores, salvo una adolescente y una niña de a lo sumo diez o doce años que la veían con recelo (la primera) y con curiosidad (la segunda), a diferencia de los dos mayores del grupo que claramente lucían completamente indiferentes ante su presencia allí.
Ciertamente aquel era un grupo bastante diverso tanto en aspectos, como en edades y tipos de miradas, pero nada de eso le importaba a Adora en este momento, porque de entre todas las personas que allí se encontraban no pudo evitar que su mirada se quedara pegada en la única persona que la veía con la boca ligeramente entreabierta y una expresión que mezclaba tanto sorpresa, como confusión y algo de rabia al mismo tiempo, siendo principalmente la confusión la que podía entreverse claramente a través de aquellos peculiares ojos heterocromáticos azul y dorado que Adora había visto hace solo unas horas atrás, pero que aún recordaba claramente.
Así es, se trataba de Catra y por la manera en la que su expresión se había aseverado después de salir de su sorpresa inicial, Adora tenía la sensación que su estancia en aquel lugar iba a ser mucho más problemática de lo que se había imaginado.
