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Who are you?

Summary:

El recién casado Park Jimin es brutalmente atacado en una parada de descanso durante un día lluvioso. A causa del accidente, la joven promesa de baile despierta en un hospital con amnesia severa y una lesión irreversible en la pierna que lo ha dejado cojo por el resto de su vida.

Mientras Jimin se recupera en una mansión en medio del bosque, no puede recordar nada de su pasado, incluido el espantoso accidente. Pero con el apoyo de su esposo, Jeon Jungkook, cuyos recuerdos juntos también han desaparecido, debe aceptar su nueva realidad.

Sin embargo, los fantasmas del pasado lo persiguen.

Jimin no está a salvo en ningún lado y puede que el peligro este más cerca de lo cree.

Nadie es lo que aparenta ser...

Faltan piezas en el rompecabezas. Hay muchos misterios por resolver y lagunas que llenar. ¿Qué pasará cuando Jimin recupere sus recuerdos y entienda todo? ¿Qué hará cuando vuelva a ser el mismo hombre de antes? ¿Quién es el verdadero enemigo? ¿Quién es el villano de la historia?

Notes:

Lean las etiquetas y notas con mucha seriedad, por favor. No estoy exagerando en ninguna de ellas.

Aquí vamos con una nueva y alocada historia. No soy una escritora experta, simplemente hago esto por entretenimiento y escribo lo que me sienta mejor, lo que me inspira, o lo que me parece interesante, sean amables con mi pequeño mounstro de historia.

Está ambientada a inicios de los 2000’s cuando la tecnología todavía no era tan indispensable. Esta inspirada en una película. Tome la idea original y la adapte a una nueva versión, muchas cosas son iguales, sobretodo en el principio, pero conforme avanza el resultado ha quedado MUY diferente y no tiene parecido, si la han visto notarán la GIGANTESCA diferencia que hay en la relación principal. Supongo que yo le agregue el amor enfermizo jaja. Les diré el nombre al final para no dar spoiler.

Para empezar, no la consideren como una novela de amor, tal vez un Dark romance, porque esto no debería considerarse algún tipo de amor ni tampoco pienso que este bien nada de lo que aquí sucede. Puede parecer romántico por momentos, sobre todo al comienzo y por supuesto que hay una línea de amor enfermizo, pero siempre tengan en cuenta de que va todo.

Esto no es sano. No hay nadie bueno e inocente en esta historia. Todo lo que suscita, los sentimientos, los pensamientos, las decisiones y sobretodo las acciones que toman los personajes son moralmente inadecuadas. Son culpables como al mismo tiempo son víctimas. Todos necesitan ayuda mental seria. Es una trama compleja con personajes aún más complejos.

Probablemente este tipo de historias no son del agrado de algunas personas, pero en verdad quería hacerlo. Revisen las etiquetas, iré agregando conforme suba los capítulos, pero creo que ya he puesto lo mas terrible y tampoco quiero dar un spoiler importante. Les recuerdo que hablo español y aún me estoy familiarizando con las etiquetas, si me falta alguna importante, disculpe de antemano.

Por favor, si en algún punto les deja de gustar simplemente pueden dejar de leer.

También me abstuve de poner todas las etiquetas para evitar spoilers.

Supongo que eso es todo. Sin más que agregar, vamos allá.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Cuando la lluvia cayó

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La poderosa tormenta está azotando el estacionamiento con ferocidad, cayendo impecablemente como si fuera una cortina de agua impenetrable. Me limpio los ojos con la manga de mi suéter, intentando despejar mi visión que se ha empañado por la intensa bruma. Entrecierro los ojos, apenas puedo distinguir la silueta de la caseta telefónica que se materializa a unos cuantos metros de distancia, como un refugio precario en medio de la tempestad.

Mis pies se hunden en la capa de barro que cubre el asfalto, como si la propia tierra se hubiera vuelto en contra de mí. El corazón me palpita en los oídos como un tambor, y mi cuerpo empapado tiembla de frío. Pero no me detengo. Sigo corriendo con todas mis fuerzas, impulsado por la creciente desesperación en mi pecho.

Finalmente, llego a la casilla telefónica, jadeando como si hubiera corrido durante horas y presiono los botones con tanta rapidez que me equivoco de secuencia. Maldigo mi torpeza y me obligo a respirar con calma para intentar calmarme. Vuelvo hacerlo, esta vez con un poco más de paciencia, presiono nueve-uno-uno, pero lo único que obtengo es un silencio. La línea está muerta. 

Ni siquiera me sorprende. Busco auxilio usando un maldito teléfono público en una parada de descanso en medio de la nada. La desesperanza es abrumadora y quiero romper en llanto. Mi mente comienza a divagar en busca de otra solución cuando un sonido atronador rompe la monotonía de la lluvia; el rugido de un motor que se acerca a toda velocidad. A través del cristal empañado de la caseta telefónica, observo dos focos de luz que se aproximan por la autopista hacía acá, como ojos demoniacos en la oscuridad.

La camioneta negra se materializa en la autopista, como un espectro surgido de las tinieblas, con sus neumáticos rechinando en un grito de protesta mientras el vehículo derrapa en una maniobra milagrosa. La camioneta se detiene justo detrás de mi coche, bloqueando mi única escapatoria. La puerta del piloto se abre con un golpe seco, y una figura escalofriante emerge del interior.

Me quedo petrificado.

Está aquí.

La lluvia cae sobre él como una cortina de agujas, pero no parece afectarle en lo más mínimo. Camina con paso firme en mi dirección, sin vacilar, como si la noche misma le hubiera dado licencia para reclamarme. 

Suelto un grito horrorizado y me echo a correr hacia los departamentos sin luz que se encuentran en la parte trasera de la parada de descanso, sin embargo, no veo a ninguna persona que pueda auxiliarme. No hay ni un fantasma en este lugar. El motel parece abandonado y el mercado aún está semi-abierto.

La gente ni siquiera se molesto en verificar la seguridad de sus negocios. Todo el mundo huyó a los refugios, se pusieron a salvo de la tormenta tropical que venían anunciando desde hacía varios días en los noticieros. La autopista que me conducía directamente a la ciudad estaba bloqueada como consecuencia del huracán y el único camino disponible me condujo aquí.

Desesperado, me introduzco por los pasillos que yacen en las penumbras, tratando de encontrar una zona en donde pueda esconderme. Los relámpagos iluminan los corredores durante dos segundos antes de que todo vuelva a ponerse oscuro. Casi a tientas, ingreso a una habitación donde hay varios cubículos de baño.

Me meto en la última puerta y me siento en el inodoro que desprende un olor sofocante y asqueroso que me causa arcadas. Tengo ganas de vomitar, quiero gritar porque he tocado las paredes sucias, pero lucho con mi obsesión por la higiene. Pongo el pasador como si en verdad sirviese de algo, como si eso fuese a detenerlo y subo los pies para hacer presión contra la puerta. 

Cubro mi boca con mis manos temblorosas para evitar hacer el mínimo ruido, aunque es imposible no soltar leves hipidos por mi respiración agitada.

"No va a encontrarme"

"Estoy a salvo, si, estoy a salvo"

"Estaré bien, solo cálmate" 

“Respira, Jimin”

Me digo eso para tranquilizarme y controlar mis nervios, pero tengo muchísimo miedo. Estoy temblando, tengo la piel de gallina y los vellos de mi nuca están en punta, ya que el agua helada escurre por mi cuerpo hasta llegar a mis zapatos.

Voy a morir.

Él va a matarme.

Aprieto los ojos mientras niego con la cabeza. 

Si soy sincero, lo subestime. Nunca creí que esto podría llegar a suceder algún día. Creí que lo tenía controlado, pero es evidente que confié mucho en mí mismo.

Esto es una pesadilla, una pesadilla que estoy viviendo en carne y hueso, y no importa cuanto lo pida, no voy a despertar. Ahora mismo lo único que quiero es ir a casa. Quiero estar acostado en mi cama, vistiendo mi pijama de gatos mientras me digo a mi mismo que todo estará bien y que esto no es mi culpa en ningún sentido.

”No es mi culpa”

Veo el anillo plateado en mi dedo anular y empiezo a llorar del coraje sin poder evitarlo.

Esto fue el culpable de todo.

Por tu culpa, por tu culpa, por tu culpa…

De pronto, suena el rechinido escalofriante de la puerta de la habitación y siento un nudo formándose en mi estomago. El pavor se apodera de mi. Me quedo paralizado con mi corazón palpitando frenéticamente.

Cubro mi boca para no dejar escapar ningún sonido mientras las lágrimas silenciosas caen por mis mejillas.

Está aquí. ¡Él está aquí!

Las puertas de los cubículos se van abriendo, una por una, haciendo espantosos estruendos. Los golpes son como campanadas de guerra que se están aproximando cada vez más al cubículo donde estoy escondido.

Se está acercando.

La muerte viene por mi.

—Sé que estás aquí, Jimin... — suena la voz más tétrica y áspera que he escuchado en toda mi maldita vida; no solo por sus palabras envenenadas sino por el tono malvado que utiliza, que es capaz de erizar mi piel y calar hasta mis huesos —no tienes a donde ir. Ya deja de correr, que no hay escapatoria — dice en un leve murmullo escalofriante y me paraliza inmediatamente

En ese momento veo una sombra negra dibujandose en el techo sobre mi, la cual se detiene detrás de la puerta y mi corazón comienza a latir como loco.

Casi llega a mi.

Esta cerca.

Mi FIN esta cerca.

Él acabará conmigo para siempre. Me someterá y matará, en el mejor de los escenarios mi cuerpo será encontrado en algún río durante los próximos días. 

—Por favor, Jimin, cariño, sal de una vez y evitemos todo este alboroto — súplica y después, la puerta es tocada varias veces con delicadeza, como si estuviera pidiendo mi permiso para abrirla —. No te haré daño, tú sabes que no, yo nunca podría lastimarte...

Hay un silencio.

No respondo porque no le creo ni una palabra.

—Jimin, abre la puerta, por favor — pide todavía con voz serena, pero reconozco a la perfección ese tono lastimero —. Vamos a nuestra casa y ahí hablaremos de todo lo sucedido. Te prometo que ya no estoy molesto por lo que hiciste — pide una segunda vez.

Es bueno usando máscaras.

Casi parece convincente.

Casi me manipula para aceptar y abrir.

Pero se ha olvidado que lo conozco como la palma de mi mano y sé perfectamente que en el momento en que ponga un pie afuera estaré muerto. Esta furioso conmigo, eso no ha cambiado, ni cambiará. No voy a salir, no le daré lo que desea, no iré hacia él, tendrá que sacarme por la fuerza si eso es lo que quiere.

El silencio permanece, dejando solamente el sonido de los relámpagos furiosos martillando el cielo nocturno allá afuera. No puede soportar mi rechazo hacia él, lo cual le hace enfadar y mostrar su verdadera cara.

—¡Te dije que abras la maldita puerta! ¡Sé que estás aquí dentro, Jimin! ¡Abre la jodida puerta ahora mismo o la voy a destrozar, ¿me oíste?! ¡Abre! — grita furioso y después un fuerte golpe suena contra la puerta.

Contengo un grito en mi garganta cuando la punta de un metal afilado traspasa la puerta y queda delante de mis narices. Cuando sale devuelta, un pedazo de madera se ha ido clavada en el cuchillo y puedo ver la luz azulada del otro lado de la habitación… hasta que es repentinamente tapada con la sombra de su cuerpo.

Cierro los ojos con fuerza, sacudiendo bruscamente la cabeza de un lado hacia el otro.

No, no, no, no…

Por favor.

Esto no está pasando.

Que alguien me despierte de esta pesadilla.

—Lo único que deseaba era estar junto a ti — comienza a decir él lentamente —. Si tan solo hubieras tenido ojos únicamente para mi todo hubiese sido muy distinto, — gruñe apretando los dientes —pero tenías que ser un maldito mentiroso. ¡Al final fuiste igual que los demás! ¡Eres una basura que solamente se quiso burlar de mi!

Se detiene un momento para controlar su respiración agitada y apaciguar su ira que no le permite hablar.

—Tú desataste toda esta mierda al tratarme de forma diferente. Pudiste ignorarme, pudiste rechazarme, pero me querías ahí contigo. Lo sabías, tú lo sabías todo y aún así te quedaste — continúa, lleno de cólera —. Desde el principio te gustó jugar conmigo. Querías un títere que hiciera todo aquello que tú no podías. Y estaba feliz de serlo. Eras inteligente, provocándome con tus ojos de cachorro mientras me tocabas, me besabas y susurrabas tus deseos al oído... ¿O acaso eso ya se te olvido quien inició este estúpido juego? ¿Ya se te olvido como te encantaba todo lo que hacíamos? 

Raspa levemente la madera con el filo del cuchillo y por un momento puedo sentir ese mismo cuchillo cortar mi piel. Una lágrima baja por mi mejilla.

Claro que no lo he olvidado…

Hicimos una promesa.

Por esa misma razón sé cuanto me odia y no tendrá misericordia por mi vida. 

Yo mismo busqué esto, con mis acciones.

No he sido una buena persona. No me importaba serlo. Jamás me arrepentí de lo que hice y jamás sentí remordimiento. Fui egoísta. Siempre pensé en mi, únicamente en mi y en lo que quería conseguir. Mentiría si dijera que he cambiado de parecer solamente porque me encuentro en esta situación, al borde de la muerte.

Muchos dicen que todo lo que haces al final se te regresa el doble. Ahora lo creo fervientemente. Ya no puedo enmendar los errores del pasado y ya no puedo detener las consecuencias.

Sollozo más fuerte y bajo la mirada.

Soy jodidamente patético, testarudo y miserable, ya que en realidad, en el fondo, aun así, no cambiaría nada. 

—Yo lo recuerdo todos los jodidos días. Siempre te recuerdo, Jimin… junto con nuestras promesas... aquellas que rompiste tan ruinmente — él suelta un sollozo lleno de coraje, odio y resentimiento hacia mi —. Estaba dispuesto a seguir haciendo todo lo que me pidieras a cambio de tu amor, pero a pesar de que te di todo lo que tenía para mantenerte satisfecho, me abandonaste. Te largaste con ese cabrón y no te importo dejarme solo. ¿Por qué te metiste en mi vida si después me ibas a dejar? ¡¿Por qué?! ¡Lo prometiste!

Otro golpe resuena contra la madera. Ciertamente pudo haberla destrozado desde hace mucho tiempo, pero es cruel y me está martirizando, quiere que escuche sus palabras y sepa sobre sus sentimientos.

Él me ama y al mismo tiempo me odia.

—Me has engañado en todos los sentidos, y tendrás que pagar por ello... Al final todos pagan sus deudas — suelta una escalofriante risa repleta de maldad que me pone los vellos de punta —. Una vez me dijiste que no me reprimiera, que fuera yo mismo y eso estoy haciendo — dice él —. Dejé de ocultarme tras esa fachada de moralidad que hizo de mi vida un infierno. Si lo hubiera hecho antes, quizás no te hubiera perdido.

Sus palabras me ponen la piel de gallina, porque solo hasta ahora veo el monstruo que convertí.

—Pagaras por todo... —gruñe en voz baja—Todo.

Concluye en voz baja y entonces, los estruendos contra la madera vuelven con más potencia, haciendo temblar las cuatro paredes del cubículo y me cubro las orejas.

Esta destruyendo todo lo que hay a mi alrededor, parte de su venganza es destruir todo mi mundo “perfecto” mientras yo soy incapaz de hacer otra cosa que no sea llorar como un cobarde y quedarme aquí esperando a que lo haga. Exactamente esto es lo que quiere, hacerme sentir despavorido, solo, humillado y pequeño.

Y lo está obteniendo.

Me está venciendo en mi propio juego.

Cuando caigo en cuenta de ello, una vocecita firme y altanera en mi cabeza me grita ¿por qué carajos lo estoy permitiendo? ¿Por qué no estoy haciendo nada? ¿Por qué le estoy dando el poder de aterrorizarme? ¿Qué me ha ocurrido? ¿Acaso yo me he vuelto débil? ¿Por qué lo estoy dejando ganar?

¿En qué jodido momento las cosas dieron la vuelta?

Esto jamás fue así, él siempre necesito de mi para sobrevivir, quien movía los hilos de la marioneta siempre fui yo... Yo tenía el poder. Pensar en el pasado me hace reaccionar y apretar los puños del coraje.

Siempre fui yo quien tuvo la pluma en la mano para escribir el siguiente acto en la historia y esta vez no sería diferente… No puedo quedarme sentado en un inodoro sucio de gasolinera esperando por mi miserable muerte. Tengo que luchar. Sé cómo hacerlo. Él no es Dios para decidir cuando iré a su lado.

Hoy no voy a morir.

Doy una, dos, tres, cuatro respiraciones y sin previo aviso, guiado por el desenfrenado impulso de querer sobrevivir empujo la puerta con toda la fuerza de mis piernas, golpeándolo directamente en el rostro. Él cae al suelo desorientado y deja caer el cuchillo por alguna parte del piso. No pierdo tiempo en buscarlo e intento salir del lugar, pero él alcanza a sujetar mi tobillo y me hace caer al suelo, aferrándose a mi como un perro rabioso. Forcejeamos como animales salvajes, él araña mis pantalones, grito con fuerza. Nos arrastramos unos metros, hasta que le doy una potente patada en la cabeza, que le hace soltar un agonizante quejido.

Ser bailarín profesional de danza contemporánea tiene sus ventajas. Brinco su cuerpo con agilidad para poder salir por la puerta, no sin antes dejarle caer encima una pila de cajas de cartón que se encuentra apilada en una esquina de la habitación.

Salgo de los departamentos y me dirijo a mi automóvil que se encuentra aparcado debajo de la lluvia fresca que arremete contra mi cuerpo otra vez. Palmeo mis bolsillos y me doy cuenta que no tengo la llave.

—¡Maldición!

Por un momento pienso que la he perdido, pero para mi buena o mala suerte, observo que la deje puesta en el manubrio dentro del coche.

Desesperado, hago lo primero que se me viene a la mente; golpeo el cristal con mi brazo como un loco, pero no está dando resultado y me causa un terrible dolor en el hueso que me hace gemir. Entonces, veo la jardinera justo detrás mío de la cual agarro la piedra más grande que hay y la utilizo para romper el cristal.

Me meto en el coche e intento arrancar, pero por alguna razón no quiere encender. Probablemente la intensa lluvia le ha hecho algún daño. Lo intento varias veces pero el automóvil simplemente no quiere encender y vuelve a apagarse con un pobre quejido del motor.

—No, no, no, no me hagas esto, por favor. ¡Enciende, maldita sea! —le grito exasperado.

Repito la acción otras tres veces pero el resultado es el mismo. Al ver que el coche simplemente no reacciona aullo al cielo. La desesperación me ciega. No puedo controlarme y empiezo a golpear furiosamente el volante hasta que me canso y recargo la frente en este.

El miedo me está volviendo loco.

Me tomo un momento para calmarme y cuando vuelvo a levantar la mirada, mi corazón deja de latir.

Una silueta negra esta parada bajo la lluvia a unos ocho metros de distancia, la cuál es iluminada por los faroles de mi vehículo. Su capucha cubre casi todo su rostro, dejando al descubierto únicamente su sonrisa siniestra, mientras juega con el cuchillo entre sus manos.

—Ya no… Ya no más… — con las manos temblorosas arranco otra vez y, milagrosamente, por fin el automóvil enciende —. ¡Si! ¡Si! ¡Si! — eufórico, regreso la mirada al frente, pero él ya no se encuentra ahí. 

Siento un escalofrío recorrerme la columna vertebral y mi miedo aumenta. Miro a los costados del vehículo con terror, pero no se encuentra a la vista. No lo veo por ningún lado. Él siempre ha sido como un maldito fantasma que desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

No pierdo tiempo buscando al demonio. Presiono el acelerador, creyendo ingenuamente que lograré escapar de su voluntad, sin embargo, el automóvil todavía no quiere avanzar. Piso el pedal hasta el fondo, pero sigo sin moverme ni siquiera un metro de distancia. Los neumáticos rechinan de forma estruendosa contra el pavimento, arrojando lodo hacia los costados. 

Algo no me está dejando avanzar.

De pronto, unas luces amarillentas sobrepasan las mías. Son los faroles de su camioneta todo terreno que se encuentra estacionada justamente detrás de mí y, seguidamente, hace sonar el claxon para llamar mi atención, el cual me lastima los tímpanos.

Aquella monstruosidad comienza a dar marcha atrás. No entiendo que está tratando de hacer hasta que, de pronto, mi vehículo también comienza a dar reversa a pesar de que sigo pisando el acelerador.

Debe ser una maldita broma.

Aturdido, miro por los espejos laterales cuando algo cruje en la parte trasera de mi coche. En ese momento me doy cuenta que su camioneta esta estirando mi coche a través de un gancho de agarre y una cuerda metálica anclada a su para choques.

—¡Oh, bastardo hijo de perra! — lo maldigo.

Estoy anclado, literalmente encadenado. Es un choque de fuerzas y su vehículo es, por mucho, más grande y poderoso que el mío. Así que no tengo otra alternativa y abandono mi pobre automóvil a su suerte para continuar corriendo por el estacionamiento.

Correr es la única opción que me queda.

Me dirijo a la carretera, corriendo como un loco, gritando y llorando, pidiendo por auxilio aunque sé que nadie me escuchará. No hay a donde ir y tampoco hay alguien quien pueda ayudarme. Estoy alejado de la civilización entera en medio de un huracán tropical.

Y no importa que corra con todas mis fuerzas, sé que soy hombre muerto. Él me alcanzará, ya que es mucho más alto, grande y atlético en mi comparación.

—¡Jimin, vuelve aquí! ¡Regresa! ¡Jimin! ¡Jimin!— escucho su voz en la lejanía, perdiéndose entre el sonido del caer de la lluvia y los relámpagos.

Sigo corriendo a pesar de no ver con claridad. Mi cabello mojado esta pegado a mi frente al igual que mi ropa al cuerpo. Tropiezo un par de veces por el lodo en mis zapatos y caigo en un charco que termina de mojarme por completo de agua sucia. Me levanto con rapidez y consigo llegar al borde de la carretera en donde veo la oscuridad del bosque a ambos lados de ella.

Es la última ruta de escape que me queda. 

Sin embargo, no puedo divisar nada. El bosque está tan oscuro que se traga las siluetas de los árboles, lo que me causa temor. Si entro ahí no volveré a salir nunca.

Me doy la media vuelta torpemente para correr en otra dirección, pero me sobresalto al verlo parado atrás de mi, mucho más cerca de lo que esperaba.

Acortó la distancia entre nosotros de manera considerable, como si un paso mío fueran tres suyos.

Él nunca se rendirá. 

No importa si el día de hoy logro escapar, es un juego de escapar y perseguir infinito. Me seguirá hasta el final de los tiempos en donde por fin me de caza. 

Levanto las manos en un ademán por evitar que siga avanzando hacia mi.

—¡No te acerques! ¡Aléjate! — retrocedo de espaldas a lo que él sigue avanzando de la misma forma.

Los rayos tonalidad violeta cayendo en la zona aunado a la lámpara opaca encima de nosotros es lo único que nos alumbra. Somos igual a dos almas en pena paradas bajo la ira de un huracán en pleno verano.

—No puedo alejarme de ti, Jimin, sabes perfectamente que nunca lo haré — responde, regulando su respiración agitada mientras me mira, parpadeando varias veces —. Ven conmigo, ¿si? Aún podemos arreglarlo todo.

Estira una mano a mí para alcanzarme pero la esquivo. 

—No iré contigo a ninguna parte. ¡Prefiero morir antes que ir contigo! — le grito más furioso que nunca, pues diga lo que diga, de todas formas estoy acabado.

Y por supuesto que mi respuesta no le gusta.

—No te estaba dando más opciones. Vendrás conmigo — gruñe mientras camina más rápido hacia mi.

—¡No lo haré!— doy un salto hacia atrás, a la defensiva —Si tengo diez vidas, en todas haré lo posible por estar lejos de ti, ¿escuchaste? En cada oportunidad que tenga haré lo posible por escapar de ti — aviso con tanta firmeza que su enojo va aumentando visiblemente.

—Será mejor que dejes de hablar, Jimin

Advierte, enfadado, sulfúrico, pero no me importa y continuo vociferando barbaridades que ponen en riesgo mi cuello.

No iba a darle el placer de verme suplicar.

Jamás.

Si iba a morir, al menos sería mirándolo a los ojos, con la frente en alto, digno.

—¿Eso te molesta, eh? — digo rechistando con un tono burlón —. Espero que así sea porque nunca volverás a tenerme porque te odio. ¡Te odio como no tienes idea!

—¡Cierra la puta boca! — interrumpe furioso, pero le toma un segundo recapacitar e intenta relajarse aunque esta temblando del coraje —. Basta, Jimin — repite con voz más tranquila —. No digas eso porque no te creo. Tú me amas, aunque no quieras aceptarlo, mi amor.

—¡Cállate! No me digas mi amor, cabrón degenerado, que me causa asco — grito mientras  sigo retrocediendo de espaldas, a lo que él sigue avanzando de frente.

—¡Como puedes decir que te doy asco cuando eres absolutamente todo para mi! — me grita dolido, cada vez se va rompiendo más y más. En verdad le duelen mis palabras —. No me importa si tu me odias, yo a ti jamás podría. Eres todo lo que tengo y todo lo que necesito. Tú sabes cuánto te amo y nunca podría lastimarte — dice él con un ligero temblor en la voz. 

Mi visión se empaña por las lágrimas que se forman en mis ojos y niego con la cabeza lentamente.

En verdad no se da cuenta.

Tiene el cabello completamente empapado y el agua escurre por su rostro sin descanso. Bajo la tenue luz del estacionamiento alcanzo a distinguir manchas oscuras sobre las mangas de su sudadera, así como los restos escarlatas en sus manos. La lluvia lo va diluyendo poco a poco hasta formar pequeños hilos rojizos que desaparecen entre el agua.

Aprieto la mandíbula con fuerza y desvío la vista antes de que mis piernas terminen por ceder.

—Ya me has lastimado... — digo hablando con más calma, resignado —. Si no me quisieras hacer daño no estarías haciendo esto y me hubieras dejado ir. 

Él me mira con tristeza, pues sabe que es cierto.

—Jimin… yo te amo... — su voz comienza a cortarse.

—No—lo detengo en seco —. Esto no es amor. Es una enferma obsesión tuya, porque fui el único que te entendió y se digno a darte un poco de afecto genuino.

Mis palabras lo paralizan, como si le hubiesen disparado directamente en el pecho. Deja de avanzar mientras me mira entre lágrimas de dolor. No soporta que rechace nuestro amor. Esta llorando, verdaderamente lo está haciendo. Y es ahí cuando me doy cuenta que mis palabras son mi mayor defensa contra él.

Siempre ha sido así, sigue siendo igual de fácil romperlo, no sé porque no me di cuenta de ello antes.

—Personas como tú y como yo, somos incapaces de sentir amor, de sentir cosas lindas — continuo hablando con el mismo tono calmado. La carretera está demasiado lejos. Si echo correr ahora, me alcanzará antes de que llegue, así que debo distraerlo y no dejar de hablar mientras camino lentamente —. Somos demasiado oscuros para amar. Estamos malditos.

Él se agarra el pecho, ofendido, dolido, y niega con la cabeza una vez más.

—Mi amor por ti no es una aberración… Es lo mas hermoso que tengo — dice en voz baja.

Finalmente, él se quita la capucha negra de la cabeza y veo los caminos de lágrimas bajando por sus mejillas. Sus ojos rojos están hinchados y la boca le tiembla, haciéndolo ver como un niño asustado.

Se ve tan lindo e inocente como el día en que lo conocí… Cuando ambos teníamos nuestros propios demonios y nuestros propios deseos ocultos, y probablemente por eso el destino nos unió. Fuimos hechos para estar juntos, para que nuestros caminos se encontraran.

Nunca me dio miedo lo enfermo que fuese, al contrario. Me gustaba cuando las cosas se salían de la norma. Él quería algo de mi y yo quería algo de él. Vi la oportunidad y la tomé, la aproveche tanto como pude y mientras lo hacía por supuesto que él también consiguió lo que quería de mi. Todo funcionaba bien. Y tenía fecha de caducidad. No obstante, enamorarme devuelta nunca estuvo en mis planes y fue lo que terminó jodiendome.

Antes de darme cuenta, ocurrió lo imposible, estaba locamente enamorado de él e hizo todo más complicado.

Me cautivo precisamente porque no era igual a los demás, era tan diferente que era imposible de ignorar.

Y fui estúpido porque caí en un profundo hoyo negro del cual nunca pude volver a salir.

Sin embargo, ya no queda mucho de lo que alguna vez fue, ahora solamente queda un cuchillo mortífero que está destinado a estar clavado en mi pecho. 

—¿En verdad me amas? ¿Lo haces?—le pregunto y él asiente de inmediato—Entonces demuéstralo… — insinuó, señalando con el mentón el cuchillo —. ¡Demuéstralo!

Él se queda quieto un instante. Sin embargo, en contra de todo lo que pude haber imaginado, aquel arroja el cuchillo hasta mis pies, el cual después se oculta en la corriente de agua que desemboca en el bosque.

Abro los ojos de par en par, impactado. No puedo creer que pese a todo, sigo teniendo esa influencia sobre él.

—Nunca podría dañar la única cosa que amo. Para mi no existe el mundo sin ti, Jimin — corrige antes de dejarse caer de rodillas al suelo sin importarle el enorme charco de lluvia que bien puede ser de más de un pie de alto —. El infierno existe, es el que vivo todas las madrugadas desde el día en que te perdí y… no sé como hacerte volver. Es mi único deseo— dice entre sollozos.

Arrodillado a mis pies, él estira una mano hacía mi mientras me mira de forma lastimosa y suplicante. Entiendo lo que me está pidiendo con ese simple gesto.

Quiere que vuelva.

Quiere que vuelva a él.

Y sin poder evitarlo, las lágrimas comienzan a caer por mis ojos al verlo tan vulnerable. Mi corazón se presiona contra mi pecho. No soporto verlo en este estado. Me lastima saber que él está sufriendo, incluso mucho más que yo. Lo conozco, apenas puede controlarse, debe estar luchando consigo mismo en este momento.

Él no es malo, no completamente, lo que pasa es que sus demonios interiores son más fuerte que cualquier cosa.

—Por favor, mi amor... te necesito tanto. No puedo vivir sin ti. Hare lo que sea, pero no me alejes de ti. No me abandones — suplica llorando de forma lamentable y se va acercando lentamente —. Haré lo que quieras. Voy a cambiar si eso es lo que deseas, buscaré ayuda... Tú sabes que no quiero ser así... por favor… — dice con voz quebrada. 

—Lo sé… En serio, lo sé… — trastabillo y doy un paso tembloroso hacia él, olvidando el peligro.

Me odio a mí mismo al no poder odiarlo a él. 

Sé que me necesita. 

Soy lo único que tiene en la vida. 

—No es tu culpa… Es la mía. 

Debo dejar de negar la verdad. 

Y la verdad es que fui yo quién desató esto. Fui yo quien lo corrompió. Fui yo quien liberó esta parte de él que intentaba reprimir. Fui yo quién lo engañó y se fue repentinamente luego de haber tenido lo que quería.

Tal vez no todo es mi culpa, pero al menos acepto parte de la responsabilidad.

Por un breve momento, por un muy pequeñito momento en verdad considero tomar su mano y luego estrecharlo entre mis brazos como solía hacerlo en los días malos, sin embargo, me detengo en seco. 

Tomar su mano significa ponerle fecha al día de mi muerte. Nos hacemos daño mutuamente. El inmenso amor que le tuve alguna vez... y sigo teniendo aún, no basta para recompensar lo que me ha hecho pasar. 

Es más el amor que me tengo a mí mismo y a mi vida, que el que le tengo al amor de mi vida. 

—Estas enfermo, estas muy enfermo. C-creo que yo también lo estoy, al fin puedo aceptarlo — digo con voz temblorosa, pero agarro aire para poder continuar —necesitas ayuda, necesitas a alguien que te ayude, pero ese alguien no soy yo sino un psiquiatra — retrocedo de nuevo —. N-no puedo estar contigo. En verdad no puedo, perdóname por todo — finalizo. 

—No, por favor. Jimin e-espera... 

Él se arrastra hacía mi, no obstante, me doy la media vuelta y salto a la carretera sin dudarlo por más tiempo. Ya no lo quiero escuchar. Ya no lo quiero ver. Tengo que largarme antes de arrepentirme y regresar a él. 

No puedo volver a esta locura, ya no.

Y sé que me está siguiendo, siempre lo hará, pero ya no me importa lo que pase a partir de ahora. Tal vez así tienen que terminar las cosas y solamente de esa forma ambos descansaremos en paz finalmente. Yo no tendré que correr más y él no tendrá que seguir persiguiendo. 

Quisiera que así fuera, pues ya no puedo más.

Lo único que quiero es descansar. Lo único que quiero es olvidar. Borrar todo de mi memoria, desechar todo la mierda por la que he pasado e iniciar de nuevo... 

Con esos pensamientos en mente, de pronto, una luz blanca me deslumbra al mismo tiempo que escucho un claxon y después, las llantas de un vehículo rechinan estruendosamente sobre el pavimento mojado.

—¡Jimin cuidado!

Antes de darme cuenta, un trailer me embiste con dureza, provocándome un dolor indescriptible en el cuerpo entero. Salgo expedido por los aires y durante unos segundos puedo ver el mundo al revés hasta que el asfalto se va acercando y… todo se vuelve negro.

Notes:

No me hago responsable si pierden su estabilidad mental con esto. Solamente con esto háganse una idea de cómo estará este asunto.