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—Inspector Lee, por favor, sea razonable—. El hombre en silla de ruedas insistió. —Dígame, ¿cuánto tiempo más planea retener a mis invitados? —La impaciencia se notaba en su tono, cada vez más alto, alterando a sus invitados quienes empezaron a susurrar.
Cada uno de los invitados en aquel gran salón al centro de la ciudad vestía caros y elegantes atuendos, y ¿cómo no hacerlo si antes del incidente esta era una fiesta en la que se conmemoraba el crecimiento de la empresa tecnológica de aquel hombre, Seong ChaByeol? Quien, gracias a un accidente que lo dejó paralítico en la parte inferior de su cuerpo años atrás, logró imaginar una idea millonaria y junto con la ayuda de colegas e inversionistas logró patentar la Tecnología de Control de Dispositivos con la Mirada.
—Entiendo su impaciencia—. El inspector intentó calmar, aunque aún así se veía que incluso él mismo estaba nervioso. Aun así, continuó: —Pero por favor, coopere conmigo. Después de todo, la víctima, el señor Yoon SungHeo, presidente del banco Nogsaeg, era uno de sus invitados.
Mencionar el nombre de la víctima pareció únicamente empeorar el humor del patrono, quien intentó impulsarse de su silla de ruedas para atacar al joven inspector antes de ser detenido por una de sus sirvientas—Si tan solo pudiera moverme...—susurró impotente—. ¡Está insinuando que el criminal se encuentra aquí!
—Claro que sí—. Una nueva voz interrumpió la conversación. Todo el salón volteó hacia donde provenía la voz y ahí estaba parada una mujer rubia de ojos verdes.
Irene, siempre tan segura como hermosa, empezó a caminar por el lugar, analizando cada pequeño detalle del salón—. El cuarto estaba completamente cerrado por dentro. El criminal tuvo que haber entrado y salido por la ventana en todo caso...
Los labios rojizos de la mujer se alzaron en una pequeña sonrisa—. Sin embargo, no pude encontrar ninguna huella, eso me indica que fue alguien de adentro, ¿no?
Una nueva ola de susurros a su alrededor comenzó y en algún lugar de aquella multitud estaba un niño, quien irónicamente parecía ser el menos alterado por aquella situación, jalando la manga del saco de su padre para llamar su atención.
—Papi... ¡Papá! —el chico susurraba una y otra vez cada vez más impaciente hasta que el hombre finalmente volteó a mirarlo y JungKook, con una sonrisa divertida, extendió sus brazos para que el hombre lo cargara.
Park SeoJoon solo suspiró resignado y lo alzó en sus brazos, permitiéndole al niño de seis años y medio poder ver lo que sucedía.
—¡Ja! Vaya mujer loca—. Bang ChaByeol siseó—. Hay diez metros entre cada ventana, ¡nadie podría saltar eso!
La misteriosa mujer volteó a mirar al empresario por primera vez desde que entró en el salón, aun sin alterarse respondió: —Si va por la orilla del techo solo quedan dos metros para llegar a la baranda del cuarto del señor Yoon.
—¿Y cómo podría el asesino haber saltado dos metros desde la baranda hasta el borde del techo de diez centímetros de ancho?
La mujer volteó hacia una de las mesas, restando importancia a la pregunta del señor. Con mucho más cuidado del que había tenido desde que entró, sostuvo una pelota de fútbol.
Se escuchó un pequeño: "¡Ey, mi pelota!" seguido de una voz claramente más madura respondiendo: "¡Ahora no, Koo!".
Irene rió un poco antes de regresar al asunto principal.
—La respuesta es simple—. Aun con el balón en mano, caminó hacia el señor Chabyeol quedando frente a él, mirándolo hacia abajo—. Cuando el asesino se fue de la habitación llevaba una cuerda consigo. —explicó—. Solo la ató y la usó para deslizarse.
El inspector Lee DongWook la interrumpió—¿Pero cómo fue que desató la cuerda de la baranda?
—¡Eso es muy obvio inspector! —le guiñó el ojo al mencionado quien no pudo evitar sonrojarse un poco mientras desviaba la mirada, avergonzado—. Él ató un palo al final de la cuerda y lo ató a la baranda. ¡Sencillo!
—¡Pero...! Pero entonces, ¿por qué se encerró la víctima en su habitación?
—Es posible que el asesino le sugiriera que cerrara la puerta. ¿Tal vez le dijo que esperara ya que tenían que discutir asuntos privados?
—¡Ya he escuchado suficiente! —. Exigió el señor Bang—. ¡Dígame quién fue el bastardo que mató a mi querido amigo!
—Solamente hay una persona que conoce bien la distribución de esta mansión y que puede moverse sin levantar sospechas... Aunque aún hay una cosa que tengo que comprobar.
—Díganos quién es, por favor—. Pidió el inspector Lee.
—¡Es el señor Seong ChaByeol! —. Una voz infantil resonó por el salón, el cual quedó sumido en un silencio mientras todos volteaban a ver al pequeño castaño que se atrevió a gritar en un momento tan serio.
Al ver que todos lo miraban enojados, JungKook escondió su rostro en el espacio que había entre el cuello y hombro de su padre, dejando al hombre solo para lidiar con Seong ChaByeol.
—Mocoso estúpido. ¡Eso no tiene nada de sentido, ni siquiera puedo caminar!
—Tiene razón, señor Seong, ¡a menos que...! —Y antes de que cualquiera lo viera, la mujer lanzó la pelota que estuvo sosteniendo en dirección al hombre con silla de ruedas, quien hubiera sido golpeado con ella con gran fuerza de no ser porque logró esquivarla, quedando de pie centímetros a la derecha de donde su silla de ruedas yacía en el suelo.
—¡Señor Seong, sus piernas! —una de sus sirvientas gritó.
—¿Eh? ¡Maldición! —. En un desesperado intento de escape el señor Bang se echó a correr, sin embargo, solo bastó una mirada entre Irene y DongWook y el hombre corrió tras de él, logrando atraparlo e inmovilizarlo antes de que siquiera pudiera salir del salón.
—Tenemos testigos que aseguran que usted y el señor Yoon SungHeo estuvieron discutiendo por dinero.
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—Un espectáculo maravilloso como siempre, mi reina—. Habló mientras le entregaba una hermosa rosa blanca a la mujer frente a él. Si no estuviera sosteniendo a su hijo con la otra mano, es bastante probable que incluso estaría arrodillado frente a ella, tomándola de las manos bajo la luna creciente de esa noche. Esto era parecido a la vez que le pidió matrimonio a aquella mujer tan interesante.
—SeoJoon...—Bae JooHyun (nombre real de la misteriosa detective conocida como Irene) susurró, encantada por cada pizca de amor que su esposo nunca dudaba en mostrarle.
—¡Ya basta, que asco me dan! —Gritó su hijo, destruyendo por completo la atmósfera que se había creado. Sin embargo, sus padres no se encontraban para nada enojados o decepcionados, más bien, se encontraban enternecidos por la inocencia de su pequeño.
—¡Vamos Koo! Después de todo lo que me hiciste pasar allá adentro, ¡déjame disfrutar de mi esposa por un momento! —dramatizó—. Además, ¡mañana tengo que salir del país para grabaciones que durarán al menos cinco meses, no es justo!
El pequeño JungKook infló sus mejillas, exagerando su berrinche—. ¡Pero es mi mamá! ¡Quiero que me felicite por haber resuelto el caso!
JooHyun rio.
—Sabes que siempre estoy orgullosa de ti Koo, pero fue muy arriesgado lo que hiciste ahí adentro, así que no vuelvas a hacerlo, ¿va? —Empezó a pellizcar una de las mejillas de su hijo, quien de inmediato empezó a quejarse del dolor.
—¡Sí mamá, sí mamá, lo haré! ¡Solo déjame!
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A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol filtrándose tímidamente por las cortinas entreabiertas, en una habitación repleta de juguetes infantiles costosos y, al mismo tiempo, varios libros de misterio demasiado avanzados para un niño, se percibía un apacible silencio. Este solo era interrumpido por los suaves suspiros del niño dormido en la cama.
En la puerta entreabierta, sus padres observaban cómo su pequeño ángel parecía tan ajeno al mundo que lo rodeaba. Ambos sabían que era hora de las despedidas, pero ninguno de ellos lograba encontrar la fuerza suficiente para despertarlo, pues a sus ojos, molestar a su hijo podría ser casi un crimen para ellos.
Después de decidirlo con un juego de piedra, papel o tijeras, en el cual SeoJoon obviamente perdió, el actor se acercó a la cama, aún intentando ser lo más silencioso posible para evitar perturbar el sueño de JungKook.
Con cuidado, Park SeoJoon acarició suavemente el cabello de su hijo y le habló en voz baja. —Koo, bebé, es hora de despertar. Ya es hora de que papá se vaya al aeropuerto. —susurró con ternura. Los párpados de JungKook empezaron a revolotear lentamente, como si el sueño se negara a dejarlo ir.
SeoJoon continuó con su suave llamado, acariciando suavemente el rostro del niño hasta que poco a poco JungKook fue emergiendo del mundo de los sueños, dejando atrás la oscuridad reconfortante del sueño profundo. Sus ojos se entreabrieron lentamente, revelando un brillo aún adormilado.
—¿Papi, ya te vas? — bostezó al mismo tiempo que llevaba uno de sus puños a su ojo derecho, frotándolo en un intento de espantar el sueño—. ¿Esta vez sí puedo ir? Prometo no quedarme dormido otra vez...
Tanto SeoJoon como JooHyun, quien veía todo desde la puerta de la habitación, observaron a su hijo con ojos llenos de amor.
—No bebé, creo que te dejaremos seguir durmiendo. Solo quería despedirme de ti antes de irme.
El actor se acercó al rostro de su hijo y depositó un tierno beso en su frente, satisfecho. Sin embargo, justo antes de que pudiera retirarse, fue detenido por el abrazo del pequeño. Este tiró de su padre hacia abajo para darle un beso en la mejilla. —Por favor no tardes mucho, mamá y yo te extrañaremos.
SeoJoon le contestó con la mejor de las sonrisas—. ¡Lo prometo!
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Dos horas después, en aquella casa que aún permanecía desierta, JungKook yacía envuelto en sábanas, sumido nuevamente en un profundo sueño cuando un estruendo violento rasgó la serenidad del vecindario. Su cuerpo se sacudió de sobresalto, y sus ojos se abrieron de par en par, parpadeando en el intento de comprender lo que sucedía.
Desde la ventana, la luz del sol iluminó parcialmente la habitación. JungKook se levantó con premura y se acercó con curiosidad. Divertido por el espectáculo que se desplegaba al otro lado de la calle, abrió su propia ventana y vociferó: —¡Profesor, ¿por qué hace tanto ruido tan temprano?!
El señor Park InHwan, un ingeniero retirado de gran renombre en su época, había sido vecino de JungKook desde que este tenía memoria.
—¡Ja, ja! Pues la verdad es que yo quería despertarte —mintió. InHwan intentó incorporarse, pero el peso de la máquina que había estallado previamente, combinado con sus heridas, lo hizo caer de nuevo.
Al ver esto, JungKook se preocupó. —¡Espere, profesor, ya voy! —Corrió por la casa, descendiendo las escaleras con cautela para no derribar nada. Tomó el botiquín de emergencias, que su padre siempre tenía listo para su madre en casos especialmente peligrosos y salió cuidadosamente por una de las ventanas del primer piso.
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—¡Por favor, trate de no moverse, profesor! —reprendió JungKook mientras manejaba con cuidado las pinzas de algodón empapadas en alcohol para desinfectar las heridas.
Para alcanzar la altura del profesor, JungKook se colocó sobre un pequeño taburete, a pesar de que el hombre estaba sentado en un sillón y aún así necesitaba inclinarse un poco hacia abajo para quedar a la altura del niño. —Lo siento.
JungKook le dedicó una sonrisa satisfecha. —Más le vale, no quisiera lastimarlo... —Susurró, continuando con su tarea.
—Solo prométame que no le dirás esto a nadie.
Con su tarea terminada, JungKook giró la cabeza para mirar al señor y le respondió con su característica sonrisa radiante: —¡Con cerrojo, o si no habrá un pastelillo en mi ojo! —concluyó entre risas.
—¿No decir qué a nadie? —Una nueva voz se unió a la conversación y JungKook, al reconocerla, corrió hacia su madre, quien lo recibió con los brazos abiertos y lo levantó en sus brazos. —Entonces, profesor, ¿acaso quiere darle a JungKook otro de sus experimentos defectuosos?
—¿Defectuosos? Señorita Bae, nunca esperé que pensara tan mal de su antiguo profesor—dramatizó, llevándose una de sus manos al pecho, como si le doliera.
Ambos, JungKook y JooHyun rieron.
—¡Y ahora se ríen! La juventud de hoy en día sin duda va de mal a peor.
—Profesor, in...intente calmarse un poco. —Intentó hablar la mujer, aún entre risas.
—No, ya lo entendí. ¡Pero cuando vean como mi cohete tamaño personal acabe con los embotellamientos y yo sea rico, no los recordaré!
—¡Ja, ja, ja! ¡Usted no hará nada de eso, ¡nos quiere demasiado! —Interrumpió JungKook ahogándose de la risa.
El profesor no pudo seguir con su actuación y también se unió a las risas con los otros dos. —¡Tienes mucha razón, pequeño! —rió. —Pero ya me tengo que ir, debo ver si en mi casa aún hay algo salvable.
Bae JooHyun asintió con entendimiento y bajó a JungKook de sus brazos. Luego, lo dirigió hacia su habitación y acompañó al mayor hasta la puerta.
—Por cierto, profesor—. JoonHyun llamó—. Mañana no estaremos en la casa. Planeo llevar a JungKook a un parque de diversiones... En caso de que me llegue un caso, ¿podría dejarlo en mi estudio? Usted ya sabe dónde guardo mi repuesto.
—Claro que sí, cuando quieras.
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En esa noche, en el interior de un apartamento solitario, una única figura se erguía ante un escritorio apenas iluminado por la suave luz de la luna llena que inundaba la estancia. Las sombras danzaban en los rincones, tejiendo un ambiente cargado de misterio. No se percibía ni el más mínimo sonido en aquel recinto.
La persona allí sentada estaba completamente absorta en su tarea, con los ojos fijos en el collar ante ella. Podía sentir el temblor en sus manos al sostener esa joyería. Inhaló profundamente, tratando de tranquilizarse lo mejor que pudo tras haber tomado la decisión. Luego, dejó caer una, luego dos y tres perlas, que rodaron brillantes por el escritorio hasta detenerse frente a una fotografía junto a un pequeño frasco.
Una, dos, tres gotas cayeron sobre las perlas y el silencioso recinto comenzó a llenarse de pequeños lamentos.
